Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


Imagen

Avatar de Usuario
Invitado

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensajepor Invitado » Vie 10 Ene, 2020 1:14 am



Miriam Saavedra

¿Dakota? ¿Alguien se acuerda de esa criatura gritona y maleducada, cual niña de ‘El Exorcista’? ¿Y qué me dicen del guapo Logan, cincelado como un dios griego? Miriam Saavedra, que parecía un monstruo que iba a comerse el mundo, estuvo durante unas semanas volando por los platós como una polilla aturdida y se estrelló al fin contra el cristal de la indiferencia del público. El Cejas, hasta la monísima María Jesús Ruiz, la otra Ruiz, Aurah –sí, hombre, que de vez en cuando asoma la cabeza para despotricar contra su ex–. Hugo Castejón, que tanto prometía, pero resultó demasiado excesivo para el gusto del público, Pol Badía y Jonathan, Alejandro Albalá y su mamá podóloga… ¡Aneth!

El paso del tiempo los ha devorado a todos, y no solo a los hijos de la televisión. Pregunta difícil: ¿Quién era Cristina Pujol? ¡A la primera novia que tuvo Matamoros cuando se separó de Makoke la perseguían los reporteros por la calle micro en mano! Lo mismo que a Iván Miranda, el presunto y efímero novio de Tamara Falcó.

¡Y a Courtois! Y no digamos el famosísimo marido de María Lapiedra, del cual en estos momentos no recuerdo el nombre y no me hagan consultarlo en la Espasa que estoy algo resacosa… Tuvieron su momento de popularidad, pero han durado menos que una raya en el agua. ¡Adiós, muchachos, adiós para siempre, adiós!

■ ■ ■

Isabel Preysler

Y es que eran ídolos con los pies de barro, como Georgina Rodríguez, como Sandra Gago, como Mar Torres (la de Froilán), quizás como la encantadora Alba Carrillo… Están bien, sí, pero les falta aquello intangible que las convierta en leyenda.

¡Esos ídolos de verdad, divos que quizás no ocupan portadas, pero siguen en el corazón de sus miles de fans, que les guardamos fidelidad eterna! El más grande, Julio Iglesias. Cantó hace poco en el Albert Hall de Londres y The Telegraph dijo: “Su voz es frágil, pero su presencia sigue siendo apabullante… una velada pasada de moda, pero conmovedora”. Raphael celebra cada año un centenar de conciertos con llenos totales… Pantoja, porque a ella no le da la gana, pero, ay, si quisiera, ¡estaría en lo alto del podio, como la grande que es!

¿Y qué me dicen de Isabel Preysler? Nos intentan meter a sus hijas con calzador, pero ninguna le llega a la suela de los zapatos, no se aproximan a su currículo ni por el forro. Isabel, a la edad de Tamara, ya había estado casada con Julio Iglesias, había tenido a sus tres hijos, había anulado su matrimonio, se había casado con el marqués de Griñón, había nacido ella, se había divorciado y casado con el ex ministro Boyer y dado a luz a Ana… ¡Y por sus propios medios se había convertido en una de las mujeres que más dinero ganaba y generaba de España!

¿Y Tamara quiere competir por haber participado en un concurso de cocina y hablar como una niña pequeña? Vamos, hombre, navega, que vienen los vikingos (homenaje a mi amigo Jaime Peñafiel). ¡Un ser así solo sale cada mucho tiempo! Como Rosalía, a la que vi cantar hace cuatro años en el JazzSí, de la calle Requesens, ‘Corazón loco’ de El Cigala y desde entonces la sigo como si fuera mi hija. Los gitanos del lugar me decían: “Es paya, pero respira, vive, trabaja solo por y para el cante, tiene coco y mucho arte, ¡llegará muy lejos!”.

