LA MARCA ESPAÑA

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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Mensajepor Invitado » Sab 29 Ago, 2015 6:57 pm

los de Podemos sois accionistas de Sacyr? :juas:

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Mensajepor Invitado » Sab 29 Ago, 2015 8:09 pm

Hacerse un Leire Pajín


JAVIER CID
Actualizado:14/08/2015 03:20 horas

Que dice don Íñigo Méndez de Vigo y Montojo, barón de tal y qué sé yo y ministro de Educación, Cultura y otras vainas, que los sábados cultiva la cognitio, o sea, la cosa del cerebelo, con la sesión golfa de Cine de Barrio (fin de la cita). Pues no hay mayor escuela que Parada y su pianista para saborear la España vérité de Esteso en calzones, c'est magnifique, y aquella arqueología ye-ye de chachas y señoritos; y si a mi señora abuela, que llegó tarde a Salinger, las galanterías de Vicente Parra le aliviaron el luto castellano, que es el más riguroso de los lutos, no veo qué mal habrían de hacerle al señor ministro los pucheros de Florinda Chico. (Yo en cambio me di a Nabokov, en mala hora, y a cuenta de Lolita y sus pezones de nínfula, nacarados como botones de novicia, tengo la libido descuajeringada).


"Con sus cinefilias, Méndez de Vigo reeditaba así un clásico de la 'realpolitik' española: la verobisdad intempestiva de nuestros 'lidereses'"

Las cinefilias de Méndez de Vigo fueron la zambomba de Twitter, que es la curia.com del nuevo siglo. Aún con Wert en su exilio parisino, su sucesor reeditaba así un clásico de la realpolitik española: los lapsus línguae de nuestros lidereses, también llamados verbosidad intempestiva. Que me vienen, así a la buena de Dios, los huesos de cerdo de Celia Candy Crush Villalobos, pues no iba a averiarle el caldo un conciliábulo de vacas locas, el "no llego a fin de mes" de Esperanza Aguirre, el café a 80 céntimos en la España torrefacta de ZP o el "hablo catalán en la intimidad" de don José María. Fabuloso collage de chanzas y ladridos.

En la historia azarosa del parlamentarismo cheli, fueron muchos los desaciertos de esa jet que no es Gunilla en lentejuela, sino la otra, la de Leire Pajín o Arias Cañete. "El regadío hay que utilizarlo como a las mujeres, con mucho cuidado, que le pueden perder a uno", bufó el ministro de la cosa agropecuaria, todo tórax, en un brunch a pie de barbecho. Y no recuerdo al milímetro en qué ágapes andaba Don Cañete, si a las peras de Jumilla o a los nísperos de Callosa de Ensarriá, cuando la laudatio aquella a los yogures: "Veo uno caducado y ya puede poner la fecha que quiera, que me lo como".

A lo cual que Rajoy también tiene sus manierismos: los "hilillos de plastilina" del Prestige o el cambio climático a ojímetros de su primo el negacionista. Y es que "todo es mentira salvo alguna cosa", como los "miembros y miembras" de Bibiana Aído, la conjunción cósmico-planetaria de Pajín La Estratosférica, "al alba y con tiempo duro de levante" en los riscos de Perejil... Y valga como broche el adagio proverbial, siempre a la galega, de Manuel Fraga: "Pienso morir sin ponerme un condón".



¡Viva Honduras! Glups...

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Mensajepor Invitado » Jue 10 Sep, 2015 2:36 am

LA REPRESIÓN

DAVID GISTAU



LA MALDAD congénita del Estado español, lo mismo en la dictadura que en la democracia, se constata al reparar en ciertas técnicas de represión astutas y sofisticadas, casi diabólicas, que un régimen heredó del otro. Tomemos como ejemplo a esos actores veteranos, de la época del Café Gijón, que blasonan de antifranquismo, no ya en cualquier acto de militancia o entrevista que se les haga, sino con los vecinos en el ascensor, cuando lo habitual, si el silencio se hace embarazoso, es decir parece que va a llover: «Yo siempre me he caracterizado por mi lucha antifranquista, ¿sabe usted?».

A muchos de esos actores, que no nacieron tarde para luchar contra Franco como otros que lo hacen ahora con gran empeño retrospectivo, no los recuerda uno durante el franquismo perdidos en el exilio o encarcelados, sino trabajando sin parar. Ya fuera en comedias del desarrollismo, en adaptaciones teatrales o en dramas románticos de modistilla y guardia urbano, enlazaron un estreno con otro hasta alcanzar el brillo de estrella famosa que ya nunca remitiría. Ahí es donde surge la sutil perfidia del Estado. En lugar de neutralizar por las bravas a estos heroicos individuos, los sometió a un proceso de tentaciones fáusticas para corromperles el alma haciéndolos triunfar y vivir holgadamente. No debe de ser fácil envejecer con eso en la conciencia. Con razón exageran luego el relato personal del compromiso. Dicho sea de paso, estas debilidades de la condición humana no son particulares del Café Gijón: en Francia, el mito de la indoblegable resistencia cultural al nazismo tuvo que fabricarlo De Gaulle al mismo tiempo que su república. Como en Argentina hubo que inventárselo a no-exiliados como Sábato.

La democracia española operó con sus antagonistas con la misma inquietante sofisticación. Tomemos ahora un ejemplo más actual, el de Guardiola. Él fue siempre un militante independentista, sin otro compromiso moral ni otra camiseta que la estelada, al que España ni siquiera concedió el prestigio de la persecución. Al revés. Agarró a Guardiola y lo llevó a lucirse en mundiales y eurocopas, le permitió acceder a los campeonatos de trascendencia universal, y todo ello sin cometer siquiera el error de pedirle que dejara de mascar chicle durante el himno. Para Guardiola, tuvo que ser traumático. El valiente almogávar leído, límpido él de principios y nociones del deber patriótico, incapaz de decir no a España aun sabiendo que, como los aqueos, a España hay que temerla más cuando trae regalos. Hubo quien le dijo no a Hitler, hay un hermoso libro de Joachim Fest basado en esto, pero Guardiola no le dijo no a Ángel María Villar y Manolo el del Bombo.

Tampoco en este caso ha de extrañarnos la exageración del compromiso, proporcional a cuanto no se hizo cuando hubo oportunidad pero acarreaba un coste. Malvada esta España que desde hace décadas comparte con Cataluña libertad, prosperidad, europeísmo y mundiales de fútbol, y que sólo lo hace por reprimir subrepticiamente.

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Mensajepor Invitado » Dom 13 Sep, 2015 11:34 pm

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«Yo más que envidia he visto imbecilidad. Y la sigo viendo»

Si algo no tiene el filósofo Gustavo Bueno son pelos en la lengua. Y lucidez es lo que le sobra. A sus 91 años, el autor de «Telebasura y democracia» y «Zapatero y el pensamiento Alicia» demuestra en esta entrevista por qué le acompaña siempre la polémica

HUGHES


La España de hoy «Ahora todo el mundo parte de cero, constantemente estamos descubriendo el Mediterráneo con conceptos equívocos, ambiguos. Tenemos el cerebro destrozado. Cada uno dice lo que le da la gana y no sabe lo que dice»

El filósofo Gustavo Bueno nos recibe en su casa de Asturias. A los 91 años, su lucidez corre a la velocidad del rayo Gustavo Bueno recibió a ABC Cultural en su residencia de Niembro (Asturias). Acaba de cumplir 91 años y en septiembre se estrena un documental sobre su vida y obra.

Cuando habla, el filósofo suelta las dos manos, vueltas hacia sí, y las deja moverse, apremiantes, al mismo ritmo de su pensamiento. Es un gesto antiguo que no es el del orante ni el del orador y que imitan sus discípulos.

Sin afectación, contra el confusionismo general, Bueno y su materialismo constituyen la actualidad del realismo español. ¿A qué le da vueltas ahora? Un tema suscitado por un programa que vi en la televisión sobre la cultura. Es una cosa impresionante. Lo que entienden por cultura es sobre todo danza. Llaman a individuos que llevan una guitarra y solo saben rasguear, y danzan y el público también se mueve. La cultura es una de las columnas vertebrales de España hoy en día y cada día tiene más importancia. En El mito de la cultura contaba la anécdota de un alcalde que invitó a una gran orquesta sinfónica, se gastó varios millones y acosado por los periodistas respondió: «¡Pero es que es cultura!» Porque la cultura es sagrada completamente. Antes en la tele escuchabas conciertos sinfónicos, ahora han ido suprimiéndose porque es propio de élites y te ponen una danza que recuerda a los chimpancés, con la gente levantando los brazos. O Bob Dylan. Una cultura macarra. Pero se trata de que la gente vaya y haga algo. Contra la mayoría, usted ha negado que hubiera una ruptura intelectual en la posguerra. No la hubo, al menos yo no la noté. Hay una anécdota graciosa. Yo estaba en Salamanca en un colegio mayor que dirigía Lázaro Carreter. Allí estaba rodeado de filólogos, porr cierto, que ponían los ojos en n blanco cuando leían loo de que «Dios está azul» de Juan Ramón Jiménez,z, una auténtica idiotez.z. Ahí también estaban n Cela y Tierno, que un día ía llegó diciendo que en Esspaña hacía falta fustigarar a la clerigalla y que habíabía un filósofo alemán que ue vivía en Londres y decíacía no se qué de que no todas das las preguntas tienen resespuesta. «¿Te refieres a Wittgenstein?» «¿Cómo, cómo?» «Que si se llama Wittgenstein.» Se lo tuve que escribir. «¡Sí, sí, ese!» «Pues un momentito –dije–, que lo tengo en la habitación.» Y se lo bajé. Luego lo tradujo del inglés, creo que no se enteró mucho. Tenía audacia, Tierno.

