ARGENTINA NO CONFIABLE...

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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Mensajepor Invitado » Dom 15 May, 2016 11:07 pm

otra opinion escribió:
03.04.2016 - Editorial Imagen
SERVICIOS MUY GRAVADOS

Marcelo Nelson Mouhapé Furné



ImagenLLos tarifazos aplicados por el gobierno nacional provocaron que la bronca se enquiste en quienes cada vez más les cuesta llegar a fin de mes. En la editorial del 14 de febrero titulada “Desequilibrio angustiante”, mencionamos que el combo inflación alta, impuestazos, anuncio de suba de tarifas y sueldos muy atrasados en relación al costo de vida real, creaba angustia en la gente y anunciaba lo que hoy es un hecho: la estrepitosa caída de consumo que genera desempleo y agrava la situación social de muchos.

Los servicios debían aumentar porque su cuadro tarifario estaba muy atrasado; lo importante era como se hacía para que el impacto social sea el menor posible. El gobierno prometió hacerlo gradualmente, pero en la práctica lo lleva a cabo abruptamente.
Además de las constantes subas en los combustibles, -lo que implica un adicional importante al costo de todas las cosas-, el primer tarifazo que llegó a los consumidores es el de energía eléctrica, y por eso de él hablaremos en esta editorial.




Me fio mas de la opinion de un argentino Caduceo que de un Nobel peruano, neoliberal y para colmo novio de la felipina.


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Invitado escribió:

Mauricio Macri ha llevado a cabo reformas valientes para desmontar la maquinaria intervencionista que estaba arruinando a una de las naciones más ricas del mundo

Mario Vargas Llosa



¿Ha terminado por fin para Argentina el tiempo de los desvaríos populistas y el hechizo suicida que ejerció sobre el Gobierno de los Kirchner el “socialismo del siglo XXI” de Chávez y Maduro? Después de pasar una semana en este país me alegra decir que sí, que en los pocos meses que está en el poder Mauricio Macri ha llevado a cabo reformas valientes y radicales para desmontar la maquinaria intervencionista y demagógica que estaba arruinando a una de las naciones más ricas del mundo, aislándola y empujándola hacia el abismo.


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Assia
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Re: ARGENTINA NO CONFIABLE...

Mensajepor Assia » Lun 16 May, 2016 10:41 am

Ahora el Presidente argentino empujara otra vez a Argentina a los ''amantes brazos'' de la FMI y a estar bajo la bota del imperialismo de sus hermanos rubios que tanto desprecian a los hermanos morenitos del Sur. Despues de todo, no hay que estar sorprendido por el apoyo del viejete enamorado de la filipina como 1 viejo chocho, tanto el Presidente argentino, como Varguitas, han sido nombrados en los papeles de Panama. NO HAY QUE OLVIDAR QUE ESE NOMBRAMIENTO EN ESOS PAPELES DE PANAMA DEL PRIMER MINISTRO DE ISLANDIA, NO TUVO MAS REMEDIO QUE DIMITIR SI NO QUERIA SER ECHADO A ''PATA'' POR SU PROPIO PARTIDO.
Assia

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DOS SIGLOS COMO NACION - Marcelo Nelson Mouhapé Fourné

Mensajepor Invitado » Jue 04 Ago, 2016 12:24 am

10.07.2016 - Editorial Imagen
DOS SIGLOS COMO NACION

Marcelo Nelson Mouhapé Furné



ImagenHace doscientos años, en el Congreso de las Provincias Unidas celebrado en Tucumán los diputados congresales firmaron el acta de nuestra independencia, que implicaba romper la dependencia de España y convertirnos en una nación libre y soberana.

Hay una injusticia mayúscula para quienes se jugaron la vida hace dos siglos firmando nuestra independencia, porque sus nombres no son recordados en nuestra memoria colectiva, como si ocurre en otros países. Por eso los vamos a recordar.

Los diputados por Buenos Aires fueron: Juan José Paso, Pedro Medrano, Antonio Sáenz, Tomás Manuel de Anchorena, José Darregueira, Esteban Gascón, y Fray Cayetano Rodriguez.

Los diputados por Córdoba eran: Eduardo Pérez Bulnes, Gerónimo Salguero, José Antonio Cabrera y Miguel Calixto del Corro.

Los diputados por Cuyo fueron: Francisco Narciso Laprida, Tomás Godoy Cruz, Juan Agustín Maza y Fray Justo Santa María de Oro.

Los diputados por Salta eran: José Ignacio de Gorriti, Mariano Boedo y José Moldes.

Los diputados por Tucumán fueron: José Ignacio Thames y Pedro Miguel Araoz.

Los diputados por Santiago del Estero eran: Pedro León Gallo y Pedro Francisco de Uriarte.

Los diputados por Catamarca fueron: Miguel Antonio Acevedo y José Antonio Colombres.

Las provincias que enviaron un solo diputado fueron San Luis con Juan Martín de Pueyrredón; La Rioja con Pedro Ignacio de Castro Barros y Jujuy con Teodoro Sánchez de Bustamante.

Los diputados por el Alto Perú eran por Charcas: José Severo Malabia, Mariano Sánchez de Loria y José Mariano Serrano; por Chichas: José Andrés Pacheco de Melo y Juan José Feliciano Fernández Campero; y por Mizque: Pedro Ignacio Rivera.

Nuestra Independencia como Nación se logró porque nuestros ancestros actuaron con valor y determinación en busca de un objetivo común para todos, el de ser un país libre para ser nosotros quienes forjemos nuestro destino.

Pasaron doscientos años y hoy estamos ante nuevos desafíos, los que nunca se lograrán sino nos contagiamos del espíritu de los que instituyeron e hicieron las bases de nuestro país.

