Mentiras de la Transición

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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Mensajepor Invitado » Jue 10 Ene, 2013 8:39 pm



TREVIJANO HABLA SOBRE EL PERDÓN, EL OLVIDO Y LAS TRAICIONES DEL REGIMEN DE LA TRANSICION ESPAÑOLA

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Assia
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Mensajepor Assia » Vie 11 Ene, 2013 1:08 am

Yo, tampoco creo que Don Juan perdonara a su hijo ni a la hora de su muerte. A Don Juan,le costo mucho renunciar al trono de Espana y si renuncio fue,porque el grupo de monarqucos que lo apoyaban, liderado por el academico Anson, lo convencieron para que renunciaran a sus derechos disnastico al trono de Espana. Como dice,el Sr. Trevijano, Don Juan renuncio a sus derechos disnastico al verse solo. Es decir, Don Juan renuncio al verse traicionado por Anson y pandilla de monarquicos espanoles que creian en Don Juan,como legitimo heredero al trono de Espana.

PD Se que cada cual y cada quien obra de distinta forma. Por ejemplo,yo,siendo 1 simple ama de casa,NO PERMITIRIA QUE ME DIERAN 1 ENCERRONA COMO DICE EL SR. TREVIJANO (TEMA LA REPUBLICA...EN ESTE MISMO HILO) que le dieron a el, cuando lo llevaron a encontrarse con Juan Carlos I. Si a mi me dan esa encerrona y me invitan para encontrarme con alguien que no quiero ver,SIMPLEMENTE, ME LARGO DEL LUGAR. Sin embargo, el Sr. Trevijano se quedo en esa "encerrona" presumiendo que no saludo a Juan Carlos I,pero que cuando Juan Carlos I,le dijo: " Tono,no quieres saludarme..."
El Sr. Trevijano dice que en voz alta le contesto: "...saludo al amigo,no al sucesor." VAYA HIPOCRESIA DEL SR. TREVIJANO.! En fin, esto es 1 opinion personal de como yo me comportaria si me dieran 1 "encerrona" como el Sr. Trevijano dice que le dieron a el, para encontrarse con Juan Carlos I. Que ridiculo me resulta a mi eso de sentarse en el mismo grupo de Juan Carlos I sin saludarlo.!

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tocomocho

LOS ENCARGADOS

Mensajepor tocomocho » Jue 17 Ene, 2013 1:39 am



Arte para denunciar “el tocomocho de las élites de la Transición”

  • Jorge Galindo y Santiago Sierra presentan una exposición para denunciar a "los responsables del desastre económico"
  • "Es nuestra revancha por toda una vida bajo su propaganda", afirman
La pieza central de Los encargados es un vídeo de cinco minutos de duración, rodado en blanco y negro con sonido ambiente y con la Varsoviana soviética como música de fondo. Rodado durante la madrugada del 15 de agosto del pasado verano, las imágenes muestran una procesión de siete coches oficiales coronados con gigantescos retratos colocados boca abajo y pintados también en blanco y negro. En el primero se ve al rey Juan Carlos. Le siguen los rostros de los presidentes de los sucesivos Gobiernos desde la Transición: Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Son, en palabras de Sierra, las caras visibles del régimen, "las de los encargados de representar los intereses de la banca, del Pentágono, de Roma, de los terratenientes, del Ejército"... Galindo declara que todos ellos son responsables de "políticas asesinas". "Hay que decirlo muy claro: hay gente muriendo y otros miles robados y echados de sus casas. El mal tiene un principio y nosotros estamos hablando del tocomocho de la Transición, dirigida por las élites políticas del franquismo para perdurar hasta nuestros días. Señalamos a los encargados del gran timo".

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/ ... 68482.html

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Mensajepor Assia » Jue 17 Ene, 2013 3:22 am

CANALLAS TRAIDORES TODOS LOS POLITICOS DE LA TRANSICION. ES QUE NO VAN A PAGAR ESTOS TRAIDORES POR EL DANO TAN GRANDE QUE HICIERON Y SIGUEN HACIENDO A LOS ESPANOLES.?

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Mensajepor Invitado » Mié 22 May, 2013 1:49 pm



PRÓXIMO 26 DE MAYO ANTONIO GARCÍA-TREVIJANO EN “LÁGRIMAS EN LA LLUVIA” DE INTERCONOMIA: LA TRANSICIÓN

El domingo, día 26 de mayo, el programa de Intereconomía TV “Lágrimas en la lluvia“ tendrá unos invitados de excepción con los que podremos disfrutar de una más que interesante conversación sobre un tema crucial en la Historia reciente de España: la llamada “Transición“. Participan Dalmacio Negro, Miguel Ayuso, Gabriel Albiac y Antonio García-Trevijano Forte.

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23-F

Mensajepor 23-F » Jue 30 May, 2013 3:43 am



El golpe del 23-F, al fin y al cabo, acabó triunfando de cualquier modo. No solamente por la sesión de maquillaje a que fue sometida la versión oficial. La pasividad popular fue el éxito más importante. Consiguieron que toda España se quedara clavada ante el televisor esperando las palabras del monarca, con una representación regia digna del sainete del “gobierno de salvación nacional”. Su éxito recogía los frutos de los primeros años de la Transición, con los partidos defraudando las expectativas y las reivindicaciones populares. Como consecuencia, se habían producido altas tasas de abstención en las elecciones, multiplicada por dos y por tres entre 1977 y 1980, bordeando el 70%; y, paralelamente, la desafiliación casi en masa de militantes de los partidos Comunista y Socialista (superior al 50% entre 1977 y 1980). El cénit fue el 23-F. Unos días después, el 27 de febrero, hubo una multitudinaria y pacífica manifestación en Madrid que inauguraba la nueva etapa política, con los “héroes” del 23-F (Felipe González, Carrillo y hasta el mismo Fraga Iribarne) encabezando la promovida concentración de masas y dando vivas al rey.

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Cabecera de la manifestación de Madrid, despues del 23F, Nicolas Redondo, Santiago Carrillo, Felipe Gonzalez, Calvo Serer, Rodriguez Sahagun, Manuel Fraga y Marcelino Camacho.

