La Teoria de la Conspiracion

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Lector

La Teoria de la Conspiracion

Mensajepor Lector » Dom 15 Oct, 2006 4:20 am

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DOS PALABRAS
La teoría de la conspiración@Federico Quevedo
Sábado, 14 de octubre de 2006

Dice don Alberto Ruiz-Gallardón que los responsables del 11-M serán aquellos que digan los jueces, y punto. Como si la Justicia no se equivocase nunca. Siguiendo ese teorema del alcalde de Madrid, no sé muy bien qué hace en la calle Dolores Vázquez a quien los jueces señalaron como la asesina de Rocío Wanninkhof, ni por qué se está juzgando ahora al tal Tony Alexander King del homicidio... si los jueces nunca se equivocan. En fin, al margen de la desafortunada afirmación del alcalde madrileño que dejaría entre rejas a sabe dios cuántos inocentes, lo cierto es que en las últimas semanas la famosa ‘teoría de la conspiración’ del 11-M ha recobrado protagonismo por dos razones: la primera porque las actuaciones del Juez Campeador en el caso del ácido bórico ponen de manifiesto que, en efecto, algo se está pretendiendo ocultar a los ojos de la opinión pública y que el magistrado tiene mucho que ver en el intento de camuflaje de la verdad. Y, segundo, porque la ‘teoría de la conspiración’ se ha convertido en algo recurrente dentro del PP, bien como intento de deslegitimación de sus defensores, bien como causa de confrontación con sus detractores y, sobre todo, como piedra en el camino de la estrategia emprendida por Mariano Rajoy. O no.

Ya he dicho más de una vez, y lo reitero, que tengo la convicción moral de que el 11-M fue el producto de una conspiración para echar al PP del poder. El Diccionario de la Real Academia define conspirar como la acción de “unirse contra su superior o soberano” o, también, como la de “unirse contra un particular para hacerle daño”. El diccionario es a veces muy necesario a la hora de definir las expresiones, porque es bueno que se sepa de qué estamos hablando y por qué. Cualquier atentado terrorista es el fruto de una conspiración contra las víctimas de ese atentado. La pandilla de canallas de ETA lleva cuarenta años conspirando contra la sociedad española para lograr sus objetivos y ahora, por fin, los han conseguido gracias a un presidente cobarde e irresponsable que se ha vendido a los terroristas diciéndoles, además, que matar es rentable. El 11-M fue el fruto de una conspiración en la medida en que varias personas se unieron para perpetrar esos atentados. Además, tenían un doble objetivo: por un lado matar a cuanto mayor número de gente fuera posible y, por otro pero vinculado estrechamente con el primero, provocar la caída del PP en el Gobierno. Si no, ¿a cuento de qué preguntó Jamal Zhougam quién había ganado las elecciones?

Objetivamente podemos decir, por tanto, que existía una conspiración. ¿Dónde está el quid de la cuestión? Pues, obviamente, en los participantes en la misma, y es aquí donde el hablar de la conspiración genera unas tensiones sin precedentes. Quiero decir que si en la conspiración participaron solo unos tipos que obedecían a una prédica islamista y a las órdenes emanadas de la organización Al Qaeda, como se nos ha querido hacer ver, la cosa no tiene otras consecuencias que las derivadas de los atentados. Pero si se acaba demostrando que eso es falso, entonces se abre un verdadero abismo ante nosotros: “¿Quién ha sido?”. Esa fue la pregunta que miles de personas entonaron como un cántico casi fúnebre durante la manifestación del 12 por la tarde-noche al paso de Aznar, y en todas las manifestaciones que se convocaron en repulsa de los atentados. Esa fue la pregunta, el grito de guerra de una opinión pública perfectamente manipulada y dirigida desde los aledaños de la izquierda y del grupo mediático que la apoya. Entonces, esa pregunta tenía un objetivo, la de dirigir a las conciencias hacia la afirmación de Rubalcaba del sábado por la noche en plena jornada de reflexión, “nos merecemos un Gobierno que no nos mienta”.

