Mentiras de la Transición

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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Mensajepor Invitado » Mar 06 May, 2014 3:46 am

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La Transición y el 23F: la eterna nebulosa

Antonio Yelo


Han pasado treinta y tres años desde que se produjo el golpe de Estado del 23F (1981) y en breve se cumplirá el treinta y siete aniversario de las primeras elecciones democráticas después de Franco (1977). Se han publicado cientos de libros sobre la Transición y sobre el pronunciamiento militar. Miles de noticias, reportajes y artículos de opinión sobre estos asuntos han sido escritos en estos largos años. Hay documentales y series divulgativas para televisión que han analizado los acontecimientos. Y recientemente pudimos asistir incluso a una obra de teatro sobre Adolfo Suárez, el principal protagonista del periodo. ¿Por qué, disponiendo de toda esta información, es imposible a día de hoy tener una idea clara sobre lo que ocurrió y sobre quién es responsable de qué?

La muerte de Adolfo Suárez, la publicación del último libro de Pilar Urbano y las reacciones que han provocado, en lugar de clarificar, han contribuido a aumentar la confusión.

Los hechos recientes son:

Viernes 21 de marzo de 2014: Adolfo Suárez Illana (hijo del expresidente Adolfo Suárez) convoca para las once de la mañana una rueda de prensa en la Clínica Cemtro de Madrid para anunciar que la muerte de su padre es inminente y podría producirse dentro de las próximas cuarenta y ocho horas.

Domingo 23 de marzo: Fallece Adolfo Suárez poco después de las tres de la tarde. Han transcurrido cincuenta y dos horas desde el anuncio de su hijo. El expresidente del Gobierno había padecido durante más de diez años la enfermedad de Alzheimer.

Domingo 30 de marzo: Se publica una entrevista en El Mundo con la periodista Pilar Urbano sobre su libro La gran desmemoria: lo que Suárez olvidó y el rey prefiere no recordar que va a ser publicado cuatro días después.

Lunes 31 de marzo: En la catedral de la Almudena de Madrid y presidido por los reyes se celebra un funeral de Estado por Adolfo Suárez.

Jueves 3 de abril de 2014: Sale a la venta —editado por Planeta— La gran desmemoria: lo que Suárez olvidó y el rey prefiere no recordar firmado por Pilar Urbano. En este libro se da a entender que el rey fue parte de la «operación Armada» hasta que semanas antes de producirse el golpe cambió de idea y decidió apoyar la investidura de Calvo Sotelo como sustituto de Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno.

Viernes 4 de abril de 2014: Nueve antiguos colaboradores de Suárez (entre los que se encuentran exministros como Martín Villa, Marcelino Oreja y Arias Salgado) y su hijo Adolfo publican un comunicado en el diario ABC en el que acusan a Pilar Urbano de «tergiversar la verdad», califican el libro como «relato novelado-libelo» y denuncian que dicho texto «parece tener por objeto desestabilizar las instituciones y atacar frontalmente la figura de S. M. el rey y al presidente Suárez». Algunos de los firmantes de este comunicado son citados como fuentes por Pilar Urbano en su libro.

Ese mismo día 4 de abril un representante de la casa real califica las conversaciones que se citan en el libro de «pura ficción imposible de creer» y desmiente que el rey participase en lo que la autora denomina «Operación Armada».


¿Periodismo de investigación?

El pasado lunes 14 de abril se concedió el Premio Pulitzer (los Óscar del periodismo) a los diarios The Washington Post y The Guardian por la publicación de lo que luego se llamó el caso Snowden (la revelación del espionaje masivo realizado por la Agencia de Seguridad Nacional de los EE. UU.). La organización que concede el galardón destacó la labor de los citados periódicos por ser capaces de provocar un debate sobre la relación entre el Gobierno y el público sobre cuestiones de seguridad y privacidad y por ayudar al ciudadano a entender.

En un editorial de El País titulado «Periodismo valiente», del 17 de abril, se celebró la adjudicación de este premio a los citados periódicos anglosajones con las siguientes palabras:

    Se ha premiado la valentía de un tipo de trabajo comprometido con su principal cometido: ofrecer a la ciudadanía información veraz y contrastada y ejercer la vigilancia del poder desde el rigor y la independencia.
Es el periodismo de investigación español el que, al igual que han hecho estos rotativos anglosajones en el caso Snowden, y dado que el Estado español continúa manteniendo en secreto algunos documentos y conversaciones telefónicas, debe averiguar todo lo ocurrido durante la Transición y en el golpe de Estado.

A modo de referencia es conveniente tener una definición. Con base en lo anterior se podría definir el periodismo de investigación como aquel que con información veraz y contrastada, consigue provocar un debate entre el público y el Gobierno; ayuda al ciudadano a entender y ejerce la vigilancia del poder desde el rigor y la independencia.


Libros sobre la Transición. La carta

De entre todos los libros publicados sobre el periodo de la Transición solo unos pocos han hecho un análisis crítico de los acontecimientos y los personajes. La mayoría de las biografías y ensayos han recorrido el camino del halago y la alabanza —prefiriendo resaltar los aspectos positivos—dejando como conclusión en la mente del lector no iniciado que la Transición fue algo milagroso y lo mejor que pudo suceder a nuestro país en aquel momento; y que sus protagonistas fueron héroes que se sacrificaron en beneficio de sus conciudadanos. Tan acostumbrados estamos a este tipo de libros, que cuando en el penúltimo que se ha publicado —Puedo prometer y prometo de Fernando Ónega (Plaza & Janés, 2013)— su autor explica en la primeras páginas que lo suyo no es una biografía de Suárez, «aunque se le parezca» sino «Un cariño; el cariño del aldeano metido a escribidor al que un día uno de los más grandes hombres de la historia de España le ofreció colaborar con él», casi nadie se escandaliza —ni siquiera se extraña—; el libro pasa a integrar de forma casi automática la lista de los más vendidos y su autor conserva —incluso aumenta— su prestigio como profesional. Fernando Ónega fue director de prensa de Presidencia de Gobierno durante la etapa de Suárez.

En esa minoría de libros críticos llama la atención que casi todos incluyan el mismo documento: una carta. La carta que presuntamente envió el rey Juan Carlos al sha de Persia para pedirle dinero para UCD, el partido de Adolfo Suárez. Esta carta apareció por primera vez —en inglés— en el libro de Jesús Cacho El negocio de la libertad (FOCA, 1999). También incluyen esta misiva en sus obras José García Abad, Jesús Palacios, Luis Herrero, Gregorio Morán, Iñaki Errazkin, Carlos Aznares y, recientemente, Pilar Urbano. En la citada carta se solicitan diez millones de dólares y se argumenta que si no se apoya al partido de Suárez, se corre el peligro de que el «marxista» PSOE gane las próximas elecciones, lo que pondría en peligro la monarquía y la estabilidad de España. La epístola —fechada el 22 de junio de 1977— se inicia con un «Mi querido hermano» y se finaliza con «Tu hermano. Juan Carlos». Todos los autores citan como única fuente para esta carta The Sha and I. The Confidencial Diary of Iran´s Royal Court. 1969-1977, el libro de memorias de Amir Asadollah Alam (abril 1919-abril 1978), primer ministro y amigo personal de Reza Pahlevi. Estas memorias fueron editadas en francés por A. Alikhani, otro ministro y amigo del autor, y luego traducidas al inglés y publicadas en Nueva York en 1991. Asadollah Alam se mantuvo en el cargo de ministro de la corte del sha hasta agosto de 1977 y murió de leucemia en 1978. Un año después estalló la revolución de los ayatolás en Irán. En la entrevista que el autor de este reportaje realizó con Jesús Palacios, uno de los periodistas que citan esa carta en sus libros, argumentó que él sí tenía otra fuente que confirmaba la veracidad de dicho documento pero que no podía revelar su identidad. Actualmente —treinta y siete años después de que presuntamente fuera redactada— se puede comprar el libro de Asadollah Alam —disponible, por ejemplo, en Amazon— y leer la reproducción de la carta traducida al inglés, pero no hay otra manera de verificar la existencia y veracidad de la citada carta.


Las fuentes

Jesús Palacios, periodista e historiador, ha colaborado en El Mundo, La Razón y El Periódico de Cataluña; ha sido contertulio de Intereconomía y fue uno de los reporteros que cubrieron el juicio de Campamento de 1982 en que se juzgó a los implicados en el golpe. Entre sus muchos libros publicados destacan dos: 23 F: El golpe del Cesid (Planeta, 2001) y 23 F, el Rey y su secreto (Libros Libres 2011). En ellos analiza, con base en numerosas entrevistas, la intentona golpista de 1981. La tesis principal de las citadas obras es que el rey de España fue pieza clave para el golpe de Estado y que estuvo en la operación hasta el final. Con su argumentación lleva la responsabilidad del monarca más allá de lo que lo hace Pilar Urbano en su último libro. Según esta última el rey «se baja» de la conspiración el 11 de febrero de 1981, dos semanas antes del golpe. Una de las pruebas sobre las que Jesús Palacios construye su tesis es que, según afirma en su libro 23 F, el Rey y su secreto, los hijos del rey, las infantas y el príncipe, aquel señalado día 23 de febrero de 1981, no fueron enviados al colegio. Preguntado por el autor de este reportaje sobre la fuente de la que obtiene esta información, Palacios afirma que no puede revelar su identidad, pero que «se trata de una persona que conoce perfectamente que los hijos del rey estuvieron todo aquel día en Zarzuela».

