12 de octubre Dia de La Hispanidad

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12 de octubre Dia de La Hispanidad

Mensajepor Invitado » Sab 04 Ene, 2020 3:29 am

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Elvira Roca Barea contesta a El País: "Hoy cualquier alusión a la leyenda negra puede ser considerada facha"


De un texto de Don Edgar Straehle Porras, profesor de la Universidad Abierta de Cataluña, está sacado casi todo lo que doña Patricia Rodríguez Blanco publica en El País en una página sin precedentes, creo, en la historia del periodismo español. Tengo ese honor.

Doña Patricia Rodríguez Blanco sabe perfectamente en cuántos errores intencionados y tergiversaciones incurre el señor Straehle Porras porque hemos intercambiado correos electrónicos al respecto. Esto, sin embargo, no le ha causado la menor preocupación. Quiere decirse que le consta casi todo lo que viene a continuación.

1. La comparación entre los nazis y los aztecas efectivamente no está en el texto citado de Clendinnen sino en una entrevista de esta autora que puede leerse aquí.

Puede hallarse también en Alon Confino (Foundational Pasts: The Holocaust as Historical Understanding, Cambridge University Press, pág. 129). De manera que tenemos que la comparación entre los aztecas y los nazis no es fruto de mi imaginación sino que también la han hecho otros autores entre ellos la propia Clendinnen.

2. Lutero en la Noche de los Cristales Rotos

Las relaciones del nacionalismo alemán más virulento con Lutero y la iglesia luterana son difíciles de obviar. Incluso en años muy recientes, como puede verse en un cartel de hace poco del partido NPD en Alemania. Es cierto que esta horrible noche fue presentada por las autoridades nazis como una reacción espontánea de la población por el asesinato de Ersnt vom Rath pero no lo fue. Es extraño e inquietante que alguien se haga eco de este argumento a estas alturas. Se trató más bien de una excusa. Y desde luego no es creación mía la asociación de este hecho lamentable con el cumpleaños de Lutero, como se hizo en su época y recientemente, tal y como relata, por ejemplo, Hans Martin Kirn. (NOTA 1, ver al final de la página)

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3. Propaganda protestante y católica

Olvida señalar El País que en Imperiofobia se está tratando de la zona de Estrasburgo. Resulta evidente que si se amplía esta zona geográfica también se ampliará el número de escritos propagandísticos, tanto protestantes como católicos. Resulta muy obvio.

4. Ejecuciones de Calvino

Calcular el número de muertes que produjo el calvinismo en Ginebra solo puede hacerse por aproximación y varía de unos a otros autores (NOTA 2). La mejor forma de hacerse una idea de cómo funcionaba este régimen de terror es el libro de Stephan Zweig titulado Castellio contra Calvino que aparece mencionado en la bibliografía, cosa que El País parece ignorar (NOTA 3). Las cifras que se mencionan en Imperiofobia son de esta obra que está citada a pie de página, aunque doña Patricia no lo señala.

5. Los incas, los españoles y el reportaje de La 2

Este es un momento especialmente brillante de doña Patricia Rodríguez Blanco. Puede el lector comprobar en el vídeo que aquí se ofrece que lo que se oyó en esta cadena de televisión española es exactamente lo que se dice en Imperiofobia (pág. 459 de la edición 31). ¿Esto es torpeza o vileza?



6. El trato en las colonias

Que hubiera quejas, discriminaciones o incumplimientos de las leyes no convierte en inexistente el régimen virreinal ni su arquitectura administrativa y jurídica. De la misma manera que las violaciones de una ley no la invalidan. Las cárceles están llenas porque no se cumplen las leyes ni aquí ni en Dinamarca. Y por eso mismo hay policía y jueces en todas partes. Por supuesto que había discriminaciones y ladrones y asesinos. Como ahora.

7. Batallas de Ultramar

La mención a este conflicto no supone cambio alguno para el contenido del texto ni afecta a su sentido. No está desde luego entre las grandes guerras de la época, que es aquello de que se trata, ni puede remotamente compararse con las que se mencionan como grandes conflictos bélicos en los que España se haya visto involucrada. Voy a ayudar a Straehle-doña Patricia con otro gazapo. Se dice en Imperiofobia que a Enrique VIII le sucedió María I, hija de Catalina de Aragón. Pues no es exactamente así. Entre uno y otra fue reina de Inglaterra durante 9 días Juana Grey en 1553. Ambos asuntos, como se ve, son de crucial importancia en el desarrollo argumental de Imperiofobia y su omisión modifica radicalmente el contenido.

8. La reina Isabel y sus persecuciones

Estas son las citas de W. Cobbett que Straehle-doña Patricia parecen no haber leído:

"Cuando uno mira los hechos, cuando uno ve a qué abyecta esclavitud redujo Elizabeth a la nación y, especialmente, cuando ve esta comisión [se refiere a la High Commission creada para perseguir la disidencia religiosa], es imposible para nosotros no reflexionar con vergüenza sobre lo que hemos estado durante tanto tiempo diciendo contra la Inquisición española, que desde su inicio no ha cometido tantas crueldades como esta primera reina protestante cometió en un solo año de los cuarenta y tres de su reinado", pág. 362. (NOTA 4)

Y hay más: "[Dada la incertidumbre entre la población provocada por la presencia de la Armada] si los católicos hubieran hecho caso a su justo resentimiento, podrían haber incrementado la sensación de peligro; por tanto, la generosidad de su conducta al no hacerlo, hubiera merecido alguna relajación en el cruel trato que habían padecido hasta el momento bajo su cetro de hierro (el de Isabel I).

