Franco tenía un solo cojón.

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Franco tenía un solo cojón.

Mensajepor Invitado » Mié 16 Ago, 2017 2:59 am

Invitado escribió:
:roll:


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Momento en el que el pleno de Sada votaba el sábado iniciativas encaminadas a la incorporación del Pazo de Meirás a patrimonio público y que sea el ayuntamiento quien gestione las visitas al inmueble.


El silencio del PP y el poder de la familia Franco

La gestión del Pazo de Meirás no debe estar en manos de la Fundación Francisco Franco


Nos podemos escandalizar de que al otro lado del Atlántico los supremacistas blancos defiendan a sus líderes confederados con violentos ataques a quienes se manifiestan en contra. Y sobre todo de ese presidente al que le cuesta condenar según qué conductas. Trump es mucho Trump. Pero a este lado también tenemos buenas razones para escandalizarnos de miserias que no generan las condenas ni las actuaciones que deberían ser obvias por parte de todos.

La familia de Francisco Franco, que se apropió ilegítimamente del Pazo de Meirás durante la dictadura mediante donación del pueblo gallego, y que lo ha mantenido en su poder de forma incomprensible, no solo no ha renunciado a una propiedad que no le corresponde salvo por la corrupción que desempeñó su patriarca, sino que ha cedido la gestión de las visitas a la fundación que lleva su nombre y que loa al generalísimo en cuanto tiene ocasión. Su presidente, Jaime Alonso, anunció en un comunicado que utilizará las visitas para mostrar “la grandeza” del ferrolano, cuya gloria cree no tiene parangón en España desde Felipe II.

El Ayuntamiento de Sada, donde se ubica el pazo que fue de Emilia Pardo Bazán, aprobó el sábado reclamar a la Xunta que aparte a la Fundación de la gestión de las visitas y se la traspase al municipio. La familia está obligada a abrir el pazo cuatro veces al mes tras su declaración como Bien de Interés Cultural y ya ha sido expedientada en dos ocasiones por no cumplir.

La moción se aprobó con la abstención del PP. La viceportavoz del Partido Popular de Galicia Paula Prado llegó a pedir a esta oposición “que se preocupa tanto por la Fundación Francisco Franco” que se preocupe más por los venezolanos. “El dictador se llama Nicolás Maduro”, dijo en una emisora local. Aunque qué otra cosa iba a hacer si hasta Rajoy responde “Venezuela” cuando Pablo Iglesias le pregunta en el Congreso por la corrupción. Nadie sabe por qué, pero Venezuela parece a estas alturas un fantástico comodín de la llamada para el PP.

El presidente Feijóo ha prometido emprender acciones legales contra la Fundación si se detecta alguna actuación ilegal y esta debe de estar temblando, a juzgar por la desaparición del comunicado de su Facebook. En él decía: “La Fundación Nacional Francisco Franco ha recibido como un honor la decisión de que gestionemos las visitas al Pazo de Meirás. Es una excelente oportunidad para mostrar al gran público la grandeza de la figura de Francisco Franco. El Pazo es hoy uno de los lugares emblemáticos de Galicia y sobre él recae parte de la gloria de quien lo habitó, probablemente el español de mayor relieve mundial desde Felipe II”. Recordaremos que Hitler también tuvo enorme relieve.

Algunos quisiéramos que el partido en los gobiernos de España y de Galicia condenara sin equívocos a los defensores de Franco y cerrara la puerta a su poder con la misma intensidad con la que deseamos que Trump condene sin excusas y a ser posible con prisa el racismo y el supremacismo. ¿Lo pueden intentar?


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Mensajepor Invitado » Dom 20 Ago, 2017 6:45 pm

con Franco se vivia peor .... :cry:

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Mensajepor Invitado » Mar 22 Ago, 2017 5:49 pm

con Franco no habia problemas con los moros ....

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Mensajepor Invitado » Jue 14 Sep, 2017 3:16 am


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Mensajepor Invitado » Lun 18 Sep, 2017 2:17 am

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La risa de Isaac

Fernanda Tabarés


La mujer del dictador sentía una desbordante pasión por las joyas. Les pasa a muchos tiranos, ese apego por el coleccionismo estrafalario, desde los 1.300 pares de zapatos de Imelda Marcos a las cabezas humanas en el congelador de Idi Amin. A Carmen Polo le ponían las alhajas y las joyerías de la Gran Vía. Cuando las visitaba, un emisario revisaba la ruta un rato antes para recomendar a los comerciantes que fueran generosos. Todo muy voluntario. Algunos reunían el coraje suficiente para cerrar la tienda antes de que llegara la señora y evitar así la ruina y la indignación. Una cerradura podía ser un acto de rebelión política con consecuencias imprevisibles.

Se ve que los Franco disponían así de las cosas. Era todo muy voluntario porque llegaban a los sitios y a todo el mundo se le despeñaban las ganas de regalarles cosas. Pasó el 30 de agosto de 1961 durante una exposición de arte románico en el pazo de Xelmírez. Las joyas de la muestra eran dos esculturas del pórtico de la Gloria, Isaac y Abraham, esculpidas por el Mestre Mateo y para entonces propiedad de la ciudad de Compostela. A doña Carmen le debió de asaltar el mismo instinto y a los comisarios de la muestra el mismo ímpetu que a los joyeros de la Gran Vía: las tallas acabaron en casa del déspota, cuya familia sigue custodiando hoy el expolio. Todo muy voluntario.

