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Mensajepor Invitado » Mié 12 Ago, 2015 3:50 am

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Mensajepor Invitado » Mié 19 Ago, 2015 3:25 am

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¿Castigar o no la prostitución? 4 razones en contra y 4 a favor


La organización de derechos humanos Amnistía Internacional ha planteado una pregunta casi tan vieja como el oficio más antiguo del mundo. ¿Es la prostitución un delito que debería ser penalizado?

El comité directivo de Amnistía ha aprobado este martes adoptar la despenalización de la prostitución como su postura oficial. Durante las últimas semanas esta propuesta ha suscitado una batalla de declaraciones por parte de numerosas organizaciones, trabajadores sexuales y hasta celebridades cómo Emma Thompson o Meryl Streep.

Para elaborar este documento, Amnistía ha entrevistado a trabajadores sexuales de cinco países y se ampara en investigaciones de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud. Su conclusión es que criminalizar el trabajo sexual aumenta la probabilidad de discriminación, acoso y violencia de las personas que se dedican a estas actividades. Por lo tanto, a partir de ahora Amnistía defenderá formalmente descriminalizar la prostitución, siempre que sea entre adultos y consentida.

EL ESPAÑOL ha hablado con organizaciones y plataformas activas en el debate, que defienden desde considerar la prostitución un crimen bajo cualquier circunstancia hasta despenalizar la actividad de todos los participantes de la industria del sexo, incluyendo clientes y proxenetas.


4 argumentos en contra de castigar la prostitución

    Descriminalizar la industria del sexo protege a los trabajadores sexuales

    Más de 800 personas, entre las que se incluyen numerosos trabajadores sexuales, académicos y miembros de instituciones de derechos humanos han firmado una carta iniciada por el Comité Internacional sobre los derechos de los trabajadores sexuales en Europa (ICRSE) apoyando la iniciativa de Amnistía “de proteger a los trabajadores sexuales de la violencia y discriminación”.

    La organización Red Global de proyectos de trabajadores sexuales (NSWP) también ha comenzado una petición en Change.org a favor de la despenalización de la prostitución, firmada por 10.073 personas.

    El coordinador del ICRSE y trabajador sexual desde hace diez años Luca Stevenson afirma que descriminalizar el trabajo sexual sería beneficioso para los trabajadores sexuales. “El trabajo sexual no es violento de por naturaleza, pero existe mucha violencia en la industria”, asegura. Para Stevenson, “el gran nivel de violencia y abuso es culpa de la criminalización del negocio del sexo y del estigma que tiene”.

    Pye Jackobsson es la presidenta de NSWP, vive en Suecia y es una trabajadora sexual desde hace 27 años. “La única mala experiencia que he tenido en la industria del sexo fue hace muchos años en Grecia (antes de que Grecia legalizase la prostitución)”, afirma. “Me contrataron para un trabajo de diez días en un club, y los dueños me encerraron en un apartamento que había encima del local. Si el trabajo sexual fuese reconocido como cualquier otra profesión habría podido ir a la Policía y hubiese habido una respuesta legal. Como la prostitución era un crimen, no dije nada”.


    Criminalizar a los clientes no es suficiente

    El conocido como modelo nórdico, aplicado con matices en Suecia, Noruega, Islandia, Canadá e Irlanda del Norte, es considerado por muchos cómo el mejor para regular la prostitución, ya que criminaliza a clientes y terceras personas que participan en la industria del sexo, como burdeles y proxenetas, pero no a los que la ejercen.

    Sin embargo coordinador de ICRSE Luca Stevenson afirma que cuando ser cliente es un crimen hay menos demanda, por lo que los trabajadores sexuales tienen que trabajar más horas y en condiciones menos seguras. “Criminalizar la fuente de ingresos hace más probable la violencia”, concluye.

    Pye Jackobsson también está en contra del modelo nórdico. “Yo soy de Suecia, y puedo decirte que este modelo no funciona. La Policía vigila los apartamentos de los trabajadores sexuales y muchas veces no hace distinción entre el que compra y el que vende el sexo. Los trabajadores sexuales no confían en los agentes y no acuden a ellos si están en peligro”, asegura.


    Un recurso contra el tráfico sexual

    Luca Stevenson considera que de todos los países que ha legalizado la prostitución, Nueva Zelanda es el único que realmente ha descriminalizado la industria del sexo. “En Nueva Zelanda no existen pruebas concluyentes de que haya aumentado el tráfico de personas”, declara Luca Stevenson. “En Noruega se ha alcanzado un número récord de víctimas de tráfico en los últimos años, pero en este país los clientes son criminalizados, lo que puede reforzar la explotación de los trabajadores sexuales ya que siguen teniendo que esconderse”.

    El coordinador de ICRSE añade que en aquellos países donde la prostitución es legal (Alemania, Países Bajos) es más fácil identificar el número de trabajadores sexuales que están siendo explotadas, lo que puede crear la ilusión de que el tráfico ha aumentado.


    La prostitución: un trabajo como cualquier otro

    Jacobsson afirma que ella ejerce como trabajadora sexual porque quiere. “Respeto las experiencias de todo el mundo y entiendo que hay trabajadores sexuales que no han tenido buenas experiencias. Sin embargo, hay muchas personas que piensan que la prostitución debería ser un crimen desde un punto de vista ideológico. Yo te estoy hablando de mi vida. Ellos piensan que saben que es lo mejor para nosotros, pero eso es condescendiente y ofensivo”.

