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Mensajepor Invitado » Jue 18 Ene, 2018 5:20 pm

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Brigitte Bardot: "Muchas actrices calientan a los productores para tener un papel"

"Para que se hable de ellas, cuentan que han sido objeto de abusos", ha indicado la actriz y mito erótico en los años 60. "Me parecía encantador que me dijeran que era guapa o que tenía un buen culito. Este tipo de piropo es agradable".

Brigitte Bardot considera que la mayor parte de las denuncias de acoso sexual en el cine que se han conocido en los últimos meses son "casos hipócritas" y afirma que muchas intérpretes "calientan a los productores para tener un papel". En una entrevista con la revista Paris Match, la que fuera actriz y mito erótico de los años 60 indicó que toda la polémica provocada por los abusos a actrices "ocupa el lugar de temas importantes sobre los que habría que debatir". "Yo nunca he sido víctima de acoso sexual. Y me parecía encantador que me dijeran que era guapa o que tenía un buen culito. Este tipo de piropo es agradable", señaló. Bardot, que está retirada desde hace años del cine y se dedica a la defensa de los animales, acusó a actrices de calentar a productores para tener papeles. "Después -añadió-, para que se hable de ellas, cuentan que han sido objeto de abusos. En realidad, más que beneficiarles eso les perjudica", indicó Bardot.

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Mensajepor Invitado » Jue 18 Ene, 2018 11:27 pm


Críticas a la legión por sus cánticos machistas en un desfile en Sanlúcar

"Yo prefiero tener un tanque a tener una mujer porque el tanque va a la guerra y la mujer la guerra es"; "Yo prefiero tener un cabo a una mujer, porque el cabo te da la hostia, y la mujer la hostia es" o "Yo prefiero tener un perro a tener una mujer porque el perro ladra que ladra y la mujer ladrona es".

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Mensajepor Invitado » Sab 20 Ene, 2018 4:24 am


La campaña #noseasanimal de la Junta de Andalucia

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http://faunacallejera.com/

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Mensajepor Invitado » Lun 22 Ene, 2018 3:34 am

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VIOLENCIA DE GÉNERO
Mayores e invisibles

Apenas hay datos y protocolos sobre la violencia de género en mujeres mayores. Miles de ellas están atrapadas desde hace décadas en el maltrato sin ser conscientes y sin posibilidad de rehacer sus vidas

Nacho Carretero




“Que te maltraten durante uno o dos años es horrible. Ahora imagínate haber sufrido maltrato, golpes e insultos, durante 48 años. Eso es toda la vida. Toda una vida maltratada”. Rosa acepta contar su caso desde el anonimato. Se casó cuando tenía 22 años y hoy está a punto de cumplir los 80. Su marido murió hace nueve. Convirtió su vida en un infierno.

“Era imprevisible”, cuenta Rosa en la mesa de una cafetería solitaria, en un barrio de Madrid. “Se enfadaba de pronto y comenzaba como a encenderse y a perder el control. Y eso acababa normalmente en un empujón o rompiendo muebles. Un par de veces llegó a pegarme, aunque no era lo habitual. Lo suyo era destrozar cosas, insultarme, gritarme. Me hacía entrar en pánico. Una noche me empujó y yo me clavé el radiador en la espalda. Casi me deja en silla de ruedas. Todavía hoy padezco de la columna”.

Rosa fue maltratada por su marido durante toda su vida. Lo llamativo es que ella nunca se consideró a sí misma víctima de maltrato. Para Rosa, que su marido le hiciese dormir en el suelo si consideraba que las relaciones sexuales no habían sido satisfactorias o que no le dejase hablar por teléfono si no estaba él delante, era lo que le había tocado. Y había que aceptarlo.

Es este razonamiento uno de los obstáculos más importantes que dificulta ayudar a mujeres mayores víctimas de violencia de género. Un asunto que apenas cuenta con atención, que no dispone de mecanismos y protocolos propios. Y que sume en el silencio y en el olvido a miles de mujeres en España que, durante décadas, han sido maltratadas por sus maridos. Y que todavía lo siguen siendo.


Resignadas

Apenas hay datos de la violencia de género en mujeres mayores de 65 años. El último registro del balance anual de Violencia Doméstica y de Género del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2016 muestra que las mujeres mayores apenas denuncian y suponen, a ojos de la oficialidad, una parte muy pequeña del total de víctimas.