■ ■ ■

Doña Letizia, Leonor y Sofía

Y ahí, inmutable, sigue la familia real. Letizia,Felipe, Leonor y Sofía, tan tranquilos porque saben que en este país ya no se va a tomar el palacio de invierno (que vendría a ser el chalecito de Baqueira, que por cierto he visto estas vacaciones que sigue vacío).

Y es que cada día su posición es más sólida, no solo han confirmado con el discurso de Leonor en Barcelona que “hay una heredera”, sino que Letizia ha demostrado que cuando se dedica a hacer una cosa, educar a sus hijas, lo hace muy bien.

Y si con dos partidos de izquierdas en el gobierno nadie pone en cuestión su supervivencia, ¿quién lo va a hacer? ¡La frase “ahora no toca” la estoy oyendo desde hace 40 años! Mi pregunta es: ¿Siguen necesitando un cordón sanitario? ¿Cuánto tiempo se tardará en permitir que los periodistas nos expresemos libremente en todos los temas que les atañen?

El otro día me confesó un viejo monárquico, noble y catalán por más señas: “¡Tengo unas ganas de que se les pueda criticar!”. Me horroricé y me llevé las manos a la cara. “Pero, tú…”. Me tranquilizó con un gesto. “No, claro que yo no… Pero si se les puede criticar, querrá decir que la monarquía está fuerte y puede superar todos los embates. ¡Ese será nuestro momento y la vieja guardia podremos descansar tranquilos!”. Me voy a ir poniendo la primera de la fila… ¿Quién da la vez?

Avatar de Usuario
''lLOS FLAMENCOS

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensajepor ''lLOS FLAMENCOS » Mar 14 Ene, 2020 4:12 am

DEL COLMAO'' le dijeron a la Pilarica o fueron ''LOS GITANOS...?'' '' ES PAYA...'' Miente mas que escribes Pilarica. Rosalia fue abucheada por querer representar a la Virgen Maria en 1 postura en foto. La que parece ser que esta reviviendo LA COPLA es Estrella Morente en 1 espectaculo en Madrid con coplas de su paisano, Carlos Cano, de la gran FRAONA como esa preciosa copla de Gracia Montes: '' SOLEDAD''
Lo lei ayer en ABC.es.
former Assia

Avatar de Usuario
Invitado

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensajepor Invitado » Vie 17 Ene, 2020 2:16 am

[conte]

Doña Pilar y don Juan Carlos

Llovía sobre Estoril aquel 29 de marzo de 1956, Jueves Santo. La tormenta se abatía ruidosamente contra los cristales de villa Giralda, pero, a pesar de eso, Pilar se detuvo de pronto en medio de una frase y se estremeció. “¿Qué te pasa?”, le preguntó su amiga. “¡He oído un disparo!”.

Fue la única de las nueve personas que estaban en la casa que lo escuchó. Abrió la puerta de su habitación. “¡Mami, mami!”, gritaba su hermano Juanito. Los padres corrían atropellándose escalera arriba hasta el cuarto de juegos. Petrificada, vio cómo su padre bajaba el cuerpo inerte de su hermano pequeño, Alfonsito, con un agujero en medio de la frente pálida, envuelto en la bandera de España. Pilar fue hacia él.

Estudiaba enfermería, tal vez podría ayudar. Pero el padre la detuvo: “Está muerto”. Depositó a su niño listo, su Senequita, como lo llamaban en familia, en el suelo del vestíbulo y, cogiendo a Juanito –el autor del disparo– por el cogote, lo hizo arrodillarse frente a su hermano y rugió con la voz rota: “¡Jura que no lo has hecho a propósito!”. Se cuenta que, muchos años después, Pilar fue a Zarzuela y se encontró a su hermano enseñando a disparar a su hijo Felipe con un arma corta. Se llevó las manos a la cara horrorizada y aulló: “¡No, por Dios, Juanito. Otra vez, no!”.

