Juan Carlos y Sofía. Retrato de un matrimonio

Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


Imagen

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Dom 05 Abr, 2015 2:59 am



La Reina Sofia assisteix a la processó de Divendres Sant

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Jue 09 Abr, 2015 4:58 pm

El Supremo ve “frívola” la demanda de paternidad contra Juan Carlos I

Los jueces consideran contradictorios los relatos de Sartiau al tribunal y a los medios

[imageleft]Imagen[/imageleft] El Tribunal Supremo considera que la demanda de paternidad que el propio tribunal admitió contra el rey Juan Carlos “carece por completo de verosimilitud o seriedad” y es “lisa y llanamente falsa, frívola y torticera”. Así lo expresa la Sala de lo Civil en el auto en el que explica por qué el pasado 11 de marzo archivó la investigación que había iniciado dos meses antes. Tras estudiar el recurso presentado por los abogados del rey, los magistrados consideran que el relato de la ciudadana belga Ingrid Sartiau, que aseguraba ser hija de Juan Carlos I, está plagada de “contradicciones”.

Los jueces que, por siete votos a tres, se mostraron a favor de archivar la demanda de paternidad contra el rey han tenido en cuenta las declaraciones que Sartiau y su abogado hicieron a diferentes medios de comunicación después de que el tribunal admitiera la demanda. Aquella demanda se estimó en enero porque el tribunal aceptó como prueba un acta notarial en la que la madre de Sartiau explicaba las circunstancias de su supuesto encuentro sexual con don Juan Carlos, en diciembre de 1965. Además, la Sala de lo Civil tuvo en cuenta los contactos que Sartiau afirma haber mantenido con un primo de don Juan Carlos, José Guijarro Romanov de Colonard Borbón, y con otro hombre, llamado Felipe, que según ella es también hijo del monarca (aunque este no ha presentado demanda).

Pero según los magistrados, el relato de ese acta es incompatible con los que la mujer ha ofrecido a los medios. Uno y otros son “versiones excluyentes”, advierte el tribunal, que desgrana algunas de estas contradicciones, como que el texto firmad ante notario recoge que la madre de Sartiau y don Juan Carlos se conocieron en un hotel de la Costa del Sol mientras que la mujer ha contado a los medios que se vieron por primera vez en Francia. Tampoco cuadra, advierten los jueces, el tiempo en el que la madre mantuvo supuestamente el secreto sobre la paternidad de su hija: según el acta notarial, Sartiau no supo quién era su padre hasta 2012, pero, según el recurso presentado por el padre de Felipe VI, la mujer ya hablaba de ello en su página de Facebook en 2011. Asimismo, en alguna declaración pública Sartiau sostuvo que lo sabía desde hace 10 años.

Contra el auto de archivo se ha presentado un voto particular firmado por los magistrados José Ramón Ferrándiz y Xavier O´Callaghan, que se oponen a la decisión de los jueces de admitir el recurso de Juan Carlos I. Estos magistrados advierten de que es la primera vez que la Sala Primera deja sin efecto la decisión de admitir a trámite una demanda de paternidad previamente admitida y con las mismas pruebas por las que se admitió. Estos jueces consideran que no se ha valorado correctamente el principio de prueba y creen que el recurso de reposición “no constituye un remedio apto” para posibilitar una valoración de pruebas aportadas o practicadas después de haberse dictado la resolución recurrida.

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Dom 19 Abr, 2015 1:40 am

CUANDO DON JUAN CARLOS
QUISO CASARSE CON CORINNA

ADELANTO DE UN CAPÍTULO DEL LIBRO ‘FINAL DE PARTIDA’, DE ANA ROMERO, EN EL QUE SE RELATAN LOS HECHOS QUE LLEVARON A LA ABDICACIÓN DEL REY JUAN CARLOS I


Un día cualquiera de marzo de 2013, saloncito azul, palacio de La Zarzuela. ¿Cuántos momentos de infelicidad pasó don Juan Carlos solo en su saloncito azul el año antes de abdicar?...

