Franco tenía un solo cojón.

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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Mensajepor Invitado » Jue 03 Dic, 2015 11:45 pm

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Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 10:43 pm




Bertín Osborne se 'encabrona' al hablar de Franco en una entrevista en la Ser


Bertín Osborne es uno de los hombres de moda en la televisión. Raro es el día en que no hay noticias suyas y de su programa de entrevistas En la tuya o en la mía, uno de los espacios revelación de la temporada. Récords de audiencia..., confesiones inéditas de sus invitados..., renovación para otra temporada..., Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se apuntan al fenómeno....

Pero este jueves, su salto a los titulares y a la revolución consiguiente en Twitter (o viceversa, que hoy en día nunca esta claro esto) viene como consecuencia de una polémica declaración en una entrevista en la que él era el entrevistado. Palabras consecuencia de un enfado y que a su vez han enfadado a muchos.

Bertín Osborne acudía este jueves por la mañana al programa de la cadena SerHoy por Hoy, en el tramo presentado por Gemma Nierga, quien le preguntado por su reciente entrevista a la nieta de Franco Carmen Martínez-Bordiú, en la que fue criticado por no plantear cuestiones incómodo sobre su abuelo.

Ante la pregunta, Osborne ha respondido molesto y ha recordado que eso pasó hace tiempo y que si él ha podido olvidar también lo pueden hacer otros. "A mí me mataron a siete tíos carnales en Paracuellos y si me olvido yo, se pueden olvidar los demás", ha afirmado literalmente elevando ostensiblemente la voz y ha pedido dejar el tema porque se estaba"encabronando".

Ante esa reacción, la presentadora del programa Gemma Nierga le ha pedido que se tranquilizase y le ha pedido que respete a la gente que aún no ha podido olvidar la dictadura. "¿Cómo vamos a olvidarnos de que [Franco] mató a familiares de gente que ahora está escuchando?", ha planteado la periodista.

"¡No podemos sacar esto otra vez, cincuenta años después, ha habido muertos por todos los lados, no podemos estar otra vez con las dos Españas! ¡Que estaba superado ya, hace muchos años!", ha insistido entonces Bertín Osborne.

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Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 11:04 pm

Flores frescas

No hay ninguna normalidad en la relación de España con el franquismo

MANUEL JABOIS


Una de las primeras medidas de Sarkozy al llegar al poder fue ordenar que en todas las aulas se leyese cada 22 de octubre la carta que escribió Guy Moquet antes de morir, un comunista de 17 años fusilado ese día por los nazis. Habían pasado 66 años de su muerte, y el gesto no le sirvió a Sarkozy para evitar críticas de la izquierda por la instrumentalización de un símbolo. Pero en aquel gesto de la derecha no dejaba de haber el reconocimiento de una deuda: la de quienes se opusieron al fascismo y dieron la vida contra él.

Las democracias europeas, con una excepción cercana que pone flores frescas en la tumba de su caudillo, han hecho de la limpieza de sus nombres una prioridad. Ha sido una tarea obsesiva que no ha terminado aún. De la tarea de despiojarse de dictadores y colaboracionistas se han ocupado gobernantes de izquierda y derecha, y lo han hecho bajo un patriotismo estricto: el de una nación higiénica. Los símbolos importan: las placas, las estatuas, las medallas y los hijos predilectos tienen una razón de ser. Acogerse a la residualidad sólo es un atajo con el que se termina justificando una ideología criminal por la razón, tan paternal, de que no molesta.

40 años después de la muerte de Franco buena parte de la sociedad sigue reclamando que sea olvidado y que el país mire hacia delante con mucha altura, mucha esperanza y mucho olvido, Houdini mediante, en el Valle de los Caídos. El juego político llega a la perversión de que denunciar lo evidente le convierte a uno en el respirador artificial del dictador. Se les reconoce porque han pasado 40 años, pero cuando habían pasado dos ya estaban diciendo lo mismo: no abran heridas, circulen, todo el día con la fosa de no sé quién.

No es el tiempo lo que molesta (“¿dónde ponemos el crono de la historia?”, se pregunta Rivera: en las generaciones que la terminan de sufrir) sino el escrúpulo apaciguador de unos y sentimental de otros. ¿Por qué no se va a poder decir “Arriba España”?, se escucha a propósito de esa alcaldesa desatada del PP. Porque es una expresión que el Abc censuró hace un año a Utrera en su obituario de Blas Piñar: algo tendrá.

No hay ninguna normalidad en la relación de España con el franquismo. No hay ninguna dependencia enfermiza homologable en Europa como la de este país con su dictador y los marginales que le sobreviven. Una Fundación que exhibe sus ideas y sus exóticos méritos no es síntoma de madurez democrática sino de degradación, una familia que se pasea por las revistas con el patrimonio saqueado no es kitsch sino una aberración moral y consentida.

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Carmencita Franco y el amor - Manuel Jabois

Mensajepor Invitado » Sab 05 Dic, 2015 11:23 pm

Carmencita Franco y el amor

Franco quería un niño, pero tuvo una hija, una mujer que baja por Serrano como un globo, bien conservada y con piel suave de delfín

Manuel Jabois


Carmencita Franco tiene las pupilas más bonitas de Madrid.

-Carmen, cómo vas, menudas pupilas llevas –le dicen las mujeres al salir de misa.

Ella asiente o ríe, dependiendo del humor. El psicólogo Jeremy Dean publicó un estudio en el que dice que las pupilas se dilatan cuando una persona reconoce a gente de su misma ideología. Carmencita Franco sale de la iglesia como si saliese de la Cañada Real.

-Menudas pupilas, Carmen, arriba España –le gritan.