Jesús Cacho (Palencia, 1943), periodista, fue director de El Confidencial después de pasar por las redacciones de ABC, El País y El Mundo. Actualmente dirige el diario digital Voz Populi y ha escrito varios libros de periodismo de investigación de los cuales el más importante es El negocio de la libertad (FOCA, 1999), que vendió más de ciento cincuenta mil ejemplares. En opinión de Jesús Cacho «En España es imposible citar una fuente porque te quedas seco. Es una consecuencia de la baja calidad de nuestra democracia. El miedo a hablar en libertad es una herencia del franquismo. En una sociedad realmente democrática lo normal sería que, por ejemplo, un constructor dijera que los planes de fomento son un desastre o que cualquier gran empresario criticara la política económica del Gobierno. Y que luego no temieran represalias. Aquí no puedes decir: “dice fulanito” como afirman las grandes agencias internacionales o la prensa anglosajona. Este es un drama que afecta claramente a las libertades de los españoles. Aquí todo es off the record». Preguntado sobre la comprobación de la veracidad de lo publicado manifiesta Cacho que «dado que no se explicitan las fuentes, lo que queda al lector es analizar y verificar la credibilidad del periodista en cuestión. Si el periodista ha demostrado a lo largo de los años que tiene un comportamiento ético, que no manipula la información, que no lo han llevado mucho a los juzgados… Si tiene un prestigio reconocido por la comunidad no solo periodística, entonces el lector le puede otorgar una calificación de noventa sobre cien. Si es un cantamañanas, le dará un veinte sobre cien y no comprará sus libros. Pero claro, este no es un criterio objetivo».

Arcadi Espada (Barcelona, 1957) fue profesor de la Facultad Periodismo de la Universidad Pompeu Fabra hasta 2011, ha publicado diecinueve libros y ejerce el periodismo desde las páginas de El Mundo después de haber colaborado con La Vanguardia, el Diario de Barcelona y El País. Sobre este asunto opina que «En un relato fáctico, si no se puede citar la fuente, debe al menos manifestarse que aquello fue dicho, por alguien que no se quiere identificar, el día tal y en tal sitio. O asumir como propia la información. No la frase, pero sí la información. Si no se puede identificar la fuente, se debe dar a lector, al menos, la seguridad de que la fuente de la que obtiene la información es legítima».


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La mitificación de Suárez y la Transición

Con el fallecimiento de Adolfo Suárez los periódicos se han visto inundados de artículos de opinión y reportajes sobre la Transición y sus protagonistas. Desde algunos foros se ha acusado a la opinión publicada de estar contribuyendo a la mitificación del periodo histórico y sus personajes. Incluso se han podido leer opiniones que consideraban positiva dicha mitificación. («Suárez. nuestro primer mito» de Nicolás Redondo Terreros en El País 3-04-14 y []url=http://cultura.elpais.com/cultura/2014/03/31/actualidad/1396294123_338499.html«Terra mítica»[/url] de Fernando Savater en El País 1-04-14).

Jesús Cacho tiene claro que «las sociedades de nuestra época lo que necesitan es calidad democrática y no mitos. Donde no hay auténtica democracia florecen los mitos producto de laboratorio, no de la sociedad». Añade, con sorna, Cacho: «Se muere Suárez y se orquesta una operación para ponerlo en el pedestal. Y el rey se pone a su lado porque como fue el que lo nombró… Y se equipara a él y lo irradia y lo limpia. Y de golpe aparece el libro de Urbano. Parece algo maquiavélico».

Arcadi Espada tiene un punto de vista diferente: «Cuando yo era joven considerábamos que Suárez no era más que un monigote. Muy diferente de la imagen que hoy se traslada a la opinión pública. Hay factores que influyen en esta mitificación y no hay por qué recurrir a conspiraciones para explicarla. Uno de ellos es el paso del tiempo, que mejora los vinos y mejora las personas. La melancolía es un factor decisivo y todos los que hoy construyen el mito de Suárez son personas de mi edad o mayores que yo que de alguna forma están también reconstruyendo su propio pasado. Y sobre ese pasado echan una mirada indulgente o piadosa. Es normal, es algo que hace —hacemos— todo el mundo. Otro factor es la enfermedad. La dolencia que ha sufrido Adolfo Suárez, por tener como característica principal la pérdida de memoria, ha sido muy metaforizada. Se han utilizado expresiones como la “amnesia de la Transición” y se ha comparado el Alzheimer de Suárez con la memoria histórica de su vida y del periodo. Y luego, como último factor, ocurre que el mito viene a proyectarse hoy sobre un paisaje español tocado por la crisis y el sucio populismo de estar en contra de los políticos y de la política. Es decir: en España hay una deslegitimación casi general —desde todos los ámbitos— de la forma tradicional de hacer política. Y como reacción no se sustituye esa forma tradicional por otra más moderna, sino por otras más arcaicas como son el populismo y los nacionalismos. En ese escenario aparece, indemne, la figura de Suárez. Un hombre que proviene de un tiempo en que la política era muy respetada».


Los fact checkers y la edición

Nota del autor: Fact checker es el nombre que se otorga en la prensa anglosajona a la persona que se encarga de comprobar la veracidad y exactitud de los hechos cuyo relato se incluye en una obra de no ficción.

En un artículo titulado «Historia de una short story» (*), que publicó en el Corriere della Sera en los años sesenta el periodista y escritor italiano Indro Montanelli (Florencia, 1909-Milán, 2001) relató con mucha ironía el proceso de edición de un artículo que le fue solicitado por una revista norteamericana:

    Entonces pudo ser llevado ante la comisión de cinco editors especialistas que, tras haber leído el trabajo, primero los cinco a la vez y luego cada uno por su cuenta, dieron secretamente su voto. Mi historia había sido aprobada por cuatro a uno: lo cual constituía una buena garantía para su paso a la segunda comisión, de once editors cuya Junta estaba prevista para el mes siguiente. La aprobación final, la del editor in chief, era una pura formalidad, y llegaría poco después.
Montanelli, como contraste, recoge en esta versión de su artículo la carta de un fotógrafo americano que había leído su trabajo en el rotativo italiano y que, reconociendo lo excesivamente escrupulosos que eran sus compatriotas a la hora de editar un trabajo periodístico, relataba cómo él había vivido una experiencia diametralmente opuesta con un periodista italiano que le compró unas fotos de la ciudad de Santa Fe (EE. UU.) para ilustrar un reportaje sobre Albuquerque (EE. UU.) y que cuando le advirtió de que eran ciudades muy diferentes, el italiano le respondió: «¡No importa! Siempre es el sur». Tiempo después el número correspondiente de la revista italiana llegó a las manos del fotógrafo y pudo comprobar que efectivamente sus fotos habían sido mal utilizadas.

En 2003 el escritor John D’Agata (Massachusetts, 1975) envió a la revista norteamericana The Believer un ensayo sobre el suicidio del joven Levi Presley en el Hotel Stratosphere de Las Vegas. Jim Fingal, fact checker de la publicación, fue el encargado de comprobar que los hechos, fechas, cantidades y demás datos incluidos en el reportaje se ajustaban a la realidad. Desde el inicio, Fingal encontró inconsistencias. La primera frase del texto de D’Agata decía que en las Vegas había treinta y cuatro clubs de striptease legalmente registrados. En la fuente que el autor facilitó a Fingal solo figuraban treinta y un locales. D’Agata, al ser cuestionado por Fingal, respondió que el ritmo de la expresión «treinta y cuatro» funcionaba mejor en la frase que el de «treinta y uno». Aquí comenzó el tira y afloja entre el escritor y el fact checker. El artículo fue inicialmente rechazado y terminó publicándose solo en 2010. Dos años después, Fingal y D’Agata, que acabaron haciéndose amigos, publicaron juntos un libro, The Lifespan of a Fact (W. W. Norton & Company), donde relatan todo el proceso de comprobación de hechos y fuentes por el que pasó aquel ensayo. El libro es considerado como uno de los más completos manuales de lo que significa la labor de comprobación factual en medios de comunicación.

«Si hay comparaciones que me parecen odiosas entre España y el resto de países —sobre todo si son los países anglosajones— son las relativas al periodismo», nos dice Arcadi Espada. «El periodismo español es una profesión agonizante. Pedir fact chekers en España es como pedir que comiéramos caviar todos los días. En España es que por no haber no hay ni editores. Los veteranos estamos esperando que el sistema cultural español —no solo el periodismo— acabe de morir. Un país donde el 80% de los contenidos culturales son piratas; donde no hay ningún respeto a sus escritores… Preguntar por fact chekers en este país es de cachondeo».

Jesús Cacho critica la edición periodística desde otro punto de vista. «En España no ha habido editores de verdad. Se ha perdido la figura del director como punto de enganche entre el capital (la propiedad del medio) y las redacciones. En algunos casos, además, el director se metió en el capital, con lo que terminó desapareciendo esa figura intermediaria que suavizaba las tensiones entre las dos partes. A esto hay que añadir la ideologización máxima que vivimos que se traduce en la necesidad del carnet en la boca del periodista cuando intenta ser contratado por un medio. Y lo peor: el efecto letal de la concentración de poder en pocas manos, en las manos de nueve señores que son los que reparten el 90% de la publicidad española. Y en el fondo, y por desgracia, esos señores entienden la publicidad como un pasaporte a la impunidad».


El libro de Pilar Urbano y cómo se hacen los libros de investigación

Nota del autor: Arcadi Espada aclara que no ha leído el último libro de Pilar Urbano y que entró en la polémica generada por su publicación porque al leer la entrevista que le hicieron a la periodista en El Mundo el domingo 30 de marzo se sintió liberado del compromiso de guardar el secreto que mantenía desde hace más de treinta años, cuando Adolfo Suárez le manifestó —a él y a otros periodistas— su opinión sobre el papel del rey en el golpe de Estado. Espada publicó un artículo, «Conversaciones privadas», sobre esta cuestión el 4 de abril. Hemos charlado brevemente con él, con Jesús Cacho y con Jesús Palacios.

«Pilar Urbano puede estar diciendo la verdad» —manifiesta Arcadi Espada—. «Y la verdad no sería que lo que Suárez decía era cierto, sino que Suárez lo decía. Imagínese que usted tiene la oportunidad de hacer una entrevista a un expresidente de Gobierno y este le declara que el rey de España fue un imprudente y que propició el golpe de Estado por torpeza y por frivolidad. Usted publicaría esa entrevista, ¿verdad? Le daría al personaje ese argumento de autoridad que concede el género de la entrevista al entrevistado y la publicaría. No sería necesaria una comprobación de la veracidad de esas declaraciones. Pilar Urbano, sin embargo, no hace esa entrevista, ella hace un libro y en ese caso sí son necesarias las comprobaciones».

