¿SE CASA LA DUQUESA DE ALBA?

Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


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¿SE CASA LA DUQUESA DE ALBA?

Mensajepor Invitado » Sab 07 Sep, 2019 2:47 am

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MAR FLORES
“LO NUESTRO NO HABRÍA FUNCIONADO POR SUS PROBLEMAS”

Estuvieron juntos dos años, los más escandalosos de la modelo. Ella le cuidó porque “estaba traumatizado por su madre”. Lo dejaron cuando apareció Javier Merino en escena. Ahora, Cayetano ni la nombra en sus memorias. “Si él le hubiera echado cojones...”, decía

MARÍA EUGENIA YAGÜE

HABLA CAYETANO MARTÍNEZ DE IRUJO (56)en De Cayetana a Cayetano, (La Esfera de los Libros), de su “romance con una modelo que fue la horma de mi zapato en el peor de los sentidos… era una mujer maquiavélica y fría, de doble personalidad: no conseguí averiguar qué había tras esos ojos marrones sin profundidad. Me miraban pero no lograba traspasarlos, solo percibía una oscuridad infinita. La misma oscuridad del personaje. Con ella me porté muy bien y me retiré en silencio al comprobar que la mentira estaba instalada en la relación, desde el primer momento”.

El duque de Arjona, quinto hijo de la duquesa de Alba, no pone nombre a tan maléfico personaje, pero podría referirse a Mar Flores, con quien vivió una apasionada, complicada y accidentada relación de dos años a finales de los años 90. Aprovechando que Cayetano está de rabiosa (y nunca mejor dicho) actualidad, Mar Flores aparece esta semana en ¡Hola!, donde tampoco nombra al jinete, en una entrevista tan oportuna como descafeinada. Sus confesiones y propósitos, olvidan que los lectores tienen memoria. Una vez más, Flores es un Mar de contradicciones.

La historia de la chica de Usera y Cayetano empezó cuando la modelo, aspirante a actriz y madre de un hijo, nacido de su matrimonio con el italiano Carlo Constanzia de Costigliole, dejaba atrás otras relaciones igualmente turbulentas con Alessandro Lequio, bisnieto de Alfonso XIII, aunque sin un duro en su cuenta, y la de Fernando Fernández Tapias, el amante burlado públicamente por una portada de Interviú y el empresario que la había llevado en jet privado a Gstaad, envuelta en martas cibelinas y regalado un Jaguar deportivo que de vez en cuando acabó conduciendo Cayetano.

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MAR, DE LOS ESCÁNDALOS AL PAPA

En agosto, Mar Flores formó parte de una delegación de la Fundación Hispanojudía recibida por el Papa Francisco en Roma, junto a Alicia Koplowitz, Alberto Ruiz Gallardón, Juan Luis Cebrián o Nacho Cano. Mar Flores declaró que “como madre católica de cinco hijos, quise transmitirle mi preocupación por la juventud, que es nuestro futuro y pedirle que rece por ellos, les siga guiando por el camino del amor al prójimo, la rectitud y el sentido común”.



Repasando la hemeroteca, que es el mayor verdugo de desmemoriados y embusteros, la relación de Flores y el jinete es un torbellino de adversidades, intrigas y turbulencias. Contaba Mar Flores los inicios del romance, en la Crónica de EL MUNDO del domingo 29 de julio de 2001, al periodista Fernando Múgica, un extraordinario profesional que por un día dejaba las trincheras de las guerras para escuchar a este personaje de la prensa del corazón: “A Cayetano le conocí cuando ya lo había dejado con Lequio. Fue en una fiesta en Barcelona. Yo notaba que me miraba mucho. Nos dijimos hola y adiós y nada más. Otro día me llamó al móvil. Estuvo un poco borde… A los tres meses, más o menos, me invitaron a una cena en el Palacio de Liria. Iba a asistir gente muy importante como el corredor de coches Carlos Sainz, la entonces ministra Loyola del Palacio o Luis María Anson.

A partir de aquella noche quedamos a cenar para otro día y poco a poco, comenzamos a salir. Me pareció un muchacho que, aunque era buena gente, estaba totalmente traumatizado por su madre. Tenía problemas graves y, en la medida de lo posible, intenté ayudarle. No lo digo yo. Lo reconoció su hermana, que vino un día a verme a casa para agradecerme todo lo que había hecho por él… Me pareció un hombre muy desgraciado. No había recibido ningún afecto de niño… Me entró una especie de instinto maternal. Sentía la necesidad de protegerlo. Me enterneció su ingenuidad. Por supuesto que yo siempre supe que él era un hombre infiel y que no podía evitarlo”.


DESHEREDADO

“La verdad es que, a pesar de todo, él siempre se portó muy bien conmigo. Sobre todo cuando se publicaron las fotos [las del hotel D’Inghilterra en Roma, situado justo enfrente del palacio Torlonia, residencia de la madre de Lequio, fotos que le tomaron clandestinamente, publicadas tiempo después en Interviú]. Y yo me fui al hospital porque mi cerebro dijo basta y no pude soportarlo más.

A veces pienso que si él le hubiera echado dos cojones, a lo mejor lo nuestro hubiera podido funcionar. Bueno, no es verdad. No hubiera funcionado por muchas razones. Tendría que haber solucionado primero sus propios problemas. Además, su madre le dijo al final, después de estar dos meses en mi casa, que si seguía conmigo le desheredaba”.

La duquesa de Alba nunca aprobó esa relación, pero tampoco se enfrentó abiertamente a su hijo favorito para que rompiera con ella. A menudo llamaba a algunos periodistas para animarnos a desacreditar a Mar Flores: “Es una chica de quinta categoría en todo”. O cuando le preguntaban por el noviazgo: “Nada serio, Cayetano cambia de novia como de camisa”. Sin embargo, ante la amenaza de su hijo de renunciar a ser el padrino de boda de su hermana Eugenia si Mar Flores no era invitada, la duquesa cedió: “Siempre soy blanda con mis hijos”.

Se entiende el resentimiento de Cayetano cuando ahora habla de esa relación como una mentira permanente desde sus inicios. Y encaja también con la confesión de Flores en Crónica, reconociendo el buen comportamiento del aristócrata con ella.

Y es que, a pesar de que en aquella época Cayetano era víctima de sus dependencias, confesadas también en el libro, no soportaba a Jesús Aguirre, sufría las secuelas de una infancia infeliz y una adolescencia turbulenta, fue muy generoso con Mar Flores en todos los sentidos y tuvo la mala suerte de que en esos dos años juntos, ocurrieron toda clase de contratiempos que dañaron una relación complicada por ambas partes.