Hoy no surgen próceres. No hay Sanmartines que dejen el futuro asegurado de una carrera militar exitosa en un país constituido para ir a pelear para que nazca su patria, o Belgranos que cambien una tranquila y estable profesión para jugarse la vida en roles para los que no había sido formado y terminar muriendo pobre porque entregó su salud y su fortuna a la causa independentista.

Al comparar a quienes desde la nada y dando hasta sus vidas, unidos en un objetivo común nos hicieron nacer como nación, con los dirigentes actuales, muchos de ellos enlodados en la corrupción y casi todos separados por pequeñeces que les impiden definir prioritarias cuestiones de estado cuyo logro permitiría avanzar en todos los aspectos, nos damos cuenta de que en nuestra forma de ser involucionamos. El individualismo general, al que muchas veces en lo dirigencial se le agrega la codicia delictiva, traba el progreso y nos hace vivir en un permanente destino circular.

Un ejemplo de esto es la lucha contra el hambre. Según el estudio de la Universidad Católica Argentina, hoy un tercio de la población es pobre o indigente: unos 14 millones de personas están en estas condiciones en nuestro país, una problemática que se agrava cada mes por el atraso de ingresos en relación al creciente costo de vida.

Argentina es un país que produce alimentos para diez veces la población que tiene. El hecho de que un tercio de sus habitantes padezca hambre solo se explica porque los gobernantes han sido incapaces, o corruptos, o ambas cosas a la vez.

Es insólito que en Argentina, uno de los países más ricos del mundo en la relación producto bruto interno – población, precisamente por los fondos que ingresan por la venta de materia prima alimenticia, la prioridad deba ser luchar para erradicar la pobreza y el hambre, dos males vinculados que por las condiciones productivas que Dios nos dio deberían estar erradicados hace ya tiempo.

Los próceres de hace dos siglos no hicieron lo que hicieron para que hoy nos quedemos en la fácil y nos limitemos a contemplar como un chico se muere de hambre en nuestro rico país. Debemos unirnos, poner lo nuestro y exigir a nuestros gobernantes que hagan lo que se requiere para vivir todos mejor.

Marcelo N. Mouhapé Furné.



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Mensajepor Invitado » Sab 03 Sep, 2016 1:30 pm


Fort Apache - Guerra Fría por las Malvinas
Han pasado 34 años desde el fin de la Guerra de las Malvinas entre Argentina y Reino Unido por el control de las islas y la situación aún está lejos de solucionarse.

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Mensajepor Invitado » Sab 03 Sep, 2016 8:56 pm

Argentina es un país que produce alimentos para diez veces la población que tiene. El hecho de que un tercio de sus habitantes padezca hambre solo se explica porque los gobernantes han sido incapaces, o corruptos, o ambas cosas a la vez.

Es insólito que en Argentina, uno de los países más ricos del mundo en la relación producto bruto interno – población, precisamente por los fondos que ingresan por la venta de materia prima alimenticia, la prioridad deba ser luchar para erradicar la pobreza y el hambre, dos males vinculados que por las condiciones productivas que Dios nos dio deberían estar erradicados hace ya tiempo.

Los próceres de hace dos siglos no hicieron lo que hicieron para que hoy nos quedemos en la fácil y nos limitemos a contemplar como un chico se muere de hambre en nuestro rico país. Debemos unirnos, poner lo nuestro y exigir a nuestros gobernantes que hagan lo que se requiere para vivir todos mejor.


en argentina cabalga la hambruna y la misiadura ..... recuerdo a marcelito apoyar fervientemente a esta gentuza.... la derechona americana y con ellos vuelve el jambre y todos calladitos y chitones ..... manada de cagados.

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Mensajepor Invitado » Sab 24 Dic, 2016 2:10 am


Maradona: "Vamos Argentina, Vamos Venezuela! Viva el Che!!"
"Para los que me putean por defender a Delcy Rodríguez y a Venezuela"

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Mensajepor Invitado » Mar 07 Feb, 2017 3:45 pm


Entrevista especial a Cristina Fernández, ex presidenta de Argentina
Cristina Fernández, ex presidenta de Argentina, ofreció una entrevista especial a teleSUR desde su residencia en la ciudad de El Calafate, en la que abordó temas de interés general. Entre dichos tópicos destaca la persecución judicial a la que la mandataria y su familia ha sido sometida, así como la situación actual de su país, la cual consideró como un retroceso a los logros sociales y económicos

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Mensajepor Invitado » Jue 09 Feb, 2017 4:16 pm

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Julieta Añazco, sobreviviente de abuso sexual eclesiástico en su infancia, en la catedral de La Plata.

Los escándalos de pedofilia se disparan en Argentina

“Mientras le confesábamos los pecados al oído, él nos tocaba”, cuenta a EL PAÍS una víctima


Julieta Añazco empezó a recordar cuando nació su nieto y sintió un miedo repentino que no sabía explicar. "Me empezaron a venir imágenes que había olvidado y no lo pude parar", dice Añazco a pocos metros de la catedral de la ciudad argentina de La Plata. Aún no había cumplido los 10 años cuando el cura Héctor Ricardo Giménez la manoseó por primera vez, durante un campamento de verano. "Los abusos los perpetraba en el momento de la confesión. Nos hacía hacer una fila larga y todos pasábamos de a uno en una carpa. Mientras le confesábamos los pecados en su oído, pegados a su cuerpo, él nos tocaba. Y después decía que lo que allí sucedía no lo teníamos que contar porque era secreto de confesión y si lo hacíamos iríamos al infierno porque era un pecado. Y le hacíamos caso", relata.