Hay una serenidad patológica en las viudas que de vez en cuando se reúnen en salones de té a jugar al gin rummy, partidas de cartas en las que se conspira para no morir. Se reúnen veinte mujeres dos veces por semana, muchas duquesas, todas amables, frías y religiosas como una célula durmiente. Nunca se sabe si se les ha muerto el marido o la tristeza. Las ancianas se juntan para ir a misa, jugar a las cartas, beber en copa balón y viajar por el mundo. Hace poco fueron todas a Pekín, otro día al Vaticano a tomar café con el Papa. Carmencita mueve a sus viudas como Di Caprio a sus amigos en avión privado para ver boxeo.

Un día a Pitita Ridruejo, autora de la mejor frase de la historia (“A mucha gente no le conviene que llegue el Apocalipsis”, dijo como reprochando), le preguntaron por qué las mujeres de la alta sociedad, Cuqui, Fefa y ella misma, tenían nombres de perrita. Contestó simplemente que eran tontas, aunque yo creo que no tienen un pelo. El titular de la entrevista fue: “El Apocalipsis ha llegado, esto no es normal”.

Carmencita Franco baja a Serrano como un globo, bien conservada y con piel suave de delfín; no hay forma de que no la miren, sobre todo por su barrio, el de Salamanca. “No bombardeéis ahí que nos están esperando”, dijo el general, y ella vive en Hermanos Bécquer porque nunca se sabe. Nenuca la llamaba su padre, que a los ocho años la sacó de actriz ante las cámaras en medio de la guerra para mandar un mensaje a los niños nazis.

-¿Quieres decir algo a los niños alemanes? –le pregunta Franco.

-Pero, ¿qué les digo?

-Lo que quieras.

Y acto seguido Franco empieza a susurrarle de pie lo que la niña va repitiendo en alto, con tanta torpeza que el general sale en plano hasta que alguien se da cuenta y lo cierra en la niña, que bien pudo ser peor y cerrarlo en el padre: habría tenido una voz más masculina. La cara de la madre, Carmen Polo, es de estar perdiendo la guerra.

-Pido a Dios que todos los niños del mundo no conozcan los sufrimientos y las tristezas que tienen los niños que están aún en poder de los enemigos de mi patria. Yo deseo que todos los niños españoles tengan una casa alegre con cariño y con juguetes. Y, por eso, envío un beso a todos los niños del mundo.

No se sabe qué les importaba eso a los niños nazis, que estaban organizando la invasión de Europa, y no le contestaron nunca.

Vázquez Montalbán le hizo decir a Millán Astray a propósito de Carmencita: "Esa chica es tan entera como su padre, pero en más hombre". Se casó con Cristóbal Martínez-Bordiú, del que su hijo dijo que era un señorito andaluz que buscaba un braguetazo para pegarse la gran vida (al marqués de Villaverde le llamaban el marqués de Vayavida). Ese hijo, José Cristóbal, tuvo una reacción de Hollywood al morir su abuelo dictador: lo dejó todo para meterse a militar y seguir sus pasos, no se sabe si literalmente. Jimmy Gimémez-Arnau lo presentó en su libro sobre los Franco como “un militar, el más serio, con una profunda vocación castrense y una idea solemne y honda de lo que fue su abuelo. Sin miedo a errar, el que lo tiene más claro. Quiere ser militar a toda costa”. Un día José Cristóbal entró en la redacción de Interviú y anunció entre chicas en tetas que dejaba el Ejército porque el uniforme le ponía cara de “gilipollas”. La que se nos quedó a nosotros cuando terminó casándose con la mujer más guapa de España, José Toledo. Así acabó la tradición militarista de los Franco, que se fue disipando entre rentas y alquileres de palacios para porno soft.

Cristóbal Martínez-Bordiú fue médico sancionado en democracia por vago (vago de profesión y de democracia), y a principios de los 90 ya se estaba dejando cosas dentro de los pacientes, como unas gasas dentro de un tórax. “En vez de unas gasas pudiste haberte olvidado el fascismo”, le dijo un jefe de planta. El primo de Franco contó en sus memorias que Carmencita buscaba amigas feas para que el marqués apaciguase el instinto. Murió de frivolidad entre las ruinas del imperio firmando una frase sobre el patrimonio del dictador, que el yernísimo administró como un granjero de Illinois: “Llega un momento en que la vaca deja de dar leche y hay que comérsela".

La salida de misa en algunos lugares sigue siendo la Transición. Carmen Franco se recoge dentro de unos abrigos de mucha piel y se despide de la gente como si se marchase de una época. El frío le rejuvenece la cara y le tensa los labios. Ha comulgado y está en paz con España y con Dios, en orden cambiante. Todos los años va a su puesto del Santo Sepulcro en un rastrillo de Madrid (vestido de caballero de la orden del Santo Sepulcro de la Orden de Jerusalén apareció su marido en la boda, que casi no le dejan entrar por pensar que estaba de broma) a ejercer la caridad, uno de los pilares que permanecen incorruptibles de la sociedad de entonces: que el departamento de pobres y necesitados lo lleven mujeres importantes, como las señoras de los congresistas americanos.


