La partitocracia española

Un lugar con buen talante y pluralidad democrática donde se debate lo más relevante de la política y la actualidad nacional e internacional.

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La partitocracia española

Mensajepor Invitado » Jue 11 Feb, 2016 3:13 am

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Pastores o borregos

El nuevo político concentra sus esfuerzos en los temas que fracturan a la sociedad en dos bandos para dejar claro que él es el líder de uno. Cuanto más se hable de lo que nos divide a los españoles, y menos de lo que nos une, mejor


Los políticos son pastores y, a la vez, borregos. Por un lado, tienen que liderarnos, proponiendo soluciones a nuestros retos colectivos. Por otro, deben escucharnos, adaptándose a nuestras demandas. Tradicionalmente, el político carismático lideraba en los retos que unen a toda la sociedad (economía, paro, bienestar) y escuchaba en las cuestiones que nos dividen (energía nuclear, aborto, alianzas exteriores). ¿Recordáis cuando los partidos democristianos dejaban libertad de voto a sus parlamentarios en temas morales, o los Gobiernos socialistas convocaban referendos sobre la permanencia en la OTAN, mientras mantenían unas coordenadas marcadas en políticas sociales y económicas?

Pues bien, hoy es al revés. Los políticos exitosos son pastores en los asuntos menores y borregos en los mayores. No sabemos qué edad de jubilación proponen, pero sí qué monumentos querrían retirar de las plazas públicas o cómo vestirían a Melchor en la cabalgata de Reyes. Para ser más precisos, muchos políticos han renunciado al liderazgo en lo que en ciencia política se llaman “temas de valencia”, aquellas cuestiones cuyos objetivos son compartidos por la ciudadanía, como el crecimiento económico, la reducción de la criminalidad o la cohesión social. Los políticos telegénicos no pierden el tiempo en desplegar argumentos mínimamente elaborados sobre cómo abordarían estas metas complicadas. Prefieren refugiarse en los llamados “temas posicionales”: aquellos donde los ciudadanos discrepan sobre el objetivo final, como las relaciones exteriores, el aborto, la cadena perpetua, la enseñanza de la religión o la ubicación de la foto del Rey en el salón de plenos.

En principio, parece una mala estrategia. Si quieres ganar las elecciones, ¿para qué subrayar lo que divide a los votantes y no lo que los une? El corresponsal del Financial Times en España, Tobias Buck, se preguntaba con un sentido común muy británico por qué Podemos y sus confluencias gastan tanto capital político en asuntos como los toros y las procesiones religiosas, que antagonizan a los votantes moderados, en lugar de centrar sus energías en temas, como la vivienda o la pobreza, donde existe un mayor acuerdo social. La respuesta es que antagonizar es una fórmula de éxito en la política actual.

Los políticos se están convirtiendo en guerreros culturales. Los hemos visto en la política norteamericana desde los años noventa, cuando Pat Buchanan lanzó una guerra cultural contra Bill Clinton a la que se han sumado paulatinamente las generaciones posteriores de políticos republicanos. Para los guerreros culturales, la política no es un proceso de negociación para alcanzar un consenso, sino una lucha entre el Bien (prohibir el aborto y el matrimonio homosexual, permitir las armas y la pena de muerte) y el Mal (lo contrario). El político apela a su tribu cultural. No quiere conquistar al votante centrista, sino movilizar a los extremistas.


El político no quiere conquistar al votante centrista, sino movilizar a los extremistas



El guerrero cultural se ve favorecido por una selección cada vez más democrática de los candidatos electorales. Veamos el curioso caso de Ted Cruz, el heredero de Buchanan dispuesto a librar una batalla cultural con otro miembro de la familia Clinton. Cruz, que podría ser el candidato republicano a la presidencia tras ganar el caucus de Iowa, perdió en 2012 por más de 10 puntos la primera ronda de las primarias republicanas a su escaño en el Senado por el Estado de Texas frente a un republicano prestigioso y moderado. Sin embargo, Cruz logró ganar en la segunda ronda gracias a la movilización de las bases más radicales, incansables al desaliento y siempre dispuestas a acudir a unas nuevas primarias. Ahora, en su cruzada para activar a millones de votantes evangelistas, quiere replicar la misma estrategia a escala nacional: ¿para qué guiar al rebaño entero con mensajes ponderados cuando puedes vencer agitando a las ovejas furiosas?

