TESTIGO IMPERTINENTE - CARMEN RIGALT

Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


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Mensajepor Invitado » Mar 15 Ago, 2017 2:52 am

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El Rey Emérito Juan Carlos, a bordo del ‘Gallant’, en una imagen de 2016 tomada en Sanxenxo.



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‘EMÉRITO BORBÓN’: REGATAS Y PERCEBES







‘Emérito’ se ha ido a Sanxenxo, donde le han organizado una regata a medidaSus amigos le han comprado el velero ‘Ian’ en Finlandia, una auténtica joyaTras las pruebas, cultivan la amistad a golpe de ‘percebada’, un deporte exquisito



Presagios de otoño en el Ampurdán. Ayer la lluvia mojó los alcornoques y dejó la tierra cubierta por una fina capa de barro. Luego salió el sol y pudimos darnos un baño. Por la tarde, la atmósfera olía diferente y recordé a Pla; él dejó escrito que en Palafrugell muchos días el aire olía a corcho y yo lo tomé como un dogma.

Atrás han quedado Palma, las jornadas de la Copa del Rey de Vela y el calor inhumano que nos acompañó hasta que tomamos el avión de vuelta. Nada más llegar al Ampurdán, las nubes formaron un tupido velo y descendieron bruscamente las temperaturas.

El diario Expansión, recogiendo datos de un informe de Engel & Völkers, publicaba ayer que el puerto más caro de Europa está en Ibiza, por delante de Porto Cervo, Portofino y, por supuesto, Marbella. Hay puertos que proyectan imágenes sedentarias. Es el caso de Puerto Banús, donde los barcos (yates, dicen allí) parecen viviendas-palafito porque están permanentemente atracados.

Hoy hablaré de Emérito. Un día cogió los bártulos y trasladó sus reales a Sanxenxo, donde su amigo Pedro Campos, presidente del club náutico local y hasta hace poco una de las figuras más influyentes de la Copa del Rey, creó una regata y lo convenció para que se apuntara. Emérito se apuntó. Llevaba siete años sin regatear y no hizo falta insistirle. Pedro Campos quería organizar una regata a su medida, pero faltaba lo más importante: el barco.

Emérito Borbón, Pedro Campos, José Cusí y Mauricio Sánchez-Bella–armador del Acacia, un barco que Juan Carlos había probado ya y le venía como un guante– organizaron una excursión a Finlandia para comprar la embarcación. Dado que las condiciones objetivas de Emérito Borbón le hacían incompatible con la mayoría de barcos, los amigos fueron en busca del gemelo del Acacia y lo encontraron. Se llamaba Ian y era una auténtica joya.

Gustaf Estlander, uno de los arquitectos navales más prestigiosos del s. XX, construyó en 1929 el Acacia por encargo de un señor de Bilbao, pero hizo otro barco a su imagen y semejanza y lo dejó en Finlandia, donde tuvo varios propietarios, uno detrás de otro.

El último armador fue un empresario escandinavo que, pasado el tiempo, firmaría su venta con lágrimas en los ojos. Hecho de madera y reconstruido con minuciosa fidelidad, el Ian conquistó a la expedición de Emérito que había viajado hasta Finlandia para conocerlo. Según dijeron los expertos de la pandilla, «tenía un aparejo de velas y una maniobra muy competitivos».

Los barcos de vela clásica han protagonizado románticas historias que merecen pasar a los libros de literatura. Es el caso del Acacia y del Ian. Desde que salieron del los astilleros de la ciudad sueca de Gotemburgo, donde fueron construidos, poco o nada se había vuelto a saber de ellos. Los Allende de Bilbao se desprendieron del Acacia, que acabó en poder de unos catalanes, los Cuyás, quienes a su vez también lo vendieron sin lograr olvidarlo. Ellos creían que se había hundido, pero un día lo encontraron en internet completamente rehabilitado.

Corría el año 2015 cuando en Finlandia se produjo el reencuentro de los barcos gemelos. Ahora, el Acacia está en poder de Mauricio Sánchez-Bella y el Ian es el obsequio de Cusí y Cía. a Emérito Borbón. Un regalazo.

En la actualidad no llegan a 100 los barcos como el Ian. Son embarcaciones de vela clásica pertenecientes a la clase 6mR, una categoría que estuvo en auge durante los años 30 y que ahora regresa al mundo de la competición gracias a Emérito y a su vocación marinera.

