Nicolas II el ultimo Zar de Rusia

Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


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Nicolas II el ultimo Zar de Rusia

Mensajepor Invitado » Dom 19 Sep, 2010 7:01 pm

LA QUE SOBREVIVIO A LA MATANZA ES MARIA .... NO ANASTASIA ....
YA ESTA DEMOSTRADO UN POCO MAS ARRIBA , CON PRUEBAS DE ADN

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Nicolás zar de rusia

Mensajepor Invitado » Dom 19 Sep, 2010 9:59 pm

no se sabe porque no le pudieron hacer el adn
PORQUE LOS CUERPOS NO ESTABAN
faltaban dos, y que yo sepa en esa época no existía el adn por lo tanto no se puede hacer un adn a un cuerpo que no está......

es por eso que el texto dice:

"se cree que es Anastasia "

por otra parte el pueblo no conocía a las zarinas, y luego que fueron matadas a golpes desaparecieron todos los cuerpos y cuando las encontraron para hacer el adn estaban sus esqueletos, como sabrían a quien pertencía cada esqueleto?????

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Nicolas II el ultimo Zar de Rusia

Mensajepor Invitado » Dom 19 Sep, 2010 10:16 pm

LEE : PORQUE NO TE AS ENTERADO DE NADA... :x :x :x :x
ESTAS DURMIENDO COMO LOS EMOTICONOS

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El Zar Nicolás II de Rusia

Mensajepor invitado » Dom 19 Sep, 2010 10:40 pm

si yo lo leí todo, porque todo lo de los zares me atrapa en la historia. pero cuando encontraron por primera vez los esqueletos, porque recién en este siglo se pudieron ver, se hizo el adn. y ellos que elementos tenían para saber de cual era cada uno, primero que el esqueleto de un hombre es diferente al de una mujer, había un solo esqueleto el masculino del zar, pero faltaba el otro masculino. en que se basaron para saber más o menos si era maría o anastasia, por las alturas de los huesos, disculpa que es macabro pero lo leí no hace mucho, y se sospecha que el que falta femenino puede ser tanto el de maría como el de anastasia
quedé muy bien impresionada con la cantidad de fotos y su calidad, cosa que no es fácil conseguir y con todo el post.
era eso, unos piensan una cosa o otros otra.

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Mensajepor Invitado » Mié 08 Dic, 2010 11:18 pm

Interesante este hilo

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The last Imperial children of Russia

Mensajepor Invitado » Mar 21 Dic, 2010 9:41 pm

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The last Imperial children of Russia, murdered in 1918 by Communism.

Tsarevich Alexei (b. 1904) dressed in uniform is sitting right in front of his sister Grand Duchess Anastasia (b. 1901), whilst on the far right poses their eldest sister Grand Duchess Olga (b. 1895). In the back stands very regally Grand Duchess Tatiana (b. 1897), her hand resting protectively on the shoulder of Grand Duchess Maria (b. 1899) on the far left. The girls are wearing full court dresses with traditional Russian headdress - kokoshnik. Year 1911.

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Mensajepor Invitado » Mar 21 Dic, 2010 9:46 pm

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Romanov

Mensajepor Romanov » Dom 14 Oct, 2012 5:53 pm



Dinastía Romanov, Rasputín y San Petersburgo



Romanov - Asesinato de la Familia Real Rusa

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endogamia

Mensajepor endogamia » Sab 29 Dic, 2012 5:39 am


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Assia
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Mensajepor Assia » Sab 29 Dic, 2012 12:14 pm

Hay muy buenas biografias del de ZAR ruso,seria mejor que las leyeras antes de opinar que Nicolas II fue "una buena persona"

Si "EL TERROR ROJO" triunfo en Rusia fue porque el pueblo ruso y sus campesinos pasaban muchisima hambre,mientras toda la familia Romanov, derrochaba y vivian como lo que eran EMPERADORES RUSOS. Y,ya que nombras a los Borbones,algo por el estilo esta pasando en Espana,mientras millones de espanoles estan sin trabajo y miles de espanoles tienen que comer 1 comida al dia en Centros Beneficos, la reina consorte Sofi,se gasta miles de euros en viajes a Londres para hacer sus compras en comercios londineses y no en comercios espanoles. QUE EL PUEBLO DE TANTO AGUANTAR,LLEGA UN DIA Y DICE B A S T A.!