Por otra parte, el ingreso de España en la OTAN fue inmediato. En octubre de 1981, Juan Carlos se reunió con Reagan en visita oficial a Washington y, unos meses después, en mayo de 1982, Calvo Sotelo consiguió que las Cortes la aprobaran. Por lo general, hubo un vuelco hacia la derecha en todo el Estado, con la LOAPA como estandarte antinacionalista. En este marco, AP ganó las elecciones autonómicas de Galicia (el 20 de octubre), cosa que suponía pisar por primera vez el poder en la Transición. Y en las andaluzas (el 23 de mayo), el PSOE barrió al PCE. En todas partes bajaba en caída libre la UCD, a la cual se hacía responsable de lo que se estuvo a punto de perder.

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El golpe de Estado había mostrado que las libertades existentes eran frágiles. Incluso el PCE, algunos sectores del cual habían mantenido hasta entonces reservas críticas hacia la política de concentración democrática, reconocía que había subestimado los riesgos de involución.

Cuando en agosto se convocaron elecciones generales para octubre, el PSOE ya estaba preparado para cambiar su discurso, no preocupar a la banca ni a los poderes fácticos, y apoyar a la monarquía sin complejos. El 23-F fue la coartada perfecta. Fue la definitiva domesticación de las bases del partido. El 28 de octubre ganó por mayoría absoluta con el 48% de los votos, con promesas de salir de la OTAN, crear 800.000 puestos de trabajo y consolidar las libertades. En el discurso de apertura del nueve Parlamento, en noviembre, el antes republicano Peces-Barba se permitió el lujo de decir que “Monarquía y Parlamento no son términos antitéticos, sino complementarios, y su integración en la monarquía parlamentaria, tal como se dibuja en nuestro texto constitucional, produce una estabilidad, un equilibrio y unas posibilidades de progreso difíciles de encontrar en otras formas de Estado“.

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Peces-Barba toma posesión como presidente del Congreso el 18 de noviembre de 1982.


Cuando Juan Carlos firmó el decreto de nombramiento de Felipe González, el 3 de diciembre, dijo emocionado a Peces-Barba: “Si mi abuelo hubiera podido tener esta relación con Pablo Iglesias, habríamos evitado la guerra civil“. Y Gregorio le contestó: “Quizá, señor, para llegar a esto tuvimos que pasar por aquello“. Y por el 23-F, podríamos añadir, también, sin duda.

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Mensajepor Invitado » Vie 21 Jun, 2013 4:56 am

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ENTREVISTA CON ALFREDO GRIMALDOS
"La Transición es el cimiento de la podredumbre actual"

El periodista, investigador y crítico de flamenco publica 'Claves de la Transición 1973-1986 para adultos', una obra que aspira a ser una guía para comprender cómo se produjeron los acontecimientos más importantes de la historia reciente de España y por qué son ocultados

Advertencia. Si el que lee estas líneas cree que la Transición fue un periodo modélico, marcado por el consenso y dirigido por el pueblo, el último libro de Alfredo Grimaldos (Madrid, 1956) 'Claves de la transición 1973-1986 para adultos' ( Editorial Península) puede erosionar su ideología. El autor repasa uno a uno todos los acontecimientos clave del paso de la dictadura franquista al actual sistema con un discurso desmitificador y corrosivo. Desde el papel de "tutela" de la CIA al rol del PCE como "policía de la calle". La Transición es para el autor una "metáfora de un interrogatorio policial" donde son los propios franquistas quienes diseñan el cambio y se reparten los papeles en la obra que ellos mismos dirigen. "La imagen oficial de este periodo se ha construido sobre el silencio, la ocultación, el olvido y la falsificación del pasado", denuncia Grimaldos, quien insiste en que toda salida de la "podredumbre actual" debe pasar por una nueva Constitución.

Su libro arranca con la siguiente frase: "El franquismo no es una dictadura que finaliza con el dictador, sino una estructura de poder específica que integra a la nueva monarquía". ¿Pervive el franquismo en nuestro sistema democrático?

Sí. Nunca ha habido una depuración del aparato franquista ni tampoco interés en llevarla a cabo. Por tanto, sociológicamente queda un poso franquista muy grande. No obstante, quiero puntualizar tu pregunta. Aludes a un sistema democrático que no sé si existe. Esta es una democracia en la que los partidos mangoneos y en la que el pueblo soberano está bastante lejos de las decisiones. El propio sistema electoral es profundamente antidemocrático y favorece el bipartidismo que ha provocado que ellos se lo guisen y ellos se lo coman. Tampoco hay democracia interna en los partidos. A todo esto hay que añadir que los grandes medios de comunicación son todos de derechas y el pueblo está sometido a un discurso de intoxicación constante.


    "El pueblo está sometido a un discurso de intoxicación constante"
Usted acaba de hacer referencia a la distancia que separa al pueblo soberano de las decisiones políticas. En su obra afirma que durante la Transición se asistió a una liquidación de los movimientos populares que ha provocado una partitocracia corrupta y que ahora está llegando a su máximo nivel de podredumbre.

Cuando al final del franquismo deciden que hay que hacer algún cambio es obvio que están forzados por la lucha en la calle y por los movimientos populares que se han ido creando. Era obvio que tenían que actualizar el régimen pero para ello necesitaban desactivar al enemigo y el enemigo era los movimientos populares. Ahí el problema es que inmediatamente cuentan con las direcciones de los partidos de izquierdas, sobre todo del PCE de Carrillo. Lo que hacen es meter en ese enjuague a los dirigentes del PCE y Carrillo que ejerce de policía y se encarga de desactivar la calle y desmontar su propio aparato antes incluso de haber conseguido nada.

¿Por qué cree usted que Carrillo desactivó la lucha en la calle?

Tenía por objetivo entrar en el nuevo juego y buscar su propia posición en la estructura política que se está creando.

El PCE no es el único que sale malparado en su libro. Al PSOE le acusa de traicionar sus principios.

Al PSOE tal y como lo conocíamos lo liquidan en Suresnes (Francia) en 1974. Allí, con el dinero de la socialdemocracia alemana, la tutela de la CIA y la escolta de los servicios de información de Carrero Blanco se inventan un nuevo partido que esté preparado para ser alternativa de poder y mantener el mismo sistema. Cuando Felipe González regresa de Suresnes, donde se hace cargo de la dirección del partido, un comisario lo detiene en Sevilla pensando que ha dado el pelotazo. Sin embargo, sus superiores le dicen que lo suelte inmediatamente porque es "uno los nuestros".