En la ría de Pontevedra se celebra el circuito anual con la mirada puesta en el campeonato de Toronto. El barco de Emérito, que ya no se llama Ian sino Gallant, navega y corta el viento caminito del mundial. Entre prueba y prueba, nuestros hombres cultivan la amistad a golpe de percebadas. Porque comer percebes también es un deporte exquisito.


EL MUNDO / DOMINGO 13 DE AGOSTO DE 2017

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TESTIGO IMPERTINENTE - CARMEN RIGALT

Mensajepor Invitado » Dom 03 Sep, 2017 2:41 am

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El príncipe Guillermo, duque de Cambridge, lee los tributos en recuerdo de su madre, Diana de Gales.



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LA ‘REINA DE LOS MARES’ Y LA PRINCESA DIFUNTA







La Pantoja posa sobre las aguas del Mediterráneo con gesto de ‘vedette’Según dicen los entendidos la foto de Isabel costó unos 60.000 eurosLady Di explotó el victimismo, pero también fue, al final, vitalista y solidaria



Soy periodista y lo manifiesto cuantas veces puedo. Por ejemplo, nunca me pierdo la portada de ¡Hola! El miércoles pasado la vi de lejos, expuesta en un panel de novedades del súper, a la vuelta de la sección de perecederos. Como no era cuestión de hurgar en el bolso para buscar las gafas, me detuve y acerqué la cabeza intentando descifrar a la mujer de la foto. No falla. Era la Pantoja posando sobre las aguas del Mediterráneo con el cruce de piernas típico de las vedettes: tronco erguido y piernas oblicuas, como si pertenecieran a otra persona.

Su rostro tenía un aire piadoso y ensimismado. Digamos que un aire de transmutación virginal (milagro, milagro), como si se hubiera tragado la Pietá de Miguel Ángel.

Horas más tarde pude comprobar (ya con las gafas puestas) que Pantoja estaba sentada en la plataforma de un barco contemplando cómo, a sus pies, la familia hacía aguadillas y jugaba con el rulo. Una composición estudiada en la que todos los personajes adoptaban un papel secundario excepto la tonadillera, que parecía estar a punto de levantarse y salir caminando sobre las aguas. Según dijeron los entendidos, era un posado, pero no un posado normal, sino un posado robado que habría costado la suma de 60.000 mil euros. A saber.

Todo esto sucedió el miércoles, fecha de salida de las revistas y XX aniversario de la muerte de ‘Lady’ Di, pero Pantoja se mantuvo en el candelabro pese al alud de reportajes y documentales sobre la difunta, que –esta vez sí– , acudió a la cita con noticia incorporada. La que fuera esposa de Carlos de Inglaterra es la protagonista de la película Diana (dirigida por Oliver Hirschbiegel y protagonizada por Naomi Watts) cuyo próximo estreno nos devolverá la cercanía del mito.

La princesa que tanto explotó el victimismo, fue, en la última etapa de su vida, una mujer vitalista que dio ejemplo de simpatía y solidaridad. Su imagen de pánfila se mantuvo mientras sufrió las desgracias de un matrimonio de conveniencia al que no supo sacarle provecho (con lo fácil que habría sido pedirle unos consejitos a Inés Sastre, la española con menos puntería matrimonial de todas las mujeres del star system de Sotogrande), pero el divorcio le devolvió la energia y sobre todo, la sonrisa. A propósito de Inés Sastre, ella sabe elegir, pero no atinar. Ayer, LOC contaba que su corazón y sus asuntos, vuelven a estar ocupados, y lo hacía con un titular sumamente descriptivo: Enésimo novio rentable. Su autor, Eduardo Verbo, no pudo expresarlo mejor: los novios de Inés han sido incontables.

Volviendo a Lady Di y a la película de próximo estreno, he sabido que está centrada en los últimos años de vida de la princesa. Dos años en los que, según los especialistas en romances reales, Diana ex Gales conoció al que pudo haber sido el amor de su vida, un cardiólogo británico-paquistaní llamado Hasnat Khan, o como le decía ella, ‘mister Wonderful’, (señor Maravilloso). Pero he aquí que el cardiólogo tuvo un ataque de pánico y dio marcha atrás. También los grandes hombres sufren la presión del miedo al compromiso.

Hoy, los tabloides ingleses ya no hablan de la conspiración palaciega que tanto turre dio. Ahora les interesa más mister Wonderful, el misterioso caballero que le dijo no a lady Di, lanzándola a los brazos de Dodi al Fayed. Pero Dodi era muy obvio, comprándole un anillo de diamantes que habría hecho las delicias de las Corinnas de turno.