A falta de estadísticas globales, cabe tomar en cuenta los números de distintas asociaciones o administraciones para poder aproximarnos a una idea. En el Hospital Clínico San Carlos de Madrid disponen de una Comisión contra la Violencia en cuyo último registro anual se concluye que un tercio de las mujeres mayores de 65 años con señales de violencia resultan ser víctimas de violencia de género.

Marisa Rebolledo es pedagoga social y experta en violencia de género. En los últimos cinco años se ha especializado en violencia contra mujeres mayores, a quienes ofrece formación y asesoramiento a través de un programa del Espacio Ágora. “Falta un estudio profundo y serio a nivel nacional. Este es uno de los problemas más desconocidos que tenemos en España y su gravedad es altísima. Necesitamos datos, conocer la situación y que la gente tome conciencia”.

Explica Marisa que la mayoría de mujeres mayores desconoce las ayudas y las herramientas para salir de una situación de maltrato. “No tienen acceso a ellas o a la información para conocerlas”.

Otro factor que esconde esta problemática es el relacionado con la mentalidad y cultura de muchas mujeres de la tercera edad en España. “Pertenecen a una generación educada en el franquismo y el catolicismo, que acepta su rol y asume que el matrimonio debe ser para siempre. Que es su obligación luchar porque así sea”. Las reflexiones que Marisa escucha de las mujeres en sus jornadas de formación están siempre vinculadas a la asunción: ‘es lo que Dios me ha dado’ o ‘es lo que me ha tocado’.

Esta mentalidad evita, en muchas ocasiones, que las mujeres maltratadas tomen conciencia. Que se vean a sí mismas como víctimas. A no ser que hayan recibido una paliza, es poco probable que, sin formación e información, estas mujeres se reconozcan como maltratadas. Sin ayuda, son incapaces de detectarlo.

La doctora Montserrat Lázaro del Nogal es geriatra en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Explica que, efectivamente, uno de los principales escollos con los que se topa es el silencio. “Algunas mujeres mayores han sido educadas en el machismo, crecidas en la naturalidad de la agresión, minadas de autoestima. Son las que todo lo callan, lo perdonan o ni lo identifican. Es la violencia machista en la última edad. Es un grave problema oculto del maltrato de género”, afirma.

La propia Marisa Rebolledo explica que la mayoría de mujeres perdonan a sus maltratadores o se niegan a hablar mal de ellos tras su fallecimiento. “Hay ahí una mentalidad de pertenencia a su marido, de incapacidad para enfrentarse a él incluso después de muerto”


Atrapadas en el machismo

Ana María se casó cuando tenía 20 años después de solo 11 meses de noviazgo. “A mí me pasó lo que me pasó porque me casé con un hombre que no conocía”, dice en el salón de su casa en el centro de Madrid. “Fue como un flechazo, un amor de esos muy romántico y todo era maravilloso. Pero al cabo de uno o dos años empezaron los problemas”.

Se trataba primero de enfados, gritos y golpes contra las puertas. Con el tiempo llegaron los empujones y enseguida las palizas. “Empezó a beber. Bebía a diario y no quería ir a trabajar. Se pasaba el día en el sillón tirado y de ahí al bar. Yo me puse a buscar trabajo porque teníamos tres hijas y había que sacar esa casa adelante, pero él no me dejaba. Se ponía en la puerta, bloqueándome el paso, y me decía que yo no iba a trabajar”.

Ana María recuerda con pánico los años que duró su matrimonio. “Yo estaba en casa con mis hijas y, si veía que pasaban las nueve de la noche, ya nos preparábamos. Ya sabíamos lo que nos esperaba porque venía bebido. Yo, cuando miraba el reloj y eran más de las nueve, temblaba”.

El sonido de las llaves entrando en la cerradura de la puerta era la señal. “Un día entró, vio que le estábamos esperando para cenar y empezó a gritar que por qué no habíamos cenado. Se puso a tirar todo y destrozó un mueble tirando la olla de la comida contra él”. Ana María recibió varias palizas a lo largo de su vida. “Lo peor era por las noches. A veces yo estaba durmiendo y me caía un bofetón de improviso. Yo pasaba las noches en un estado de tensión, de nervios. No sabía cuándo me podía dar una bofetada”.