No se produjo, sin embargo, tal relajación; fueron incluso tratados con todo tipo de bárbara crueldad, sujetos a una inquisición infinitamente más severa que aquella que la de España haya o hubiera tenido jamás, e incluso bajo la mera sospecha de desafección, encarcelados, torturados y no de manera infrecuente condenados a muerte", pág. 362. (NOTA 5)

Y hay más: "Hablemos de las Hogueras de Smithfield [lugar de ejecuciones en Londres que forma parte desde Fox del imaginario protestante]. Hogueras, ciertamente que todos los católicos severamente condenan, pero qué, ¡buen Dios!, fue la muerte de aproximadamente doscientas setenta y siete personas, aunque cruel e inmerecida, en relación a los tormentos arriba descritos que se infligieron por más de doscientos años sobre millones y millones de personas, por no hablar de los miles y miles de católicos que fueron durante ese periodo, torturados hasta la muerte, asesinados en prisión, colgados, destripados y descuartizados", pág. 362. (NOTA 6)

Como verá, no se ha torcido ni violentado la información de Cobbett. Al contrario. Más bien se ha pretendido evitar entrar en guerras de cifras de muertos y horrores. Lo dicho en Imperiofobia es suficiente para que quede claro que la intolerancia religiosa no fue en España ni más virulenta ni más cruel que en otros lugares de Europa. Si a alguien interesa que la mayor parte de los españoles siga creyendo esto, que tenga la bondad de explicar sus motivos.

9. Las ejecuciones de la Iglesia anglicana

El título de este apartado es erróneo porque la Iglesia anglicana como tal no ejecutó nunca a nadie. Jamás he afirmado yo tal cosa. Son "titulares" de doña Patricia. En Inglaterra eran los tribunales civiles los encargados de reprimir la disidencia religiosa. Estas son las fuentes. Los datos no son míos:

"Sir James Stephen deduce 'que si el promedio de ejecuciones en cada contado fue de 20 o un poco más que un cuarto del número de sentencias capitales en Devonshire en 1598, esto supondría 800 ejecuciones al año en los 40 condados ingleses', esto es 11.200 en 14 años, contra las de Torquemada (6.024) en el mismo periodo y alguna reducción sobre 264.000 ejecuciones en un periodo de 330 años, la duración de la Inquisición en España contra los 23.112 de Llorente y los 202.244 condenados por este tribunal en este periodo". Esto lo afirma Sydney Smith, clérigo anglicano, apoyándose en los datos de Stephen. (NOTA 7)

10. Protestantes perseguidos por la Inquisición

No es lo mismo encausado que condenado ni es lo mismo condenado que condenado a muerte ni es lo mismo luterano que protestante.

Efectivamente el título está incompleto por error, que será puntualmente subsanado. Schäfer da la cifra de 220 ejecutados, que es la que aparece en mi texto. De hecho doña Patricia tampoco da el título completo que es Protestantismus und der Inquisition im 16. Jahrhunder. Nach den Originalakten in Madrid und Simancas bearbeitet. Y la cifra de 12 ejecutados procede de los martirologios luteranos, en los que no aparecen reconocidos otros mártires protestantes. Habrá que sugerirles que varíen su criterio. Francamente no se acierta a entender qué es lo que quiere señalarse en este punto. Aparte de enredar. Datos mucho más actualizados que los de Schäfer están en Historia de la Inquisición española de Jaime Contreras.

11. Las torturas de la Inquisición

Este es otro momento especialmente ilustrativo de las tergiversaciones de doña Patricia. En los vídeos que se adjuntan puede oírse al profesor Haliczer afirmando exactamente lo que se dice en Imperiofobia.



El visionado de la totalidad del documental The Myth of the Spanish Inquisition es muy recomendable ya que en él intervienen numerosos historiadores y por lo tanto es extremadamente difícil de manipular.







12. Propaganda en la Rebelión en Flandes

El señor Straehle-doña Patricia olvidan señalar cuál es el desarrollo argumental en que la cita se inserta y este es el de la propaganda (la guerra de papel) que ha convencido a los habitantes de los Países Bajos, tanto en las clases bajas como en las altas, de que sus impuestos son un abuso. Parker atribuye esto a que están mal informados y no se extraña de que la gente común lo esté puesto que también lo está la gente aristocrática como el conde de Lalaing. Hasta ahí lo que Parker señala. Lo que yo añado es que no se trata de hecho de mera desinformación, sino que esta había sido conscientemente provocada a través de la propaganda orangista. Lo que se elimina con los puntos suspensivos no añade ni quita nada al argumento principal y por esto va en puntos suspensivos. Es más: precisamente esta frase suprimida viene a reforzar la idea desarrollada por Parker y por mí recogida de que las rebeliones en los Países Bajos nacieron de la oligarquía y no fueron populares. Obsérvese que la frase "peor informados representantes de los contribuyentes convocados a los Estados Generales en marzo de 1556" no supone cambio alguno a la exposición de la idea central, que es la influencia de la propaganda en la opinión pública. Ni tampoco la presencia o ausencia de Lalaing, cuya peripecia personal no se trata en el texto.

El señor Straehle-doña Patricia-El País extraen la cita de su contexto y atribuyen la supresión mentada a intenciones imaginadas pero que, con el texto delante de los ojos, no tienen absolutamente nada que ver con el tema que se está tratando, como cualquiera puede comprobar. De hecho la frase puede añadirse y no cambia en nada el sentido de los párrafos.

El error en la fecha ya está corregido.

13. Anticatalanes y antiaragoneses

Como cualquiera puede comprobar, el texto de Arnoldsson trata de los prejuicios anticatalanes y también antivalencianos (las pvtas valencianas, por ejemplo) y no parece que sea faltar a la verdad considerar ambos englobados bajo la denominación antiaragoneses para referirse a la primera etapa de la hispanofobia. El señor Straehle que es un independentista no nacionalista (pendiente de exégesis) saltó como un resorte ante la posibilidad de que lo catalán quedara anegado e invisible en lo aragonés. Puede que él y doña Patricia-El País consideren que lo catalán engloba también a lo valenciano, pero este es un punto de vista francamente discutible.