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    Carmen Martínez Bordiú y Carmen Franco, durante la corrida de la beneficencia en Madrid

El rastrillo lo lidera Pilar de Borbón, hermana de don Juan Carlos, y a él van toreros, motoristas y aristócratas a recaudar fondos. En 2012 se presentaron unos funcionarios municipales a decir que aquello tenía alguna deficiencia y no podía inaugurarse al día siguiente. Varias mujeres se echaron a llorar sacando de golpe pañuelos de iniciales bordadas en hilo de oro y otras permanecieron calladas sin dar crédito a aquel violento choque con la autoridad. Doña Pilar se subió a una mesa y arengó a las duquesas diciendo que de allí al día siguiente las sacarían a todas la Policía, pero el rastrillo se iba a celebrar como había Dios, que lo había y mucho. Con la luz atravesándole el pelo blanco doña Pilar parecía Rafael Alberti gritando en su jardín en medio de la guerra. Puño en alto, la presión popular terminó por arrodillar a Ana Botella, que les dio los permisos no fueran a acampar las duquesas en Sol para jugar al gin rummy y beber en copa balón. Tras la revolución, la Gran Duquesa María declaró: “Muy angustioso, muy angustioso”.

Hace unos años el Abc hizo un mapa a sus lectores para contarle a dónde iban a misa los creyentes más famosos de Madrid, una especie de hit parade de la comunión. Dónde se creía más, dónde se creía mejor, a quién te gustaría encontrarte en el ejercicio de la fe. De todos Carmencita es la que más va al norte, a San Francisco Borja de los Jesuitas, donde comulgó Carrero antes de que le volaran de un bombazo. El coche del almirante aterrizó en un tejado y el primero que llegó fue un cura que como primera medida de auxilio hizo la extremaunción sin saber quiénes estaban dentro. Cuando se conocieron las identidades de las víctimas se hicieron nuevas extremaunciones, esta vez a conciencia. Desde la iglesia, esa zona cero que dejó a su padre entre las lágrimas y el laconismo (“no hay mal que por bien no venga”), Carmen Franco Polo tiene que recorrer para llegar a su casa 200 metros que a veces hace acompañada de María Dolores Bermúdez de Castro, duquesa de Montealegre. Las dos son amigas íntimas, inseparables, y a veces se juntan con la condesa viuda de Maura o con María Queipo de Llano o con quien sea, que ya son mayores de edad.

Carmencita es una mujer aún bella, encogida, menos que cualquier persona de su edad a la que se puede meter en el bolsillo. Fue siempre noticia y siempre noticia absurda, pero eso no le amargó la vida porque al fin y al cabo pertenecía a un programa genético, un arquetipo de las que habrían de ser nenucas de España. Hace poco leí que el hijo de un gran sultán estaba deprimido y se quería pegar un tiro, y hacía las declaraciones a una revista de la jet encima de un sofá enorme, más grande que un barrio de chabolas. La familia en cierto sentido aplasta, encorva: los llevas a todos a la espalda, no digamos cuando mueren. Se van acumulando primero en el dobladillo de la nuca y luego repartiéndose el peso hasta que te agachan de tal manera que pueden enterrarte en una cajita de dominó.

Si a los 14 años a Carmencita Franco le apetecía ir a ver el Museo Naval la recibía el ministro de Marina, el director, los ayudantes y los periodistas, que hacían crónica: “Salió complacidísima de la visita”. Al terminar a la niña el ministro, que estaba para esas cosas porque en España entonces no había mar, le regalaba un modelo de galeón del siglo XVII. Si los industriales valencianos en aquella época de bonanza, años 40, querían hacerle regalos, se presentaban en El Pardo con todas las autoridades del mundo y los periodistas, que informaban al día siguiente de que la niña había recibido trajes y abanicos, algo que le produjo “grata impresión”; al terminar la ofrenda se pasaba casualmente su padre, Francisco Franco, y preguntaba a los industriales por la exportación de la naranja y los tejidos de seda. En cierto modo Carmencita era como una especie de pantano móvil, todo el día inaugurándola por éste o aquel motivo. El dictador la había explotado en la guerra con más habilidad que a los moros para presentar su lado casual, el lado casual de Franco, un hombre entregado a su familia y a una vida apacible mientras bombardeaba España.

En medio de la guerra se sucedieron reportajes alentadores, verdaderas filigranas literarias en las que Carmencita hace las veces de Blondi, la perra de Hitler, con la que Franco pudiese volcar su humanidad. Los asesinos generalmente necesitan al menos unas horas al día para demostrarse a sí mismos que nunca se abandona el amor del todo, como tampoco el odio. Juan del Mar, que acabaría escribiendo un libro de título misterioso (‘Yugo y Flechas’), dijo haber sorprendido al Caudillo en medio de la guerra en su vida privada con unas fotos en las que la familia parecía haber posando los últimos quince años. “El Caudillo acaso había regresado de algún frente donde se realizan operaciones trascendentales. En sus oídos traía el trueno artillero redoblando gloriosamente, y en sus ojos plasmada la visión de horror de un pueblo en llamas que un bárbaro enemigo había incendiado, para que España, en su inevitable reconquista, sólo encontrara escombros; y para descansar de la visión terrible y grandiosa se sumergió por unos momentos, como en un baño reparador, en la paz de su hogar, donde las señoras hacen labor casera en un remanso del jardín y los niños juegan alegres e inocentes”.

A medida que las tropas franquistas avanzaban lo hacía también la literatura, y a la retirada de la Generación del 27, espantada, exiliada o fusilada, le siguieron verbos de no salir de cama, construcciones sintácticas inabordables y un polvo al que primero se empezaron a acostumbrar las palabras y más tarde los españoles. Ese el polvo cayó primero sobre los periódicos y acabaría cubriendo los tejados de las casas: se reconocía a un fascista por un adverbio, por el uso de un adjetivo concreto, por la manera atildada de aparentar tradición cuando sólo era una forma de terrorismo dulzón y encubierto. La escritura reblandecida, gomosa, que hacía rebotar el dedo si se apoyaba en alguna esdrújula, se estaba pareciendo a Franco. Lo cubrió todo y de tal forma que sus cronistas lo tenían presente ya no en el fondo sino en la forma, como si aquel estilo se impusiese al igual que Roma, gracias a Dios, impuso una arquitectura. Se escribía en Franco.