Otro mito de la Transición: el papel de Adolfo Suárez

Adolfo Suárez es un político mediocre que llega al poder por determinadas circunstancias y tiene fecha de caducidad. Él fue elegido para llevar la primera etapa de la Transición hasta las elecciones generales de 1977. Sin embargo, cuando los de arriba decidieron que se tenía que ir él prefirió continuar. No se dio cuenta de que estaba en el cargo precisamente para cumplir una función para otros poderes superiores. En el momento que decide, a contracorriente, quedarse en el poder, empieza a enfrentarse con el rey, con los estadounidenses, con los empresarios, con el Ejército... Hasta que se vio obligado a dimitir.

EL PAPEL DE LA CIA

La CIA está omnipresente en su libro. Toda decisión, todo político que asciende, tiene el beneplácito de los servicios secretos estadounidenses. ¿Hasta qué punto cree usted que la CIA tutela la Transición?

Cuando Nixon llega a España en 1970 se encuentra con un Franco muy mayor. Nixon se vuelve preocupado. Para ellos era muy importante mantener la Península Ibérica en su sistema de alianzas. Entonces, le dice a Vernon Walters, su hombre de confianza, que venga a España para ver qué va a suceder después la muerte del dictador. Franco se dio cuenta enseguida de qué pasaba y le dijo a Walters que está todo atado y bien atado, que el Ejército se pondrá de parte de Juan Carlos I y que su principal monumento no es el Valle de los Caídos sino la clase media española que hará de colchón para impedir una revolución.

Acaba de decir que Franco dejó orden de que el Ejército obedeciera a Juan Carlos I. La pregunta del millón de la Transición es hasta qué punto el rey estaba al tanto del golpe de Estado.

Está claro que el rey sabía del 23-F. Hay que decir también que el 23-F es un golpe residual que se da por inercia. Es una pasada de frenada. Adolfo Suárez se había convertido en un personaje incómodo que no había cumplido con su compromiso de retirarse a tiempo. Además, se había metido en cosas que no debía como la cumbre de los no alineados. Se había convertido en un personaje detestado por el Ejército, por los estadounidenses y por el propio rey. Para quitárselo de encima planean una especie de golpe institucional, en el que está involucrado el PSOE, y formar un gobierno de concentración. Suárez lo ve venir y dimite con lo cual desactiva el golpe. Pero es que había varios golpes dentro del mismo. Y uno de ellos se pasa de frenada.

¿Los americanos estaban al tanto del 23-F?

El golpe del 23-f está auspiciado y tutelado por los estadounidenses. Los americanos desactivan ese mismo día las redes radioeléctricas de comunicaciones y ponen a la Sexta Flota frente a la costa de Valencia. Además, un dato muy significativo: el comandante Cortina, coordinador del Golpe, visitó días antes del golpe la nunciatura del Vaticano en España y la embajada de Estados Unidos. Como tantas otras veces, el Imperio y la Iglesia están al tanto de todo.


EL PODER JUDICIAL

Usted es muy duro en el libro con la Justicia y con la Policía. Los acusa de haber protegido a los asesinos de ultraderecha e incluso de haber dado armas a estos grupos.

El sistema judicial actual es de extrema derecha mayoritariamente y el de hace 35 años ya no tiene ni calificativo. En el libro hablo de que hay hasta cien siglas de grupúsculos de extrema derecha que muchas veces son los mismos, Fuerza Nueva, y otras veces son las propias fuerzas de seguridad. Grupos parapoliciales, muchas veces de la Policía o de la Guardia Civil que se inventa siglas para matar a alguien. Los años 80 son tremendos. Sobre todo en el País Vasco. Aquello fue una matanza.


    "El sistema judicial actual es de extrema derecha"
Ahora se ha destapado el caso de Emilio Hellín, el asesino de Yolanda González.
Es un caso escandaloso pero no es el único. Hay que tener en cuenta que junto a Hellín había un policía nacional y un guardia civil. A Hellín, cuando lo detienen, le dieron hasta dos permisos que aprovecha para escaparse. Es tremendo. Pero los casos como este son innumerables.


    "El papel de Carrillo durante la Transición fue el de ejercer de policía de la calle"
La acusación de promover a hombres con un pasado oscuro en la Transición llega hasta el Gobierno de Zapatero.

Sí. El torturador Gil Rubiales, que ya ha muerto, fue nombrado comisario jefe de canarios por el gabinete de Zapatero. Pero hay otros muchos casos. Por ejemplo: Rafael del Río, director general de Policía en la época de los GAL, ahora es presidente de Cáritas; el torturador 'Billy el niño' fue director general de Talbot; y el ex director general de la Policía Rafael del Río llega a un alto cargo en Iberia. Todos con sueldos fastuosos.


LA CONSTITUCIÓN

¿Queda alguna institución que no esté intoxicada por el pasado franquista?

Está todo muy contaminado. No se ha producido una ruptura democrática y el correspondiente saneamiento del Estado. Ahora tenemos todos los problemas de un Estado del bienestar en retroceso con la rémora añadida de la pervivencia franquista. Tenemos ese plus de miseria política.

Habla de dos factores que influyen en la actual "miseria política": el retroceso del estado de Bienestar y la pervivencia franquista. ¿Qué culpa le corresponde a la Transición que se hizo?

El funcionamiento de este sistema actual viene de los enjuagues de la Transición donde todo se fraguó para que dos partidos mandaran con un sistema electoral antidemocrático y con una absoluta falta de control. Montan el sainete de que el PP y el PSOE están que se matan pero si hacemos balance están de acuerdo en la inmensa mayoría de las grandes decisiones. Entre los dos impiden cualquier tipo de fiscalización y control. Los técnicos hacen informes diciendo que es todo una cochambre pero los ignoran.


    " El golpe del 23-f está auspiciado y tutelado por los estadounidenses"
Denuncia también que la Constitución fue adoptada de espaldas al pueblo

El referéndum de la Constitución fue como un referéndum franquista. Sólo se podía decir sí o no. Votamos la Constitución con todo revuelto. La Iglesia, el rey, normas democratizadoras, derechos... todo un batiburrillo. Eso no puede llamarse democracia. Además, cuando se creó la comisión constitucional, había muchos partidos de izquierdas que aún estaban ilegalizados. Una cosa importante: en el País Vasco las abstenciones y los "no" ganaron al sí. Es decir, allí no se aprobó la Constitución y llevan 30 que se la quieren hacer comer con papas.