El infierno lo aguantó Ana María durante casi 30 años. Hasta que una noche, borracho, su marido le puso una pistola en la cabeza mientras ella estaba en la cama. Así la tuvo toda la noche, hasta el amanecer. Cuando él se quedó dormido, Ana María se fue con lo puesto y jamás regresó. “Yo di el paso, empujada por mis hijas. Al cabo de unos días de escaparme me planteaba volver, era mi marido, estaba solo… Pero mis hijas me dijeron que, si regresaba, me olvidara de ellas. Así que nunca volví”.

Ana María dio el paso gracias a sus hijas. No es lo habitual. La mayoría de mujeres mayores no se plantean salir de la relación o romper con la situación de violencia. Porque no pueden. Cuando eran jóvenes no tenían a dónde ir, la mayoría de ellas sin trabajo y dependientes económicamente de sus maridos. Además, en casi todos los casos la familia e incluso los hijos se oponían a que las mujeres dieran este paso. “Llegado a los 70 u 80 años, pues les resulta más fácil aguantar lo que les queda que dar el paso tan traumático de romper con todo y reiniciar su vida. Tienen callo”, dice Marisa Rebolledo.

“Cuidaron de sus hijos, de sus casas, de sus padres, de sus suegros. No cotizaron. No tienen, por tanto, una pensión que les dé libertad. Es precisamente su dependencia económica la que lleva a sus hijos e hijas a no querer o no poder hacerse cargo de ellas cuando deciden dar el paso. Si los hijos no apoyan, es imposible que una mujer mayor deje atrás una vida de violencia. Es el grupo de mujeres de mayor vulnerabilidad, el que tiene más dependencia emocional, física y hasta económica. Y menos oportunidades para rehacer su vida”, añade la doctora Montserrat Lázaro.

Ana María explica el caso de una amiga suya, también maltratada, que huyó de su casa y la Guardia Civil la arrestó y la devolvió al domicilio acusada de abandono del hogar. Ella misma, Ana María, recuerda el día que su hija fue a pedir ayuda al vecino por una paliza que le estaba dando su marido. “El vecino llegó y le pidió a calma a Antonio. Diciéndole, ‘a ver Antonio, para hombre, déjalo ya’, como si nada. Y yo en el suelo ensangrentada. Cuando años más tarde denuncié, ese vecino le prohibió a su mujer testificar. Dijo que no era asunto suyo”.

Aquella denuncia de poco sirvió. El juez ni siquiera miró a los ojos a Ana María ni le dejó hablar. Su marido fue absuelto. Aquellas experiencias, esas formas de funcionar, permanecen todavía en la cabeza de muchas mujeres mayores que desisten si quiera de intentarlo.

“Yo ahora -termina Ana María- veo a una chica jovencita a la que su novio le dice déjame ver tu móvil, con quién estabas o algo así y pienso: huye, huye que aún estás a tiempo”.


Viudas y todavía víctimas

Explica Marisa Rebolledo que a las mujeres viudas no se les considera víctimas de violencia de género porque su marido ya ha fallecido. “En realidad -denuncia- ellas siguen padeciendo los efectos del maltrato. Son víctimas. Son mujeres que han estado aguantando 40 o 50 años de violencia y ahora sufren estrés postraumático, terrores nocturnos, síndrome de indefensión y secuelas físicas irreparables”. Calcula Marisa que un 40% de las mujeres mayores víctimas de violencia de género son viudas.

El problema es que no existen protocolos específicos para ellas. Apenas hay estudios sobre violencia de género en la tercera edad en España. “Se necesita formación específica para ayudar a estas mujeres, articular una atención especializada y ayudas para que puedan rehacer su vida. Y no existen en España donde se ha empezado a hacer caso a esta problemática hace solo 5 o 6 años”, dice Marisa Rebolledo.

“Los profesionales sanitarios tienen dificultades para identificar a mujeres mayores víctimas de maltrato de género. Faltan medios y recursos. También la sociedad tiene dificultades para reconocer este problema”, explica Montserrat Lázaro.