Igual que lo había hecho anteriormente Fernando Fernández Tapias, Cayetano pagó viajes y detectives, para ayudar a Mar Flores en su divorcio y proceso de nulidad de su matrimonio con Carlo Costanzia, ya que el italiano le puso toda clase de obstáculos a la modelo para quedarse con la custodia de su hijo y hacerle la vida imposible.

Y el jinete hasta la acompañó a visitar al presidente del Tribunal Eclesiástico de Madrid para acelerar el proceso, ya que la pareja quería casarse por la Iglesia.

Se lamentaba Flores con Fernando Múgica de que su novio no le hubiera “echado cojones” suficientes a la relación, pero lo cierto es que Cayetano se puso el mundo por montera por ella, repartió demandas a diestro y siniestro para defender su honor y el de ella y gastó una fortuna en abogados, viajes y regalos, entre ellos un anillo de cinco millones de pesetas, cifras que su entorno fijaba en más de 50 millones de pesetas de hace 20 años, unos 300.000 euros de ahora.

Un día dejó Liria para irse a vivir dos meses con Mar a su piso de la calle Julio Palacios 26, y mientras pasaban un fin de semana en Las Arroyuelas, la finca sevillana del jinete, les llega la noticia de la inminente publicación de las fotos robadas años antes de Mar Flores y Alessandro Lequio en la habitación de un hotel de Roma. Escándalo mayúsculo y un trauma insoportable para la modelo, que acabó ingresada en La Paz, algún medio llegó a hablar de intento de suicidio. Cayetano se enfrentó a todos para defenderla y se querelló contra Ana Obregón por afirmar que Mar Flores y el aristócrata planeaban introducir droga en la maleta de Lequio para hundirle. Obregón tuvo que disculparse públicamente en una comparecencia en el hotel Santo Mauro junto a sus abogados, mientras la madre de Lequio, Sandra Torlonia, nieta de Alfonso XIII, llamaba llorando a la duquesa de Alba para evitar represalias judiciales sobre su hijo.


“DÉJALA”

Pero la relación entre el conde de Salvatierra y Mar Flores, no soportaba más avatares. Por otra parte, Cayetano tenía títulos y linaje pero ninguna fortuna en perspectiva. Un día Cayetano se desayunó con unas fotos de la modelo y su amor de siempre, Javier Merino, en las islas Seychelles (¿o eran las Mauricio?). Ella negó el romance pero parecía evidente que había elegido la estabilidad y un futuro sin sobresaltos.

El hermano de Mar Flores llamó a Cayetano y le aconsejó: “Déjala”. Y alguien que estaba cerca le vio llorar. Unas palabras suyas tiempo después, contradicen las que ahora escribe en su libro sobre aquel amor envenenado: “Los años de mi relación con Mar Flores han sido de enciclopedia. No me arrepentiré nunca. Defendí a ultranza algo en lo que creía, más tratándose de una mujer, que en eso soy como un caballero medieval, pero sufrí de la manera más encarnecida en esos dos años y Mar me apoyaba en mi soledad”.


LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 7 DE SEPTIEMBRE DE 2019

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¿SE CASA LA DUQUESA DE ALBA?

Mensajepor Invitado » Sab 14 Sep, 2019 3:19 am




Cita en el palacio de Liria con el duque de Alba

Tasado en 3.000 millones de euros, el fabuloso patrimonio de la Casa de Alba apenas genera dividendos. La laxa administración de años y el tren de gastos llevaron a sus responsables a abrir al público el palacio sevillano de Dueñas y el de Monterrey, en Salamanca. El próximo jueves le tocará el turno al de Liria, una auténtica cueva de tesoros artísticos. La Casa necesita hacer caja.


A la pregunta de por qué la aristocracia decide abrir al pueblo las puertas de palacio, el señor duque responderá: “Era una demanda social”.

A la pregunta de por qué —de verdad— la aristocracia decide abrir al pueblo las puertas de palacio, el señor duque responderá: “Porque cuando yo heredé la Casa y llegué al poder (sic), me encontré una deuda muy grande que hay que equilibrar. Yo tengo aquí 50 nóminas al mes que hay que pagar. Así que tuve que coger el toro por los cuernos”.

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Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII duquesa de Alba, por Zuloaga.

A la pregunta de si el Estado ha ayudado a la Casa de Alba en esta operación de apertura al público, el señor duque responderá: “Esta Casa nunca ha tenido ayuda de nadie, jamás hemos tenido ayuda de ningún organismo público…, tampoco la hemos pedido…, pero tampoco nadie la ha ofrecido”.

A la pregunta de a qué dedica sobre todo su tiempo, el señor duque responderá: “En cuatro años y medio he limpiado 54 cuadros. Los cuadros están limpios, como quería mi madre. Y todo con el dinero de la Casa y con el mío particular”.

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Lámpara de porcelana de Meissen.

A la pregunta de qué hay de verdad y de mentira en lo relativo a las desavenencias en el seno de la Casa de Alba tras la muerte de su madre, la duquesa Cayetana Fitz-James Stuart [desavenencias relatadas con todo lujo de detalle por su hermano Cayetano en el libro De Cayetana a Cayetano], el señor duque responderá: “La Casa de Alba es el duque de Alba y sus dos hijos; y los demás —todos los que han ido apareciendo durante la vida de mi madre— pues son hermanos del duque de Alba. Y esto es así y es importante que se sepa”.

Acercándose uno a las puertas de palacio, del palacio de Liria, en la calle de la Princesa, en pleno centro de Madrid, bajo un sol del averno, iba cobrando fuerza la idea de que a lo mejor la aristocracia española ya no era la misma. Que a lo mejor se había modernizado y era algo así como una aristocracia 2.0 afín al ritmo de los tiempos. Craso error. Cuando atraviesas las puertas que separan los jardines de Liria del vestíbulo del palacio y ves al señor duque esperando erguido en la puerta de su despacho, con su quijada de otra época entre luces macilentas, constatas que, como cantaba Julio Iglesias, la vida sigue igual… al menos en el inamovible mundo de los grandes de España. Y que —elevando un poco el listón intelectual de la cita y acudiendo a Lampedusa en vez de a Julio— “algo tiene que cambiar para que todo siga igual”.

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Fachada y jardines del palacio de Liria, en el centro de Madrid.

Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, XIX duque de Alba y nueve veces grande de España, ofrece la mano y procede a una imperceptible presión sobre la de su interlocutor, en lo que supone un anacrónico y delicioso gesto de distancia aristocrática que —se convendrá— no es lo mismo que estrechar la mano. El duque se gira y entra en el estudio. Él vive aquí, rodeado de seis siglos de historia y de una legión de goyas, velázquez, tizianos, rubens y zurbaranes; de impresionantes tapices de la Manufactura de los Gobelinos, porcelanas de Sèvres, maderas nobles, mármoles masivos y centenares de recuerdos.