“Viendo el cuadro de su familia afortunada, porque es dichosa y tiene el sentido cabal de la vida y porque reza a Dios mañanas y noches, el salvador de España piensa en otros niños infortunados”, cuenta una portada de ABC en 1937, que advierte con paternalismo la idea que Franco tiene para España: un país de niños. “Por su ancha frente generosa pasa la idea de una España tranquila, pacificada verticalmente –desde la raíz hasta la cumbre- y en que los niños no se vuelvan a ver expuestos en su cataclismo aterrador. Él quisiera que todos los niños españoles, en la España de porvenir que está forjando, tuvieran la alegría de la hija y sobrinos suyos y perfumaran cada día nuevo con una oración a la Virgen que, como un símbolo, lleva un Divino Niño en su brazos” (la Virgen estaba anticipando las promesas electorales del caudillo).

En tanto que niña, que lo fue hasta donde quiso, a Carmencita le tocó ser patrón oro. Una alumna de 11 años de un colegio de Santiago escribió una carta sentidísima a Abc en los que reclamaba ayuda de todas las niñas de España para que firmasen en un pergamino gigante que enviar a Carmencita. Pedía la constitución de comisiones locales en los ayuntamientos que coordinasen la entrega de firmas y que cada una, niña boyante de posguerra, aportase entre cinco y 25 céntimos; se reclamaba que fuese enviado a la primera Junta de Niñas constituida para regalarle un pergamino con firmas a la hija del Caudillo. La razón de tanto amor fue que la gallega escuchó en Radio Castilla de Burgos una locución de Carmencita Franco Polo en la que enviaba un beso a todas las niñas de España por las fiestas de Pascua. Las niñas de España, por tanto, estaban en deuda con ella. La carta al director se despedía de repente con un “le envía un beso su amiga Teresita” que me tuve que levantar a ver quién era el director.

Franco quería ser un niño, o eso decían sus cantores más envenenados. En su peripecia por la vida privada del general, dos cuartillas y ninguna revelación de interés, más allá de que el Caudillo solía respirar oxígeno cuando tenía tiempo libre, Juan del Mar escribió que Franco daría todos los bienes de la tierra por los momentos inefables en que oye "reír a los niños y cantar a los pájaros", única música de su vida doméstica. “Su mano, desguantada, ha dejado de apoyarse en el pomo de una espada invicta: empuña la raqueta de juego de niños en el jardín. Quisiera ser un niño más, y lo es durante los momentos felices en que Dios le brinda de sosiego”.

A veces en mitad de la guerra Franco cogía el coche y montaba a su mujer y su niña en una especie de road movie. Lo que hacían era atravesar el “severo paisaje castellano, bebiendo a bocanadas el aire grave y limpio de esta Castilla que le da el sentido exacto de la raza”, o sea que también respiraba . Un reportaje de la época describió esa alocada huida a ninguna parte en la que los tres llamaban a las puertas de un viejo monasterio “que se alza entre encinas y trigos en algún pueblo cuyo nombre recogió el romancero” y allí se ponían a rezarle a algún Cristo trágico o un santo milagroso, interrumpiendo de forma grave el viaje que anticipó el de Kerouac y Cassady pero marcha atrás. Rezaban juntos, los tres, “una plegaria sentida y cristalina por la gloria y el triunfo de España”.

No sé si Carmencita empezó a ser consciente de Franco antes que yo. Entre algunos de los pecados capitales de la familia está el de ocultarlo todo: hay quien muere viendo a un padre sólo como a un padre. La primera vez que me encontré con un Franco de bruces fue desinteresadamente, cuando estaba leyendo el libro de Jimmy Giménez Arnau y empezaron a salir Francos por todas partes como en una novela de zombis. Unos empiezan a saber de la dictadura por Vizcaíno Casas y otros vamos a lo práctico. Jimmy se encontró con Carmencita ya vieja, en su piso de Hermanos Becquer, y lo que le dijo la duquesa fue que se iba a jugar a las cartas a la Fundación. Es casi seguro que Carmencita supo antes del gin rummy que del franquismo, y aún no es seguro que lo sepa ahora. Después de Carmencita se nos apareció a Jimmy y a mí la Señora, a la que llamaba la Diosa de la Decadencia porque vivía en una nube de la que sólo descendía a atender asuntos minúsculos. “Sólo me queda ver ingratitud”, decía Carmen Polo deambulando por el piso entre cuadros de Paco, amargada porque le habían retirado la escolta.

Cuando empecé a ir a misa a San Francisco Borja de los Jesuitas donde las señoras al salir le gritaban a Carmen que menudas pupilas tenía, también empecé a revelar algunos negativos que se habían quedado dentro, reportajes en los que de algún modo me había quedado a vivir y no encontraba la manera de sacarlos fuera. Era la presencia de Dios, el sustituto de Franco para la primera generación sin él: los primeros que no lo encontramos al lado de los crucifijos al llegar a clase, los primeros que no tuvimos que tropezárnoslo en cada foto de periódico o mosaico de verbena. Parte de lo que queda del franquismo es también lo que queda de Dios. La incrustación familiar del dictador en las casas como figura paternal y recta tuvo que ser sustituida a toda prisa por la de su segundo de a bordo.

En aquella iglesia ya no había franquismo sino restos de Dios, maderas del naufragio que el cura iba recogiendo de un lado a otro como si fuese a subirse de nuevo el telón.