Por las noches, asegura que el sacerdote se desnudaba en la tienda de campaña en la que dormía junto a otras cuatro o cinco niñas y les tocaba el sexo. También aparecía en las duchas y las enjabonaba. "Éramos niñas y adolescentes, no sabíamos bien qué pasaba. Nos quedamos paralizadas", responde. La imposibilidad de plantar cara al abusador y el miedo a contar lo que les hacía alguien que consideraban "lo más cercano a Dios" se repiten en el testimonio de muchas víctimas de curas pedófilos que permanecieron en silencio durante décadas. Argentina, el país del papa Francisco, se ha visto sacudida en los últimos meses por varios escándalos protagonizados por sacerdotes y cada vez son más los que acuden a los tribunales para exigir justicia.

El caso más resonante en manos de la Justicia argentina es el que investiga los supuestos abusos cometidos contra niños sordos en institutos de las ciudades argentinas de La Plata y Mendoza. Nicolás Corradi, de 82 años, y Horacio Corbacho, de 56, están imputados por "abuso sexual agravado con acceso carnal y sexo oral" contra al menos una veintena de niños hipoacúsicos de entre 10 y 12 años en el Instituto Próvolo de Mendoza. Los alumnos eran forzados a practicar sexo oral en presencia de los curas. Algunos fueron violados y golpeados, según sus relatos. El infierno que denuncian lo vivieron antes otros alumnos en la ciudad italiana de Verona, donde Corradi fue acusado de abuso sexual en los años 60. En vez de ser expulsado de la Iglesia católica, sus superiores ordenaron trasladarlo a Argentina. Los abusos y las golpizas se reanudaron en este país, primero en La Plata y después en Mendoza. En ambas arquidiócesis niegan haber sido informados de sus antecedentes en Verona, que habrían evitado nuevas vejaciones. Las víctimas y sus abogados lo ponen en duda.



"Tolerancia cero"

Ante una denuncia, los obispos deben apartar al sacerdote, abrir una investigación y remitirla al Vaticano. Las directrices eclesiásticas contemplan también que la Iglesia se ponga del lado de las víctimas y las acompañe, incluso si deciden acudir a la Justicia penal. "Desde hace tiempo la Iglesia no solamente está trabajando en los casos que se van descubriendo de abuso sexual a menores sino también en la formación de los sacerdotes. La Iglesia tiene una mirada no solamente para ver lo que pasó sino para evitar que pase, para hacer lo imposible para que estos casos no se vuelvan a repetir", dicen fuentes de la curia porteña. Desde el Vaticano, Francisco ha exigido "tolerancia cero" contra los curas pederastas y ha pedido a la jerarquia eclesiástica que tome las medidas necesarias contra esos crímenes.

En su país denuncian que en muchos casos eso no ocurre. "Los cambios impulsados por Bergoglio son barnices, son gestos pour la galerie, para salvar la imagen de la institución", critica el letrado Carlos Lombardi, de la Red de Sobrevivientes de abuso eclesiástico. "El superior de Corradi en Italia era el obispo (Giuseppe) Carraro, que hoy está en trámite de beatificación por parte del papa", denuncia. Llama la atención también sobre el padre Julio César Grassi, que no ha sido expulsado de la Iglesia pese a su condena a 15 años de cárcel por abuso sexual agravado contra un menor. Añazco critica el hermetismo con el que la Iglesia lleva la investigación interna sobre su denuncia y la indiferencia del Papa frente a la carta que le escribieron varias víctimas.

Lombardi representa a querellantes contra curas pedófilos desde hace siete años. Su primer caso fue el del mendocino Iván González, quien comenzó a ser abusado a los 19 años por el entonces diácono Jorge Luis Morello, responsable de su formación en el seminario. "Empezó con tocamientos en el cuello, decía que le dolía el cuello. Y fue avanzando de a poco, hasta que un día me tocó de más y me quedé helado", recuerda González casi dos décadas después. Asegura que el abuso se prolongó durante cuatro años, en los que el diácono le obligaba a guardar silencio bajo la amenaza de que si alguien se enteraba no podría entrar en el seminario.

Omar tenía 17 años y era, según sus propias palabras, un joven "introvertido, callado y de pocos amigos". Cuenta que las vejaciones empezaron durante un campamento, cuando compartió la tienda de campaña con un sacerdote que había sido la primera persona a la que se había atrevido a confesar que su padre abusó de él. "Comenzó con caricias, manoseos y luego concretó el abuso. Todo el tiempo me sentía mal, paralizado, angustiado. Me despertaba y tenía una angustia que no se pasaba con nada. Vivía con mis abuelos en ese momento y no se lo podía contar a la familia", describe.


Complicidad civil

Omar decidió acudir al psicólogo, pero este le recomendó no denunciar al cura para evitar el desgaste y la exposición que sufriría. Le hizo caso y el delito prescribió. Lo mismo le ocurrió a González. Sin embargo, más tarde González decidió querellarse contra el Arzobispado de Mendoza por daños morales ante sus reiteradas negativas para informarle sobre la causa eclesiástica abierta contra Morello. El Tribunal Superior de Justicia provincial le dio la razón en 2015 y obligó a indemnizarlo con 30.000 pesos (3.750 dólares en el momento de la sentencia).

González asegura que en algún momento todas las víctimas han pensado en suicidarse y por eso se consideran supervivientes. Cree que de a poco la sociedad argentina comienza a entender que no mienten, aunque en su momento no opusiesen resistencia ni denunciasen. "Tiene que ver con el poder del abusador sobre la víctima, te paraliza", explica.