Pues bien, dos años y medio después, seguimos sin saber quién ha sido, a pesar del auto del juez Del Olmo y de los ímprobos esfuerzos de una parte mediatizada y politizada de la Justicia, con Garzón al frente desde que volviera de su retiro americano, para conducir el resultado de la instrucción a un único objetivo: que no se sepa nunca quién ha sido y culpabilizar a unos cuantos delincuentes comunes, algunos de los cuales muertos en un extrañísimo suicidio colectivo sobre el cual los policías que rodearon el piso de Leganés tienen mucho que decir, y están obligados a callar, y a una serie de confidentes policiales que todavía no se sabe muy bien qué pintaban en esta historia y qué motivos reales tenían, a parte de los económicos, para participar de semejante barbaridad. ¿Existe, entonces otro tipo de conspiración? Cada vez parece más probable, más plausible, la teoría de que el 11-M fue fruto de algo mucho más perverso, mucho más maquiavélico que la simpleza, entiéndanme, de un atentado terrorista dirigido a combatir a un Gobierno que había defendido la Guerra de Iraq. No. Aquello tenía que tener una motivación mucho más profunda y suponerla es lo que hace pensar y tener la convicción de que detrás de esos atentados había otro tipo de gente.

Decir esto no implica acusar a nadie de nada, ni deslegitimar resultados electorales, ni otro tipo de soflamas que la izquierda utiliza contra quienes dudamos. Nadie debería obstaculizar las investigaciones y la búsqueda de la verdad salvo que, realmente, no le interese saber la verdad o tenga mucho que perder si se acaba sabiendo. Y, en el fondo, quienes atacan indiscriminadamente y participan de las censuras a los medios que buscan la verdad lo hacen por temor a que sea cierto que la verdad oficial es una mentira y que, por lo tanto, todo lo que se ha construido a partir de esa mentira se pueda venir abajo como un castillo de naipes. Es un hecho que desde la instancia oficial se ha venido trabajando en contra de la investigación periodística, en lugar de dejar que, simplemente, fluyeran las dudas y de las mismas partieran supuestos que luego deben ser verificados o desmentidos. Ese sería el ritmo normal de una investigación en la que no se tiene miedo a que la verdad salga a la luz. Pero no es el caso. La manera en que la policía o la Fiscalía han actuado de modo coordinado en contra de lo que la razón y la ley dictaban en asuntos de la lucha contra el terrorismo, hace pensar que igual que no han dudado en anteponer criterios partidarios al sentido común en lo que a ETA se refiere, tampoco habrán tenido muchos reparos en hacer lo mismo en cuanto a la investigación del 11-M, sobre todo teniendo en cuenta que las sospechas de participación de ETA en la conspiración son cada vez más flagrantes.

Dicho lo cual, y siendo necesario avanzar en la investigación que nos lleve a averiguar a qué tipo de conspiración responde el 11-M, también es cierto que no puede ser posible que toda la actividad política se deje influenciar por algo que tiene aspecto de intoxicarlo todo y asfixiarnos. Y este es el segundo aspecto por el que la ‘teoría de la conspiración’ ha tenido una especial relevancia. A veces, creer algo con un apasionamiento casi rayano en el fanatismo, puede hacer perder la perspectiva de la realidad. Lo cierto es que vivimos un momento de nuestra historia esencialmente delicado, en el que todos los elementos que hasta ahora conformaban nuestra convivencia han sufrido unas tensiones inimaginables debido a la acción política del Gobierno de Rodríguez. Bien es cierto que no habría sido así sin el 11-M, pero la labor de un partido de talante liberal y expectativas de Gobierno debe ser atender a todos los elementos que influyen en la deconstrucción de nuestro modelo de convivencia, de nuestro sistema de valores y del marco ético-jurídico que los ampara. Por eso no se equivoca Rajoy circunscribiendo el 11-M a la escena parlamentaria y situando su labor de oposición en la construcción de una alternativa de Gobierno. Lo primero requiere una respuesta a los muchos interrogantes que plantea la investigación. Lo segundo forma parte de la necesidad de agarrarnos a un salvavidas que impida que la actual deriva nos acabe hundiendo en un abismo totalitario.

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Lena

Mensajepor Lena » Lun 16 Oct, 2006 5:36 pm

El menda éste todavía no debió enterarse de que la gente no es tonta rematada y de que las conspiraciones de ácidos bóricos están más desmontadas que las enaguas de mi abuela, la pobre. Vamos, que Pedro Jeta, Losantos, Acebes, Zaplana y Josemari están haciendo el ridículo a costa de sus propios inventos y sus paranoias de cantamañanas conspiracionistas de tercera regional porque acusar sin pruebas o inventárselas en plan chapucero no es gratis y se paga tarde o temprano. Ya veremos.
Por cierto, una cosa es que los jueces se equivoquen y dicten sentencias que puedan dejar al supuesto asesino en la calle y dispuesto a estrangular más ancianitas en cuanto tengan oportunidad, y otra (según los tiros que dispara este memo) es deslegitimar un sumario judicial porque no dice lo que el Trío La-la-la quiere que diga. Que sí, Quevedo, que tú lo también sabes.
Lo que me duele es la falta de respeto por los muertos y los heridos del 11-M con la que se despachan estos cuatro locos y los pocos mentirosos que tienen estómago para reírles las gracias; ojalá al Quevedillo se le atraganten los euratas que ha cobrado por escribir semejante caca.

