La Memoria Histórica: verdades y mentiras

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La Memoria Histórica: verdades y mentiras

Mensajepor Invitado » Sab 28 May, 2016 7:30 pm

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los Crímenes del Comunismo

Mensajepor asesinos » Sab 28 May, 2016 7:38 pm

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Crímenes del Comunismo

BOIRA_A
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La Memoria Histórica: verdades y mentiras

Mensajepor BOIRA_A » Sab 28 May, 2016 8:45 pm

Invitado escribió:BORICA carrillo era un mindundi durante la guerra civil. a LD con esa milonga ... quizás te den bola. :loker



Tan mimundi que a sangre fria mató a un hijo de un tio mio de 14 años No necesito leer nadapara tener una impresion de una persona

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Francisco Antón, el amor vengado de la Pasionaria

Mensajepor Invitado » Sab 28 May, 2016 8:49 pm

la loba roja escribió:
BOIRA_A escribió:Y los crimenes de las Checas, de Carrillo y demas porque Carrillo mató amigos, a todo el que se movia y la pasionaria mató a un amor no correspondido Vaya pareja



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La Pasionaria junto a Francisco Antón

Francisco Antón, el amor vengado de la Pasionaria
rosa belmonte

Dolores Ibárruri se enamoró de un muchacho 17 años menor. Cuando él le confesó que se había enamorado de otra, ella lo depuró. El 12 de noviembre se cumplen 25 años de su muerte


Pasionaria fue una cougar. Y una fiera vengativa con Francisco Antón, su amor en tiempos de guerra. «Esbelto, moreno, y guapo», lo califica Paul Preston. Paco Antón era 17 años más joven que Dolores. Llegó a ser comisario político del Ejército defensor, el más importante cargo del comisariado político, según Santiago Carrillo en «Los viejos camaradas». El mismo Carrillo a quien Fermín Bohórquez preguntó un día por su mujer pensando que era la Pasionaria.

Spoiler:
En 1937, Dolores tenía 42 años. Antón, 25. Se enfrentó a Indalecio Prieto, ministro de Defensa, para sacarlo del frente. Dolores Ibárruri (1895-1989) había marchado a Madrid en 1931 fichada por José Bullejos como redactora de «Mundo obrero» (desde 1930 era miembro del comité central del PCE). Su marido, Julián Ruiz, minero marxista con el que había tenido seis hijos, de los que cuatro habían muerto, se quedó en el pueblo. En el País Vasco. Según Amaya Ruiz, la hija, por su propia voluntad. «Julián se casó con la chica Dolores, no con Pasionaria. Era mucha mujer para alguien tan sencillo», cuenta Amaya en un documental de TVE. En el mismo, Irene Falcón, la secretaria de la dirigente comunista, recuerda que a Dolores la respetaban todos los compañeros. «Ninguno se habría atrevido a reprocharle algo, como haber dejado al marido. Machismo ha habido después». Sobre la relación: «Se enamoró de ella locamente un compañero estupendo, cosa que se puede entender. Vivieron juntos unos años. Francisco Antón sirvió para que la atacaran. Ella era la imagen de la Virgen, de una monja, yo qué sé, lo que era totalmente falso. Era una mujer fuerte, sana. Por tanto tenía no solo el derecho, sino la obligación de tener una vida sexual también normal».


Francisco Antón, víctima del despecho de la Pasionaria
El machismo vino después, tras la muerte de José Díaz, el secretario general del PCE, que se había suicidado en 1942 tirándose por la ventana en Tiflis al no poder aguantar los dolores de su cáncer de estómago. «Jesús Hernández, que quería ser secretario general, empezó una lucha machista de la peor especie atacando a Dolores por su relación con Antón». Ganó ella. Tras la guerra, Dolores acabó en Moscú, y Francisco Antón, en Le Vernet, campo alemán en Francia. Después de que Ribbentrop y Molotov firmaran el Tratado de no Agresión en agosto de 1939, la Pasionaria pidió a Stalin que liberaran a Antón. Enrique Líster, como recuerda Almudena Grandes en «Inés y la alegría», escribió en sus memorias que Stalin soltó: «Si Julieta no puede vivir sin su Romeo, habrá que traerle a su Romeo». Irene Falcón negó una debilidad semejante.

Los amantes se reunieron en Moscú, siendo su segundo en el PCE. Pero él se enamoró de otra, de Carmen Rodríguez. Y se lo dijo a Dolores. Carrillo aseguraba que Dolores renunció a la «vida personal» tras la muerte de su hijo Rubén en Stalingrado en 1942. En todo caso, a lo que no renunció fue a la venganza. No todas las mujeres han tenido el poder para depurar a los hombres que las han dejado.

Según Gregorio Morán en la monumental «Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, 1939-1985», Dolores no se conformó y Antón cayó en desgracia. Carrillo llegó a escribir en sus memorias que no se perdonó las perrerías que le hicieron. Ambos, Carrillo y Antón, controlaban el Partido desde París. El ambiente enrarecido en el buró político hace que Dolores llame a Antón a Moscú. Y comienza un proceso estalinista de tres años, con Antón confesando lo que le piden. Con Pasionaria dejando caer que puede ser un agente policíaco al servicio de un país imperialista. Lo mandan a Varsovia, donde trabaja en una fábrica doce horas diarias. Una de sus hijas tiene síndrome de Down. Otra vez Carrillo es el que inicia la revisión y en 1964 se le readmite en el comité central. Se va a vivir a Checoslovaquia, donde contempla con júbilo la Primavera de Praga. Volvería a ver, fríamente, a Pasionaria en kermeses comunistas. Murió en París el 14 de enero de 1976. Dolores murió en Madrid el 12 de noviembre de 1989. Tres días después de la caída del Muro.


Pasionaria y el amor



Vaya bicharraca :shock: menos mal que gano la guerra el generalisimo :roll:

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Assia
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Re: La Memoria Histórica: verdades y mentiras

Mensajepor Assia » Dom 29 May, 2016 12:57 am

Se que la pasionara abandono a su marido por 1 amante. Ignoro que fue el final de ese amante. Pero hay que tener mucha cautela cuando se lee libros historicos de la GUERRA CIVIL Espanola escritos por Paul Preston. Paul Preston es 1 historiador ingles que domina muy bien la lengua de Cervantes y no necesita traductores para escribir sus libros en espanol. Preston, es o era, 1 JUAN CARLISTAS y en sus libros da las gracias al rey emerito por haber devuelto''la democracia'' a Espana el famoso dia 23F. EL MEJOR LIBRO QUE YO HE LEIDO DEL PROFESOR PAUL PRESTON ES LA BIOGRAFIA DE FERANCO.
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Los internados del miedo

Mensajepor Invitado » Mar 14 Jun, 2016 3:05 pm

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El miedo de los hijos del pecado

Un libro recoge historias de algunos de los miles de niños de madres solteras o padres encarcelados que sufrieron torturas y abusos en los centros de auxilio social del franquismo


Los delitos prescriben pero las víctimas no. Los fantasmas de un niño que sufrió abusos sexuales en un oscuro internado vuelven muchas noches a visitar al jubilado que es ahora; hay quien no pudo nunca rehacer su vida con una relación de pareja y otros que se sienten en paz si un obispo les confirma que ningún Dios amparaba aquellas torturas. Fueron humanos, de carne y hueso, los que durante décadas machacaron la infancia de miles de niños recogidos en internados franquistas donde no había más ley que las palizas y el adoctrinamiento mediante el maltrato.

Los delitos que se cometieron allí no traspasaban los muros. “Eran niños desvalidos, huérfanos, hijos del pecado, de familias sin medios para sacar la prole adelante. El régimen creaba la situación de vulnerabilidad, con padres en la cárcel, fusilados, madres solteras repudiadas, pobreza… y después hacía propaganda con la protección de la infancia en aquellos centros de auxilio social donde muchos fueron torturados”, resumen los periodistas de la televisión catalana TV3 Montse Armengou y Ricard Belis, que todavía se asombran de la “ausencia de revanchismo, la capacidad para formar familias y ser amorosos con ellas y del ejercicio de generosidad de los afectados”, que han contado su historia para un documental y un libro cuando algunos no habían podido aún confiar el trauma sufrido a los más íntimos.

‘Los internados del miedo’ (Editorial Now books) recoge las penurias inconfesables de aquellos niños y delata a sus agresores, los que vestían sotana y los funcionarios que haciendo dejación de sus funciones permitieron que el delito fuera una forma de vida consagrada por Dios. Armegou y Belis recogen en este volumen con detalle historias que quedaron incompletas en un exitoso documental emitido el año pasado.

Como el que pone rombos a la película, los autores advierten de antemano de que las historias que se narran en el libro no recogen los terribles usos pedagógicos de la época, las palizas que a veces se daban en la propia familia. No. “Eran niños a los que quemaban sus partes o les ortigaban por haberse meado en la cama, o niñas obligadas a comer su propio vómito, el que le produjo una comida asquerosa. Algunos murieron de palizas, pero simplemente desaparecían del centro después de que sus compañeros hubieran presenciado como un mal golpe lo estrelló contra la pared y cayó inconsciente, o como un baño de dos horas y media en agua helada en pleno invierno casi acaba con la vida de una niña a la que sacaron de color azul del lavadero”, cuenta Armengou. Y sentencia sin ambages: “tortura”. Con datos médicos, el libro demuestra como alguno de aquellos chicos fueron utilizados para experimentos médicos.



"Los Internados del miedo" Versión en castellano del documental emitido en TV3 el 28 de abril en el programa Sense ficció


Y todo ello recaía casi siempre en los mismos, en los hijos de los represaliados políticos, en los de madres solteras, los más desprotegidos. Sin red familiar a la que aferrarse, algunos de aquellos internos tejieron amistades de sangre que perduran hoy día. Se reencuentran para tomar café y olvidar las miserias, o las recuerdan por escrito, en un ejercicio de terapia compartida, con los medios digitales de estos tiempos.


Les daban palizas por mearse en la cama o les obligaban a comer su propio vómito"


“Lea usted mi blog, ahí está todo”, dice José Sobrino, remiso a hablar en un primer momento, a recordar otra vez, en esta ocasión por teléfono, el sufrimiento de antaño. Pero después se arranca y ya no hay quien lo pare, se desborda, se desahoga, como en un ejercicio oral de venganza que, en realidad, ni pide ni quiere ejecutar.

El niño José, después de aguantar los abusos y maltratos de algunos curas en el colegio San Fernando de Madrid, fue vendido por 100.000 pesetas a un hombre de León que se lo llevó de criado para su vaquería. “¿Que si tengo pruebas? Pero si yo estaba en la habitación de al lado cuando don Fernando Bello negociaba con él? Me vendieron como a un esclavo a los 12 años y al poco tiempo el amo me dio una paliza que me rompió la ceja y el tabique nasal, que se me quedó así para siempre. ¿Por qué? Por nada. Me encontró en el monte, en un camino donde no le gustó que estuviera. Nada más. Las palizas eran constantes. Estaba tan triste, amargado y humillado que no quería vivir. Que me pegue un día un golpe mal dado y me quede en el sitio, era lo que quería. Ese Dios que dicen los católicos que hay, yo ni le he visto ni me ha escuchado”, asegura.