    Stevenson cree que “el trabajo sexual suele estar relacionado con la pobreza, la desigualdad y la opresión, por lo que minorías, inmigrantes y mujeres forman la mayor parte de los trabajadores sexuales.”. Pero eso no significa que estas personas no tengan capacidad de decisión, añade el coordinador.

4 argumentos a favor de castigar la prostitución

    La industria del sexo es violenta por naturaleza

    En las últimas semanas, más de 400 personas de distintas organizaciones feministas y de derechos humanos han firmado una carta de la organización Coalición contra el tráfico de mujeres (CATW en inglés) en la que piden que Amnistía no adopte una política que “se posiciona a favor de los compradores de sexo, proxenetas y otros explotadores en vez de con los explotados”. El texto ha sido apoyado por actrices como Meryl Streep, Emma Thompson y Anne Hathaway.

    La institución también ha iniciado una petición de Change.org en contra de la descriminalización del negocio del sexo, que en el momento de publicar este artículo ya tiene 8.769 firmantes.

    Taina Bien-Aime, directora ejecutiva de CATW, afirma que el sexo a cambio de dinero siempre es un acto de violencia, aun cuando es consensual.

    “La industria del sexo es causa y consecuencia de la desigualdad de género”, afirma Bien-Aime. “No todas las mujeres que participan están siendo explotadas, pero la prostitución siempre es violenta y discriminatoria de por sí. Este negocio significa que un hombre tiene el derecho a comprar un acto sexual, y realizar sus fantasías más oscuras con otro ser humano. Mientras una mujer pueda ser comprada por un servicio sexual nunca habrá verdadera igualdad”.

    Asunción Miura, la representante de CATW en España, considera que ejercer la prostitución genera muchos efectos secundarios, como por ejemplo el daño psicológico. “La mujer que participa en este negocio es una víctima”, defiende.


    Castigar, pero al cliente

    Según la directora de CATW el modelo nórdico es el único posible para regular la prostitución, ya que el que mejor protege las mujeres que venden su cuerpo. “Los resultados en los países donde se ha aplicado este modelo (por ejemplo en Suecia) han sido muy positivos”, afirma.

    Taina Bien-Aime añade que “los seres humanos que se compran y venden en el comercio sexual, que son en su mayoría mujeres, no deben ser criminalizados”. Sin embargo, CATW está a favor de castigar a clientes, burdeles y proxenetas. “La responsabilidad penal la tienen los explotadores, no los explotados”, asegura.


    Luchando contra la prostitución se lucha contra la trata

    Asunción Miura declara que “hay trata porque hay prostitución”. “La trata es la globalización de la prostitución”, dice. “Tienen las mismas raíces, y las razones por las que existen los dos fenómenos son los mismos”.

    “Amnistía dice que la prostitución y el tráfico sexual son fenómenos distintos, pero están unidos intrínsecamente”, explica la directora ejecutiva de CATW. “Es imposible evitar el tráfico sexual sin abordar el mercado del sexo comercial”.

    Taina Bien-Aime asegura que la legalización de la prostitución tiene efectos catastróficos. “El crecimiento legal de burdeles en Alemania ha provocado un aumento en el tráfico sexual. También en los Países Bajos”, afirma.


    Una realidad basada en eufemismos

    La directora de CATW se niega a usar el término “trabajador sexual” para referirse a las personas que ejercen la prostitución. “Nosotros preferimos llamarlas ‘mujeres en prostitución’”, explica. “El término ‘trabajador sexual’ es un invento de la industria del sexo para ocultar el daño que hace e intentar compararlo con cualquier otro trabajo normal”.

    Bein-Aime se basa en datos de SPACE International, una organización que representa a “supervivientes de la industria del sexo”, para afirmar que la mayor parte de mujeres en prostitución son objeto de violencia física y mental.

    Asunción Miura afirma que “nadie ejerce la prostitución porque quiere”.

    “La prostitución no es una opción si no hay ninguna otra opción”, dice Ben-Aime. “El consentimiento no legitima la industria del sexo”.

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Mensajepor Invitado » Mar 29 Sep, 2015 1:52 am




Los escándalos sexuales de los políticos
Como todos los jueves, David Gistau nos da su particular punto de vista sobre la actualidad aquí, en Lo Mejor Que Te Puede Pasar. A raíz de las últimas informaciones sobre David Cameron y sus prácticas sexuales de juventud, hoy repasamos algunos de los escándalos sexuales de los políticos a lo largo de la historia.

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Mensajepor Invitado » Vie 23 Oct, 2015 10:23 am

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Por la izquierda, Raquel Ruiz, Ana Fernández y María Sánchez.

"Se ve como amor el control de la pareja", alertan los sexólogos
El Instituto de La Magdalena lidera un proyecto para educar en relaciones que se extenderá a otros centros

Myriam MANCISIDOR "En los últimos años se observa un resurgir de mitos del amor romántico que parecían haber quedado atrás y se aceptan mecanismos de control por parte de la pareja, asumiéndolos como prueba de amor: se piden contraseñas de acceso al perfil de las redes sociales, se revisan las veces que la pareja está 'on line' y se exigen explicaciones al respecto. Incluso se espían ubicaciones para saber en todo momento dónde está la persona supuestamente amada", manifestó ayer la sexóloga Ana Fernández, quien presentó de esta forma el proyecto "Educando los buenos amores", un plan que pretende desterrar el querer peligroso y que se desarrolla de forma pionera en el IES de La Magdalena.