¿Cómo se puede iniciar una regeneración del sistema actual?

Cualquier movimiento que pretenda regenerar la democracia pasa por refundar o revisar los acuerdos o medidas de la Transición. La Transición es un gran fraude. Es el cimiento de la podredumbre que tenemos ahora.

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Mensajepor Assia » Vie 21 Jun, 2013 6:23 am

MILLONES DE GRACIAS Invitado por esa MAGNIFICA entrevista. Tambien por poner el titulo del libro y el nombre del autor. Espero poder comprar ese libro en poco tiempo.

PUES QUE BIEN MANIPULARON AL PUEBLO LLANO TODAS ESAS
PANDILLAS DE TRAIDORES Y PRESUNTOS CRIMINALES.!!!

Un abrazo,
Assia

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Mensajepor Assia » Vie 21 Jun, 2013 2:57 pm

He buscado en GOOGLE el nombre del autor de ese libro. Me ha salido varios libros escritos por el mismo autor,1 que me ha llamado la atencion es tambien este:''HISTORIA SOCIAL DEL FLAMENCO." Lo pondre en mi lista para ver si lo puedo comprar en Espana. Tambien preguntare en las bibliotecas y a mi librero, si hay algun libro de este autor traducido a la lengua espanola.

Si la memoria me es fiel,creo que la CONSTITUCION ESPANOLA FUE VOTADA POR 1 MAYORIA. Este autor dice que los vascos votaron ''NO."

Bueno, pongamos por ejemplo que el 14 de Septiembre de este ano,haya 1 estado australiano que votara laborista, pero si los demas Estados (autonomias en Espana) votan por el partido conservador, en la democracia australiana como en otras muchas democracias,ganarian las elecciones el partido conservador.

Estoy deseando de leer ese libro que tan amablemente nos ha colgado,Invitado.

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Mensajepor Invitado » Mar 25 Jun, 2013 3:10 am

DESCUBRA CÓMO FRANCO COMANDÓ LA LLAMADA


"TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA"


"El franquismo no es una dictadura que finaliza con el dictador", comienza diciendo con una acertada precisión Alfredo Grimaldos en su libro "Claves de la Transición (1973 -1986), (Edit Peninsula) "sino una estructura de poder específica que integra a la nueva monarquía".

Y, en efecto, a lo largo de las páginas de este pequeño libro de bolsillo, una excelente y didáctica lección de historia, se describe cómo durante la Transición nunca se llegó a producir un corte histórico en relación con el régimen de Franco. Y es que durante ese periodo no hubo ningún tipo de depuración del aparato de la dictadura. Muy al contrario, fueron los políticos comprometidos históricamente con el Estado franquista los que se encargaron de dirigir "el cambio", de amañarlo en consonancia con los intereses de las clases dominantes y de diseñar el aparato del Estado para su perpetuación. Los policías, jueces y militares de la época de la dictadura continuaron en sus puestos y ascendiendo en el escalafón en la recién estrenada "democracia".

"Los mandos del Ejército que ejercieron de oficiales con Franco - escribe Grimaldos - incorporan nuevas estrellas a sus bocamangas al amparo de la Monarquía, los implacables jueces del Tribunal de Orden Público prosiguen su ascenso en los nuevos tribunales de excepción que surgen, y los torturadores de la antigua Brigada Político-Social mantienen sus siniestras trincheras en los sótanos de la Dirección General de Seguridad. El habitual "aprobado por aclamación" de las Cortes franquistas se sustituye por el sacrosanto "consenso" y el silencio oficial sigue apoderándose de muchos asuntos esenciales de la vida política ".

A partir de entonces, el conjunto del aparato mediático español - la televisión, la prensa , una voluminosa cantidad de libros e infinidad de suplementos impresos - se encargan de reescribir la historia de lo que había sucedido en los años postreros de la dictadura , de mitificar la mentira, de otorgar un protagonismo inmerecido a los que llamaron los " padres de la democracia", procediendo al maquillaje quirúrgico de sus sinuosas trayectorias biográficas. Sin embargo, la realidad - escribe Grimaldos - es que los auténticos protagonistas de la Transición no fueron los políticos profesionales, sino los detenidos y torturados, los miles de encarcelados y, sobre todo, los luchadores muertos.

Con mucha razón, Grimaldos escribe que la imagen oficial de la Transición "se construyó sobre el silencio, la ocultación, el olvido y la falsificación del pasado". Algo perfectamente comprensible, al ser los propios franquistas quienes diseñaros el "cambio" y se repartieron los papeles en la obra cuya dirección asumieron.

"POLICÍAS BUENOS - POLICÍAS MALOS", O CÓMO LA IZQUIERDA FUE CONVERTIDA EN CUSTODIA DEL PODER

La Transición se convirtió en la metáfora de un interrogatorio policial. Eso que los funcionarios de la Brigada Político-Social sabían hacer a la perfección. Para reforzar sus proyectos, los reformistas provenientes de las filas del franquismo ejercen ante la sociedad de "policías buenos". Piden constantemente sumisa colaboración a los opositores "sensatos" y "prudentes" Y ese llamamiento lo acompañan con una clara amenaza: si no se cumplen los requisitos que exige la mesura, pueden intervenir los incontrolados "policías malos", imponiendo el orden manu militari. Y eso, decían, será peor para todos. Ese sistema policial de presión es muy conocido por todos aquellos que pasaron por las comisarias de la dictadura. Durante los años de la llamada transicion democrática ese fue el espantajo que se exhibía para amedrentar a los más rebeldes. Paradojicamente lograron meter miedo con la dictadura cuando esta funcionaba con tanto o más rendimiento que durante los últimos años de la vida del dictador.

El reformismo franquista, que tiene como vocación su perpetuación en el poder, es consciente de que es imprescindible cambiar algunos elementos de la estructura política de la Dictadura. No obstante estará dispuesto a hacerlo solo - escribe Grimaldos - después de haber desactivado previamente al enemigo. La dictadura aún podía continuar conteniendo, hasta cierto punto, el empuje del movimiento de masas. Pero las dificultades para lograr este objetivo iban a ser cada vez mayores, y ello se podía lograr solo pagando el alto precio de un mayor aislamiento exterior de la clase dominante, que necesita del exterior para sobrevivir.