Ni la Iglesia ni el Estado han pedido perdón por el maltrato en centros públicos y religiosos"


Aquel internado de San Fernando dependía de la Diputación de Madrid, por eso José Sobrino exige al Estado que pida perdón por todo aquello que se toleró. “La dictadura hizo bien su trabajo de represión, de adoctrinamiento y olvido. Es la democracia la que lo está haciendo mal”, aseguran los autores del libro. “Esto ya no es una democracia joven, no se puede esperar más a que pidan perdón, esto llegó hasta entrados los ochenta antes de que se le pusiera remedio”, insiste Belis. Y ambos recuerdan cómo en un documental suizo parecido que se presentó junto al suyo en un festival francés, la primera imagen era un representante estatal pidiendo perdón a todas las víctimas y reconociendo el horror al que fueron sometidas.

Ángel Niella estuvo internado cinco años en aquel centro de San Fernando de donde vio partir un día a su amigo José. Ambos estaban hartos del cura que los colocaba en una butaca a su lado antes de proyectar la película. “Yo hacía faenas para estar castigado para no ir a aquel cine” donde el cura tenía las manos más largas que nunca cuando se apagaba la luz, recuerda José Sobrino.


Algunas víctimas no han podido rehacer sus vidas y muchos murieron al salir por alcohol o drogas"


Hijo, también, de madre soltera, a Ángel le quedan recuerdos tan amargos como a su amigo. No pudo casarse nunca. “No quise, creo que podría haber hecho mucho daño a mi pareja; cuando la he tenido, al final he acabado cortando, pero nunca contaré por qué. Tampoco he querido ir a psicólogos, no puedo ahondar en el tema”. Las pesadillas siguen visitándolo algunas noches. La edad es un factor que juega a la contra: cuantos más años se cumplen más nítida vuelve la infancia.


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Ficha de uno de los niños internados.


Él sufrió lo indecible porque mojaba la cama por las noches, así que salía a paliza diaria. Le ponían boca abajo en el colchón, con los brazos y las piernas estiradas formando una equis y le daban golpes con un palo en los testículos y en el culo. Duchas frías, el tímpano reventado de las bofetadas, días sin comer, rebuscando en la basura y viviendo de la picaresca que desarrollaban los amigos para ayudar al que más sufría.

En marzo de 1968, los periodistas José Luis Navas y Joana Biarnés hicieron un reportaje en aquel centro para el periódico Pueblo. A pesar de que la visita no era por sorpresa, no hubo forma de ocultar los maltratos y algunas fotos y varios reportajes revelaron unas formas de atender a estos niños que eran infames incluso para la brutalidad de la época. Todo cambió desde entonces, recuerda Ángel. Poco a poco… Pero los periodistas recibieron lo suyo. Los curas azuzaron a los muchachos contra ellos por difamar. “En el sermón nos arengaron contra ellos, y al salir ese día, era domingo y nosotros ya mayorcitos, nos liamos a pedradas contra ellos, que andaban por allí. Se tuvieron que refugiar en un edificio anexo que regentaban unas monjas. Nos tenían completamente adoctrinados”.

Como que algunas mujeres salían de aquellos internados, que se repetían por toda España, sin saber que para viajar en un autobús había que pagar, por ejemplo. “Eran analfabetos funcionales, toda la vida ingresados en esos centros”, dice Armengou. La formación para ellas fue más deficiente. A los chicos, llegada una edad, solían enseñarles algún oficio que les podía servir cuando recobraban la libertad.

Otros han vivido para contarlo. Y el hecho de hacerlo para el libro y el documental les ha proporcionado un tardío alivio que no esperaban. Contando esto he recuperado estabilidad emocional y me he quitado muchos fantasmas de encima”, se despide por teléfono José Sobrino, desde Extremadura, donde vive ahora.

El libro quedará en la mesilla de noche para recordarles cuando despierten atormentados que aquello fue real, pero que la pesadilla ya pasó. Aunque nadie haya pedido perdón todavía.

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La Memoria Histórica: verdades y mentiras

Mensajepor Invitado » Lun 18 Jul, 2016 1:37 pm

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Nacidos el 18 de julio

Mensajepor Invitado » Lun 18 Jul, 2016 3:44 pm

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NACIDOS EL 18 DE JULIO DE 1936

Los niños de la guerra cumplen 80 años: hablan por primera vez de cómo nacer el 18 de julio de 1936 marcó sus vidas


Con el puño cerrado. Y hace un gesto levantando su mano izquierda. Así se imagina que vino a este mundo Pedro Ruiz García, que después terminaría fundando el Partido Comunista en Castilla- La Mancha. "No pudo ser más desgraciada la fecha de mi llegada, sí", musita en una mueca ya menor este hijo y nieto de mineros. Era sábado cuando su madre apretaba los dientes, a la hora de la siesta, en aquella casa familiar de un pueblo de Córdoba. Un día caluroso. Hasta 39º subió el mercurio. La temperatura del país se dispararía muy por encima. Una mujer, la del capitán aviador Virgilio Leret, de los primeros en ser fusilados por mantenerse leal a la II República, acertó al describir los sonidos de aquel amanecer guerracivilista que sólo iluminó para ella dolor y viudez, y para España y Europa algo más grave. Dejó escrito Carlota O'Neill que en aquella madrugada del 17 al 18 de julio se oyeron madrugadores "los primeros disparos que iban a incendiar el mundo". Continuaron sin cesar hasta que terminó la Segunda Guerra Mundial.

En su casa nueva del Ensanche de Vallecas, con la madre de sus ocho hijos postrada en una silla de ruedas, Pablo Cardona acepta viajar al día en que empezó todo. Al 18 de julio de 1936. Porque este lunes él también celebra su 80 cumpleaños. "Estoy acudiendo a memoria", dice para explicarnos cómo el taller que le imparten en su junta municipal le ayuda a combatir el olvido. "Nací en un sótano junto a la Gran Vía de Madrid porque en la calle ya había comenzado la ensalada de tiros"... Sus padres vivían en un tercero, en la calle Hortaleza, pero el miedo que ya sobrevolaba el ambiente les llevó a buscar la protección de la tierra.

Desde las dos de la madrugada, en que llegó la corajuda comadrona amiga, hasta su primer llanto, a las ocho de la mañana de aquel sábado, otros gritos lejanos empezaban a señalar aquel día 18 como el que cambiaría para siempre la Historia de España.

Dice Pablo Cardona que quizá por haber nacido en fecha tan señalada le emocionan "las marchas militares". O que por eso él salió de derechas. Lo cierto es que aquella madrugada que su madre estuvo en vilo con los dolores que anunciaban el parto fue de insomnio y conspiración en el protectorado español de Marruecos y en Canarias, desde donde el general Franco pilotaba ya la sublevación militar que partiría a España en dos mitades y la arrastraría a dos años, 8 meses y 15 días de sanguinaria guerra fratricida.

Todo se precipitaba a cada instante. El viernes 17, adelantándose a la hora acordada (5 de la madrugada del 18 de julio), del ruido de sables se había pasado al estruendo de los fusiles. El golpe militar contra la II República prendió rápido en las plazas españolas del Norte de Marruecos y allanó el despegue al vuelo en el que salió desde Las Palmas, con destino final en Tetuán, el pequeño militar gallego llamado a convertirse en el último gran dictador. Tras pasar la noche en el hotel Madrid, y firmar de su puño y letra a las 05.15 horas el llamado Manifiesto de Las Palmas, que confirmaba la rebelión militar y anunciaba su "fe ciega en el triunfo", Francisco Franco Bahamonde voló en el avión de hélices Dragon Rapide [lo pilotaba un galés, Cecil Bebb, al que Franco condecoraría por ello en 1958] para, al día siguiente y tras pernoctar en Casablanca, tomar enseguida el mando del Ejército de África y preparar su salto a la Península. Era la guerra. Y aquel 18 su primer día declarada. Peor canción de cuna no puede haber para el pelotón de neonatos. Escribiría Antonio Machado, víctima postrera de aquella matanza: Españolito que vienes al mundo /te guarde Dios./ Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón.

Por eso dice Pedro el comunista que "no pudo ser más desgraciada la fecha" de su llegada a este mundo. Él, según le contaron sus padres, fue alumbrado a las cuatro de la tarde. Poco antes, en el juzgado de un pueblo granadino, nacía civilmente el molinero Antonio Fernández Adarve. A las diez de la mañana era inscrito por el juez de paz con José García Capilla, un amigo de su padre, como testigo. Apenas cuatro días después, el juez estaba en el bando de los sublevados y el amigo José encarando un pelotón de fusilamiento junto al Camborio del poema de García Lorca. Hasta 60 fueron pasados por las armas en Chauchina. La mancha roja de la guerra se extendía sin tregua.

No hay registro que contenga los datos de cuántos españoles vinieron al mundo aquel sábado. Si dividimos los 613.691 nacidos en todo 1936 (fue bisiesto) en 366 días, la estadística dice que serían 1.677 bebés. En Madrid, en el distrito Congreso, uno de los más céntricos de la capital, entre casas particulares y hospitales (la maternidad Santa Cristina de la calle O'Donell era el principal), 10 bebés fueron alumbrados en esas horas. Seis niñas y cuatro varones. La mayoría siguen vivos (pese a que quienes nacían en aquella España tenían una esperanza de vida de poco más de 50 años). Salvadora Aledo, cuya madre rompió aguas en el Clínico adscrito a la Facultad de Medicina, es una de ellas. O Antonio Machuca, cuya esposa le aprieta para que no hable de "eso" cuando este periódico contacta con él en Móstoles...

Al cumplirse este lunes el 80º aniversario del primer día de aquella inmensa matanza (651.000 muertos y más de 470.000 exiliados serían sus cuentas finales), Crónica va en busca de los protagonistas más inocentes de esa fecha tan señalada en el calendario de la Historia. El día de Franco (muerto el 20 de noviembre de 1975, tras 39 años de dictador). Pero también el día que nació Pablo. Y Pedro. Y Salvadora Aledo. Y Anuncia Fernández. Y Daniel Alvarez. Y Manuela Prieto. Y Martina Juárez. Y Alfredo Inchusta... Y la extremeña Ana Sánchez Polo, que lleva de segundo apellido el de la esposa de Franco y, en la memoria, las cartillas de racionamiento de su infancia. Todos cumplen este lunes 80 años y tienen voz y cabeza para contarlo. Son los españoles nacidos el 18 de julio de 1936. A los que les tocó arrancar a vivir el mismo día en el que otros muchos empezaban a ser citados para morir. En nombre de una de esas dos Españas que, decía el poeta, te helaban entonces el corazón...





    MARTINA JUÁREZ FUERTES
    "DE AQUELLA GUERRA FUIMOS TODOS PERDEDORES"


    Hay que empezar por el final de la historia para hacerse uno a la idea de cómo es la nieta del sastre de sotanas más famoso de España. "Yo me subo a mi Hyundai y me voy a León de compras, solita. Ah, y conservo todos los puntos. Soy feliz así". Y con 80 años que va a cumplir Martina. Cosa diferente es si mira por el retrovisor. "Prefiero no ver según qué momentos".

    Habla de aquel sábado en Astorga, donde Iginia, su madre, que era primeriza, la trajo al mundo en casa. Fue la primera de cuatro hermanos.

    "Mi padre, que era taxista, se encontraba en Madrid atrapado, no se podía salir. El 18 de julio había estallado y las carreteras estaban cortadas".