■ ■ ■

Don Juan y doña María de las Mercedes

En esa época, Pilar ya no era una niña. Tenía 20 años y era una chica “adusta y no muy simpática”, según sus vecinos portugueses. Demasiado alta, desgarbada, de aguileña nariz borbónica, siempre vestida con su chaqueta de amazona cuando no iba de enfermera, porque hacía prácticas en el hospital de los Capuchos de Lisboa.

Había sido concebida en Frascati, el pintoresco pueblecillo cerca de Roma donde sus padres habían dormido el día de su casamiento, ya que nació justo nueve meses después, el 30 de julio de 1936. Y si sabemos lo que pasó en esa noche de boda fue porque el mismo don Juan de Borbón se lo relató a su hijo Juanito, después de que este se negara a participar en un acto porque le dolía la cabeza. “El día que me casé estaba hecho una mierda con gastroenteritis y, aun así, aguanté toda la ceremonia, el discurso de José María Pemán, ¡y por la noche tuve que cumplir con tu madre!”.

La familia vivió con relativa estrechez en Roma, donde el matrimonio se tenía que acostar con gabardina porque había goteras, y después en Lausana, donde Juan conoció a una mujer griega por la que estuvo a punto de romper su matrimonio, lo que entenebreció el ambiente familiar. En aquellas fechas, Franco puso un espía a la familia y sus informes parecen una pieza cómica: “Don Juan suele salir a menudo y vuelve a su casa a las cuatro o las cinco de la madrugada muy afectado por los numerosos cócteles que ingiere… A veces, lo acompaña su mujer, que tiene bastante abandonado el cuidado de su casa. Su mujer también sale por las tardes con sus amigotas”.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial, la familia se trasladó a Estoril, el exilio definitivo. Pero don Juanito se desgajó del tronco familiar, ya que vino a vivir a España tutelado por Franco, “ese señor que hace sufrir a papá”, según decían los niños.

Pilar creció libre y algo montaraz. La madre se ocupaba de Margot, la hermana cieguita, y poco más, pues ella misma confesaba que era una pésima ama de casa. Fue el padre el que decidió que fuera a las Esclavas del Sagrado Corazón de Lisboa, pero no le gustaba el estudio, se escapaba muchas veces de clase para ir a montar a caballo, y no llegó a terminar siquiera el bachillerato elemental. Para que pudiera estudiar en la escuela de enfermería Ravara, tuvieron que hacer una trampa en el expediente.

Pero ahí surgió lo mejor de Pilar, ya que encontró su verdadera vocación, que pudo demostrar cuando se hundió el techo de la estación de tren de Cais do Sodré. Estuvo cuidando a los heridos durante 48 horas. Y con el uniforme manchado de sangre, salió en el diario ABC, ¡la primera vez, desde el año 1931, que un miembro de la familia real aparecía en la portada de un periódico español!

Sí, todo esto estaba muy bien, ¡pero Pilar no se casaba! La llevaron al crucero Agamenón para que alternara con príncipes europeos, y su padre, harto de verla con la cara lavada, le compró una barra de labios ‘rouge’ en el puerto y él mismo se los pintó. “Qué asco, qué mal sabe”, protestaba la infanta. Los vestidos de organdí se los quitaba a escondidas, porque “pican”, para ponerse el traje de montar.

Su padre le comentó a Sainz Rodríguez que iba a casarla con Balduino de Bélgica, a lo que el amigo objetó: “Ese medio cura tal vez no le guste a su alteza”. “¡Pues se someterá, como todas las princesas de sangre real!”, repuso don Juan, furioso. Pilar escogió de acompañante a su dama de honor menos vistosa, Fabiola de Mora y Aragón, que fue la que enamoró al rey de los belgas. Don Juan agarró a su hija del brazo y se la llevó de vuelta a Estoril al día siguiente y, como la quería entrañablemente, intentó restañar las heridas en su amor propio: “Bah, hubieras sido muy desgraciada con ese hombre”.

