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Mensajepor Invitado » Mar 21 Mar, 2017 5:23 pm


Marihuana na horta. Teño unha horta en San Sadurniño
En el municipio coruñés de San Sadurniño, tres mujeres comparten su experiencia en el campo a través de vídeos y fotografías, dentro del proyecto "Tengo un huerto en San Sadurniño". La evolución del jardín transcurría con normalidad hasta que un día Maruxa y Carmen se toparon con una planta inesperada: marihuana. Las dos amigas se tomaron el hallazgo con humor y bromean en este vídeo alrededor de ella: "Esto se fuma o se esnifa. ¡A ver si nos van a llevar presas con la Pantoja!". Un hilarante episodio que ya las ha hecho famosas en las redes sociales.

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Mensajepor Invitado » Mié 22 Mar, 2017 12:03 pm

-¿Financió a partidos políticos?

-Sí, a AP.

-¿En qué época?

-El señor Fraga estaba al frente. Hablamos del año 1977 a 1979.

-¿Dio mucho dinero?

-Bastante. Y como yo, muchos.

-En su caso, ¿era dinero del tabaco o del hachís?

-Del tabaco. También financié a otro partido, pero ese me devolvió hasta la última peseta.

-¿Cuál?

-UCD.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/ga ... P10991.htm

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Mensajepor Invitado » Jue 29 Jun, 2017 10:41 am

Catalunya regula el consumo, suministro y cultivo de marihuana con una ley pionera en Europa

El Parlament aprueba una Iniciativa Legislativa Popular que permitirá a los consumidores adquirir cannabis en asociaciones sin ánimo de lucro
La ley amparará a los más de 400 clubes que existen actualmente, que podrán cultivar la planta y distribuirla aunque solo unas determinadas cantidades y entre sus asociados
El PP, único grupo que se ha opuesto a la norma, ya ha advertido que intentará pararla en el Tribunal Constitucional
Adquirir marihuana para consumo lúdico o terapéutico de forma totalmente legal y segura será una realidad en Catalunya. El Parlament ha aprobado este miércoles una iniciativa legislativa popular (ILP) pionera en Europa que regula el consumo, suministro y cultivo de cannabis a través de las populares asociaciones, que hasta ahora se encontraban en la alegalidad.

A partir de la entrada en vigor de la norma, los clubes cannábicos estarán facultados para cultivar marihuana, con el límite de 150 kilogramos al año y siempre que dispongan de un informe pericial que asegure la calidad sanitaria e higiénica de la sustancia. Serán además las mismas asociaciones las encargadas de transportarla hasta los puntos de distribución, acreditando una serie de condiciones de seguridad, y suministrarla entre sus asociados.


La ley establece, para el consumo recreativo, el límite de 60 gramos al mes por cada consumidor, 20 si se tienen entre 18 y 20 años. Además, se exige que antes de la primera compra el asociado lleve inscrito en la asociación al menos 15 días, para evitar el turismo cannábico. También establece unos requisitos para hacerse socio, entre ellos el aval de un miembro antiguo. Estas limitaciones se eliminan en el caso del consumo terapéutico de la droga, para la que solo se necesitará acreditar la recomendación médica.

Otro de los puntos importantes de la ley es que fija por primera vez las características que deben tener este tipo de asociaciones. Según el texto aprobado, estas serán siempre sin ánimo de lucro, debiendo revertir los beneficios en su propia base social, y constituidas por no más de un millar de personas, ya consumidoras y mayores de edad. Además los clubes deberán autoabastecerse de marihuana por la vía del autoconsumo, evitando en todo caso la venta externa o al por mayor.

La ILP, que llegó a la Cámara catalana avalada por 56.000 firmas, ha sido promovida por el colectivo La Rosa Verda y se ha convertido en ley gracias a los votos favorables de JxSí, Ciudadanos, PSC, Catalunya Sí que es Pot y la CUP. El portavoz del grupo impulsor, Oriol Casals, ha tomado la palabra en el debate parlamentario para describir la norma como un "reconocimiento de derechos" que da "seguridad al consumidor". Para Casals, la ley aprobada dará cobertura legal al conjunto de municipios que ya venían dando licencias administrativas a este tipo de asociaciones, lo que representa una legalización de facto del cannabis.