    Mientras su madre la alumbraba, un tío suyo y su abuelo el sastre, que era teniente de alcalde del ayuntamiento republicano, estaban encerrados en el consistorio... Al final no les ocurrió nada. Aunque tres días después, a las cuatro de la tarde, la localidad fue ocupada militarmente y su alcalde, el socialista Miguel Carro Verdejo, quien había ordenado detener y encarcelar a 50 vecinos de derechas, sí fue fusilado en las tapias del cementerio.

    Seguía siendo 18 de julio en Astorga cuando, por la noche, un grupo de fascistas puso unas bombas a varios miembros del Frente Popular en sus viviendas. Corrían las venganzas...

    "Ese fue mi nacimiento", dice apenada Martina, quien, sin embargo, da gracias por su buena suerte. Ella no pasaría grandes privaciones.

    El abuelo, don Juan Antonio, tenía las mejores telas y el corte de sotanas "más elegante" de aquella España. Sastrería Fuertes. Un clásico. "Venían curas y obispos de todas partes", precisa la octogenaria. "No éramos ricos, pero al menos de vez en cuando había cocido en la mesa. Y eso, en aquellos tiempos, era un lujo".

    Incluso pudo asistir al colegio público Blanco de Celis, cercano a las murallas romanas de Astorga, donde hizo el bachillerato. "A veces escuchaba cosas terribles sobre lo que estaba pasando, de gente que salía de casa y ya nunca más volvía. Los niños estaban desnutridos, faltaba la penicilina, faltaban médicos... Aquellos años fueron como una noche muy larga, interminable para todos".

    ¿Tuvo fallecidos en la familia? "No... Perdone, no quiero recordar, quiero quedarme con los momentos felices".

    "Mi padre, Secundino, se vino de Madrid y, como se le daba bien lo de conducir, consiguió que le dieran trabajo en la empresa Enelsa (hoy Fenosa). Era el chófer de los jefes". Y su madre, la encargada de llevar las cuentas de la sastrería del abuelo, al que una enfermedad terminaría dejando ciego de los dos ojos.

    Y de Astorga, en la que pasó los nueve años de la infancia, a León, adonde trasladaron a su padre. Ahí se casó Martina y estuvo hasta hace ocho años, cuando enviudó de Manuel, afectado por una grave enfermedad del corazón.

    Ahí sigue en La Pola de Gordón, su último refugio, recorriendo al volante del Hyundai gris los 32 kilómetros que la separan de la capital. Sin mirar por el retrovisor de la memoria. "De aquella guerra no quiero acordarme. Fuimos todos perdedores", se despide.





    PABLO CARDONA RAMÍREZ
    "Mi madre emparedó a mi padre para salvarle la vida"


    Cuando Pablo vino a este mundo, eran las 8 de la mañana del 18 de julio. Nunca supo, dice, el nombre de aquella comadrona que se atrevió a cruzar las calles de Madrid para ayudar al parto de Gertrudis, su madre, una buena mujer de Martos (Jaén). Ya se oían tiros. Será por eso, especula él, que le "emocionan las marchas militares". O por lo que es de derechas: "Como mi padre, aunque hoy en día estás un poco mosca entre tantos jodidos (de izquierda), cabrones (de centro) y esos ladrones (derecha)".

    Pero Pablo Cardona, que casi llegó a odiar el rosario que su padre, de Falange, quiso "inculcar" a la familia, dice que la vida le ha enseñado a analizar a los hombres no por su físico o lo que dicen; "sólo por sus hechos". Por ejemplo, una vez un compañero de trabajo, "comunista hasta el tuétano", perdió un monedero con 2.000 pesetas y él, que lo encontró, se lo devolvió. "He tenido amigos de todos los colores".

    Hay muchas cosas de sus primeros años, los de guerra y muerte, de las que Pablo no guarda recuerdo. Quizás porque se libró de contar con parientes "asesinados". Su padre se escapó por los pelos. "Mi madre, para salvarle la vida, lo emparedó en casa de unos amigos", porque sabía que iban a ir a buscarlo los republicanos que resistían a Franco en Madrid. Un mes estuvo enterrado en vida. "Y al salir, echamos todos a correr. Mi abuelo, que era director de la Caja de Ahorros de Gandía, aunque más agarrado que un chotis, le encontró un sitio en Adoor (Valencia). Allí nació mi hermana Trinidad... Hasta que no terminó la guerra no regresamos, aunque no me acuerdo...". Mejor, porque a veces tiene "fogonazos de memoria" que duelen. Habla de su madre, "un pedazo de pan", y de aquel padre ultrarreligioso. "La maltrataba...", susurra.

    Su juicio de Franco es benevolente. "Nunca me sentí incómodo con él; tampoco le daba aplausos". Lo mejor: "Sus más de 60 pantanos" y "los 40 años de paz, porque ni Hitler lo convenció cuando la II Guerra Mundial". Lo peor: "El pueblo oprimido bajo la censura".

    Con 80 años que cumple este lunes, Pablo dice que haber nacido aquel 18 y en un sótano le dejaron menos huella que otro 18 de julio en la Plaza de Oriente. Aún no existía la paga extra del 18, ni Pablo tenía edad para ella. Un gentío encendido conmemoraba, con Franco de maestro de ceremonias, el Glorioso Alzamiento Nacional. "Yo tendría 8 o 9 años. No volví nunca. Desde entonces padezco fobia a la multitud". Al poco quedó huérfano de padre...

    Pablo Cardona, en lo profesional, arrastra una vida muy de Cuéntame. Empezó de cine, en el Palacio de la Música, donde vendía bombón helado y asistió al estreno de Lo que el viento se llevó. "300 ó 400 veces la vi". Después, como Antonio Alcántara, fue botones en el Sindicato Vertical, funcionario en Trabajo y, por las tardes, empleado de la mayor imprenta de Madrid, alemana, que lo mismo imprimía el Hola! que, muerto Franco, papeletas y cartelería electoral o las revistas Interviú y Mundo Obrero.

    "Hemos sido muy felices...", dice contemplando a Carmen Nieto, la madre de sus ocho hijos, hoy postrada en una silla de ruedas. Y cada 18 de julio era, es, fiesta en su casa. Aunque Franco, dice con humor, nunca le mandara flores o un regalo por su cumpleaños. "He sido, hasta mi jubilación un 18 de julio, porque elegí para irme el día de mi cumpleaños, un funcionario de a pie... Y aunque mido poco, 1,64, Franco era más bajo que yo".





    ANTONIO FERNÁNDEZ ADARVE
    "NO SABÍAN DÓNDE ESCONDERME DE TANTOS CAÑONAZOS"


    "Por eso le llamaban Paco Pantanos". La voz de Antonio, el molinero granadino de Chauchina, cuando cuenta el día que en persona vio a Franco ("Vino a inaugurar el pantano de los Bermejales"), no es la de un hombre octogenario. Nadie diría oyendo su timbre y vivacidad que nació el día que empezaba la Guerra Civil. En realidad fue poco antes, en el molino de la familia, pero sus padres no fueron a registrarlo hasta el sábado 18 de julio de 1936. Y en el retablo de los presentes en la ceremonia registral se puede visualizar a las claras la tragedia que vivió España a partir de aquel día.

    Firmaba su partida de nacimiento el juez de paz Eduardo Gutiérrez. Y como testigo, José García Capilla, líder republicano local y amigo de su padre. Apenas cuatro días después, con la sublevación ya triunfante en Granada, el juez estaba en el bando del Alzamiento y el amigo Capilla, frente a un pelotón de fusilamiento. Él y otros 60 vecinos fueron paseados en unas horas.

    Antonio no conserva recuerdo alguno de tanto martirio. Sí de lo que vino después: el hambre. En su casa, por regentar ellos un molino histórico (perteneció al Duque de Wellington: era un regalo de las Cortes de Cádiz en pago por sus servicios contra los franceses en la Guerra de la Independencia), nunca faltó pan que llevarse a la boca. Fuera del Molino de San Juan la carestía apretaba. Su madre, Adoración, se compadecía y dejaba un recipiente de leche cada noche a las puertas del molino. A la mañana siguiente no quedaba ni una gota. El propio Antonio, con seis años, hacía de buen samaritano trayéndose de la escuela, día sí y día también, "a dos o tres niños para que pudieran comer". Porque, explica, "después de la guerra hubo mucha miseria".

    El molino y su gran cortijo anexo fueron testigos de lo mejor y lo peor de aquellos años de contienda. Con él recién nacido, le dijeron sus padres, hubo un día que creyeron que alguno de los cañonazos que tronaban junto a su casa terminaría llevándoselo por delante. "No sabían dónde esconderme", le dijeron. Fue la habitación más céntrica del molino la que le sirvió de búnker. Pero la vecina población de Fuente Vaqueros cayó tras mucha resistencia ante los nacionales y la guerra como que pasó de largo. El cortijo de los molineros quedó en retaguardia. Y se convirtió en pieza clave en el corazón de la Vega de Granada. "Aquí, porque teníamos teléfono, venía la Guardia Civil a dar el parte de guerra... Y aquí también, poniendo su vida vendida, mi padre refugió a gente de los dos bandos, de los rojos y de los azules... Sé que salvó a muchos. Era amigo del conductor del camión que venía a recoger a los que iban a fusilar, y el buen hombre le adelantaba los nombres para que mi padre pudiera avisarles y que escaparan...".

    La vida quiso que muchos años después de su nacimiento Antonio Fernández terminara conociendo en persona al dictador. Fue, en cierta manera, una orden: "¡Tenéis que ir al pantano!". Y allí, con su tractor repleto de "gente para aplaudir", el molinero fue al encuentro de "Paco Pantanos". No se ve intención política en sus palabras. Dice Antonio que él nunca fue de partidos, que quizá su padre fuera algo de derechas y que muerto Franco ha votado siempre. Y siempre a uno distinto: "Una vez hasta le tocó al PCE"...

    Hasta ahora Antonio no sabía que un testigo de su partida de nacimiento fue fusilado días después. Se lo cuenta el investigador Miguel Caballero, gran experto en García Lorca, que conduce a Crónica hasta el molinero.





    ANUNCIA FERNÁNDEZ GONZÁLEZ
    "TAMBIÉN SOBREVIVÍ AL CRUCERO COSTA CONCORDIA"


    Hay dos fechas que a ella no se le olvidan: la primera, más cercana, el 13 de enero de 2012. La segunda, el 18 de julio de 1936, el día de su nacimiento. Empecemos por aquel viernes noche de enero. Anuncia -en compañía de su esposo, Virgilio, y de María José, su única hija- va rumbo a Mónaco a bordo del crucero Costa Concordia. Eran sus bodas de oro. Y el reloj marcaba las 21.42 horas. No quedaba un palmo de mantel libre en el comedor. "Estábamos cenando al lado de una ventana cuando de repente nos fuimos todos al suelo, todo se vino abajo, las lámparas, las mesas... El barco se quedó torcido hacia un lado y a oscuras...". 32 turistas murieron y 21 fueron dados por desaparecidos.