...No en su despacho oficial ni en el salón de audiencias donde recibía a autoridades. Tampoco a la entrada de Zarzuela donde se fotografiaba junto a reyes y jefes de Estado. Ni en comidas o cenas con supuestos amigos en las que decía lo que los demás querían o podían oír. Solo, sentado sobre un sofá vacío frente a una tele. Solo, sin el sonido de los flashes y las bromas impostadas, junto a un teléfono que más que un móvil era su cordón umbilical con un mundo del que se había aislado. «Poco a poco, le fueron quitando todo: el poder, la mujer que amaba, su capacidad para disfrutar de la vida. No le dejaron nada, excepto la soledad de un viejo león que se retira solo a morir», señala una persona que supo de esos días trágicos de Juan Carlos I durante parte del año 2013.

Según esa misma persona, a partir de enero de 2013, y sobre todo en el terrible mes de marzo, el rey fue sometido a un «confinamiento en régimen de incomunicación». Esta afirmación, a todas luces exagerada, provoca reacciones diferentes. Para unos, el monarca fue abandonado por todos en su entorno inmediato como castigo a su comportamiento poco ejemplar y como medida de presión para conducirlo a la abdicación: «Lo dejaban solo queriendo». Para otros, su soledad fue la consecuencia natural de una vida labrada con la laboriosidad del gran egoísta que es: «Una mezcla explosiva del ser humano y del jefe de Estado: cuando no actúa movido por sus propios intereses, lo hace por los de España. Nunca lo hace pensando en qué es lo mejor para ti. No le importa nadie, sólo se importa él».

ImagenComo no busco juzgar, sino sólo explicar lo que sucedió en la convulsa parte final del reinado de Juan Carlos I, creo que fue a través de esa escena doméstica —un septuagenario sin familia ni amigos que se consume en una salita decorada hace mucho en azul— como visualicé el drama del que nace rey y está condenado, a perpetuidad, a ser un símbolo institucional antes que un hombre de carne y hueso. (...)

A partir de Botsuana y de la falta de sensibilidad que el rey mostró hacia el posible colapso económico de España, su capital político y humano empezó a hacer aguas. En marzo de 2013, se sintió impotente para recuperarlo y eso le llevó a la desesperación. Sin la caza, sin la libertad, sin los viajes, sin la compañía del ser querido, sin el poder y hasta sin ese sofá mullido que a todos nos gusta tener en casa: a raíz de las operaciones y sus dificultades para moverse, los médicos pidieron que se le cambiara el sofá del saloncito azul por uno nuevo y seguramente más incómodo.

La familia también hacía tiempo que había desaparecido, si es que alguna vez la tuvo. «Podía pasarse hasta dos meses sin ver al príncipe, que estaba claramente del lado de la madre», señalan fuentes conocedoras de las escuálidas relaciones familiares de los Borbón-Grecia. «Incluso sin ver a la infanta Elena, de la que siempre se dice que es la que más unida está a él. A veces venía a verlo cuando iba a montar a caballo a La Zarzuela, pero ellos no saben lo que es el amor familiar, nadie les ha enseñado —continúan—. No fue el caso Urdangarin el que descompuso a la familia: esta simplemente no existió nunca».

«Me daba pena verlo ahí solo, un sábado, un domingo por la tarde y por la noche, sin más compañía que los ayudas de cámara», cuenta una persona que en más de una ocasión dejó a los suyos para acompañar al monarca en los temibles fines de semana de prisión incomunicada a los que fue condenado sobre todo tras la operación de hernia discal del 4 de marzo de 2013, cuando le dieron un tiempo estimado de baja entre dos y seis meses. Médicamente fue esa operación la que más secuelas le dejó: «Al quitarle la presión que sufría en la espalda, la consecuencia fue similar a la de una manguera a la que se le quita una piedra que la está presionando desde hace mucho tiempo: se queda aplanada y el agua no pasa bien. Lo mismo le ocurrió a don Juan Carlos: los nervios de las piernas no le funcionaban bien y le costaba moverlas. Eso le aterrorizó, porque pensó que quedaría confinado en una silla de ruedas, como su madre, el resto de su vida».