■ ■ ■

Los duques de Badajoz con sus cinco hijos

La muerte de Alfonsito destrozó a la familia. Doña María debió ingresar por depresión y alcoholismo en una clínica suiza y Pilar se fue a vivir a Madrid, donde se enamoró del irresistible Luis Gómez-Acebo y Duque de Estrada –ambos son apellidos–. No era una boda muy apropiada para una princesa de sangre real, pero la infanta estaba decidida a casarse con él. Se hizo mechas en el pelo, adelgazó, empezó a llevar atrevidas minifaldas e incluso visitó a un cirujano plástico para operarse la nariz. Pero cuando su padre se enteró, puso el grito en el cielo. “Que te cases con Luis aún te lo paso, pero que te quites el distintivo de los borbones, no te lo consiento, ¡se han tardado siete siglos en hacer esa nariz!”.

Don Juan les concedió el título vitalicio de duques de Badajoz. Primero, vivieron en un pisito que les alquiló Antonio ‘El Bailarín’ –“me lo destrozaron”, confesó el bailarín a esta periodista–, y después, gracias al boyante trabajo de Luis en la cementera Asland, en un chalet en Somosaguas, donde doña Pilar encauzó sus energías criando a sus cinco hijos y fundando Nuevo Futuro.

Apenas se veían con Sofía y Juanito, y se trataban con gran desapego porque en el enfrentamiento entre padre e hijo por el trono de España las infantas siempre se pusieron al lado de su padre y veían a Juanito como un usurpador. No asistieron a la proclamación de Juan Carlos como sucesor, pero si fueron a su coronación cuando murió Franco. Eran tan poco conocidas que el ujier las hizo salir del ascensor, “que es solo para personas importantes”.

La actitud de Pilar durante la ceremonia fue fría y distante porque creía que allí, en lugar de Sofía y Juan Carlos, tenían que estar sus padres. Pero, de pronto, la felicidad de aquella familia se desmoronó. Primero fue un accidente de esquí el que postró un año en cama a Luis. Se perdieron el trabajo y los ahorros. Menos mal que el barón Thyssen lo convirtió en “su hombre en España”. Carmen Cervera fue la responsable y, a mí parecer, nunca se le ha agradecido lo suficiente.

Pero después fue un cáncer linfático el que se abatió sobre el duque de Badajoz que, después de siete años de lucha, murió abrazado a un librito de poemas de San Juan de la Cruz. Doña Pilar se quedó tan desarbolada, y con una gran familia a su cargo, que Mario Conde tuvo que echarle una mano. Le puso un despachito en Banesto, le dio un cargo en la Fundación y le pasó un sueldo durante unos años.

La herencia de su padre le arregló la situación, que nunca ha sido muy boyante, pero pudo encarar apaciblemente el último tramo de su vida. Muy arropada por sus hijos, dedicada a Nuevo Futuro –donde todas la adoran–, el tiempo restañó las heridas y su hermano se convirtió en su mejor amigo. Todos los días hablaban por teléfono. Sin embargo, doña Sofía no ha olvidado nunca aquellos desprecios. “Es que las infantas se lo hicieron pasar muy mal”, justifica un viejo monárquico, testigo de esos sucesos. También es cierto que, en los enfrentamientos entre el matrimonio, Pilar se puso siempre al lado de su hermano. Una vez le preguntaron si volvería a vivir su vida y soltó un espontáneo: “Oh, no, qué horror. Todo ha sido muy duro”.

■ ■ ■

Isabel PreyslerDoña Pilar y Luis Gómez-Acebo

Esta cronista ha mantenido varios desencuentros con doña Pilar. Cuando trabajaba con Luis del Olmo, me llegó la noticia –de muy buena fuente– de que doña Pilar –ya viuda–, salía con un importante hombre de negocios. Alguien llamó por teléfono y me cayó una bronca considerable.

Después, cuando escribí la biografía de su madre, ‘María la Brava’, se quejó a su hermano y pretendió que la prohibiera, a lo que don Juan Carlos se negó: “No ha mentido…”.