El PP ha sido el único grupo que ha votado en contra, cargando contra la norma por considerar que fomenta el consumo de la droga y es contraria al código penal. Pese a su minoría parlamentaria, el grupo ya advertido que intentará parar la norma en el Tribunal Constitucional.

Hasta ahora cerca de medio millar de clubes venían operando en Catalunya de forma alegal y a merced de las regulaciones municipales y la discrecionalidad administrativa. Las asociaciones de consumidores tienen en Barcelona una arraigada tradición, algunas con más de dos décadas de trayectoria, pero en los últimos años el sector se ha disparado. Los mossos han realizado diversas operaciones contra estos establecimientos, la última en febrero de este año, que se saldó con una docena de detenidos por cultivar y distribuir marihuana en una de las asociaciones decanas de Barcelona. También el Supremo ha dictado sentencias sobre estas prácticas.

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Mensajepor Invitado » Sab 01 Jul, 2017 10:57 pm

Uruguay revoluciona la política de drogas mundial con la venta de marihuana en farmacias

El país con mayor tradición liberal de América arranca un proyecto vanguardista controlado por el Estado desde el cultivo hasta la distribución

Tenía que ser Uruguay. No es casualidad que el primer país del mundo en el que el Estado se encarga de controlar el cultivo, empaquetado y venta legal en las farmacias la marihuana —un proceso que arrancará en la primera quincena de julio— que todos los demás de su alrededor prohíben y combaten sea esta pequeña nación de tres millones de habitantes, gobernada desde 2005 por una izquierda tranquila que ha logrado un récord histórico de crecimiento ininterrumpido de la economía. Uruguay ya fue pionero en América Latina en abolir la esclavitud, aprobar la enseñanza laica, el divorcio, legalizar la prostitución. La separación de la Iglesia y el Estado tiene más de 100 años. Todo llega antes aquí. Y casi siempre marca el camino a los demás.

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Tienda de venta de productos relacionados con el consumo de marihuana en Montevideo, Uruguay. AFP

“Yo consumo desde los 15 años y jamás había tenido marihuana de tanta calidad, tan barata y tan fácil. Ya nadie tiene que ir a la villa a conseguirla. A los traficantes ya no les interesa la marihuana, no les deja dinero. Van a otras drogas. Cuando veo los problemas que hay en otros países para fumar me considero afortunado”, sentencia Lucas López, un consumidor que ha decidido convertir su afición en profesión: ha puesto una tienda de objetos de todo tipo para fumar marihuana en la avenida 18 de julio, en pleno centro de Montevideo. Tiene carteles enormes en varios idiomas que dicen “aquí no vendemos marihuana”, pero es igual: entran a cada rato turistas que quieren comprar.

La legislación es muy clara: solo los uruguayos pueden cultivar en sus casas y podrán adquirir la oficial en las 30 farmacias que ya están listas para vender, a 1,30 dólares (1,13 euros) el gramo, mucho más barata y mejor que en el mercado negro. Los que se registren solo deberán poner su dedo en un dispositivo en la farmacia. La máquina les reconocerá como usuarios y comprobará que no han comprado ya el límite legal -10 gramos por semana-. Es la fórmula para controlarlo garantizando su anonimato —el farmacéutico no conoce el nombre— y también para dejar fuera a los extranjeros.

El país, que ya es una potencia turística, quiere que vengan por las playas, no por la droga. Esta experiencia piloto, única en el mundo –hay otros países donde se vende legalmente, pero en ninguno es el Estado el que controla todo el proceso, incluido el diseño genético de las plantas, que compró a una empresa española- está pensada para sacar del mercado ilegal a los 160.000 uruguayos que en algún momento del año fuman marihuana, y para quitarles a los narcos un negocio de 30 millones de dólares que provoca violencia e incluso muerte en un país poco acostumbrado a la inseguridad que asola toda Latinoamérica.