A la invisibilidad también ayuda el reducido número de asesinadas con respecto al total de víctimas. Esto se debe a que la mayoría de mujeres mayores no plantan cara, no intentar revertir la situación, algo que, normalmente, desencadena el asesinato. “Produce más alarma social cuando la víctima es joven. Y es comprensible. Pero la sociedad debería abrir los ojos con respecto a lo que está pasando con sus mujeres mayores. Ellas lo van aguantando en silencio”.

Cuenta Marisa que la principal demanda, la mayor esperanza que se encuentra en las mujeres a las que forma y asiste es clara: “Que se muera antes que yo. Unos 3 o 4 años antes y así poder tener un poquito de vida tranquila”.

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Mensajepor Invitado » Vie 26 Ene, 2018 1:57 pm


EL PELIGROSO, Y MAJADERO, VIRUS FEMINISTA
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda una evidencia: que, por suerte, varón y varona son muy distintos.

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Mensajepor Invitado » Lun 05 Feb, 2018 1:56 pm


PREMIOS GOYA: EL AQUELARRE FEMINISTA
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda que el feminismo, como el marxismo, se ha convertido en una gran mentira.

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Mensajepor Invitado » Mié 14 Feb, 2018 1:51 pm


CHICAS POBRES OBLIGADAS A IR DESNUDAS POR LAS CALLES
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda la crisis femenina provocada por la falta de modestia.

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Mensajepor Invitado » Mié 14 Feb, 2018 1:56 pm

El vídeo que resume el patriarcado en apenas seis segundos


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Mensajepor Invitado » Mar 27 Feb, 2018 2:50 pm

“La puta y la marimacho” o la degradación de la feminidad.

Pío Moa

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Según Paul Diel, las cualidades humanas (los dones de los dioses) tienden a degradarse por efecto de lo que él llama “vanidad” (la voz o la mordedura de la serpiente, es decir, lo vano, la pretensión de ser superior a lo que se es, la hybris o desmesura…; en fin un concepto amplio). La vanidad exalta necesariamente la culpa, ya que las pretensiones vanidosas son incumplibles ante los demás y sobre todo ante sí mismo. Como la culpa exaltada es insufrible, se proyecta acusatoriamente sobre los demás (ellos, hasta la misma sociedad, tienen la culpa de mis males); los cuales a su vez la rechazan, convirtiendo la acusación en sentimentalidad victimista. Mientras la actividad vanidosa permanece (nunca es por completo eliminada en el individuo), genera un círculo infernal de culpa, acusación y sentimentalidad que se refuerzan entre sí, creando neurosis y hasta la locura o cierto tipo de ella.

La teoría me parece interesante, sin estar muy seguro de su certeza. Y creo que puede ser útil para analizar también ciertas actitudes sociales. Así las ideologías, que pretenden divinizar al hombre, por ejemplo, y dan lugar a una especie de pensamiento histérico. Pero veamos cómo funcionaría en relación con la feminidad.

Aunque la feminidad es una evidencia, resulta difícil concretarla, porque se muestra en formas diversas según las mujeres y nunca existe en forma digamos pura, lo mismo que la masculinidad. No existen individuos absolutamente masculinos o femeninos. Sin embargo es una evidencia que se manifiesta tanto física como psíquicamente, en actitudes vitales, tendencias, gestos, formas de hablar, emocionalidad…; en, por ejemplo, la gracia, la delicadeza, cierta forma de alegría, compasividad, empatía o generosidad, que se atribuyen a la mujer por contraste con el varón, en quien esas cualidades están definidamente menos acentuadas. Parece claro que las cualidades femeninas están ligadas a la maternidad, es decir, la transmisión y conservación de la vida, que no solo dibuja el cuerpo femenino, sino también su psique de manera más o menos profunda.

Pero en la sociedad actual, a la difusión del comunismo le ha sucedido la del feminismo que ya estaba implícito en aquel, ambos basados en una idea exacerbada y falsa (vanidosa) de la igualdad. El feminismo trata de negar la diferencia y la complementariedad sexual, lo cual supone, entre otras cosas, la anulación de la atracción entre los sexos, que se basa precisamente en esas diferencias. En primer lugar, los feministas (pues en gran proporción son hombres a quienes tampoco gusta la diferencia y que suelen presentarse, paradójicamente como protectores de la mujer, por lo demás innecesarios) ven la maternidad como un mal, como una inferioridad. Se ensueñan con posibles modos científicos de hacerla inncecesaria; y mientras no llega tan feliz adelanto, promueven activamente el aborto como un derecho e incluso un “sacramento”, del que el padre debe ser drásticamente excluido (el abortismo va acompañado de una intensa acusación al varón que no tiene que sufrir esa maldita “inferioridad”) De ahí, que el feminismo sea tan proclive también a la homosexualidad o a cualquier forma de satisfacer el deseo sexual, comparado a veces a beberse un vaso de agua cuando hay sed. Las implicaciones destructivas de la familia son obvias.