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El Moro

Mensajepor El Moro » Mar 17 Oct, 2006 6:02 am

La cosas no estan claras senorita Lena. El agua esta muy turbia, pero se aclarara con el tiempo. saludos

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Lena

Mensajepor Lena » Mié 18 Oct, 2006 1:55 pm

Señor Moro, las aguas bajan muy limpitas, lo que pasa es que hay por ahí algunos descerebrados que se creen que somos tontos y que por arañar unos cuantos votos y lavarse un pasado vergonzoso les echan barro y más barro. Por cierto que vistas en las últimas encuestas políticas los desastrosos resultados de esa estrategia ya están pensando en dejarla atrás. Saludos pa usté. :blackeye:

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Invitado

La Teoria de la Conspiracion

Mensajepor Invitado » Dom 21 Abr, 2019 3:09 am

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DOLORES VÁZQUEZ
EL PRECIO DE LA INOCENCIA

Nadie como esta mujer es el rostro de los grandes errores judiciales. Fue condenada por un asesinato que no cometió, el de Rocío Wanninkhof, y pasó año y medio entre rejas hasta que se descubrió el error. Se tuvo que ir de España. Ahora que el Tribunal Constitucional está a punto de cambiar el criterio para indemnizar a los inocentes encarcelados, vamos en busca de Dolores Vázquez, que ha regresado a España. Primero a Mijas, donde ha vendido su casa, y luego a su pueblo gallego, Betanzos. Ella pidió cuatro millones al Estado pero se quedó sin nada. ¿Podrá revisarse su indemnización una vez que el Constitucional establezca la nueva doctrina? Ella, que sólo ha hablado en público una vez desde que fue víctima de la injusticia, prefiere ahora mantenerse en silencio. Nunca llegó a recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos

LEYRE IGLESIAS


Sus huellas se perdieron en la acomodada urbanización El Chaparral de Mijas (Málaga), hace 20 años tomada por fotógrafos y cámaras. El chalé grande y rosado que tantas veces salió por televisión aún se levanta en una de sus calles laberínticas, pero su antigua propietaria ya no reside en él. «De Lola aquí no queda nada», explica una vieja amiga que sale del cercano bar Oasis. «Ha empezado una nueva vida», añade. La empezó hace alrededor de un año. Dolores Vázquez, el rostro de la maldad en la década de los 2000, ha regresado a la España que la señaló injustamente. Aunque no a Mijas, sino a 1.116 kilómetros de allí. Lejos del lugar donde ocurrió todo.

Tras varios años de autoexilio en Inglaterra, Dolores Vázquez, a quien los medios de comunicación, la Justicia y prácticamente el país entero condenaron como culpable de un asesinato que no cometió —el de Rocío Wanninkhof, la joven hija de su ex novia—, ha vuelto a su tierra. Crónica la localiza en su pueblo natal, Betanzos (La Coruña).

Allí se compró a finales de 2017 un piso amplio con garaje, no lejos de donde vive una de sus hermanas. No trabaja y, como antes, empalma un cigarrillo con otro. Una conocida cuenta que a veces se la ve tomando algo con viejas amigas de la infancia. Y que en sus ventanas no ha puesto persianas porque «quiere verlo todo».

No está derrotada, según afirma otra fuente de su entorno, que pone un ejemplo: recientemente, ha participado como voluntaria en unas jornadas de la Casa de la Juventud de Betanzos. Vázquez aportó a los jóvenes del municipio «su experiencia en el mundo del turismo» —en su primera vida, la anónima, fue la exitosa directora de un hotel de Marbella— y los animó a emprender en el pueblo de 13.000 habitantes donde ella nació.

Sin embargo, aunque han pasado 20 años, Dolores Vázquez no quiere hablar con la prensa, según explica educadamente ella misma a este suplemento. Quizá prefiera mantener grabadas, sin adulterar, las últimas palabras que expresó en público allá por el año 2013: que aún nadie le ha pedido perdón.