Espada continúa: «En el relato fáctico hay una cosa que es clave: cuando usted está leyendo un ensayo, un libro de periodismo, y se pregunta: «¿Y esto cómo lo sabe el autor?». En ese momento ya se ha fastidiado la cosa. En una novela esa pregunta no tiene sentido porque el autor es dueño y señor de lo que sabe y de lo que deja de saber. Pilar Urbano construye escenas practicando la omnisciencia, la omnipotencia y todas esa técnicas típicas de los narradores decimonónicos. Eso de que con las herramientas de la ficción se puede escribir faction es una bobada y los libros de Pilar Urbano, con independencia de que lo que escribe sea o no sea cierto, tienen ese hándicap. Es como cuando te engaña tu mujer: si te engaña una vez, desconfías para siempre».

Jesús Cacho apunta: «Yo no me he inventado nunca una conversación para ponerla en mis libros, se me caería la cara de vergüenza. Yo lo que hago siempre es recoger la conversación y luego chequearla. Voy a la otra parte y compruebo lo que me ha dicho la primera parte. Por eso el trabajo de un buen libro de investigación se demora años. No como se hacen ahora algunos libros, que se componen con titulares de periódico, cuatro opiniones y poco más».

En 2001, después de que Planeta publicara 23 F: El golpe del Cesid, el teniente general Javier Calderón, entonces director del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) —hoy Centro Nacional de Inteligencia (CNI)—, se querelló contra Jesús Palacios, el autor del libro, por calumnias contra su persona. En 2004, la Audiencia de Madrid archivó la querella considerando que en el libro se incluía «una información valorada y alabada por varios historiadores y periodistas, por lo que si bien no tiene por qué implicar que sea ajustada a la verdad, sí que contribuye a la idea de difundir una información veraz y contrastada».

Jesus Palacios valora muy positivamente ser «el único periodista al que un juez ha dado la razón», y después de decir que salvo con el rey, se entrevistó con todos los protagonistas del golpe de Estado —«Yo habré tenido con Armada unas doscientas conversaciones y con Sabino Fernández Campo más de un centenar»—, nos cuenta su método de trabajo: «Hablas con muchas personas. Son todos testimonios orales. Yo no he visto documentos escritos. Los pocos que había fueron inmediatamente destruidos. Se dice que existen conversaciones telefónicas, pero yo no las he escuchado. Entonces en esa historia oral vas, poco a poco, recabando los testimonios. Uno te cuenta más, otros menos y lo vas encajando en función de la veracidad, verosimilitud y la coherencia del mismo testimonio. Hay revelaciones de alguna fuente que las tienes que dejar en reserva durante un tiempo».

Palacios, que insiste en que para entender las conclusiones de sus libros es importante tener en cuenta que el golpe estaba pensado «como una operación de corrección del sistema democrático, como un golpe blando para evitar un golpe duro», reconoce que «Armada, en su relato posterior de los hechos, siempre se mantuvo dentro de su línea de defensa durante el juicio de Campamento. Él me dijo que fue al Congreso porque se lo ordenan sus superiores. Y negó siempre que existiera una lista del Gobierno que teóricamente iba a ser presidido por él. Lo mantuvo hasta el último momento».


El perro que casi le muerde los cojones a Suárez. Con perdón.

    La discusión subía y subía de tono. Llegaron a alzarse la voz con tal rudeza que el perro del rey, Larky, un pastor alemán, tumbado en la alfombra del despacho real, comenzó a ladrar y, excitado, se arrojó contra Suárez. «Casi me muerde los coj…», me contó Suárez tiempo después. El rey saltó y sujetó al perro. Más allá de esta anécdota, Suárez le leyó la cartilla al rey, el hombre que lo había elegido para, juntos, hacer historia. (Respuesta de Pilar Urbano en la entrevista que, realizada por Miguel Ángel Mellado, publicó el diario El Mundo el día 30 de marzo).
En el libro de Pilar Urbano, en nota a pie de página, se dice que esta conversación (el rey y Adolfo Suárez estaban a solas en el despacho del primero con un único testigo: un perro) no fue relatada por el presidente del Gobierno directamente a la autora —como manifiesta en la entrevista de El Mundo—, sino que Suárez la relató a su cuñado Aurelio Delgado y a su amigo Antonio Navalón y que ambos, en momentos distintos, se la contaron con posterioridad a la autora. La expresión «Casi me muerde los coj…» no aparece en el libro.


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Si en algo estamos de acuerdo los españoles sobre la figura de Adolfo Suárez, es acerca de su valentía. Todos pudimos ver en televisión cómo se quedó sentado cuando Tejero, durante el golpe de Estado, ordenó a los diputados que se tirasen al suelo. Solo Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado tuvieron lo que hay que tener para desobedecer al uniformado. Como Gregorio Morán (biógrafo de Suárez) dijo al autor de este artículo en entrevista publicada en esta revista: «Hay que decir que Suárez tiene tropecientos defectos, pero hay que reconocerle algo que demostró siempre: una valentía inigualable. Si es algo referente a la inteligencia o al talento, se le puede cuestionar. Pero la cuestión testicular la tenía muy bien colocada».

¿Qué hubiera ocurrido si un mes antes del golpe de Estado aquel perro hubiera conseguido su objetivo? La imagen de Adolfo Suárez sentado en su escaño mientras unos militares intentan acabar con la democracia ha simbolizado durante los últimos treinta y tres años, y gracias al periodismo, la defensa de la dignidad de la nación española y su imbatible deseo de progreso ante la barbarie y el involucionismo. ¿Hubiera sido la historia igual si aquel perro hubiera mordido a Adolfo Suárez en sus partes pudendas? ¿Dependía en aquellos momentos el destino y la dignidad de una nación de los dientes de un perro? (**)

    Las entrevistas con Jesús Cacho y Arcadi Espada se celebraron el jueves 10 de abril de 2014. La entrevista con Jesús Palacios el viernes 11 de abril de 2014.

    (*) Este artículo se puede encontrar en Gentes del siglo, recopilación de artículos de Indro Montanelli realizada por Arcadi Espada con traducción de Domingo Pruna y que fue editada por Espasa en 2006.

    (**) Pido perdón al lector por el desahogo, pero no lo he podido evitar.

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Mensajepor Invitado » Mar 07 Oct, 2014 8:43 pm

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Felipe González, Enrique Mújica y Willy Brandt en 1975


Historias de la Transición
Felipe, Felipe, Felipe: un presidente in-ol-vi-da-ble

De posturas radicales al personaje que todos conocemos, Felipe González condensa aquel espíritu de la Transición.


"Nunca he sido un junco que mueve el viento en la dirección que sopla”. Un lapsus, o quizás una revelación temprana de la personalidad de gran estadista, le llevó a poner el junco como sujeto “que mueve el viento”, en vez de que “se mueve con el viento”. Así se expresaba Felipe, antes que González, el 20 de mayo de 1979. Ningún otro presidente, ni antes ni después de su coronación en 1982, ha sido llamado por su nombre de pila. Hemos conocido Aznares, Rajoys, Calvo-Sotelos, incluso sim­páticos Zapa­teros con su emotivo gesto de la cejita –¿os acordáis?, el patetismo de la política progre nos queda tan cerca–. Ni siquiera Suárez, el más televisivo de todos los presidentes consiguió ser aclamado con un “Adolfo, Adolfo, Adolfo”. Pero Fe­lipe... Felipe lo conseguía sin esfuerzo, llenando estadios, en los congresos del PSOE o en sus célebres “explicaciones al pueblo” tras las difíciles y fundamentales decisiones de su reinado. Como aquella que nos llevó a la permanencia en la OTAN, o las que precedieron la publicación de las sucesivas reformas laborales de 1988, 1991, 199...


Las “chorradas” de Marx


Decía Felipe aquello del junco en el mismo discurso y en el mismo con­greso en el que sentenció: “Hay que ser socialista antes que marxista”. La bronca la había montado él solito unos meses antes cuando declaró que Marx dijo muchas “chorradas” (sic) y que al partido le convenía el abandono del marxismo. Luego añadió que, en caso de que el partido no aceptara el cambio de definición, lo abandonaría. Los críticos enardecidos entraron a la provocación y ganaron las votaciones en el congreso. Al fin y al cabo, el “marxismo” había sido la bandera del antifranquismo estudiantil. Pero Felipe no se echó atrás y cumplió lo prometido. Entre lacrimoso y solemne –nótese que habla en tercera persona– declaró: “Si hago política perdiendo fuerza moral y razones morales, prefiero apagar, apagar porque yo no estoy en política por la política. Estoy porque hay un discurso ético, que no suena demasiado revolucionario, que es el que mueve a Felipe González en la política”. La prensa alabó su tono ético, su rectitud, su valentía. Lo hizo principalmente El País, ese periódico que salió del reformismo franquista: ¿sabéis que Fraga fue uno de sus primeros accionistas e ideólogos? –¡sorpresa!–. Con Felipe había nacido una estrella. Y en todas las quinielas era necesario que hubiera una opción de reemplazo fiable y disciplinada ante el cada vez más incómodo Adolfo Suárez.