Según el Génesis, Isaac era el hijo de Abraham. Lo concibió Sara a una edad improbable para gestar: 90 años. Cuando se le reveló la noticia, Sara improvisó una risa incrédula, esa carcajada con la que impugnamos las chorradas. Eso significa Isaac: ‘risa’. Lo que llevan haciendo los Franco desde 1975 cada vez que se encuentran las estatuas de Mateo en el salón: reírse de lo gallegos.

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Mensajepor Invitado » Jue 19 Oct, 2017 7:31 pm

Recopilatorio de los Mensajes de fin de año de Franco (1957 y 1958)


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Mensajepor Invitado » Jue 16 Nov, 2017 3:08 am

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Iglesia de San Xián de Moraime, en el ayuntamiento de Muxía (A Coruña).


El antojo de Carmen Polo

Un abogado lucha por la devolución de dos pilas medievales que la esposa de Franco usurpó en 1960 de una iglesia de Muxía

SONIA VIZOSO


Cuentan en A Coruña que cuando Carmen Polo, la esposa de Francisco Franco, franqueaba tras su chófer los muros del pazo de Meirás para pasar el día en la ciudad, los anticuarios más avispados corrían a cerrar sus tiendas. Todos temían el ritual de la mujer del dictador: entrar, señalar, llevarse y no pagar. Ya le hubiera gustado al párroco de la iglesia románica de San Xián de Moraime, en el ayuntamiento coruñés de Muxía, haber sabido a lo que se exponía cuando “alrededor de 1960” recibió la visita de Polo al templo que regentaba, una antigua abadía benedictina levantada en el siglo XI y en la que se crió Alfonso VII.

La esposa de Franco se encandiló con dos pilones medievales de gran valor que adornaban el patio de la casa rectoral. Uno era estriado y destinado en otros tiempos a servir de pila bautismal para los nacidos en esta histórica aldea; el otro, liso y reservado para embalsar en su seno agua bendita.

Polo ordenó al cura, José Barrientos, que le enviara esas piezas a Meirás y, aunque también le dijo que solicitara los pertinentes permisos, el camión que al día siguiente llegó a la iglesia en nombre de la esposa del dictador para cargar los vestigios dejó claro que lo de las autorizaciones era solo parte del atrezzo. Alertado inmediatamente el Arzobispado de Santiago de lo ocurrido, las autoridades eclesiásticas, según relató el propio párroco, decidieron “no reclamar en aquel momento las pilas dada la identidad de la persona que las había tomado y su especial posición”.

De los pilones románicos no se ha vuelto a saber, mas ni siquiera la muerte del padre Barrientos, único testigo directo de aquella apropiación por parte de la familia Franco, ha logrado borrar del todo las huellas. El 3 de septiembre de 1980, poco antes de que el párroco falleciera, el abogado Celso Alcaina, originario de la aldea de Moraime y bautizado en la pila que el camión se llevó a Meirás, acompañó a Barrientos a la notaría del cercano municipio de Vimianzo.

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El abogado Celso Alcaina, en su casa de Madrid.

Allí fueron por consejo del entonces presidente de la Real Academia Galega, Domingo García-Sabell, con la esperanza de que el papel timbrado y la incipiente democracia obligaran a los Franco a devolver los pilones a San Xián. El cura, de 80 años, cargó hasta la notaría con los libros de inventario que demostraban la existencia de los desaparecidos pilones medievales de Moraime. Y así fue cómo todo quedó registrado en un documento que, sellado cinco años después de la muerte del dictador, aún conserva el escudo franquista del “una, grande y libre”.

Pese a las pruebas documentales y a que la iglesia de Moraime es Bien de Interés Cultural (BIC), la Xunta no piensa reclamarle los pilones románicos a la familia Franco. “La iglesia de San Xián de Moraime es propiedad de la Iglesia. Por lo tanto, quienes deben reclamar la propiedad de alguna de sus partes si así lo consideran adecuado son los titulares del bien”, alegan fuentes oficiales de la Consellería de Cultura. El Arzobispado de Santiago, por su parte, se limita a señalar que “estudiará el asunto”, examinando “la documentación que pueda existir procedente de la parroquia”.

Celso Alcaina, abogado y excura de militancia socialista, no entiende por qué las instituciones no han atendido sus denuncias. Durante la dictadura, dice, “bastaba que Doña Carmen levantara un dedo para que la Administración no hiciera nada”, pero desde 1980 sus gestiones ante el Gobierno central y la Xunta para que se restituyan los pilones románicos a su emplazamiento original han naufragado.

Tras ser alertado por Alcaina, en 2010 fue el alcalde socialista de Muxía, Félix Porto, quien envió a la Consellería de Cultura, que entonces dirigía el popular Roberto Varela, una carta reclamando formalmente que se impulsasen los trámites para recuperar las piezas que se llevaron los Franco. Aunque adjuntó el acta notarial donde el párroco José Barrientos denuncia lo ocurrido, el regidor confirma que nunca recibió contestación de la Xunta. Alcaina está convencido de que los pilones medievales, unas moles de granito de un metro de altura y "difíciles de transportar", siguen en los jardines del pazo de Meirás, a la vista quizás de los turistas, diputados e inspectores de Patrimonio de la Xunta que en los últimos años han entrado en la finca de los Franco.




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