    EL REY, DESESPERADO, A UN AMIGO: “MÁNDAME UNA PISTOLA PARA QUE ME SUICIDE”

«Mándame una pistola para que me suicide», le dijo el rey a uno de sus amigos después de que el Gobierno, el jefe de la Casa y hasta el director del CNI le hubieran obligado a cancelar el viaje a Abu Dabi «no por consejo médico —como se dijo públicamente—, sino porque se comprendió que CSW [Corinna zu Sayn-Wittgenstein] podía ser un verdadero peligro para la seguridad nacional». La petición de una pistola era claramente una exageración del monarca, que no podía ocultar su irritación. Por primera vez casi desde la muerte de Franco, no se hacía su voluntad. Según se comentó esos días en su entorno, «entre unos y otros» le estaban dejando «sin salida vital».

[imageleft]Imagen[/imageleft]Para un político que trabajó cerca de él durante años, «cancelar el viaje de Abu Dabi fue un error, porque fue cuando el rey dijo: “Van a por mí”. Desde entonces, y hasta finales de marzo, sufrió una gran presión para que abdicara. Se sentía completamente solo y entró en depresión. Le obligaron a que dejara de verse con CSW, se operó otra vez y tenía mucho miedo».

La celeridad y la seriedad con la que se canceló el viaje a Abu Dabi —el embajador de España allí, Eugenio Salarich, lo supo menos de 24 horas antes— le dejó «noqueado» de una manera especial, según fuentes de su entorno, que añaden: «Es un manipulador nato: le dice a todo el mundo lo que quiere oír en cada momento, incluido a su hijo».

Para otros, sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la Casa del Rey y el Ejecutivo actuaron con decisión, como debían haberlo hecho durante los últimos 38 años: la presencia de CSW en Abu Dabi para acudir junto al monarca al Energy Summit era una potencial muesca en el «desprestigio institucional» que estaba sufriendo España.

Más de un día en esa espantosa primavera, un alto cargo del Gobierno recibió a un rey exasperado en su casa, a horas intempestivas, sin tener con quién hablar o a dónde ir. La mujer de este fiel servidor del Estado, alertada sobre la presencia de una visita destacada, ha visto más de una película en el cine a solas esperando a que el desdichado monarca abandonara su casa y ella pudiera volver sin importunarlo.

Es difícil saber con exactitud lo que él sentía y quería en esos momentos porque las descripciones nos llegan a través de segundas personas. Pero de los testimonios de los que lo trataron en esos meses se desprende la imagen de un hombre que se echó en brazos del único apoyo que tenía en ese momento: CSW. Ella era su único objeto de consuelo y de cariño. Pero para la mayor parte de su entorno, su pareja no era más que «una manipuladora que se aprovechaba de su débil estado para sacarle todo lo que quería».

«Now that I know what it is to be with somebody, I’m going to suffer solitude», «Ahora que sé lo que es estar con alguien, voy a sufrir de soledad», le dijo el rey a CSW. Ella, en respuesta a este enamoramiento supuestamente único en la vida del monarca, respondió con insistentes llamadas interesándose «por sus molestias, reconfortándolo, preguntándole si se había tomado las medicinas, cómo había pasado el día. Le daba pena que nadie lo hiciera, que nadie se estuviera ocupando del hombre detrás del rey». «Él estaba aterrorizado: por su mala salud, por el futuro. Ella lo consolaba y le insistía en que no debía tirar la toalla. Le recordaba que él era el rey, que sólo él debía decidir».

A casi nadie en España logré arrancarle una visión positiva del papel que jugó CSW en los críticos días de 2013. El entorno inmediato del rey, que conocía su insistencia en que este no cediera a las presiones y renunciara la Corona, veía motivos interesados: «Le vale más como rey». Apenas un miembro de la clase política me habló con más caridad esa primavera: «Lo atiende, le da cariño, y eso está bien. Pero creo que los españoles ya no la dejarían verlo. Sobre todo la derecha cavernícola. Sí, ella ha ganado mucho dinero gracias a él, pero también se lo ha hecho ganar a empresas españolas».