El mérito de Carmencita es que esto lo ha pasado casi sin querer, obedeciendo al padre, que decía no meterse nunca en política, y dedicándose a la pobre dolce far niente que procuraba las estrecheces morales de la época: unos naipes, unos chistes malévolos, llegar tarde a misa, el locurón de viajar, o sea salir de España. De su marido el marqués, al que costaba diferenciar en sus buenos tiempos de la caricatura más exaltada, decía que estaba desequilibrado y no le hacía caso, ni ella ni ningún otro Franco. A la boda de Merry y Jimmy, con todos de etiqueta y trajes pesados en pleno bochorno, el marqués a los postres ya estaba vestido de tenista, y ocupó una pista a la que se fue a pegar bolas mientras los jóvenes le decían “marqués, no das una, marqués” y él los llamaba “socialistas”.

Carmencita no encontró una figura peripatética y horrorizada de sí misma en su padre, que tenía todas las papeletas, sino en su marido. No recibió amor, sólo algún salvoconducto, y el único escándalo caro que protagonizó en vida fue cuando la pararon en la frontera con un montón de oro.

En el retorcimiento absoluto de sus trovadores en la gesta con la que pretendía equipararse al Cid se llegó a la conclusión de que en lugar de la guerra Franco había hecho una declaración de amor. “Es la preocupación central del alma del Caudillo", escribió Manuel Siurot. "Todo soldado que cae es un dolor para nuestro glorioso jefe. Esto nace del amor. Franco y sus generales aman al soldado, los jefes y los oficiales lo aman también y tienen que hacer dentro de las dificultades de la lucha el prodigio de ganarla con la sublime economía de sangre. Los rojos no aman de veras a sus hombres y por eso no se cuidaron de la sublime economía. Es la guerra no sólo una demostración de fuerza y de inteligencia, sino de amor. El día que las llamadas democracias conozcan el derroche de amor que Franco y los suyos están haciendo en la guerra no tendrán ojos bastantes para llorar de arrepentimiento (…) Saludemos, pues, al más grande economista de sangre que ha habido jamás en las guerras”.

Todo era amor entonces: el dictador del amor y nuestro mayo parisino del 36, cuando el país empezó a reventar de amor.

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NODO 24 Noviembre 1975

Mensajepor Invitado » Sab 19 Dic, 2015 3:55 am



Especial fallecimiento Francisco Franco. :cry:

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Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Invitado » Mié 10 Feb, 2016 4:46 am

Convicto

tsevan rabtan


¿Dónde estaba Manuel Fernández Martín en julio de 1936? No lo sabemos, porque los datos sobre su vida comienzan en octubre de ese mismo año, pero sería interesante saberlo.

Sabemos que había nacido en 1914, por lo que en 1936 tenía veintidós años únicamente. Era de Badajoz, pero Badajoz no fue conquistada por las tropas de Franco hasta agosto de 1936. No sabemos si estaba en Badajoz entonces. Si no supiéramos cómo fue, deberíamos creer que estuvo en territorio republicano hasta octubre de 1936, ya que el dos de ese mes se unió al ejército rebelde. Alguien como él se debería haber unido a los sublevados desde el principio, pero tardó tres meses.

No lo sé, pero aventuro que esperó el tiempo suficiente para ponderar las posibilidades de éxito. Eso sí, como tantos otros, su afección fue fulminante.

Manuel Fernández Martín, el bajito, rechoncho y graciosete Manuel Fernández Martín, era alférez a los seis días de unirse al ejército. Alférez médico. Sin embargo, no sabía nada de medicina. Pensarán ustedes que iba a ser difícil disimular, sobre todo en una guerra, pero durante seis meses participó en centenares de intervenciones quirúrgicas. Hasta que, en abril de 1937, se hizo jurídico militar. Hombre talentoso, nuestro Manuel, porque tampoco era abogado. Pero, qué quieren que les diga, es más fácil disimular que se sabe de derecho, sobre todo cuando se trata de juicios sumarísimos, que disimular que se sabe de medicina.

En lo que coinciden los que lo conocieron es en un detalle interesante: que era un auténtico hijo de puta, especialmente conocido por acosar e insultar a los procesados. Comenzó a participar en consejos de guerra. A lo largo de su vida, como fiscal o ayudante, intervino en más de cuatro mil procesos en los que se condenará a muerte a más de mil personas.

Tras la guerra le nombran director de los campos de concentración de prisioneros de Badajoz y Mérida y urde su justificación. Como es conocido como una persona especialmente afecta al Movimiento, consigue, del presidente del colegio de abogados de Cáceres, un certificado en el que pide que declare que se trata de “una persona de conducta intachable y afecto al régimen”, para inmediatamente después falsificar el documento añadiendo que está matriculado en dicho colegio. Cuando se le reclama el expediente académico afirma, y nadie lo discute, que fue quemado por los rojos, durante la guerra.

Gracias a ese papel falsificado fue ascendiendo y adquiriendo notoriedad. Muchos dirán luego que era evidente su carencia de conocimientos. Suponemos que sí, pero los servicios son pagados con creces.

Durante treinta años tomará decisiones sobre la vida y la muerte o ayudará a tomarlas, ya que asesoraba a jueces sin formación militar, actuando como ponente. Hasta que llegó el momento cumbre de su carrera. Han detenido a Julián Grimau en Madrid. Lo han torturado y lanzado por una ventana, pero ha sobrevivido. El caso se hace famoso y aparece en los periódicos de todo el mundo, justo cuando el régimen empieza a preocuparse por su imagen exterior y por el daño que puede hacer al turismo.