Como, a pesar de todo, la diferencia y la atracción persisten, se trata de anularlas en el plano social. Las actitudes de “marimacho” se presentan en el cine, en la publicidad política, etc., como deseables y admirables (mujeres militares, “caudillas” guerreras, boxeadoras o hasta toreras). Se celebra el acceso de la mujer a tareas o puestos tradicionalmente “reservados al varón” (en realidad creados por el varón), en especial a aquellos de dirección de empresas, entidades burocráticas o políticas, etc. (generalmente no se reclama la igualdad en tareas como la construcción o las minas). Se critica constantemente el hecho de que haya menos investigadoras que investigadores (lo señalaba una necia que dirige el CSIC) o menos directivos que directivas en la universidad o en cualquier tipo de puestos de mando, etc. Cosas que en realidad provienen de una diferencia natural de inclinaciones entre los sexos. Hombres y mujeres tendrían que ser iguales en todo, a su modo un tanto demente de ver las cosas.

Hace años, cuando empezó el neofeminismo, se promovió la imagen de “la mujer ejecutiva”, vestida con sobrio traje sastre y con una cartera en la mano, imitadora en todo de los modales masculinos. La cosa no cuajó, porque las primeras a quienes disgustaba tal modelo era a la gran mayoría de las mujeres. Y vino la reacción en sentido contrario: la vestimenta “prostibularia” y actitudes parejas, como decía un poeta, no recuerdo el nombre, que terminó suicidándose.

Dado que la diferencia no solo persiste sino que mucha gente se empeña en verla algo así como un don maravilloso de la naturaleza, contradicen sin darse cuenta su igualdad obsesiva (como su sexismo obsesivo, que dicen combatir), promoviendo leyes y derechos particulares y antijurídicos como los LGTBI y similares, tratando de volver a una sociedad de privilegios (leyes privadas).

En cambio no suele ocurrir lo mismo en la publicidad comercial, por mucho que se la critique, porque ahí el interés económico inmediato no admite demasiadas fantasías igualitarias, ya que la imagen “marimacho” e igualitaria venden poco. Y precisamente es ahí donde se explota la belleza femenina y la diferencia del modo más explícito, dando de la mujer la imagen de objeto sexual.

Es decir, la feminidad queda degradada en un doble sentido, como marimacho y como “puta”, esta última palabra en el sentido popular que no implica necesariamente prostitución, sino falta de control o de dignidad personal en relación con la sexualidad.


Hazañas del PSOE, el partido más saqueador y destructor de patrimonio histórico-artístico de España en el siglo XX: https://www.youtube.com/watch?v=Ed5BWQ_pBVQ

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Mensajepor Invitado » Jue 01 Mar, 2018 2:00 pm


EL CHISTE FEMINISTA: ESTO HAY QUE MEJORARLO
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda que vivimos la guerra más estúpida de la historia: la guerra de sexos.

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Mensajepor Invitado » Vie 02 Mar, 2018 4:54 pm


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Mensajepor Invitado » Sab 03 Mar, 2018 6:26 pm

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El cardenal Osoro apoya la huelga feminista: "Hay que defender sus derechos, lo haría también la Virgen"

"La expresión máxima de la dignidad de la mujer está en la Virgen María" porque es "madre y está siempre en los momentos más necesarios", ha dicho el cardenal y obispo de Madrid


El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha asegurado que "comprende" a las mujeres que secundarán la 'huelga feminista' del próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para denunciar desde la brecha salarial hasta la precariedad laboral, porque "hay que defender sus derechos" y se ha mostrado convencido de que hasta la propia Virgen María "lo haría".