En España, la guerra cultural es cada día más rentable porque hay más competición política. Por una parte, la proliferación de primarias, si son cerradas a los militantes, favorecen a los candidatos más ortodoxos frente a los más heterodoxos. Por otra parte, la mayor oferta de partidos hace más provechoso el frentismo. Cuando puedes ganar las elecciones con poco más del 25% de los votos, tiene más sentido energizar a los fieles que atraer a los indecisos.

La guerra cultural va más allá de la estética de la nueva política. De las camisetas, las coletas, las rastas y el uso del lenguaje de la calle. La nueva política usa la estética como un arma más de la guerra cultural. Nuestra estética frente a su estética. Nuestro Melchor frente al suyo. Nuestros héroes libertarios frente a sus generales y monjas en las placas de las calles. El nuevo político abandera todo lo que puede unir a los suyos no a pesar de, sino precisamente porque los separa de los demás. El nuevo político concentra sus esfuerzos en los temas que fracturan a la sociedad en dos bandos para dejar claro que él es el líder de uno. Cuanto más se hable de lo que nos divide a los españoles, y menos de lo que nos une, mejor. Y, en las preocupaciones de todos, aquellas que requieren argumentos sutiles como el encaje de las aspiraciones nacionalistas, no hay que mojarse. Que “la última palabra la tengan los ciudadanos” es la expresión favorita de muchos nuevos políticos.


Corremos el riesgo de que el clima de efervescencia transmute en una disputa cultural



Sin embargo, el gran beneficiado de la guerra cultural es el PP. Simplificar la política como una contienda entre dos Españas culturales —la Virgen y la corbata frente al libertinaje y los piojos— le ayuda a erigirse como una referencia clara para los votantes de derechas. Ciudadanos sufre cada vez que debe elegir entre las dos culturas y el PP se aprovecha. Además, y a nivel más general, la guerra cultural permite a los partidos conservadores derrotar a los progresistas de forma indirecta. Uno de los candidatos republicanos menos preparados de la historia, George W. Bush, venció a uno de los demócratas con más credenciales, Al Gore, en las elecciones de 2000 porque centró muchos de sus ataques en un tercero, el mediático activista político y ecologista Ralph Nader, haciendo que la discusión se trasladara a terrenos donde Nader podía robar votos a Gore. Al contrario que en la guerra, aquí triunfas si consigues que el enemigo de tu enemigo sea tu enemigo.

En definitiva, corremos el riesgo de que el clima de efervescencia política que vivimos transmute en una disputa cultural. En una lucha de identidades y no de visiones políticas. De qué somos los españoles y no de qué queremos ser. Un lugar propicio para los guerreros culturales y los borregos políticos.

    Víctor Lapuente Giné es profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Gotemburgo y autor de El retorno de los chamanes (Península)

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La partitocracia española

Mensajepor Invitado » Jue 15 Jun, 2017 6:24 pm


Federico a las 7: Lo que nos costó la democracia
Federico recuerda el 40 aniversario de las primeras elecciones, cómo se comportó cada partido y lo que hemos ganado desde entonces.

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40 años de partitocracia española

Mensajepor Invitado » Vie 16 Jun, 2017 5:05 pm

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Solo la mitad de españoles ve satisfactorio lo logrado en 40 años de democracia

En el aniversario de las primeras elecciones democráticas, un 48% se considera satisfecho y un 44,1% insatisfecho. Entre los jóvenes hay una clara mayoría de insatisfechos.


Justo cuando se cumplen 40 años desde que los españoles votaron por primera vez en unas elecciones a Cortes Constituyentes, los ciudadanos se sienten todavía decepcionados con el nivel de democracia alcanzado en España. La situación política, la mala valoración de los políticos y el elevado nivel de corrupción que se ha instalado en la clase política han provocado que hoy menos de la mitad de los españoles (el 47,9%) se sienta satisfecho con el nivel de democracia alcanzado en estas cuatro décadas de democracia. Al mismo tiempo, el 44,1% de los encuestados piensa que el resultado aún es insatisfactorio.

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Según el sondeo que SocioMétrica ha confeccionado para EL ESPAÑOL, los jóvenes de entre 18 y 30 años son los más insatisfechos con los éxitos cosechados en democracia. En concreto, el 49,2% de los encuestados en esta franja de edad suspende el régimen político desde la Transición y solo un 35% lo considera aceptable. De hecho, fenómenos como el 15M y la aparición de partidos como Podemos y Ciudadanos han sido síntomas de esta decepción que los más jóvenes sienten todavía con la clase política.