Pero ¿quién era este Felipe antes que González? De sus orígenes sabemos lo suficiente. Era hijo de un pequeño empresario sevillano. Estudió en los escolapios como corresponde a los niños bien de la ciudad del Sur. Quiso hacer Derecho, también como los chicos bien, y fue al final de la carrera cuando ganó una beca para estudiar en la Ca­tólica de Lovaina. Hasta entonces, lo más que Felipe sabía de estrategia política era la referida a perseguir universitarias. No obstante, fue allí, en Bélgica, donde se “politizó”. Con­vencido, entró en el PSOE a caballo del 68, cuando lo mínimo en la izquierda era ser maoísta o guevarista. Basta decir que, contra todo pronóstico, acertó. Con sus chicos y chicas, el conocido “clan de la tortilla”, convirtió el núcleo socialista sevillano en lo poco organizado que había del partido fuera de sus feudos tradicionales de Asturias y Vizcaya. Pero fue sobre todo gracias a los vascos y en especial a Nicolás Redondo, que contaba con todo el prestigio de una militancia obrera entregada, por lo que los sevillanos pudieron hacerse con la dirección del partido. Felipe fue elegido secretario en 1972, y luego confirmado en 1974 en el famoso Congreso de Suresnes. Allí Redondo y los vizcaínos prefirieron dirigir la UGT. Seguro que en aquel 14D de 1988 comentaron más de una vez su arrepentimiento. Pero en 1974, Felipe representaba la juventud y la radicalidad del antifranquismo, concretamente de la nueva clase media antifranquista.

El milagro de Felipe fue enorme si se tiene en cuenta lo que era el PSOE en 1975. Lo formaban entonces apenas 2.000 militantes, menos que la maoísta ORT o el extremista PTE. Sin militancia obrera, sin bases sociales fuertes, sin compromisos políticos, el PSOE de Felipe disputaba a todos en radicalidad: a los escindidos del exilio que no aceptaron ni a los “sevillanos” ni a los “vascos”, a los otros socialistas como Tierno Galván, al PCE e incluso a la extrema izquierda. Tanto es así que en Suresnes el partido salió con aquella definición “de clase, marxista, democrático y revolucionario”. El PSOE de entonces estaba por la autodeterminación de los pueblos, por la República federal y era contrario a todo imperialismo, como Felipe que había sido el principal promotor de estos cambios ideológicos dentro de lo que casi siempre fue un partido moderado. ¡Qué tiempos!

Pero en 1979, era ya otra cosa. La política, esto es el poder, manda. Y había que disputar el centro a Suárez. Los franquistas reciclados en “demócratas” habían firmado las grandes obras de la Transición. No en vano la reforma interna del régimen se había inventado el “franquismo sociológico”, el “centro”, la UCD y Suárez. Gracias a aquellos artilugios gobernaban ya cuatro años después de muerto Franco. Ser radical en 1979 ya no convenía. Y Felipe lo tenía claro.

El congreso de mayo de 1979 rematado por su prórroga de septiembre, supuso el acta de defunción del partido histórico y, a un tiempo, de constitución del nuevo socialismo. Tras el amago de marcha de Felipe, el líder volvió reforzado y coronado con laureles. Los “críticos”, como casi siempre ocurre en las izquierdas, se engancharon en una discusión ideológica y tramposa sobre Marx sí o Marx no. A veces simples vocacionales como Gómez Llorente, a veces oportunistas redomados como Tierno Galván fueron literalmente incapaces de presentar una direc­ción alternativa. Acabado el con­greso –la “fiesta”, como la llamó Alfonso Guerra– acabó también la democracia interna. Nunca más habrá oportunidad de disidencia real en el socialismo, el aparato de Guerra se volverá omnímodo.


Los poderes fácticos


Ganó Felipe y ganó el partido –lo dicen los historiadores sociatas– que salió de 1979 disciplinado y preparado para el Gobierno. Bastó esperar sólo tres intensos años: la campaña de los poderes fácticos contra Suárez –traidor a la mano de su amo, la patronal, el Ejército y la Iglesia–, el subsiguiente golpe de Estado del 23F y la guerra interna de UCD. El 28 de octubre el PSOE venció tanto por sus méritos como por la involución del centro. Unos años de prosperidad (1985-1992) y el autosabotaje de la derecha de Fraga dieron a Felipe 13 años de gobierno. Una espectacular carrera para quien se convirtió en profundo experto en el crecimiento lento y controlado de esos árboles torturados y enanos que en Japón llaman bonsáis.



    1976
    En la antigua Roma esta minoría la componían los patricios; en la sociedad feudal, los diferentes estamentos de la nobleza laica, militar y religiosa; en el mundo capitalista actual, la clase burguesa". Qué es el socialismo (Felipe González, 1976).


    2011
    Felipe González crea Tagua Capital, un fondo de capital riesgo para invertir 150 millones de euros en España y América junto a 14 directivos y empresarios españoles de primera fila. En 2013, congeló el fondo ante la falta de financiación.



    Algunos hitos de la metamorfosis del expresidente

    Donde dije...
    Felipe González pasó de ser, en 1976, un defensor de la causa saharaui, a representar los intereses marroquíes e impedir el reconocimiento internacional de las autoridades saharauis en diferentes países.


    Felipe se aburre
    126.000 euros anuales no fueron suficiente incentivo para mantenerse como consultor de Gas Natural. El 9 de enero presentó su dimisión. “No porque haya incompatibilidades, sino porque es muy aburrido”, dijo.


    Pacto PP-PSOE
    Los problemas del bipartidismo no dejan indiferente a Felipe González. “Si el país lo necesita”, afirmó el pasado 11 de mayo, no vería con malos ojos una gran coalición de Gobierno entre el PP y el PSOE.

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Assia
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Mensajepor Assia » Jue 09 Oct, 2014 11:53 am

MUCHISIMAS GRACIAS Invitado por ese GRAN ARTICULO QUE NOS HA COLGADO. Lo lei anoche y me gusto mucho.

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Mensajepor Invitado » Mié 03 Dic, 2014 7:31 pm

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Gregorio Morán: “En los medios convencionales estamos en el peor momento de la democracia”

● El periodista asturiano publica 'El cura y los mandarines', un retrato sin contemplaciones de los intelectuales en la Transición y su rentable acomodo en el poder

● “La canonización del Régimen del 78 fue un error. Los autoelogios ya olían a pescado podrido”

● "Después de 1976 hubo un periodismo peleón, pero con el PSOE llegó el final de ese periodismo. Y en la cultura el PSOE lo compró todo"



Dice el periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) que, después de El cura y los mandarines, que acaba de salir a la venta por Akal, tras ser cancelado in extremis por Planeta, no abordará el periodo político y cultural entre 1996 y la actualidad.

“Porque después de 1976 hubo un periodismo punzante y peleón, pero con el PSOE llegó el final de ese periodismo. Y en la cultura el PSOE lo compró todo. El PSOE fue un cáncer cultural. Por eso es un periodo que me interesa mucho menos aunque lo esté sufriendo mucho más”, afirmó el martes ante un grupo de periodistas. Su análisis, que va desde 1962 a 1996 se detiene, por tanto, en cómo los intelectuales pasaron de ser firmes opositores al régimen franquista en los sesenta a convertirse en reaccionarios en los ochenta.

Para ello parte de la figura del cura Jesús Aguirre –después duque de Alba– para dar un repaso muy crítico a intelectuales como Víctor García de la Concha, exdirector de la RAE y actual director del Instituto Cervantes. Esa precisamente fue una de las claves de que Planeta echara el libro para atrás cuando ya estaba casi en las librerías. “Se trata de censura económica, no política, porque estaba a punto de salir el Diccionario de la RAE. Es lo mismo que ocurre con el Banco Santander o Endesa, nadie se mete con ellos porque son los grandes patrocinadores culturales de este país”, sostuvo. Pero también añadió: “La canonización del Régimen del 78 fue un error. Los autoelogios ya olían a pescado podrido”. De esos barros estos lodos que precisamente sí analiza en esta entrevista con eldiario.es.

Este libro nació de la pregunta sobre qué pasó con aquellos intelectuales que eran transgresores y contrarios al régimen franquista para volverse reaccionarios a partir de los ochenta. ¿Ha hallado la respuesta?

Encontrar una respuesta válida no sé yo porque cada mandarín es un mundo. Pero sí hay algunos puntos de coincidencia. Sobre todo la actitud del poder hacia ellos en los años sesenta, que es una actitud de oposición. Hay un elemento que es clave y es que el franquismo duró muchísimo. Ahora parece como si la Guerra Civil hubiera durado 40 años y el franquismo, tres. Y no, es al revés. El momento en el que se detecta el cambio es hacia finales de los sesenta. A partir del estado de excepción de enero de 1969, que en general nunca aparece en los libros de Historia. Siempre se dicen muchas boberías sobre mayo del 68. Yo lo viví aquí en Madrid y no influyó para nada. Pero enero de 1969 sí. Fue nuestro mayo del 68 en negativo, porque fue un estado de excepción en toda España después del asesinato del estudiante Enrique Ruano, que por cierto su confesor era Jesús Aguirre.

Usted se centra en los intelectuales, pero la sociedad española en general vivió un giro parecido: de transgresora y opositora, buena parte pasa a ser conservadora, neoliberal y votante del PP.

Sí, sí, parte de esas clases medias formadas en el franquismo, sectores populares también. Es verdad, pero la sociedad ya era conservadora incluso entonces. Es decir, en los años sesenta, lo que diferenciaba a los sectores intelectuales de la sociedad era total. En Barcelona no existía tanta distancia como en Madrid, pero aquí era total. Por lo tanto, la involución de la sociedad no se notó tanto. ¿Por qué? Porque la única vez que les dejaron votar, que fue el 15 de junio [de 1977], votaron, en general a la UCD y a Adolfo Suárez, y cuando eso se fue al carajo votaron al PSOE, unos chicos como ahora podían ser los de Podemos. Además, acababa de pasar el golpe de Estado del 23F.

Pero en el caso de los intelectuales no fue así porque ahí había una ruptura en los años 60 y en los 70 comienza a haber un acercamiento. También estaba la conciencia de que Franco no se moría. Eso es terrible. Yo ahora con esta edad me acerco más a entender aquello.

Para algunos intelectuales como Javier Gomá, los problemas de nuestra democracia tienen algo que ver con el hecho de que no tuviéramos la historia democrática de otros países como Francia o Alemania.