Yo venía de estudiar en Zaragoza, donde no había división de letras y ciencias, algo muy importante. Era el año 41 e íbamos a clases de psiquiatría o anatomía. Freud o Darwin no se podían estudiar en la facultad de letras porque allí estaba el clérigo. Nos enseñaba la foto de Darwin, con esa cara de simio, y nos decía: «¡Miren el darwinismo! ¡Él es el que procede del mono, no nosotros!» Esto a mí con dieciocho años me irritaba mucho. Pero en la facultad de medicina sí nos los explicaban, y nos íbamos allí. Así que en el franquismo había de todo. Teníamos un profesor católico y poeta, Frutos Cortés, que nos hacía leer El ser y el tiempo, de Heidegger, y El ser y la nada, de Sartre, en 1943, y en las bibliotecas estaban, parap quien las quisiera leer, las obras de Bertrand Russell. Al seminario de Frutos llegó un día un cura catalán, don Ramón Roquer, y nos dio una conferencia sobre el neopositivismo porque había estado en los congresos del Círculo de Viena. ¿Así que donde estestá la discontinuidad? Esta anécdota la conté yo precisamente en el homenaje a Martín Santos que se hizo en Madrid en el Liceo Francés, con todo el PSOE presente. Defendí allí que el tiempo de silencio de la novela no era el del franquismo, sino el de la bomba atómica, la teoría de Jaspers, que después de lanzada para qué íbamos a hablar ya, sólo quedaba callarse y esperar la siguiente. Pues menuda bronca se organizó. Se definió como un católico ateo. Mi familia era muy católica. Mi tía Ángeles era de la CEDA y he vivido siempre entre curas. En la adolescencia me dio por no ir a misa, y mi madre, que era aragonesa, me decía que hacía el ridículo si no iba. Y tenía razón. Entonces me las arreglé para coger el Tratado teológico-político de Spinoza, que está lleno de latinajos, de un armario cerrado con llave en el que lo guardaba mi padre junto a libros de Voltaire y Anatole France. Lo metí en un devocionario de mi tía y entonces en misa los domingos yo cogía el devocionario y me ponía a leer a Spinoza; y el notario, que estaba a mi lado, me miraba de reojo y le decía a mi padre: «Oye, tu hijo muy bien, va para cura».

Yo siempre vi lo mismo, que la Iglesia heredó el derecho romano y la filosofía griega y les dio un impulso gigantesco que en cierto modo fue lo que hizo la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Esto lo digo yo en un libro con comentarios a unas conferencias de Ratzinger, ¡Dios salve la Razón! Yo a Ratzinger le seguía mucho, era un teólogo que sabía mucho, no como este Papa de ahora, que es otro cantar, pero yo no comparto la teología de Ratzinger, Dios no es racional. Confundirlo con la razón es absurdo. Me dediqué a sacar textos escolásticos donde dicen que Dios no es racional, que Dios no puede hacer silogismos. Dios directamente lo ve todo.

Ahí citaba además una serie de nombres para quienes, tipo Draper, hablaban del conflicto ciencia- Iglesia, de la Iglesia como campeón de la superstición; el krausimo, en una palabra. Para negarlo citaba a Copérnico, que era canónigo y su obra fue apoyada por los papas, porque no veían ninguna contradicción con el pasaje de Josué en que paraba el sol, lo que demostraba que el sol estaba en movimiento.

La enemistad de la Iglesia contra Copérnico y Galileo no fue por geocentrismo, sino por el atomismo, que sí planteaba dificultades para explicar el dogma de la transustanciación.

La Iglesias desvió la atención con la astronomía porque temían mucho más el atomismo y la negación de la Eucaristía, del Corpus Christi, que es la esencia del catolicismo y que aquí por cierto se negó como si tal cosa. Un día el ministro Ordóñez dejó de considerar el Corpus Christi como fiesta obligatoria. Esto es la revolución, pensé, y no se han dado ni cuenta.

Pues además de Copérnico estuvo Mendel con la teoría de la herencia o el abate Lemaître, precursor de la teoría del big bang. Todos curas. ¿Cómo que la iglesia catolica es enemiga de la ciencia? Ahora bien, en el siglo XIX la cosa cambia con el materialismo y el marxismo; ahí la Iglesia perdió francamente posiciones, porque se extendió completamente esta ideología, el darwinismo, la termodinámica, el origen del universo y el fin del mundo.

Ahora todos los teóricos del big bang, Fleischmann, Hawking, empiezan sus libros contando un mito azteca. Que Dios vomitó el mundo y de la vomitina salió el sol y no sé qué. ¿Para qué me lo cuentas? ¿Para que veamos que eres más listo? En el fondo, siguen teniendo esa ideología. ¿Lo dejó Ratzinger por cuestión de fe? Yo creo que dudaba. Pero sencillamente estaba cansado, razones fisiológicas, y estaba al tanto de los enormes problemas de la Iglesia católica. La Iglesia estuvo bien en el poder, cuando las cruzadas. Usted se ha aproximado a la religión desde el materialismo. En El animal divino sostuve la tesis de que la religiones son verdaderas, que los númenes no son meras especulaciones mentales, sino que tienen una realidad. Los identifiqué en las cuevas prehistóricas. El bisonte, el tigre de los dientes de sable, les producían terror y empezaron a adorarlo, cosa que ya dicen los paleontólogos.

Es una vulgaridad completa lo que voy a contar, pero un día, paseando por un camino, vi que se acercaba un perrazo impresionante, y quizás se reanimó en mí un mecanismo del Paleolítico: ¿Voy a tener miedo a este perro? Cuando pasé a su lado no le miré, pero al dar varios pasos me volví y el perro hizo lo mismo y nos quedamos los dos mirándonos. Este es tan listo como yo, pensé. ¿Qué opinión le merece el animalismo? Totalmente disparatado. Hubo uno del PSOE, Garrido, que presentó la moción para reconocerles derechos. Decir que tienen derechos es un absurdo. Incluso, en el colmo, les quieren extender los derechos humanos. Claro, como nadie sabe lo que son los derechos humanos... Fundamentar los derechos humanos en el hecho mismo de su reconocimiento es como el gesto del barón de Munchausen de sostenerse agarrándose de los pelos. ¿Qué recepción ha tenido el materialismo? La palabra materialismo es lo que más ha asustado. Por materialismo la gente entiende corporeísmo, el del marxismo propiamente, que lo real son los cuerpos; y es una cosa tan grosera que a cualquiera le espanta. Pero el materialismo no es corporeísmo. La materia no es una sustancia única, que es la tesis de los presocráticos y la de Marx, sino que tiene géneros distintos, y concretamente tres géneros: M1, M2 y M3. M1 es la materia física. M2 es la materia psicológica, el ánimo, la psique, y luego está M3: por ejemplo, la distancia entre dos cuerpos es también material, pero no corpórea.

Materialismo es pluralismo, pero sin continuidad entre las partes de la materia. Lo esencial es la discontinuidad, que fue el gran descubrimiento de Platón cuando habló de la symploké. Si todo estuviera ligado con todo (continuidad) sería imposible el conocimiento. «Todo está en todo» es la máxima del racionalismo para muchos, pero entonces no podríamos conocer nada. El principio de symploké implica que si todo estuviese desconectado de todo sería el caos. Platón dice que por tanto hace falta un principio según el cual no todo está ligado con todo o todo separado con todo. Nuestro materialismo es una forma de platonismo. Symploké, en una imagen, es el batallón de hoplitas cuando luchan con espadas y se entrelazan. Ese entrelazamiento. ¿Con Cataluña habrá « symploké»? Eso es un desastre completamente. Acusan a Rajoy de pasota, pero creo que Rajoy tiene en cuenta el millón de individuos que sacarían a la calle los catalanes.

A mí antes me invitaban a ir allí, ahora nada. Estuve haciendo el servicio militar en el Pirineo en el 47 y no había problemas, pero aquello fue degradándose. Por el 56 formé parte de un tribunal examinador en Mallorca y suspendimos a todos porque no sabían español, solo mallorquín. Tuvimos que salir por la puerta de atrás. En septiembre volvimos a suspenderlos a todos; nos parecía absurdo que fuera bachiller un tipo que no sabía español siendo español.