«Él está obsesionado con ella, y ella está embarcada en un estilo de vida irreal», me señaló otra persona del entorno del rey que dice conocer bien los recovecos de la vida privada de CSW. Esa primavera, la caricatura de CSW como mujer diabólica se abrió paso por los mentideros madrileños: su mal carácter; su manera de darle al rey «carrete cuando conviene y de recogerlo cuando hace falta en un perfecto ejercicio de manipulación», y hasta la escena que CSW le montó al monarca en pleno hall de un hotel de Venecia frente a un grupo de personas que habían viajado con él en el mismo avión en el que ella no fue invitada. Ese dibujo iba acompañado de otro: un monarca mayor, débil, asustado, que llegaba al final de su vida en completa soledad. Aquí, de nuevo, las visiones difieren. Según unos: «Ella era la única que le hablaba claramente, que se reía de él, que le gritaba cuando hacía algo inaceptable y que lo trataba normal, como un ser humano, no como un rey».

«Corinna viene de abajo, por eso la conozco tan bien», señala sin embargo otro supuesto amigo del ex rey, que comparte esa visión poco amable de la última pareja estable de Juan Carlos I. Me asegura, además, que los servicios de inteligencia guardan celosamente datos de la vida privada de CSW que no dudarán en poner en circulación si esta hace peligrar la dignidad real en España.

Llegados a este punto, es difícil rastrear los hechos como son. Lo cierto es que tras las últimas reuniones de CSW en Zarzuela con el general Sanz Roldán y con Margallo en diciembre de 2012, la clase dirigente se cerró en banda. Fue entonces cuando, además de su residencia en Mónaco por motivos fiscales, CSW cambió el hogar que tenía en el monte de El Pardo por un elegante piso en una de las direcciones más distinguidas de Londres, donde apenas los rusos y los árabes multimillonarios pueden permitirse tener casa.

De esa dura época de soledad impuesta por la salud y por los escándalos, hay varios nombres que sonaron en Madrid como amigos que no dudaron en acompañar al rey cuando él los necesitó: Juan Miguel Villar Mir, el general Félix Sanz Roldán, el doctor Ángel Villamor o el ex presidente Felipe González. A ninguno le gusta hablar de su relación con el ex monarca, y menos en unas circunstancias tan difíciles para él.

También CSW afirmó encontrarse en una situación muy complicada que ella no dudaba en calificar de «pesadilla». No podía ver al rey pero se sentía obligada a apoyarlo en la distancia. Se sabía criticada a lo largo y ancho del país: si estaba, por estar; si no estaba, por no estar. En su afán por defenderse, acabó poniendo aún más piedras en el camino. Cuando se canceló el polémico viaje real a Abu Dabi, una CSW muy enfadada que, como hemos visto, se quedó colgada en la suite presidencial del Emirates Palace se refirió a lo sucedido como un «golpe de palacio» en Zarzuela que tendría retenido a don Juan Carlos. Aunque sus interlocutores no llegaron a creerla, sí intuyeron sin embargo que el rey de España empezaba a perder su poder. Y en el colmo de la humillación, al comprobar que el rey no iba a ocupar la suite presidencial, se le sugirió a CSW que debía abandonarla, a lo que ella se negó en redondo.

Las habladurías no eran buenas para nadie, y menos aún para un país como España que luchaba por recuperarse de una crisis económica en medio de una persistente crisis política. La imagen del país se resentía en los círculos dirigentes del exterior aunque estas interioridades no salieran en la prensa.

Lo que sí resultaba más que visible era el caso Nóos que, a esas alturas, estaba colocando en portada con frecuencia a la familia real. Si un día resultaba imputado el asesor de las infantas Elena y Cristina, Carlos García Revenga, machaconamente llamado «secretario» por los medios, otro era llamado a declarar el conde Fontao, el abogado del rey. Torres seguía con su estrategia de ir filtrando correos embarazosos. Los españoles empezaron a vislumbrar una Zarzuela convertida en una casa de los líos donde nadie parecía estar realmente al frente, desde luego no un monarca que salía y entraba de hospitales aparentemente incapaz de poner fin a los escándalos.

La expulsión de los duques de Palma del paraíso se fue haciendo en diferido, lo que fue malo para todos: para ellos porque les hizo sentirse aún más víctimas y para los españoles porque les dio la sensación de que los empujoncitos que les iban dando eran resultado de las encuestas internas —un rechazo cercano al cien por cien de la población española hacia la pareja— y no al convencimiento personal o a una decisión madura de los padres, el hermano y la institución.