El segmento de población entre los 31 a los 65 años valora un poco mejor la normalidad democrática actual que no era nada evidente hace cuarenta años. En concreto, el 43,3% de los encuestados adultos considera que el nivel de democracia alcanzado sigue siendo insatisfactorio frente a más de la mitad, el 50,2%, que lo aprueba.

Son los jubilados, protagonistas de la Transición española que desembocó en la España de hoy, los que valoran con más optimismo los éxitos cosechados desde 1977. Según los datos que arroja la encuesta que SocioMétrica cocinó entre el 6 y el 13 de junio, el 54% de los interrogados con 66 años o más ve satisfactorio el nivel de democracia alcanzado. Menos de la mitad, el 41,7%, piensa que todavía se podría hacer algo más por la democracia, la libertad y el progreso del país.

Por perfiles, son los votantes de centroderecha los que más satisfechos se sienten con las políticas que se pusieron entonces en marcha y que fortalecieron los consensos básicos nacionales. En concreto, el 74,5% de los encuestados afines al Partido Popular aprueba el nivel de democracia alcanzado hasta la fecha y solo el 23% lo tacha de insatisfactorio. En el caso de los encuestados afines al partido de Albert Rivera, el 63,7% también aplaude los éxitos cosechados y solo el 33,1% considera que el resultado es mejorable.

Los votantes de centroizquierda hacen un balance totalmente distinto de estos cuarenta años de democracia. Entre los afines al PSOE, más de la mitad le dan el aprobado: el 51,2% considera aceptable el nivel de democracia alcanzado mientras que el 41,8% dice que sigue siendo escaso. Sin embargo, los afines a Unidos Podemos ven el presente mucho más negro: el 69,8% de los encuestados afines a Pablo Iglesias piensa que aún queda mucho por hacer y solo el 28,4% da por aprobado al sistema que puso la primera piedra hace cuarenta años.


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Los españoles, sin embargo, no siempre han visto el desarrollo de la democracia con los mismos ojos durante estas cuatro décadas. Según el histórico de la situación política española desde 1979 hasta ahora con los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas, a finales de 1986, cuando Felipe González llegó al poder, hubo una reconciliación entre la clase política y los ciudadanos y el entonces presidente consiguió que los españoles aprobaran su gestión política.

Su carisma, sin embargo, se precipitó cuando los GAL entraron en escena. En 1995, justo antes de que José María Aznar se instalara en la Moncloa, la desafección entre los ciudadanos y la clase política sufría sus picos más bajos (apenas tres puntos). El líder conservador consiguió de nuevo que los españoles confiaran en él y los picos de aceptación superaron los cinco puntos hasta 2003, un año antes de que José Luis Rodríguez Zapatero sustituyera al entonces presidente del PP.

Con la vuelta de los socialistas al poder, los ciudadanos otra vez dieron una oportunidad a sus dirigentes. Sin embargo, desde el año 2004, cuando Zapatero llegó a lo más alto, los españoles no han vuelto a poner más de un cinco a sus dirigentes. Mariano Rajoy no ha alcanzado ni siquiera los tres puntos desde el 2011, el año que consiguió gobernar.


FICHA TÉCNICA
Se han realizado 800 entrevistas entre el 6 y el 13 de junio de 2017. El método de la encuesta ha sido mixto: 400 entrevistas telefónicas (realizadas por Gandia Integra) y 400 online (efectuadas por Netquest).
El universo de la encuesta ha sido la población residente en España, incluida en el CER provincial. Su estratificación se ha estructurado a partir de las siguientes variables: provincia, sexo, edad y situación laboral.
El error muestral para el conjunto de datos es de +/- 3%. Por otro lado, la gestión de los datos se ha elaborado con los software SPSS y Barbwin.

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40 años de partidocracia

Mensajepor Invitado » Dom 18 Jun, 2017 7:55 pm


40 años de corrupción
El 15 de junio de 2017, se celebró el 40 aniversario de las elecciones del 77. La gran mentira de que esas elecciones y el resto hasta nuestros días son democráticas, se la creyó el pueblo que hoy en día sigue participando en este régimen heredero del franquismo

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Assia
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Re: La partitocracia española

Mensajepor Assia » Lun 19 Jun, 2017 1:16 am

Segun dice ''el eminente pensador,'' en su TEMA REPUBLICA... '' llevo 70 anos...''y en todos esos anos solo ha conseguido unos 2 mil asociados a su grupo cultural. Pues si, en Francia ha habido mas del 50% de abstenciones, pero Macron ha ganado con mayoria absoluta. Cada cual o cada quien puede pensar libremente y si el ''eminente pensador'' cree que es para cambiar el Sistema, pues esta en su derecho como yo estoy en mi derecho de pensar que esa gran abstencion en Francia se ha debido a la presunta corrupcion que se esta descubriendo de Macron y de su familia.