Siento mucho,no acordarme de los titulos de esas biografias ni de los nombres de sus autores. Hace mucho tiempo las lei sacadas de la biblioteca. No obstante,no te sera dificil encontrar esas biografias en cualquiera buena libreria del pais donde vivas.

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Mensajepor Invitado » Sab 30 Mar, 2013 9:04 pm



"Twilight of the Romanovs" (El crepúsculo de los Romanov) es la obra definitiva sobre un mundo ya desaparecido. Pero, sobre todo, cuenta la historia del último representante de una dinastía que gobernó Rusia durante tres siglos. A través de impresionantes imágenes tomadas entre 1855 y 1918 se reconstruye el trágico destino del zar Nicolás II y de toda una sociedad. Las 360 fotografías se acompañan de magníficos textos literarios de escritores como Leonid Andreyev y Anton Chéjov, además de otros textos anónimos o extractos de los diarios de los propios zares.

Con esta inédita base documental, los autores describen, fotografía a fotografía, los pormenores de aquella época y perfilan vigorosamente a sus principales protagonistas. Nicolás II y su familia fueron ejecutados por los revolucionarios bolcheviques en 1918, y la inexplicable desaparición de los cuerpos dio lugar a las más diversas conjeturas. Ese oscuro final fue precedido por acontecimientos apasionantes que conforman buena parte de la Historia Contemporánea.

Desde el brutal episodio que convirtió a Nicolás en heredero de un imperio hasta las misteriosas circunstancias de su muerte. Desde la aristocracia rusa y la familia real hasta Rasputín, Kerensky y Lenin… este volumen prodigioso y visual cuenta la historia secreta de una época legendaria y de sus protagonistas: campesinos, mandatarios y zares.

Entre los más poderosos imperios del mundo, el ruso ha sido uno de los más misteriosos. Quizá debido a su grandísima extensión geográfica (Rusia ocupa una sexta parte del total de la tierra en nuestro planeta), a que el 90% de su población fue campesina y permaneció en unas condiciones casi medievales. Mientras, el resto del mundo vivía revoluciones industriales y grandes cambios sociales.

El gigantesco poder del zar luchó contra la llegada de la modernidad y contra sus propias contradicciones entre Asia y Europa, la fe y la ciencia, los diferentes grupos étnicos y los intereses divergentes de la aristocracia, las clases medias, los trabajadores urbanos y la pobreza rural: un continente de discordancias en el que la más abyecta e infrahumana de las miserias convivía con la opulencia de un cuento de hadas recogida por Tolstoy o Chéjov, Gogol o Gorky.

CAPTURA DE REALIDAD. "Hubo… hubo… y ahora no hay nada. Es algo salvaje… absurdo", escribió el zar Nicolás en su diario durante su encierro tras la revolución. Estas fotografías son capturas de un mundo desaparecido que, sin embargo, se hace presente de una manera asombrosa en la galería de rostros, de edificios y paisajes que traen a la actualidad a los que vivieron hace más de un siglo, y recuerdan unos sucesos que, de otra manera, quedarían difuminados en la memoria.

Más info: 'Twilight of the Romanovs', de Philipp Blom y Veronica Bluckley. sale a la venta el 1 de abril. 40 €. 248 páginas. 29 x 24 cm. http://www.thamesandhudson.com

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El zar Nicolás II cortando leña con su hijo Alexei durante su encierro en Tobolsk en el invierno de 1917. Mesés después, la familia fue asesinada por el Ejército ruso.

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La zarina Alejandra Fiódorovna Románova y el zar Nicolás II.


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Retrato del zar Nicolás II.



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La Rusia Zarista era una sociedad profundamente desigual. Del lujo de los zares y mandatarios a la miseria de personas como la de la imagen


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Vendedoras ambulantes en Moscú.



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Aristócratas rusos en la capital.


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El místico ruso Rasputin, con gran influencia en los últimos años de la familia Romanov.