El cambio social se percibe también en que cada vez son más los menores que se atreven a poner en palabras el horror que sufren, sin esperar a que pase el tiempo. Uno de ellos fue Renzo, el hijo de 11 años de Silvia Muñoz, habitante de una pequeña localidad de Entre Ríos. Hace unos meses, Renzo la sentó en la cama y le dijo que le tenía que hablar del cura del pueblo, el colombiano Juan Diego Escobar. "El cura me lleva a la pieza, me encierra y me toca. Me toca las bolas, el pito, por encima del calzoncillo", le dijo a su madre. Se quedó helada y se largó a llorar desconsoladamente. Después, decidió denunciarlo. La decisión de acudir a la justicia la enfrentó en un primer momento con los vecinos, pero las críticas disminuyeron cuando apareció otro denunciante. "Quiero que vaya preso, porque sino seguirá haciendo lo mismo en otros lugares", dice Muñoz. En unos meses comenzará el juicio contra el cura Juan José Ilarraz, acusado de abusar de medio centenar de seminaristas de 10 a 14 años, entre 1984 y 1992, en la ciudad de Paraná. "Esto es la punta del iceberg. A medida que las víctimas pierdan el miedo sabremos cuántos más casos hay", asegura Lombardi.

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Mensajepor Invitado » Lun 27 Feb, 2017 11:02 pm



Diálogo por la democracia y el futuro
Conversación entre el Presidente de la Nación de Argentina, Mauricio Macri, y el escritor peruano Mario Vargas Llosa bajo el título 'Diálogo por la democracia y el futuro'.

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Mensajepor Invitado » Lun 20 Mar, 2017 11:16 pm


Mauricio Macri y Juliana Awada en el programa de Mirtha Legrand

Mauricio Macri, cada vez más aplaudido en el mundo y más cuestionado en Argentina

La recuperación económica se retrasa y baja la popularidad, aunque sigue siendo muy alta

“Yo les apoyé mucho, pero yo creo que ustedes no ven la realidad, la gente está muy quejosa, con su salario no le llega, subió todo muchísimo, la luz, el gas, el agua, hay negocios y teatros que están cerrando porque no pueden pagar”. La frase de Mirtha Legrand, la mítica actriz y conductora del programa estrella de los sábados por la noche, de 90 años, un referente importante del mundo que apoyó a Mauricio Macri, dejó al presidente y a su esposa, Juliana Awada, casi sin palabras y con gesto de desconcierto.

“Hay que ser positivos”, acertó a decir Awada, aparentemente sorprendida por la dureza de una mujer que fue muy crítica con Cristina Fernández de Kirchner y alentó como pocos la llegada del macrismo desde un púlpito, el de “La noche de Mirtha”, que desde 1968 rompe audiencias y muestra cada semana su enorme influencia política. Macri, con los ojos desencajados, admitía que hay gente que pueda sentirse decepcionada después de 15 meses de mandato en los que los resultados económicos no son buenos, la pobreza creció, la inflación se disparó –ahora está ralentizándose- y la recesión se agravó. Los números están empezando a cambiar -el desempleo ha bajado y la actividad económica ha crecido- pero los ciudadanos aún no notan la recuperación y hay muchas críticas. El presidente se defendía: “Lo peor ya pasó, estamos empezando a reducir la pobreza, vamos a volver a crecer este año”. Pero Legrand, implacable, negaba con la cabeza y una y otra vez le acusaba de ser demasiado optimista, de estar “mal aconsejado” por Jaime Durán Barba, su gran gurú ecuatoriano, de vivir en una burbuja de entusiasmo.

Todo se producía dentro de un programa especial en la residencia oficial, la quinta de Olivos, en un comedor acondicionado para recibir a Legrand. Macri sabe que tiene un bajón importante de imagen, y recibió a Legrand con la intención de volver a conectar con su mundo, el macrismo, que parece desconcertado ante la marcha de la economía y con una oposición que poco a poco se reorganiza y le prepara huelgas muy fuertes, como la de los maestros, que ponen al Gobierno contra las cuerdas.

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Mensajepor Invitado » Mar 21 Mar, 2017 1:24 pm

no querían taza pues toma taza y media.

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mejor Siria que Argentina

Mensajepor Invitado » Vie 12 May, 2017 4:59 pm

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La odisea de una familia de refugidos
De Córdoba a Aleppo: los asaltaron, no se adaptaron y vuelven a Siria

Hace 4 meses huyeron de la guerra y vinieron al país. Pero por falta de trabajo y los altos precios emprendieron la vuelta.

La inseguridad fue clave. “Al poco tiempo de llegar, les entraron a robar y los desvalijaron. En Siria esto no pasa”



Los Touma huyeron de la guerra civil en Siria y vinieron a Argentina en busca de paz y prosperidad. Se instalaron en Córdoba, donde estuvieron cuatro meses tratando de adaptarse a las costumbres locales. Pero sin conseguir nada de lo que anhelaban, doblegados por la situación social y económica, prefirieron volver a Aleppo, su ciudad. Se fueron ayer y según dijeron a Clarín antes de partir, decidieron regresar porque allá, a pesar de las bombas y el caos, “no hay tanta inseguridad y la vida es más barata”.

Taufic (40), su esposa Ani Habad (29) y sus dos hijas, Kristel (12) y Mari (10), tomaron el último vuelo a Siria que salía anoche desde Ezeiza. Este diario se encontró con ellos más temprano, en el aeropuerto de Córdoba, justo antes de que partieran hacia Buenos Aires. Lucían cansados, algo superados por la situación y entre entusiasmados y preocupados por tener que regresar a un país destruido por una guerra civil que lleva siete años y dejó más de 300.000 muertos.

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“Vinieron persiguiendo un sueño. Les dijeron que iban a tener casa y trabajo. Pero cuando llegaron no encontraron nada”, tradujo Mustafá, amigo de la familia, también sirio, que vive en Argentina hace más de 30 años.