El Centro de Atención Sexual del Ayuntamiento de Avilés (CASA), dependiente del Ayuntamiento, está detrás de este programa con el que se pretende hacer llegar a los alumnos del primer curso de Secundaria, de doce años, los conocimientos necesarios para "afrontar sus relaciones sentimentales y sexuales en igualdad, respeto y complicidad", en palabras de la concejala de Igualdad, Raquel Ruiz. Este trabajo beneficiará previsiblemente en el futuro a 250 alumnos de once aulas. También recibirán formación las Asociaciones de Padres y Madres y el profesorado de los centros participantes. Como responsable del trabajo estará la también sexóloga María Sánchez.

"Es muy importante llevar al aula todas estas temáticas en un momento en el que los chavales están empezando a elaborar sus expectativas sobre el amor, el deseo, la pareja...", manifestó ayer Ana Fernández, que agregó: "En Secundaria, seguimos observando como el estereotipo del alumno disruptivo, transgresor, que desafía las normas y es fuente de conflictos, resulta el más seductor a la hora de enamorarse". Los "malos amores" son, a juicio de la sexóloga, "potencialmente peligrosos y hay que aprender a detectarlos para no embarcarse en relaciones destructivas". "Educando los buenos amores" permitirá a los jóvenes avilesinos querer sin riesgo.

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Mensajepor Invitado » Vie 23 Oct, 2015 10:37 am

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La presidenta de Astursex, Ana Fernández, la edil Raquel Ruiz y la sexóloga María Sánchez.

«Hay que cambiar al canalla que se lleva a todas por los buenos amores»

Astursex presenta un nuevo proyecto para educar a alumnos de Primero de ESO

«Hay que romper el estereotipo del canalla que gusta a todas y cambiarlo por los buenos amores. Los alumnos tienen que aprender que el amor no es sufrimiento, ni celos ni pasarlo mal», explicó ayer Ana Fernández, presidenta de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual. Unas palabras que recogen uno de los objetivos que tiene el nuevo proyecto del Centro de Atención Sexual del Ayuntamiento de Avilés, 'Educando los buenos amores'.

Se trata de un programa piloto que actualmente se está implantando en el IES La Magdalena, y que posteriormente se ampliará al IES Número 5 y a otro centro por determinar. En total, 250 alumnos de Primero de la ESO serán los que probarán esta experiencia. En caso de que los resultados obtenidos sean satisfactorios, se extenderá a otros centros durante el segundo y el tercer trimestre del curso. Se ha elegido a alumnos de primero porque «aún no tienen pareja y es bueno tratar estos temas antes de que la tengan. Además, es una edad en la que se forman sus expectativas de futuro y lo que van a esperar de sus parejas», explicó Fernández.

'Educando los buenos amores' se divide en tres sesiones: 'Mujeres y hombres. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? ¿Cómo nos relacionamos?', 'Mujeres y hombres. Nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestras identidades', y 'Las historias de amor que nos contaron'. Unas sesiones que pretenden hacer comprender a los niños y niñas que empiezan a ver como despierta su deseo sexual, lo que significa realmente el amor, rompiendo con los estereotipos que se ven en la televisión y en las canciones. Enseñarles que la homosexualidad debe ser tratada con normalidad y no como objeto de burla, y ayudarles a entender mejor sus cambios corporales y emocionales ahora que empiezan a enamorarse. «Tienen que aprender a analizar las situaciones que pueden darse en pareja y las formas de resolver conflictos sin hacerse daño», adelantó Fernández.

Raquel Ruiz: «Este tipo de cursos son fundamentales para combatir la violencia de género»María Sánchez: «La televisión hace bromas que gustan a los adultos, pero que los niños no entienden»
La sexóloga María Sánchez, encargada del proyecto, explicó que este tipo de actividades son importantes porque «la mayoría solo tienen como referencia la televisión, y muchas veces en las series o programas que vemos hacen sátiras sobre la vida en pareja que a los adultos nos hacen gracia, pero ellos no saben diferenciar». También lamentó que las redes sociales y las nuevas tecnologías se están convirtiendo «en nuevas formas de control de pareja e influyen en las relaciones de manera notable». «Se trata de una edad muy difícil donde surgen muchas dudas y confusiones. Tienen los conceptos muy poco claros, piensan que saben mucho, pero cuando les preguntas ves la realidad», puntualizó Sánchez.

Por su parte la concejala de Igualdad Raquel Ruiz destacó que «la educación sexual y la igualdad son fundamentales para combatir la violencia de género, que está aumentando en las edades más jóvenes». También aseguró que «a estas edades, es el mejor momento para insertar conceptos. Son personas sin experiencias previas y la única referencia que tienen sobre estos temas son sus padres y lo que ven en la televisión».

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Mensajepor Invitado » Vie 23 Oct, 2015 4:08 pm

:blackeye:

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Mensajepor Invitado » Mié 04 Nov, 2015 3:33 pm

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El IES de La Magdalena abre la puerta a los "buenos amores"


El IES de La Magdalena abrió ayer sus puertas a los "buenos amores", es decir, a un proyecto pionero en la región que lidera la sexóloga María Sánchez (en la foto, junto a Ana Fernández), vinculada al Centro de Atención Sexual de Avilés (CASA), y que tiene por objeto fomentar la reflexión sobre los estereotipos del llamado "amor romántico" y sus consecuencias sobre las relaciones de pareja. Este proyecto que nace en La Magdalena beneficiará previsiblemente en el futuro a 250 alumnos de once aulas. También recibirán formación padres y profesores.