Y también, hace pocos meses, cuando publiqué que Cristina e Iñaki estaban al borde del divorcio, un periodista la convenció de que dijera en televisión que era mentira, cuando minutos antes había confesado que no tenía ni idea de la vida de su sobrina, porque no la veía nunca ni hablaba con ella, con lo que también se viene abajo la leyenda de que amparaba a Cristina e Iñaki.

A pesar de todo, he admirado su energía, su capacidad de resistencia ante los embates de la vida, su estoicismo, su generosidad a la hora de defender las causas en las que creía, lo que la quieren sus hijos… Cuando Pilar se encuentre en los espacios siderales con su adorado padre, podrá cuadrarse como un soldadito valiente, joven de nuevo con su chaqueta de amazona, para decirle: “Papá, deber cumplido”.

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 21662
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Re: Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensajepor Assia » Vie 17 Ene, 2020 2:36 am

'' NO ES POR MALDAD'' No he leido mas que el titular de tu cronica Pilarica. Por lo que he leido en varias ocasiones, tanto la Infanta Pilar como la Infanta Margarita, se pusieron de parte de su padre y no de su hermano Juanito y es por eso por lo que tu dices que ''LA REINA SOFIA NUNCA HA OLVIDADO LOS DESPRECIOS...?'' A que llamas tu ''desprecios…Pilarica….? A que 1 hijo le robara el trono a su propio padre.?

Avatar de Usuario
Invitado

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensajepor Invitado » Vie 24 Ene, 2020 12:41 am



Don Juan Carlos

Don Juan Carlos de Borbón –odia que lo llamen emérito, “que no soy el Papa, coño”– ya no vive en Zarzuela. El que fue su hogar durante cincuenta años le despierta profunda aversión y tristeza. Y eso que el palacio, que es propiedad de Patrimonio Nacional y le fue cedido por Franco, fue puesto con todo mimo y cuidado por doña Sofía, que se hizo traer todo de Grecia desde las sábanas hasta las cortinas y alfombras, el piano, las lámparas de cristal y las vitrinas porque “España es un país muy atrasado y no hay nada”.

Colgó treinta y nueve cuadros en las paredes. El de más valor es un retrato de Alfonso XIII por Joaquín Sorolla que está en el vestíbulo. Y para dividir el salón, colocó un biombo lacado en negro con incrustaciones de nácar que habían comprado en Hong Kong durante su viaje de novios.

Un palacio “de bolsillo” que cuando los príncipes eran pequeños estaba lleno de risas y movimiento, y en el que entraban sin anunciarse los íntimos amigos de don Juan Carlos –la reina nunca ha tenido amistades–, desde Miguel Primo de Rivera y Antonio Eraso hasta el príncipe Tchokotua o Miguel Arias. ¡Pero el tiempo lo devoró todo!

■ ■ ■

Don Juan Carlos y doña Sofía

La relación con su mujer se fue deteriorando hasta el punto de que decidieron ampliar el palacio y vivir en alas separadas, con entradas distintas, con lo que pueden estar meses enteros sin verse. Los hijos se fueron. Don Juan Carlos tuvo que abandonar el trono por la puerta de atrás. Pero lo más duro quizá fue que su despacho sería ocupado por don Felipe, mientras a él se le adjudicaba un lugar desangelado, sin siquiera calefacción, en el Palacio Real, al que no ha acudido nunca.

Claro que tampoco tiene asuntos que despachar. Él podría decir como su abuelo: “¡Soy un rey en paro!”. Encontrarse por los pasillos con los visitantes de su hijo, que no saben muy bien cómo dirigirse a él, le resultaba muy humillante e influía en su estado de ánimo, que tiende a la depresión, como han contado algunos amigos de don Juan Carlos, sobre todo después de la desgraciada muerte de su hermano Alfonsito.