PD: Esto no tirene nada que ver con el TEMA actual. Pero si escuchais ese video, podeis oir a 1 Sra. que dice: '' VENGO A VOTAR PORQUE MI MARIDO ME HA MANDADO'' Si esto esta ocurriendo en el Siglo XXI, decirme a mi, si Victoria Kent no tenia razon en los anos 30s del Siglo XX a aplazar el derecho de que votaran las mujeres. Pero la heroina para muchas espanolas es, Clarita Campoamor.
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La partitocracia española

Mensajepor Invitado » Dom 01 Oct, 2017 7:36 pm

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La muerte del régimen

Debemos defender a España, no a la Constitución, una más de las muchas que hemos sufrido. Para que España viva, es preciso que este régimen muera. Y cuanto antes, mejor.

SERTORIO

La crisis abierta por el referéndum catalán representa la muerte del Régimen del 78. No quiere decir esto que el 3 de octubre se desplome este infame tinglado de componendas, corrupción y cobardía moral que llamamos Estado de las autonomías; podrá seguir viviendo largos años –aunque personalmente no creo que muchos– como un cadáver ambulante repleto de normas, reglamentos y demás aparejos legales, pero su legitimidad morirá este domingo 1 de octubre, se vote o no se vote, se independice o no Cataluña. Su responso o extremaunción ya se ha efectuado: la Conferencia Episcopal Española administró los últimos sacramentos al difunto cuando emitió un comunicado, que nadie le pedía, en el que declara su equidistancia entre los sediciosos y el Gobierno legal de España. Si la Iglesia se baja del barco, es que éste hace agua por todas sus cuadernas.

Difícilmente sobrevivirá el régimen a Rajoy, que ha dejado a la derecha española hecha un solar: atea, apátrida, genuflexa, carente de otro propósito que durar un día más en el poder, desnuda de toda idea que la simple supervivencia en el cargo. Tampoco la llamada izquierda va a poder lidiar mejor con la situación que herede, más pronto que tarde, de este nocivo primer ministro, de este Atila con corbata. Para empezar, porque la socialdemocracia ha muerto, porque sus dirigentes tienen una talla igual o menor que la de los que hoy nos atribulan y porque llegarán al poder como rehenes de la extrema izquierda y de lo que quede del separatismo que no se haya ido del país.

España se enfrenta a una triple ofensiva en la que los incidentes de Cataluña son sólo el prólogo: Bildu, Podemos y Esquerra pretenden dinamitar el Estado y jamás dispondrán de una oportunidad mejor que la actual, cuando cuentan además con gobiernos lacayos en Baleares, Navarra, Valencia y Aragón, por no hablar del soviet madrileño de Carmena. Saben que es ahora o nunca, y han decidido que no hay más tiempo que perder. Si Cataluña cae, todo se precipitará en cuestión de meses. Con la monarquía poniéndose de perfil, con la Unión Europea cerdeando, con la Iglesia pasándose a la anti-España, con una mayoría de la nación envilecida y degradada, Podemos, la CUP, Esquerra, el BNG y demás enemigos de la patria saben que basta con empujar el árbol podrido para que éste se caiga. Y lo más seguro es que se desplome. Nuestro único consuelo es que en su caída aplaste a alguno de los que lo empujaron.

No hay que pensar en defender la Constitución ni una legalidad que ya nadie respeta. Hay que pensar en después de la Constitución y después del régimen, porque “esto” no merece sobrevivir y no debe hacerlo. La “obra” del 78 ha sido la disgregación moral y territorial de la patria, la corrupción de las costumbres y el saqueo de la nación por una oligarquía parásita. Debemos defender a España, no a la Constitución, una más de las muchas que hemos sufrido. Para que España viva, es preciso que este régimen muera. Y cuanto antes, mejor.

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Mensajepor Invitado » Jue 07 Dic, 2017 3:19 am

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