Manuel Fernández Martín es designado ponente y una de las primeras decisiones que toma es hablar con el abogado designado para la defensa de Grimau. Se llama Alejandro Rebollo, es oficial y licenciado en derecho, aunque no es preceptivo y además decide hacer bien su trabajo. Rebollo sabe que el ponente es una mala bestia que lee libros sobre los “crímenes de los rojos” para motivarse. Quiere una condena fácil y por eso exige al defensor que deje de tocar las narices, a la vez que lo acusa de ser el causante de las manifestaciones contra Franco que se repiten en diferentes capitales europeas. Cuenta Rebollo que el ponente le tiró un periódico a la cara y le dijo: “Ahí está tu salario. Ya tienes una calle en Praga”.

El abogado se ampara en algo incontrovertible: aunque Grimau hubiera cometido torturas y asesinatos en una checa de Barcelona, tal y como se sostenía, los crímenes habrían prescrito, salvo si se trataba de un delito continuado de rebelión militar. Pero lo cierto es que Grimau había estado más de veinte años en el extranjero. Dio lo mismo. Sin pruebas y en pocas horas fue condenado a muerte. Manuel Fernández Martín prácticamente no le dejó hablar en su defensa.

El Consejo de Ministros, incluido el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, ratificó la condena. El voto fue unánime, aunque Castiella intentó convencer a Franco de la repercusión internacional. Tiempo después se supo que dos semanas antes se había creado el Tribunal de Orden Público, lo que excluía la jurisdicción del tribunal militar. El juicio era nulo, pero se ocultó la información. aprobado en el consejo de ministros el proyecto que creaba el Tribunal de Orden Público, lo que excluiría la jurisdicción de los tribunales militares para el futuro. En esas circunstancias, habría sido más difícil negar el indulto. Sin embargo, se ocultó esa información (1).

Grimau abrazó a Rebollo, su abogado, en el paredón. Habían pasado la noche juntos. El teniente firmó el final de su carrera, al realizar demasiado bien su trabajo.

Lo más extraño es que en 1964 alguien se cansó de Manuel Fernández Martín. Debía ser vox populi que no era abogado y se abrió una investigación. Al final resultó que sólo había aprobado tres asignaturas de primero de Derecho en la Universidad de Sevilla. Se le condenó a un año y seis meses de prisión, ya que se le aplicó una extraña atenuante, que no había pretendido causar daños de tanta gravedad.

Murió en 1967. Nunca entendió por qué le habían humillado sus camaradas.

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(1) En la versión original, se menciona que ya se había creado el TOP en el momento del juicio. Como bien me indican en los comentarios, la ley se firmó por Franco el 2/12/1963, se publicó el 5/12/1963 y no entró en vigor hasta bien entrado 1964. He encontrado la discusión de la ley en el pleno del 28/11/1963 (tras varios meses en comisión). Al parecer el proyecto fue aprobado en el Consejo de Ministros de 5/4/1963.

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nada cambia

Calles - ARCADI ESPADA

Mensajepor nada cambia » Jue 11 Feb, 2016 2:54 am

Calles

ARCADI ESPADA



¿POR QUÉ el franquismo no puso una calle a Federico García Lorca? Porque lo había matado. Es decir, no porque fuera un poeta menor, o en Madrid o en Granada no hubiera calles sin lápida. Sino porque el franquismo fue un régimen nacido de una victoria militar, basado en la extinción o el arrinconamiento de una parte de los ciudadanos. De ahí que uno de sus primeros trabajos fuera borrar todo signo de la existencia política, cultural o sociológica de millones de españoles. Al margen de algunas iniciativas particulares y locales, el franquismo no promovió la reconciliación de los españoles, a diferencia de lo que hizo en 1956 el Partido Comunista. A veces no se entiende con la suficiente claridad lo que significa reconciliación. No se trata de un abrazo ni de un perdón colectivo, aunque pueda haber ornamentaciones de ese tipo. Se trata de la participación de todos los ciudadanos en el espacio público, en igualdad de condiciones. Hasta su final, el franquismo mantuvo a muchos españoles aparte. No quiso o no supo aliarse con el tiempo para corregir su naturaleza, basada en el ¡ay! de los vencidos. Fue la democracia la que organizó la política de reconciliación, conscientes tal vez aquellos hombres transitorios de que la democracia es, en esencia, una reconciliación. El hecho de que el franquismo no fuera derrocado la facilitó. Y también lo hizo una certeza púdicamente reservada: y es que había muchos españoles dispuestos a actuar como demócratas que, sin embargo, no se avergonzaban del régimen anterior, del que reconocían al tiempo su deslealtad y su ineluctabilidad. La vergüenza es un asunto clave. Los españoles no se avergonzaron abrumadoramente de Franco como los alemanes de Hitler. No entro ahora en si eso es o no justo. Sólo que es decisivo a la hora de analizar el tratamiento democrático de su memoria y la de su régimen.

Por las mismas razones que el franquismo no premió a Lorca se promueve ahora desde el templo del saber complutense la retirada de honores a Pla, Dalí, Mihura, Pemán o Gerardo Diego. El franquismo no perdió un minuto en averiguar qué mérito habría en describir la luna como «Ajo de agónica plata» y la podredumbre no lo pierde ahora en atender qué radical lección planiana se esconde en la frase: «La persiana es verde».

No han ganado una guerra civil, pero su raíz totalitaria es la misma. Si son demócratas es sólo porque pasaban por aquí.