Autocultivo de marihuana en Montevideo.
Todo empezó en 2012, recuerda Julio Calzada, entonces responsable de la política de drogas y máximo inspirador de la ley que regula todo este inédito proceso. Gobernaba José Mujica, el exguerrillero que se convirtió en un fenómeno mundial, más seguido fuera incluso que dentro de su país, donde sigue siendo senador a sus 82 años. La tranquila Montevideo, una ciudad de poetas y cafés, se despertó conmocionada con un vídeo en el que se veía cómo un menor asesinaba a sangre fría de un tiro a un trabajador de La Pasiva, una conocida pizzería, durante un robo. El hombre tenía cinco hijos. Otras dos muertes violentas en ajustes de cuentas entre narcotraficantes en la misma semana causaron tal escándalo que Mujica dio paso a un proceso que culmina ahora para cambiar por completo la política de drogas y legalizar la marihuana.

Cinco años después, la cosecha, que ha crecido en unos invernaderos protegidos por el Ejército para evitar robos, está lista y empaquetada, y las farmacias preparadas para venderla en un máximo de dos semanas. Algunos tienen miedo a lo que pueda pasar. Las farmacias han instalado un “botón del pánico” para llamar a la policía. Pero los expertos coinciden: todo será tranquilo, a la uruguaya. Tampoco pasó nada cuando se autorizó el autocultivo. Más de 6.000 personas están registradas y han llenado los balcones y los jardines de Montevideo con las inconfudibles plantas, tan visibles que ahora el problema son los robos en época de cosecha. “Antes nos escondíamos de la policía y ahora de los ladrones”, bromea Laura Blanco, directora del centro de cannabicultores Gaia. Tampoco generaron problemas los clubes cannábicos, que son grupos de consumidores que se organizan para pagar a jardineros que cultivan para todos. Cuestan más de 100 dólares mensuales de cuota a cambio de los 40 gramos permitidos, 480 anuales. “De momento hemos sacado al menos a 12.000 personas del mercado ilegal. Eso ya es un éxito. Y seguirá creciendo”, presume Calzada, el ideólogo de la ley.

“Nos costó organizarnos para una cosecha constante pero ahora funciona perfecto, hemos conseguido que ninguno de nuestros socios dependa del mercado negro, es un cambio histórico en Uruguay y en el mundo”, cuenta Martín Gaibisso, fundador de uno de los primeros clubes. En Uruguay empieza a haber marihuana de alta calidad por todas partes. Se fuma en los parques sobre el Río de la Plata, en las terrazas de los restaurantes, se ha normalizado por completo. Despacio, sin prisa, al estilo uruguayo, el país está mostrando al mundo las consecuencias de aplicar otra política frente a las drogas, al menos las blandas.

El siguiente paso, con el que ya sueñan muchos, es convertirse en una potencia de cultivo de marihuana pero no recreativa, sino medicinal, el gran negocio mundial ahora que varios países, también en Latinoamérica, están aprobando su uso. El Gobierno de Tabaré Vázquez, mucho más moderado que Mujica, aunque del mismo partido, se resiste a ir más lejos, y eso que es médico. Pero hay tanto consenso que no se animó a parar la ley. Solo retrasó la venta en farmacias, que ahora ha aceptado. Se distribuirá una marihuana más suave que la que se cultiva en casa, para evitar sustos a consumidores ocasionales, pero más fuerte y mucho mejor que el “prensado paraguayo” que se consigue en las calles.

Cultivador de a Red de Usuarios de Drogas y Cultivadores de Cannabis del Uruguay.
“Nuestra marihuana tendrá un THC del 7%. Se podría llegar al 20%, pero está bien así, la droga en farmacias va a ser para consumidores poco frecuentes, gente joven o incluso gente mayor que la quiere usar contra el dolor. Esto es un logro enorme para para mi generación, que creció en dictadura, cuando te detenían por fumar un porro. Pero la clave ahora es desarrollar la medicinal, Uruguay puede ser líder mundial”, cuenta Gastón Rodríguez, accionista de Symbiosis, una de las dos empresas uruguayas a las que el Gobierno encargó la cosecha de dos toneladas anuales. Además representa en la región a Medropharm, una empresa suiza que busca introducir el cannabis medicinal en toda la zona.

Rodríguez y su equipo tienen almacenada y empaquetada muchísima marihuana, en cajas de 5 y 10 gramos, a la espera de la orden para llevarla a las farmacias. 4.000 personas se han registrado pero se esperan muchas más cuando arranque el proceso.