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Recolectoras de té griegas.



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Lenin a su llegada a San Petersburgo en 1917.



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Los Rmanov con el uniforme cosaco. 1916


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Jóvenes vendedores callejeros. Moscú 1909


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Niñas campesinas.



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Vintage Photographs of Russia

Twilight of the Romanovs: A Photographic Odyssey Across Imperial Russia

Russia in color, a century ago



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cronica

Mensajepor cronica » Dom 14 Jul, 2013 4:05 am

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Residente en Madrid, encabeza la Casa Impe-rial Rusa desde 1992. Es descendiente directa de Alejandro II, el penúltimo zar. Acaba de visitar Rusia y se ha reunido con Putin. Le gustaría volver allí si reconocen su condición de dinastía. Aniversario. La saga familiar ha cumplido 400 años esta semana.


LA VUELTA A RUSIA DE LA ZARINA DE MADRID

XAVIER COLÁS / Moscú



Es posible que el lector, si camina por el paseo de la Castellana un día de no demasiado calor, se cruce con esta mujer de mirada vital y que porta un cierto aire extranjero pese a su cabellera negra. Poco encontrarán de particular sus vecinos madrileños, salvo que vive de acuerdo con el calendario festivo ruso y frecuenta una iglesia ortodoxa. Colabora con diversas obras de caridad del barrio y le gusta ayudar a los demás. Y eso que sobre su cabeza lleva una pesada corona, tanto más difícil de portar cuando no es material sino histórica. María Vladimirovna, es jefa de la Casa Imperial Rusa desde la muerte de su padre, Vladimir Kirilovich, en 1992, que heredó el disputado título del abuelo de María, Kiril Vladimírovich, que era a su vez nieto del zar Alejandro II. Éste fue el penúltimo de una saga que acabó masacrada y que esta semana ha cumplido 400 años de historia.

    P.— Acaba de realizar una visita a San Petersburgo. ¿Por qué no vive actualmente en Rusia?

    R.— Nuestra ciudadanía fue restaurada en 1992. Desde entonces, el proceso de reintegración de la Casa Rusa Imperial en la vida de la Rusia moderna está en constante evolución. Pero para que regresemos de manera permanente, es necesario que se conceda un rango jurídico de la condición de dinastía. Así ha ocurrido en muchos países, incluso en algunos en los que mandaban antes partidos comunistas: Bulgaria, Serbia, Rumanía, Hungría, Albania… La Casa Imperial de Rusia no participa en ningún bando de la lucha política y no tiene absolutamente ninguna reclamación de propiedades en suelo ruso. Pero tenemos derecho a esperar a que el Estado determine más claramente nuestra presencia en las instituciones. Simbolizamos la continuidad de la Rusia moderna con respecto a todas las épocas de su historia.


    P.— Usted se ha reunido con el presidente Putin. ¿Qué ha pedido al Gobierno ruso?

    R.— Yo nunca he pedido nada. Simplemente hablamos libremente de lo que creemos justo y útil, no sólo para nosotros, sino para el desarrollo de Rusia en general y de su sociedad civil, que es impensable sin el apoyo de las instituciones. Nuestra posición en este asunto es conocida, no es nada nuevo y hay muchos precedentes internacionales para resolver este asunto. Pero esta decisión sólo puede tomarla el poder estatal a su entera discreción. Tratamos de ser útiles a nuestro país, no pidiendo nada y no poniendo a nadie a ninguna condición.
El apellido Romanov hunde sus raíces en la creación de lo que hoy es Rusia. Y esta dama amiga de las tradiciones milenarias, nacida en Madrid en 1953 y educada en París y Oxford, es legítima heredera del trono ruso. Es una zarina en potencia, y un trozo de historia viva emparentado con la familia real británica que tiene estrechos vínculos con la española. Pero la palabra Romanov estaba casi proscrita en Rusia hasta el derrumbe de la URSS. La democratización ha hecho posible, en un acto de justicia histórica, que vuelva todos los años a su país. Sin embargo, cuando apaga cada noche la luz de su mesilla, es probable que María Vladimirovna sueñe con volver a saludar al pueblo desde el balcón del palacio de los zares de San Petersburgo.