En estas cosas lo principal no es el dinero, lo fundamental es el afán de ser distintos y el resentimiento. La confusión de ideas además es completa. La Constitución del 78 fue una cosa para salir del paso, hecha por gente que no sabía. El más eminente era Peces-Barba, una nulidad completa en filosofía del derecho. Otro que llegó a asombrarme fue Mayor Zaragoza, un pensamiento blando, malísimo. Estos son ingenuos completos, pero esta ingenuidad es intolerable a esta alturas.

Y la izquierda no sé lo que es. Es un concepto en principio puramente topográfico, de colocación en la Asamblea y antes en el Concilio de Nicea, pero políticamente no se sabe. Hay gente que dice, como Haro Tecglen, que son de izquierdas de toda la vida. Pues peor para ti. O que han mamado la izquierda. ¡Pero qué vas a mamar, si eso no se puede mamar!

En El mito de la derecha trato de demostrar que hay una derecha más a la izquierda que la izquierda. El franquismo tiene instituciones de izquierda: el Estado del Bienestar, la Seguridad Social, por eso las novedades no sé de dónde vienen.

Y luego, la democracia. ¿Pero quién sabe lo que es la democracia? Eso tiene bemoles. La de Pericles, dicen. Pero si era una democracia de esclavos. Descubrió el sistema de urnas y votar con piedras blancas o negras, la democracia procedimental, que yo he llamado muchas veces la democracia del autobús, como los del Imserso. A mitad de carretera se levanta un paisano y dice que en lugar de a Santiago nos vamos a Sevilla. A ver, votos. Pum. Pues todos a Sevilla. Eso está pasando ahora en los ayuntamientos con tanto grupo.

Platón y Aristóteles fueron críticos de la democracia de Pericles. Y modernamente, se cita a Rousseau y Kant como precursores, pero precisamente Rousseau dijo que la democracia está cerca de la tiranía porque tapa a la minoría. Además, ¿qué coño es el pueblo? Habló el pueblo y dijo mu. El pueblo es una fantasía completamente metafísica. El conjunto de los ciudadanos no es el pueblo.

Otro caso típico de confusión es el uso de los derechos humanos. Un ejemplo es lo de Atapuerca, con la mala sombra de usar una terminología contradictoria. Al hombre de Atapuerca le llaman el homo antecessor. ¡Pero si es antecessor entonces no es hombre! Lo dicen ustedes mismos, pero le aplican los derechos humanos y el derecho de ser tratado como tal. O el follón del cráneo del negro de Bañolas, que hubo que devolverlo. Reivindicar los derechos humanos para el tratamiento de unos huesos del Paleolítico obligaría a preguntar qué es el hombre para ellos. ¿Y la socialdemocracia? Los soviéticos la llamaban el socialfascismo. Después del revisionista Bernstein y del renegado Kautsky, que decía Lenin, el Estado según ellos está en evolución permanente y es progresivo y gradual y no tiene fin. Por eso Lenin les acusaba de socialfascistas. La socialdemocracia eran los nazis. De hecho, los alemanes ayudaron al PSOE de aquí en la Transición. Eran la CIA y los alemanes los que financiaban esto. Y Carrillo vino porque a la URSS no le interesaba otro frente. La Transición fue una continuación del Plan Marhall, como Europa fue una invención del Plan Marshall.

¡Oh, Europa! Se les llena la boca, pero nadie sabe qué es Europa. Europeo soy antes que los alemanes porque cuando los alemanes andaban por las ramas nosotros ya teníamos un Estado, pero yo no tengo nada que ver con el Mercado Común. Europa es una biocenosis y su Historia no deja un solo mes sin una guerra. Usted va en contra de mitos, supersticiones... Contra las ideas confusas, para decirlo con Spinoza. Mi actitud es simplemente procurar que las ideas sean claras, pero no cortas, porque hay quien tiene ideas, pero cortas, como Boyer. Yo vi que la cosa iba muy en serio aquí cuando le confiscaron los bienes a Ruiz-Mateos. ¿Conoció a Fernandez Miranda? Con Torcuato tuve mucha relación. Era muy de la época. Una mentalidad jurídica, había estudiado bastante a los clásicos: Vázquez de Menchaca, Soto... ¿Y Suárez? No sabía lo que era. Era el jefe del Movimiento y cambió. Se fue a vivir a Puerta de Hierro para tener contacto con políticos. Medrar era su objetivo, lo cual está muy bien; y quería la paz universal, la igualdad. Otro ejemplo de confusión es la transparencia, que la gente no sabe lo que es. Que hay que ser transparente, dicen; ¿pero por qué? La opacidad es una condición necesaria de todos los animales en la lucha por la vida. ¿Qué filósofos hay ahora en España? Todo el mundo es filósofo ahora. A un hotelero sevillano le preguntaron por su filosofía y dijo que se resumía en tres palabras: jamón, jamón y jamón. Y no niego que allí hubiese filosofía, pero el individuo no sabía lo que decía, porque la importancia a mi juicio del jamón es que elimina a todos los moros. Es una filosofía españolista frente a la yihad, que no come jamón. Ahí sí que hay filosofía. ¿Qué opina de la ideología de género? Como digas algo te llaman fascista. Eso del género yo creo que tiene mucho recorrido, porque para las mujeres es su modo de sentirse víctimas y agruparse. Se parte seguramente de un complejo de inferioridad de la mujer, que quiere resarcirse inventando cosas raras como esa. Es curioso, en el libro de Lenin Materialismo y empiriocriticismo aparece mucho el machismo, pero como un adjetivo derivado del físico alemán Mach.

En los años 60 se usaba lo de Engels, que las mujeres habían tomado el oficio de los esclavos. Esto se generalizó, porque Engels lo decía de refilón, y entonces dijeron que había una lucha de sexos, que las mujeres eran proletariado y los hombres, explotadores. Y en los 70 andaba por Madrid un grupo que se llamaban Las Tigresas, que iban a violar hombres y a emascularlos. Me acuerdo de que por aquella época me entrevistó Sardà. Hablaban sobre el amor y me preguntó por Abelardo y Eloísa. Opiné que la cosa acabó mal porque a Abelardo le emascularon. Me dijeron que por favor no utilizara palabras filosóficas como emascular. ¿Cuántos años estuvo estudiando escolástica? Recuerdo la impresión que me produjo en Salamanca ver aquellas filas impresionantes de infolios. Algo dirán estos frailes, pensé, y me tiré once años estudiando escolástica. Ahora se conoce al padre Ceferino porque tiene una calle en Oviedo, y se vive de una filosofía del big bang y el cerebralismo, el cerebro como un ordenador que nos permitirá pensar en todo. Y la gente con eso vive. ¿Qué es pensar? ¿Ponerse como el de Rodin, desnudo? Y sin embargo el de Rodin es el prototipo de pensador, el cogito ergo sum y todo lo que me rodea puede ser falso. Esa es la duda metódica de Descartes. Cada vez entiendo menos que Descartes se haya convertido en el prototipo de los filósofos. A lo mejor es que todo lo que me rodea no existe y lo que existe es el pensamiento, dice, pero luego su pensamiento va y encuentra a Dios. Pues hombre, haber empezado por ahí. En filosofía era un voluntarista radical. Hablaba antes de Mayor y Peces-Barba, ¿los «homo antecessor» de lo actual? Se decían los liberales de aquellos años. Que tampoco sabe nadie lo que es liberal. Una palabra que apareció en Sevilla por herencia de la famosa división que venía de Boecio entre las artes liberales y las serviles. Y servilón se llamaba a los de Fernando VII. Servil y liberal, y los liberales eran los médicos, los notarios, las profesiones que no dependían de un sueldo. Los liberales inventaron toda una teoría del ciudadano, eran la burguesía, la que triunfó en la Revolución Francesa. ¿Los derechos humanos? La crítica más firme a los derechos humanos que conozco se la hizo Marx: eran los derechos del burgués. Y luego la crítica de Adorno y la Escuela de Fráncfort al liberalismo y a la Ilustración.

La Ilustración es otro ejemplo. Recuerdo cuando el PSOE sacó a Carlos III y la Ilustración porque la izquierda quería ser la modernidad y la racionalidad, cuando el término era una palabra propagandística de Voltaire y compañía, que decían que era la luz; pero la teoría de la Iluminación era de San Buenaventura. Eso es la luz. ¿Pero qué luz era aquello?