“Empezaremos en la primera quincena de julio”, confirma Diego Olivera, secretario general de la Junta Nacional de Drogas, del Gobierno. “La droga tiene una desarrollo genético exclusivo para tranquilizar a nuestros vecinos. Si se encontrara droga de Uruguay en cualquier otro país se sabría enseguida, es inconfundible. Pero creemos que no va a pasar, está muy controlada la cantidad que se puede comprar. Hemos establecido estándares de seguridad similares a los del sistema financiero. Nos están consultando de muchos países, por ejemplo Canadá. El prohibicionismo no logró sus objetivos, muchos gobernantes están buscando alternativas”, explica.

La ley apenas tiene críticas. La principal resistencia ha venido precisamente del presidente Vázquez, que al final se ha rendido a la evidencia de que no podía retrasarla más. Y todo se está haciendo sin estridencias, al estilo local. “Hemos demostrado que somos un país serio, que logra controlar esto desde el Estado. Mujica pasará a la historia por esto. Dentro de 30 años se verá como normal en muchos países. Uruguay recupera así su tradición de vanguardia liberal”, sentencia Eduardo Blasina, que ha montado un interesante museo del cannabis en Montevideo que tiene en el jardín, además de enormes plantas de marihuana, incluso algunas de peyote. Todo con normalidad, como solo los uruguayos saben tomarse las cosas. Por eso una revolución silenciosa como esta solo podía empezar aquí.

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Mensajepor Invitado » Sab 01 Jul, 2017 11:03 pm

Cuando los argentinos se lleven sus ahorros del paisito van a cultivar pero patatas.

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Mensajepor Invitado » Lun 03 Jul, 2017 10:06 pm

ya ..... pero antes nos comemos las vacas.
PD: y no plantaremos papas, sino boniatos. (son como las patatas ..... pero dulce y a las brasas están de rechupete)


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Mensajepor Invitado » Jue 07 Dic, 2017 3:06 am


El muro de la cárcel de Ponta Delgada que saltó Quinzi, el único detenido por los hechos, antes de huir en moto. Después de la hazaña se reforzaron las paredes con alambre de espino, tal y como se aprecia en la imagen. Pincha en la imagen para ver el tráiler del documental.


Así destrozó a un pueblo de 7.000 habitantes media tonelada de cocaína extraviada

El naufragio de un barco que transportaba droga dejó accidentalmente el alijo en una población portuguesa. Tiempo después, los efectos son devastadores

Macarena Lozano y Rebeca Queimaliños


Rabo de Peixe es un lugar donde para sobrevivir hay que tener un poco de ambición y una tonelada de suerte. La vida en esta freguesia (término en portugués que es el equivalente en España a pedanía) portuguesa, situada en la costa norte de la isla de São Miguel, perteneciente al archipiélago de las Azores y con solo 7.500 habitantes, es un metáfora de su geografía: salvaje, olvidada, cruel e indómita. No hay recursos, pero, bueno, hay wifi. Cuando la pesca de bajura da un respiro, el tiempo se divide entre caladas de hachís y horas muertas al borde de una escollera de hormigón. Allí se va a pensar en cómo abandonar ese trozo de tierra inerte. Pero es una vía muerta. Nunca pasa nada. Por eso, el día en que ocurrió todo se destrozó la isla. En este caso, todo es un velero modelo Sun Kiss 47 de 14 metros de eslora que naufragó en la costa azoreña en junio de 2001 transportando 505,840 kilogramos de cocaína con una pureza superior al 80 %. En euros, unos 40 millones.

Se vivieron momentos tan peligrosos como esperpénticos: mujeres empanando chicharros con cocaína en vez de harina o señores de mediana edad vertiendo cucharadas de farlopa en el café con leche


Era un día de océano violento. El viento dio un zarpazo y el mástil no pudo resistir el impacto. Imposible continuar la travesía e inviable acceder al puerto con un barco forrado de droga hasta la orza. En un gabinete de crisis sin tiempo y con triple ración de susto, la tripulación decidió hundir los fardos en el fondo del océano e introducir parte del cargamento en una gruta al norte de la isla, a escasos kilómetros de Rabo de Peixe.

Una estrategia sin fisuras, si no fuese porque la naturaleza es un espíritu libre. Y a partir de ahí todo lo que sucedió se parece mucho al episodio de aquel buque averiado en el Pacífico en 1992 que vertió 28.000 patitos de goma que, años más tarde, desembarcaron en playas de Alaska y Canadá, pero narrado por Irvine Welsh en la barra de un pub jurando que no se ha inventado nada. Sustituyamos juguetes por fardos de cocaína.