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Salón Español, con el retrato de la infanta Margarita (de Velázquez) en el centro.

El mundo está hecho así: hay quien vive en un dos piezas con souvenirs de plástico en las paredes y el fin de mes como horizonte de utopía, y hay quien mora en un palacio de 3.500 metros cuadrados y 200 habitaciones en el centro de Madrid y controla un patrimonio que la revista Forbes calculó en 3.000 millones. Es su ambiente, el ambiente del señor duque, que vive en la planta tercera, exenta del régimen de visitas al igual que sucede en el sevillano palacio de Dueñas, la otra joya de la corona, o el de Monterrey en Salamanca, abierto al público el año pasado. “Es muy importante transmitir a los hijos el sentido de la Casa, el amor por ella. Hay una frase de Cicerón en latín que está ahí, en el friso de la escalera, que a mi abuelo le gustó mucho y la adoptó, y que dice: ‘A los dioses inmortales que me han concedido esta mansión no solamente para mí sino para mis descendientes’. Es importante tener clara esa filosofía de que la Casa continúa”. Palabra del duque de Alba.

En su caso no fueron los dioses, sino más bien su madre, María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII duquesa de Alba de Tormes, XI duquesa de Berwick y jefa de la Casa de Alba, nacida en este palacio de Liria en 1926 y fallecida en noviembre de 2014, quien se ocupó de que Liria fuera para su hijo mayor. No exactamente. En realidad es la propia tradición de la sangre azul la que dicta, en el caso de la Casa, que el palacio erigido en 1770 por el arquitecto Ventura Rodríguez y reconstruido de arriba abajo tras quedar destrozado por los bombardeos de la Legión Cóndor sobre Madrid durante la Guerra Civil fuera a parar a sus manos. “El palacio fue destruido y quedaron en pie solamente las cuatro fachadas; hubo un incendio, pero felizmente se pudieron sacar todas las obras de arte. Fue idea de mi abuelo [Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba] reconstruir el edificio. Y como él murió en el año 1953, fueron mis padres [Cayetana de Alba y Luis Martínez de Irujo] quienes lo hicieron. Y la reconstrucción se hizo íntegramente a costa de la Casa de Alba. Jamás hemos tenido ayuda de ningún organismo público, y eso que el palacio de Liria es el único de Madrid que desapareció durante la guerra”.

Hasta ahora y desde 1976, el palacio neoclásico de Liria era visitable con cuentagotas. Pequeños grupos de afortunados accedían los viernes, de 10.00 a 12.00, a los salones que un día visitaron Oscar Wilde y Stravinski, Churchill y Roosevelt, Charlie Chaplin y Audrey Hepburn, Unamuno y Ortega y Gasset, Victoria Eugenia de Battenberg y Bruce Springsteen.

“Aquí había dos años y medio de lista de espera y eso ya no puede ser; en conciencia, no me gustaba nada esa situación”, comenta con gesto grave el cabeza de la Casa de Alba. A partir del 19 de septiembre, y previo pago de 14 euros (audioguía incluida), grupos de 20 personas recorrerán durante una hora las estancias de la planta baja y de la primera planta, así como los jardines delanteros, donde están enterrados los perros de Cayetana Fitz-James Stuart. Los jardines traseros, un verdadero capricho paisajista, quedan para uso privativo de la familia. El visitante podrá adquirir la entrada en las propias taquillas, aunque desde el pasado 10 de junio pueden comprarse por Internet en la web fundacioncasadealba.com. La previsión, en un hipotético escenario de ocupación del 100%, es de 80.000 visitas al año. El palacio de Dueñas de Sevilla, donde falleció la última duquesa y cuya propiedad recae ahora en Fernando Fitz-James Stuart y Solís, actual duque de Huéscar e hijo de Carlos Fitz-James Stuart, acoge al año a unas 140.000 personas.





Lo que el turista cultural, el amante del arte o el curioso impenitente ante el tirón conceptual y estético de la aristocracia se encontrará en la residencia privada más grande de Madrid es una auténtica cueva de las maravillas. Desde los retratos del gran duque de Alba a cargo de Tiziano y Rubens hasta los de la duquesa Cayetana y la marquesa de Lazán, ambos de Goya, pasando por el Felipe IV de Rubens, La infanta Margarita de Velázquez, el Cristo de El Greco, el Fray Juan de Miranda de Murillo, el San Onofre de Ribera, los paisajes de Van Ruysdael o las escenas campesinas de Teniers, Liria viene a ser un minúscu­lo Prado con aspecto de residencia familiar (lo que en realidad es).

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La biblioteca de Liria, con cerca de 20.000 volúmenes.

La colección, que se abre en el remate de escalera con la estatua romana de la Afrodita Genetrix del siglo I a. C., alberga retratos que resumen la relación de los Fitz-James Stuart con los Alba y está distribuida por escuelas nacionales y por estilos, vertebrados en salones: el Salón Español, el Salón Flamenco, el Salón Italiano (Palma el Viejo, Bronzino, Perugino, Luca Giordano y, sobre todo, la conmovedora Última cena de Tiziano)… Aunque del Salón Italiano salió en 2016 una de sus estrellas indiscutibles, La Virgen de la granada, obra maestra de Fra Angelico que la Casa de Alba decidió vender al Museo del Prado por 18 millones de euros para paliar su falta de liquidez. “La venta del fra angelico me dolió mucho, pero no tuve más remedio”, admite Carlos Fitz-James Stuart; “cuando llegué al poder [el duque ríe ante lo insólito de la fórmula empleada], yo me encontré una deuda muy grande y había que equilibrarla, así que cogí ese cuadro y tuve la satisfacción de venderlo al Prado, que en definitiva es el museo nacional y me hace mucha ilusión que esté allí para disfrute de todos los españoles”.

En lo relativo a la deuda de la Casa y a la mala administración de las finanzas durante años —el verdadero motivo por el que la Fundación Casa de Alba tomó la decisión de abrir al público los palacios de Dueñas, Monterrey y ahora Liria—, los testimonios parecen coincidir en el seno de la familia. El editor Jacobo Siruela, conde de Siruela y sin lugar a dudas el perfil más intelectual de la familia, corrobora las palabras de su hermano mayor: “No hay nadie hoy día que pueda mantener los gastos de un palacio de estas características. Esto de la apertura al público es algo que tenía que pasar algún día, como ha sucedido en todo el mundo; es una manera de financiar y mantener un legado de estas características y, además, de compartirlo”. En ese sentido, el tercero de los hijos de Cayetana de Alba y Luis Martínez de Irujo considera que la venta del fra angelico y de otras obras ha sido inevitable: “Mi hermano no ha tenido más remedio que hacerlo, dado el tren de gastos de mi madre de los últimos años y de su laxa administración”.