14. La alucinación colectiva

El libro de Arnoldsson, que es magnífico, resulta esencial en el estudio de la leyenda negra. Sus planteamientos, sin embargo, no son compartidos al cien por cien por todos. Así Maltby, por ejemplo, rechaza la idea de Arnoldsson de que la leyenda negra se iniciara en Italia y fuera luego copiada en otros lugares de Europa. Maltby insiste que en no debe darse prioridad a unas fuentes sobre otras con el consolador principio de la cronología. Que la leyenda negra no se acabó en la época que Arnoldsson indica es algo que dicen muchos autores, no solo yo. A su pervivencia posterior dedica Powell los capítulos finales de la parte II: Hispanoamérica adopta la leyenda negra y Continuidad hispanofóbica en los Estados Unidos. Esto se publicó mucho antes de que el ayuntamiento de Los Ángeles suprimiera el Columbus Day o fueran destrozadas o decapitadas las estatuas de fray Junípero Serra o López Obrador manifestara su singular sentido de la historia. Para lo mismo tiene también interés la parte III del libro de Powell. También abunda sobre ello García Cárcel, que aunque niega la leyenda negra se ocupa de ella, en su La leyenda negra. Historia y opinión en el Capítulo 3 titulado Siglo XIX: nacionalismo y criollismo y el capítulo 4, Siglo XX: entre conmemoraciones y desagravios. Y hay mucho más sobre esto. Muchísimo más, aunque el señor Straehle y doña Patricia parecen ignorarlo con empeño.

Evidentemente cualquier error que pueda haber en Imperiofobia será corregido, lo cual contribuirá a mejorar el libro y en modo alguno cambiará ni su estructura argumental ni su contenido. Es más si todo lo que se señala en El País fuera cierto, y ya hemos visto que no lo es, esto no cambiaría ni un 0,001 por ciento. De manera que es muy de agradecer este empeño en peinar con lupa sus cientos de páginas y referencias bibliográficas.

Los propósitos de toda esta campaña de difamación y desprestigio pueden resumirse en varios puntos, todos ellos interconectados y es importante que la opinión pública los conozca.

1. El asunto de la leyenda negra es de derechas. Obsérvese que esto lo repiten obsesivamente, como un mantra, todos los implicados en la campaña, desde Villacañas a Pérez Reverte. Ello significa que es un objetivo principal. Colocada la hispanofobia en ese campo, por deslizamiento natural, cualquier alusión que haga a la leyenda negra puede ser considerada facha. Conservador, de derechas, facha, fascista, nacionalcatólico. Ello convierte a este problema histórico en un asunto político de primera magnitud en este momento. Inmediatamente, por miedo a ser considerado facha, que es una palabra temida por el español medio como ninguna otra, ya no se aludirá ni a la leyenda negra ni a la hispanofobia. Esto dejará su argumentario libre para ser usado de nuevo cada vez que sea necesario sin que haya respuesta.

Es evidente que la leyenda negra no es asunto ni de derechas ni de izquierdas puesto que existe desde mucho antes de que la derecha o la izquierda tuvieran vida. A esto hay que añadir que aquellos historiadores que han investigado y publicado sobre el particular son extranjeros en su mayoría y que sus trabajos nada tuvieron que ver con el frentismo político. Por otra parte se da la particular circunstancia de que ha sido durante el gobierno de Pedro Sánchez Castejón cuando se han producido las únicas publicaciones con beneplácito oficial relacionadas con este problema: La imagen de la presencia de España en América (1492-1898) en el cine británico-estadounidense, de Esteban Vicente Boisseau, obra premiada por el Ministerio de Defensa que dirige Margarita Robles, que es un agente doble y trabaja para la derecha, y España, una historia global, de Luis F. Martínez Montes, que fue presentada por el ministro de Exteriores Josep Borrell, que también debe ser un agente doble. Tendremos entonces que considerar que el gobierno socialista colabora con los conservadores proporcionando argumentos a la derecha.

2. El siguiente objetivo es que cale en la opinión pública que la leyenda negra ya no existe. El propósito es el mismo: dejar en franquía su argumentario para que pueda ser usado a voluntad. La hispanofobia, como explicó Rafael Altamira, otro fascista irredento que murió en el exilio en México en 1951, es una herramienta de guerra, que si no se desactiva puede ser empleada una y otra vez.

3. La campaña tiene otro propósito: aviso a navegantes. A la vista del linchamiento mediático que se ha desatado contra mí y mi trabajo, ya sabe cualquiera que decida escribir sobre la leyenda negra y la hispanofobia o investigar sobre alguna de sus múltiples manifestaciones lo que le va a caer encima, especialmente en el ámbito universitario. Nadie que quiera tener una carrera académica si no exitosa al menos confortable osará meterse en este jardín. De manera que silencio. Sobre todo silencio. Es una forma de intimidación que acobardará a los jóvenes y devolverá la leyenda negra a la situación anterior a la publicación de Imperiofobia: a las catacumbas de algunos investigadores que probablemente tendrán que seguir siendo extranjeros.

4. La publicación de Imperiofobia concitó un extraño acuerdo y lo que parecía un principio de reconciliación de los españoles con su historia. Es por lo tanto esencial para los promotores del frentismo acabar con esto por cualesquiera medios a su alcance, toda vez que es prioritario eliminar todo aquello que pueda provocar acuerdo o consenso en la sociedad española de hoy. Y es particularmente importante que los españoles mantengan una relación conflictiva o atormentada con su historia, porque esto producirá más complejos y una fuente inagotable de conflictos internos que será aprovechada por quienes buscan en estos momentos tensionar la vida pública española en su propio beneficio.