Su historia como protagonista de uno de los mayores errores judiciales cometidos en la España del siglo XXI entronca ahora con una próxima decisión del Tribunal Constitucional. En un pleno que celebrará en breve, el alto tribunal cambiará su doctrina respecto al derecho de indemnización para los presos preventivos que hayan sido absueltos o cuyos casos hayan acabado en sobreseimiento libre.

Según adelantó EL MUNDO, se trata de una modificación relevante. En los últimos años sólo podían ser compensados económicamente quienes habían sido encarcelados de forma preventiva (antes del juicio) por delitos que después se demostrara que no habían tenido lugar. Por ejemplo, cuando la supuesta víctima mortal aparecía viva o se descubría que la cocaína atribuida al acusado era en realidad azúcar. Un criterio muy restrictivo, casi imposible.

Ahora el Constitucional pretende hacer una lectura más abierta. Obligará a cambiar la ley. Y, con ese giro, el nombre propio que emerge es el suyo: la nunca indemnizada Dolores Vázquez Mosquera. La falsa asesina, la que era culpable porque lo parecía. Fría, calculadora, el gesto arisco… Lesbiana. El rostro de la maldad. Y sin derecho —eso dijeron la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo— a recibir los cuatro millones de euros que ella había pedido porque consideraba justos.


EL ‘CASO WANNINKHOF’

Mijas, noche del 9 de octubre de 1999. Rocío Wanninkhof, de 19 años, sale de la casa de su novio rumbo a la suya, a medio kilómetro de distancia. Pero no llega. Al día siguiente, su madre encuentra en un descampado cercano unas zapatillas de deporte, un pañuelo y sangre. Son de Rocío. Su cuerpo aparece tres semanas después, desnudo y en muy mal estado: ha sido apuñalada aunque no puede determinarse si la han violado. Varias circunstancias, como los terrenos donde ha sido hallado el cadáver, empujan a los investigadores a pensar que quien ha matado a Rocío es parte de su familia. Sus ojos se centran en Dolores.

Loli, como la llaman sus conocidos, es una mujer de carácter, y de éxito. Dirige el Hotel Sultán de Marbella y goza de una buena posición social. Para Rocío y su hermana Rosa, es una figura importante a raíz de su relación amorosa, ya rota, con la madre de ambas, Alicia Hornos. ¿Un crimen pasional entre mujeres? Morbo innegable.

El impacto mediático del caso es enorme y las pesquisas se aceleran. La Guardia Civil interviene el teléfono de Dolores y se infiltra en su círculo. A raíz de una controvertida investigación, con el argumento de que era un crimen motivado por «la venganza, el odio y el rencor», el 7 de septiembre del año 2000 Dolores Vázquez es arrestada entre gritos de «asesina» . El juez instructor la envía a la cárcel de forma preventiva. Varios vecinos intentan agredirla. Empieza, oficialmente, su calvario. Y España, a través de sus telediarios y sus programas del corazón, ya tiene a su culpable. Es un fenómeno mediático.

Entre agentes policiales, informes, jueces, fiscales y jurado popular, se dirá de ella —y se publicará— que es «fría, calculadora y agresiva», que en los interrogatorios no se derrumba y se muestra excesivamente amable, que unas fibras encontradas en el cadáver de Rocío se corresponden con prendas de Dolores (indicio que en un segundo examen quedará desmontado), que Rocío nunca la había aceptado y por eso la mató…

En septiembre de 2002 el jurado popular declaró a Dolores Vázquez culpable del asesinato de la hermosa Rocío. El juez de la Audiencia Provincial de Málaga Fernando González Zubieta la condenó a 15 años y un día de prisión y a indemnizar a la familia con 18 millones de pesetas.

Pero el caso no se cerró ahí. Cinco meses después, en febrero de 2002, ante el recurso del abogado de Dolores, Pedro Apalategui, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía anuló la sentencia por considerar que hubo una «insuficiente motivación» para condenarla, y ordenó la celebración de un nuevo juicio. Al día siguiente, tras 17 meses en la cárcel, Dolores Vázquez salió a la calle.


EL VERDADERO ASESINO

El juicio quedó fechado para octubre de 2003. Pero nunca se celebraría, porque pocos días antes, el caso dio un vuelco. El ADN encontrado en el cuerpo de Sonia Carabantes, otra joven asesinada en Coín, a 18 kilómetros de Mijas, coincidía con el ADN de la colilla de un cigarrillo encontrada en la investigación por la muerte de Rocío. Y no era el de Dolores, sino el de un británico llamado Tony Alexander King.