Esto es esencial cuando llegas al bachillerato. Antes se estudiaba en serio la Historia de la filosofía, lo que te daba un criterio para no decir bobadas porque no partías de cero. En España ahora todo el mundo parte de cero, constantemente estamos descubriendo el Mediterráneo con conceptos equívocos, ambiguos. Tenemos el cerebro hecho polvo. No se puede hablar. Llega a ser difícil entenderse... Lo de la Diada, por ejemplo, es una cosa bochornosa, cómo te cuentan la historia de Casanova y demás. Pero los catalanes son la gente más ingenua que pueda haber. Los vascos son otra cosa y tienen el convenio por las guerras carlistas, y no se puede eliminar porque partimos siempre de la Historia, no partimos de cero como se creen los de Podemos. En lo de la Puerta del Sol parecía que estábamos en la etapa de los australopitecos y que íbamos a descubrir la asamblea. Bueno, quizás ellos sí empiezan de cero. Es la diferencia que encuentro yo con los de IU, que todavía es peor porque se lo creen, es una cosa realmente absurda, porque el marxismo de Cayo Lara no es de Marx, es el catecismo de Marta Harnecker, que es lo que se estudiaba.

Yo tengo la impresión de que actualmente en España la gente se ha degradado de tal modo que tenemos la cabeza totalmente destrozada, no hay ideas generales de establecer una sintaxis entre una cosa y otra, cada uno dice lo que le da la gana y no sabe lo que dice. Nos faltan herramientas La tradición te las da. Uno de los enemigos principales de esto es el psicologismo, los pedagogos. Lo importante no es la psicología, es la Historia. ¿Hubo algún desfallecimiento en su pasión intelectual? No, realmente no, pero eso es pura fisiología. Cuando cojo un libro de estudiante me acuerdo de cuando lo leía y es exactamente lo mismo. Por eso cuando dicen que hubo un corte en la Historia de España con la Transición, hombre, déjeme de historias. Corte, para el que estaba en la cárcel y acabó en las Cortes, no para mí. Habrá sufrido una envidia atroz... Yo más que envidia he visto imbecilidad. Y la sigo viendo.

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Mensajepor Invitado » Lun 14 Sep, 2015 12:33 am

“Lo que ocurre en Cataluña acabará mal por poco bien que vaya”

María Marañón


Xavier Corberó (Barcelona, 1935) es un escultor cuya obra se ha expuesto en museos tan importantes como el Metropolitan, el Victoria & Albert o el de Arte Moderno de Tokio. También en espacios públicos de ciudades como Londres, Barcelona, Chicago, Beirut o Dubai. Amigo de Salvador Dalí, Man Ray o Marcel Duchamp, habla con soltura sobre sus momentos con ellos, sobre sus obras y sobre el proceso de independencia catalán.

Hijo y nieto de broncistas, Corberó vive en Esplugues de Llobregat, donde ha ido creando su obra más personal. Su abuelo tocaba el clarinete en el trío de Pau Casals y su padre fundó junto a Llorenç Artigues la Escuela Massana donde estudió el propio Corberó. Completó su formación en el Central School of Arts and Crafts (Londres), donde adquirió un extraordinario dominio del oficio y el rigor por la obra bien hecha. Tras su paso por París, Mendrisio y Barcelona, dio el salto a Nueva York, que era el gran mercado internacional de arte.

Corberó fue quien tuvo la idea de seleccionar las esculturas de los artistas más interesantes del momento para que el Ayuntamiento de Barcelona las colocara en espacios públicos de la ciudad antes de los Juegos Olímpicos de 1992. También diseñó la medalla olímpica y consiguió que el círculo central de la de oro se hiciera con este metal y no con plata dorada como hasta entonces. A Corberó le parecía injusto que después de tanto esfuerzo los atletas recibieran una medalla falsa. Aquel año recibió la Cruz de Sant Jordi que entrega la Generalitat.

A lo largo de los últimos 46 años ha ido creando en el casco antiguo de Esplugues, a modo de testimonio artístico, su principal obra. En 1969 compró una masía del siglo XVII en un terreno de grutas y galerías subterráneas utilizadas ya por los romanos. Poco a poco fue ampliando el terreno hasta reunir casi una hectárea y lo rescató de la especulación. Sus muros llenos de vegetación hacen del carrer de Montserrat el más bonito de Esplugues. Es lo único que ven sus habitantes. Lo que hay dentro es un misterio pues casi nadie ha entrado.

Todo empezó en torno a un patio octogonal que desde una gruta fue elevándose hasta un quinto piso como un caleidoscopio. Con el paso del día, la luz reviste de distintos matices las salas unidas por arcos y escaleras de todo tipo. A través de un patio con cascada, una gran higuera y maravillosas gardenias que Corberó cuida y riega personalmente, se accede a la parte nueva empezada hace siete años donde la escala se amplía y los arcos se multiplican. En total son 12 edificios, 10 frondosos patios y miles de macetas.

Este conjunto monumental es el escenario ideal para mostrar una obra que abarca la arquitectura, la escultura, el paisajismo y la puesta en escena. Corberó es un refinado coleccionista de objetos. En la parte habitada de este espacio, sus esculturas se intercalan con muebles, figuritas, maletas, alfombras en un orden insólito donde todo tiene una intención. “Cuando me preguntan qué pretendo con esto, contesto: siempre he intentado hacer poesía”.

Todo ello se ha financiado con dinero que ha recaudado el propio artista según iba vendiendo esculturas y gracias al mecenazgo de “amigos y enemigos”.

Hablar con Xavier Corbero es una refrescante lección de vitalidad e ingenio. Es un dandi divertido, valiente y preclaro. Como decía su amigo el crítico de arte Robert Hughes, su espectro social y su curiosidad son amplísimos. Hace 35 años le extirparon un pulmón y sigue fumando cigarrillos sin filtro. El médico que le operó en Houston le dio seis meses de vida. Luego le hacía una reverencia cuando iba a revisión porque era su paciente más longevo. A continuación transcribo su testimonio durante nuestra conversación en su casa durante una jornada de verano.



Español y catalán

Los españoles son como los catalanes pero por lo menos se levantan más tarde, porque los catalanes se levantan antes para poder estar más rato sin hacer nada. Los españoles hacen lo mismo (nada) pero se levantan más tarde.

Esto del soberanismo a mí me suena como algo terriblemente pecaminoso. Ser independiente no quiere decir nada ni ayer ni hoy. Samuel Johnson dijo que el nacionalismo era el último refugio de los sinvergüenzas y ésta es la puñetera realidad. Cuando uno es muy nacionalista, es que quiere robar más y no quiere que le robe otro y por eso aquí dicen que todo es culpa de Madrid. Todo lo que se ha robado en la época de Pujol no es culpa de Madrid.

Es triste que sea tan feo todo porque siempre pierden y continuarán perdiendo. Pero estoy seguro de que lo de Cataluña acabará mal por poco bien que vaya. Si empieza mal, acabará menos mal. Pero si empieza bien, acabará muy mal. Y además es raro: ¡España es un sitio tan bonito!

Con Franco yo me sentía muy catalán. Mi madre se murió cuando yo era niño y me acuerdo sólo de una de sus frases: “Sé un buen español y un buen catalán”. Es curioso porque yo pensé: qué tontería, ¿no? Buen español y buen catalán. Me parecía un poco cursi la frase pero ahora la entiendo.

El nacionalismo empezó en el siglo XIX y todo lo demás son inventos. En el siglo XIX, Cataluña era distinta de España. Era más rica porque vendía todo a España, que no tenía nada. Durante la II Guerra Mundial, mucho dinero que salía espantado de Europa vino a parar aquí y a esto lo llamaron la revolución industrial.

Por otro lado se inventaron una nacionalidad, igual que los vascos de Sabino Arana. Aquí todo siempre es un poquito menos aburrido que en el País Vasco porque está el Mediterráneo y los mediterráneos siempre tienen un lado gitano. Había un señor que se llamaba José Pijoán, que es el de la enciclopedia Summa Artis. Un buen día se cansó, se fue a vivir a Suiza y se hizo cuáquero. Entonces fueron de aquí a verle y le decían: “Señor Pijoán, que Cataluña le necesita porque Cataluña sin usted no es Cataluña”. Y él contestó: “¿Cata qué?”.


El masajista

Mi masajista era un hermano de San Juan de Dios. Entonces se le puso tiesa y dijo que prefería casarse. Encontró una señora, se casó y fue a decirle a su padre, que era ferroviario en Zaragoza, que se casaba.”Yo estaba ‘acojonao’ porque era religioso”, me dijo. “Llegué allí y mi padre estaba con su boina en la vía y le aticé y él ni caso. Le aticé más fuerte, ni caso. Y le aticé verdaderamente fuerte, levantó la boina y me dijo: ‘¿Sabe lo que me dice? Ahora sabrás lo que es joder sin ganas, hijo”.

No me digas que no vale la pena ser español sólo para oír esto porque es aplastante. Estos detalles surrealistas que tenemos son preciosos. ¿Y queremos prohibirlos? ¿Tú crees que yo dejaré de ser español porque unos cabrones inventen un sistema? No.

Yo no me siento más de aquí que de Asturias cuando estoy en Asturias. Lo que pasa es que de aquí sé más. Hubo momentos después del franquismo en que me emocionaba oír cantar en catalán la sardana La santa espina. Era emocionante porque ya no estaba prohibido. Pero entre que esté prohibido a que sea obligatorio casi prefiero que esté prohibido. Yo quiero ir al fútbol y soy muy del Barça porque es de aquí y yo también. Pero esto no quiere decir que sea idiota, ¿eh? ¡Y también soy del Liverpool!

