Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


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NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensajepor Invitado » Jue 15 Oct, 2020 2:45 am



Corría el mes de noviembre pasado cuando me invitaron a Telemadrid para hablar de mi último libro. Me tenía que entrevistar Toñi Moreno, pero, a última hora, se descompuso debido a su embarazo y la tuvo que sustituir Terelu Campos. Por los pasillos de la cadena, estaba Bigote Arrocet, lo saludé desenfadadamente, no me contestó y pensé que no me había visto. Me pareció que Terelu estaba seria, pero lo atribuí a los nervios del estreno. Me senté, Terelu me miró fijamente y, cuando yo iba a arrancar hablando de lo mío, me soltó: “Pilar, estoy muy enfadada”. Si el mundo se hubiera dado la vuelta, no me hubiera sentido más asombrada.

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Me puse a balbucear y ella, a pesar de advertir mi malestar, prosiguió impertérrita: “Siempre nos hemos portado bien contigo... Siempre te hemos cogido el teléfono cuando has llamado... Y mi madre no merece que hayas dicho esa cosa fea de Bigote en tu blog de Lecturas”. Tierra trágame, me quedé de color blanco, ¿a qué cosa fea se refería? ¡Yo solo tenía conciencia de haber alabado sin fin a Teresa, elogios, por cierto, que nunca habían merecido ni un simple gracias! Tartamudeé sin saber qué decir, mi editora hacía gestos de indignación, pero Terelu proseguía en tono gélido, no dirigiéndose a mí, sino mirando a cámara, el foco sobre ella: “Tienes que llamarlos y pedirles perdón”. No sé cómo prosiguió esta conversación, de la que no guardo otro recuerdo que lo mal que lo pasé, lo injusto que me pareció y la promesa que me hice a mí misma de no volver a hablar de la familia hasta el final de los tiempos (hoy es el final de los tiempos). Por cierto, la cosa horrible era que había llamado a Bigote “frescales” y “seductor de barrio”.

“Recuerdo perfectamente ese día, Pilar, fue muy dura contigo”, me dice un amigo de Teresa, cuyo nombre me pide omitir. “Sufrí mucho por ti.... Pero peor lo pasé, y perdóname, en el ‘Sábado Deluxe’ con la entrevista de Jorge Javier Vázquez a María Teresa Campos”. La voz del amigo está impregnada de profunda tristeza. “Esa noche, mientras los veía, me iba encogiendo en el asiento, me iba haciendo cada vez más pequeño y solo retumbaba en mi cabeza una palabra: No, así no”. Sigue: “No sé lo que llegué a pensar, que era una venganza de ella, no sé, nunca había perdido los papeles así, no la reconocía... menos mal que Jorge estuvo muy comedido, si no se hubiera podido liar. ¡Quería morirme!”.

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Le pregunto en quién pensaba: “En sus hijas, en lo mal que lo debían estar pasando... Terelu ha sufrido mucho en la vida, no se lo merece”. Hay quien dice que Carmen es la culpable del deterioro de la imagen de su madre. Mi interlocutor se asombra: “¡No es verdad! Carmen no es ninguna bruja, al contrario, es la más maja, la más cachonda de toda la familia, es una tía normal, sin ningún divismo... No tiene nada que ver con la imagen que da en televisión.... creo que es su programa el que le dice que se ponga borde”. Suspira.

“Las tres se han convertido en un bloque, lo que afecta a una afecta a las tres, lo que hunde a una hunde a las tres ¡Antes no era así, cada una tenía su vida independiente!”. Le pregunto a una de las personas que más la conoce cómo era Teresa en sus días de gloria: “No era malvada ni dañina, tiene buen corazón, aunque es verdad que era muy cambiante, con un punto soberbio... pero también era muy humana. No la he visto nunca despedir a nadie de su equipo. Si tenía que hacerlo por causa mayor, le buscaba un trabajo en otro sitio porque pensaba en su familia...”. Y ahora, ¿la ves cambiada?

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“Vive en su realidad, en un mundo que no es el de verdad porque para no herirla le esconden cosas. Y prefiere no conocer su realidad porque su realidad es que su mundo se ha derrumbado y ha gestionado mal su patrimonio. Su mejor época fue cuando estaba con Félix, reía, estaba alegre...”. ¿Y Bigote? “No me caía mal, pero le ha provocado un profundo sufrimiento y eso ya... Ha perdido seguridad en sí misma, sentido de la realidad. ¡Sus penas de amor la han hecho sufrir a fondo! Y precisamente porque está frágil y vulnerable la sigo queriendo mucho”.

Ay, Teresa, Teresa. He trabajado con ella, muy a gusto y, sobre todo, he escrito mucho sobre ella. Siempre con gran cariño. Voy a enviarle un wasap para avisarle de que la voy a llamar y leo los últimos mensajes guardados: son del 9 de mayo de 2019. Esa semana había comentado aquí: “Creo que Teresa va a tener al fin un programa tan grande como ella se merece”. Y daba como el mes de octubre la fecha más probable para que la ‘querida amiga’ volviera a televisión. Ella, como respuesta, me envió un mensaje muy hiriente. He ‘rebobinado’ los wasaps que hemos ido intercambiando y me he dado cuenta de que casi todos sus mensajes eran riñéndome, como si fuera una párvula, por algún matiz sin importancia de mis artículos, siempre laudatorios hacia ella y sus hijas. Y llevo ese “siempre te hemos cogido el teléfono” clavado en alma. Y no llamé.