Así las cosas, no hay dogmas en la historia de amor de lady Di. Que cada cual crea la versión de los hechos que le resulte más grata. Los mitos también evolucionan y la princesa seguro que nos deparará sorpresas en el futuro.

Respecto a Isabel Pantoja, el viernes ya se había desinflado su leyenda de reina de los mares. El protagonismo no se lo ha robado la difunta, sino un Poseidón que responde al nombre de mayor Trapero. Al otro lado del Ebro, es un icono. A este, es un muñeco del pim pan pum con el que se hace campaña antisoberanista al grito de «¡leña al mono¡». A ver quien da más.


EL MUNDO / DOMINGO 3 DE SEPTIEMBRE DE 2017

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TESTIGO IMPERTINENTE - CARMEN RIGALT

Mensajepor Invitado » Dom 15 Oct, 2017 2:20 am

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El líder del PSOE, Pedro Sánchez, sin corbata, en el besamanos de la recepción real, el 12-O.



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Recepción del 12-O: besamanos a la carrera







En palacio fuimos repartidos por castas: el Gobierno, el Ejército y un grupo H para «otros invitados»Esperanza Aguirre lucía un broche con los colores de la bandera de España y Cifuentes, una cartera rojigualdaPedro Sánchez ofició el entierro de la corbata: era el único invitado que no cumplía el protocolo reglamentario



LA TIERRA ANTES QUE LOS HOMBRES

Lorenzo Caprile emitió hace bastante una sentencia para la posteridad. «La corbata ha muerto», dijo. El jueves pasado, a la salida de la recepción real, pensé que si la corbata había muerto, Pedro Sánchez había oficiado su entierro. Él era el único invitado a la recepción que no cumplía el protocolo reglamentario.

Los demás, bien: en su línea. A Íñigo Méndez de Vigo lo encontré después en El café de Oriente, acompañado de su mujer. Horas más tarde, me llegaba la noticia del fallecimiento de Ramón Pérez de Herrasti, suegro del ministro, marqués de Albayda, descendiente de Pizarro y originario de Azkoitia, prototipo de una familia vasca, extremeña, castellana y granadina. Íñigo Méndez de Vigo es también una buena mezcla de esos ingredientes, que deberían justificar la absurdez del independentismo, que valora más la tierra que a los hombres que la pueblan.

Hablando del ministro: él es asturiano, del pueblo de Vigo, además de castellano. Desciende del marido morganático de la reina Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII y madre de Isabel II. Su abuela era Carmen de Icaza. Su tía, Carmen Díez de Rivera.



En todas partes, las fiestas nacionales se celebran con una recepción (el desfile es opcional) y un vino o refresco (los canapés también son opcionales). Desde que me alcanza la memoria, la recepción del 12 de octubre ha sido un acto concurrido que, poco a poco, se ha transformado en multitudinario. Este año, gracias a la ofensiva independentista, la recepción ha alcanzado carácter estratosférico.

Faltaba palacio para tanta gente y el besamanos tuvo que hacerse a la carrera. Por decir algo. Yo lo hice al trotecillo lento porque soy de paso corto. Vista desde fuera, la escena del besamanos resultaba un poco cómica. La Reina parecía más interesada en pillar la mano del que venía que en mirarle a la cara al que tenía enfrente.

Permítanme que me explaye. Los invitados fuimos distribuidos por castas: en una sala, el Gobierno; en otra, el Ejército, el estamento judicial, etc. Cayetana Álvarez de Toledo cuenta hoy (ayer para ustedes) que en su invitación figuraba la letra H, correspondiente a «otros invitados», y a ella no le hizo ninguna gracia. Seguramente, Cayetana tiene muy arraigada la cuestión de clase. En cambio, yo no sabría decir si estoy clasificada entre «los otros» o entre «los unos». Me he acostumbrado a la desubicación y sé lo que digo. No hay nada más ajeno que un palacio del siglo XVIII.

A propósito de Cayetana, ella se ha tomado hoy (o sea, ayer) la libertad de escribir una crónica social de la recepción, anticipándose a esta contraportada. No es que servidora ostente la propiedad intelectual de esos eventos, sobre los que Cayetana –por su condición de marquesa– tiene más ciencia propia, pero la cortesía es una virtud universal. Si los corresponsales políticos se dejan pisar el terreno por la ex diputada aznarista, es su problema. Yo, que soy descarada a la par que tímida, deseo recordarle a Cayetana un viejo dicho que está en todos los manuales de urbanidad: «Antes de entrar, dejen salir».