    Aquel día de naufragio, Anuncia Fernández volvió a nacer. "Ni en el 36 llegué a ver la muerte tan de cerca", confiesa. Habla de cuando Oseira, su tierra natal en Ourense, era un lugar idílico, de gente humilde, rodeado de montañas verdes, huertos y minas de agua. Un pueblecito conocido por su imponente monasterio trapense, El Escorial gallego, levantado ocho siglos atrás entre bosques de pinos y montañas. "Aquí estuvimos a salvo, era como vivir en una isla, no llegaba el jaleo de la guerra, sólo las noticias que traían los comerciantes", prosigue Anuncia. "La tierra era muy fértil y nos daba de comer a los cinco hermanos y a mis padres, dueños de vacas, ovejas, cerdos y gallinas. Otros vecinos sí lo pasaron muy mal. Los niños que robaban o eran rebeldes iban al reformatorio, que estaba dentro del monasterio. Los monjes, que tenían de todo, hasta electricidad, se movían en un Biscúter (un minicoche de origen francés que se fabricaba en España) por las aldeas y pueblos de los alrededores. Y los novicios, los domingos, salían de paseo. Eran muy agradables...".

    De vez en cuando se le escapa un suspiro. Hace un silencio. "Es una mezcla de amargura y nostalgia", siente ella. Amargura "por los muchos hombres que se quedaron sin brazos o sin piernas, por culpa de aquel 18". Anuncia no lo entendía, era muy pequeña. Y entre los vecinos el miedo impedía las preguntas.

    "Luego oí que el día del Alzamiento Nacional, cerca de aquí, la gente se metió en las casas, cerró puertas y ventanas y únicamente salía para ir un rato al campo a por verduras y sacar a los animales". Los hombres de Oseira se juntaban para jugar a las cartas a la luz de un candil. "Aquella fue una noche larguísima" (una Larga noche de piedra, escribiría el gran poeta Celso Emilio Ferrerio) que duró 40 años. La guerra le dejó sin un tío, hermano de su madre -ella dice que no sabe bien en qué bando luchaba-, y uno de sus primos perdió un brazo.

    Hace una década que un riñón trasplantado le alargó la vida a Anuncia, que desde muy chica salió adelante tejiendo punto, y ya de mayor, con una tienda "en la que vendía un poco de todo" en San Cristóbal de Cea, el municipio que acoge a Oseira, donde hizo un hogar y vive.

    El último viaje con su amado esposo terminó en naufragio frente a la Toscana. Más tarde enviudó. Por eso este lunes, por su 80º cumpleaños, no habrá fiesta en casa. Está de luto el 18 de julio.





    DANIEL ÁLVAREZ VIZUETA
    "ME ENVOLVIERON EN UNA SÁBANA Y ME LLEVARON AL CAMPO"


    No había abierto los ojos del todo cuando su madre lo envolvió en una sábana y apurando el paso se lo llevó lejos de la ciudad, a una casa que había arrendado en medio del campo. "Fue como nos salvamos de lo peor", asiente Daniel Álvarez. Entre cabritos y gallinas transcurriría su infancia y juventud.

    Por las calles semivacías de Azuaga (Badajoz), en poder de republicanos la tarde noche del 18 de julio, aparecían los primeros hombres armados con rifles y pistolas. Dos meses duró la numantina resistencia antes de que los sublevados tomasen la ciudad. "Mi madre, la pobre, les llevaba garbanzos a los niños de otras familias... Ah, y los plátanos eran un lujo, te daban uno sólo cuando te ponías malito de la barriga. La juventud de ahora no sabe lo que hubo que pasar parar sacar a España adelante".

    Padre de tres hijos (dos son agricultores como él y la chica es médico) y abuelo de cinco nietos, más que pesarle los años, lo que de verdad le cuesta es volver al pasado. "A las cosas que supe del día en que nací. Qué España aquella, Dios mío".

    En su casa no había ni radio. La gente colgaba los melones al aire fresco -"así duraban seis meses"- y en los pozos se metía la comida para que no se pudriera con el calor. "Eran las neveras de entonces", rememora hoy el Hermano Mayor de la Hermandad San Isidro Labrador de Azuaga desde el saloncito de su casa. Mientras, Dolores, su esposa, le repite que se dé prisa porque tienen que irse a la compra. Él gastaba 25 años y ella 21 cuando se casaron. "Yo, ni las cuatro reglas sabía. Fui a la escuela dos o tres años, como mucho, y ya está... Lo bueno es que aprendía mucho escuchando a los mayores y las historias que contaban". Como la de unos guerrilleros que se plantaron en su casa cuando la familia huyó de Azuaga.

    Tuvo la suerte de que a su padre, Modesto, hombre de campo, no le movilizaran en la guerra. "No era hombre de luchas". Sí lucharon unos primos suyos y su suegro, de cocinero, con los nacionales. Por fortuna, ninguno murió.

    Otros, como los maquis antifranquistas, harían la guerra por su cuenta. "Una vez nos amenazaron de muerte y mis padres tuvieron que darles una recompensa, no sé de qué tipo...". El caso es que al niño Daniel, el mediano de cinco hermanos, nunca más volvería a picarle la curiosidad. "Lo que sí le puedo decir es que cuando yo vine al mundo era tal la necesidad que ni los cartones se tiraban a la basura. Se usaban para hacerles a los niños caballitos de cartón el día de Reyes. Era mi único juguete", cuenta Daniel, antes de enfilar la calle que conduce al mercado.

    No lejos de allí, en Valdefuentes (Cáceres), vino al mundo también Ana Sánchez Polo. "Mi madre me dijo que nací el día de la guerra, me contó que pasó mucho miedo", recuerda. Ana comparte apellido con la mujer de Franco, Carmen Polo, pero sus vidas no han sido ni remotamente parecidas. Su niñez fue "trabajar y trabajar" con sus padres en el campo. Sus cumpleaños, míseros. "¡Uy, celebrarlo, madre mía! ¡Si no teníamos ni una chica! Ese día mi madre me daba un beso y me decía: "Hija, que es el día de tu cumpleaños" [se le quiebra la voz]. Y a trabajar".

    Lo sigue haciendo. Hoy aquella niña campesina, viuda y madre de tres hijos, vive en una residencia de monjas en la que ayuda pelando patatas y tomates. Allí festejará este lunes, esta vez sí, su 18 de julio.

    Con información de Jaime Lázaro





    PEDRO RUIZ GARCÍA
    "NO TUVE NIÑEZ, PERO SÍ MIEDO Y HAMBRE"


    Se presenta dentro de una guayabera blanca, pantalón crema y zapatos a juego. Pelo cano. Deja al aire dos brazos extremadamente delgados, unos tendones que abultan como cables y unas manos huesudas que aprieta con fuerza cuando el pasado le remueve las tripas. "Vine al mundo así, con el puño cerrado", suelta Pedro, "y así me iré, con el puño en alto". Comunista de palabra y obra. Su madre, costurera, lo parió el mismo día que nació la Guerra Civil. Eran las 4 de la tarde del 18 de julio del 36. Y en Villanueva de Córdoba, tumbada al fresco de la habitación matrimonial -caían 39º en las calles-, la joven Isabel resoplaba a cada contracción.

    "No pudo ser más desgraciada la fecha de mi llegada", murmura aquel naciente, hoy a punto de cumplir los 80. Y mientras rebusca en un montón de anotaciones y fotos que hablan de su niñez y una juventud de cárcel, exilio y lucha obrera, a Pedro Ruiz García se le encharcan los ojos. "No tuve niñez, pero sí miedo y hambre... Por las noches mi padre me llevaba al campo para que el miedo se me quitara. Quería que escuchase a los lobos en la oscuridad". Tendría cinco años. "Y esa cercanía a las alimañas, al peligro, fue lo que me ayudó a forjar el carácter, a ser valiente". Era el germen de un futuro líder.

    Se acuerda de muchas cosas terribles Pedro, pero sobre todo de lo que supo luego de aquel sábado de julio. Corría el rumor de que "el alzamiento" -así llamaban los sublevados al golpe militar- había empezado a cobrarse los primeros fusilamientos más allá de Villanueva. Esa noche, obreros y campesinos de la villa, afines al Frente Popular, salieron a defender las calles bajo las luces de las farolas. Pedro estaba en la cuna cuando su padre, Cayetano, marchó armado con otros vecinos a Cerro Muriano, a 15 km de Córdoba. "A cortarle el paso a los nacionales que avanzaban desde el sur". Fue allí donde Robert Capa tomó la icónica foto del miliciano Federico Borrell desplomándose tras recibir un disparo.

    Con siete años tuvo que abandonar la escuela y ponerse a cuidar las vacas, los cerdos y las cabras de los pudientes. Y sin nada a cambio. Iba incluido en el "salario de hambre" que su padre juntaba por trabajar los campos de "los que habían ganado la guerra". Hasta que el ansia de una vida mejor llevó a Pedro, el mayor de tres hermanos, y a sus padres a Puertollano (Ciudad Real). El patriarca encontró tajo en una mina de hulla. Y Pedro empezó a cargar teja, de sol a sol. Cumplía 11 años. Y volvía a la escuela... Una tarde le preguntó a su padre, que había llegado a teniente de los republicanos en la guerra: "Papá, ¿has matado a alguien?". Hubo un largo silencio. "Ninguna guerra es justa, Pedro", fue toda su respuesta. Y nunca más hablaron de lo ocurrido.

    Cumplidos los 18, Pedro entró de electricista en la Empresa Nacional Calvo Sotelo. Allí se jubiló. Entre tanto fundaría CCOO y el PCE en La Mancha; fue detenido 23 veces, tres veces procesado, declarado en rebeldía y se exilió a Francia ocho años. Y a su lado, siempre, Carmen ("mi compañera de alegrías, penas y luchas"), que le dio tres hijos. Me enseña Pedro un folio, fechado en abril de 1999. Es su última voluntad. Dice así: "Que mis cenizas se esparzan en el campo, si es posible donde nos reuníamos en los 60 para discutir y luchar por la libertad, la dignidad y por (...) la esperanza de un mundo mejor, a pesar de que cada día estoy más convencido de que el hombre nuevo que anunció Marx ni llega ni llegará sin la ayuda de la manipulación genética".





    MANUELA PRIETO ATANES
    "MI PADRE IBA A LA GUERRA CUANDO NACÍ. ESTUVO EN LA BATALLA DEL EBRO"


    Sábado. Una mujer pasea por Verín (Ourense). "¡Genoveva, ves con la cesta para tu casa, que hay guerra! Estás embarazada, tienes que estar en casa...".

    Todavía no sabe Manuela si fue el miedo a lo que se avecinaba, o que ya estaba cumplida, lo que llevó a su madre a traerla a este mundo aquel 18 de julio. "Porque ese día nací yo. No sé si por el susto o por lo que fuera... En el dormitorio pegado a la cocina". Era la quinta hija.

    Lo cierto es que el parto, horas después, pilló a su padre, Sergio, camino del frente de Barcelona. "Vino a casa una mujer del pueblo que entendía de esas cosas, ya sabe usted: no tenía estudios pero igual atendía a una parturienta que hacía un aborto casero. A algunas las metían en la cárcel... Era todo oscuridad y miseria". No había Seguridad Social y "los céntimos escaseaban más que un mendrugo de pan"... Se acuerda de todo Manuela. "Llámeme mejor Manoli, que es como me conocen todos", pone por delante.

    Casada y madre de tres hijos, Manoli ha gastado años pero no memoria. Tiene muy presente a una monja que llevaba la escuela, a la que en invierno acudía sin calcetines y muchos días con el estómago vacío. "Ella se quejaba mucho de mí", cuenta, porque Manoli le robaba el bocadillo a las demás niñas. "Era el hambre, filliño (hijo)", espeta al periodista. "Los niños no aguantaban ni una gripe. Muchos morían de tuberculosis".