Cuando uno dirige la Fundación March se convierte en un intelectual de diferente tipo a un profesor universitario. Es decir, yo tengo una opinión muy modesta de la capacidad analítica de Javier Gomá. Siento una cierta irritación hacia este tipo de figuras que todo el mundo recoge porque es el que concede las becas. Esa opinión de nuestra frágil y joven democracia me parece una chorrada. Y si en vez de decirlo Gomá, lo dice un profesor cualquiera, no le hacen ni puto caso. Pero si llevas la Fundación Juan March se dice que es un hallazgo intelectual de altura.

El problema nuestro no es que la democracia sea joven, sino cómo se llegó a esa democracia. Hay países que tienen problemas mayores que los nuestros, como Italia, y tuvieron más tiempo. El problema es que hubo parcelas enteras en las cuales no entró la Transición como, por ejemplo, la Universidad o la Fundación Juan March.

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¿Y cree que se ha roto o se está rompiendo el Régimen del 78? ¿Y por qué es así ahora?

En primer lugar, no se ha roto. Una cosa es que se está intentando poner en cuestión y superarlo. Y esto es porque hay una generación que es la tuya, que no tiene ninguna obligación de mantener el canon. Es más, que interpreta que el canon ha jodido su vida, y es verdad. El canon ha provocado la crisis. Esa idea de que la clase política era sabia… Ahora se dice mucho, “político corrupto”, pero durante muchos años se dijo que estos políticos eran los más listos de Europa. Cuando el futuro analice a Zapatero se dirá, “pero estos, ¿estaban locos todos para poner a un tipo como este de presidente? Pero si no tiene ni zorra idea”. Era un vendedor de humo profesional.

Luego pusimos a Rajoy.

Sí, sí. Pero Rajoy es un registrador de la propiedad. Es decir, es otra cosa. No hará ninguna aventura. No se le ocurrirá decir, “y ahora vamos a repartir no sé cuántos euros a cada uno de los ciudadanos”. No. Rajoy siempre se quedará corto. Pero es que Zapatero se pasó tres pueblos con los brotes y demás. El problema de Rajoy es la derecha, pero ese es otro tema. Él es un registrador de la propiedad y el problema, claro, es que la propiedad está muy afectada.

Lo que ha ocurrido con este libro, con Planeta, con Víctor García de la Concha, ¿son coletazos de la Transición? ¿Sus últimos intentos por demostrar que mandan?

Eso quisiera yo. A lo mejor son nuestros últimos coletazos. No lo tengo nada claro. Esta es una diferencia capital entre Podemos y yo. Yo pienso, como dicen los gallegos: todo es empeorable. Yo no creo que estén dando los últimos coletazos. Primero, porque después de tantos años diciendo quién daba y quién no daba los últimos coletazos, y resulta que éramos nosotros los que estábamos dando los últimos coletazos… Por ejemplo, con la muerte de Franco. ¿Qué iba a significar aquello? Pues lo que significó fue más miedo. Ahora resulta que todo el mundo tomó champán. Mentira bellaca. Pero ese es el canon que se os ha vendido a vuestra generación. Yo era militante [del PCE] entonces, y sé lo que significó aquello. Todo el mundo tenía preparado hacer una huelga general a la muerte de Franco, pero cuando sucedió no sólo no hubo ni una sola huelga general, sino que la gente estaba absolutamente acojonada.

¿Ha cambiado el miedo de bando ahora?

Yo creo que sí. En eso sí que es diferente. Tu generación ha introducido una variante que es la que concede mayores esperanzas. El miedo ya no es lo que era.

Quizá porque no hay mucho que perder.

Exacto. No hay nada que perder. El miedo será el de vuestros padres, o el de los que viváis en sus casas. ¿Por qué son los nietos los que están sacando los cadáveres de las cunetas? ¿Dónde están los hijos?

Ese debate sí se dio en Alemania.

Sí. El debate aquel se llamaba además, ‘La historia que no quiere pasar’. Yo estuve en Alemania y viví bastante intensamente aquella polémica. En Alemania hay muchísimos libros de hijos de nazis que explican el comportamiento de sus padres. En España no hay ninguno. Es más, como hagas un libro te pueden meter una querella importante, como ocurrió en un caso en Asturias. En Valdedios, donde por cierto hizo el seminario Víctor García de la Concha en la posguerra, hubo un hospital psiquiátrico. Y [durante la guerra] cuando llegaron los nacionales se desmanteló y liquidaron a todo aquel que pillaron. Esto lo publicó un historiador asturiano. Y uno de los hijos de los psiquiatras asesinos puso una demanda y ese libro tuvo que ser retirado.

Ya que se remite a la memoria histórica no sé si ha leído lo que ha dicho Javier Cercas sobre que este movimiento se convirtió en un negocio, en una industria.

Puede ser. Hombre, él es uno de sus protagonistas. No le tengo especial simpatía. Solo he leído de él el primer libro y me pareció infecto. Sobre todo porque no tiene ni idea de quién era Rafael Sánchez Mazas. Pero es otra de las cosas con la que la gente se quedará turulata en el futuro: ¿y este escritor, qué escribía? Yo te podría decir seis escritores de mi época a los que hay que buscar en la Wikipedia y ni aparecen. Y eran grandes figuras.

Usted ha dicho que ahora los escritores escriben novelas a partir de personajes reales, y casi no hay ficción. ¿Qué significa esto?

Que la realidad es una cabronada. La realidad te obliga a muchas cosas, y es mucho mejor contar una historia humana. Es lo que en periodismo llamamos una “percha”. Tú tienes una percha y sobre ella escribes una historia. Eso está en el ABC del periodismo. Pero ahora se han cambiado las tornas y el sueño dorado de todo escritor es ser periodista, tuitero y entrar en las tertulias. Eso les fascina más que el trabajo oscuro de un escritor. Escribir en los suplementos dominicales de los periódicos les parece mucho mejor.

Antes era al revés. El sueño de todo periodista era ser escritor. Ahora eso ha cambiado y es, sencillamente, un problema intelectual, porque es más cómodo, más fácil. Por ejemplo, La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, es el reportaje más acojonante que he leído, pero como novela es una mierda, porque no es una novela.

Otra cosa que ha dicho: cuando el PSOE triunfa en 1982 apenas tenía militantes y tuvo que rellenar sus listas como fuera. Aquí sí encontramos una similitud con Podemos, que de hecho, no sabemos si se presentará a las municipales.

Absolutamente. Con un detalle, precisamente Podemos no se presenta a las locales para no caer en lo que le pasó al PSOE. Coinciden en que no tienen gente, pero como saben lo que le pasó al PSOE no lo quieren hacer. El PSOE rellenó todas las listas y claro, cuando rellenas todo entra todo y eso te puede hundir. ¿Cómo entró Roldán, que llegó a director de la Guardia Civil siendo un delincuente?

Podemos sí que apenas ha dicho nada acerca de la cultura. ¿Podría pasar algo parecido a lo que ocurrió entonces con la cultura y el PSOE? De hecho, usted ha dicho que el PSOE fue un cáncer cultural.

Es que ellos tienen un temor… Parten de profesores de universidad y sería el mayor error del mundo porque en el momento en el que pasas a la condición de intelectual dejas de ser político. Y lo que la gente quiere es que te dediques a la política. Está muy mal visto ser un intelectual. Yo me acuerdo cuando Tarradellas, aquel presidente de Cataluña, estaba en una cena donde había un amigo mío, Antonio Senillosa, que era un buen lector, un hombre conservador, de derechas, que le dijo: “Oiga, señor Tarradellas, tenemos un presidente en España, que es Adolfo Suárez, que no ha leído un libro en su vida”. Y le dijo Tarradellas: “Mejor, imagínese si llega a leer libros”.



¿Y usted, que viene del PCE, empatiza con Podemos?

A tenor del miedo que le tienen y los ataques que les lanzan, eso es sano. Si les funciona o no, yo ya soy mayor. Pero a mí me parece muy bien que se acabe con la casta. Además, esa actitud de algunos intelectuales de decir, “pero estos chicos, qué programa tienen”, y yo digo, “qué programa tiene el PSOE o el PP”. ¡Pero si lo tienen para no cumplirlo! Cuando hablan del programa económico de Podemos, pero vamos a ver, ¿quién nos ha hundido? No sé cómo [el PP y el PSOE] tienen ese desparpajo para decirlo. ¡Pero si son ellos los que nos han metido en una crisis económica del carajo! ¿Y ahora reprochan a estos chavales que no tienen programa económico?

Prácticamente ningún escritor –el otro día sí lo dijo Juan Goytisolo- ha mostrado su apoyo a Podemos.

Nadie, nadie. Y yo al final me voy a animar porque les están pidiendo unas cosas a unos tipos que acaban de salir que no les han pedido a ninguno de los otros. Es verdad que estos no les van a dar nada, pero me parece una desvergüenza. O cuando dicen, en el PP y el PSOE, que estos no tienen experiencia de gobernar, pero ¿y vosotros? Si habéis dejado esto como un erial. El día que tengan poder no serán como vosotros, serán otra cosa.

Por cierto, ¿cómo vivió el 9N? ¿Qué le pareció?

La situación en Cataluña es muy complicada y cada vez más. No hay ningún peligro de choque de trenes. Solo hay un tren que ha salido de allí y tratándose de Rajoy llegará a la estación, chocará contra los postes que hay allí y no sé sabe muy bien qué pasará. Pero la situación, intelectualmente, allí es absolutamente desastrosa. Empieza a ser una cosa que algunos habíamos vivido ya algunos años antes. Eso de que todas las conversaciones eran sobre lo mismo.

¿La caída de Pujol significa también la caída de determinado régimen?

Debería significar, pero no significa nada. Te basta con que te cuente esto: el día del remedo de referéndum, en la cola que iba a votar Pujol hay un tipo que grita, ¡vergüenza, vergüenza! Y los tipos de la cola afrontaron al tipo diciendo que Pujol merecía un respeto y que hiciera el favor de callarse. Con eso te lo digo ya todo.

Usted acaba de sufrir, como dice, “la censura económica” de su libro. ¿Cree que la situación de los medios tiene ahora más presiones, menos libertad?