El otro club de Barcelona es el Espanyol. Lo pensé cuando hablábamos del periódico. Se llama español por algo porque ya entonces pasaba lo mismo: los del Espanyol son traidores a Cataluña. Lo que no sabe nadie, si lo preguntas en serio, es qué es Cataluña. Nada concreto. Porque el reino era de Aragón y Cataluña y el primer condado fue el de Empúries. Esperemos que todo esto no acabe a hostias, que podría.

Puede ser que al final no queden más cojones que traer al Ejército porque pasa otra cosa: a la primera hostia los catalanes se cagarán todos. Yo he vivido aquí 50 años de franquismo. Nací en 1935 y toda aquella gente estaba así [levanta el brazo a modo de saludo fascista] todo el santo día.


En el extranjero

Yo sabía que el mundo no podía ser como Franco lo pintaba. Pero yo nunca fui un exiliado porque pensaba que lo que tenía mérito era estar aquí y no fuera. El champagne allí era bueno y aquí malo y donde había hostias era aquí y no allí. Aquí se hicieron cosas extraordinarias porque la gente trabajó mucho después de la guerra por muy poco y se hizo esta España que hay ahora que, comparada con la de antes, es un milagro.

Yo me fui primero a Suecia un poquito porque me gustaba irme y porque tenía ideas falsas, pero ideas, de que los países nórdicos eran fantásticos. No son fantásticos y no son países: son pueblecitos. Suecia son cuatro gatos, Hospitalet es mucho más importante. Esto no lo sabía. Pero me espabilé con nada, tomaba té con mucho azúcar porque vivía del azúcar. No tenía dinero, no podía volver y me fui a Inglaterra porque tenía un billete gratis del Student Escandinavian Travel Service.


El orfebre de Londres

A Londres llegué sin nada.

Yo buscaba Londres y no la encontraba. Decían que era una gran ciudad pero todas las casitas eran bajitas y eso parecía San Gervasio o La Moraleja. Un día llegué a la City y allí había un edificio muy grande que ponía Goldsmith Hall. Era la sede del gremio de orfebres y pensé: “Ésta es la mía”.

Tenía unas fotos de unas esculturas pequeñas y pedí ver al director. Le enseñé las fotos y le dije que eran unas obras de seis metros. Esas cosas en una foto no se saben. El tipo se dio cuenta de que yo era gracioso y me invitó a comer. Yo no hablaba nada de inglés. Pero este señor encantador se convirtió en un amigo.

Esto es muy inglés. Si les haces gracia por algo y te ayudan, te ayudan. Está todo preparado para funcionar. Aquí está todo preparado para no funcionar. Vender una escultura en Londres quiere decir vender muchas. Vender una aquí es no ver esa escultura nunca más. En Cataluña mucho más que en Madrid. No las ves nunca más. Y si no vas con cuidado, la venden a trozos como si fuera una longaniza o una butifarra.

A aquel orfebre de Londres no le vendí nada. Me hizo una matrícula en la Central School of Arts and Crafts [la Escuela de Bellas Artes más prestigiosa de Londres] y me paseé por Inglaterra yendo a todas las fábricas de platería y orfebrería. Allí aprendí todo lo que quería saber de orfebrería y de cincelado, y trabajé con un platero que es muy famoso ahora y que se llama Gerald Benney. También con un arquitecto que se llamaba Louis Osman y que hizo la corona de la investidura del Príncipe Carlos

Esto también es muy inglés. Me decían: “Vente a Bath”. Y entonces yo me iba a Bath en un coche alquilado gastándome el único penique que había ganado. Sólo tenía unos pantalones cortos como tiroleses y ellos se cambiaban y a menudo se ponían el esmoquin para cenar. Pero el día en que fui yo se vistieron todos de tiroleses. Los ingleses son la hostia. Yo los quiero mucho porque son al revés de lo que creemos aquí: son muy fieles y muy positivos, y pueden ser muy puñeteros. O sea, que tienen morbo.


Un catalán en Nueva York

Lo de Nueva York fue muy rápido. Yo me había prometido que no trabajaría de otra cosa. Pero claro: uno tiene que comprar la piedra y alguien tiene que comprarle la obra.

Entonces yo no tenía para comer, mi hija Ana ya había nacido y la inglesa [la madre de la niña] tenía hambre. Yo era amigo del artista Manuel Viola, que era gitano. Le dije que no quería trabajar pero que se estaban muriendo de hambre aquellas dos. Me dijo: “No te preocupes. Ha venido un americano muy rico que se llama Guasrosh y ya te comprará algo. Está en el hotel Avenida Palace”.

Yo ni me lo pensé. Me fui allí y pregunté por el señor Guasrosh. No existía, naturalmente, pero había un señor muy alto que me dijo: “Perdone usted. Pero yo ayer estuve con el pintor Viola y he oído lo que decía y a lo mejor usted me busca a mí. Pero no me llamo Guasrosh. Me llamo Gordon Washburn y soy el director del Instituto Carnegie”. Chillida, Tapies, Palazuelo… Todos habían salido por éste.

Entonces me dijo: “Mire, no le puedo comprar nada porque no soy rico, pero en cambio me gustaría ver su obra”. Vinimos a Esplugues y me dijo que fuera a verle a Cadaqués porque tenía allí un amigo que se llamaba Marcel Duchamp. ¡Cómo si fuera Pito Pérez! Y además me dijo que había allí un señor que se llama Staempfli que tenía una galería en Nueva York y era de los mejores marchantes del mundo. Me fui zumbando y ya no salí de allí. Me pasé toda la vida con Peter Harnden, que era el catalizador de todas las reuniones en Cadaqués. Bombelli, Man Ray, Max Ernst… Todos eran amigos de Washburn. Los que estaban de verdad aquí eran Duchamp y Dalí.


El cerebro de Dalí

Es el hombre más inteligente que he conocido, era muy gracioso y muy humilde. Fue mi primer cliente. Yo exponía en la bienal hispanoamericana de Arte en Barcelona y un día me llama un señor y dice: “Alo alo, ici Dalí“.

Yo respondí que era el obispo Modrego, y enseguida colgué porque pensé que era un amigo mío tomándome el pelo. Al día siguiente me fui a Suecia y después de un tiempo hice mi primera exposición individual en Nueva York, donde veía a Dalí casi todos los días. Un día mantuve más o menos esta conversación.

– ¿Por qué viene cada día?

– Porque lo que hace usted a mí me interesa bastante pero es una pena que sea tan maleducado.

– ¿Qué he hecho yo?

– No qué ha hecho, ¿qué no ha hecho?

– ¿Qué no he hecho?

– Pues hombre, darnos las gracias a mí y a mi mecenas Arturo López por haber comprado todo lo que tenía en la bienal hispanoamericana de Arte.

– Es que no me he enterado yo de esto.

El cerebro de Dalí es uno de los cerebros importantes de la historia de la humanidad y estoy muy agradecido por haberle conocido y por que me tuviera una especie de flojera. En Nueva York hacíamos una cena a menudo en el restaurante Laurent.

A veces Dalí traía un invitado de honor. Yo hacía muchas semanas que le quería preguntar cuál era su relación con Picasso y siempre me olvidaba. Vino con Claude Levi-Strauss, que entonces era Dios. Pero yo le quería preguntar por lo de Picasso y le dije: “Bueno, ya hablaremos con este señor tan importante pero usted me puede decir cuál es su relación con Picasso”. Dalí me dijo: “¡Ah muy buena! Yo cada año le mando una postal en julio que pone Juliol, ni dona ni escargol [en julio, ni dama ni caracol]. Si no se la envío, ya sabe como es, me manda espías. Yo lo noto y entonces se la envío. Pero yo le estoy muy agradecido porque me prestó 60.000 dólares para venir a este país y se los devolví todos. Después Gala y yo compramos un cuadro suyo y se lo hemos regalado al museo de Barcelona”.

Yo me quedé calculando cuánto eran 60.000 dólares de 1942, que era mucha pasta. Dalí se dio cuenta de que no les escuchaba ni a él ni a Levi-Strauss y entonces me mira y me dice: “Bueno, hombre, bueno. Casi tots, casi tots“.

Dalí se divertía mucho con Francesc Pujols, un filósofo catalán, y resumía así una línea de su pensamiento: “Los catalanes habremos dominado el mundo cuando entremos en un restaurante y no tengamos que pagar”. A la entrada de su Teatro Museo, escribió esta frase de Pujols: “El pensamiento catalán rebrota siempre y sobrevive a sus ilusos enterradores”.