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Salón Amores de los Dioses.

Jacobo Siruela editó en 2012 en su sello Atalanta lo que bien puede considerarse como el catálogo razonado del palacio de Liria y de sus colecciones. Preguntado por sus hijos predilectos dentro de los tesoros del palacio, el fundador de la editorial Siruela contesta: “Aparte de los tópicos, que siempre son ciertos, como los dos soberbios retratos de Goya, La infanta Margarita de Velázquez, el tapiz flamenco de la guerra de Troya del siglo XV, La última cena de Tiziano o el retrato del III duque obra de Antonio Moro, yo destacaría los diferentes cuadros de Rubens, el Retrato de un desconocido de Palma el Viejo, el paisaje de Ruysdael, el San Onofre de Ribera o los cuatro tapices de las Indias de Gobelinos del siglo XVIII, además del legado de la emperatriz Eugenia, que murió en Liria en 1920”.

Las relaciones entre los hijos de la fallecida Cayetana de Alba no son especialmente fluidas, tal y como quedó de manifiesto en el programa Lazos de sangre, recientemente emitido por RTVE y que Jacobo Siruela califica de “espantoso”. En él participaron —algo insólito hasta la fecha— Carlos, Alfonso, Eugenia y Cayetano. Este último recordaba ante la cámara, entre sollozos, el vacío y los problemas psicológicos que le provocaron la muerte de su padre, Luis Martínez de Irujo. También confesó la dureza que, a su juicio, implicaba pasar una infancia en el seno de la familia Alba, “donde no te dejaban opinar y, si te rebelabas, te inflaban, te pegaban”.

Por último, criticaba abiertamente la gestión que su hermano Carlos lleva a cabo de la Casa de Alba y declaraba: “No puedo ver cómo unos palacios que se han defendido y reconstruido se vayan a convertir en museos”. Ya en 2011, Cayetano Fitz-James Stuart declaraba: “La gente piensa que hemos vivido muy bien, que somos una máquina de hacer dinero. Están equivocados porque es todo lo contrario: esta Casa es un monstruo de gastar dinero. Estamos intentando cambiar todo para que no se resquebraje el patrimonio”. ¿Era un aviso a navegantes?

Preguntado por El País Semanal acerca de las hipotéticas desavenencias familiares de las que tanto se ha dicho y escrito, Jacobo Siruela, que rechazó participar en aquel programa, niega la mayor y comenta: “Mi hermano Carlos ha sido hasta el momento muy generoso con todos nosotros, sobre todo con mi hermano Fernando, que vive en el palacio de Liria, y con nosotros, que también vivimos allí todas las temporadas que pasamos en Madrid”.

El paseo por los salones del palacio de Liria resulta impactante para cualquier aficionado al arte y a la historia. Hay obras que proceden de la propia Casa de Alba y de otras casas agregadas como Monterrey o Carpio. Otras proceden del duque de Alba Carlos Miguel, el padre de esta colección y al que se le deben las obras italianas y flamencas. Otro corpus pictórico está integrado por las obras de Eugenia de Montijo, que murió en este palacio y dejó una colección importantísima a su sobrino el duque Jacobo. Otras las aportó el propio duque, ya en el siglo XX, y otras, la propia duquesa Cayetana y su marido el duque Luis. A ellos, fundamentalmente, se debe la configuración y el aspecto actual del palacio de Liria tras una larga labor de reconstrucción y compra de pinturas, tapices, porcelanas, mobiliario y lámparas. “Moisés, por favor, enciende esto”, ruega el inquilino del palacio a un empleado. Viene raudo Moisés al noble arte del encendido. Los interruptores estaban a unos tres metros del dedo ducal, pero el caso es que desde dos salones más allá viene raudo Moisés a la llamada del señor.

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Salón Eugenia de Montijo.

El responsable científico de la colección desde hace seis años es Álvaro Romero Sánchez-Arjona. No solo de la pictórica, también de la bibliográfica. Porque la biblioteca del palacio de Liria, creada e impulsada por el duque Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó y con cerca de 20.000 volúmenes, alberga verdaderos tesoros de papel, algunos de ellos tasados en muchos millones de euros. Este valiosísimo conjunto documental constituye una de las grandes novedades en lo que será el “Liria visitable”, ya que hasta ahora era el templo íntimo de investigadores y estudiosos, pero no figuraba en el recorrido de las visitas. “La Fundación continuará con esa labor científica de divulgación de sus colecciones documentales, pero nos parece importante que además puedan ser conocidas por el público que visite el palacio”, explica Álvaro Romero.

Una de las estrellas indiscutibles es la Biblia de la Casa de Alba, de 1430, considerada como la primera en castellano. Se trata de una biblia manuscrita y ordenada por el maestre de la Orden de Calatrava que estuvo en manos de la Inquisición algún tiempo y que, finalmente, llegó a manos del conde-duque de Olivares, que es uno de los títulos de la Casa de Alba. Pero este incunable de incalcu­lable valor no es el único tesoro de la gran biblioteca de Liria. La Biblia Complutense, la Políglota, el doble acuerdo matrimonial de los hijos de los Reyes Católicos don Juan y doña Juana —Juana la Loca— respectivamente con Margarita de Austria y Felipe el Hermoso; y el último testamento del rey Fernando el Católico, firmado por él en la localidad cacereña de Madrigalejo el día antes de fallecer, en 1516 (dicen las malas lenguas que por los efectos secundarios de un afrodisiaco), son documentos únicos.

Pero ninguno de ellos puede competir con el conjunto de documentos, dibujos y cartas escritas de su puño y letra por Cristóbal Colón. Liria conserva el mayor conjunto de misivas del almirante, 21 de las 43 existentes (otras 16 descansan en el Archivo de Indias de Sevilla). Todas ellas llegaron hasta las colecciones de la Casa de Alba a través de la Casa de Veragua, fruto del matrimonio entre el II duque de Berwick Jacobo Fitz-James Stuart y la VIII condesa de Gesves y duquesa de Veragua. Ambas casas nobiliarias se separaron a finales del siglo XVIII y la de Alba ganó el litigio. Entre los valiosos papeles que descansan en las vitrinas colombinas del palacio destaca, por un lado, el primer mapa de la isla de La Española dibujado por el propio Colón, que es el único documento de a bordo que se conserva del almirante; por otro, el listado de los marinos que le acompañaron en su primer viaje. Y sobre todo, una de las cartas del navegante a su hijo Diego. Colón acaba de encontrar oro en el Nuevo Mundo y se dirige a su hijo, que está en Castilla, pidiéndole que concierte una cita con la reina para hablar del tema.