La campaña de desprestigio continuará sin duda. Sin embargo, los Villacañas, Martínez Shaw, Straehle, Pérez Reverte, El País y otros tendrán que bailar solos. Es posible que pronto se publique que quien aparece en el documental The Myth of the Spanish Inquisition no es el profesor Haliczer sino un avatar suyo fabricado por mí o que Imperiofobia es el resultado de haber plagiado un papiro de Oxirrinco. No cuenten con mi participación. Mi tiempo y mi energía no se van a desperdiciar en dar combustible a esta burda y deshonesta maniobra de linchamiento mediático. De otro modo cabe el peligro que anunciaba la vieja fábula:

Peregrinos a la Meca / a la par iban dos árabes / y los perros al camino / les salían a ladrarles / Sin hacerles caso el uno / prosiguió siempre adelante, / pero, airado, el otro, piedras / no cesaba de tirarles. / De la Meca al año justo / regresaba el caminante / y halló al otro todavía / enredado con los canes. / "Pero, infeliz, ¿no comprendes / que hasta el fin de su viaje / nunca llega el que hace caso / de los perros que le ladren?".

Esta campaña me ha refirmado en mi confianza en el futuro. Porque Imperiofobia es solo un libro. Solo un libro de una maestra de pueblo. Como explicó Ilya Prigogine en su teoría del caos, pequeñas variaciones en las condiciones iniciales de un proceso determinan resultados totalmente diferentes. A veces cosas muy grandes dependen de cosas muy pequeñas. El futuro no está escrito y las grandes crisis son también grandes oportunidades.

[Este artículo fue retirado temporalmente de la web de EL MUNDO para añadir las notas a pie de página de la profesora María Elvira Roca Barea que tienen a continuación]