    Verín entonces contaba con 6.000 vecinos (hoy son casi 15.000) y entre los pueblos fronterizos con Portugal sumaba más nacionales que ningún otro. Por el bando republicano luchó el padre de Manoli. "Él me contaba que el río bajaba rojo, lleno de sangre, cuando la batalla del Ebro". Una noche, también le relató, entró a dormir en un almacén, pensando que el resto de los hombres allí tendidos descansaban como él. Pero no: "A la mañana siguiente, cuando se despertó, resulta que eran muertos".

    Ningún pariente de Manoli murió en el campo de batalla. Sí fuera de él. A un primo le cortaron el cuello en una barbería. Ella no sabe si lo degollaron por ser nacional o de izquierdas.

    Hasta seis años después de empezada la guerra el padre no regresó. Así que, "para sacar unas pocas pesetas", la pequeña Manoli tuvo que escoltar a su madre en noches de contrabando. Cruzaban la frontera hasta Portugal acarreando pan, macarrones y aceite por los viñedos. "A una embarazada la mató de un tiro un guardia", recuerda.

    Y si la urgencia era grande, se echaba mano de algún animal. "Al médico, por recetarle penicilina a mi madre, que casi se muere de una infección, se le pagó con la cabra que nos daba la leche y que yo misma ordeñaba". Las penurias vividas la empujaron, ya adolescente, a marcharse a Barcelona con una prima. Allí cuidaría niños, limpiaría, sería camarera... y acabaría deambulando por las calles, sola. "Entonces no había las ONG que hay ahora...". Al verla llorando sentada en una acera, una señora le ofreció su casa. Seis meses después conoció a Ramiro, que arreglaba televisores. "Él se acercó y me invitó a una Coca-Cola, era muy insistente. Hasta hoy", cuenta.

    Le queda la espinita clavada de no haber conocido a un hermano fruto de una relación extramatrimonial de su padre en tierras del Ebro. "Se enamoró de otra mujer y con ella tuvo un hijo o una hija, nunca llegué a saber la verdad, cuando él ya tenía cuatro esperándole. Nos lo contó al volver. Yo se lo he perdonado. Ese hermano también es hijo de la misma guerra".





    CARMEN OBES GUERRA
    "SOÑABA CON SER ALGO EN LA VIDA... NO PUDE LLEGAR A NADA"


    "El pueblo se fue quedando vacío. Iban casa por casa y se llevaban a los hijos y a los maridos. Decían que iban a darles un paseo, y ya nunca volvían". Hasta que Carmen Obes, pasado el tiempo, supo la verdad de aquel paseo: era una manera disfrazada y cruel de llamar a las ejecuciones. Por eso el lamento con el que arranca: "En qué mal día yo nací". Le cuesta, le cuesta demasiado retroceder 80 años. Cuando A Gudiña, paso obligado para salir de Galicia por los túneles que llevan a Castilla, se quedó "vacía de hombres jóvenes" por aquel 18 de julio en el que ella abrió los ojos a ese mundo, a las 4 de la madrugada.

    "Ese día, por el pueblo y alrededores, se montó la marimorena, unos contra otros. No había respeto a la gente ni a la vida. Era todo noite (noche). En las casas se alumbraba con candiles de aceite. En la mía mataban un cerdo y nos tenía que durar todo el año. Crecimos comiendo muchas patatas. Otras familias ni eso tenían, sólo el unto cocido del animal". Aunque tuvo que dejar la escuela con siete años -"para atender a las ovejas e ir con mi madre al río o al pilón a lavar la ropa"-, Carmen fue siempre curiosa y autodidacta. Soñaba con "ser algo en la vida, abogada o así", y al final "no pude llegar a nada". Pero fue honrada y valiente. Dura de doblegar. "Me viene de nacimiento".

    Cuenta la vecina de A Gudiña, en Ourense, cómo trabajó en el campo, con animales, cuidó a ancianos a domicilio, vendió carbón... Enviudó de un minero y juró que sus cuatro hijos nunca pasarían necesidades. "A mí me dieron al nacer una muñeca de trapo, no había juguetes ni casi nada, nuestro mundo era el que cada cual imaginaba". O veía en las historias fantásticas que grupos de titiriteros iban representando por las aldeas y pueblos de la provincia orensana. "Aquí se nacía, se vivía y se moría uno sin saber qué había más allá".

    De hecho, Carmen no sabía cómo era el mar. Ni en postales lo había visto. Lo conoció por primera vez hace 49 años, en Vigo, gracias a una prima. "Al ver aquella enorme bolsa de agua me entró una inquietud extraña, me gustó... Y ya no volví más", suelta con nostalgia ella, que por momentos enmudece. ¿En qué está pensando, Carmen? "En aquel día, ya sabe...". ¿Y qué más ocurrió? "A mi padre, Florentino, lo cazaron cuando iba a por agua a la fuente a las siete de la mañana, tres horas después de haber nacido yo, pues en las casa no había agua. Pasaron cuatro amigos suyos, por decir algo, y le preguntaron por un tal Ramón, un vecino. Mi padre les dijo que era una gran persona. Y por decir eso le tiraron el cubo, le dieron tres patadas en el culo y dos bofetadas en la cara. Sí, le golpearon con saña. ¿Qué le parece?".

    Pudo ser mucho peor. A nueve vecinos los fusilaron y 46 fueron detenidos y presos, según Nomes e Voces (Nombres y Voces es una investigación sobre las víctimas de la Guerra Civil, a cargo de la Universidad de Santiago de Compostela).

    Le viene a la cabeza una copla de Estrellita Castro que, dice Carmen, se escuchaba desde que a ella la pusieron en la cuna aquel 18. Ella insiste en tararearla, no una sino dos veces: Hoy, Lolita, me marcho a la guerra / Tú conmigo no quieres venir / Si no quieres venirte conmigo, una carta te voy a escribir.... A la pregunta de cómo festejará este lunes sus 80 años, Carmen Obes Guerra responde: "Pues no lo sé, voy de luto". Le hablo de la costa y suelta un suspiro y un deseo: "Volver a ver el mar".


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Invitado

Los hijos de la reconciliación

Mensajepor Invitado » Lun 18 Jul, 2016 4:14 pm


Encuentro entre hijos y nietos de los generales que se enfrentaron en la Guerra Civil


Los hijos de la reconciliación

Los hijos y nietos de los generales que se enfrentaron en la Guerra Civil se reúnen por primera vez en un encuentro histórico. "Mi abuelo lloró el último día de la guerra", revela Francis Franco


"Toma mi tarjeta y llámame cuando quieras". En la antesala de este encuentro, los asistentes circulan de un corrillo a otro. Enrique Líster extiende su número de teléfono a Francis Franco, quien recoge la tarjeta de visita encantado. El gesto es realmente elocuente, ya que se trata del nieto primogénito del general Franco y del hijo del general comunista Enrique Líster, acérrimos enemigos durante la Guerra Civil.

Al lado departen los hijos de otros dos rivales en la contienda. Se trata de José Andrés Rojo -hijo del general Vicente Rojo, jefe del Ejército republicano y su gran estratega- y José Luis Moscardó -nieto de José Moscardó, el general que encabezó la sublevación del frente nacional en Toledo y héroe del Alcázar-. A Rojo y Moscardó, que se acaban de estrechar las manos por primera vez, les ha impresionado especialmente conocerse debido a lo que su padre y abuelo, muy amigos antes de la contienda, vivieron el 9 de septiembre de 1936 en el Alcázar de Toledo. Aquel día, Moscardó llevaba ya mes y medio resistiendo el asedio republicano y aceptó abrir las puertas de la fortificación a Rojo, su antiguo compañero de armas y ahora enemigo, que pretendía pedirle la rendición. Fue en vano. El general republicano salió del Alcázar con las manos vacías. "Y hoy a mí me ha tocado también mucho la fibra la conversación que hemos mantenido sus descendientes", confesará después José Luis Moscardó.

Unos metros más allá, María Eugenia Yagüe -hija del general Juan Yagüe, señalado por los libros de historia como responsable de la matanza de Badajoz y ministro del Aire tras la guerra- pedía al resto de asistentes que este primer acercamiento tuviera continuidad en el futuro: "Estáis todos invitados a participar en octubre en el homenaje al Ejército que prepara la Fundación Yagüe".

Semanas antes de presenciar estas escenas, emprendimos el reto de conmemorar el aniversario de la Guerra Civil -mañana, 18 de julio, se cumplen 80 años de su inicio- convocando un encuentro que sentara por primera vez en torno a una misma mesa a los hijos -nietos en el caso de los ya fallecidos- de los principales militares que se batieron en una de las contiendas más crueles, saldada con casi 300.000 muertos entre los dos bandos. Reunirlos en una sola fotografía, pensamos, sería la evidencia de que el capítulo más trágico de la Historia de España estaba cerrado "y bien cerrado", como dirá más adelante Enrique Líster hijo.

Pero... ¿querrían prestarse precisamente los descendientes de los grandes militares que protagonizaron la guerra? Para nuestra sorpresa, todos a los que conseguimos localizar dijeron que sí sin reservas, con las salvedades del hijo del general republicano Juan Guilloto Modesto -a quien no desagradaba la idea del encuentro pero siempre ha evitado exponerse a los medios de comunicación- y del hijo del general Muñoz Grandes, ministro del Ejército con Franco. A otros descendientes -Llano de la Encomienda, Miaja, Tagüeña, Casado...- fue imposible citarlos, ya que se encuentran en México o Bolivia, donde hicieron sus vidas tras el exilio de sus padres.

En unos minutos los 10 presentes se sentarán a conversar, pero antes posan ante las cámaras de José Aymá. El fotógrafo les explica dónde y cómo colocarse. Su idea es comenzar el reportaje gráfico agrupándolos en dos bloques: a los descendientes de los generales del bando nacional (Franco, Yagüe, Moscardó, Dávila y Varela) los está situando a la izquierda; a los hijos y nietos del bando republicano (Líster, Rojo, Vega, Gámir y Escobar), a la derecha. Tiene pensado deshacer luego la división y pedirles que se mezclen, pero el guión se va al traste en cuanto los retratados advierten la partición.

-¿Hemos venido aquí a trasladar una imagen de concordia y ahora nos vamos a colocar unos en un lado y otros en otro? A mí no me parece bien -dice Francis Franco.

-Es cierto. Yo me pongo para allá -le secunda María Eugenia Yagüe deshaciendo la formación.

-Y yo me cambio este lado -se oye a uno de los representantes del ala republicana dirigiendo sus pasos a la zona nacional.

Y ya no hay modo de volver a enfrentarlos.



    Imagen
    Izda: Francisco Franco Dcha: Enrique Líster

    FRANCISCO FRANCO. NIETO DEL GENERAL FRANCO

    Francisco Franco, 62 años, estudió Medicina y se especializó en cirugía plástica. Enseguida se dio cuenta de que con su apellido no podría dedicarse a la medicina y decidió convertirse en empresario. Su abuelo, el general Franco, fue el principal líder del Alzamiento Nacional aunque fuera uno de los últimos en adherirse. Fue jefe del Estado durante los casi 40 años que duró la dictadura. Tenía 83 años cuando murió en Madrid.