Otra de las 12 cartas de Colón enviadas a su vástago y presentes en la colección fue una de 1498 que los responsables de la Casa de Alba quisieron subastar en 2015 en Christie’s por 21 millones de euros. La operación fue bloqueada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid argumentando que se trataba de un documento de “evidente importancia histórica y cultural” que no debía salir de España. Fue otro intento de hacer caja por parte de la Casa para hacer frente a los gastos de la Fundación y de la conservación y manutención del palacio, pero todo quedó en eso, en intento. “Se proyectó una operación acaso no suficientemente reflexionada que se ha resuelto de acuerdo con lo que establece la ley”, explicó entonces Carlos Fitz-James Stuart en una entrevista con este diario en la que no descartaba la venta de otros bienes. Justo al año siguiente se produciría la de La Virgen de la granada, de Fra Angelico, al Museo del Prado

Final de la visita. Dejando atrás mil y un tesoros; volviendo a recibir la mano tendida del atento, correcto y frío como un témpano señor duque; cruzando las puertas del palacio de Liria, atravesando sus jardines, bajo un calor del averno, iba cobrando fuerza la idea de que —a lo peor— el mundo se había estancado. Que todo era antiguo e inamovible. Pero atraviesas la verja y ahí está la calle de la Princesa, el centro de Madrid, las bocinas de los coches, el aire sucio y los socavones, la gente corriendo, el mundo que gira, imperfecto… y real. 

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¿SE CASA LA DUQUESA DE ALBA?

Mensajepor Invitado » Sab 12 Oct, 2019 3:29 am

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“METÍ DOS MILLONES EN LA CIENCIOLOGÍA BUSCANDO ALIVIO”


“EN OTRO SIGLO MI HERMANO ME HABRÍA CORTADO LA CABEZA”

Cayetano Martínez de Irujo recibe a LOC pocos días después de recibir el alta tras su duodécima operación quirúrgica. Sus polémicas memorias han provocado la ruptura con sus hermanos –“he vuelto a pagar un precio muy alto”–, pero no se arrepiente: “Tengo derecho a sacar mi sufrimiento”. Hablamos con Cayetano de la gestión de la Casa, de su familia, de sus traumas y de sus años buscando “alivio”.

DAVID GISTAU


CAYETANO MARTÍNEZ DE IRUJO (56) ha visto la promoción de su libro confesional interrumpida por su duodécima operación quirúrgica. Nueve de ellas tienen relación con episodios de oclusión intestinal que suelen estar asociados a un momento de intensidad emocional. Durante este último ingreso, en el que, a excepción de Fernando, no recibió visitas ni llamadas de sus hermanos, él aprovechó para meditar y tomó la decisión de distanciarse de algunos ámbitos y personas para ahondar un proceso de catarsis y liberación personal durante el cual se ha enfrentado a todos sus traumas.

PREGUNTA.- Qué ha pasado dentro de usted para que, después de tantos años de contención, necesite desahogarse en público de un modo tan emocional?

RESPUESTA.- La necesidad la he tenido dentro siempre. Aunque lo he sacado en terapias, no bastó para curar ese gran dolor mío. El libro lo he hecho en el momento en que he tenido una oferta seria de una buena editorial y cuando estaba preparado emocionalmente, estable y valiente para no tener miedos, ni sentimiento de culpa, ni arrepentimiento. Mis hijos siempre me decían: “Tienes que escribir un libro, papá, porque tu vida es impactante”.

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EL ÁLBUM DE LOS RECUERDOS
De Cayetana a Cayetano , el libro de memorias de Cayetano Martínez de Irujo, recoge las vivencias y confesiones del hijo preferido de la duquesa de Alba. La publicación, además, muestra el álbum familiar del duque de Arjona, desde su infancia hasta la muerte de su madre, con imágenes famliares en el Palacio de Liria. En una de ellas se ve a los cinco hermanos (aún no había nacido Eugenia) jugando a la Oca junto a su madre. En otra de las fotos aparece el pequeño Cayetano montado en un triciclo conla duquesa. Imágenes de una infancia teóricamente privilegiada que, sin embargo, fue “dura”, como ha confesado. En la tercera foto Cayetano consuela a su hijo Luis en el funeral de su madre. Fotos: ÁLBUM FAMILIAR / GTRES

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P.- ¿La valentía incluía atreverse a romper el código de silencio de un ambiente cerrado?

R.- Una vez más, ha caído sobre mí la reacción de haber roto ese código de silencio. Pienso que es porque yo he superado todas esas limitaciones educacionales que mis hermanos también tienen, pero he vuelto a pagar un precio muy alto, excepto con Fernando.

P.- ¿Incluso con su hermana Eugenia?

R.- Esto no lo ha comprendido. Yo esperaba que ella entendiera que tengo derecho a sacar mi sufrimiento y a arreglar mi vida. No he decidido tener una vida pública, pero la tengo. Soy una persona que interesa y que ha tenido que sufrir una injusticia grande de juicio. A cada uno le toca nacer donde nace y sufrir lo que sufre.

P.- ¿Nota que a alguien que nace donde usted nació es difícil que le den la credencial de víctima?

R.- Totalmente. “Este tío tiene que ser el niño bonito, lo ha tenido todo muy fácil”. No es así. Vivir en un palacio es muy duro, mi madre fue muy dura, además de muy fuerte y muy valiosa. Quiero guardar su recuerdo porque es un personaje histórico que no volverá a existir. Lo que no se puede hacer es intentar destrozar todo lo que hizo. Eso no lo voy a permitir. Pero lo que hemos vivido ahí dentro ha sido duro. Contarlo no es exponer a mi madre, como han interpretado mis hermanos. Es humanizarla. Mi madre no era perfecta pero con ella terminó algo que eran valores, que era la verdadera aristocracia, el espejo de una sociedad, el haber traído un patrimonio como ese hasta aquí.

P.- Pero su madre tenía un carisma especial. Para su hermano era complicado repetir el personaje.

R.- Por supuesto. Entiendo que, al ser de otra manera, tú tomes otra perspectiva. Pero no intentes olvidar a un personaje, ni tampoco cambiar en 180 grados la dirección. Yo no puedo estar de acuerdo con ello, por principios y por convencimiento. Lo que no entiendo es cómo el resto de mis hermanos está tan connivente.

P.- ¿Se siente desposeído de una herencia moral de su madre?