La escalinata de palacio fue el lugar de encuentro de muchos invitados. Allí me di de bruces con Esperanza Aguirre, que a su vez se había dado de bruces con Fernando Ónega. Esperanza iba de morado y en la solapa llevaba un broche (obsequio de una taxista) con los colores de la bandera española. En cuanto a Ónega, lo vi como un pincel, rejuvenecido y alegre.

Alguien me hizo saber que Cristina Cifuentes, tan vistosa siempre, lucía una cartera de mano también de color rojigualda. En lugar de escudo llevaba sus iniciales incrustadas, aunque a lo mejor no eran sus iniciales sino las de Coco Chanel.

Como he dicho, ya arriba nos condujeron a distintas salas. En la de los periodistas habían dejado caer a un par de ex políticos (era el caso de ex Trillo y ex Gallardón, claramente pertenecientes al grupo H que tanto había molestado a Cayetana). Entre los periodistas, Pedro J.–que, según confesó, llevaba 20 años sin asomarse a la recepción del 12 de octubre–, Jesús Maraña, Pedro Piqueras, Nativel Preciado, Lucía Méndez, Antonio Jiménez, Carlos Herrera, Ana Rosa Quintana, más Olga Ruiz y Marta Michel, directoras de Telva y Yo Dona, respectivamente. Y, naturalmente, Paco Rosell, director de EL MUNDO.

Las apreturas hicieron curiosos compañeros de recepción. En un momento determinado, alguien pidió que nos juntáramos y sonriéramos. Cuando llegué a casa, miré el móvil para comprobar el resultado de la foto, que habían tenido la gentileza de repartir. Una mezcla deliciosa. Pablo Sebastián, Miguel A. Aguilar, Pedro J. (sin pareja) y Juan Luis Cebrián, con su rumana. Por cierto, atención a las mujeres rumanas, porque se están poniendo de moda. Hasta Puigdemont está casado con una.

Poco tiempo llevábamos en palacio cuando corrió la voz del accidente que le costó la vida al piloto del Eurofighter que había participado en el desfile. Rajoy y Cospedal salieron zumbando, dejándonos a todos con la angustia en la garganta. El pesoe clásico hizo pandi en una sala que parecía el túnel del tiempo. Yo aproveché la ocasión para: 1. felicitar a Borrell y 2. comprobar que Mar García Vaquero ya no recuerda a sus viejos amigos.


EL MUNDO / DOMINGO 15 DE OCTUBRE DE 2017

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Mensajepor Invitado » Dom 22 Oct, 2017 2:57 am

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Los Reyes Felipe VI y Letizia al inicio de la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2017.



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Europa con Mariano: el espaldarazo







La tensión flotaba en la atmósfera. Entonces no se sabía, pero unas horas más tarde empezó a correr el reloj del 155Dos discursos se impusieron a los demás. El de Antonio Tajani y el de Felipe VI, con un discurso memorizadoAl Rey le gusta cantar, pues en sus labios puede leerse el himno de Asturias como el canto a los caídos



UNA LIBANESA Y UNA SIRIA

Maha Akhta nació en Líbano y fue educada en un colegio inglés. Su madre le confesó, poco antes de morir, que no era hija de quien creía ser sino de un marajá y su quinta esposa, la española Anita Delgado. Pese a la curiosidad, Maha nunca hizo nada por conocer a su familia hindú. Fue la ésta quien la buscaría a ella unos años más tarde. Para entonces, la historia ya se había encargado de poner a los marajás con los pies en el suelo y sin una rupia.

Maha vino el otro día a Madrid invitada por Leticia Espinosa para participar en la conferencia
del Instituto Cervantes junto a Javier Moro. A la salida fuimos a cenar con un grupo de amigos entre los que se encontraba la experta en reinas María José Rubio. Esa noche Leticia nos presentó a Lara Hrerah, refugiada siria (otra mujer por descubrir). Lara pertenece a una familia de refugiados que anda dispersa por el mundo. Ella está en Madrid con su madre y una hermana. Lara confiesa su pesimismo porque presiente que jamás volverá a su país, pero se sobrepone porque tiene un trabajito con el que mantiene a su familia. Recuerda que estudió Ingeniería civil en Damasco y trabajó en la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Paradojas de la vida.