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EDUCANDO LOS BUENOS AMORES

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 7:32 pm

EDUCANDO LOS BUENOS AMORES

Educando los buenos amores es un proyecto piloto que nace con el objetivo de empoderar los buenos tratos y las parejas con las que uno pueda divertirse y disfrutar sin la necesidad de sufrir. Los adolescentes tienen un mal aprendizaje de lo que es el amor, construido desde los medios de comunicación y basado en el amor romántico. En los últimos años se observa un resurgir de los mitos del amor pasional y se vuelven a aceptar mecanismos de control por parte de la pareja, como pueden ser pedir contraseñas de las redes sociales, el uso de WhatsApp o espiar ubicaciones para saber en todo momento lo que hace y donde se encuentra la persona amada.
Ante esta situación la educación de los sexos debe ser un pilar fundamental para aclarar y ordenar conceptos. Es importante que aprendan a detectar cuando una relación se vuelve dañina y puedan tener los conocimientos y estrategias necesarias para salir de ella o simplemente no iniciarla. Empoderar los buenos tratos y educar para que chicos y chicas sean independientes y puedan enamorarse, disfrutar y convivir en una ambiente de equidad.

El proyecto está dirigido a alumnos de entre once y trece años ya que es a esa edad cuando se está construyendo la idea de lo que es el amor, es un buen momento para hacer un trabajo preventivo porque a lo largo de los próximos años se iniciaran en el mundo de las relaciones, del deseo y del amor. A estas edades están muy influidos por los medios de comunicación, sobre todo por las series y las canciones. En estas series de televisión se muestran parodias de la vida en pareja que pueden resultar graciosas para los adultos pero que ellos toman como referencias. Uno de los objetivos es ordenar los conocimientos que ya tienen, toda la información de la que disponen para que así se conozcan, se acepten, estén satisfechos y aprendan a encontrarse y relacionarse.

Este proyecto ya se ha llevado a cabo en el IES de la Magdalena y se está impartiendo en el IES Número 5, el Colegio Principado y el Colegio Salesiano Santo Ángel, en total cerca de trescientos alumnos de primero de la ESO. Educando los buenos amores está compuesto por tres sesiones con los alumnos, una de evaluación con los tutores y otra con las familias. Para poder hacer una educación integral es fundamental la participación de toda la comunidad educativa.

La primera sesión se llama “Mujeres y Hombres ¿De qué hablamos cuando hablamos de Amor? ¿Cómo nos relacionamos?”. En ella se hace una toma de contacto con el aula que sirve para ver las ideas que tienen los alumnos sobre el amor, los hombres y las mujeres. Como norma general creen que la confianza y la empatía son claves para las relaciones pero hay alguna diferencia entre chicas y chicos, estos últimos dan más importancia a las relaciones eróticas y a temas superficiales. Cuando hablamos de mujeres y hombres se siguen perpetuando ideas estereotipadas como que a las chicas no les gusta el fútbol y los chicos odian ir de compras o cocinar. También se repite la idea de que las mujeres buscan amor y los hombres relaciones eróticas. A menudo se da la prescripción de que no hay que ser machista, pero cuando se profundiza en la idea se encuentran muchas lagunas sobre el concepto. Así el mismo alumno o alumna puede decir cosas como que no hay que se machista pero que a las mujeres de verdad les gusta ir de comparas y no les gusta el fútbol, o que los hombres deben ser fuertes y las mujeres comprensivas. En esta sesión también se hace hincapié en las redes sociales, los adolescentes no son conscientes de la cantidad de información que muestran a desconocidos a través de las fotografías que suben a la red.

La segunda sesión se llama “Mujeres y Hombres. Nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestras identidades”. En ella se habla de los cambios psicológicos y físicos que se producen en la adolescencia con el fin de evitar angustias y fomentar la aceptación. También se trabaja la orientación sexual del deseo erótico y la identidad sexual, fomentando un clima de aceptación y normalización.
La tercera y última sesión se llama “Las historias de amor que nos contaron”, en ella se analizan escenas de series de televisión y canciones. A través de ellas se tratan temas como los celos, el espacio personal, las distintas feminidades y masculinidades. Se trabajan también los acuerdos en pareja y se empoderan a los buenos chicos.

Finalmente las sesiones concluyen con los decálogos de los buenos amores, donde el alumnado escribe diez preceptos a tener en cuenta en una relación para que ninguno de los miembros sufra ni salga perjudicado.

Como resultado de estos decálogos he elaborado un decálogo de los buenos amores del IES de la Magdalena:

    1. Respeto
    2. Confianza
    3. Disfrutar
    4. No celos
    5. Empatía
    6. Lealtad
    7. No maltrato
    8. Escuchar
    9. No vigilar
    10. Espacio personal

María , miembro del Equipo Docente y Socia de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual (Astursex), coordinadora del proyecto Educando Los Buenos Amores.