R.- Si digo que soy un heredero moral de mi madre, no quiero quitarle el puesto al mayor. Al que más ayudé durante cinco años de trabajo en la Casa, es curioso, y en otro siglo igual me habría cortado la cabeza. Los demás, que están bajo el ala protectora de el poder, se han quedado mientras yo era defenestrado. En los cinco o seis años que dirigí la Casa ya tuve una relación estrecha con mi madre. Confió en mí y encima luego, el último año, esto me lo contó su marido, iba diciéndole a todo el mundo que había acertado al encomendarme la misión de pasar la Casa a la siguiente generación. Que estaba orgullosa. Por eso me dio el ducado de Arjona. Soy el más parecido de carácter a mi madre. Y ella me impregnó de cómo había enfocado la Casa y hacia dónde.

P.- ¿En qué consiste eso que su madre esperaba que hiciera?

R.- Cuando tú heredas un patrimonio artístico de estas características, cuando dispones de un archivo en algunas cosas mejor que el de Indias, cuando tienes tres palacios, puedes hacer gestión de eso. Yo había empezado las exposiciones y los eventos, con ese jardín maravilloso donde se hizo la boda de mis sobrinos. Con ese dinero se mantiene el palacio. Ahora, si tú quieres olvidarte de la gestión y coger la vía fácil...

P.- ¿Cuál es la vía fácil?

R.- A mí me supera moralmente, conociendo a mi madre, que en dos años se haya convertido los tres palacios en museos. Nosotros hemos llegado hasta aquí con el sacrificio familiar y ni un euro público. Ese sacrificio no se puede desvanecer en tres años. Convertir Liria en un museo cuando está plagado de posibilidades de gestión, para mí es inconcebible. Hacer que sea popular acaba con ese enigma, esa privacidad, ese prestigio que tiene esta familia por haber llegado hasta aquí por nosotros mismos pagando un precio muy alto. Esto no era como vivir en La Moraleja. La gente ahora llega, paga la entrada y entra.

P.- Es curioso cómo habla de Liria porque en el libro no da la impresión de ser un lugar feliz.

R.- Pero es que yo he conseguido enfrentarme a la tristeza y superarla. Con 50 años, me di cuenta de que todavía sufría una distorsión entre lo que eran para mí el arraigo a la Casa de Alba y el dolor que me había producido en mi infancia y en mi adolescencia. Mi gran lucha es la libertad interior. Y la he conseguido.

P.- ¿Las experiencias de infancia influyeron en el tipo de padre que quiso ser para sus hijos?

R.- A veces, Genoveva, la madre, me decía que era demasiado sincero y que los trataba como a adultos desde muy pequeñitos. No quería que les pasara como a mí, que no me dejaban expresarme ni importaba a nadie. Y sólo quería ser útil. Que eso te lo aborten a golpes es algo espeluznante. A mis hijos desde muy pequeños les he preguntado su opinión, los he reforzado. Por eso ellos son tan independientes. Y luego les he hecho valorar que yo les he dado todo lo que no he tenido, sobre todo en el plano afectivo. Siempre me han tenido ahí y a su madre también. Por eso han crecido tan equilibrados. Se han ido a Inglaterra, a sus universidades, y se han desenvuelto hasta demasiado bien porque a veces les digo: “Pero, oye, habéis olvidado que existo, llamad”. Decía mi hijo: “Estoy a mis anchas, me encanta esto”, y yo decía: “Oye, pues me alegro. Pero acuérdate de que existo, macho”.

P.- En los momentos de sufrimiento interior, ¿se convirtió en víctima propiciatoria de cualquier creencia que le procurara alivio? La Cienciología, por ejemplo.

R.- Está muy bien visto. Invertí dos millones, porque a mí me había captado un tío, un egipcio o un tunecino, e hice una purga de 20 días de sauna. Sí, probaba lo que me pudiera aliviar, pero tenía conciencia suficiente para no quedarme atrapado. Cuando ya no me servía, decía: “Me salgo de aquí”.

P.- ¿La herencia católica nunca le hizo impermeable a esas cosas?

R.- En el libro he hablado poco de la Hermandad de los Gitanos y de los 11 años que yo viví de costalero ahí abajo. Era mi penitencia del año, rezaba y le pedía a Dios que me ayudase a ser feliz y a entender las cosas. Lo que pasa es que la fe reconforta, pero no da herramientas. Las herramientas te las dan la psicología y las medicinas.

P.- ¿Tiene usted una gran necesidad de aceptación?

R.- Eso viene de cuando era un niño que quería ser útil. Luego vino el impacto por el abandono cuando nació mi hermana. Todo el enfoque se va a la niña deseada. Y yo me pierdo con mi hermano Fernando en esos pasillos enormes y en ese abismo. No por ello he tenido jamás un sentimiento en su contra. Sólo de cariño y protección para que no sufriese lo que yo había sufrido. Cuando te rechazan, te preguntas qué has hecho mal. Sigo necesitando que me digan que lo he hecho bien.

P.- ¿Eso lo agrava lo mucho que en su familia pesa la historia, el ejemplo a seguir?

R.- Pues en mis hermanos no lo sé, porque nunca lo hemos hablado. Pero en mi caso sí, porque soy responsable. Las mujeres que compartieron vida conmigo siempre me dijeron que yo era mucho mejor de lo que me imaginaba. Y mi madre me eligió a mí.

P.- ¿La noche de Madrid fue un plan de fuga?

R.- Sí, totalmente. Salgo ya con 16 años y digo: “Se acabaron las nannies”. Esa que me pegaba con 15 yo la cogí y le dije: “A mí no me pegas más. Estas palizas se han acabado”. A partir de ahí, fui un ser salvaje. Señoras mayores, mucha turbulencia. Yo salía por las noches, hacía lo que me daba la gana, buscaba una huida. Cuando cumplí la mayoría de edad, una vez que Jesús Aguirre me fue a echar otra bronca, dije: “Hasta aquí he llegado, no me vuelvas a insultar ni a hablar nunca más. Ni a mí, ni de mi padre como me has hablado, porque te arranco la cabeza”. Se lo dije en el despacho de mi padre.

P.- ¿Cómo reaccionó él?

R.- Se cagó. A partir de ahí fue otro Jesús totalmente diferente. Y yo me sentí libre y me metí en la noche de Madrid. Tenía botellas en todos lados, mujeres, yo era el príncipe. Al quinto año ya no podía llevar mis entrenamientos y recapacité. La noche de Madrid en esa época de libertad, de diversión, era Disneylandia. Brutal. Y yo era el principito de esa noche. Pero tuve narices para decir: “Me voy de aquí porque quiero ser un deportista”, porque sentí la bandera y el himno de España cuando gané con 16 años con el equipo español.

P.- ¿Nadie de fuera, ni su madre, le orientó entonces?