En 1973, el "opositor" monárquico Joaquín Satrústegui, que cuatro años más tarde se convertirá en senador por designación real en las primeras Cortes elegidas en las urnas, en unas declaraciones en Roma traza con precisión cuál debe ser el camino a recorrer para que pueda cumplirse "operación Lampedusa", es decir, cambiar algunas cosas para que nada de lo esencial sea sometido a cambios. "Esta táctica [sic] no tendría razón de ser - declara Satrústegui -si no existiera una oposición reformista, con la ayuda de la cual debemos tratar de controlar y evitar la movilización mayoritaria y la situación que se podría dar después como consecuencia de ella". Y añade proféticamente : "Hay que domeñar, a costa de lo que sea, a los comunistas, sobre todo, y, más importante aún, hay que integrar a sus dirigentes en nuestro proyecto, para que sean ellos mismos los que controlen y eviten la violencia de las huelgas y las revueltas estudiantiles, sobre las que tienen una gran autoridad e influencia. Hay que evitar a toda costa que se proclame la República de nuevo".

Santiago Carrillo, por entonces indiscutido Secretario General del PCE, entendió perfectamente el mensaje y pronto acabó aceptando la Monarquía y haciendo de policía desmovilizador en su importante área de influencia. Por orden de su Secretario general y por primera vez en la historia, las bases del PCE se ven obligadas a enarbolar la bandera de la monarquía borbónica, la misma que presidía los Consejos de Guerra franquistas, y también a enfrentarse con quienes se empeñan en seguir esgrimiendo la enseña tricolor. En más de una ocasión se puede ver a curtidos militantes comunistas cumplir esa insólita y amarga misión con los ojos empañados: "Por favor, compañero, vamos a intentar que no haya problemas... Tengo que hacer esto por disciplina de partido, entiéndelo".

LA LIQUIDACIÓN DE MOVIMIENTO POPULAR Y EL NACIMIENTO DE LA PARTITOCRACIA

Durante ese periodo, el movimiento popular afronta peligrosos pulsos en la calle, enfrentándose contra las fuerzas policiales, con el objetivo de provocar la ruptura democrática. Pero los franquistas renovados tienen claro que para que triunfe la reforma controlada hay que acabar con la resistencia organizada y buscan establecer un "consenso" con las direcciones de los grupos que tienen mayor influencia en la izquierda. No obstante, no resulta facil desmontar las estructuras populares que se han ido creando durante los dos ultimos decenios de la dictadura. En la liquidación de los movimientos populares estará el origen de la partitocracia corrupta que se acaba imponiendo El sistema electoral diseñado y el propio funcionamiento del Congreso de los Diputados contribuirán decisivamente a provocar una ruptura definitiva entre los políticos profesionales y sus votantes.

La Junta Democrática, el organismo unitario presentado en París en 1974, con el auspicio del PCE, va perdiendo brío a medida que la Transición avanza. Se renuncia a la "formación de un gobierno provisional"; la "amnistía total" se consigue gracias a manifestaciones populares convocadas sin el apoyo de los partidos mayoritarios de la oposición. Las calles se tiñen con la sangre de muchos jóvenes estudiantes y obreros. La reivindicación de la "independencia judicial" es definitivamente olvidada. Asimismo, la exigencia de la Junta Democrática de "una consulta para elegir entre monarquía o república", desaparece de las reivindicaciones clave de ese organismo unitario.

Las amenazas de golpe de Estado son una constante durante la Transición. El fantasma de la involución convierte en "salvadores" del proceso de cambio a los reformistas del franquismo y al propio Rey. García-Trevijano, uno de los fundadores de la Junta Democrática, en su libro "El discurso de la república", escribe: "Cuando se propaga el temor social a un peligro inexistente es porque la clase o el partido gobernante están en peligro real de perder el poder. Y echando sobre el pueblo el miedo propio consiguen una nueva legitimación para seguir dominándolo. Esto sucedió al final de la dictadura, con la cínica propaganda de un peligro irreal de guerra civil, para justificar el consenso moral de la transición contra la ruptura democrática".

Las propias direcciones de los grandes partidos, que ya buscan su propio espacio en el sistema , propagan el mensaje de que es necesario un pacto entre las fuerzas democráticas con el régimen franquista con el objetivo de impedir una nueva guerra civil o un golpe militar, Todo ello se argumenta cuando el poder lo continúan detentando quienes han desempeñado papeles claves durante los casi 40 años de dictadura . La Transición democrática se convierte, pues, en el silencio de los corderos.

LOS PACTOS DE LA MONCLOA

El primer gran acto de consenso "oficial", después de las elecciones generales de 1977, lo constituye la firma de los Pactos de La Moncloa, que incluyen acuerdos de contenido político y económico, suscritos en octubre de 1977. Dentro de la lógica habitual del suarismo, la ceremonia de rubrica, encabezada por el presidente del Gobierno, es solemnemente retransmitido en directo por RTVE. El peso de los acuerdos - en la práctica un plan de estabilización - recae sobre los trabajadores y ello provoca numerosos brotes de protesta.

Los Pactos suponen la cesión de numerosas conquistas obreras conseguidas a lo largo de decenios de lucha. Se imponen topes salariales muy por debajo del aumento del índice del coste de la vida, y además se aplican con carácter retroactivo. También se facilita el despido.

A partir de entonces, la debilidad del movimiento obrero es cada vez mayor. Aquí se marca el punto de inflexión entre el sindicalismo reivindicativo y la burocratización subsidiada por el propio Estado.

Santiago Carrillo defiende la necesidad de apoyar los Pactos, porque "el peligro que se cierne sobre la democracia", y uno de los suyos, Caries Navales, destacado sindicalista de CCOO en el Baix Llobregat, añade años más tarde: "A la clase obrera española hay que reconocerle que priorizara la necesidad de consolidar la democracia, aunque ello fuera a costa de perder muchos puestos de trabajo". Las cifras son reveladoras: el número de ocupados españoles, 12,5 millones en 1977, desciende continuamente durante los doce años siguientes.

El que fuera ministro de economía de Suárez, José Luis Leal, agradece a los dirigentes de la izquierda su labor de neutralización del movimiento obrero, en un artículo publicado en El País, el 25 de octubre de 2002, con motivo del 25 aniversario de los Pactos: "El compromiso de los líderes políticos del momento hizo posible la neutralización política de los previsibles efectos sociales del ajuste económico".