Fuera de la coraza de su intimidad defiende otro sueño menos secreto: el volver a su país no como visitante, sino como residente. Para ello pide muy poco, aunque puede ser demasiado pronto para que el Kremlin lo conceda: un lugar en las instituciones, una relevancia en los actos. Un punto de apoyo, al fin y al cabo, para desempeñar una misión para la que se sintió llamada desde el momento en el que, con 16 años, prestó su juramento a la Casa Romanov: «La función principal de la Casa Imperial, independientemente de si reina o no, es el mantenimiento de la comunicación entre las generaciones y el arbitraje en la sociedad. Debemos servir a la causa de la unidad nacional, contribuir al mantenimiento de la paz interreligiosa, interétnica y, en Rusia, recuperar y fortalecer los vínculos entre los pueblos hermanos, pertenecientes a lo que fue el antiguo Imperio Ruso. También, sin duda, son áreas importantes de nuestra actividad la caridad, la educación patriótica de la juventud, la educación, la protección del patrimonio histórico y la naturaleza».


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NIÑA ESPAÑOLA. En el centro, junto a sus padres, que la tuvieron en Madrid en 1953.

CON «R» DE ROMANOV

Antes, siendo una niña todavía, su familia la rodeó de rusohablantes y la zambulló en la historia y la literatura rusa. Su perseverancia tal vez no logre dar la vuelta a la historia y recuperar la corona a tiempo para ella, pero cree que una parte del corazón de los rusos lleva la «R» de Romanov. Y en ese trono sí está dispuesta a sentarse: «Yo creo que la monarquía en Rusia tiene futuro. Nuestro Estado surgió como monarquía y existió con monarquías durante más de mil años. En la Rusia prerrevolucionaria había muchos problemas, pero la revolución y el establecimiento de una república no los resolvieron y, de hecho, muchas cosas empeoraron. En los 96 años de república [en Rusia] ha habido 74 años en los que el poder se aplicaba de un modo totalitario. Ahora Rusia ha revivido, pero no ha completado la búsqueda de su camino en el proceso histórico».

María Vladimirovna no proclama que quiera ser zarina, pero sí desempeñar un papel en su país, en el que a pesar de lo que digan las encuestas, cree que hay una huella monárquica. «El ideal de un Estado ligado a una familia es eterno. Este sistema puede pasar por una crisis, pero la idea de la monarquía no morirá nunca. Un creciente número de mis compatriotas ha llegado a la conclusión de que la monarquía hereditaria es un factor fundamental de estabilidad, especialmente en un país tan grande y multinacional como Rusia. Pero la Casa Imperial Rusa no se lo impone a nadie».

    P.— ¿Cómo podrían volver los zares a Rusia?

    R.— La restauración de la monarquía sólo puede ocurrir mediante la libre expresión de la voluntad popular, basada en el perfecto entendimiento de la esencia de la monarquía. Y tomando conciencia de todas sus ventajas y desventajas.


    P.— ¿Cómo son sus relaciones con la familia real española?

    R.— Nuestra relación con la Familia Real española es de verdad muy cordial y respetuosa. Y con el rey Juan Carlos y la reina Sofía nos unen los lazos de familia por muchos lados. Sus majestades estuvieron en mi boda y en el bautizo de mi hijo Jorge. También nosotros estamos presentes en las celebraciones de la Casa Real de España. Y, por supuesto, cuando hay una posibilidad nos escribimos, nos felicitamos mutuamente las fiestas y estamos felices de vernos simplemente como buenos parientes. Eso sí: no hay ningún elemento político en nuestras relaciones, por supuesto.


    P.— He leído que España es para usted una manera de estar más cerca de Rusia.