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Pilar Franco

Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Pilar Franco » Vie 12 Feb, 2016 1:49 am

Pilar Franco a la prensa argentina, 1980

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Calles - ARCADI ESPADA

Mensajepor Invitado » Vie 12 Feb, 2016 9:33 pm

nada cambia escribió:
Calles

ARCADI ESPADA



¿POR QUÉ el franquismo no puso una calle a Federico García Lorca? Porque lo había matado. Es decir, no porque fuera un poeta menor, o en Madrid o en Granada no hubiera calles sin lápida. Sino porque el franquismo fue un régimen nacido de una victoria militar, basado en la extinción o el arrinconamiento de una parte de los ciudadanos. De ahí que uno de sus primeros trabajos fuera borrar todo signo de la existencia política, cultural o sociológica de millones de españoles. Al margen de algunas iniciativas particulares y locales, el franquismo no promovió la reconciliación de los españoles, a diferencia de lo que hizo en 1956 el Partido Comunista. A veces no se entiende con la suficiente claridad lo que significa reconciliación. No se trata de un abrazo ni de un perdón colectivo, aunque pueda haber ornamentaciones de ese tipo. Se trata de la participación de todos los ciudadanos en el espacio público, en igualdad de condiciones. Hasta su final, el franquismo mantuvo a muchos españoles aparte. No quiso o no supo aliarse con el tiempo para corregir su naturaleza, basada en el ¡ay! de los vencidos. Fue la democracia la que organizó la política de reconciliación, conscientes tal vez aquellos hombres transitorios de que la democracia es, en esencia, una reconciliación. El hecho de que el franquismo no fuera derrocado la facilitó. Y también lo hizo una certeza púdicamente reservada: y es que había muchos españoles dispuestos a actuar como demócratas que, sin embargo, no se avergonzaban del régimen anterior, del que reconocían al tiempo su deslealtad y su ineluctabilidad. La vergüenza es un asunto clave. Los españoles no se avergonzaron abrumadoramente de Franco como los alemanes de Hitler. No entro ahora en si eso es o no justo. Sólo que es decisivo a la hora de analizar el tratamiento democrático de su memoria y la de su régimen.

Por las mismas razones que el franquismo no premió a Lorca se promueve ahora desde el templo del saber complutense la retirada de honores a Pla, Dalí, Mihura, Pemán o Gerardo Diego. El franquismo no perdió un minuto en averiguar qué mérito habría en describir la luna como «Ajo de agónica plata» y la podredumbre no lo pierde ahora en atender qué radical lección planiana se esconde en la frase: «La persiana es verde».

No han ganado una guerra civil, pero su raíz totalitaria es la misma. Si son demócratas es sólo porque pasaban por aquí.



pluma sicaria del fascio, los titiriteros te han enterrado ... escoria de la sociedad.

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18 julio

Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor 18 julio » Lun 18 Jul, 2016 1:27 pm



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Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Invitado » Mar 16 Ago, 2016 3:26 pm

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El general Franco con el general Emilio Mola, durante la guerra civil.

Franco terminó la guerra civil con una fortuna equivalente a 388 millones de euros actuales

El jefe del Estado entre 1939 y 1975, el general Francisco Franco Bahamonde, amasó una fortuna de 34 millones de pesetas, equivalente a 388 millones de euros actuales. Y lo hizo entre julio de 1936, fecha en que comenzó la guerra civil, y agosto de 1940, un año después de acaba la contienda,

La cifra específica de 34.302.855,27 pesetas figura en el libro “La otra cara del caudillo. Mitos y realidades de la biografía de Franco”, del que es autor el historiador, economista y diplomático Ángel Viñas.

El historiador extrae esta cantidad del documento titulado “Nota de las cantidades que existen procedentes de donativos y otros conceptos a disposición de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo al día 31 de agosto de 1940”, archivado y custodiado en el Centro Documental de la Memoria Histórica.

El mismo lleva un sello de la Secretaría Militar y Particular del Jefe del Estado y Generalísimo y en su última página va firmada por el coronel secretario Francisco Franco Salgado-Araujo, primo carnal del caudillo, quien ejercía esa responsabilidad.

Según Viñas, es imposible que esos 34 millones de pesetas procedieran de su sueldo y menos en un periodo de cinco años.

La mayor parte de ese dinero procedió de aportaciones de simpatizantes de su causa tras la suscripción nacional abierta para financiar la guerra.

Los 34 millones de pesetas se desglosan, de acuerdo con el documento histórico citado, de la siguiente manera:

Huérfanos de guerra 689.023,81 ptas.

A disposición de S.E. (Banco de España-Madrid) 9.931.504,02 ptas.

Banco de España 11.303,88 ptas.

Donativos para indígenas 56.540,18 ptas.

A disposición de S.E. (Banco de España-Burgos) 215.567,00 ptas.

A disposición de S.E. (Banco Hispano-Americano) 6.060.000,00 ptas.

A disposición de S.E. (Banco Español de Crédito) 6.075.000,00 ptas.

A disposición de S.E. (Banco de Bilbao) 3.000.000,00 ptas.

A disposición de S.E. (Banco Mercantil-Madrid) 468.501,80 ptas.

Reconstrucción del Alcázar 258.373,71 ptas.

??? 7.536.140,88 ptas.

Total 34.302.855,28 ptas.


El epígrafe con los tres interrogantes ??? corresponde a una operación comercial de 600 toneladas de café que, según Viñas, fue donado a España por el dictador brasileño Getúlio Vargas.

Imagen
El producto fue distribuido y vendido a través del aparato estatal e ingresado en la cuenta personal de Franco.

El café era uno de los productos más escasos y, por ello, uno de los más demandados por el estraperlo.

El historiador, que ha investigado las leyes aprobadas durante la dictadura, afirma que dichas prácticas situaron al general Franco en un limbo jurídico. “Con ellas en la mano, Franco podía hacer literalmente lo que le viniera en gana”, afirma.