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''MUY GRANDE''

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensajepor ''MUY GRANDE'' » Jue 15 Oct, 2020 3:22 am

ES LO QUE TIENE TU AMIGA TERESA: UNA GRAN DEUDA DE MILLONES DE EUROS CON HACIENDA, SEGUN LA PAGINA HENTE DE ABC.es.

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Invitado

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensajepor Invitado » Jue 22 Oct, 2020 2:47 am



“¡La reina!”, “¿Letizia?”, “¡No, la otra, Sofía!”. La reportera ve bajar del coche a la reina Sofía que se dirige rápidamente al hotel Reconquista. Le tiende su micro y, antes de que un hombre que acompaña a la emérita intente apartarla con un feo gesto, pregunta: “¿Ha tenido contacto con don Juan Carlos?”. Se descompone la mirada de Sofía y se va hacia dentro, pero se le oye exclamar con la arrogancia de cuarenta años en el trono y 17 antepasados reyes: “¡Ay, qué prrreguntas!”.

Y de esos apenas diez segundos es de lo que más se está hablando de la ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias. Y ahora quienes decidieron que Sofía asistiera deben estar mesándose los cabellos y diciendo “por qué, por qué”. La presencia de la reina Sofía estuvo en el aire durante varias semanas.

Sofía y Juan Carlos siguen formando parte de la familia real, mientras los otros parientes son únicamente familia del rey, algo muy distinto. Pero Juan Carlos ya fue apartado del seno familiar, de la institución y hasta del país con el comunicado del 15 de marzo. ¿Qué se fue voluntariamente porque le dio la real gana? Pues si tantos deseos tiene de volver, como dicen algunos, ¿por qué no lo hace? ¡Pues pura y simplemente porque no puede!

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El rey quizás haya cometido irregularidades financieras y su comportamiento no ha sido ejemplar, pero me imagino su desconsuelo, su indignación y su rabia cuando ve que su mujer sigue disfrutando de todo cuanto a él se le ha arrebatado. Su casa, su país, su estatus, la atención de la prensa y, lo que más le duele, el veleidoso corazón de los españoles.

¿Conviene a unos reyes modernos, que quieren optar por un perfil austero y discreto y una forma nueva de entender la monarquía, la presencia de la emérita a su lado? ¿No es un recordatorio de otros modos de reinar, de un pasado que se intenta superar? Muchos dicen que apartar a Sofía resultaría injusto, porque sería hacerle pagar por los presuntos pecados del marido. Pero gracias al marido es reina, si no sería una princesa griega, pobre y exiliada, como su hermana, y no disfrutaría de palacios ni riquezas. Aunque al final se optó porque asistiera a Oviedo de la forma más inocua posible, posando tan solo junto a los reyes y sus hijas en la entrada de los premios, la incomodidad de los cinco era palpable.

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Sofía le dirigió alguna frase a su nieta mayor, que respondió educadamente, aunque en el momento de la foto intentó no rozarla y no hubo interactuación entre los cinco. Y es que la forzada presencia de Sofía enfriaba el ambiente, muy distinto cuando padres e hijas estaban solos, reían, hablaban y ofrecían una imagen de familia unida y compenetrada.

¡Los reyes se esforzaron mucho para que todo saliera bien! Letizia repitió modelo –encima se vistió de un azul del mismo tono de las cortinas, quizá para camuflarse y que Leonor tuviera todo el protagonismo–, el discurso de Felipe fue ajustado al tiempo que vivimos, y las niñas iban adecuadas. Por cierto, se empieza a vislumbrar en el bello rostro adolescente de la princesa de Asturias el perfil borbónico de sus antepasados.

Si hay que poner algún ‘pero’, sería la edad de la persona que redacta los discursos de Leonor, que debe ser el mismo anciano que redactaba los de Felipe cuando era príncipe porque eso de “los jóvenes de mi generación” suena tan apolillado ahora como sonaba entonces. En un plano positivo diré que me ha agradado que cada vez que Leonor ha aludido a “mis padres” no haya añadido esa apostilla tan antigua “los reyes”, como se hacía hasta ahora.

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Pero lo triste es que todos los esfuerzos han servido de poco, porque lo que destaca la prensa –también la internacional– es esa frase de la emérita pronunciada con su fuerte acento prusiano. La reina se expresa muy mal en español. Me contó una ministra que en una ocasión había asistido con ella a un evento y que, cuando había terminado, a pesar de haber aplaudido y reído cuando tocaba, percibió que no se había enterado de nada. Y recordemos a la dependienta que este verano, en Mallorca, sin malicia ninguna contó a los reporteros: “Le hablamos en inglés porque nos dimos cuenta de que le costaba hablar español, no entendía muy bien las explicaciones que le dábamos”.

A la vista de los resultados, es fácil predecir que el año que viene la reina Sofía habrá desaparecido de la foto, como le ha pasado a Paloma Rocasolano, a pesar de que es asturiana y tan abuela como Sofía. Mejor dicho, es una abuela mucho más próxima, pues es una presencia frecuente cerca de sus nietas, mientras Sofía pasa meses enteros sin verlas.

Me figuro a Felipe y Letizia discutiendo en el salón, con los recortes en los que se detalla el incidente de la reportera de La Sexta y la emérita encima de la mesa. Letizia enfadada: “Ya te dije que era mejor que no fuera”. “Pero, cariño, es mi madre, como voy a decirle que no… Siempre ha ido”. Y Letizia, exasperada, poniendo los ojos en blanco y levantando los brazos al cielo, gritando “¿Y QUÉ?”. Ay, qué prrregunta.




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