■ ■ ■

Sanxenxo

Zarzuela ha llegado a convertirse en una prisión siniestra y hostil, en la que no soportaba estar más de un día, pero ¿dónde ir? Palma es territorio de su mujer, y Barcelona, en la que siempre se ha sentido muy a gusto y donde viven su íntimo amigo Josep Cusí, así como algunas damas muy queridas, se ha quedado únicamente para sus revisiones médicas y retoques estéticos. Poco a poco, la opción Sanxenxo ha ido ganando enteros, hasta el punto de que se ha trasladado allí casi de forma permanente.

Según unos, vive en unos camarotes destinados a los capitanes en el Club Náutico de Sanxenxo. Según otros, tiene habitación propia en la casa de su gran amigo y presidente del club, el armador Pedro Campos, muy cerca del Náutico.

No es un huésped fácil, ya que la seguridad, sus propias necesidades y sus dificultades de movimiento han trastocado totalmente la vida familiar de los Campos.

Recordemos que cierta dama andaluza se quejaba de que el rey emérito se presentaba en su cortijo sin avisar: “Es muy complicado, porque nosotros, que llevamos una vida muy austera, teníamos que encargar comida en Sevilla, contratar personal extra, descuidar nuestras obligaciones… La última vez me tuve que meter yo en la cocina a preparar una tortilla de patatas que se le había antojado”.

Pero Campos se muestra siempre encantado de contar con don Juan Carlos como huésped. En Sanxenxo, se siente querido y respetado, además de que lo rodea un círculo de discreción máxima, no solo por el reservado carácter gallego, sino porque Campos y los suyos, que lo conocen desde hace muchos años, son tan fieles que aceptan los gastos onerosos que representa tener al abdicado rey como huésped sin una sola queja.

■ ■ ■

Don Juan Carlos y la infanta Pilar

La muerte de su hermana Pilar, con la que hablaba todos los días por teléfono, ha sido un mazazo considerable y su anfitrión y su nuevo círculo sanxenxino le ha servido de consuelo. ¡Lo que no ha hecho nadie de su familia!

Ni su mujer, con la que no tiene trato y, si se ven, solo intercambian palabras airadas. Ni su hijo Felipe, ocupado en lidiar con un país difícil y una mujer con mucha personalidad.

Ni Cristina, con la que apenas habla, pues se interponen siempre las reclamaciones y súplicas de la hija acerca de su marido, todo un trabajo para él, su reincorporación plena en la familia, el reconocimiento de los nietos, que no tienen culpa de las tropelías del padre…

A lo que don Juan Carlos podría contestar con las palabras de don Juan de Borbón cuando alguien le pedía algún favor–yo lo he visto–: “Ya no soy nadie… te perjudicaría que intercediera por ti… ¡Soy menos que nada, no saben dónde colocarme!”.

Elena es una incondicional de su padre pero, aun así, es difícil abrir tu corazón a una hija, por muy querida que sea.

■ ■ ■

Don Juan Carlos y Alberto Núñez Feijóo

Aunque está rodeado de buenos amigos, don Juan Carlos, ha sido siempre un gran mujeriego y eso no caduca con la edad, añora una presencia femenina a su lado. Le continúan gustando las mujeres guapas, rubias por más señas. Sus amigos lo saben bien, y, cuando tienen una comida, siempre le sientan al lado a una señora con la que el rey ríe, a la que piropea sin freno y con la que coquetea libremente. Se intercambian teléfonos y mensajes, ya que el rey tiene verdadera adicción al móvil -posee varios, algunos radicados en el extranjero para evitar escuchas indiscretas. Si le preguntan por la situación actual, contesta con cierta sorna: "No entiendo de política". Feijóo, el presidente de la Xunta, le dijo hace poco: "Usted es el rey vitalicio de Galicia". Don Juan Carlos que, como todos los hombres de su generación, es poco dado a expansiones sentimentales, sufrió un repentino ataque de tos y hundió la cara en un pañuelo... para que no se notara que estaba llorando.




Volver a “La Casa Real”