    NOTAS

    NOTA 1. El obispo luterano Martin Sasse (1890-1942) líder de la asociación pro nazi "German Christians" escribió: "On the 10th of November 1938, Luther's birthday, the synagogues are burning in Germany [...] In this hour we must listen to the voice of the man who -as a German prophet in the sixteenth century- started as a friend of the Jews, and driven by his conscience, driven by experiences and reality, bécame the greatest antisemite of his time": Martin Sasse, Martin Luther über die Juden. Weg mit ihnen! (Freiburg/Breisgan: Sturmhut-Verl., 1938), Preface 2. Citado por Hans Martin Kirn en una conferencia pronunciada en la Universidad Teológica Protestante de Groningen en 2013 y publicada en internet.
    NOTA 2. "Monter has placed special emphasis on the wave of executions which accompanied this panic [se refiere a una epidemia de peste de 1545]. According to Monter twenty-nine people were executed while Roget puts the number at thirty-one in four months alone": William G. Naphy, Calvin and the Consolidation of the Geneva Reformation. With a New Preface, Manchester University Press, 1994, p. 90.
    NOTA 3. "Sólo en los primeros cinco años bajo el dominio de Calvino en la relativamente pequeña ciudad de Ginebra fueron colgadas trece personas, diez decapitadas, treinta y cinco quemadas, además de setenta y seis a las que les fueron arrebatada la hacienda, sin contar con los muchos que escaparon a tiempo del terror. Pronto están las cárceles tan llenas en la "nueva Jerusalén", que el alcaide ha de comunicar al magistrado que ya no pueden recibir más presos. Y en cuanto a esos horribles martirios, no sólo se aplican a los condenados sino también a los que simplemente son sospechosos, de modo que los acusados prefieren quitarse la vida antes que dejarse arrastrar hasta la cámara de tortura. Finalmente, el Consejo ha de dictar una disposición según la cual los presos deben llevar esposas día y noche, "para evitar sucesos de este tipo". Sin embargo, ni una sola vez se tiene noticia de que Calvino haya suprimido tales horrores. Al contrario, por expresa sugerencia suya se incluye en el terrible castigo, junto a las empulgueras y el potro, la quema de las plantas de los pies. El precio que la ciudad ha de pagar por el "orden" y la "disciplina" es terrible, pues Ginebra nunca conoció tantas sentencias de muerte, tantas penas, torturas y exilios como desde el momento en el que Calvino gobierna allí en el nombre de Dios" (p. 50). Y más abajo añade: "Sin embargo, no fue con esas bárbaras sentencias de muerte con lo que Calvino quebró el sentimiento de libertad de los ginebrinos. El verdadero desgaste se produjo con las vejaciones sistemáticas y la intimidación cotidiana. A primera vista, tal vez parezca ridículo en qué futilidades se inmiscuye la disciplina de Calvino pero no menospreciemos el refinamiento de este método. Con intención, Calvino teje una red de prohibiciones tan densa, tan tupida que resulta imposible escapar a ella o permanecer libre. Intencionadamente, amontona prohibiciones precisamente en lo que se refiere a menudencias y mezquindades, con lo que cualquier individuo se siente en todo momento culpable y se produce un estado de miedo permanente frente a la autoridad omnipotente y omnisciente, pues cuantos más cepos se pongan a un lado y otro en el camino diario de una persona, más dificultades encontrará para caminar erguida y libremente. Pronto sentirse seguro en Ginebra resulta imposible, pues el Consistorio declara que es pecado hasta el más despreocupado aliento. Basta hojear las actas del Consejo para apreciar lo refinado del método de intimidación. A un ciudadano que se ha reído durante un bautizo: tres días de cárcel. Otro que, agotado por el sopor veraniego, se ha dormido durante el sermón: a la cárcel. Unos trabajadores han tomado empanada en el desayuno: tres días a pan y agua. Dos ciudadanos han jugado a los bolos: a la cárcel. Otros dos, a los dados, tomando un cuarto de vino: a la cárcel. Un hombre se ha negado a bautizar a su hijo con el nombre de Abraham: a la cárcel. Un violinista ciego ha bailado mientras tocaba: es expulsado de la ciudad". Y sigue una larga lista. Las consecuencias de esto pronto se dejan ver: "Un par de años con esa disciplina y Ginebra empieza a transformarse. Como un velo gris se cierne sobre esta ciudad en otro tiempo libre y satisfecha. Los trajes llamativos han desaparecido. Los colores palidecen. Las campanas no tocan ya desde las torres. En la calle ya no se oyen alegres canciones. [...] La ciudad tiene un rostro diferente, severo y hosco, el rostro de Calvino, y poco a poco todos los habitantes, por miedo o por inconsciente mimetismo, adquieren su rígido porte, su sombría reserva. Ya no caminan ligeros y relajados. Sus miradas ya no osan mostrar calidez, por temor a que la cordialidad pueda ser tomada por sensualidad. Se olvidan de ser despreocupados, por recelo hacia el hombre siniestro que nunca muestra alborozo. Incluso en la más estricta intimidad se han acostumbrado a susurrar, en lugar de hablar, pues detrás de las puertas puede haber servidores y sirvientas escuchando, por todas partes el miedo crónico percibe espías invisibles y escuchas a las espaldas. ¡Pasar desapercibido! ¡No llamar la atención ni por la vestimenta, ni con la palabra precipitada ni con un gesto alegre! Los ginebrinos prefieren quedarse en casa donde el cerrojo y la pared siempre protegen hasta cierto punto de las miradas y las sospechas". Las consecuencias de este régimen de terror se dejarán sentir durante mucho tiempo: "Habrán de pasar dos siglos después de Calvino para que Ginebra pueda volver a dar un solo pintor, un solo músico, un solo artista de renombre mundial" (págs. 50-53): Stefan Zweig, Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia, Barcelona: Acantilado, 2013. Trad. Berta Vías Mahou. Cito por la versión ePub.
    NOTA 4. "When one looks at the deeds (hay que leer los horrores antes descritos), when one sees what abject slavery Elizabeth has reduced the nation to, and especially, when one views this commission, it is imposible for us not to reflect with shame on what we have so long been saying against the Spanish Inquisition, which from its first establishment has not committed so much cruelty as this first Protestant queen committed in any one single year of the forty-three years of her reign": William Cobbett, A History of the Protestant Reformation in England and Ireland (reedic. a cargo del cardenal Gasquet), Londres: Burns Oates & Washbourne Ltd., 1899, pág. 362.
    NOTA 5. "the Catholics, had they listened to their just resentment, might have greatly added to the danger and therefore their generous conduct merited some relaxion of the cruel treatment which they had hitherto endured under her iron sceptre (el de Isabel I). No such relaxion, however, took place; they were still treated with every species of barbarous cruelty, subjected to an inquisition infinitely more severe than that of Spain ever had or ever has been, and, even on the bare suspicion of disaffection, imprisoned, racked and not unfrequently putt on death": Idem, pág. 267.
    NOTA 6. "Talk of the fires in Smithfield! Fires, indeed, which all Catholics severely condemn: but what, good God! Was the death of about two hundred and seventy-seven persons, however cruel and unmerited that death, to the torments above described, inflicted for more than two hundred years on millions upon millions of people, to say nothing about the thousands upon thousands of Catholics who were, during that period, racked to death, killed in prison, hanged, bowelled and quartered!": Idem, pág. 362. Podemos también añadir algunas fuentes de la época: "It appeareth by Cardan (who writeth it upon the report of the bishop of Lexovia) in the geniture of King Edward the Sixth, how Henry the Eighth executing his laws very severely against such idle persons, I mean great thieves, petty thieves and rogues did hang up threescore and twelve thousan of them in this time": William Harrison, A Descripción of Elizabeth England, 1577, cap. XVI. Of Sundry Kinds of Punishment Appointed for Offenders. El capítulo entero no tiene desperdicio. Está disponible en http://www.bartleby.com. Traducción: "Para Cardan (que escribió según el relato dado por el obispo de Lexovia), entre los descendientes del rey Eduardo VI, Enrique VIII ejecutó sus leyes tan severamente contra tantas personas ociosas, quiero decir grandes ladrones, pequeños ladrones y pícaros, que colgó a 72.000 de ellos en su tiempo".
    NOTA 7. "Sir James Stephen gathers 'that if the average number of executions in each county were 20 or a little more than a quarter of the number of capital sentences in Devonshire in 1598, this would make 800 executions a year in the 40 English counties', that is 11,200 in 14 years against Torquemada's (or 6,024) in the same period and some reduction on 264.000 executions in a period of 330 years, the duration of the Inquisition in Spain against Llorente's 23,112 burnt and 202,244 penanced by this tribunal within that time": James Stephen, A History of the Criminal Law of England, Londres: Macmillan, 1883, vol. 1, pág. 468 (hay reedición en Cambridge University Press, 2014), citado por Sydney F. Smith, The Spanish Inquisition, Publications of the Catholic Thuth Society nº 1, 1894, págs. 10-11. Sydney Smith era un clérigo anglicano. Manejan todavía los datos que se tenían por ciertos en el siglo XIX con respecto a la Inquisición española. Y ni siquiera a partir de estos datos erróneos de Llorente es posible comparar la crueldad inquisitorial con la de los tribunales ingleses, según el clérigo anglicano que se apoya en los datos de Stephen.