R.- Nadie se daba cuenta. La única persona que estaba protegida, encauzada, era Eugenia. Todos la queríamos, todos la protegíamos, todos estuvimos con ella.

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P.- ¿Por qué se convirtió en un prisionero de la crónica rosa?

R.- Quizá por mis años estos de noche, de modelos. Lo que es muy triste es tengamos una cadena extranjera que haya venido a España a convertir el patio de vecindad del cotilleo sano en una trituradora de moral, de carne, de todo. A mí me han intentado engullir. Pero no me he dejado. Y además les he hecho frente. Por eso tenemos esa batalla a muerte, porque nadie les hace frente.

P.- Por cierto, frecuento los cines Verdi y veo a menudo a Alfonso Díez, con el que siempre ha tenido palabras amables.

R.- Ahí iba mucho con mi madre, él. Ahí es donde se reencontró con mi madre, en el Verdi. Yo tengo que ir porque el dueño me dijo que a ver si sigo la tradición. Todo el mundo intenta que siga las tradiciones de mi madre. Y yo lo intento, pero no puedo abarcar. No soy ella.


LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 12 DE OCTUBRE DE 2019

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¿SE CASA LA DUQUESA DE ALBA?

Mensajepor Invitado » Sab 16 Nov, 2019 2:49 am



ALFONSO DIEZ
DISCRETA Y ACOMODADA VIDA DEL DUQUE VIUDO DE ALBA

El último marido de la duquesa, junto al que murió hace un lustro, se retiró de la vida pública en cuanto se convirtió en viudo. Eso sí, de funcionario de Hacienda pasó a aristócrata acomodado: ingresa más de 5.000 euros mensuales y tiene propiedades.

CONSUELO FONT


LA VÍSPERA DE SU MUERTE, Cayetana, en un momento de consciencia, pidió que el cocinero de Dueñas le preparase manitas de cerdo y mencionó a Alfonso ese viaje soñado a Nueva York que nunca pudieron hacer. Por la noche, su estado se agravó. “Se nos va”, dijo Alfonso entre sollozos por teléfono a una hermana suya. La duquesa fallecía la mañana del 20 de noviembre de 2014, cogida de la mano de Alfonso, que no se separó de ella en su agonía. Finalizaba así una historia de amor sellada ante el altar el 5 de octubre de 2011 entre la duquesa de Alba, con 85 años, y un funcionario palentino 24 años más joven llamado Alfonso Diez Carabantes, su tercer marido.

Personaje que, desde que salió a la luz su relación con la aristócrata, fue pasto de la maledicencia, dado el abismo social, económico y de edad entre ellos. Críticas que, cuando se cumplen cinco años de la muerte de Cayetana el próximo miércoles, se han desvanecido. Entre otras cosas porque Alfonso Diez ha desaparecido de la palestra, tapando la boca de quienes auguraban su escalada social y mediática como “duque viudo”. No solo ha rechazado ofertas para hablar, sino que es raro verle en las páginas del colorín, excepto cada 20 de noviembre, en el funeral que se oficia por su esposa en la iglesia del Cristo de los Gitanos, al que nunca falla. Este año, además, ha concedido unas discretas declaraciones a la revista ¡Hola! con motivo del quinto aniversario.

Comportamiento que se ha ganado el respeto de los hijos de la duquesa, pues hasta Cayetano reconoce que no le movió el interés crematístico, definiéndole como “un caballero”. Cierto es que, tras fallecer la duquesa, se desvinculó de ellos, incluso Carlos, el nuevo duque, le invitó esa Nochebuena a Liria, pero Diaz prefirió pasarla con su familia en Palencia. Aunque su relación con Carlos es correcta con el único con el que mantiene vínculos es con Cayetano, a quien visitó en el hospital el pasado 18 de septiembre.

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UN PATRIMONIO MUY DIGNO

Alfonso Diez es dueño de un patrimonio inmobiliario compuesto por dos pisos en Madrid, en el exclusivo barrio de ChamberÍ. Uno de ellos tiene 94 metros. El otro, donde reside, tiene 197 metros. Desde 2012 es dueño de una casa en Sanlúcar de de 228 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. También en Javea posee la cuarta parte de un local de 63 metros con tres de sus hermanos y en Palencia, en la localidad de Baltanás es propietario de un total de 11 hectáreas de terrenos rústicos dedicados al cereal de secano y en la de Tabaneras, de 4 hectáreas también de terrenos rústicos.


Pese a su savoir faire, nadie duda que su unión con Cayetana reportó a Alfonso Diez un cambio de estatus. Fue voluntad de la duquesa que no pasara estrecheces, y él tampoco quiso renunciar a la parte del tercio de libre disposición que le correspondía, estimado en alrededor del millón de euros, además de una renta vitalicia de más de 3.000 euros mensuales que une a sus 2.000 de pensión por jubilación. A esto se añade una vivienda en Sanlúcar de Barrameda, regalo de boda de Cayetana valorado en 450.000 euros, que intentó vender, pero no lo consiguió. En 2016, se mudó del apartamento de 90 metros donde residía de soltero, en la calle Rafael Calvo, a un espléndido piso de 197 metros cuadrados también en el lujoso barrio de Chamberí, en Fernández de la Hoz. Su casa anterior, de su propiedad, la alquiló, lo que añade una entrada más a sus saneadas rentas, que incluyen más bienes, como un local en Javea con sus hermanos y terrenos en las localidades palentinas de Baltañas, Valdecañas y Tabanera de Cerrato.


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Socialmente, mantiene un exclusivo círculo de amigos, con los que acude al cine, a conciertos en el Real o a cenar, aunque prefiere reunirse en domicilios, incluso a veces los cita en su casa, donde ha instalado una pantalla de cine y organiza proyecciones. También frecuenta Palencia, pues está muy unido a su familia, pese a que tras la muerte de la duquesa, ha afrontado la dura pérdida de tres de sus once hermanos: Manolita, Jorge y Daniel.

En Sevilla, ciudad donde residía habitualmente con Cayetana, conserva relaciones con íntimos de la duquesa como Carmen Tello, marquesa de Valencina, y su marido, Curro Romero, la ganadera Rocío Cámara o el duque de Segorbe, vástago de la duquesa de Medinaceli. Tanto que cuando viaja allí, no se aloja en Dueñas, sino en las Casas de la Judería, propiedad de los Medinaceli. Por medio del duque de Segorbe fue invitado en 2018 a la boda del príncipe Felipe de Serbia, pues está casado con su madre , Gloria de Orleans y Braganza, enlace al que asistió también la Reina Sofía. Hace tiempo circuló el bulo de que entre el duque viudo y la madre de Felipe VI podría existir una amistad íntima, algo incierto, pues no pasaba del trato cordial.