Era un hombre encantador, muy bien educado y muy gracioso. Una de las últimas cosas que hizo fue decirme: “¡Oiga! En el sitio éste que he comprado para Gala [el castillo de Púbol] necesito tapar los radiadores. Piense algo”. Unos días después me llama y me dice: “¿Qué? ¿Ha pensado algo? Pues no. Menos mal, porque ya lo he arreglado. Los he pintado al trompe l’oeil y los he puesto delante. Es decir, que para tapar un radiador puso un radiador pintado. Es cojonudo.


El rizo de Duchamp

Marcel Duchamp era muy inteligente. De alguna manera vio venir algunas cosas. En 1906 Duchamp decidió que la pintura de caballete se había acabado y creó otra academia. Pero el mercado ha institucionalizado una academia contra la academia y el urinario se ha convertido en academia. Exponer el urinario en 1906 en Nueva York era una cosa y exponerlo en 2015, otra muy distinta.

Entonces él no pintaba. Sólo pensaba y hacía trabajos manuales. Se podía pasar un año arreglando una persiana que era realmente una obra de arte. Después del urinario, montó una academia más académica que la academia y más hiperrealista que el hiperrealismo porque una mujer [en su obra] era de piel de tocino y parecía una señora. Un buen día le pregunté mientras jugábamos al ajedrez: “¿Tú no tienes ganas de coger una tela y pintar?”. Se quedó serio, le cayeron dos lágrimas, no hubo más respuesta y no insistí.


El arte de hoy

Le falta oficio pero sobre todo le sobra una cantidad de bluf… Es políticamente correcto. Si tú sabes cuatro cositas y las sabes explicar, explicas un cuadro y un cuadro que se ha de explicar es una mierda de cuadro y así son casi todos.

La universidad es una enfermedad muy grave, sobre todo para el artista. El tío que sale de la universidad y sabe que él es minimal… ¡Es como si las putas salieran un día y supieran que eran putas! Cualquier escenógrafo de ópera lo hace mejor.

Siempre hay alguien salido de la universidad que hace de comisario de una exposición y que se tira al director del museo. Han creado una especie de submundo como el del golf. Es el golf de los que no juegan al golf y no hay mujer de burgués en Cataluña que no tenga tres o cuatro amigos en este círculo.

El marketing ha borrado el cerebro de la gente. Un Picasso ha salido por 150 millones. Un Degas, por 200. ¿Quiere decir que un cuadro malo de Picasso vale 150 millones? Es un sistema en el que todo es mentira. Pero como casi nadie sabe nada, los que saben sólo saben el precio. Es que no saben ni el color del cuadro.

Pensar que Cataluña puede ir mejor solita… ¡Solito no puede ir mejor nada! Ni Cataluña ni Suiza. Es más, yo creo que todos estos estados pequeños tienen una tendencia grave a desaparecer porque si no viven del robatorio no sobreviven. Ni San Marino ni Suiza ni Andorra. Todos viven de robar.


Un juicio gitano

Manuel Viola era un caso. Odiaba a Dalí. Viola era muy inteligente pero Dalí era mucho más inteligente. Dalí no era nada pasional y Viola sí.

La casa de Viola en Ríos Rosas, 54 era una maravilla. Abajo vivía González Ruano y en el cuarto o en el quinto vivía Viola con una niña adoptada que se llamaba Encarnita Heredia. También vivía con la Carmuca, que era francesa y que había sido novia de Picasso, a quien se la quitó Viola. Arriba vivían Camilo José Cela y dos generales de la República con sendos policías en la puerta y una escuela de parteras sin dolor.

Era bastante curioso este sitio. He visto cada cosa… Una vez el tío de Encarnita Heredia se fugó con su cuñada y el juicio gitano se hizo en casa de Viola. Vinieron los gitanos viejos. Unas pintas y una autoridad… Me acuerdo de que el más viejo, el rey, dijo que no le cortaba la oreja al tío de Encarnita porque era guapo y que la cuñada tenía menos culpa que si fuera feo. Total que se quedó con las dos orejas. Pero me he acordado siempre de esto: por ser guapo tenía perdón. Ahora es al revés: si eres guapo, es imperdonable. Esto es otra cosa que pasa con estos soberanistas: ¡Son de un feo! ¡Son impresentables!

Podemos es un poco lo mismo: una cosa populista que quiere decir que el infeliz está contento de joder al feliz y el feo está contento de joder al guapo. La gente ha quedado un poco idiotizada y entonces busca soluciones que no tienen que ver con nada.

Cuando uno visita el castillo de Cawdor en Escocia [donde tengo una fuente de bronce], le dan un panfleto que dice: “Ustedes se preguntarán cómo hemos logrado todo esto. Es muy sencillo: asesinatos, robos y bodas”. Ya está. Aquello me pareció muy bien.


Un niño de la guerra

La guerra puede parecer dramática. Pero para un niño pequeño nada es dramático. Lo que es dramático es aburrirse y los entierros, la muerte y todo esto aburrido no es. Pasa mucha gente. En casa no había nadie. Mi padre estaba en el frente, mi madre se había muerto y con cuatro años me iba al refugio solo. No había nadie más. Mi abuela no sé si estaba. A veces estaba y a veces no. Mi tía era enfermera. El refugio lo bueno que tenía es que estaba justo debajo de casa. Sólo tenía que bajar y meterme. Como era tan pequeño, todo el mundo me quería mucho. A mí me gustaba ir al refugio. Era igual que aquí. Esto de las grutas me ha gustado siempre.

Hay un momento de silencio. Miramos por el ventanal de su cuarto mientras riegan.

Me gusta este árbol muerto, me recuerda que voy yo después de él. Quiero que me metan un poco más allá y que ponga en una piedra: siéntese y no haga cumplidos. El epitafio que más me gusta es uno del cementerio de Carmona: “Aquí sigue descansando Gonzalo”, que no había pegado ni golpe nunca.

Es increíble lo poco que la gente ve. Tengo un amigo maestro de sushi que se llama Yasuda. Lo conocí en un restaurante en Nueva York, luego fue un número uno y se volvió a Tokio. Hace poco le dijeron que yo había cumplido 80 años, tuvo miedo de que me muriera antes de verme y vino de Tokio. Me dio un abrazo, se le cayeron cuatro lágrimas y se fue. Nos despedimos. ¡Es tan japonés!

Balzac dijo una cosa estupenda: sin gran voluntad, no hay gran talento. Muy bonito. Bernard Shaw dijo que los pañales y los políticos se han de cambiar con frecuencia y por la misma razón.

Antes de despedirse, Xavier Corberó recita estos versos de ‘Don Juan':

“Siempre vive con grandeza /quien hecho de grandeza está.”

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Lost in transleichon

Mensajepor Invitado » Mar 22 Sep, 2015 8:27 pm

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Mensajepor Invitado » Mié 23 Sep, 2015 3:54 am

Patriotas

Tsevan Rabtan


Trueba me interesa poco. Me interesa poco lo único que, a bote pronto, podría interesarme de Trueba, que es su cine, ya que a él no lo conozco y no sé si cocina de puta madre la tortilla de patatas o recita a Baudelaire con tanta autenticidad que arranca lágrimas a sus oyentes.

Imaginen, por tanto, lo que me interesa que se sienta español o escita del Turquestán. Por eso me llama la atención el cabreo generalizado de la gente ante sus palabras. “Es un maleducado”, dicen unos. No sé por qué, pero aunque lo fuera, ¿qué? ¿Os preocupáis tanto por los modales de todo el mundo? “Ha hecho sus películas con el dinero de los españoles”, dicen otros. Y yo me vuelvo a preguntar ¿y qué? ¿Acaso en las bases de esas subvenciones se incluía sentirse español o no decirlo en caso contrario? No me gustan las subvenciones al cine, pero, en fin, imagino que se fundamentan en el proyecto cinematográfico en cuestión y en la vecindad administrativa del autor o el productor (hablo del dato objetivo, no de las corruptelas del proceso).

He tenido pues que analizar mi perplejidad y estas son las conclusiones.

En más de una ocasión he discutido con amigos sobre esto del patriotismo y siempre he afirmado que no creo (que no puedo creer) en otro patriotismo que un patriotismo legal, ciudadano, basado en una idea compartida de cómo tendría que ser mi nación. Mi patria, por tanto, podría estar en cualquier lado y, en su manifestación ideal, estaría en todos ellos. Mi patria no tiene base territorial. En mi patria racional, cabe todo el que quiere vivir civilizadamente; cabe cada idioma y cada producto cultural, siempre que el que lo aporte ajuste su comportamiento a ciertas reglas que nos permitan convivir y ser libres. Mis sentimientos de españolidad, cuando puedan aparecer, son en realidad un lastre, un producto reptiliano, grupal. Supongo que existen defensivamente, pero preferiría que desaparecieran. Sería un magnífico síntoma. Mi patria, por tanto, no es una patria, tal y como se ha entendido habitualmente.

Si, pese a estar de acuerdo con lo que acabo de exponer, nos aferramos a esos sentimiento es por el miedo a la apatridia. Por miedo a no ser de ninguna tribu. Qué magnífico sería un mundo en el que ese miedo no existiese. En el que bastase un pasaporte que nos acreditase como seres humanos civilizados.