De modo que el juicio a Dolores Vázquez queda suspendido, su caso es sobreseído de forma provisional y King, condenado por el asesinato de Rocío. Pero a Dolores la vida se le ha hecho ya pedazos. Todo el mundo la conoce, la señala; la madre de Rocío aún la acusa de participar en el crimen. No tiene trabajo, nadie quiere contratarla. Está psicológicamente muy afectada. Desde que abandonó la cárcel recibe tratamiento. Sufre depresión y fuertes dolores de estómago.

Es en enero de 2006 —seis años largos después del asesinato que no cometió— cuando Dolores Vázquez inicia su batalla: reclama al Estado una reclamación de cuatro millones de euros alegando el «anormal» funcionamiento de la Administración de Justicia y acogiéndose a los artículos 292 y 294 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) que prevé indemnizaciones para este tipo de casos.

La menor parte de ese montante, 51.600 euros, la solicita por sus 519 días en prisión, en función del sueldo que dejó de percibir en el hotel, las cuotas de hipoteca de la casa, la de la comunidad de propietarios, el IBI, la tasa de basuras y el impuesto de vehículos de tracción mecánica. El resto hasta los cuatro millones lo pide por daños morales. Denuncia que su honor ha sido pisoteado y presenta un informe psicológico en el que se recogen secuelas importantes que no le dejarían llevar una vida normal. Hay quien apunta al «síndrome del perro»: está obsesionada por apuntar en una agenda todo lo que hace y le ocurre, memoriza las matrículas de los coches que cree que la siguen, teme tener el teléfono intervenido.

Pero la respuesta administrativa tardará. Primero el Ministerio de Justicia reconoció que se cometió con ella un error y propuso compensarla con 120.000 euros; no era vinculante. Por su parte, el Consejo General del Poder Judicial consideró que no había que hacerlo, al igual que el Ministerio del Interior. En 2010, la Presidencia del Gobierno, entonces en manos del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, le denegó la indemnización. Así que ella acudió a la Audiencia Nacional.

En 2012 llegaría la primera sentencia y, tres años después, otra más, ésta del Tribunal Supremo. Dijeron lo mismo: Dolores Vázquez no tiene derecho a cobrar. Sus argumentos: que, según la interpretación de la Ley Orgánica del Poder Judicial que se aplica desde 2010, sólo tiene derecho a indemnización quien haya estado en prisión preventiva por unos hechos que no hayan existido (y el crimen existió). Le recriminaron además que sus abogados se equivocaron al agarrarse a la motivación de que en su caso hubo un «anormal funcionamiento de la Administración de la Justicia», cuando deberían haber recurrido a otra vía legal, la del «error judicial», algo para lo que en el momento de la sentencia ya no tenía margen. La Abogacía del Estado llegó incluso a pretender que Dolores pagara las costas del procedimiento, aunque el Supremo aflojó un poco y le impuso pagar un máximo de 4.000 euros.

No todos los jueces estuvieron de acuerdo. Una magistrada de la Sala de lo Contencioso-administrativo del Supremo firmó un voto particular a su favor. Era Margarita Robles, hoy ministra de Defensa. En su opinión, Vázquez hizo lo que debía según la jurisprudencia existente en 2006, y el hecho de que ésta hubiera cambiado después le generaba indefensión. No sirvió de nada.


SU HUIDA A INGLATERRA

Para entonces, Dolores Vázquez ya se había marchado de España. Según publicó El País, buscó refugio en una pequeña localidad al este de Londres, donde trabajaba para una empresa de transportes gestionando el horario de los repartidores. No le era un país ajeno: allí residía Elvira, su otra hermana, y además Dolores había pasado parte de su infancia en Inglaterra porque sus padres habían emigrado allí para trabajar.

Pasaron los años y Vázquez sólo quebró su aislamiento público en 2013, cuando, tras rechazar ofertas millonarias para sentarse en todo tipo de platós y contar su historia, se puso al fin frente a una cámara. Fue en un acto en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid que versaba sobre la presunción de inocencia y los juicios paralelos. Dolores Vázquez fue conferenciante por un día. La escuchó en silencio un público de juristas, fiscales y abogados.

En su discurso, de menos de cinco minutos, relató su calvario. Contenida, le costó reprimir las lágrimas.