    R.— Rusia y España tienen muchas cosas en común en el aspecto histórico. Por ejemplo, un largo período de permanencia en el poder de los gobernantes musulmanes y, a continuación, la liberación y la recuperación de la soberanía. Además, España y Rusia han sufrido la agresión de la Francia bonapartista. Tales paralelismos crean un nexo común y acercan la mentalidad de los pueblos. La actitud española hacia Rusia y de los rusos hacia España siempre es cálida, incluso algo romántico. En aquel terrible y trágico momento para Rusia, cuando la revolución de 1917, muchos de los nuestros nos dieron la espalda, el rey Alfonso XIII hizo nobles y valientes esfuerzos para tratar de salvar al emperador Nicolás II y a su familia.
Después de la Segunda Guerra Mundial, España adoptó a mis padres el gran príncipe Vladímir y la gran duquesa Leónida. Mi hijo y yo hemos nacido en España, la amamos mucho. Se puede decir que, después de Rusia —que, por supuesto, para nosotros está por encima de todo— España se convirtió en nuestra segunda patria. Estamos profundamente preocupados por los españoles, muchos de los cuales ahora están afrontando grandes dificultades. Los rusos sufrieron muchos desastres en el siglo XX, es verdad. Y de hecho todavía no han sido solucionados todos los problemas. Por lo tanto, nos entendemos muy bien. Por encima de todo, estoy segura de que los rusos y los españoles, recordando las lecciones de la Historia, intentarán superar la prueba sin recurrir a la violencia, al quebrantamiento de las leyes y a la destrucción de los fundamentos. Sino con amor, con paciencia, con el trabajo y la defensa de sus derechos en el marco de la legalidad y el respeto a la tradición.


    P.— Es un largo camino. ¿Qué logros ha obtenido usted en los últimos años para la Casa Imperial de Rusia?

    R.— Si hablamos de hechos específicos, es muy importante para mí haber sido capaz de cumplir la voluntad de mis padres y de mis abuelos y abuelas, y llevar sus cenizas a su patria. Murieron en el exilio, pero ahora todos descansan en su tierra natal, en el panteón familiar de la Casa Rusa Imperial de los Romanov, en San Petersburgo, y en Georgia. En el año 2000, se celebró la canonización de la familia real, que es un evento de alto valor espiritual y moral. Un avance esencial en lo jurídico fue el reconocimiento —tras tres años de actuaciones judiciales en el Tribunal Supremo de Rusia— del emperador Nicolás II y su familia como víctimas de la represión política y la rehabilitación de los miembros de nuestra Casa Real y de sus fieles servidores que sufrieron la misma terrible suerte. Yo creo que no es mi victoria, sino la victoria de Rusia dentro del Estado de derecho y de la sociedad civil. Es de gran importancia un resurgimiento de la actividad en la Rusia Imperial de las Órdenes de San Nicolás y de Santa Ana. Pero lo más valioso para nosotros es lograr que ahora mismo podamos visitar Rusia y otros Estados independientes que han surgido en el territorio del antiguo Imperio, para comunicarnos con los compatriotas y participar en sus vidas.

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EL ÚLTIMO ZAR. La familia de Nicolás II, ejecutado en 1918 tras la revolución bolchevique.


EL MUNDO / CRÓNICA / DOMINGO 14 DE JULIO 2013

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Mensajepor Invitado » Dom 18 Ene, 2015 4:24 am

Así eran los Romanov antes de su ejecución (FOTOS)

Te presentamos a la familia Romanov en estas curiosas y familiares imágenes, muchas de las cuales fueron tomadas por el propio cabeza de familia: el última zar de Rusia, Nicolás II.

El zar era aficionado a retratar a los suyos mientras que su hija María se dedicaba a la coloración de muchas imágenes. Durante 1917, fecha de las últimas imágenes, tuvo lugar la Revolución Rusa, el zar se vio obligado a abdicar y su familia se exilió. El 17 de julio de 1918 fueron fusilados en Ekaterimburgo por orden de Lenin.

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Anastasia Romanov


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Anastasia Romanov


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El zar Nicolás II con sus hijas María, Anastasia, Olga y Tatiana Romanov.


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Olga Romanov en su cama


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Una mujer y Olga Romanov (a la derecha).


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Anna Virubova, la mejor amiga y confidente de la zarina Alejandra Feodorovna, y Olga Romanov.


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Un hombre y Tatiana Romanov.


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Maria, Olga y Tatiana Romanov.