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12 de octubre Dia de La Hispanidad

Mensajepor Invitado » Sab 04 Ene, 2020 3:30 am

EL ACADÉMICO RESPONDE A ELVIRA ROCA BAREA LA LEYENDA NEGRA, A DEBATE



CONSPIRA-FOBIA Y OTROS ASUNTOS

El escritor Arturo Pérez-Reverte, cuya última obra publicada es ‘Sidi’, puntualiza algunas de las “imprecisiones” de la historiadora malagueña en un artículo en el que, entre otros asuntos, defiende una España, la de la Ilustración, que pudo ser y no fue. Además, repasa algunas afirmaciones de dos de las obras de la profesora: “A mucha gente (Martínez Shaw, Villacañas, Rodríguez Blanco, Edgar Srtaehle, yo mismo) no le ha gustado el tufillo nacionalcatólico y francamente reaccionario de sus libros. En mi caso, considero mucho más reaccionario el segundo [‘Fracasología. España y sus elites: de los afrancesados a nuestros días’] que el primero [‘Imperiofobia y leyenda negra’]”.

ARTURO PÉREZ- REVERTE


EL PASADO 1 de enero, en el diario EL MUNDO, Elvira Roca Barea, autora de los libros Imperiofobia y Fracasología, publicó un largo artículo exculpatorio para justificar los gazapos, errores o inexactitudes que, según el diario El País, contienen estas dos obras suyas, negándolos o matizándolos. Nada de eso me concierne, así que dejo de lado esa polémica que me es, como digo, completamente ajena. Pero ocurre que en el mencionado artículo de EL MUNDO, Roca Barea sitúa lo de El País en el marco de una «campaña de difamación y desprestigio» llevada a cabo por medios informativos, historiadores e intelectuales disgustados por sus dos libros; campaña (insiste mucho en lo de campaña) que estima «importante que la opinión pública conozca», pues no la considera casual, sino orquestada de común acuerdo a fin de lincharla mediáticamente.

Es en ese punto donde el artículo de la señora Roca Barea sí empieza a concernirme en lo personal. Lo cierto es que ignoro si la coincidencia de ataques contra las tesis mantenidas por ella en sus dos libros es casual o, como sugiere, hay detrás una mano negra moviendo los hilos del asunto. Nada del artículo del El País me importó en su momento lo más mínimo, y nada de la réplica de Roca Barea me importaría tampoco, de no darse en ella un detalle desagradable: me incluye en la campaña como si yo formase parte de esa presunta conspiración. Como si, de acuerdo con otros enemigos suyos, no actuase por iniciativa propia, sino que fuese mano interpuesta. Sicario, cómplice o como queramos llamarlo, de otro o de otros.

Para situarnos, quisiera recordar un par de cosas. Roca Barea, cuya existencia y obra anterior, si la hubo, me era por completo desconocida, dedicó en un primer libro, Imperiofobia, un pellizquito de monja a una de las novelas del Capitán Alatriste, Limpieza de sangre, donde un inquisidor, con la libertad que me confiere ser novelista y no historiador (calculen lo que Dumas, salvando las distancias, hizo con Richelieu), aparecía con luces poco favorables, tan escasas como las que a la Inquisición dedicaron Galdós, Blasco Ibáñez y otros autores españoles desde el siglo XVII hasta ahora. Pero a Roca Barea, atacar a la Inquisición le parecía poco patriótico por mi parte, y a su juicio esto alentaba la Leyenda Negra contra España; así que me hacía responsable de dar argumentos al enemigo, insinuando (elemento común a sus dos libros) que la mejor forma de combatir la Leyenda Negra no es mencionar lo que la motivó, sino soslayarlo. El caso es que en su momento no le di importancia al asunto; y prueba de ello es que (para sorpresa expresa de la propia Roca Barea) la invité a participar en unos debates históricos de gran envergadura que con mi amigo Jesús Vigorra organicé en Sevilla hace dos años.

El segundo antecedente responde a su segundo libro, Fracasología, publicado en 2019, en el que la autora volvió a introducir una alusión poco amable, esta vez sobre mi novela Hombres buenos. El toque no era casual, pues precisamente esa novela (ficción, naturalmente, pues yo soy novelista) es un canto a la Ilustración y a la España que gracias a los ilustrados pudo haber sido y no fue; mientras que el libro de Roca Barea constituye una descalificación absoluta de la Ilustración española y europea, culpándola de no pocos males recientes de nuestra patria con argumentos que, en algún caso y asombrosamente, coinciden casi palabra por palabra con las que figuran en mi libro de texto escolar de 1958 (nihil obstat del censor D. Vicente Tena, canónigo): con Felipe V y la Ilustración, «el extranjerismo y las malsanas doctrinas se infiltraron en nuestra patria».

Por decirlo de un modo elegante, que Roca Barea me mencionase por segunda vez sin provocación previa por mi parte, y más en el contexto de un libro que, tras su lectura (a diferencia de Imperiofobia, con parte de cuyos argumentos yo estaba de acuerdo), encontré profundamente sesgado, tramposo y reaccionario, me tocó la bisectriz. Y como tampoco es cosa de que a uno lo tomen por el pito del sereno, y menos en este país navajero donde al silencio lo consideran complicidad, debilidad o claudicación, decidí ponerle a Roca Barea los pavos a la sombra, por alusiones, en un artículo de los que cada domingo, desde hace casi 30 años, publico en veintitantos diarios españoles y en algunos de Hispanoamérica. Imperioapología y otros disparates, lo titulé; y en él, esta vez, era yo quien opinaba sobre la obra pretendidamente histórica de Roca Barea, del mismo modo que ella se había permitido hacerlo sobre mis novelas. Aquí todos tenemos tecla. Añadiré, por cierto, que como también, a mi humilde modo, soy lector de libros de historia y conozco muchos de los mencionados por Roca Barea en sus abundantes notas y citas, tengo ideas propias sobre la interpretación y el uso sesgado que ella hace de ese material. Sin embargo, apenas entré en eso en el artículo, por razones de espacio y sobre todo porque decidí reservarlos para un despiece posterior, cuando llegara el caso. Tampoco son hoy objeto de este artículo, así que los sigo guardando como oro en paño; porque lo de Roca Barea, con su tercer pellizquito, me recuerda el viejo chiste del cazador contumaz y el oso gay (permitan que no lo detalle, pues no es políticamente correcto), el que al final, poniéndole una mano en el hombro, el oso le dice al cazador: «Tú no has venido aquí a cazar, ¿verdad?».