Se producen paros y manifestaciones en rechazo de los acuerdos y, como es habitual durante la Transición, las intervenciones de la policía provocan numerosos heridos. Cada nueva muerte provocada por la ultraderecha o por la represión policial lanza a la gente a la calle y, paralelamente, arroja cada vez más en brazos del franquismo reciclado a Carrillo y otros representantes de la oposición.

La táctica de los reformistas pertenecientes al aparato del Estado franquista, empeñados en desactivar al enemigo, funciona a la perfección. Al final, no hay ruptura, ni corte histórico, ni depuración de los aparatos represivos. Franco, a través de sus más directos herederos - el Rey, Suárez, Martín Villa... - es el que realmente comanda la operación de la denominada "Transición demócrática". Con el beneplácito de los políticos opositores, -PSOE, PCE, PSP… se corre el telón sobre las innumerables víctimas del ilegítimo régimen militar sangrientamente nacido del 18 de julio de 1936.

Fuente: http://canariassemanal.org/not/9059/des ... cratica__/

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Mensajepor Invitado » Sab 22 Mar, 2014 8:24 pm



Querido J:

Iba a escribirte sobre Jaime Vándor, que ha muerto y que tenía 11 años cuando en el invierno húngaro de 1944 se refugió con su madre y su hermano en una casa del gueto internacional de Budapest. Le dediqué En nombre de Franco, porque había vivido, literalmente, para contarlo y porque suyas eran dos de las narraciones más estremecedoras de mi libro: la muerte de Georg Bárdos y la violación de Mancy. No le gustó que lo hiciera. No compartía mis tesis principales, esto es, que el diplomático Ángel Sanz Briz no actuó por cuenta propia, sino siguiendo las órdenes del Gobierno de Franco y que Giorgio Perlasca había exagerado su papel en la salvación de los judíos hasta el punto paradójico de difuminarlo. Durante varias horas discutimos con pasión pero con cordialidad extrema sobre estos asuntos. Y también sobre la importancia de los testimonios orales: él se mostraba contrariado por mi escepticismo. Así pues cometí el grave error de dedicarle el libro, sin consultarle. Y como me llegaron ecos de su descontento le escribí pidiéndole disculpas. Me contestó con su tranquila modestia habitual:

- Querido amigo: no son necesarias las disculpas, la realidad es que no me gusta figurar ni convertirme en protagonista de nada. Un abrazo, Jaime.

Pero este año, cuando salga la edición italiana, eliminaré la dedicatoria. Aunque cordial y educado, Vándor era un hombre recto. Me pareció admirable la ausencia de oropeles dramáticos y heroicos en su descripción de la vida en el refugio de la calle San Esteban 35 de Budapest, un piso de dos habitaciones y media donde llegaron a hacinarse 51 personas, algunas durmiendo sobre tablas colocadas en la bañera. No olvidaba, sin incurrir en falacias retrospectivas, que todo aquello lo había vivido un niño:

- Hay una gran diferencia entre niños y adultos. Los adultos en todo momento están pensando si hacen esto o lo otro. Tienen una gran responsabilidad por lo que vaya a pasar. Los niños se dejan llevar porque confían en sus padres. En este caso en su madre porque los únicos hombres que había en el piso eran ya muy ancianos. Los niños, además, se distraen con mucha facilidad. Entre un sobresalto y otro nosotros siempre estábamos jugando. Se jugaba al ajedrez. También era moda entonces coleccionar sellos. Yo leía muchísimo: clásicos húngaros juveniles. Había niños mayores que enseñaban idiomas a los más pequeños.

Habría seguido hasta el final con la historia de Vándor y aquel Budapest. Pero a mitad de la carta llegó el hijo de Adolfo Suárez anunciando que su padre iba a morir en algún momento de las 48 horas próximas. Y no he podido resistirme al singular efecto de tener sobre la mesa un muerto muerto y un muerto vivo. La rueda de prensa del hijo del ex presidente es un ejemplo perfecto y raro del calado contemporáneo del Acontecimiento. En otros tiempos algo más moderados el hijo habría llamado a unos cuantos periodistas importantes y les habría dicho que su padre iba a morir, que descongelaran las necrologías y tuvieran las remesas de papel preparadas. Hoy se lo dice al pueblo, directamente, en una insólita previa de la muerte. Hasta esta hora, y ya han pasado tres, no he visto en ninguna web el único titular posible: «Todo preparado para la muerte de Adolfo Suárez». A ver si da tiempo, y lo leo mañana en algún periódico.

Pero quién podría negar que no hay mal que por bien no venga, especialmente en el periodismo, donde todo es mal. Esta tierra de nadie pública entre la vida y la muerte, esta antesala, me permite compartir contigo una pregunta que de otro modo podría haberse visto arrollada por la fraseología: ¿cuál será el desarrollo político-emocional de la muerte de Adolfo Suárez? Se trata de un verdadero padre de la patria. Salvo el Rey, e incluso eso puede discutirse, no hay otro vivo que merezca ese título. En los países normales eso significaría un duelo profundo y activo, más allá de las oficialidades. ¿Cuántos kilómetros de cola crees que generará el féretro de Suárez? Lo más interesante, sin embargo, será observar cómo tiran del cadáver. El presidente de la Generalitat, el primero, cuando elogie a un hombre que supo negociar en una situación límite y cuyo ejemplo es un reto para los gobernantes españoles de la actualidad. Los quincemesinos luego, subrayando que su muerte física no es más que la encarnación de la muerte del sistema que lideró. El presidente Rajoy: «Ha muerto un español de bien». El ameno Jordi Évole: «Ha muerto su doble». Alfonso Guerra: «Cuando le llamé tahúr del Misisipi fui tan estúpido que quise ofenderle».

Bah.

Antes de acabar voy a hacerte una apuesta seria. Entre los millones de palabras que van a escribirse después de la muerte de Adolfo Suárez no habrá ninguna más alta, más honda, más veraz y más conmovedora que las que pronunciará nuestra estudiosa y común amiga Verónica Puertollano, que ha pasado muchas noches de vela perdida y recobrada entre los vídeos de Victo- ria Prego y los filetes de Reinhard Gäde.

Así, Verónica abrirá el youtube del discurso llorón de Carlos Arias, el 20 de noviembre de 1975: «Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares entrecortada y confundida por el murmullo de vuestros sollozos y de vuestras plegarias». Y luego el que cerraba la campaña de Adolfo Suárez, el 14 de junio de 1977: «Vengo a hablarles de un nuevo horizonte para España».