Por primera vez asistí al acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias como si estuviera en misa. La ocasión lo requería, de modo que me aferré al mando de la tele y no pestañeé durante más una hora. Siempre he dicho que la ceremonia del teatro Campoamor es tristona y mustia, aunque de eso no tienen culpa los premiados ni el público sino el protocolo, que lo entorpece todo.

Este año, el acto se me antojó más monográfico que de costumbre. Quitando el discurso de Adam Zagajewski, Premio de las Letras, y la haka (danza ancestral) que se marcaron los All Blacks (selección masculina de rugby de Nueva Zelanda) ante los Reyes, el protagonismo de la tarde correspondió a la UE (Premio de la Concordia) y a los discursos contra el intento de secesión del Gobierno de la Generalitat y sus esbirros. La tensión flotaba en la atmósfera. Entonces no se sabía, pero unas horas más tarde empezó a correr el reloj del 155.

Dos discursos se impusieron a los demás. El del presidente del Parlamento europeo, Antonio Tajani, que, en perfecto castellano expresó su cariño por Asturias y evocó a Indro Montanelli, maestro de periodistas y Premio Príncipe de Asturias en 1996. «Me emociona saber que él estuvo antes aquí», dijo Tajani, entre aplausos por su condena de los populismos y nacionalismos y su reivindicación del Estado de derecho.

La unión hace la fuerza. Si Tajani (junto con Juncker y Tusk, presidentes de la Comisión y del Consejo europeos) fueron los teloneros de lujo en el teatro Campoamor, el protagonista fue el Felipe VI con un discurso memorizado, no leído, que arrancó insistentes aplausos. Nunca habíamos visto al Rey tan concienzudamente metido en su papel, tan firme e implacable. Puede que haya existido en la reciente historia de Felipe VI un momento parecido, pero no más trascendente. Esta vez se jugaba el tipo.

Ataviado con una corbata verde (verde era el color con que reconocían al Rey durante la República, y Verde es el acrónimo que todavía utilizan muchos monárquicos para comunicarse; significa Viva el Rey de España). Felipe VI se convertía así en la estrella de la tarde. Pronunció el discurso de un tirón y el público le correspondió como si llevara tiempo esperando oír esas palabras. Después sonó Asturias, patria querida, y el Monarca siguió la letra por lo bajo. No hay duda: a Felipe Vl le gusta cantar, pues en sus labios lo mismo pueden leerse las estrofas del himno de Asturias (“Tengo de subir al árbol, tengo de coger la flor, y dársela a mi morena que la ponga en el balcón”) que del himno a los caídos (“En tu palabra confiamos/ con la certeza que tú/ ya le has devuelto a la vida/ ya le has llevado a la luz...”).

Así terminó la tarde ceremoniosa y cabizbaja. Los Reyes, agarraditos los dos, como unos novios saliendo del templo el día de los esponsales, pisaron la calle y recibieron de nuevo el calorcillo del público.

Queda un poco frívolo decirlo, pero la Reina estaba bellísima. Sin embargo, con la misma libertad que otras veces critico sus desaires, hoy destaco su hermosura. Sólo una observación. No es mía. La tomo prestada de un cibernauta, buen observador de los atuendos reales. El día de la Hispanidad vimos a una Letizia vestida de paño gris y tapada hasta el cuello. Ayer, en cambio, LZ volvió a desafiar la climatología ovetense paseándose con los bracitos al aire. Nuestra Reina es así. Le gusta lucir músculo (su trabajo le cuesta), pero tiene el termostato averiado.

Con la entrega de los Premios Princesa de Asturias empieza el curso y sus turnos de conferencias, exposiciones y estrenos cinematográficos y teatrales. En el Instituto Cervantes triunfa el Círculo Orellana y su ciclo de Mujeres por descubrir. La pasada semana le tocó el turno al escritor Javier Moro, quien redescubrió a la bailarina Anita Delgado, protagonista de su libro Pasión india. Javier Moro fue de la mano de Maha Akhtar, nieta de Anita Delgado, cuya vida poco tiene que envidiar a la de su abuela, que utilizaba a Valle- Inclán para responder las cartas de amor del marajá de Kapurthala, un hombre de voluminosas dimensiones que necesitó una grúa para poder penetrar a su amada la noche de bodas.


EL MUNDO / DOMINGO 22 DE OCTUBRE DE 2017




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