Pues bien. Volviendo al eje de la cuestión, y con esos antecedentes, Roca Barea, que sospecho tampoco ha venido a cazar, estima ahora que mi artículo sobre sus libros se inserta en una campaña coordinada de desprestigio contra ella (linchamiento, recordemos que dice); lo que me sitúa, en su opinión, conchabado con quienes, periodistas, historiadores o filósofos, le atizan desde distintos lugares y posiciones ideológicas, pero sobre todo desde la izquierda. Uno de los elementos que tal vez le hagan creer eso es que mi artículo salió con una semana de diferencia del publicado en El País. Ve ahí Roca Barea, aunque no lo dice, una perversa maniobra conjunta, ignorando algo que sabe cualquiera que trabaje en prensa: lo que se publica en revistas y dominicales debe entregarse con dos y hasta con tres semanas de antelación; y a veces, como es mi caso cuando viajo, con más de un mes. Mal pueden coordinarse así campañas y linchamientos conjuntos. Habría yo participado, en tal caso, en una operación maquiavélica y compleja, organizada con lujo de detalles y plazos. Y dudo que Roca Barea sea tan importante, pese a lo que ella parece creer, como para montarle semejante operativo. La realidad, me temo, es más prosaica. A mucha gente (Martínez Shaw, Villacañas, Rodríguez Blanco, Edgar Srtaehle, yo mismo) no le ha gustado el tufillo nacionalcatólico y francamente reaccionario de sus libros. En mi caso, considero mucho más reaccionario el segundo que el primero. Y del mismo modo que Roca Barea se permite despreciar o perdonar la vida a tanta gente que ya no puede replicarle, otros le cortan un traje a ella. Son los gajes del oficio. Porque la vida tiene dos direcciones, y donde las dan, las toman. Dicho de otro modo: si no quieres mojarte, no salgas de casa cuando puede llover.

Y ahora, permítanme un apunte más personal. Después de 30 años escribiendo artículos y novelas, y tras otros 21 de contar guerras, quienes me leen saben a qué atenerse, en lo bueno como en lo malo. Y saben, sobre todo, que si algo no he hecho jamás, en toda una larga vida profesional de la que esos lectores son testigos y copropietarios, es orquestarme con nadie ni participar en campañas, manifiestos o acciones concertadas. Mis errores, como mis aciertos si los tengo, son exclusivamente míos. Yo cazo solo. Además, a diferencia de Roca Barea, que se autodefine como modesta «maestra de pueblo» (como si ese digno título fuese poco ilustre o respetable) pero se ofende cuando no la toman en serio, yo no soy historiador ni lo pretendo. Ni siquiera cuando hablo de historia. Sólo soy un veterano lector de libros con algo de vida y mundo en la mochila, que cuenta relatos que se publican en medio centenar de países y tiene la suerte de poder vivir de ello, con la independencia (detalle importante) que eso supone. Y sobre todo, frecuentando los bosques donde crecen cruces de madera, aprendí a reconocer de lejos a la gente embustera y peligrosa. A la que manipulando mentes y memoria acaba haciendo cavar nuevas tumbas, o facilitando el pico y la pala. O justificando a quien la usa o usó en el pasado. Y más en una Fracasología (insisto en que ese segundo libro es el que me causó estupor e indignación) que no intenta explicar lo que podríamos ser si nos librásemos de tanta autocomplacencia y tanta vileza históricas, sino justificar lo que somos: lo que hemos venido siendo hasta ahora, incluido nuestro turbio presente.

Tal vez este artículo sea un poco largo, y lo cierto es que bastante tengo con ocuparme de mi propio trabajo. Pero, como dije antes, tampoco me gusta que me den repetidos pellizcos de monja, y Roca Barea lleva haciéndolo hace tiempo, mencionando de modo sesgado alguna de mis novelas pero obviando, que también es casualidad (o quizá no lo es), 30 años de artículos semanales donde traté, a menudo, de España y lo español sin regatear luces y sin ocultar sombras. Mirando siempre a España cara a cara, con el horror y el orgullo, perfectamente compatibles aunque Roca Barea no pueda imaginarlo o no lo consiga, de ser lúcido y al mismo tiempo ser español.

Por lo demás, desmontar los libros de Roca Barea y en especial el último, deslindar lo cierto de lo falso, requeriría esta vez demasiado espacio, hasta tal punto mezcla en ellos hechos incontrovertibles, con los que estoy por completo de acuerdo, datos reales probados históricamente, con citas sesgadas o incluso erróneas, manipulación de textos mutilados a conveniencia, en estilo informal, agradable a veces, confuso otras y desordenado siempre, con esa Leyenda Negra planteada como culpa casi exclusiva de la conspiración exterior, la envidia extranjera y la traición o dejadez de las élites intelectuales que aquí asumieron y asumen todavía el relato de lo oscuro.