También meses atrás se publicó que Alfonso Diez tenía una nueva ilusión amorosa con una persona joven, lo que no se ha podido demostrar, pero coincidió con el cambio físico experimentado por Diez, quien en una corrida en Las Ventas apareció notablemente rejuvenecido, con el rostro sin arrugas y la piel luminosa, signos evidentes de un retoque estético. Eso y el gimnasio al que acude regularmente le permiten disimular los 69 años que cumplió ayer viernes, 15 de noviembre.


LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 16 DE NOVIEMBRE DE 2019

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¿SE CASA LA DUQUESA DE ALBA?

Mensajepor Invitado » Sab 16 Nov, 2019 2:50 am

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EN TORNO A MAMÁ La duquesa de Alba junto a cinco de sus hijos: Carlos, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia.

CASA DE ALBA
LA ‘DISCUSIÓN APOTEÓSICA’ DE LOS HIJOS DE LA DUQUESA

Cinco años después de la muerte de la duquesa de Alba, la relación entre sus hijos no mejora. A la presentación de las memorias de Cayetano no acudió ninguno de sus hermanos y solo Fernando fue a verle cuando le operaron.

INMACULADA COBO


LA MUERTE DE LA DUQUESA DE ALBA el 20 de noviembre de 2014 supuso un gran cisma en la Casa Alba. Además de la pérdida de la matriarca con más carisma de la aristocracia española, la familia Alba también perdió la frágil armonía que reinaba en la casa.

Se cumplen cinco años de aquel momento que marcó a sus seis hijos: Carlos Fitz-James Stuart, duque de Alba (71); Alfonso Martínez de Irujo, duque de Híjar (69); Jacobo Fitz-James Stuart, conde de Siruela (65); Fernando Martínez de Irujo, marqués de San Vicente del Barco (60); Cayetano Martínez de Irujo, duque de Arjona (56), y Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro (50).

Las vidas de los hijos de Cayetana siempre han suscitado el interés de la prensa, en gran parte heredado por el perfil mediático que mantuvo siempre su madre. Uno de los más activos en esta faceta ha sido Cayetano Martínez de Irujo, que recientemente ha publicado unas memorias (De Cayetana a Cayetano, La Esfera) en las que desgrana detalles de la vida familiar de los Alba. En uno de los capítulos titulado La boda de mamá (otra vez), Cayetano cuenta cómo recibieron él y sus hermanos la noticia de que su madre tenía el deseo de casarse con Alfonso Diez (68). “Mamá, queremos conocer a este hombre. Debes entender que para nosotros este noviazgo y tus planes de boda son una gran sorpresa, sobre todo después de lo que vivimos con Jesús, que fue tan traumático, como sabes. Entenderás que deseamos conocerle, hablar con él, saber qué ideas de futuro tiene en mente, estas cosas”, le dijo Cayetano a la duquesa de Alba, a lo que ella respondió con firmeza: “Es un hombre estupendo. No se va a meter en nada”.

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Alfonso, el hijo que falta en la imagen superior.


Carlos, el mayor, estaba preocupado por el destino de la Casa de Alba, sobre todo porque él sería heredero de la mayoría de los 50 títulos que posee la familia, entre los que se encuentra el ducado de Alba. Cayetano y él se reunieron con su madre y Alfonso Diez para conocer las intenciones del futuro esposo. “La fortuna está formada en gran parte por posesiones de valor histórico y artístico que en su mayoría están adscritas a la Fundación y reguladas por ley. Desde palacios a cuadros de Goya impedían que Cayetana de Alba y Alfonso Diez se dieran el ‘sí, quiero’”, narra Cayetano en sus memorias. Los hijos de la duquesa no se oponían al matrimonio, pero sí querían preservar los bienes adscritos a la Casa.

La solución se tradujo en una donación en vida. Emilio Ramírez, abogado de la familia, le explicó a Cayetana cómo se ejecutaría y ella aceptó para poder pasar libre por el altar. “Mamá convoca a todos sus hijos para un asunto muy importante”, fue el mensaje que se les transmitió a todos tras la decisión. Según cuenta Cayetano en el libro, la discusión con sus hermanos fue ‘apoteósica’: “Carlos callado y parapetado detrás de mí. Y Jacobo diciendo: ‘Esto es un fraude’. Y Alfonso: ‘Yo me voy porque esto es un fraude, una vergüenza, no se ha contado con nosotros, nunca se ha contado con nosotros. ¿Esto quién lo ha hecho?’ Y yo de punta de lanza, como siempre: ‘Pues yo, lo he hecho yo’”.

Cayetano también explica que los más indignados fueron Jacobo y Alfonso. Tras las discusiones, deliberaciones y alguna que otra modificación, todos firmaron y Cayetana se presentó ante la prensa para comunicar que se casaba con Alfonso Diez y que había donado en vida todos sus bienes. Se casó el 5 de octubre de 2011, con las ausencias de Jacobo y Eugenia (ingresada por varicela). Tras la muerte de la duquesa, Cayetano quedó apartado de la gestión de la Casa de Alba en favor de sus hermanos mayores y, según ha contado él, tuvo que abandonar el palacio de Liria, sacar a sus caballos de las cuadras y buscar otra manera de ganarse la vida.

A la presentación de su libro, el pasado 4 de noviembre, no acudió ninguno de sus hermanos. Una guerra que se aviva después de que Cayetano declarase sentirse muy dolido porque salvo Fernando, ninguno le visitó en el hospital cuando le operaron de una obstrucción intestinal el pasado septiembre. Ahora se refugia en su novia, Bárbara Mirjan (23), mientras evita hablar de sus hermanos tras la presentación de sus memorias. Aún así, Cayetano tiene un negocio de productos gourmet llamado Ducado de Alba S.L junto a Carlos, por lo que están condenados a entenderse, al menos en ese ámbito

Carlos Fitz-James Stuart, el nuevo duque de Alba, tiene un perfil discreto y alejado de los medios. Es el más parecido físicamente a su padre, Luis Martínez de Irujo y se encarga de la administración de la Casa de Alba y es el presidente de su Fundación. No se le conoce pareja aunque hace un tiempo se le vinculó con Paloma Segrelles. Alfonso, duque de Híjar, está divorciado de María de la Santísima Trinidad de Hohenlohe-Langenburg. Jacobo se casó con la periodista Inka Martí en 1965 y en 2005 montaron la editorial Atalanta. Viven en una masía catalana alejados de las polémicas de la Casa de Alba. Fernando está “soltero y sin compromiso” como él suele decir, mientras que Eugenia Martínez de Irujo disfruta de su relación con Narcís Rebollo, presidente de Universal Music.


LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 16 DE NOVIEMBRE DE 2019




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