    ENRIQUE LÍSTER. HIJO DEL GENERAL REPUBLICANO ENRIQUE LÍSTER

    Enrique Líster, 75 años, catedrático jubilado de Estudios Eslavos de la Universidad de Poitiers, es hijo del general Enrique Líster, destacado comunista y uno de los mandos republicanos más renombrados. Machado le escribió: "Si mi pluma valiera tu pistola / de capitán contento moriría". Tras la guerra, vivió en el exilio en la URSS, Francia y Checoscolovaquia, para regresar a España en 1977. Falleció en Madrid en 1994 a los 87 años.


El ambiente entre los descendientes de los otrora enemigos es aún más cordial de lo que se podía presagiar y al hilo de esta buena disposición arranca la charla.

-¿Por qué han accedido a asistir a esta reunión precisamente en vísperas del 18 de julio? -preguntamos.

Toma la palabra Rafael Dávila, general en la reserva, ex ayudante de Campo del Rey Juan Carlos y nieto del general Fidel Dávila, quien fue estrecho colaborador de Franco, comandante en jefe del Ejército del Norte del bando nacional durante la guerra.

-Yo he dicho que sí porque me parece interesante, bueno y positivo -explica con su voz clara y potente.

-Constructivo, constructivo, para evitar crispación... -le secunda Francis Franco.

-A mí, cuando me llamasteis, me pareció una idea perfecta porque si algo en mi padre era obsesión era la reconciliación de los españoles -dice María Eugenia Yagüe-. Hay un discurso que dio mi padre el 19 de abril del 38, faltaba un año para terminar la guerra, en el teatro principal de Burgos, donde dijo: "Burgaleses, vengo a pedir perdón". Eso es algo que yo he intentado heredar y defender.

-Yo entré en España por primera vez en el 77, el 7 de noviembre, acompañando a mi padre -interviene Enrique Líster-. Él volvía al país y yo por fin pude pisar tierra española porque no me daban el pasaporte; hasta ese momento no me dieron el pasaporte nunca por el simple hecho de ser el hijo de Enrique Líster, nada más. Entonces volvimos aquí y yo siempre recuerdo y repito las palabras de Líster [padre] cuando le preguntan "bueno y la guerra y tal y cual...". Su respuesta fue muy clara: "Las trincheras de la Guerra Civil española están cerradas y bien cerradas y no hay por qué intentar abrirlas de nuevo". Otra cosa son las trincheras de la lucha política, ideológica, sindical, la lucha de clases, en suma, que existe independientemente de la voluntad de los hombres, pero las trincheras de la Guerra Civil española están cerradas y las heridas tienen que estar curadas. Esa era su opinión. ¿Encontrarme yo hoy aquí con personas cuyos padres estuvieron en trincheras diferentes? No tengo ningún inconveniente realmente, porque ante todo somos representantes de un pueblo español que anhela que aquello no se repita, primero, y, segundo, porque hay que intentar vivir la concordia del modo más agradable para todos en un país que necesita otra cosa que enfrentamientos violentos. Por lo tanto, agradezco mucho la organización de este encuentro y salud a todos los presentes.

-¿Sabéis la frase que, vivo mi abuelo, más me impresionó? -revela Francis Franco-. Yo debía de tener 21 o 20 años... Una vez que mi abuelo se ausentó porque se emocionó, mi abuela comentó: "Hay que ver qué viejo está Paco -Paquiño, porque ella era asturiana-, cuando era joven no le vi llorar más que el día que terminó la guerra, que dijo que si hubiese sabido lo que representaba la Guerra Civil nunca se hubiese sumado al alzamiento". Y eso no se sabe, es decir, el primer espantado de en lo que derivó aquella contienda que al final fue horrorosa fue él.



    Imagen
    Izda: José Luis Moscardó. Dcha: José Andrés Rojo

    JOSÉ LUIS MOSCARDÓ. NIETO DEL GENERAL DEL BANDO NACIONAL JOSÉ MOSCARDÓ

    José Luis Moscardó, 73 años, no podía ser otra cosa que militar. Su abuelo, José Moscardó, resistió en el Alcázar de Toledo el asedio republicano. Ni siquiera cuando tomaron a su hijo como rehén claudicó. "Le doy un plazo de 10 minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo fusilaré a su hijo Luis, que lo tengo aquí a mi lado". Falleció en 1956 en Madrid a los 78 años.

    JOSÉ ANDRÉS ROJO. HIJO DEL GENERAL REPUBLICANO VICENTE ROJO

    José Andrés Rojo, 84 años, arquitecto retirado, es hijo del general Vicente Rojo, el jefe del Ejército Republicano y su gran estratega. Destacó en la defensa de Madrid y en la planificación de batallas como la del Ebro y Brunete. Al finalizar la guerra se exilió a Francia, Argentina y Bolivia. Regresó a España en 1957 y fue juzgado y condenado por "auxilio a la rebelión". Falleció en octubre de 1966, a los 72 años, en Madrid.


Juntos donde sus padres lucharon

Decíamos que ésta es la primera vez que los descendientes de ambos bandos se ven las caras, pero lo cierto es que dos de ellos, por su cuenta, ya habían organizado un encuentro privado que sale a la luz pública ahora.

-Nosotros, la familia Varela y la familia Rojo, ya nos juntamos en Madrid -cuenta Casilda Varela, hija del general Varela, quizás más conocida por ser la primera mujer del guitarrista Paco de Lucía que por la envergadura de la figura de su padre. José Enrique Varela fue el militar africanista que encabezó el levantamiento en Cádiz y el 28 de septiembre de 1936 acabaría con el sitio republicano del Alcázar. Es célebre la escena en la que el general Moscardó, enjuto y con barba tras 70 días atrincherado en la fortaleza, recibe a Varela cuadrándose y diciéndole: "Sin novedad en el Alcázar, mi general"-. Creo que lo de juntar a los Rojo y a los Varela fue idea mía -prosigue Casilda su historia-. Cada año se organizaban unas cenas [las convocaba el Gefrema, el Grupo de Estudios del Frente de Madrid] por separado, una vez los Rojo; otra los Varela... Entonces yo dije que eso me parecía un poco absurdo, que lo normal es que se hicieran cenas conjuntas y que la gente se conociera, que el momento actual no era el de entonces y que lo que ahora tenía que haber era fluidez de opiniones y de conocimientos.

Así fue como hace cuatro años los Varela y los Rojo se sentaron finalmente a cenar en la Casa de Campo de Madrid, justo el escenario donde sus padres se enfrentaron en noviembre de 1936: el general Varela comandaba las fuerzas sublevadas que trataban de abrirse paso hacia el centro de Madrid y el general Rojo estaba al frente de las tropas republicanas que intentaban repeler la ofensiva.

-Sí, quedamos en el sitio donde ellos se juntaron, pero de otra manera -comenta José Andrés Rojo riendo y contagiando al resto-. La guerra ya se nos había acabado.

-Eso, la guerra ya se nos había acabado -repite Casilda Varela, también entre risas.



    Imagen
    Izda: Mª Eugenia Yagüe Dcha: José Luis Escobar

    Mª EUGENIA YAGÜE. HIJA DEL GENERAL DEL BANDO NACIONAL JUAN YAGÜE

    María Eugenia Yagüe, 81 años, se ha dedicado toda su vida a la enseñanza. Ahora está volcada en la fundación que lleva el nombre de su padre. Juan Yagüe tuvo una actuación destacada en las principales ofensivas de la guerra. Los historiadores le señalan como el responsable de la matanza de Badajoz. En 1938 comenzó uno de sus discursos: "Burgaleses, vengo a pedir perdón". Murió en Burgos , a los 61 años, en 1952.

    JOSÉ LUIS ESCOBAR. NIETO DEL GENERAL REPUBLICANO ANTONIO ESCOBAR

    José Luis Escobar, 75 años, técnico forestal jubilado, es nieto del general Antonio Escobar. Católico y conservador, coronel de la Guardia Civil, se mantuvo fiel a la República y fue decisivo en la defensa de Barcelona. Ascendido a general, tomó el mando del Ejército de Extremadura. El último general republicano en rendirse (lo hizo ante Yagüe en marzo de 1939) rechazó un avión para huir a Portugal y dirigió su ejecución.


Dada la cercanía que los presentes tenían con figuras de tanto peso histórico, esperábamos que durante el encuentro nos regalaran alguna confidencia sobre la Guerra Civil que sus padres o abuelos les hubieran legado. Una anécdota desconocida, una corrección histórica quizás... Nada más lejos de la realidad.

-Cuando me llamasteis os dije que de la Guerra Civil no podía hablar, ni me gusta hablar, que se lo dejo a los historiadores -interviene María Eugenia Yagüe-. Porque yo, el día 18 de julio del 36 tenía un año, y he coincidido con muchos de los que hoy nos acompañan en que nuestros padres o nuestros abuelos no hablaban de aquel tema. ¿Por qué? No lo sé, pero no hablaban de aquel tema.

-Yo estoy de acuerdo con Eugenia -corrobora sus palabras Francis Franco-. Creo que ninguno de los que hicieron la Guerra Civil, en uno u otro bando, quería hablar de ello. Luego algo terrible debió de ser cuando ninguno, no sé si alguno... En casa yo jamás oí hablar de estos temas. Jamás. Cuando hablaba con mi abuelo, hablaba de antes de la guerra y de después, durante la guerra era como una especie de paréntesis que le hubiese gustado borrar. Así que, efectivamente, lo de las trincheras cerradas es muy ilustrativo.

-A mi generación nos han educado siempre con un afán de olvidar la cruel Guerra Civil y, en efecto, yo creo que habíamos logrado olvidar todo este tema y esa separación. [Habla José Luis Moscardó, quien perdió en la Guerra Civil a su tío Luis, tomado por las fuerzas republicanas como moneda de cambio para obligar a su abuelo a entregar el Alcázar: "Le doy un plazo de 10 minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo fusilaré a su hijo Luis, que lo tengo aquí a mi lado", amenazaron. "Encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!", se despidió el padre]. Este encuentro me parece tremendamente natural, nos hemos visto, conocido... -continúa José Luis Moscardó-. Y espero que esto siga adelante y que nuestras generaciones futuras superen totalmente, si nadie mete la pata en el intermedio, superen totalmente los momentos difíciles que hemos tenido en España.



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    Izda: Rafael Dávila Dcha: Alfonso Gámir

    RAFAEL DÁVILA. NIETO DEL GENERAL DEL BANDO NACIONAL FIDEL DÁVILA

    Rafael Dávila, 69 años, decidió seguir la tradición militar de su familia. En 2004, fue nombrado general de división. Desde que pasó a la reserva en 2007, es el administrador de un blog con miles de seguidores. Su abuelo, Fidel Dávila, fue miembro de la Junta de Defensa y Jefe del Ejército del Norte en la Guerra Civil. Murió en Madrid en 1962 a los 84 años.

    ALFONSO GÁMIR. NIETO DEL GENERAL REPUBLICANO MARIANO GÁMIR

    Alfonso Gámir, 61 años, empresario, es nieto del general republicano Mariano Gámir, quien dirigió la Academia Militar de Toledo y fue nombrado por el Gobierno de la República jefe de los Ejércitos del Norte. Tras la derrota republicana, huyó a Francia, donde residió hasta 1955, año en el que regresó a España por no tener ya condenas pendientes. Se estableció en Valparaíso de Abajo (Cuenca). Allí murió en 1962 a los 85 años.