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Mensajepor Invitado » Mar 15 Dic, 2015 3:11 pm

El sexo sórdido

CARMEN RIGALT

Actualizado 02/12/201503:01

El domingo, mientras la tarde se deslizaba hacia cotas de aburrimiento imprevistas, una de mis nueras rompió el silencio y dirigiéndose a mí, dijo: "¿Qué palabra es la más apropiada para nombrar los genitales femeninos?". Ahí es nada. Jamás pensé que una pregunta tan elemental iba a dejarme tan descolocada. Mi nuera quiso entonces hilar más fino y cambió la formulación dando un rodeo: "Si tuvieras que escribirlo, ¿qué nombre elegirías?", preguntó.

"¿Los genitales femeninos?", dije utilizando esa estrategia que consiste en repetir la frase para ganar tiempo. No quería hacer el ridículo ni quedar como una pacata, así que forcé la memoria y pronuncié los nombres que se me ocurrieron: 'chichi', 'moño', 'chocho', 'chumino', 'conejo', 'higo', 'potorro'. Teniendo en cuenta que el diccionario ofrece un amplío surtido de sinónimos para los genitales masculinos, el repertorio de los genitales femeninos me pareció ridículo. Guardo para el final el único nombre femenino que encontré: almeja. El resto eran masculinos.

Pero mi nuera no me dio su conformidad con la mirada porque todos los nombres se le antojaban infumables. Unos por cómicos, otros por zafios. No digo que tuvieran una eufonía imposible, pero estaban tan contaminados de tosquedad que no había por donde cogerlos.


Mi otra nuera, que es colombiana, quiso mediar en nuestra clase de lenguaje y, poniéndose latina y estupenda, comentó: "Los médicos dicen vulva, pero no parece el término más adecuado para enseñárselo a los niños. En Colombia utilizamos la palabra 'cuca', que no ofende y es discreta. Con las niñas se emplea en diminutivo, porque los diminutivos quitan mucho hierro. 'Cuquita' no está mal".

Dichosos diminutivos. Me acordé de mi amiga Cuca y sentí que algo iba mal: o fallamos en los nombres de las chicas, o en los nombres de los chochos. Quién sabe. Tal vez en los dos.

En primero de feminismo aprendimos que los genitales masculinos tenían buen significante y mejor significado, mientras que los femeninos estaban sujetos a un significante ridículo y un significado grotesco. Miento: el significado es el que es desde siempre, pero el desprecio al que ha estado sometido secularmente el sexo femenino ha dejado la palabra a la altura del betún.

No es culpa de las mujeres que los nombres de sus genitales hayan caído tan bajo. Mi nuera busca una palabra para prestársela a su niño, que señala la entrepierna de la madre diciendo: "Ahí pito". No parece oportuno confundir a la criatura en edades tan tempranas, haciéndole creer que el pito es la única verdad universal.

No entiendo cómo hasta ahora me he mantenido en silencio, burra de mí. ¿Es que nunca he tenido que nombrar por escrito el sexo de una mujer? Propongo, aquí y ahora, crear un plan de ayuda para redimir el lenguaje de los genitales femeninos.

Todos los lectores que deseen colaborar en la difusión de un termino adecuado, háganmelo saber por escrito, por favor. A lo mejor todavía estamos a tiempo de arramblar esas onomatopeyas que tanto bochorno nos producen.

Poner en circulación una palabra es como poner en circulación una moneda de oro. El lenguaje está en deuda con las mujeres, pero no hacemos nada por remediarlo. Por favor, préstenme una palabra bonita, un sonido elegante. Les recompensaré debidamente.

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Mensajepor Invitado » Mar 15 Dic, 2015 5:22 pm

Lo de recompensar debidamente no sé yo.... En fin, para estas cosas suelen dar en el clavo los franceses, que les pregunte a eloos y asunto liquidao. Luego españolizamos la palabreja y a ver que tal queda. :lol: :lol: :lol: :lol:

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MEPHISTO
Pequeño saltamontes
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Mensajepor MEPHISTO » Sab 19 Dic, 2015 7:06 pm


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Mensajepor Clerks » Dom 27 Dic, 2015 5:10 am


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Mensajepor Invitado » Sab 02 Ene, 2016 5:15 pm