Los Touma llegaron a la ciudad de Pilar, en Córdoba, en diciembre de 2016, escapando de la muerte y de la destrucción. Lo poco o mucho que consiguieron fue gracias a la solidaridad de los vecinos. Uno de ellos incluso se hizo cargo del alquiler de la casa donde se hospedaron, de los gastos diarios y les facilitó un auto.

“Todo lo que que tenían fue gracias la solidaridad de la gente. Sin embargo, ellos no querían vivir de prestado. Querían recuperar su dignidad”, dijo Mustafá, quien agregó: “Faltó ayuda del Estado. Hubo varias promesas incumplidas”.

La inseguridad fue clave. “Al poco tiempo de llegar, les entraron a robar y los desvalijaron. En Siria esto no pasa”, asegura el traductor. Y contó que tras el asalto, Taufic quedó con miedo. “Estaba preocupado por sus hijas. Me llamaba tres veces por día diciendo que se quería ir”, reveló. Además del desarraigo y la barrera del idioma, hubo otros motivos que los impulsaron a irse. Uno fue la falta de trabajo y otro la inflación. “Pensamos que la vida aquí sería más barata y que nuestras hijas tendrían futuro. Con 10 dólares allá vivimos una semana, pero acá todo aumenta”, le dijo Taufic al diario La Voz.

Antes de partir, vecinos, conocidos y familiares trataron de convencerlos de que se quedaran. Que era peligroso regresar. Pero no hubo caso. Ellos insistían con que la situación en Aleppo estaba controlada, algo que en parte es cierto, pero la ciudad sigue siendo una zona de conflicto. Taufic, que quedó lisiado luego de sobrevivir a un bombazo, dijo que allá abrirá nuevamente su perfumería. Y que “si no me va bien, puedo trabajar como taxista, aquí no”. También aseguró que lleva “una bandera argentina, una equipo de mate” y que aprendió a hacer asados. Los refugiados también aseguraron que fueron engañados. Que en Aleppo hay curas argentinos que prometen cosas que no existen. “Son dos curas, uno tucumano y otro salteño. Ellos van convenciendo a las familias con mentiras”, dijo Mustafá.

Desde 2012, cerca de 1.600 ciudadanos sirios ingresaron a Argentina por medio de distintos mecanismos: Programa Siria (Programa Especial de Visado Humanitario para extranjeros afectados por el conflicto de la República Arabe Siria), solicitudes de asilo o reunificación familiar con refugio reconocido y visados emitidos por las representaciones consulares por distintas subcategorías migratorias. Los principales destinos son Capital, Buenos Aires, Córdoba, Salta, Mendoza, La Rioja, Tucumán y San Luis.

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Mensajepor Invitado » Vie 12 May, 2017 5:29 pm

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Los refugiados sirios que se quieren ir de Uruguay: "Nuestro futuro aquí es muy negro"

Cinco familias sirias acampan desde el lunes en una plaza de Montevideo.
Ibrahim Almohmmad huyó de la guerra civil en su país natal, Siria, y tras su paso por un campo de refugiados en Líbano aterrizó en Uruguay, dentro de un programa de acogida del gobierno sudamericano.
Pero un año después de su llegada a Montevideo, Ibrahim se quiere ir.
Como él, otras cuatro familias, unas cuarenta personas, que desde hace dos días acampan frente a la sede del gobierno en una plaza de la capital.
"Queremos volver a Líbano, no más. El futuro para nosotros aquí es muy negro", le dice Ibrahim a BBC Mundo.
"Uruguay es muy bueno y lindo, pero la vida es difícil, es muy caro, tenemos una familia grande, y hay familias de 15 o 13 personas", explica en un precario español.
Ibrahim, que consiguió trabajo en un centro médico del país, tiene tres hijos menores de cinco años y asegura que con su sueldo de unos 370 dólares mensuales no le alcanza para vivir.
Las familias piden más apoyo y poder volver al Líbano, donde vivían antes de llegar.
"No hay problema con el gobierno del Uruguay, no hay problema con el Uruguay, con la gente… Tengo miedo del futuro, quiero soluciones", protesta.
Otros sirios, que llegaron en octubre de 2014 a Uruguay por iniciativa del entonces mandatario del país, José Mujica, también se han quejado del alto costo de vida e incluso de la seguridad, ya que algunos sufrieron robos en este último año.
Estas familias confían en que, si vuelven a Líbano, les será más fácil emprender el viaje hacia otros destinos, como Europa, como más de 350.000 compatriotas han hecho ya atravesando el Mediterráneo, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
Algunos otros refugiados no descartan quedarse en el país, siempre y cuando se les garantice un futuro más prometedor.
Algunas familias tienen hasta 15 hijos, dicen que no les alcanza para mantener a todos en Uruguay.
"Uruguay no pagará el viaje"
Los refugiados han mantenido encuentros con representantes del gobierno de Uruguay, que aseguró que no impedirá su salida.
"No depende de nosotros que los sirios se vayan del país. El mecanismo depende de los Estados de acogida", dijo el secretario de Derechos Humanos de la Presidencia, Javier Miranda, al diario El País de Uruguay.
"Ellos tienen los documentos para poder viajar pero lo que el Estado uruguayo no va a hacer es pagarles el pasaje", aclaró.
Las familias de refugiados en Uruguay reciben asignaciones del gobierno, pero por tiempo limitado.
Se trata de pensiones que varían según la cantidad de hijos y que vencerán en diciembre del año próximo.
Se espera que a finales de año llegue otro grupo de refugiados a Uruguay.
Nuevo contingente
Desde el gobierno señalan que se están estudiando mejoras en los planes de acogida de refugiados de cara a la llegada del próximo contingente de sirios, otros 73, que se espera puedan aterrizar en Uruguay a fines de este año.
Desde la Secretaría de Derechos Humanos se explica que priorizarán el reparto de las familias en diferentes territorios del interior del país antes que en Montevideo, aunque seguirán contando con intérpretes.
El programa de reubicación de refugiados acordado por el gobierno de Mujica, que incluía a un total de 120 personas, tiene un costo de US$3 millones.
Ya otros países latinoamericanos, como Brasil, habían acogido refugiados sirios, pero Uruguay fue el primero que asumió todo el costo de su reasentamiento bajo un programa dela Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR.