En los medios escritos convencionales estamos en el peor momento de la democracia. Los digitales están en otra galaxia. Pero, nunca, desde la muerte de Franco se había estado peor. El problema es que el poder está en el papel. Los cambios hay que forzarlos en el papel. Es importantísimo lo virtual, pero el poder y el futuro del poder están en el papel. Los digitales no podrán sustituirlo. Pueden hacer lo que están haciendo ahora, porque si no, esto sería una ruina. En Madrid, de todas formas, hay bastante más polémica entre los medios de comunicación que en Cataluña porque allí CiU lo compró todo.

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Mentiras de la Transición - Gregorio Morán

Mensajepor Invitado » Dom 06 Dic, 2015 12:15 am



Las mentiras de la Transición (PROGRAMA COMPLETO)
Cuarenta años después de la muerte del dictador Francisco Franco, la Transición sigue llena de tabúes que analizaremos con Gregorio Morán, referente del periodismo crítico que reedita El Precio de la Transición, una crónica mordaz e incisiva de nuestro tiempo en la que incluye lo censurado en su primera edición de 1991. Seguiremos viajando por la historia a través de "El Ministerio del Tiempo",

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Mentiras de la Transición

Mensajepor Invitado » Dom 06 Dic, 2015 1:03 am

Los primeros candidatos de la "democracia"


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Unión de Centro Democrático (UCD)

165 diputados, 34% de los votos. Con el pan de la economía. Sentados: Leopoldo Calvo Sotelo (izquierda), Pío Cabanillas y la silla para el ausente Adolfo Suárez. De pie: Francisco Fernández Ordóñez, Joaquín Garrigues Walker, Enrique Sánchez de León, Ignacio Camuñas e Iñigo Cavero.


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Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

118 diputados, 29% de los votos. De izquierda a derecha: Luis Yáñez, Felipe González -que prefirió el fondo verde al rojo-, Enrique Múgica y Carmen García Bloise.


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Partido Comunista de España (PCE)

20 diputados, 29% de los votos. La idea de la paloma de la paz les pareció perfecta. Sentados, Marcelino Camacho y Víctor Díaz Cardiel. De pie: Simón Sánchez Montero. Pilar Brabo y Santiago Carrillo, que rehusó posar en primera fila.


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Alianza Popular (AP)

16 diputados, 8% de los votos. Sentados, Manuel Fraga (izquierda) y Licinio de la Fuente. De pie, de izquierda a derecha: Enrique Thomas y Carranza, Cruz Martínez Esteruelas y Laureano López Rodó.


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Partido Socialista Popular (PSP)

6 diputados, 4% de los votos. Con la balanza de lo justo. Sentado, Enrique Tierno Galván. De pie: Fernando Morán. Raúl Morodo y Donato Fuejo. Al año siguiente de las elecciones, este partido desapareció para integrarse en el PSOE.



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Equipo de Democracia Cristiana

No consiguió diputados. 1% de los votos. Sentados: Joaquín Ruiz-Giménez (izquierda) y Delia Rivero. De pie: Francisco Laverón, Jose Maria Gil Robles y Jaime Cortezo. Esos malos resultados provocaron la disolución del partido. Sus miembros pasaron a UCD y AP.

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Mentiras de la Transición

Mensajepor Invitado » Dom 21 Feb, 2016 3:33 am

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TEJERO, 35 AÑOS DESPUÉS
‘‘AHORA SOY FELIZ‘‘

JAVIER NEGRE


Dos grados bajo cero en el corazón de Madrid. La temperatura más baja del año en la capital. Son las ocho y cuarenta de la mañana y dos coches oficiales están aparcados en doble fila en una de las calles colindantes con la glorieta de San Bernardo. Cuatro fornidos guardaespaldas comentan el partido de Champions entre el Real Madrid y la Roma. De repente, una mujer de eléctrica cabellera rubia aparece y se apresuran a escoltarla. Es Cristina Cifuentes, la presidenta de la Comunidad y responsable de resucitar al PP de Madrid de sus cenizas púnicas. Lleva un jarrón con unos tulipanes blancos y exhibe sonrisa profidén. No la seguimos a pesar de que está de candente actualidad. Buscamos a su vecino más ilustre. A aquel que quiso poner en jaque a la democracia con un golpe de Estado del que quedan monárquicos interrogantes por resolver. Al hombre que aquel 23–F irrumpió, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados al grito de «¡Quieto todo el mundo!». A Antonio Tejero. Un ex guardia civil que rompe su silencio en Crónica 35 años después de entrevistarse con la periodista Pilar Urbano en una de las prisiones donde cumplió condena.

TEJERO Y LOS ‘ROJETES’. Dos hijos de Tejero y un nieto están presentes en Facebook con su apellido escrito al revés. En lugar de Tejero, Rojete. Son sus hijos Antonio Tejero (Antonio Rojete en Facebook), expedientado por la paella festiva un 23-F de hace tres años, el cura Ramón Tejero (Moncho Rojete) y su nieto guardia civil Antonio Tejero Sando (Antonio Rojete Desan). En la foto, el golpista con su nieto Javier, sargento de la Armada.

El cabecilla de la intentona golpista reside en una antigua colonia militar fuertemente vigilada las 24 horas del día por conserjes con mono azul. En el mismo edificio donde vivía el general Armada, ya fallecido, que aspiraba a gobernar España si el 23–F no hubiese fracasado. Tejero lleva parapetado cinco días en su piso de 149 metros cuadrados. Este año no se fue a la isla de La Palma como lo hizo en 2011. «Siempre se esconde cada vez que se acerca un aniversario del golpe de Estado [este martes se cumplen 35 años]. No le gusta que le persigan ni que saquen fotos suyas en la prensa», nos relata un familiar.

En el rellano de su vivienda, Tejero ha colgado un cuadro de La rendición de Breda de Diego de Velázquez. Es un gran amante de la pintura y discretamente suele perderse con su mujer por el Museo del Prado en los días de menos afluencia turística. En su puerta de madera, hay una figura de Cristo bañada en plata. Siempre ha sido un fiel devoto. Un capillita. Va a misa a diario en la parroquia de Santiago el Mayor en Madrid.

Tocamos el timbre y aparece el ex teniente coronel en perfecto estado de revista. Como si fuese un general de alto rango dispuesto a salir a desfilar un día de la Hispanidad entre tanques y aviones del Ejército. Con una chaqueta marrón, un jersey de lana rojo y una frondosa perilla perfectamente cuidada. Parece recién salido de una peluquería hipster del barrio progre de Malasaña. Observamos que se ha teñido el pelo ligeramente de rubio. Su aspecto es saludable para sus 83 años de edad y tiene menos ojeras que un muñeco del Museo de Cera de Madrid. Es imposible no imaginárselo en la tribuna del Congreso con el tricornio y esa arma empuñada disparando al cielo de la cámara, muy cerca del gallinero del que estas semanas escaparon los diputados de Podemos.


¿PODEMOS EN EL GOBIERNO? LO DE ESPAÑA ME DUELE MUCHÍSIMO…TODO



Tejero nos atiende educadamente con un sonoro deje malagueño y con la condición de que no le interpelemos sobre su episodio más famoso. El mismo que le llevó a ser condenado a 30 años de prisión por un delito de rebelión militar consumado, con agravante de reincidencia, con pena accesoria de pérdida de empleo (la expulsión de la Guardia Civil y la pérdida del grado) e inhabilitación durante el tiempo de la condena. Tejero cumpliría 15 años y nueve meses gracias a sus trabajos en la cárcel y a donaciones de sangre. Salió en libertad condicional el 3 de diciembre de 1996. Pese a que fue el último de los implicados en la intentona golpista en recuperar la libertad, le consideraron como un traidor de la patria que tanto ensalzaba a grito pelado en los cuarteles militares.


“MUY PREOCUPADO”

El ex guardia civil prefiere hablar de política en estos momentos de incertidumbre y teatro postelectoral. Según su entorno, sigue los debates televisivos («sobre todo, los de 13TV», nos dicen) y está «muy preocupado» por una posible irrupción de Pablo Iglesias en La Moncloa. Un líder cuyos principios se sitúan en las antípodas de Tejero, quien sigue siendo todo un símbolo para los cada vez más minoritarios movimientos de ultraderecha.

—Señor Tejero, ¿cómo vería a Podemos en el Gobierno?

El hombre frunce el ceño.

—¿Podemos en el Gobierno? Uff... Lo de España me duele muchísimo... Todo.


GUARDO SILENCIO PORQUE ES UNA FORMA MÍA DE SER. YO SOY MILITAR, HICE MIS COSAS Y SE ACABÓ...



Para Tejero la integridad de España como nación es algo básico. Irrenunciable. De hecho, en 2012 mandó una carta al diario Melilla Hoy informando de que había denunciado ante la Fiscalía General del Estado al presidente catalán, Artur Mas, por su fiebre independentista. Le acusaba de ser «autor máximo» de un presunto delito de «provocación, conspiración y proposición para la sedición», contemplado en el artículo 548 del Código Penal. «Por sus continuas y reiteradas pretensiones secesionistas de una parte importante de España como es el Principado de Cataluña, que es España desde los primeros momentos de conseguirse la Unidad de la Patria». A Mas le llamaba «Arturo». Cuentan sus familiares que Tejero sufrió con los últimos «desvaríos independentistas» de Mas y de su sucesor en la Generalitat, Carles Puigdemont. De la monarquía, en cambio, guarda silencio.

—¿Y qué opina del nuevo rey Felipe VI? —le preguntamos. Se lo piensa varios segundos.

—Prefiero no opinar al respecto.

—¿Cuándo nos contará el papel real que jugó su padre Juan Carlos en el golpe del Estado?

—No voy a hablar de ese tema.

—¿Pero por qué evita este asunto con tanto ahínco? —le interrogamos.

—Guardo silencio porque es mi forma de ser. Yo soy militar, hice mis cosas y se acabó...

—¿Pero alzará la voz alguna vez?