Elogio del libertinaje

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

Actualizado 27/12/201502:26

En Nochevieja cunden los adulterios. Yo siempre los he practicado y consentido. Deberían ser obligatorios. Inclúyase esa asignatura en los planes de estudios. No existe mejor recurso para evitar que el matrimonio derive a martirimonio y se rompa antes de que la muerte separe a los contendientes, digo, contrayentes. Con él, elevado por la Iglesia a sacramento y por el Código Civil a mandamiento, se evitarían muchos divorcios y los hogares dejarían de ser una olla a presión. Algo sabré del asunto, pues he tenido siete vidas conyugales -aunque sólo tres con sello de la autoridad-, y en todas he sido adúltero. Mis mujeres, no lo sé (de algunas, sí), porque nunca les he preguntado de dónde venían cuando volvían a casa. Y si no volvían, tampoco. Chez nous la liberté. Me asombra la mala prensa que tiene tan saludable costumbre. La corrección política la condena como antes lo hacía la Inquisición. Una cosa es la lealtad moral, que predico, y otra la fidelidad sexual, que no practico. Sin el uasabi del adulterio ni la literatura ni el cine habrían sido lo que son. Infinita es mi gratitud a tan estimulante especia. Hacer el amor con una mujer casada es algo que se la levanta a un muerto (y además es menos probable que te meta en líos). Y viceversa, supongo, aunque no sé si para ellas vale también esa copla. Quizá no, pues, digan lo que digan los cocinillas metrosexuales, sólo quieren casarse las mujeres. A los varones nos llevan tirando del ronzal. ¡Qué remedio! Más tiran tetas que puñetas. Yo nunca me metería en una red de adúlteros como la que en septiembre despiojaron, pero erija todo el mundo en su entrepierna una Estatua de la Libertad. ¡Treinta y siete millones de miembros viriles y no viriles militan en Ashley Madison! Todas las culturas refinadas -la griega, la romana, la francesa, la china, la nipona- elevaron a arte de vivir el adulterio. ¡Lástima haber nacido en España, porque de haberlo hecho en Francia mi brillante historial de adúltero podría llevarme al Elíseo! Mitterrand, Chirac, Sarkozy, Hollande... Hubo un presidente que entregó el alma mientras le hacían un francés. Clinton sobrevivió, y eso que lleva tantos by-passes como yo. Si las estadísticas no exageran, el quince por ciento de las personas no son hijas de su padre. ¿A qué viene entonces tanto remilgo? Exíjase en el Registro Civil prueba de paternidad para que los testamentos cuadren, y anchas sean Castilla y el resto del orbe.


http://www.elmundo.es/opinion/2015/12/2 ... b4592.html

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Alergia al pene

Mensajepor Invitado » Vie 08 Ene, 2016 12:49 am

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Shame, 2011. Imagen: Alta Films.


Alergia al pene

Bárbara Ayuso


«Fuimos demasiado lejos con demasiado pene». Esa fue la conclusión del director y productor Judd Apatow cuando en 2007 más de una veintena de espectadores salió despavorida en un visionado de prueba de su película Walk Hard: The Dewey Cox Story ahuyentados por una verga. No soportaron el larguísimo plano de John C. Reilly rodeado por un —más que modesto— miembro que pendulaba en torno a su cabeza mientras él hablaba por teléfono. Tras la estampida, Apatow transigió y acabó recortando la duración de la escena en la cinta (que para más sorna en español se tradujo como Dewey Cox: una vida larga y dura) pero arrancó su cruzada personal de liberar al vigésimo primer dedo masculino del ostracismo cinematográfico: «Juro que en todas y cada una de mis películas habrá al menos un pene», dijo. Y a fe que en ello sigue.

Más o menos un año antes, el cómico Louis C. K. andaba en negociaciones con la HBO. No era, ni mucho menos, el renovador del humor ni el pelirrojo mimado del cable que es hoy. De hecho, estrenaba su primera serie con la cadena, Lucky Louie, que dirigía y protagonizaba, pero todavía eran los ejecutivos televisivos quienes marcaban el paso. Le demandaron «algo más de carne», sin explicitar —porque no hacía falta— que se referían a Pamela Adler, su esposa en la ficción. Él sonrió y cumplió la solicitud con escrupulosa literalidad, y en el segundo capítulo Louis salió en un ortopédico plano frontal con el badajo al aire. La HBO le exigió que se tapara las vergüenzas y que aquello no se volviera a repetir. La serie (acertadamente) no pasó de una primera temporada. Por si acaso.

Y como estas, cien historias más de quienes ha pretendido darle planos a tan noble parte y se han ido con el ídem entre las piernas. En ocasiones ahuyentados por los mandamases, a veces por el propio espectador. Hablamos de cine y televisión de órbita hollywoodiense, se entiende. Desaparecida la entrañable figura del censor ladino, ahora la mojigatería opera al calor de la amenaza de «clasificación R», de la que todo aquel que quiera pagar las facturas huye como de la peste. Y no, no es que un pene sea sinónimo de destierro fílmico inmediato, porque haberlos haylos. Pero por si acaso algún despistado se lanza a esgrimir que el desnudo masculino y el femenino son la misma cosa y si los realizadores no enseñan más anatomía masculina es sencillamente porque no se les antoja, recordaremos que en 2010, en respuesta a las quejas suscitadas por la película Bruno, la Asociación de Cinematografía de Estados Unidos varió sus términos para que cuando hubiera un «desnudo masculino» quedase claramente tipificado, para evitar sofocos. Un precavido acuse de recibo que ningún pubis ni pecho femenino han necesitado nunca. Rabos sí, pero con preaviso.

El desequilibrio de la desnudez entre sexos es una de esas polémicas–Guadiana de Hollywood, que emerge de tanto en tanto, coincidiendo con la exhibición de algún falo que causa especial revuelo. Ocurrió con Shame y el Fassmember, que a buen seguro fue el causante de que el actor irlandés-alemán se quedara sin nominación al Óscar, precisamente el mismo año que sus colegas Rooney Mara o Salma Hayek también enseñaban sus cositas a la cámara sin que eso obstaculizara la carrera por la estatuilla. Más recientemente, Kevin Bacon (cuya genitalia es revisable desde Juegos salvajes a El hombre sin sombra) encabezó una jacarandosa campaña que delataba la hipocresía de su industria, demandando una libertad para el pene similar a la que tiene la vulva. «En muchas películas y series de televisión hay gran cantidad de desnudos femeninos y eso no mola. Bueno, sí que mola. Pero no es justo para las actrices y no es justo para los actores, porque nosotros queremos desnudarnos», decía. Otros intérpretes se adhirieron a sus reivindicaciones, desde Chris Pratt a Natalie Dormer o Kit Harington, espoleando un poco más la polémica en un año especialmente indicado para echar leña al fuego sobre el boobs mandate y el páramo de rabos de nuestras pantallas. Y es que quien esperara visualizar la herramienta de Christian Grey en la adaptación cinematográfica del best seller de porno para mamás se quedó con un palmo. De narices.