NÓMINA DE FRANCO ANTES DE LA GUERRA

La nómina del general Franco en noviembre de 1935, cuando era jefe del Estado Mayor, ocho meses antes de estallar la guerra civil, era de 2.493 pesetas. Entonces era ministro de la Guerra (como se llamaba entonces al hoy Ministerio de Defensa), José María Gil Robles, líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas, entonces en el gobierno de coalición en el poder.

Como jefe de Estado, su salario mensual después fue de 50.000 pesetas.

Franco recibió múltiples donativos, como el conocido Pazo de Meirás, antigua residencia de la escritora Emilia Pardo Bazán, u otras propiedades menos conocidas, y varios coches: un Fiat 1500, dos Hispano Suiza, un Chrysler, un Ford, un Mercedes, un Cadillac, un Packard, un Lincoln, o el Daimler-Benz, que le regaló Adolf Hitler en enero de 1940, coche todo terreno, valorado en 400.000 euros de hoy

Hitler también se benefició de los regalos y donativos de las grandes fortunas de su país, en dinero contante y propiedades. El dictador alemán llegó a cobrar, incluso, un porcentaje por la venta de cada sellos de correos en los que se reproducía su efigie, como derechos de autor, cuenta Viñas. Derechos de autor que le reportaron, entre 1933 y 1945, 77 millones de euros de hoy.

Franco no llegó a ese extremo.

El historiador también revela que Hitler, en el momento de ganar las elecciones generales, en 1933, tenía una deuda con Hacienda de 400.000 marcos (alrededor de cuatro millones de euros), deuda que le fue condonada después.

¿Cómo se le iba a hacer pagar al Fuhrer una ‘nimiedad’ como esa?

El planteamiento que se hizo el historiador para afrontar este libro fue muy simple. “Y empezó con una pregunta: ¿cuántos generales victoriosos que entraron en la guerra sin un duro habían alcanzado en 1940 una fortuna parecida [a la de Franco]. De aquí se derivó otra: ¿cuáles fueron las fuentes con las que Franco nutrió aquellos 34 millones de pesetas?”.

En su libro da todas las respuestas.

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Re: Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Assia » Mié 17 Ago, 2016 4:54 am

Hace tiempo lei que cuando el gobierno republicano encarcelo al millonario mallorquin Juan March,este sinverguenza de March, se escapo misteriosamente de la carcel y puso sus millones a disposicion de los franquistas. No se que pasaria ni la fortuna que en esos anos tenia March. 1 fortuna acomulada a base de fraudes en la que segun el libro que lei, la hizo con barcos asegurados en fuertes cantidad de dinero que el mismo,mandaba a hundir para cobrar el seguro. Asi que el ''generaliimo'' tambien se embolsillaria muchos millones del mallorquin March. '' Pobre March!'' murio en accidente de coche porque segun las malas lenguas contrato a 1 chofer que ni sabia de mecanica ni era buen conductor.
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Re: Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Assia » Mié 17 Ago, 2016 5:02 am

Algo que se me olvido anadir en mi mensaje de arriba: esos barcos asegurados en 1 buen dinero, salian a la mar cargados de corcho. Es que hace anos que lei ese libro y ni siquiera me acuerdo el nombre del autor. Lo que nunca comprendi y eso no se me ha olvidado es a quien compro March dentro de la carcel para que le facilitara la fuga. Es que en la II Republica tambien habia Judas y traidores a la II Republica.
Assia

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Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Invitado » Jue 15 Sep, 2016 3:15 pm




Derecha de admisión

EMILIA LANDALUCE


En Lo que hemos comido, Pla escribió que el bogavante era un monstruo crispado pero que la langosta parecía una niña en su primera comunión: "Es por decir que parece un objeto artístico de los juegos florales; una cosita beata y discreta". No se me ocurre una descripción más delicada para un crustáceo. Tampoco recuerdo una langosta mejor que la que comí de niña en Casa Olga, un restaurante en la provincia de Pontevedra. Allí todo está bueno: los percebes, la centolla, las almejas... ¡Pero es que la langosta! La sirven cocida en agua de mar y con una vinagreta ligerísima. No le hace falta más aunque Revel -seguro que no probó una como ésta- dijera que lo que más le gustaba de la langosta era la mayonesa.

Hace una semana, algunos medios digitales descubrieron este establecimiento que desde hace décadas regenta doña Olga, una dama ya octogenaria que, ¡oh escándalo!, canta el Cara al Sol a los postres y tiene colgadas fotografías de Franco y... de Aznar. "¡Y además saca la bandera del pollo!", escriben en relación a la enseña preconstitucional con el águila de San Juan. "Deberían ilegalizar este restaurante por apología del fascismo", dice un usuario de TripAdvisor. Otro: "Es vergonzoso que haya lugares de este tipo abiertos en España".

Los comentarios críticos son una excepción: el 90% de los usuarios de esta red otorga a Casa Olga entre muy bueno y excelente y glosa las bondades del marisco que sirve la señora. Incluso los críticos sucumben: "Tienes que escuchar sus arengas pero todo sea por comer esas langostas". Y añaden: "La señora es un producto de su tiempo pero es encantadora".

Un amigo gallego se ríe de la polémica. El pasado viernes fue a comer a Casa Olga. Por supuesto, volvieron a cantar el Cara al Sol, compuesto por cierto en 1934, dos años antes del inicio de la Guerra.

La libertad, supongo, es poder elegir si se entra o no en Casa Olga. Si a ustedes no les apetece escuchar el Cara al Sol, pueden pedir la langosta a domicilio (la mandan). Es lo que voy a hacer yo. Desde la semana pasada, me cuentan, no hay quien reserve en Casa Olga.




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