El problema es que los paquetes, como el mástil, no resistieron la furia del viento y el malecón se convirtió en un cementerio de fardos de farlopa. Empezó el desembarco, se corrió la voz y comenzó la caza del tesoro. Encajar las piezas de esa noche negrísima es un misterio, pero los testigos repiten la misma secuencia: decenas de personas –desde adolescentes a señoras de rulos y ganchillo–, abalanzadas sobre el hormigón al acecho de material.

La policía consiguió requisar 400 kilos de cocaína en un operativo sin precedentes en el archipiélago. Pero el resto quedó en manos de una población civil castigada por la escasez y la ignorancia y deformó la isla de forma irreversible. “La policía sostuvo que el yate transportaba solo 500 kilos, pero es absurdo. El barco podía albergar hasta 3.000 kilos de cocaína y nadie cruza el Atlántico cubriendo un porcentaje tan bajo del espacio disponible. 100 kilos de cocaína, aunque de pureza exquisita, no destrozan a una generación”. El que habla es Nuno Mendes, periodista que fue enviado especial desde Lisboa por el diario Publico para cubrir el incidente. “El consumo de coca hasta entonces era residual y solo al alcance de jóvenes de clase media-alta. Un producto de lujo accidental. El problema surgió cuando se democratizó su uso y una población muy empobrecida empezó a consumir a discreción y a traficar con ese material de forma esperpéntica”.

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Imágenes de Antoni Quinzi facilitadas por la policía. La imagen inferior derecha corresponde a su entrada en prisión.

Ese esperpento se resume en una imagen muy recurrente: el típico vaso de cristal de caña con cocaína hasta los topes se vendía en las calles por 20.000 escudos, algo más de 20 euros. Nadie conocía el precio en el mercado, ni la peligrosidad de una sustancia de esta pureza, pero, sobre todo, urgía dinero rápido. Los ingresos por sobredosis colapsaron los hospitales de la isla y el caos fue tal que las autoridades sanitarias decidieron intervenir los medios de comunicación para advertir sobre los efectos del consumo de esa sustancia. “Durante días dedicamos a esto mucho espacio en los informativos. Médicos en primer plano con la cara desencajada suplicando que se pusiese fin a esa locura. Fueron semanas de pánico, terror y descontrol absoluto”, recuerda la periodista Teresa Nobrega, entonces coordinadora de informativos de la pública RTP Azores. “Nadie estaba preparado para algo así. La prueba es que sigue siendo un episodio no superado casi 20 años después”, añade.

Siempre existen puntos ciegos entre realidad y ficción, pero la memoria colectiva de Rabo de Peixe apela a historias tan disparatadas como mujeres empanando chicharros con cocaína en vez de harina o señores de mediana edad vertiendo cucharadas de farlopa en el café con leche. Decía Mark Twain que el humor es igual a la suma de tragedia y tiempo. Aunque tal vez no haya pasado aún el tiempo prudencial, es casi imposible no sonreír, aunque sea desde la tristeza.

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Estampa juvenil y cotidiana en Rabo de Peixe. Estos chavales vivieron para contarla.

“Nunca tuvimos acceso a estadísticas reales. Al principio la prioridad era frenar la locura, después no hubo medios suficientes. Siempre faltó interés. Contabilizamos 20 muertes y decenas de ingresos por intoxicación en las tres semanas siguientes al desembarco. Pero fueron datos no oficiales que reunimos con la ayuda de médicos y personal sanitario”, recuerda Nuno Mendes, quien cree que hubo un cierto halo de secretismo para evitar que el episodio se convirtiera en una cuestión de estado y, sobre todo, trascendiera internacionalmente.

La policía libraba dos batallas simultáneas: requisar cada gramo de cocaína repartido por la isla que todavía no hubiese sido consumido y localizar el yate averiado que transportaba la droga hacia Europa. Después de dos semanas de registros exhaustivos en el puerto de Ponta Delgada, capital de la isla, se produjo el milagro: la policía encontró un paquete diminuto en el interior del falso tabique de un yate atracado en Ponta Delgada, envuelto en un papel de periódico: el nombre del diario y la fecha coincidían con el empaquetado de otros fardos requisados días antes en la playa. Los agentes detuvieron al único hombre que se encontraba en el interior del barco. Era Antoni Quinzi, un imponente siciliano de Trapani que fue detenido sin oponer resistencia.