"Nos hemos criado sin rencor"

La revelación de que sus antepasados nunca les hablaron de la Guerra Civil resulta sorprendente: "¿Ni siquisiera les dejaron una reflexión sobre lo que supuso?", insistimos.

-Tenían tal amargura que no les daba para reflexionar, es muy difícil reflexionar las amarguras -dice Alfonso Gámir, nieto del general republicano Mariano Gámir, quien comandó las Fuerzas del Ejército del Norte.

-Y, sobre todo, no nos han hablado de la guerra para no transmitirnos la amargura -refrenda José Andrés Rojo-. Mucho ha sido eso, no querer transmitir la amargura que sentían y que pudiera traducirse en un rencor en los hijos, en algo que fuera difícil de llevar luego. Yo creo que gracias a eso estamos hoy aquí, nos hemos criado todos sin ese rencor y las cosas han ido por donde tenían que ir.

Hay muchos ejemplos en la sala de cómo gestionaron sus mayores el escenario posterior a la guerra. Como el del abuelo de Alfonso Gámir, por ejemplo. El general Mariano Gámir había sido director de la Academia Militar de Toledo, profesor de prácticamente todos los generales -de uno y otro bando- mencionados en estas páginas. Destinado en Valencia cuando se produjo el pronunciamiento militar, monárquico, conservador y católico, se mantuvo fiel a su juramento a la República. Y lidió con sus instintos de venganza cuando en la localidad donde veraneaba su familia, Valparaíso de Abajo (Cuenca), una columna de los suyos, republicana, linchó hasta la muerte a uno de sus hijos, Pepe, por falangista. "Eran gente del pueblo de al lado, de Carrascosa del Campo, pero nunca nos dijo quiénes eran exactamente, ni nos generó ningún tipo de animadversión hacia ellos, ni tomó represalias. Una vez le comentó a mi madre que estuvo tentado de mandar una compañía, porque eran los de su ejército los que habían cometido semejante tropelía, pero su sentido del deber fue mayor que el dolor que pudo sentir por la muerte de un hijo", cuenta Alfonso Gámir.

Idéntica fractura sufrieron -como decenas de miles de familias- en casa de José Luis Escobar, también presente en calidad de nieto del general Antonio Escobar, conservador y católico, coronel de la Guardia Civil cuando estalló la guerra pero que se mantuvo con la República y ostentó la jefatura del Ejército de Extremadura. El hijo menor del general Escobar, José, falangista que combatía con los sublevados, pereció en la batalla de Belchite, en la que también luchaba, pero en las filas republicanas, el hijo mayor, Antonio, padre de nuestro invitado. Un hermano en cada bando.

Antonio Escobar tiene además un hueco en la historia por ser el último general republicano que rindió sus tropas. Lo hizo ante Yagüe, en Ciudad Real, el 26 de marzo de 1939. "Síntoma del respeto que le tenían en el otro lado es que Yagüe le ofreció una avioneta para que huyera a Portugal. Él sabía que lo iban a fusilar, porque además Yagüe se lo dijo, pero no aceptó. Dijo que él había cumplido con la legalidad y que no tenía por qué salir de su país. Dirigió su propia ejecución", cuenta su nieto.



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    Izda: Casilda Varela Dcha: Carlos Vega

    CASILDA VARELA. HIJA DEL GENERAL DEL BANDO NACIONAL JOSÉ ENRIQUE VARELA

    Casilda Varela, 70 años, es más conocida por ser la primera mujer de Paco de Lucía que por ser la hija de José Enrique Varela. El general se puso a la cabeza del levantamiento en Cádiz y fue uno de los principales altos mandos del Ejército nacional. Franco le nombró ministro del Ejército desde 1939 hasta 1942. Falleció en Tánger en 1951.Tenía 60 años.

    CARLOS VEGA. HIJO DEL TENIENTE CORONEL REPUBLICANO ETELVINO VEGA

    Carlos Vega, 78 años, catedrático emérito de Matemáticas Aplicadas de la Politécnica de Madrid, es hijo del comunista Etelvino Vega, teniente coronel republicano y gobernador militar de Alicante al finalizar la guerra. Fue ejecutado en noviembre de 1939, junto a otros 26 republicanos, en las tapias del cementerio municipal de Alicante. Carlos Vega, que huyó a la URSS con su madre, no supo quién era su padre hasta los 16 años.


-Las consecuencias de la Guerra Civil han llegado lejísimos -responde Alfonso Gámir cuando preguntamos cuándo creen que acabó realmente la guerra-. Hasta algunos de los que estamos aquí las hemos sufrido. En la época actual la guerra es algo, más que olvidado, yo diría que no recordado, aunque yo intento que no olvidemos jamás lo que sucedió para que no vuelva a repetirse.

-Todo lo duro y angustioso que hubo en la guerra hay que dejarlo aparte, pero también soy de la idea de que no se debe olvidar que en un momento determinado el pueblo español se enfrentó entre sí. En este sentido, me preocupa que las nuevas generaciones no sepan nada de la Guerra Civil. Yo tengo dos nietos nacidos en los 90 y hablo con ellos y no conocen nada -opina Carlos Vega, 78 años, hijo del republicano Etelvino Vega, gobernador militar de Alicante cuando fue detenido y fusilado al final de la guerra. El día antes de la ejecución, Etelvino le entregó su pañuelo a un compañero de celda: "Es lo único que tengo, se lo das a mi mujer".

La promesa se cumplió 60 años después, en marzo de 1999, cuando la hija del preso que custodiaba la prenda localizó por fin a la familia Vega. Carlos Vega, que tenía dos años cuando su padre fue fusilado y marchó al exilio en la URSS con su madre, Isabel Vicente, no supo que era hijo de Etelvino Vega hasta los 16 años porque ella se lo ocultó. "Esto fue en el 54, hasta ese momento yo no conocía que era hijo de un combatiente de la Guerra Civil, es decir, que efectivamente quedó borrado. No hay que alimentar aquello, no hay que tratar de agudizarlo, pero no se puede borrar ni olvidar. Yo quiero transmitir lo que sucedió a mis nietos, pero no mi opinión ni mi visión, sino una pequeña relación de hechos para que ellos se formen su propia idea. ¿De dónde tomarlos? De la prensa, de películas, de noticiarios... hechos absolutamente concretos.

NI POLÍTICA NI IDEOLOGÍA: INVESTIGACIÓN

-Una cosa de la que no cabe la menor duda es que si las generaciones que siguen no aprenden de esto se repite, se vuelve a repetir -augura Enrique Líster-. Por eso, efectivamente, hay que hacer historia. No política ni ideología: investigación histórica. Hay que hablar, hay que tratar el tema y hay que poner al corriente. Ahora, que no sirva eso de pretexto para atizar las pasiones y las venganzas.

-Yo creo que una nación no puede vivir de espaldas a su historia -dice Rafael Dávila-. Hay que aceptar lo que ha ocurrido, asimilarlo y corregir el rumbo, como hacen los buenos navegantes.

El encuentro finaliza dos horas después de su inicio. El general Dávila, que tiene un compromiso ineludible, es el primero en despedirse. "Lo siento mucho, me tengo que ir, deserto", se excusa entre risas. Le recoge la broma Enrique Líster: "Desertores siempre hubo".

Se oye un "¡viva Francia!" en boca de Moscardó cuando se despide de Líster, afincado en Poitiers. Deja también José Luis Moscardó unas palabras sobre la memoria histórica: "En mi opinión va a remover cosas que estaban olvidadas. Yo vivo en mi calle, en la calle general Moscardó, y si le tienen que cambiar el nombre que se lo cambien, pero con odio y revanchismo, no". María Eugenia Yagüe pide que se hagan una fotografía los cinco que son hijos de aquellos generales que hicieron la guerra. Y antes de marcharse, los 10 insisten en que les enviemos los correos y los teléfonos de todos para que puedan mantener contacto.

Así se ha hecho.

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Memoria del 18 de julio de 1936 - STANLEY G.PAYNE

Mensajepor Invitado » Mar 19 Jul, 2016 12:10 am

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Memoria del 18 de julio de 1936

STANLEY G.PAYNE


Esta fecha es, sin duda, la más siniestra de la historia contemporánea de España, mitificada por unos y denostada por otros. Dada la persistente tergiversación de la historia, dentro y fuera del país, es importante entender exactamente lo que pasó aquel fatídico fin de semana en 1936. Una afirmación frecuente en los manuales de historia reza aproximadamente: 'El general Franco dirigió un golpe de Estado fascista para derribar la República'. La única parte de esta frase que es absolutamente certera es la referencia al rango militar de Franco. Fuera de eso es esencialmente falsa. Los generales Mola y Sanjurjo dirigieron la acción militar, no Franco, quien se comprometió firmemente con la revuelta sólo cinco días antes. No fue concebido como un golpe de Estado, sino como una insurrección general militar, porque se sabía que los insurrectos tendrían poca fuerza en Madrid, y que un verdadero golpe de Estado sería imposible, pues tendría que ser una insurrección militar mucho más amplia. Fue poco 'fascista' porque, esencialmente, fue una acción militar. Los únicos verdaderos fascistas -Falange Española- desempeñaron un papel secundario. Y no fue una iniciativa para derribar a la República, sino al Gobierno de Santiago Casares Quiroga, permisivo y complaciente con el proceso revolucionario que se había iniciado el 16 de febrero. Inicialmente, todo se hizo en nombre de la República, que era la única clase de sistema que podía unir a los españoles, aunque un poco más tarde, ante la gran revolución que estalló en la zona izquierdista, esto cambió drásticamente.

Otra falsedad es la conclusión, ampliamente difundida, de que nadie deseaba una guerra civil. Según esta versión, España sería el país de las maravillas en el que podía surgir una devastadora guerra civil revolucionaria sin que nadie la deseara. Sería más exacto decir que nadie deseaba una guerra civil que pudiera perder, que es otra cosa. La conspiración militar fue un secreto a voces, pero el Gobierno republicano no pensaba evitar una rebelión, sino que prefería provocarla porque tenía plena confianza en su propio poder. Estimaba que el Ejército español era un tigre de papel, calculaba que cualquier rebelión sería muy débil -como la Sanjurjada de 1932-, y que sería fácil aplastarla con las fuerzas leales, dejando el Gobierno en una situación mucho más fuerte. La actitud de los movimientos revolucionarios, ya muy violentos, no fue tan diferente. En sus declaraciones públicas y en sus publicaciones insistían en la idea de que no pudiera haber una revolución sin guerra civil, que la ruta de la revolución victoriosa pasaba directamente por ésta. Y los líderes de los militares insurrectos sabían que, como poco, habría una miniguerra civil, una lucha de un par de semanas, tal vez más. Hubo guerra civil porque fue deseada y provocada por muchos, y también asentida por otros.

Otra patraña frecuente es la explicación de que la causa fue la 'resistencia a las reformas republicanas', y no la oposición al proceso revolucionario de 1936. Pero las reformas republicanas habían tenido lugar en 1931-1933, y después no hubo ninguna revuelta, sino las únicas elecciones democráticas en la historia del país hasta la fecha, ganadas por el centro y la derecha. Con respecto a 1936, en la medida en que había reformas dentro del proceso largo de violaciones constantes de la ley, manipulaciones de las elecciones, destrucciones e incendios de propiedades y de iglesias, violencia política frecuente, ocupaciones ilegales de tierras y politización del sistema judicial, muchas de las asociaciones de empresarios y terratenientes en España habían declarado durante el mes de junio que las aceptaban en términos económicos. Pero pedían como contrapartida que se pusiera fin a los desórdenes y violencias, aplicando la ley como si se viviera dentro de un Estado de Derecho. Normalmente, el Gobierno de Casares Quiroga no contestaba. Es decir, continuaba de modo impertérrito.