Una vez vistos y oídos dirá Verónica con su alegre, febril y redicha solemnidad: «Suárez fue el que devolvió el usted a los españoles».

Sigue con salud

A.

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Mensajepor Invitado » Sab 22 Mar, 2014 8:29 pm

El error

ENRIC GONZÁLEZ



ESOS AÑOS valieron la pena. Y pena hubo mucha: sangre en abundancia, generales golpistas, angustias económicas. Fueron años de miedo, pero también esperanza. Creíamos que las cosas podían arreglarse, e incluso conseguimos arreglar algunas. Quien conoció el franquismo, aunque fuera en su etapa más tardía (un retablo vergonzoso de militares chochos, oligarcas babeantes y tecnócratas pizpiretos que, sin embargo, se mantuvo en el poder mientras quiso), sabe lo que se ganó en esos años. Se hizo todo lo posible y un poco de lo imposible. De una forma o de otra, nos sentimos valientes. Como el presidente del Gobierno de aquella época, éramos más bien catetos, ingenuos, improvisadores, negados para los idiomas, nos deslumbraba lo extranjero (con razón) y nos sentíamos, con más razón todavía, humildes. Como él, fuimos audaces. Como él, nos equivocamos más de lo debido. Como él, creímos que el futuro se ganaba con riesgo, diálogo, renuncia y cambio.

La Transición no fue un error. Sí es un error pensar que en ella se forjó un sistema político e institucional de largo alcance. Se ganó la libertad, lo más importante. Se dejaron para otro día la honradez pública, la eficiencia judicial, la organización autonómica y muchísimas otras cosas. Llevamos tiempo parcheando lo que en sí mismo no fue sino un maravilloso y utilísimo parche. Por favor, no hablemos hoy de recuperar «el espíritu de la Transición». ¿Hay que recuperar el miedo a los generales, a los terroristas y a lo que entonces se llamaba la caverna? No fastidiemos. Tendemos a marranear con el pasado (los catalanes estamos a punto de decidir que no nos conviene Felipe V) para disimular nuestra impotencia ante el presente, pero eso nunca ha resuelto nada.

Esos años valieron la pena. Ya está, se acabaron. Personalmente, tuve bastante con vivirlos una vez. El dictador murió en la cama, fueron las Cortes franquistas las que aprobaron la reforma política, la vieja oligarquía de la banca y las eléctricas logró perpetuarse y hubo que importar de Alemania algo llamado «patriotismo constitucional», más falso que el programa del PP, para encubrir unos nacionalismos tan ridículos como el que aúpa a Artur Mas y el que absuelve a Marta Domínguez. ¿No sería posible pasar página y hacer algo para arreglar lo de ahora?

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Mensajepor Invitado » Sab 22 Mar, 2014 8:34 pm

La inminencia

DAVID GISTAU

Esta pronta desaparición tiene una interpretación alegórica para este tiempo declinante
que siente añoranza de lo que aquellos hombres hicieron



PERTENEZCO a una generación para la que Adolfo Suárez no fue un hombre en activo. O, como mucho, lo fue en la etapa periférica del CDS, cuando parecía un político regurgitado por su propia obra, entregado en sacrificio como un simple enlace entre dos tiempos, como un encargado de desmantelar el franquismo desde dentro del que no se esperaba más, pero demasiado joven para resignarse a un estado prematuro de posteridad. El prócer reducido a la condición de diputado de base que salía a los caminos, como un principiante, a arañar votos y a superar soledades. Las imágenes de su dimisión y de su renuencia a tirarse al suelo durante el tiroteo en el Parlamento sí quedaron grabadas en la memoria. Pero el contexto lo obtuvimos después, mediante lecturas históricas y conversaciones con amigos veteranos que, como los contemporáneos de Suárez, vivieron la edad de plenitud entre dos regímenes y con cierto orgullo patrimonial del nuevo ciclo español, de sus reconciliaciones, de su vigor seminal. Se sucedieron las ocasiones trascendentales, pero nosotros estábamos cambiando cromos y preguntándonos si el golpe, fuera eso lo que fuera, serviría al menos para faltar a clase.

La ventaja es que no fuimos testigos de las penurias cotidianas, propias de la política profesional, que arrasaron a Suárez como parte ineludible de su función de agente transitorio. Ni los abruptos abucheos, impregnados de matonismo, al «traidor» que se atrajo a Carrillo y legalizó los partidos. Ni el vitriólico acoso del socialismo, con aquellas ocurrencias de Alfonso Guerra –«Tahúr del Mississippi», «Inculto procedente de las cloacas del franquismo», «Éste entraría en el Congreso subido a la grupa del caballo de Pavía»– que quedaron como hitos del insulto parlamentario. Ni la frialdad de la monarquía cuando lo dio por amortizado. Ni siquiera su enorme fatiga personal, cuando no su hartura, que lo empujaron a la dimisión, conjeturas aparte. Suárez nos llegó perfectamente destilado como una figura fundacional, estatuaria. Algo así como la primera talla en el monte Rushmore del nuevo sistema, al que hacían frágil las suposiciones de excepcionalidad.

Ahora que su hijo, matizado por los médicos, ha anunciado el fallecimiento «inminente», y el país se dispone a la exploración introspectiva y a la despedida, no creo que haya mortificación entre los políticos que fueron sus coetáneos y libraron contra él enconadas escaramuzas. Aquello era un gaje del oficio del poder, y el tiempo trajo reencuentros balsámicos. Pero esta pronta desaparición de un ya desaparecido en la enfermedad tiene una interpretación alegórica para este tiempo declinante que siente añoranza de lo que aquellos hombres hicieron y del ideal social germinado a su alrededor. Los pactos de la Moncloa frente a la rebatiña sectaria y el desgaje nacionalista. La fuerza de la determinación colectiva frente al desesperanza y el nihilismo. La política inspiradora frente a la decepcionante mediocridad. La Transición, cuyo espíritu invoca falazmente el PP como coartada para pedir en realidad docilidad, cometió errores que de hecho dejaron sembrados algunos de los peores problemas del presente. Pero la inminencia que sobrevuela a Adolfo Suárez la hará más mítica, y al mismo tiempo más lejana. Como si se estuvieran marchando los hombres que conocían la fórmula del porvenir justo cuando aquello que construyeron sucumbe, levantando una polvareda de melancolía y rendición. Y es verdad: también mi madre decía que lucía muy guapo en el televisor.