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Maria, Olga , Alexei, una mujer desconocida y Tatiana Romanov.


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El zar (a la izquierda) y su familia.


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El zar (segundo por la izquierda) y su familia.


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Olga, Tatiana, Alexei, un hombre y el zar Nicholas II en Rospha, Rusia.


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Anastasia (a la izquierda) y María visitan a soldados en el hospital.


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Anastasia y María visitan a soldados en el hospital.

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El fin de la aristocracia rusa

Mensajepor Invitado » Sab 02 Ene, 2016 3:49 am

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El último baile de la nobleza rusa

En febrero de 1903, el zar Nicolás II celebró una fiesta que marcó el principio del declive de los aristócratas rusos

De la inmensa fortuna de la dinastía Sheremétev, la más rica y poderosa casa nobiliaria de la época zarista, solo ha quedado un cuchillo para untar paté en manos de sus descendientes. Este pequeño objeto de plata apareció, por obra y gracia de un sucesor directo, ante el historiador Douglas Smith en el transcurso de una visita que le hizo a su residencia de Connecticut. Era el postrimero vestigio de un mundo irrepetible que la revolución de 1917 se afanó en borrar. Y aunque se extendió un pesado manto de silencio sobre todo cuanto tuviera que ver con la aristocracia a lo largo de las más de siete décadas de régimen soviético, hoy la idea que Occidente se hace de Rusia continúa asociada parcialmente al modo de vida de una clase que no escatimó en gastos ni esfuerzos para equipararse en fasto y pompa a cortes como la de Versalles o Potsdam. Sin duda, el despilfarro fue uno de sus sellos inequívocos. Los Sheremétev poseían tres grandes palacios que cada año se decoraban de nuevo para seguir los dictados de la moda europea, con un servicio doméstico integrado por un ejército de más de un millar de efectivos; un ingente vestuario confeccionado con telas de importación cosidas con hilo de oro; una colección de arte de valor incalculable que incluía obras de Van Dyck, Rembrandt o Rafael (hoy expuesta en las paredes del museo Ermitage); un gabinete de curiosidades, su propia compañía de ópera, centenares de miles de “almas” (siervos) y hectáreas de tierra. Aleksandr Sheremétev jamás viajaba sin un nutrido séquito de sirvientes y criados domésticos, músicos y coristas, e incluso con vacas de sus aldeas que garantizaban el abastecimiento diario de leche fresca.

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La princesa Yelizaveta, Eli, Golítsina, poco antes
de su matrimonio con el príncipe Vladímir Trubetskói
Las distintas familias nobiliarias rusas, además de compartir una historia de ostentación, también aportaron obras de algunos de sus miembros que han perdurado en el tiempo. La prosa de Tolstói, la poesía de Pushkin y la música de Rimski-Kórsakov o Rajmáninov son buenos ejemplos de ello.

Erradicar a los aristócratas, rezaba la consigna, era la condición necesaria para la puesta a cero del contador de la historia


La imagen de ese objeto de plata –un cuchillo de paté– en una ciudad norteamericana a 16 horas de vuelo de San Petersburgo simboliza la caída en desgracia, con la llegada de la revolución, de toda una clase social a la que los bolcheviques estigmatizaron con el sobrenombre de “los de antes” (byvshie liudi). Esta etiqueta, además de referirse al centenar de familias de mayor abolengo, englobaba a un grupo heterogéneo compuesto por nobles de distinto rango, altos funcionarios, mandos del ejército, terratenientes e incluso sacerdotes. En total, su número ascendía a una cifra en torno a los dos millones de individuos, que era mayor a la del proletariado por el cual ­Lenin llamó a hacer la revolución. Erradicarlos, rezaba la consigna, era la condición necesaria para la puesta a cero del contador de la historia. La persecución política de los nobles, a quienes se les arrebataba sus propiedades, recluía y ejecutaba, deja al descubierto una mentalidad inmisericorde y maniquea que sentenció a un colectivo entero a una represión feroz.