PD: no saben nada los sirios ajajajajajajajajajaj en uruguay y argentina tienen que currar y a todos los roban ??????
Estas familias confían en que, si vuelven a Líbano, les será más fácil emprender el viaje hacia otros destinos, como Europa ................

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Mensajepor Invitado » Vie 12 May, 2017 6:03 pm

Normal, Uruguay es un provincia argentina a todos los efectos.

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Mensajepor Invitado » Mar 11 Jul, 2017 1:57 am




La gran madre y el parricida

Esta es la historia de un truculento asesinato y la caída de un mito en Argentina. Sergio Schoklender mató a sus padres y, años después, unió su destino al de Hebe de Bonafini, símbolo de las mujeres de Plaza de Mayo. Hoy ambos están acusados de desvío de fondos

Martín Caparrós


EL HILO DE SANGRE seguía cayendo del maletero de ese coche. El 31 de mayo de 1981 era domingo y hacía frío, lloviznaba; esa mañana, muy temprano, el portero de un edificio del Barrio Norte de Buenos Aires vio la sangre. En esos días toda la Argentina chorreaba sangre —pero se mataba por ocultarlo. Ese chorro, en cambio, se convirtió en la noticia del año cuando la policía informó —en esos tiempos, quien informaba o no informaba era la policía— que los cadáveres que sangraban en ese maletero eran Cristina Silva y Mauricio Schoklender, un matrimonio que vivía con lujos y custodios porque él, ingeniero, dirigía una de las empresas más prósperas de aquel país: Pittsburgh & Cardiff, dedicada, entre muchas otras cosas, a venderle submarinos, tanques y otras armas de guerra al Gobierno militar. La noticia era fuerte; lo fue mucho más al día siguiente, cuando se anunció que los asesinos eran sus hijos Sergio y Pablo.

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Sergio Schoklender, en una foto de septiembre de 2012.

Años después la justicia determinó que aquella noche los Schoklender habían llevado a sus tres hijos —­la tercera se llamaba Valeria— a comer a un restorán caro de la Costanera para festejar el cumpleaños 23º de Sergio, el primogénito. Y que comieron y bebieron y, de vuelta en su piso de Belgrano, la señora Cristina había querido tener —otra vez— algún modo de sexo con su hijo menor y que los dos hermanos le partieron la cabeza con un palo y la estrangularon con una cuerda. Y que después se pasaron un par de horas discutiendo qué harían con el padre —que todavía dormía— y que al fin decidieron matarlo también y que le rompieron el cráneo a palazos y que metieron los dos cuerpos en el maletero del Dodge, salieron, dieron vueltas, lo dejaron en una calle cualquiera, se escaparon. Y que Sergio Schoklender se fue a Mar del Plata, se registró con nombre falso en un hotel, se contrató una puta y al día siguiente, cuando sintió que el cerco se cerraba, se compró un caballo e intentó la ­penúltima fuga. Su cabalgata no llegó muy lejos. ­Cuatro años más tarde lo condenaron a prisión perpetua; en su declaración dijo que tenía toda la culpa, que su hermano ninguna. Los primeros jueces al principio le creyeron; después un tribunal de apelación condenó también a Pablo.



AQUEL 31 DE MAYO era domingo, así que Hebe Pastor de Bonafini habrá estado en su casa. Lo suyo eran los jueves: desde 1977 cada jueves, lloviera o tronara o amenazaran armas, en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno donde gobernaban generales, la señora de Bonafini encabezaba la ronda de las madres que pedían por sus hijos “desaparecidos”. Los suyos, Jorge y Omar, habían sido secuestrados en 1977, y su nuera, María Elena Bugnone, en mayo de 1978: nunca más se había sabido de ellos. Buscándolos había encontrado a otras mujeres como ella; decidieron unirse, buscar juntas.

En 1981 algunos las llamaban todavía las Locas de la Plaza; otros, las subversivas; otros intentaban, de a poco, sumárseles; muchos más las admiraban en silencio. Dos años después, cuando volvió la democracia, las Madres de la Plaza de Mayo se convirtieron en el estandarte de un país que había aceptado con demasiada docilidad —o demasiado agrado— los crímenes de sus militares y que veía en esas mujeres una oportunidad de redimirse; vieron la ocasión de decir: algunas de nosotros no son como nosotros.

Durante los diez años siguientes Hebe de Bonafini se convertiría en la forma más presentable de la Argentina; mientras tanto, Sergio Schoklender cursaba carreras en la cárcel: derecho, psicología, sociología. Nada los destinaba a encontrarse; nadie sabe exactamente por qué Bonafini decidió ir a visitarlo a su prisión.

—Imaginate lo que fue tenerla ahí, que ella me quisiera conocer, me diera bola.

Me dijo mucho después, cuando lo entrevisté, Sergio Schoklender. Entonces le pregunté por qué ella se había interesado en él.