En cualquier caso, surgida la polémica y puestos a simpatizar con alguien en esto, simpatizo con Trueba. Además de por lo expuesto, por una razón bien sencilla: si todos los seres humanos padeciesen el mal de Trueba, es decir, no sentirse de ninguna patria, nos ahorraríamos millones de muertes inútiles. Lo firmo ahora mismo.

Naturalmente, esto solo exige que Trueba sea sincero y que su artefacto no sea una boutade de intelectual supuestamente de vuelta de todo. Como he dicho, no lo conozco. No tengo ninguna razón para presumir que no sea sincero.

Además, me tiene completamente sin cuidado que lo sea o no. Con serlo yo, tengo suficiente.

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Mensajepor Invitado » Mié 23 Sep, 2015 4:03 am

SENTIMIENTOS

DAVID GISTAU



ME GUSTA que la gente vaya por ahí diciendo qué siente o no. Tengo una esposa porteña con ramificaciones freudianas que siempre me dice que los adustos castellanos no verbalizamos los sentimientos. Lo dice y me mira, como esperando a que yo verbalice algo. Siempre me escapo con lo que Panero dijo a Dragó: «¿Puedo ir a mear?».

Además, vivimos una era sentimental. Hasta la ley y la inteligencia están subordinadas al sentimiento y a su peor digresión, el rencor. Una época también narcisista en la cual los asuntos políticos complejos son reducidos a cómo se siente uno dentro de ellos. Por eso no existen aquellos en los que no tenemos depositado un sentimiento particular. Esto es lo que hizo Fernando Trueba con su apostasía: reducir un problema complejo a lo que él siente o no durante cinco minutos. Está bien que lo verbalice, mi mujer le diría que esos conflictos de identidad no pueden enquistarse dentro de uno. Es un poco como ir a una terapia de grupo: «Hola, me llamo Fernando Trueba y no me siento español». Otra cuestión es el momento elegido, el punto de descortesía, el que estemos ya todos un poco mayores para «épater les bourgeois», el que a lo mejor no era la forma más galante de sentirse menos culpable por aceptarle al PP un dinero que otros rechazaron.

Lo interesante de la frase de Trueba no es el sentimiento de Trueba, que por mí como si se siente jíbaro, tártaro, o subsecretario de agricultura austro-húngaro en una novela de Joseph Roth. Lo interesante es lo que tiene de síntoma de una patología de la izquierda, que es la vergüenza de pertenencia. No a una exaltación patriótica, sino a una tradición histórica y cultural, a una identidad. El problema original, y de esto que constituye una imperfección en el legado de la Transición ya hemos hablado antes, es la incapacidad de la izquierda de disociar dos términos que sólo pueden ser sinónimos en la militancia cerril: España y franquismo. Por eso fue tan subversiva la bandera española de Schz en el Circo Price. Aquí, hasta la identidad trae adherida una carga ideológica que, como siempre, es una reminiscencia mal restañada de la Guerra Civil y del internacionalismo de clase con el que uno de los bandos permitió que el otro se apropiara en exclusiva del concepto de patria. Para cierta progresía que de a poco va haciéndose anacrónica incluso en las páginas renovadas de «El País», pero a la que Trueba y su secta del cine pertenecen con incorregible pasión, renegar de España fue siempre algo «cool». Un complemento de vestuario intelectual que causó el inmenso mal de impedir la despolitización del sentido de pertenencia. Que España fuera cosa de fachas y castizos ridículos también tiene culpa de la falta de defensas, bajo ataque, de nuestro sistema inmunológico cultural. Fíjense en este detalle: no hay un artículo contra el independentismo firmado por un miembro de la «gauche-divine» cuyo autor no se sienta obligado a aclarar, como pagando un peaje, que también desprecia España.

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Mensajepor Invitado » Lun 28 Sep, 2015 12:50 am

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Mensajepor Invitado » Dom 11 Oct, 2015 2:21 am

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:drunk

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Mensajepor Invitado » Lun 12 Oct, 2015 3:23 am

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Mensajepor Invitado » Lun 09 Nov, 2015 5:05 pm

Ser español


Los que están contentos de ser españoles no saben el placer masoquista que se pierden tratando de no querer serlo



Manuel Vicent 18 OCT 2015 - 00:00 CEST




Se cumple el décimo aniversario de la muerte del periodista Haro Tecglen, ejemplo de español amargado, que necesitaba una calamidad cotidiana para que su prosa brillara como un diamante. Su columna diaria en este periódico era la garita desde la cual disparaba contra los recuelos del fascismo atrincherados en democracia. Su pesimismo congénito le dio autoridad para ser un profeta de nuestro pasado. Actuaba como un maqui perdido en la serranía que nunca aceptó que la guerra había terminado y disparaba contra los aviones que creía de combate cuando en realidad iban cargados de turistas. Se sentía un perdedor nato y en esto no admitía rival: era el perdedor que primero entraba en la meta, otra señal de españolismo depresivo, que es el verdadero. Cánovas del Castillo en el Congreso de los Diputados zanjó el largo debate del artículo sobre la nacionalidad española en el Código Civil de 1889 con esta despectiva afirmación: “Son españoles los que no pueden ser otra cosa”. Desde entonces los españoles se dividen en dos: los cabreados a los que les duele España, la maldicen pero trabajan, y los contentos a los que no les duele nada y cantan pasodobles sombrero en mano. Los que están contentos de ser españoles no saben el placer masoquista que se pierden tratando de no querer serlo. Desde los afrancesados, empezando por Goya que murió exilado en Burdeos, hasta Bergamín que por despecho se hizo proetarra o Berlanga a quien Franco calificó de ser mal español por haber rodado El verdugo, nada más ibérico y racial que gritar: no me da la real gana de ser español. La verdad está en el verso insigne del Mio Cid: “Oh, qué buen vasallo si hubiera buen señor”. En efecto, ese señor tiene la culpa de todo. En este estado cataléptico, saciado de catastrofismo en que está postrado hoy nuestro país, la pluma de Haro hubiera brillado en todo su esplendor.

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Un pequeño fallo - Quim Monzó

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 8:14 pm

Un pequeño fallo
Quim Monzó 08/11/2015

Cuando uno pasa cerca de una cárcel (centro penitenciario lo llaman ahora, que mola más), lo primero que divisa es una gran torre de vigilancia, alta o altísima según los casos, para poder controlar todo lo que sucede.

En Málaga hay una cárcel sin torre de vigilancia. ¿qué será lo próximo?

Pasmado me he quedado al saber que en Archidona, en Málaga, construyeron una hace dos años y se olvidaron de la torre. Es una de las cárceles más grandes de España, con capacidad para dos mil presos (perdón: reclusos). Pero no alberga a ninguno porque acabaron las obras y no sabían cómo solucionar lo de la torre. El error fue de los arquitectos: se olvidaron de ella. Explica el secretario general de Instituciones Penitenciarias que, cuando se dieron cuenta, intentaron incluirla: “Pero no llegamos a tiempo porque no estaba hecha la cimentación necesaria para poder edificarla. Lamento que en el proyecto no se contemplara la construcción de la torre, que es un elemento muy importante en caso de que se produzca cualquier situación de riesgo”.

No entiendo cómo se plantea la construcción de una cárcel y, antes de poner la primera piedra (con los fotógrafos, los cámaras de televisión y toda la pesca), los responsables de las instituciones penitenciarias no miran los planos a ver si les parece bien la distribución, las dimensiones de los módulos, todo eso, antes de dar el visto bueno. Bien tuvieron que darse cuenta de que no había torre. ¿O no miraron los planos?

Dicen que, ya que no se puede edificar, intentarán solucionar el problema duplicando las cámaras de vigilancia. En vez de controlar desde las alturas, los funcionarios estarán en una habitación llena de pantallas, como las de los centros de control de tráfico o aquella sala de la NASA que nos enseñan siempre que lanzan un cohete espacial (pero en pequeñito). Que la cárcel esté situada en el municipio donde se desarrolla la acción de La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona de Camilo José Cela no debería acarrear más cachondeo, porque los archidoneses ya tuvieron lo suyo con aquello. Si el paso de los años ha demostrado imposible superar la proeza de aquella minga prodigiosa, superar la cárcel sin torre de vigilancia de Archidona también será difícil. Sólo se me ocurre un aeropuerto sin torre de control o un rascacielos sin ascensor. Una vez inaugurado, los arquitectos dirían:

–Joder, vaya fallo. Hicimos los planos, pero nos despistamos y no se nos ocurrió poner ninguno...

http://www.magazinedigital.com/opinion/un-pequeno-fallo

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Deshaciendo el entierro de un hijo - MANUEL JABOIS

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 9:47 pm




Deshaciendo el entierro de un hijo

Alberto Pardo llamó a su casa para anunciar que seguía vivo tras ser incluido en la lista oficial de fallecidos en los atentados de París

MANUEL JABOIS


Cuando Alberto Pardo se conectó a internet, leyó la noticia de su muerte. Fue a primera hora de la tarde del domingo 15 de noviembre. Abrió Facebook y se encontró en su muro varios mensajes. Te recordaremos siempre, Alberto, le decían. Descansa en paz, escribía otro.