Dejaré todo eso para otra ocasión, por si se da el caso de pasarle revista a fondo. Pero quiero dejar claro que, en mi opinión, y con todo el respeto para quienes opinan lo contrario, a través del turbio, incluso peligroso, filtro ideológico de Roca Barea, nada se sostiene. Quienes han jaleado de buena fe (algunos son nombres ilustres e incluso amigos míos) su negación de que España es víctima secular de una larga enfermedad histórica interna y no debida sólo a causa exteriores, no comprenden tal vez que Roca Barea desautoriza precisamente a las únicas voces que se arriesgaron a pelear por una España distinta a la autocomplaciente y patriotera que ella defiende y desea. Que, despreciando a nuestros escritores e intelectuales críticos, ataca los sentimientos y las ideas que en otros países menos encadenados, de pensamiento libre, condujeron a las luces y el progreso, crearon burguesías sólidas e hicieron posibles verdaderas democracias de ciudadanos conscientes. En sus obras, Roca Barea descalifica directa o indirectamente, cuando no perdona la vida, a Las Casas, Larra, Goya, Moratín, Ganivet, Menéndez Pelayo, Ortega, Maeztu, entre otros; pero su ataque, explícito o implícito, a fondo o superficial, nombrándolos o no –tal vez porque no se atreve a meterse en ciertas honduras, por muchas citas a pie de página que prodigue–, alcanza, a veces precisamente por no mencionarlos o tocarlos sólo de refilón, a Cervantes y su dolida y amarga españolidad, al cáustico y desencantado Quevedo, a Mateo Alemán y toda la narrativa picaresca española, al Galdós que nos disecciona, inquisidores incluidos, en sus Episodios y novelas, al amargo Clarín de La Regenta, al Baroja que narra nuestra miseria y barbarie en su inmensa obra, al Valle-Inclán que nos sitúa frente al espejo, al Blasco Ibáñez cosmopolita, al Chaves Nogales aterrado por analfabetos y asesinos de ambos bandos, al Arturo Barea débil y triste que ve cómo una vez más el sueño de república y libertad se va al diablo en manos de la gentuza, los unos y los otros, que nos mantuvo en el pozo durante siglos.

Me cuento entre quienes creen que sólo puesta frente al crudo espejo propio, asumiendo con naturalidad luces y sombras, España puede mejorar. Las palabras clave son educación y cultura. Pero precisamente lo que Roca Barea niega (e incluso elogia, negándolo) son nuestros cánceres: la irresponsabilidad de reyes imbéciles, la incapacidad de ministros corruptos, la incultura de aristócratas analfabetos, el fanatismo y ansia de poder de confesores reales y obispos de leña y hoguera, la soberbia imperial que tantos enemigos nos hizo y tantos males nos causó. Porque si malo es el relato corrosivo, peor es la negación de lo negativo y el atrincheramiento en glorias imperiales de cuyos resultados ya tuvimos bastante. El mal de España no vino, no sigue viniendo, de que los intelectuales españoles asuman leyendas negras exteriores. El ejemplo catalán, como hecho más reciente, es la mejor prueba de ello. Somos nosotros mismos (y no precisamente los intelectuales) quienes, para asombro de todos, seguimos mostrando al mundo nuestras propias vilezas: nuestra enfermedad histórica hecha de incompetencia, incultura y mala fe, nuestra secular pulsión cainita y suicida, mencionada ya por los historiadores romanos, que sigue en plena forma. Libros como los de Roca Barea pueden servir de analgésico, pero nunca eliminarán las causas del dolor. Éste sólo se aborda mirando cara a cara nuestro amargo pasado, nuestro difícil presente y nuestro incierto futuro. Educando a nuestros hijos y nietos en la lucidez de que somos lo que somos porque en lo bueno, que fue mucho, y lo malo, que no fue poco, fuimos lo que fuimos. Y en nuestras manos, con educación y cultura, mirando hacia el mundo y no hacia nuestro triste ombligo, está poder ser otra cosa.

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12 de octubre Dia de La Hispanidad

Mensajepor Invitado » Jue 09 Ene, 2020 7:00 pm


España contra sus fantasmas. Dialogamos con Pedro Insua.

Hay ideas fuertemente consolidadas en el imaginario español, a modo de grandes verdades: Al Andalus fue una sociedad plural y rica que entró en decadencia con la conquista cristiana, el descubrimiento de América puso de manifiesto el carácter sanguinario español, las ideas de la Ilustración no tuvieron ningún eco en España… Visiones, todas ellas, llamadas a consolidar la idea de una España intolerante y fracasada como nación.

Así, según el juicio sumarísimo de muchos, es precisamente esa misma identidad negativa, el único fundamento que justifica su unidad en la actualidad. De tal manera que, España termina por constituirse como sociedad política, pero una sociedad política en cuya base se encuentran, sin más, el odio y la violencia fanática.

Este libro busca abordar esos fantasmas instalados en el imaginario español, para, sin omitir ni exagerar nada, revertir cada uno de estos fenómenos históricos asociados a España, y que figuran en la historiografía completamente desquiciados a través de su versión negrolegendaria.

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12 de octubre Dia de La Hispanidad

Mensajepor Invitado » Lun 03 Feb, 2020 3:43 am


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12 de octubre Dia de La Hispanidad

Mensajepor Invitado » Lun 17 Feb, 2020 2:17 pm

Segun los yanquis Gisela canta en 'castellano' y la mexicana Carmen Sarahí, en 'español'. Divide y venceras.


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12 de octubre Dia de La Hispanidad

Mensajepor Invitado » Vie 21 Feb, 2020 4:21 pm


Pedro Páez, viajero y misionero jesuíta nacido en 1564 en Olmeda de la Cebolla y descubridor de las fuentes del Nilo.




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