—No lo sé. Mi hijo quiere escribir un libro sobre mí. Le hace mucha ilusión, más que a ustedes, conocer la verdad, pero sus preguntas son muy comprometidas para mí.


APECHUGO CON TODO LO QUE ME ECHARON ENCIMA Y YA ESTÁ. TRATARON DE DESTRUIRME. AHORA SOY FELIZ



Tejero no suelta prenda sobre ese hipotético libro. Ni desvela la identidad del hijo del que parte el ofrecimiento. Podría referirse a Ramón, alias Moncho, el cura que durante 18 años dio homilías en La Cala de Mijas (Málaga) y ahora está destinado en la localidad malagueña de la Cala del Moral. El párroco nos atiende días después al teléfono.

—Mi padre es muy receloso de su intimidad y nos ha pedido que no demos datos sobre él —explica Moncho, quien en 2009 publicó una carta en Abc honrando la figura de su padre. «Es un hombre de honor, fiel a sus principios religiosos y patrióticos. Es coherente y sincero. Es un militar de los pies a la cabeza, consciente de sus responsabilidades, entregado a sus hombres. Es un hombre cumplidor, trabajador hasta el extremo, leal ante el significado de la palabra juramento y fiel al mismo. Es un hombre sereno, sencillo, disciplinado y amante de la verdad. No es violento ni agresivo», escribió Ramón, que ni confirma ni desmiente su intención de publicar un libro.

No sería la primera vez que le plantean a Tejero la posibilidad de escribir una obra. En el año 2000 la editorial Planeta le ofreció, a través de la periodista Pilar Urbano, un cheque en blanco a cambio de relatar sus memorias. Incluyendo la planificación del golpe de Estado y esas reuniones más allá de la cafetería Galaxia.

«Le llamé por teléfono y le dije que la editorial le pagaba lo que pidiese. Le comenté que ese libro sin él no era posible y que lo tenía que contar todo, incluso de lo que se enteró más tarde, en prisión. Planeta quería a alguien polémico, a la hija de Franco, a Gutiérrez Mellado [el general que se enfrentó a Tejero en el Congreso] o a él. Tejero me dice que no, que él no necesita dinero y que nunca había hecho nada en su vida por dinero. Que es feliz con lo que tiene y que tenía lo suficiente para conseguir el pan de cada día. Me asegura que él ya dijo toda la verdad en los juicios y que es el único que no mintió. Y me comenta: “Yo hice lo que creía que tenía que hacer para salvar a España. Yo ya no soy coronel, ni guardia civil, he perdido mi carrera, pero nunca perderé mi patriotismo”», recuerda Pilar Urbano, la última periodista que le entrevistó. Estuvo una hora con él en la prisión militar del Castillo de la Palma (Ferrol) el 8 de mayo de 1981. Tejero disfrutaba de una cómoda estancia de unos 65 metros cuadrados con varias habitaciones, un servicio con bañera y una cocina, y hasta allí se desplazaban sus partidarios con bandejas de carne, marisco o vino. Ahora sus propietarios quieren convertirlo en un spa. Allí aprendió varios idiomas, estudió Geografía e Historia y escribió unas memorias que, a día de hoy, no verán la luz.

Urbano nunca llegó a publicar aquella entrevista por «pureza profesional» y para no ser acusada de «tejerista», según reconoce la ex columnista de Abc. «Un medio en el que hubo golpismo en aquellos años», asegura Urbano. A pesar de no publicar su careo con Tejero, un juez quiso inhabilitarla por haber entrado en la prisión contraviniendo las órdenes de la autoridad militar. Su cabreo fue tal que Urbano llamó desde el despacho de un subdirector del diario monárquico a La Zarzuela y pidió hablar con el rey. «Fíjate si el monarca estaba en ascuas que se me puso al teléfono cuando yo era una simple periodista», rememora Urbano.

El Rey le contestó: «¿Qué pasa, Pilar?

—¡Majestad, quieren inhabilitarme! —le espetó.

—¿Pero qué ha hecho? —le interrogó don Juan Carlos.

—Entrevistar a Tejero. Yo vivo de esto y como intenten ir a por mí lo cuento todo... ¡Todo! —le expuso.

—Estáte tranquila —le comentó el jefe del Estado.

A los pocos días, su causa se sobreseyó. ¿Acaso el monarca tuvo miedo a que la reportera tirase de la manta?

«Yo por aquel entonces no sabía que el Rey jugó un papel en el 23–F. Con el paso del tiempo entendí que el Rey pensó que yo estaba al tanto de todo y por eso pudo actuar en consecuencia», afirma Urbano. Ésta no tiene actualmente relación con Tejero y desconoce cómo es su vida cotidiana. Para ello, regresamos al domicilio del antiguo miembro de la Benemérita.

—Señor Tejero, ¿cómo ha llevado todos estos años en silencio?

—Apechugo con todo lo que me echaron encima y ya está. Trataron de destruirme, pero ahora soy feliz. Sólo quiero vivir tranquilo... Como un jubilado más.


SÓLO QUIERO VIVIR TRANQUILO… COMO UN JUBILADO MÁS



La conversación se termina ahí. Es su mujer, Carmen Díez Pereira, la que la interrumpe. La misma que compró los autobuses a la compañía La Sepulvedana para transportar a los militares sediciosos el 23–F.


SU FAMILIA Y LA FALANGE

Para conocer los últimos movimientos de Tejero hay que acudir a su círculo más íntimo. A sus familiares o algunos de sus veteranos camaradas de la Falange. El ex guardia civil prácticamente no guarda relación con personas ajenas a su familia o a sus compañeros de ideología. De hecho, es habitual verle en las conferencias que organiza la Falange en la calle Silva de Madrid. El viernes de la semana pasada, por ejemplo, asistió a la charla del capitán Abad, uno de los 200 militares que asaltaron las Cortes Generales a sus órdenes. Se titulaba El 23-F del Congreso y en el flyer promocional, que distribuyeron a través de Facebook, aparecía Tejero silueteado. El ex coronel vibró con la ponencia de su compañero de asalto.

Él se siente en familia entre los miembros del partido falangista. Le veneran como a un héroe de guerra. Tejero es todo un símbolo para las formaciones de extrema derecha. Lo explica Manuel Andrino Lobo, el presidente de la Falange: «Además de su cercanía ideológica, a la que no ha renunciado nunca, para nosotros es el ejemplo vivo de un hombre de honor, que supo cumplir con su deber luchando contra ETA y su entorno, jugándose no pocas veces la vida, y que cuando se le requirió para, cumpliendo órdenes, ocupar el Congreso de los Diputados, lo hizo sin titubeo alguno, acabando con dicha ocupación en cuanto tuvo el menor indicio de que aquello era un pasteleo preparado desde las más altas instituciones del Estado. Honor y lealtad hacia España es algo que entendemos muy bien los falangistas». Es esta devoción la que explica que el merchandising tejerista siga vendiéndose por internet. Desde llaveros hasta tricornios. De hecho, hace dos años la sala de subastas Durán anunció la puja por el supuesto tricornio con el que Tejero había intentado perpetrar el golpe de Estado. Le pusieron un precio de salida de 6.000 euros.

Ramón, el hijo cura de Tejero, tuvo que lanzar un comunicado para aclarar que aquel objeto era falso. «El tricornio que la sala de subastas Durán tiene en su poseer no pertenece al teniente coronel Antonio Tejero, ni ha pertenecido nunca. El original se conserva custodiado en la casa familiar», manifestó. El ex teniente también distribuye los cuadros que pinta entre sus acólitos, aunque lo cierto es que ya no se pagan las barbaridades de antaño. Ahora cualquiera puede encontrar una de sus obras por internet por 600 euros, y no por los 2.400 de hace unos años. Sus paisajes y retratos incluyen dedicatorias del golpista, que aprendió a pintar entre rejas. Uno de los vendedores de sus obras atiende a Crónica. «Los cuadros son malos artísticamente, pero tienen su valor histórico. Los que los compran suelen ser fanáticos de Tejero. En Valencia conozco a uno que tiene tres de sus obras. Me siguen llamando interesándose por las obras de Tejero, pero algunos quieren regatear demasiado», cuenta.


TUMBONA EN LA PLAYA

Hace unos años publicaron que la venta de cuadros era su principal ingreso, pero nada más lejos de la realidad. Tejero, a pesar de ser expulsado de la Benemérita, cobra pensión del Estado, al igual que su mujer. Su estilo de vida, además, es el de una persona austera, por lo que no tiene problemas para llegar a fin de mes. En invierno apenas se deja ver por restaurantes y en Semana Santa y verano se desplaza hasta Torre del Mar (Málaga), adonde estuvo destinado. Es su paraíso alejado del mundanal ruido de la gran ciudad.

Allí reside en un edificio llamado las Torres de Colón, que es uno de los primeros condominios turísticos que se construyeron en la localidad malagueña y que esta semana ha estado custodiado por cámaras de televisión. Sus allegados hicieron creer a la prensa de Madrid que Tejero se encontraba en Málaga cuando realmente estaba en la capital.

En Torre del Mar es una persona querida. Sus vecinos hablan maravillas y cada verano disfruta tomando el sol en sus tumbonas del Carrefour. Sólo le falta la neverita de playa para ser el dominguero perfecto. El jubilado pasa mucho tiempo de recreo en el Club Náutico de Torre del Mar. Allí suele comer con sus familiares pescaíto de la zona. Y es un amante de la sobremesa. Uno de sus camareros ha recordado con gracia que Tejero siempre pide de postre «whisky marca nacional».

El ex teniente es amante de la feria de Málaga, donde se le ha visto en los últimos años. También visitó la colindante Fuengirola con motivo del entierro del ex ministro franquista José Antonio Girón de Velasco en el cementerio local, a unas tumbas de distancia de donde está sepultado el mito del Real Madrid, Juan Gómez Juanito. Porque Tejero siempre acude a cada cita importante de sus camaradas. Sea un entierro, un homenaje o la presentación de un libro. En 2014, por ejemplo, presentó el libro de su ex abogado, José Luis Jerez, sobre la historia de la Falange en Cataluña.