—Creo que fue la rebeldía. Encontrarse con un tipo que no se doblegaba ante nada. Todo el tiempo puteando, peleando todo el tiempo. Y en esa época yo ya era un cuadro político revolucionario formado, me faltaba el fusil y estaba todo.
Hebe de Bonafini lo visitaba dos veces por semana, le llevaba sus comidas a la cárcel; hacia 1993 lo convenció de que podía tener una vida afuera —y Sergio Schoklender pidió los beneficios que le correspondían: primero empezó a salir durante el día y por fin, en 1995, tras 14 años de encierro, volvió a la libertad.

—¿Y en esos primeros encuentros con Hebe alguna vez hablaron del parricidio?

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La presidenta Cristina Fernández de Kirchner entrega un premio a Hebe de Bonafini, presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, en diciembre de 2010 / Juan Mabromata (Getty)

Le pregunté, entonces, tono grave: si él, preso por matar a sus padres, habló de su delito con esa mujer que el mundo conocía por su cruzada contra los asesinos de sus hijos. Sergio Schoklender bajó la voz, bajó la cabeza: yo había cruzado alguna raya.

—No.

Me dijo, y no dijo nada más. Yo le dije que él sabía mejor que nadie que ese encuentro resultaba muy extraño, y él repitió como si no me hubiera oído:

—No, nunca. Nunca fue un tema que habláramos. Jamás me lo preguntó.

—¿Y vos qué pensás?

—Nada, no tenía que ver con eso; tenía que ver con que se encontró con alguien en quien podía confiar. Que ponía todo lo que tenía al servicio de ella, que le explicaba las cosas, que trataba de darle coherencia a un discurso muy lleno de baches. Y así ayudé a construir un mito, a sostener un mito. Y bueno, después los mitos se te caen encima. Los ídolos que tienen pies de barro siempre se caen; el problema es cuando se te caen encima.

Dijo entonces.



CUANDO SALIÓ de la cárcel, Sergio Schoklender se transformó en el ladero más persistente, más inesperado, más criticado, más fiel de Hebe Pastor de Bonafini. Él decía que ella era una madre: “Es como una madre para mí: me cocina, me reta si no como, si le desordeno, si no me cuido. Y además es una relación muy particular porque, junto con todo el afecto, te baja línea política desde que te despertás hasta que te acostás”, dijo entonces. Y ella, años después, contaría que “empecé a quererlo como un hijo, lo traje a vivir acá, a mi casa. Y es una máquina de trabajar, a la que se suma una inteligencia sin igual”. Algunos integrantes de la Asociación Madres de Plaza de Mayo criticaron su presencia, hubo debates y partidas, pero Bonafini lo sostenía con entusiasmo. Schoklender se lo correspondía.

—Vos escribiste que el proyecto que llevaban adelante con las Madres era revolucionario: “Nuestro objetivo era la revolución, la única salida lógica era la lucha armada”, dijiste. “En la universidad guardábamos de todo”.

La Universidad de las Madres era un instituto pedagógico dirigido por la Asociación: allí funcionaban cursos, debates, encuentros, una radio.

—Ah, de todo. Sí, era impresionante. Teníamos de todo.

—¿Qué es “de todo”?

—Armas de todo tipo, pistolas, ametralladoras, granadas, plástico, lo que pidas. Visto ahora es un delirio; en los noventa, en plena época del menemismo, parecía la única salida lógica: había que generar una resistencia. Me acuerdo del lugar donde teníamos guardadas las cosas, que era un pozo en el sótano de la universidad: la ubicación final la conocíamos dos o tres compañeros y Hebe, y nadie más.

—¿Y si alguien le preguntara si eso es cierto, ella diría que sí o que no?

—Nooo. Ella de eso no se va a hacer cargo ni abajo del agua… Y fue un problema enorme que, cuando se arma nuestra alianza con el kirchnerismo, hubo que sacar todo. Y hubo que desarmar una estructura en la que habíamos estado trabajando, en la que muchos compañeros habían puesto muchas expectativas.

—¿Qué pensaban hacer?

—La idea era enviar compañeros a formarse con las FARC en Colombia, con los zapatistas en Chiapas, y que después esos compañeros pudieran venir con alguna formación y comenzar un trabajo, digamos, foquista en algún lugar. Ese era el único modelo posible, no veíamos otra salida.

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Las Madres de Plaza de Mayo, en una manifestación en junio de 2011. / Daniel García (Getty)

Me dijo, y me contó cómo, en esos años noventa, cuando se quedaban sin plata para pagar el funcionamiento de las Madres, “salían a recaudar”:

—Sí, cuando teníamos que salir a recaudar, salíamos a recaudar como en los viejos tiempos.

Dijo, marcando las palabras, con un amago de sonrisa.

—¿Qué querés decir? ¿Cómo eran los viejos tiempos?

—Y choreo [asaltos]. En negocios, en supermercados más bien. Tratábamos de que fuesen lugares que representaran más la concentración oligárquica, no en la farmacia de la esquina.

—Pero nunca firmaron sus acciones.

—No, no. No, porque era temprano.

—¿Temprano?

—Sí, era temprano para que saliera a la luz una organización que no tenía un referente político todavía.

Dijo, como quien reflexiona, y me contó que habían planeado el secuestro del peor jefe de la dictadura, el almirante Eduardo Massera, pero que Bonafini se opuso “y al final se demostró que tenía razón”.