El investigador estadounidense Douglas Smith siguió la pista de ese solitario cuchillo para untar de los Sheremétev y siete años después vio la luz El ocaso de la aristocracia rusa (Tusquets), ahora publicado en español. Mediante la consulta de archivos estatales, de correspondencia y diarios personales, así como las entrevistas que hizo a varios descendientes desperdigados por el mundo (Marruecos, Inglaterra, Francia…), el ensayo arroja luz al ajuste de cuentas sin parangón que se dio en Rusia tras siglos de servidumbre y desigualdad social sistémica, lo que se tradujo en asesinatos, expropiaciones, trabajos forzados, pérdida de derechos civiles, hambruna y exilio de una clase social por el mero hecho de pertenecer a ella. Como se decía en la Cheka –la primera organización de inteligencia política y militar soviética–, no había que buscar en los archivos “pruebas incriminatorias para saber si el acusado se alzó en armas o de palabra contra los soviéticos: preguntad más bien a qué clase pertenece, cuál es su origen, su educación o profesión. Esas son las cuestiones que determinarán la suerte del acusado”. Este tipo de violencia ejercida contra un grupo social, sostiene Smith, “es sintomática del tipo de violencia que fue tan trágicamente común en el siglo pasado”.

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Miembros de la antigua élite son obligados a retirar la nieve y el hielo de las aceras
de Petrogrado.
Cada fin de época busca la ocasión para brillar una última vez en todo su esplendor antes de que caiga el telón. Para Nicolás II, la postrera concesión a la nostalgia asumió la forma de un baile de disfraces en las opulentas salas del Palacio de Invierno de San Petersburgo durante dos noches de febrero de 1903. Fascinado por los primeros Románov que ocuparon el trono, el zar decidió que la fiesta constituyera un viaje en el tiempo al siglo XVII, concretamente al reinado de Alejo I. En consonancia con el gusto por lo excesivo de sus antecesores, la cita se convirtió en uno de los momentos más deslumbrantes de la historia social del antiguo régimen ruso y, asimismo, su canto del cisne: rosas traídas de Crimea, caviar y champán a raudales, trajes de época elaborados para la ocasión con lujosa pedrería y brocados, joyas y ropajes del Kremlin, así como las actuaciones del bajo Fiódor Chaliapin y de la aclamada bailarina Anna Pávlova. La aristocracia y los cuerpos diplomáticos extranjeros bailaron hasta altas horas de la madrugada. El gran duque Alejandro Románov escribió: “El destello deslumbrante de una Rusia nueva y hostil se colaba por los grandes ventanales del palacio. Este imponente desfile del siglo XVII debió de causar una extraña impresión a los embajadores: mientras bailábamos, los obreros estaban en huelga y en el Extremo Oriente las nubes se abatían cada vez más cerca de nosotros”. Eran premoniciones de la guerra contra Japón o de la revolución de 1905, así como del inicio de una época que, hasta la muerte de Stalin, marcaría uno de los periodos más cruentos del siglo pasado. Como el presentimiento del barón Nikolái Wrángel, padre de uno de los líderes del Ejército Blanco, quien sostuvo en París que en el futuro se asistiría a acontecimientos nunca vividos “desde la época de las invasiones bárbaras”. Sobre los últimos días de los Románov y el regicidio en el sótano de la casa Ipátiev de Ekaterimburgo se han volcado mares de tinta que propiciaron el desconocimiento de la suerte que corrió el resto de asistentes a aquel baile de disfraces y, por extensión, toda una clase social. “Para muchos, el último zar es sinónimo de Rusia y de su destino, porque la tragedia de este país tuvo unas dimensiones tan colosales que era preciso concretar en casos particulares, y durante un siglo eso se ha hecho limitando el campo de estudio al final de Nicolás II y su familia”, comenta ­Smith desde Seattle. “En Occidente”, añade, “no somos del todo conscientes del medio siglo sangriento que vivió Rusia, entre revoluciones, guerras civil y mundiales, hambrunas y el terror de Lenin y Stalin”....

+++ elpais.com


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sira

Nicolas II el ultimo Zar de Rusia

Mensajepor sira » Lun 04 Ene, 2016 3:56 pm

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Por favor que alguien me diga quien era esta criatura, era hija del ultimo Zar???




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