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The King (2010), de Sarah Lucas y Julian Simmons. Ftografía cortesía de la Galería Sadies Coles.


Qué feo es el pene

Fue el propio protagonista de Cincuenta sombras de Grey, Jamie Dornan, quien brindó al pueblo la explicación de su no desnudo en la película, que tan profusamente se había descrito en la novela —al que me soplan que se refería en exclusiva como «miembro», en un ejercicio de pobreza lingüística acorde con la preescolar E. L. James—. Dornan, a quien le dio repeluco pronunciar «paquete» en la entrevista, aseguró que no habría full frontal del príncipe del bondage (mientras que podríamos memorizar las aureolas y la ingle brasileña de su partenaire Dakota Johnson) porque, sencillamente, el pene es una cosa fea que es mejor no mostrar. El de todos, no el suyo, que sepamos. «La intención es llegar al máximo de audiencia posible sin asquearles. No quieres hacer algo gratuito, feo y gráfico», pretextó el zagal.

Ya lo decía Lady Chatterley el siglo pasado en la novela de D. H. Lawrence: «¡Qué cosa frágil y fácilmente herida es un cuerpo de hombre desnudo; de alguna manera inacabado, incompleto!», o Silvia Plath y tantos otros a los que la visión genital masculina les causaba más desagrado que hambre. Y en su derecho están. Pero tal y como recogía inmejorablemente Josep Lapidario en sus «Memorias del falo», el arte no ha escapado al embrujo del pene y las representaciones del mismo —explícitas o figuradas— demuestran que tan fea no será la cosa cuando ni el más telegráfico repaso de cualquier disciplina artística resiste sin referirse a miembros gargantuescos o más amables.

Entonces, ¿qué ocurre con el cine y la televisión? Pues exactamente lo que se figuran, no vamos aquí a revelar ninguna conspiración oculta. Que siglos de mirada masculina —y heterosexual— sobre el erotismo han atrofiado nuestro llamado instinto escoptofílico (el placer de observar al ser humano como objeto erótico) reduciendo el erotismo a las formas femeninas. Lo explicó inmejorablemente Laura Mulvey en Placer visual y cine narrativo, y en términos generales el estado de la cuestión sigue por esos derroteros descritos en los setenta, llegando a modificar la forma en la que nuestro cerebro procesa las imágenes de desnudos femeninos y masculinos. Si muchos consideran que el soperío de tetas y coños imperante es perfectamente asumible para el espectador pero una sola verga «fea, asquerosa y gratuita» dinamitará el disfrute es porque se ha trabajado duro en esa dirección. No es de extrañar que directores como Oliver Stone autocensuren su propio metraje, como el de Alejandro Magno, donde suprimió el plano en el que Colin Farrell exhibía la gloria de su imperio: «Oliver no quería estropear un momento tierno con la visión de un aparato jodidamente enorme con dos bolas inmensas», dijo el actor, que ya sabemos por filmes anteriores que no va precisamente descalzo.

Y no, no es cuestión de tamaño, de erección o del fresquete que hace en los rodajes y la injusta aprensión. Más que nada porque es sobradamente conocida la distinción (y la magia) de los grower y los shower, y ya sabemos que lo que muestra la pantalla no es una réplica exacta de cómo lucirá el asunto cuando reciba la orden de ponerse a trabajar. Recuerden el ejemplo de Tom Hardy en Bronson y el de él mismo en otras circunstancias más hidráulicas.

Lo que va a ser más difícil rememorar son escenas en las que el cuerpo masculino se muestre (íntegramente o no) como una consecuencia de coherencia narrativa o para el disfrute erótico del respetable. En general, cuando los hombres se desnudan es por razones artísticas, no salaces, dentro de un marco de camaradería entre hombres (300) o de humor (American Pie o Resacón en las Vegas). Las excepciones de directoras que dispensan igual trato a ambos desnudos (como Jane Campion o Pascale Ferran) son eso, excepciones; y la mirada masculina prevalece. Lo mismo que el cine comercial lejos de las fronteras estadounidenses, que históricamente no ha tenido los mismos reparos en diseminar trancas aquí y allá sin que nadie se arranque las córneas por ello. Que al celuloide hollywoodiense el pene le da bastante alergia no es ningún secreto, pero el tabú comienza a resquebrajarse, dejando entrever un manojito de esperanza con o sin rasurado.