Pero si hay algo por encima de todo para Tejero son sus hijos, que le profesan profunda admiración. No se avergüenzan de él. Uno de ellos, de nombre Antonio, siguió la tradición familiar y se hizo guardia civil. Es el mismo que organizó una comida junto a su padre y otros golpistas en el cuartel de Valdemoro el 18 de febrero de 2013 para conmemorar el 33º aniversario del 23–F. Dar rienda suelta a su nostalgia le costó que Interior le destituyese como teniente coronel de la Guardia Civil, aunque tras recurrir la suspensión, la Audiencia Nacional ordenó su restitución en mayo de ese mismo año. Meses más tarde, sería ascendido a coronel.



MI HIJO QUIERE ESCRIBIR UN LIBRO SOBRE MÍ. LE HACE MUCHA ILUSIÓN, AUNQUE SUS PREGUNTAS SON MUY COMPROMETIDAS PARA MÍ...



Ahora está destinado a la Subdirección General de Apoyo en Madrid. Nos aseguran que en su despacho del cuartel de Valdemoro tenía un simbólico retrato tomado 12 años atrás. Por aquel entonces, el hijo de Tejero era el mandamás del cuartel de León y una mañana apareció una pintada en un muro. «Tejero fascista, fuera», se podía leer. El guardia civil, en vez de pedir que la limpiaran, se enfundó el uniforme y posó orgulloso a su lado.


‘TEJERISMO’ EN LA BENEMÉRITA

Otro de sus vástagos, Juan, de 47 años, es sargento en Ávila, y tres de sus 16 nietos también están en la Benemérita. Un quinteto de picoletos que garantiza la supervivencia del tejerismo en la Guardia Civil. El primero de los tres nietos guardias es Antonio Tejero Sande, de 27 años, quien ingresó primero en la Academia General Militar de Zaragoza (igual que su abuelo), y luego en la Academia de Aranjuez (Madrid), donde se graduó como teniente. La vocación se la inculcó su abuelo, como reconoció a este suplemento. «Siempre he vivido en un cuartel, nunca he concebido otra vida. Mi abuelo me contaba cómo salía a luchar contra los maquis y me entraba el ardor guerrero», explicó. Otro de los hijos de Tejero Díez, Manuel Tejero Sande, de 25 años, también es guardia civil. Y Francisco Javier Hernández Tejero sirve en la Unidad de Escoltas de la Guardia Civil en Madrid tras incorporarse (con una de las notas más bajas de su promoción) a la Escuela de Oficiales y Suboficiales de Baeza (Jaén). Otro de sus nietos, Javier Tejero Sande, es sargento de la Armada.

Pero Tejero no sólo tiene militares en su familia. Además de contar con un vástago cura, su hija Elvira es maestra como su madre. Las mayores, Carmen y Dolores, están casadas con militares. De casta le viene al galgo.

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El Referendum que nos robaron en la Transición

Mensajepor Invitado » Dom 20 Nov, 2016 8:42 pm



De ser llamado 'el breve' a reinar durante 39 años: así fue la maniobra del Gobierno que permitió a Juan Carlos ser rey sin referéndum

Imagen En una entrevista inédita al expresidente en 1995, que desvela este viernes La Sexta Columna, Suárez confiesa que incluyó la palabra rey y monarquía en la Ley de la Reforma Política de 1977 para no tener que hacer la consulta

Imagen Adolfo Suárez no sometió a referéndum la monarquía porque las encuestas le dijeron que perdería


¿Por qué no hubo referéndum sobre monarquía o república durante la transición? Esta consulta estuvo encima de la mesa, la exigían los países extranjeros, pero se desechó. En una entrevista no conocida de la periodista Victoria Prego en 1995 al expresidente del Gobierno Adolfo Suárez, Suárez responde a esta pregunta. Esta noche, La Sexta Columna hace pública por primera vez esta confesión inédita.

Adolfo Suárez asegura, en la entrevista en Antena 3, que los Gobiernos extranjeros pedían una consulta sobre monarquía o república instigados por Felipe González: "Era Felipe el que estaba pidiendo a los otros que lo pidieran". Suárez le confiesa a Victoria Prego, pensando que no está siendo grabado, que el Estado hizo encuestas y el resultado era que monarquía perdía.

"Cuando la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república..., hacíamos encuestas y perdíamos", admite el expresidente fallecido en marzo de 2014. La solución para que esta consulta no se realizara fue meter "la palabra rey y la palabra monarquía en la ley" de la Reforma Política de 1977. De esta manera, "dije que había sido sometido a referéndum ya", explica. Poniendo monarquía en la ley, se aseguró la permanencia de la institución.


Así confesó Adolfo Suárez por qué no hubo referéndum monarquía o república: "Hacíamos encuestas y perdíamos"

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Mentiras de la Transición

Mensajepor Invitado » Sab 10 Dic, 2016 1:29 am


Polònia - Juan Carlos I y la transición de Cuba

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Mentiras de la Transición

Mensajepor Invitado » Mar 04 Jul, 2017 8:52 pm

El hombre de Langley
Quien realmente pilotó la transición no fue ni el rey Juan Carlos ni Suárez, sino un militar norteamericano que hablaba gallego, Vernon Walters

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EFE

Miguel-Anxo Murado 02/07/2017 09:17 h


En esta semana de conmemoraciones por el cuarenta aniversario de la elecciones de 1977, se me vino a la cabeza que yo conocí en una ocasión al hombre que, en opinión de algunos, fue quien pilotó realmente la transición. No era el rey Juan Carlos, ni Suárez, sino un militar norteamericano que hablaba gallego.

Fue hace bastantes años, en un curso de verano de El Escorial. El general Vernon Walters, puesto que de él se trata, venía a sentarse todos los días a comer y a cenar con nosotros, tres amigos periodistas. Yo le caía bien simplemente porque era gallego. Me explicó que, como él hablaba portugués, se había preocupado de aprender las diferencias entre los dos idiomas. Dominaba otros siete u ocho. Esa habilidad para las lenguas era lo que le había permitido empezar la Segunda Guerra Mundial de cabo y acabarla de comandante, para luego convertirse en traductor y asesor de siete presidentes norteamericanos, además de diplomático y espía. Porque Vernon Walters, y esa es la cuestión, había sido subdirector de la CIA.

Y no cualquier subdirector de la CIA. Una reputación sulfurosa le precedía. Este era el hombre del que se decía que había orquestado el golpe de Estado de 1964 en Brasil y el de 1973 contra Allende. Había visitado el Portugal revolucionario en agosto de 1974 y en septiembre ya se había producido el fallido contragolpe de Spinola. En 1989 le habían hecho embajador en Alemania y al poco se cayó el Muro. Apenas hay una historia oscura de la Guerra Fría en la que no salga a relucir su nombre: el asesinato de Letelier, los atentados contra Castro, la contraguerrilla en Angola, la Operación Gladio en Italia, Watergate... Cuando en las películas aparece un jefe de la CIA cínico e implacable se puede decir que es una versión del general Walters, suavizada.

La verdad es que resultó ser un tipo simpático al que le encantaba hablar. Uno podía escucharle durante horas contar cómo había organizado el famoso viaje de Nixon a China, o cómo metía clandestinamente a Kissinger en Francia para las conversaciones secretas con Vietnam del Norte: «Usábamos el avión privado de Pompidou diciendo que era para su amante, porque nos parecía que eso no iba a llamar la atención en Francia. Desgraciadamente, llamó la atención de la señora Pompidou».

Un día le pregunté directamente qué había de cierto en lo que se contaba de que era él quien había movido los hilos la transición española desde el cuartel general de la CIA en Langley, Virginia. Se rio. «Tonterías». Pero entonces empezó a contarnos su relación con España desde que de adolescente había aprendido español en el Biarritz de los monárquicos recalcitrantes que escapaban de la República. Nos contó la famosa visita de Eisenhower a Franco de 1959, en la que él aparece en segundo plano en todas las fotos, como un alcahuete; su entrevista secreta con el Caudillo en 1971 para acordar lo que sucedería después de su muerte («No tenía ya fuerzas ni para abrir el sobre con la carta de Nixon»); su papel oscuro en la Marcha Verde y la ocupación del Sáhara; su operación de protección de Felipe González con agentes de la CIA («Teníamos miedo de que lo matase la extrema derecha»); sus presiones a Suárez para que no se presentase a las elecciones de 1977; su trabajo para que España no saliese de OTAN. Nos dejó un poco pensativos.

«Naturalmente», se apresuró a añadir, «nada de esto tiene importancia y no resta ningún protagonismo en la transición al sereno pueblo español y sus prudentes líderes». Dio un largo sorbo a su copa, se limpió la boca con la punta de la servilleta y nos dirigió una sonrisa enigmática.

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Mentiras de la Transición

Mensajepor Invitado » Mié 05 Jul, 2017 1:24 pm



Cuándo empezó realmente la transición
Nos sumergimos con Pio Moa en el auténtico origen de la transición democrática.

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Mentiras de la Transición

Mensajepor Invitado » Jue 01 Mar, 2018 2:16 am


¿Por qué el FRANQUISMO sigue vivo y en vigor? Antonio García-Trevijano

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Assia
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Re: Mentiras de la Transición

Mensajepor Assia » Jue 01 Mar, 2018 10:31 am

No se. El Sr. Trevijano ha muerto y merece respeto como todo los muertos. Pero es que El Sr. Trevijano nunca podia hablar con calma,como lo hemos escuchado en este video. No soportaba que le senalaran 1 contradiccion. Aun recuerdo la repuesta que le dio a 1 Sr. que le senalo que habia cometido 1 error en la historia que escribio sobre Suiza. En vez de agradecerlo casi le grito: .'' EL ERROR LO COMETI YO Y YO LO ARREGLO'' Textualmente no recuerdo pero fue 1 repuesta de 1 persona que parecia molesta porque alguien le senalara 1 error que cometio en 1 capitulo de 1 de sus libros.
En fin, que la tierra le sea leve.
Assia




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