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Mensajepor Invitado » Lun 24 Mar, 2014 1:46 pm



Heredero de Franco y de todo el poder que éste detentaba, el entorno del joven Juan Carlos I juzgó poco aconsejable el intento de continuismo sin más del andamiaje franquista, por lo demás innecesario para lograr mantener los núcleos fundamentales del poder en manos de lo que ahora se denomina la oligarquía política y financiera.

La muerte de Adolfo Suárez ha venido a coincidir, por una de esas crueles ironías del destino, con las últimas boqueadas del régimen político que tan decisivamente él contribuyó a crear. Su enfermedad le ha impedido conocer el declive imparable de la Transición y la reivindicación de su figura por quienes, incluido el propio Monarca, políticamente le denostaron hasta conducirlo al desván de una memoria poco grata en los tiempos de vino y rosas de las mayorías de Felipe González y de la especulación financiera de Aznar y Rodríguez Zapatero. Siete años de crisis económica y descrédito institucional han convertido la tan cacareada Transición en una ruina necesitada de un alicatado hasta el techo, aunque sería faltar a la verdad no reconocer que las semillas del mal ya estaban presentes en los textos constitucionales que dieron lugar al Régimen. En todo caso, el desolador panorama actual hubiera sido inimaginable cuando el fallecido se puso a la tarea de cumplir el encargo de su señor, el rey Juan Carlos I, consistente en sentar las bases de un régimen de monarquía parlamentaria que consolidara la Corona y no alterara en demasía los pilares del poder tradicional en España. En ese sentido, no es exagerado afirmar que Suárez puede ser reconocido, sin duda alguna, como el mejor servidor del Monarca, hasta el punto de que muy probablemente la Institución no vuelva a tener otro tan eficaz.

Heredero de Franco y de todo el poder que éste detentaba, el entorno del joven Juan Carlos I juzgó poco aconsejable el intento de continuismo sin más del andamiaje franquista, por lo demás innecesario para lograr mantener los núcleos fundamentales del poder en manos de lo que ahora se denomina la oligarquía política y financiera, y que entonces era la oligarquía franquista a secas. Precisamente fue Suárez el encargado de ensanchar las bases de esa oligarquía, atrayendo a la misma al PSOE y al PCE junto con los nacionalistas burgueses de Cataluña y del País Vasco. Y a fe que lo consiguió, fraguando entre todos una Constitución, la de 1978, que si bien ha proporcionado a los españoles más de tres décadas de paz y prosperidad –muy justo es reconocerlo-, no ha sido capaz, sin embargo, de despejar definitivamente el camino al futuro de una nación siempre amenazada por los fantasmas de sus demonios familiares históricos, hoy representados por el nacionalismo desintegrador. Tal vez porque esa oligarquía ensanchada en sus bases se ha dedicado prioritariamente a la defensa de sus intereses, que desde luego no pasaban por la educación y modernización de un país que, sin tradición democrática, ha resultado engullido por una corrupción galopante, tanto económica como institucional.


Suárez y el fracaso de la Transición

No resultó fácil la labor de Suárez. Antes al contrario, su tarea se vio plagada de sinsabores y sobresaltos, la mayor parte de las veces por culpa de la cortedad de miras de algunos de los beneficiarios de la misma. Las clases pudientes, por ejemplo, y una parte considerable del Ejército, le consideraron simplemente un traidor y/o un advenedizo, una especie de Rastignac de Ávila, demostrando una vez más la escasa inteligencia que siempre ha distinguido a nuestra oligarquía. Ello por no hablar del PSOE y de Felipe González, que lo hostigaron de forma inmisericorde por creerlo, tal vez con razón, un obstáculo casi insuperable para alcanzar el poder. Entre unos y otros lograron camelarse al Monarca, de forma que el hoy tan alabado Suárez tuvo que renunciar a la presidencia del Consejo de Ministros en enero de 1981, como prólogo a su paulatina retirada de la vida política española. Desde entonces, su figura permaneció olvidada hasta que las desgracias del régimen de la Transición, lleno de vías de agua, y determinados analistas y politólogos, decidieron volver la vista hacia los románticos años fundacionales de esta etapa que ahora fenece, años en los que la figura del hoy fallecido presidente del Gobierno brilló con luz propia.

En un día como hoy, anegados todos como estamos por el imparable aluvión de lágrimas de cocodrilo que surgen por doquier, es obligado reconocer que la muerte de Suárez y la crisis terminal del sistema que él contribuyó a crear colocan a España y los españoles en la tesitura de desbrozar otra vez un camino capaz de asegurar otros 30 o 40 años, incluso 50, de paz, prosperidad y convivencia entre españoles, y que ese nuevo periodo pasa inevitablemente por una regeneración integral de nuestras instituciones, de nuestra democracia. Una democracia capaz de servir a todos, y no solo a unos pocos. Desde esta perspectiva, Suárez fue sobre todo un servidor leal de su señor, un político de su tiempo que no fue correspondido y que, peor aún, fue tratado injustamente por la mayoría de aquellos a los que benefició. El pueblo español, testigo de los avatares de unos y de otros, muy probablemente se quede con la imagen de un hombre encantador y atractivo, que careció de apoyos y de capacidad para gobernar dentro del modelo político que contribuyó a crear. También la del tipo valiente, de una pieza, capaz de no arrodillarse y mantenerse erguido ante la amenaza de las pistolas del 23-F. La tarea de introducir a España por la senda de una democracia digna de tal nombre, una democracia de calidad, sigue pendiente. Descanse en paz Adolfo Suárez.

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Mensajepor Invitado » Lun 24 Mar, 2014 2:14 pm

Las canciones de la Transición

Dos son las canciones que acompañan los primeros tiempos de la transición. Sin duda, rebuscando en archivos y en la propia memoria, pueden encontrarse algunas otras, no pocas de ellas de tinte panfletario, himnos de partidos políticos de fugaz existencia. Pero las que prendieron en el recuerdo, todavía casi cuatro décadas después de que fueran estrenadas, fueron "Habla, pueblo" y "Libertad sin ira".



VINO TINTO - Habla pueblo habla (1976)



Jarcha - Libertad sin ira




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