"Lo comprendo, claro (que las mujeres hagan huelga el 8 de marzo). Hay que defender sus derechos. Lo haría también, lo hace también de hecho, la Santísima Virgen María", ha asegurado Osoro en declaraciones a los medios, tras la presentación de un libro este jueves 1 de marzo en Madrid.

Según ha defendido, "la expresión máxima de la dignidad de la mujer está en la Virgen María" porque es "madre" y porque "está siempre en los momentos más necesarios de la vida del ser humano", como lo estuvo con Jesucristo.

Por ello, ha indicado que no le extraña que el Papa Francisco marque a los obispos de todo el mundo la dirección de defender la dignidad de las mujeres porque, a su juicio, no hay "más valor que el que da el Señor a la mujer".

"El más maravilloso y más grande relato, la valoración más preciosa que se puede hacer de la mujer está en la Virgen María", ha subrayado Osoro.



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Mensajepor Invitado » Mié 07 Mar, 2018 2:10 pm


QUE NO SOMOS TAN BUENAS...
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, impugna el mito feminista sobre la mujer santa.

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Mensajepor Invitado » Mié 07 Mar, 2018 7:16 pm

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Mensajepor Invitado » Mié 07 Mar, 2018 7:31 pm

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Acabamos de enterarnos, por el obispo de San Sebastián, de que Belcebú es feminista. Ya sospechaba yo que el demonio era más progresista que el dios de los católicos. Monseñor José Ignacio Munilla ha señalado en su homilía de Radio María que “es curioso cómo el demonio puede meter un gol desde las propias filas. El feminismo se ha hecho el harakiri” con el 8-M.

Cuenta una leyenda apócrifa que Belcebú se le apareció una vez a un machorro muy revertiano y le ofreció un deseo.

–¡Quiero catarle el moño a todas las tías que se me pongan a tiro!–demandó el sicalíptico varón.

El diablo, conmovido, le concedió la gracia y lo convirtió en váter. Sin duda alguna, apartando a ese tipo de las calles, Satanás nos regaló un enemigo menos del respeto a la mujer, que es palabra, respeto, que resume todas las bellas exigencias de este ocho de marzo y de la historia del feminismo. El Maligno se comportó como un verdadero feminista militante, lo cual que hay que darle toda la razón a monseñor Munilla: Belcebú secundará la huelga de mañana.

El obispo de la radio considera que las promotoras de la huelga defienden las causas del “lesbianismo y el bisexualismo”, y yo creo que, en este caso, monseñor no solo se returce por convicciones morales, sino también para preservar el casi monopolio de abusos a menores que hasta ahora había gozado la iglesia. ¿Cómo se le ocurre a nadie vindicar relaciones homo con alguien que no sea un cura o una monja? Podría ser pecado y hasta digno de investigación judicial. Como ha señalado el cardenal Santiago Cañizares, el gran enemigo de esta sociedad y de la moral pública es “el imperio gay”. Vade retro.

Ya nos advertía Anatole France de que nunca alcanzaremos la visión que tiene el diablo del mundo, pues solo dios escribió un libro. Ahora, gracias a monseñor Munilla, nos vamos haciendo una idea. El de los cuernos y el rabo es feminista, manifestorro, de izquierdas y con simpatías hacia “el imperio gay”.

Escuchando a obispos y cardenales españoles, uno todavía no entiende que todas estas sandeces continúen gozando del crédito intelectual de tantos fieles católicos. O sea, que no haya ningún sector de la feligresía que salga a las teles y a las radios a gritar que munillas y cañizares no los representan, que no todos los católicos son así. ¿Será que lo son?

También extraña, tal y como se la están cogiendo con papel de fumar con las ofensas, que ningún juez haya llamado a declarar a estos señores tan falderos por delitos de odio contra las mujeres, los homosexuales y lesbianas, o contra los niños abusados que es que van provocando. “Hay menores que desean el abuso e incluso te provocan”, nos ilustraba no ha mucho el también obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, que insiste, por otra parte, en calificar de enfermos a los homosexuales.

Al final vamos a tener que darle la razón a Bergamín, quien opinaba que “la teología es la lógica del diablo”. Aunque a estos curillas high standing la palabra teología les viene grande. Quizá sería más adecuado definirlos como expertos en teomanía. Con ellos comparado, Belcebú se está ganando el cielo. Muy a su pesar.




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