«Lucho cada día por ello, me lo deben de notar en la cara, procuro sacar fuerzas cada día. He vencido muchísimos obstáculos, como coger la matrícula de un coche cuando aparco, fijarme si la persona que me sigue lleva gafas o no lleva gafas, hacer notas que todavía llevo en el bolso…».

«Pienso que de mí [los investigadores] sabían cosas, como que me asustaba la oscuridad. Esa noche [de la detención], como en un cuartito pequeñito, me apagaban la luz, acudían, apagaban la luz y venga: “Fuiste tú y fuiste tú y fuiste tú”. (…) Y empezó mi infierno. Recuerdo que me decía la Guardia Civil: “Cuando terminemos contigo, ni tu abogado va a creer en ti”».

«Para mí no ha terminado la lucha. No es tanto la reclamación monetaria, es más que se demuestre a la sociedad española que soy totalmente inocente, que siempre lo he sido, que cuando vaya por la calle no haya codazos, que voy a El Corte Inglés a probarme unos zapatos, por decir una tienda, y que a los 20 minutos estoy rodeada de señoras: “Mira quién está, mira… (…) Todavía estoy pidiendo que alguien me diga un perdón, algo”».

«Todavía nadie me ha pedido perdón».


ARROJÓ LA TOALLA

En la urbanización de El Chaparral de Mijas ya no queda rastro de ella. «¿Lola? Aquí ya no está… Ha vuelto de Inglaterra, sí, pero vendió el chalé y ahora se ha ido con su otra hermana a Betanzos. Búsquela allí, pero le aviso de que no quiere hablar con la prensa», dice su amiga junto a la antigua casa rosada. «Le destrozaron la vida. Y nunca le han pagado nada por lo que le hicieron».

Cuando sus recursos judiciales en España se estrellaron, el abogado de la empresaria anunció que pelearían hasta el final: acudirían al Tribunal Europeo de Derechos Humanos para defender el derecho de Dolores a ser indemnizada. Pero aquel paso no llegó a darlo nunca. Fuentes oficiales de esta institución han informado a Crónica de que en el tribunal no consta ningún asunto con el nombre y los apellidos de María Dolores Vázquez Mosquera. Desde el despacho de abogados lo corroboran: no están autorizados a explicar la razón, pero su clienta decidió no acudir a Estrasburgo. Paró de luchar.

De modo que a día de hoy, Vázquez no ha recibido compensación económica alguna por los 519 días que pasó entre rejas. Ni un euro, según confirman a este suplemento el Ministerio de Justicia y una de las abogadas que la representó.

La cuantía de las indemnizaciones en este tipo de casos varía. Por ejemplo, en 2016 el Tribunal Supremo obligó al Estado a pagar a una mujer encarcelada por un homicidio que no existió 60.000 euros por 542 días de prisión preventiva; es decir, 110,7 euros por día.

En cambio, en 1990 el mismo tribunal trató con mayor generosidad otro caso: el de una joven de 19 años imputada por robar una sucursal bancaria. Por 35 días en prisión, el Supremo impuso una indemnización de 12.000 euros, lo que arroja una media de casi 343 euros por día.

A sus 67 años, ¿puede el inminente cambio de doctrina beneficiar a Dolores Vázquez? Una vez aprobado, el artículo 249.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial deberá cambiar. Si ahora dice que «tendrán derecho a indemnización quienes, después de haber sufrido prisión preventiva, sean absueltos por inexistencia del hecho imputado o por esta misma causa haya sido dictado auto de sobreseimiento libre», en la nueva versión se eliminará la obligatoriedad de que el hecho imputado no exista.

Las posibles consecuencias del cambio ya han despertado recelos. Según indica el catedrático de Derecho Penal de la Universidad del País Vasco Norberto Javier de la Mata, el asunto no es baladí: la modificación podría abrir la puerta a miles de reclamaciones, apunta, y podría desnaturalizar la figura de la prisión preventiva. La Fiscalía se ha mostrado en contra del cambio en el que trabaja el Tribunal Constitucional. También el Gobierno, que podría verse abocado a regular las indemnizaciones y fijar un baremo de pago por día de prisión indebida, como sí ocurre en otros países de Europa. En Alemania, por ejemplo, se pagan 25 euros por día.

Cuando se lo explicamos, Dolores Vázquez no desiste. «No soy amiga de la prensa, pero no es nada personal», dijo hace seis años.

—Lo siento —responde ahora a Crónica—. No voy a decir nada.


CRÓNICA EL MUNDO DOMINGO 21 DE ABRIL DE 2019




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