SE DEMOSTRÓ, si acaso, porque en 2003 el gobernador de una provincia patagónica, Néstor Kirchner, ganó por muy poco unas elecciones y se hizo con la presidencia. En medio de la peor crisis argentina, Kirchner, que en los noventa había aplicado la política neoliberal del menemismo, entendió que debía dar un giro radical —al menos de palabra. Para eso, el apoyo de esas mujeres que tantos respetaban, las Madres de la Plaza, sería inapreciable. Decidió cortejarlas: en sus 12 años como gobernador de Santa Cruz jamás las había invitado a su provincia; cuando asumió la presidencia las presentaba en actos y homenajes. Algunas madres lo aceptaron, otras no; Hebe de Bonafini fue la más entusiasta. Schoklender, después, contaría que Hugo Chávez la fue a ver y le dijo que Fidel Castro le mandaba a pedir que apoyara a este presidente nuevo, casi desconocido, de quien ella había dicho, poco antes, que era “la misma mierda que todos los demás” —y que ella le hizo caso.
Bonafini no era cómoda: ya había, por ejemplo, saludado con alborozo el atentado contra las torres de Nueva York —“yo sentí alegría, no voy a ser hipócrita, no me dolió para nada”— y seguía hablando fuerte. En 2007, por ejemplo, trató al arzobispo Jorge Bergoglio de “representante de la dictadura” y “basura fascista”. Pero, aun así, conservaba un capital histórico; su prestigio y su autoridad eran muy útiles para ese Gobierno que buscaba consolidar su poder. En esos años las Madres ampliaron su radio de acción: crearon, entre otras cosas, una especie de ONG llamada Sueños Compartidos para construir viviendas populares. Sergio Schoklender, ya entonces apoderado de la Fundación Madres, decía que había inventado un sistema de construcción buena y barata y manejó esas obras: exultante, anunciaba que levantaría miles de viviendas en las provincias más pobres del país. Para hacerlo, la Fundación recibió, en cinco años, casi 300 millones de euros del Estado.



HASTA QUE, el 25 de mayo de 2011, estalló la noticia: Bonafini había echado a Schoklender de la Fundación, y lo acusaba de las peores cosas. La pelea se había desencadenado cuando un cuadro intermedio del Gobierno, descontento con su parte de la tarta, empezó a ventilar sus irregularidades: la Fundación Madres de Plaza de Mayo era un agujero negro donde desaparecía el dinero que el Estado le daba para sus supuestas construcciones. La entonces presidenta, Cristina Fernández, viuda de Kirchner, colérica, exigió respuestas y empezaron a volar acusaciones e invectivas. “Hebe era una mujer muy primitiva, de muy poca educación, y terminó rodeada de obsecuentes. Ella dejó de ser la mujer que viajaba todos los días en colectivo hasta La Plata; ahora es la mujer que si no viaja en primera, no te viaja”, dijo entonces Schoklender, y empezó a contar todo tipo de historias. Y Bonafini dijo que “no iba a contestar al puterío”, pero los suyos empezaron a filtrar informaciones que responsabilizaban del fraude a Schoklender y hablaban de su “nivel de vida, sus Porsche, sus aviones”.
El delito parecía evidente, pero no hubo proceso: todos los papeles sospechados llevaban la firma de Hebe de Bonafini y las acusaciones se encontraron, durante años, con una justicia poco interesada en atacar a la Gran Víctima, la Madre que había sintetizado la reserva moral de un país con tan pocas reservas. Y que, además, todavía tenía el apoyo absoluto del Gobierno —lo cual, para la mayoría de los jueces argentinos, es un criterio jurídico decisivo. Hasta que, en 2015, el kirchnerismo perdió las elecciones.

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Fidel Castro habla con Hebe de Bonafini mientras son observados por el presidente de Venezuela Hugo Chávez, en una imagen de julio de 2006 tomada en Córdoba (Argentina). / Juan Mabromata (Getty)

El 15 de mayo pasado el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi decidió procesar a Sergio Schoklender y Hebe Pastor de Bonafini por “defraudación de la Administración pública”: su investigación definió que, de las 4.700 casas anunciadas —y pagadas por el Estado—, Sueños Compartidos sólo había entregado 822, y detectó la desaparición de más de 205 millones de pesos —unos 40 millones de euros al cambio del momento. El juez también acusó a Pablo Schoklender, el hermano menor, y a José López, el exsecretario de Obras Públicas que saltó a la fama cuando lo agarraron en la puerta de un convento con varios bolsos cargados de millones de dólares. Sergio Schoklender intentó justificarse: dijo que Bonafini usaba el dinero para pagar “las campañas políticas de los candidatos que Cristina le indicaba”.

Ella, en cambio, dijo que su procesamiento “es el precio que tenemos que pagar por haber dicho que Macri era nuestro enemigo”, y difundió una carta que le había mandado, días antes, a la ex basura fascista Jorge Bergoglio, ahora conocido como Papa Francisco. “Vení que te necesitamos; la estamos pasando muy mal, el país parece una montaña que se cae a pedazos como cuando sucede un terremoto”, le decía. Desde Roma, el jefe de los cristianos le contestaba que “te agradezco lo que me decís en la carta y quisiera reiterar lo que dije tantas veces y te lo expresé cuando estuviste en el Vaticano: frente al dolor de una madre que pierde a sus hijos de una manera tan cruel y violenta siento un profundo respeto y la necesidad de acompañarla con mi cercanía y oración”. Durante décadas, ese dolor la hizo inmune a cualquier crítica, a cualquier escrutinio; parece que ya no. Hace unos días Bonafini, ya 88 años, habló en un acto público: “Basta de ser democráticos para ser buenitos. Yo me cago en los buenos, no soy buena”, dijo. Lo que se juzgue no será eso, sino el robo de muchos millones. Sergio Schoklender tiene grandes posibilidades de volver a la cárcel; Hebe de Bonafini, por su edad, por su imagen, muchas menos. Aunque, por ahora, tampoco podrá salir de la Argentina: se lo prohibió, a mediados de junio, el juez que decretó la quiebra de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.




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