Como alternativa durante esas semanas, algunos personajes del centro y de la izquierda moderada pidieron la formación de un gobierno nacional de emergencia para controlar todos los excesos, gobernando un tiempo para restablecer la vigencia de la constitución republicana. La respuesta de Manuel Azaña, presidente de la República, y de Casares Quiroga fue siempre que no harían nada para romper la unidad del Frente Popular, un conjunto de partidos republicanos de izquierda y de movimientos revolucionarios. Esto es, que el Frente Popular era más importante que el país. No es que no se viera el riesgo de desastre, sino que era preferido por algunos y aceptado por otros. Durante algunas horas, entre el viernes 17 y la tarde del domingo 19, la situación fue, sin embargo, muy incierta. La conspiración militar había encontrado toda clase de dificultades, y antes de finales de junio Mola calculaba que poco más del 15% de los oficiales del ejército en activo estaban firmemente comprometidos con una rebelión.

El catalizador indispensable tuvo lugar la madrugada del 13 de julio con el secuestro y asesinato del diputado Calvo Sotelo, líder de Renovación Española y portavoz principal de la oposición, a manos de la policía republicana y revolucionarios civiles del Partido Socialista. Para muchos, fue la constatación final de que el proceso revolucionario dominaba las instituciones sin remedio y que no quedaban alternativas.

Entre los que reaccionaron así fue el propio Franco. Los últimos detalles de la conspiración quedaron, no obstante, inciertos y confusos, y el estallido de la rebelión se precipitó en Melilla sobre las cinco de la tarde del viernes 17, mientras ningún militar actuó ni en la Península ni en las islas. El Gobierno anunció que dominaba la situación, y sólo después de 24 horas, durante la tarde del sábado 18, se vio que la rebelión se extendía a todo el Protectorado y a las Canarias -bajo el mando de Francisco Franco-, y a ciertas partes importantes del sur del país.

El día decisivo fue el domingo 19. Antes de medianoche, Casares Quiroga dimitió. Su Gobierno fue un fracaso total. Por primera vez desde el 16 de febrero, Manuel Azaña se vio ante el precipicio a sus pies y dio un paso para atrás. Nombró a Diego Martínez Barrio, el líder más moderado del Frente Popular, para formar un gobierno izquierdista moderado de conciliación, con una tendencia hacia el centro. Con ello consiguió disuadir a potenciales rebeldes en Valencia y Málaga, y ofreció alguna concesión por teléfono a Mola, aunque los detalles exactos son inciertos. Pero el intento de arreglar una componenda llegó tarde. Unos días antes posiblemente hubiera tenido algún éxito, pero el 19 de julio fue rechazado por ambos lados.

Mola, evidentemente, contestó al nuevo presidente del Gobierno que los insurrectos se habían comprometido en que, una vez iniciado el movimiento, nadie daría un paso atrás. Mientras, por la mañana, los socialistas y comunistas, junto con algunos miembros del partido de Azaña, se manifestaron en el centro de Madrid reclamando la caída inmediata del Gobierno, lo que pronto consiguieron.

La última iniciativa quedó en manos de Azaña, quien el día 19 todavía tenía tres opciones. Una alternativa habría sido la de Alfonso XIII en 1931, abandonando el poder, que desechó. Una segunda era la de continuar la política de Casares Quiroga, empleando la mitad del ejército que no se había rebelado, junta con la mayor parte de la Marina y la fuerza aérea, y de los cuerpos de seguridad (Guardia de Asalto y Guardia Civil) -la mayor parte no se había rebelado- para derrotar a los rebeldes y restaurar el orden. Pero ya no se fiaba de esta política. Azaña escogió la tercera alternativa, la de armar a los revolucionarios en masa, lo que tendría la consecuencia de autorizar una revolución violenta en un lado y, en el otro, provocar mucho más apoyo a los rebeldes en su contra. De esta forma, los movimientos revolucionarios se encontraron con la contienda que anhelaban. Y el diseño de una guerra civil en su máxima dimensión.

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Españoles pasando ante el féretro de Francisco Franco

Mensajepor Invitado » Mar 19 Jul, 2016 12:15 am



Españoles pasando ante el féretro de Francisco Franco
Fragmento del documental La Transición (RTVE) en el que podemos ver a españoles pasar frente al féretro de Francisco Franco días después de su muerte.

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Re: La Memoria Histórica: verdades y mentiras

Mensajepor Assia » Mar 19 Jul, 2016 1:53 am

No he leido el articulo complete. A ver si alguien me saca de mi error. La pinicilina creo que no estuvo a la venta hasta despues del ano 1945 y mucho menos en Espana. Gracias a ese ''gran Fleming'' la pinicilina se retraso por 10 anos.
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Re: La Memoria Histórica: verdades y mentiras

Mensajepor Assia » Mar 19 Jul, 2016 10:28 am

Lo que he encontrado en GOOGLE: ''En un termo con hielo, tras un viaje de mas de una semana,12 ampollas de pinicilina llegaron en 1944 a Madrid prcedente de Rio de Janeiro para intentar salvar la vida de la nina Amparito.Fue demasiado tarde.''
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¡Los fascistas no pasarán! ¡No pasarán!

Mensajepor Invitado » Mar 19 Jul, 2016 11:21 pm

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La Pasionaria, 80 años de su histórico "No pasarán"

La diputada del Partido Comunista de España, Dolores Ibárruri, pronunció el 19 de julio de hace 80 años el histórico discurso en la sede del Ministerio de Gobernación


El golpe de Estado del 19 de julio no ha triunfado. Pero tampoco ha fracasado. En Madrid se sofoca la sublevación militar el mismo día 19 y varias columnas de milicianos salen para la sierra de Guadarrama para combatir contra las columnas de los sublevados enviadas por el general Mola desde Castilla y León y Navarra. Los enfrentamientos se suceden y las milicias logran frenar el avance de los militares golpistas.

En Barcelona, se suceden los golpistas se rebelan junto a tres centenares de civiles y marchan sobre el centro de la ciudad. Entre la Guardia Urbana y la CNT consiguen resistir en Poblenou, la Diagonal y la calle de Diputació y les impiden entrar en Ciutat Vella. La Guardia Civil interviene al mando del coronel Antonio Escobar e inclina la balanza para los leales a la II República. Por la tarde se detiene a los golpistas y el general Goded anuncia por radio su rendición. Su mensaje acaba con el golpe en el resto de Catalunya.

Cádiz, sin embargo, ha caído en manos de los golpistas gracias a la llegada de las primeras fuerzas del Ejército Español de África. Valladolid ha declarado el estado de guerra. También en Segovia, Ávila, Zamora, Salamanca, Burgos, Palencia, Soria. Euskadi quedó dividido en una zona leal compuesta por Guipúzcoa y Vizcaya y otra golpista integrada por Álava. Por su parte, el general Francisco Franco ha aterrizado en Tetuán, la capital del Protectorado, a las siete y media de la mañana de este 19 de julio de 1936.

España está partida en dos. Los golpistas no tienen fuerza suficiente para triunfar y el legítimo Gobierno republicano no cuenta con suficientes recursos para sofocar el golpe. La Guerra está servida. Las órdenes de Mola hablan de llegar a Madrid lo más rápido posible. El golpe tenía que ser rápido, violento y efectivo. Para eso hay que conquistar la capital.

En el Ministerio de Gobernación, este mismo 19 de julio de 1936, la diputada del PCE Dolores Ibárruri hace un llamamiento a los ciudadanos para frenar a "la sublevación militar fascista" en el que entona, por primera vez, el 'No pasarán'.

A continuación, reproducimos el discurso íntegro de la política comunista:



"¡Obreros! ¡Campesinos! ¡Antifascistas! ¡Españoles patriotas!... Frente a la sublevación militar fascista ¡todos en pie, a defender la República, a defender las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo!...

A través de las notas del gobierno y del Frente Popular, el pueblo conoce la gravedad del momento actual. En Marruecos y en Canarias luchan los trabajadores, unidos a las fuerzas leales a la República, contra los militares y fascistas sublevados.

Al grito de ¡el fascismo no pasará, no pasarán los verdugos de octubre!... los obreros y campesinos de distintas provincias de España se incorporan a la lucha contra los enemigos de la República alzados en armas. Los comunistas, los socialistas y anarquistas, los republicanos demócratas, los soldados y las fuerzas fieles a la República han infligido las primeras derrotas a los facciosos, que arrastran por el fango de la traición el honor militar de que tantas veces han alardeado.

Todo el país vibra de indignación ante esos desalmados que quieren hundir la España democrática y popular en un infierno de terror y de muerte.

Pero ¡NO PASARÁN!

España entera se dispone al combate. En Madrid el pueblo está en la calle, apoyando al gobierno y estimulándole con su decisión y espíritu de lucha para que llegue hasta el fin en el aplastamiento de los militares y fascistas sublevados.

¡Jóvenes, preparaos para la pelea!

¡Mujeres, heroicas mujeres del pueblo! ¡Acordaos del heroísmo de las mujeres asturianas en 1934; luchad también vosotras al lado de los hombres para defender la vida y la libertad de vuestros hijos, que el fascismo amenaza!

¡Soldados, hijos del pueblo! ¡Manteneos fieles al gobierno de la República, luchad al lado de los trabajadores, al lado de las fuerzas del Frente Popular, junto a vuestros padres, vuestros hermanos y compañeros! ¡Luchad por la España del 16 de febrero, luchad por la República, ayudadlos a triunfar!

¡Trabajadores de todas las tendencias! El gobierno pone en nuestras manos las armas para que salvemos a España y al pueblo del horror y de la vergüenza que significaría el triunfo de los sangrientos verdugos de octubre.

¡Que nadie vacile! Todos dispuestos para la acción. Cada obrero, cada antifascista debe considerarse un soldado en armas.

¡Pueblos de Cataluña, Vasconia y Galicia! ¡Españoles todos! A defender la República democrática, a consolidar la victoria lograda por el pueblo el 16 de febrero.

El Partido Comunista os llama a la lucha. Os llama especialmente a vosotros, obreros, campesinos, intelectuales, a ocupar un puesto en el combate para aplastar definitivamente a los enemigos de la República y de las libertades populares. ¡Viva el Frente Popular! ¡Viva la unión de todos los antifascistas! ¡Viva la República del pueblo! ¡Los fascistas no pasarán! ¡No pasarán!"

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Re: La Memoria Histórica: verdades y mentiras

Mensajepor Assia » Mié 20 Jul, 2016 4:02 am

Lamentablemente pasaron y a esas pobrers mujeres que la pasionaria llamaba a la lucha, nadie las saco de Espana, pero la pasionaria,Carrillo y muchos mas, si se largaron de Espana sin acordarse de las pobres mujeres pobres y espanolas. Que facil fue para esos comunistas como la pasionaria dejar que pasaran y ser ellos de los primeros que se largaron de Espana antes de que los facistas pasaran.
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