Televisión: reducto fálico para la esperanza

Si hay motivos para albergar la ilusión de que el full frontal masculino deje de ser cosa de europeos, cine queer o cintas experimentales, están en la pequeña pantalla, regida por sus propias normas. En su versión de pago, claro está. Aproximadamente desde que HBO abrió la veda hace casi una década con la imprescindible serie Oz, los penes han ido emergiendo tímidamente del calzoncillo hasta conquistar posiciones, si bien no en los primeros planos, si en lógicas panorámicas generales en las que si dos hombres se miden el lomo en unas duchas públicas no usan una mano para cubrirse la entrepierna. Y aunque la cadena lleve la delantera en lo que a desestigmatizar el falo se refiere, la balanza está aún desequilibrada, como le recordó una campaña de College Humor hace unos años en la que un grupo de mujeres se arrogó la portavocía de un sentir mayoritario: «Es hora de igualar el marcador. No decimos “no más tetas”, tan solo creemos que deberíais mostrar pollas», demandaban, después de recordar —y celebrar— la pléyade de mujeres desnudas de producciones como Deadwood, Boardwalk Empire o Juego de Tronos. En esencia, no hacían más que subrayar la ridícula incongruencia de la cadena, que rubricó una serie sobre un semental con atributos de empotrador (Superdotado) al que nunca, jamás, se le adivinó ni siquiera un pedacito del tegumento escrotal en más de treinta episodios. «¿Quizá os preocupa que una polla erecta sea demasiado explícita?», inquirían. «¿Habéis visto la Boda Roja? ¿Mostráis a una mujer embarazada que es apuñalada justo en el vientre y no enseñáis una inocente polla dura?».



El problema de Juego de Tronos con las pollas es lacerante. Incluso el espectador casual habrá detectado esos bruscos escorzos de cámara cuando la entrepierna de un actor iba a entrar en juego, protegiendo la inocente sensibilidad del público que puede encarar las decapitaciones, las vísceras y desmembraciones pero probablemente acabará respirando en una bolsa de papel si una polla emerge con pujanza y lastima su atildada delicadeza. De hecho, los escasos frontales masculinos que contiene la serie —célebre por sus ninfas desnudas y con el fantasma del sexposition siempre rondando— se producen desprovistos de lujuria, encajándolos directamente en el ridículo o en la tortura más sórdida. Y las muestran flácidas. Como la prótesis que le colocaron al muy entrañable Hodor, la polla decapitada de Theon Greyjoy o el comerciante que es torturado tras traicionar a Daenerys Targaryen. Pero liberar a Willy para el disfrute no, qué ocurrencia. Cambia el plano y enfócale el pubis a esa.

Decíamos que progresivamente se va invirtiendo la tendencia, y es cierto. Los estudiosos del asunto sitúan 2015 como una buena cosecha de nabos: en The Leftovers, Flesh and Bone, Outlander, Sense8, Shameless, Togetherness, The Affair, Black Sails y Penny Dreadful ha habido hombres exhibiendo el soldadito ante la cámara, y eso es algo que festejar.

Pero tanto o más llamativa que los falos resulta la reacción suscitada por la exposición genital. Después de cada episodio, invariablemente se suceden siempre una cascada de artículos, tuits y titulares pretendidamente picarones pero vergonzosamente pacatos: «¡Hay un señor en una serie al que se le ve el pene, paren las rotativas!», arreciaban las risitas hasta convertirse en un grito. La prensa llegó a catalogar una escena de la serie The Affair, en la que los actores Maura Tierney y Josh Stamberg compartían confidencias postfrungimiento, como «el desnudo que conmocionó a América». Y por muy desgraciados que ustedes sean, han visto penes mejores que ese, se lo garantizo.

Al contrario que las gónadas femeninas, el pene al aire sigue cumpliendo los parámetros de lo noticiable: es raro, infrecuente y crea expectación. ¿Qué fue lo más comentado de una película de un director oscarizado, basada en un best seller laureado por crítica y público? Exacto: el pene de Ben Affleck. Al actor se le escapó —bueno, más o menos— antes del estreno que en Perdida tuvo que mostrarse como dios le trajo al mundo y pasó eso que el cliché resume en que «internet ardió». Más de seis millones de entradas en Google, guías prácticas de cómo encontrarlo y posteriores GIF y hasta tertulias imaginarias con penes amigos. Affleck hizo de su órgano sexual el mejor reclamo de marketing de la historia. ¿Funcionaría con Eva Green, por ejemplo? No, y tampoco con Ewan McGregor, a quien le tenemos el bajo vientre más que escrutado.

Ya lo saben, ejecutivos, creativos, showrunners y demás profesionales del asunto. La lectura es bastante sencilla: queremos ver penes, no importa cuán inanes o majestuosos sean. No nos asustan, para elegir ya tenemos conexión a internet. Solo queremos que la credulidad no quede suspendida en el ridículo, y, si ellas se desnudan, ellos correspondan. Pero incluso más allá de eso, querríamos que las pollas dejaran de ser noticia, y si nadie en sus cabales destacaría en un titular que en su última película Paz Vega enseña hasta las corvas, quizá no estemos pasándonos de exigentes demandando que, a fuerza de exponer, todo esto se naturalice y no se nos escape una risita colegial después de cada polla que nos muestren.

Aunque no va a bastar con una buena ración. Habrá que desplazar esa línea que divide el arte y la pornografía, que ahora está demarcada por la exposición de un pene. Es una frontera cultural, pero podremos rebasarla —ya lo hicimos con las pelambreras, ¿no?—. Desoigan a los gazmoños e ignoren a quienes apuntan que la exhibición y celebración del órgano sexual masculino es una metáfora de la rendición de América.

No se rinde, se empina hacia la gloria. Y allí no hay alergias que valgan.

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BDSM in the 1920s

Mensajepor Invitado » Vie 08 Ene, 2016 12:54 am





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