Cansado de no encontrar trabajo, Alberto se había marchado de su casa en 2012 harto de la crisis y despotricando de los políticos. Lo hizo con lo puesto: salió de Pontevedra en bici y no paró de pedalear hasta llegar a Francia. En Limoges trabajó en una tienda de ropa; en Estrasburgo, donde vivía con su novia francesa, lo hace como traductor en un barco turístico.

Ese domingo, después de recibir las condolencias, Alberto Pardo, de 33 años, se enteró por El País que él era uno de los fallecidos en los atentados terroristas de ISIS en París. Las autoridades francesas lo habían incluido en la lista oficial de muertos. Durante varias horas, los medios españoles informaron de la muerte de Alberto Pardo y recabaron datos para su obituario. Pero Alberto Pardo no se había movido de Estrasburgo en todo el fin de semana. Y su nombre, sus dos apellidos y su ciudad de origen, Pontevedra, no dejaba ningún lugar a dudas: le estaban enterrando.

El día más triste y feliz de la vida de los padres de Alberto Pardo empezó temprano con una llamada telefónica a casa de su madre. Una familiar había escuchado en la radio que el número de víctimas españolas en París había aumentado, y que entre ellas se encontraba Alberto Pardo Touceda. Esta mujer llamó a Pilar Touceda, madre de Alberto. Y se encontró la voz tranquila de Pilar al otro lado, como siempre. No sabía nada. Esta familiar llevó la conversación a los atentados de París.

-¿Sabes algo de Alberto?

-Bien, está bien. Él está en Estrasburgo.

La mujer no le dijo nada más. A los pocos minutos sonó el telefonillo del portal, y en la puerta del piso se presentaron dos agentes de paisano. Le pidieron a Pilar Touceda que se sentase, y cuando ella lo hizo, le comunicaron que su hijo Alberto Pardo había fallecido en París. Alberto se encontraba entre las víctimas de la sala Bataclan. Le dieron el pésame y se pusieron a su disposición. Pronto a la casa de Pilar Touceda empezaron a llegar familiares y amigos.

El pasado 30 de abril Alberto Pardo escribió en Facebook: “No doy muchas señales de vida, es cierto. Me jode enchufarme en Facebook porque empiezo a ver fotos y tal, y la morriña se despierta (…) Aparte de que no me gusta Facebook, en general. Pero hace falta”. Siete meses después, Alberto Pardo anunció en Facebook que estaba vivo.

La primera comunicación de Alberto tras la noticia de su muerte fue a través de la red social. Escribió: “Pues no sé… Yo me veo a mí mismo en estos momentos y diría que estoy vivo… Pero si seguís escribiendo cosas tan bonitas sobre mí tal vez tenga que morirme para no dejaros mal… Además si lo dice El País tiene que ser cierto”. Y seguía en los comentarios: “Buf, qué presión tener que desmentir tu propia muerte, he pensado en alguna broma que marcara el momento para siempre, pero creo que quitaros la sensación de mierda lo antes posible era prioritario”. Entre los comentarios apareció el de una prima suya, Lucía, que le pedía que llamase de manera inmediata a su madre.

-¿Se lo creyeron?

-No sabes qué pensar. Te lo ha dicho todo el mundo: la policía, el gobierno. Su nombre estaba en la lista oficial. Teníamos que hablar con él.

Lucía se encontraba junto a la madre de Alberto, Pilar Touceda. Con ellas, en un domicilio del centro de Pontevedra, estaban guardando luto los padrinos de Alberto y dos amigas más de su madre.

Cuando Lucía entró en Facebook y se encontró el mensaje de su primo, levantó la cabeza del móvil. “Tengo algo que deciros. Antes os aviso de que cualquiera puede haber cogido el teléfono de Alberto y escribir en su cuenta. Pero se ha publicado que está vivo, y parece él”. Lo que siguió a esa última frase fueron momentos de incredulidad y emoción. Pilar reclamó escuchar a su hijo para creérselo. Y a los tres o cuatro minutos su teléfono empezó a sonar.

Era Alberto. Se encontraba bien, no había ido a París, no se había movido de Estrasburgo. Pidió perdón porque su teléfono se había encontrado apagado y fuera de cobertura. Pidió a su familia que estuviese tranquila. Tenía previsto volver en Navidad, pero adelantaría el viaje para encontrarse con ellos. Lo siguiente que haría sería llamar al consulado para advertirles de que él no estaba muerto. Y aventuraba que el error podría haberse producido debido al robo de su DNI años antes, algo que había denunciado en comisaría.

Los padres de Alberto están separados. Laureano Pardo, el padre, se encontraba en su casa en compañía de familiares cercanos y un par de amigos. Uno de esos amigos fue el que cogió el teléfono de Laureano cuando empezó a sonar.

-Pásame a Nano, por favor. Alberto está vivo.

-¿Tú quién eres? Nano está descansando. No juguéis con estas cosas.

Costó trabajo convencerlo. Finalmente Laureano Pardo cogió el teléfono. También tuvo dudas. En casa de los Touceda acercaron el teléfono de la madre de Alberto, en donde él estaba en línea, y tras pegar los dos terminales pudo hablar con él.

Seis horas después, Alberto Pardo estaba agotado y con ganas de que todo se olvidase cuanto antes. Se había tomado con humor la noticia, pero comprendió a lo largo de la tarde que no había nada de humor en un atentado terrorista y en un malentendido que hundió a su familia y la dejó en shock varias horas. Borró una foto que subió haciendo chanza de su muerte y los mensajes de condolencia que le habían escrito en su muro.

Pilar, después de hablar con él, dijo: “Estoy deshaciendo el entierro de mi hijo”.

Y era verdad, literalmente. Hubo que llamar a La Fe para suspender la expatriación del cadáver, las esquelas en los periódicos, el ataúd y el funeral. Un amigo de la familia se preguntaba si había un cadáver atribuido a Alberto Pardo listo para enviar a España. Y en qué casa podría vivirse el proceso inverso de lo que había ocurrido en la de los Pardo Touceda.

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Pasado - ENRIC GONZÁLEZ

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 11:18 pm

"Somos un pueblo que pasa página antes de leerla, y luego se inventa el texto"

Pasado

ENRIC GONZÁLEZ



ALGUNOS habrán sentido, estos días, envidia de los franceses. No por el terror y la sangre, evidentemente, aunque alguien habrá en esa franja lunática, sino por la unidad, el coraje cívico, el sentimiento de orgullo compartido bajo unos símbolos poderosos: una bandera limpia de escudos heráldicos y un himno que habla de libertad y de lucha contra la tiranía. Algunos habrán pensado que Francia supo en su momento construirse como nación, mientras aquí abajo nos pasamos la vida tirándonos los trastos a la cabeza y tratando de averiguar quiénes somos.

Esto último, lo de quiénes somos, tiene una respuesta tan fácil como insatisfactoria: somos el pueblo más fantasioso del mundo. Por lo demás, lo somos todo y, por tanto, no somos nada. Sabríamos quiénes somos si supiéramos de dónde venimos, pero eso resulta imposible. El pasado español es una reinvención constante.


    "Sabríamos quiénes somos si supiéramos de dónde venimos, pero es imposible. El pasado español es una reinvención constante"

El nacionalismo catalán (conviene distinguir entre nacionalismo e independentismo) suscita no pocas ironías por su capacidad de ensoñación: la Cataluña con mil años de historia nacional, la Cataluña que fue independiente y feliz, la Cataluña invadida por Felipe V en el siglo XVIII y por Francisco Franco en el siglo XX, etcétera. En ese ámbito, sin embargo, el resto de los españoles no tienen nada que envidiar a los catalanes. Hay quienes creen que en la Guerra Civil hubo un bando intrínsecamente bueno y otro intrínsecamente malo; hay quienes creen que el franquismo fue una continua ebullición de la resistencia democrática; hay también quien cree que el franquismo fue la salvación de España porque creó una clase media, sin preguntarse por qué en toda Europa occidental ocurrió exactamente lo mismo en las dos décadas gloriosas (1950-1970) sin necesidad de Franco; hay, por fin, quien piensa que la transición hacia el régimen constitucional fue modélica, sin tener en cuenta detallitos como la fallida conspiración gaullista del general Armada en la que participaron, del Rey abajo, bastantes figuras institucionales de la época.

Somos, en general, un pueblo incapaz de encararse con su propia historia. Somos un pueblo sometido a la vergüenza de los cadáveres aún en las cunetas, del revanchismo tardío, de la opacidad, de la ignorancia. Somos un pueblo que pasa página antes de leerla, y luego se inventa el texto. Y aún así vamos tirando. Debemos tener grandes virtudes ocultas.




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