Su intercesión fue clave para el futuro de la investigación y la aprehensión de la cocaína que todavía permanecía oculta. “Cuando le contamos la ratonera en la que se había convertido la isla colaboró aportando información clave sobre la mercancía que permanecía oculta en la cara norte”, apunta João Soares, entonces inspector jefe de la Policía Judiciaria. Fue el hombre que detuvo al italiano en el yate y el tipo que coordinaría dos semanas después la persecución tras una de las fugas más surrealistas –y ligeramente ridículas– de la historia policial de Portugal.

Hubo secretismo para que no trascendiera internacionalmente. "Contabilizamos 20 muertes y decenas de ingresos por intoxicación en las tres semanas siguientes al desembarco. Pero fueron datos no oficiales que reunimos con la ayuda de médicos y personal sanitario”, señala el periodista portugués Nuno Mendes


Diez días después de su detención, Quinzi saltó el muro de la cárcel desde el patio, se despidió de la policía con la mano y huyó en una Vespa que le esperaba en la carretera. Soares justifica el error: “Una isla ya es una cárcel. Nadie escapa de una cárcel en una isla”. Quinzi sí. Pero fue detenido dos semanas después en un cobertizo en el nordeste de Sao Miguel con 30 gramos de cocaína y un . . . . . . . . . . . ., trasladado a la prisión de Coimbra, ya en la Portugal continental, y condenado a nueve años y 10 meses de prisión. Fue el único detenido en la operación. Quedó probado que su principal misión era dirigir el barco desde Venezuela hasta las Islas Baleares.

“Era puro magnetismo. Muy alto, manos imponentes y mirada triste. Suena a síndrome de Estocolmo, pero me provocaba lástima. Daba la sensación de que se sentía extremadamente culpable y no sabía cómo ayudar”. Catia Benedetti es profesora de italiano en la Universidad de las Azores y fue intérprete de Quinzi durante los interrogatorios y el juicio que se celebró en Ponta Delgada. El tipo es aún una especie de leyenda en la isla. Todos le conocen, nadie le ha visto. Hoy en día, la pureza de la droga todavía se mide según los parámetros de "el italiano". Ese es la unidad métrica que se utiliza para determinar la calidad de la cocaína en Azores y la prueba empírica de que la herida no está curada 17 años después.

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Paisaje característico de la zona norte de la Isla de Sao Miguel, en la que se escondió el barco.

Un servicio móvil de atención a politoxicómanos recorre Sao Miguel cada semana para repartir metadona entre heroinómanos. Y pese a que estos parecen otro problema al hasta ahora narrado, son una consecuencia de ello. “La pureza de la cocaína produjo un efecto catastrófico. El subidón de la droga era tan bestia que la gente empezó a consumir heroína para poder dormir”. Así resume el drama social Suzete Frías, entonces directora de la Casa de Saúde (sanatorio) de Sao Miguel, Ponta Delgada. Surgió entonces un problema nuevo en la isla: la drogodependencia. “Los hijos de clase media-alta ingresaron en clínicas de desintoxicación en el continente; la clase obrera buscó heroína”. Pese a todo, el ruido nunca fue excesivo. La tragedia fue como un aparatoso pero discreto elefante en la habitación.

Las Azores están situadas en medio del océano Atlántico, a unos 1.400 kilómetros al oeste de Lisboa, y desde tierra firme es muy difícil escuchar los barritos de ese elefante resacoso que lleva embistiendo todo lo que se le pone por delante desde hace más de 15 años. ¿Cree que si hubiese ocurrido en Europa todo hubiese sido diferente, Suzete? “Nada de esto hubiese ocurrido”.

Las autoras de este reportaje, Rebeca Queimaliños (Pontevedra, 1982) y Macarena Lozano (Granada, 1982), están en pleno proceso de realización de un documental sobre el tema. Han efectuado varios viajes a la zona y ya han rodado buena parte (ver tráiler arriba).




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