El 10 de febrero de 2013, cuando Juan Carlos I acudió al Buesa Arena en Vitoria para presidir la Copa del Rey, el recibimiento fue desolador. Además de la tradicional pitada al himno nacional, los asistentes le gritaron «¡Fuera, fuera!» y, lo que es peor, le corearon la canción infantil: «Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña». Una cosa es que se pite al rey en España debido a las habituales tensiones nacionalistas y otra es que se le hagan chanzas porque su imagen ha dejado de inspirar respeto.

Este punto fue especialmente doloroso para él, porque todos los que le conocen lo describen como «un caballero». Le llegaban los vídeos y las imitaciones más crueles, y él los interpretaba —correctamente— como la pérdida de popularidad entre todas las capas de la sociedad. Su corona se tambaleaba con claridad, pero cayó definitivamente cuando perdió el respaldo de la clase dirigente y de los poderes fácticos.

Como cada año, a primeros de enero de 2013, EL MUNDO le había regalado a Zarzuela una encuesta con preguntas que nadie parecía querer hacer para no infligir más daño a Juan Carlos I. En esa en particular se pudo ver claramente que el rey no recuperaba la popularidad que había perdido tras la caída en Botsuana. Esos 20 puntos de crédito que se despeñaron por el risco de la irresponsabilidad personal ya no volverían jamás.

En medio de toda esa niebla que se cernía en torno al monte de El Pardo, irrumpió CSW como un elefante en una cacharrería. En febrero, sintiéndose abandonada a su suerte por el aparato de Zarzuela, decidió lanzar su propio mensaje de defensa en medio de posados glamurosos que incluyeron una pulsera valorada en más de tres millones de euros. Peor, imposible, ante un país agobiado por la crisis económica y el deterioro de las instituciones, empezando por la Corona. Tras leer sus declaraciones, algunos miembros del Gobierno entendieron además la peligrosa relación que se había creado entre CSW y la Casa del Rey. Ese fue el caso, por ejemplo, del ministro de Industria, José Manuel Soria, que comprobó sorprendido cómo se manejaban algunos de sus documentos sin que él los hubiera facilitado. Don Juan Carlos, que pareció entender el error cometido en Botsuana, seguía errando al permitir que CSW regresara a Madrid y dialogara con Margallo, su ministro más cortesano, sobre asuntos que sólo correspondían al Gobierno, como eran los problemas con los líderes de Emiratos por las primas a las renovables.


EL ÚLTIMO TRABAJO DE CORINNA

El último trabajo de CSW para Zarzuela, en diciembre de 2012, fue la puntilla. EL MUNDO desveló que ella escribió el guión y eligió el atrezo del vídeo de Juan Carlos I para el Energy Summit de Abu Dabi, ese al que luego no asistió. En él, el monarca se dirigió a los participantes del foro en el Emirates Palace sentado junto a una enorme fotografía de sheikh Zayed, el jeque fundador de los Emiratos. La cinta la grabó un cámara de Televisión Española bajo la dirección de Javier Ayuso, el director de comunicación de la Casa. A partir de ahí, CSW sólo tendría cabida en el universo emocional del monarca. Se acabaron los trabajos para España.

[imageleft]Imagen[/imageleft](...) El 31 de marzo, EL MUNDO volvió a asestar un golpe en forma de exclusiva al publicar el testamento de don Juan de Borbón, del que siempre se dijo que vivió gracias a la ayuda caritativa de algunos seguidores monárquicos españoles. Crónica, el suplemento dominical dirigido entonces por Miguel Ángel Mellado, se hizo con el documento que demostraba que don Juan murió rico y que dejó a sus tres hijos casi siete millones de euros entre cuentas bancarias e inmuebles. El dinero, además, estaba en tres cuentas en Suiza. Su hijo ingresó los 2,25 millones de euros que le correspondieron en una cuenta en Ginebra mediante tres cheques en octubre de 1993.


    DON JUAN CARLOS LLEGÓ A PEDIR AL ENTONCES PRÍNCIPE QUE SE DIVORCIARA

La información [firmada por Ana María Ortiz] no dejó bien parado al rey, del que siempre se sospechó sottovoce que podía tener cuentas en el extranjero. Durante más de tres meses, Zarzuela guardó silencio. A principios de julio se nos convocó a un briefing en Magnolias en el que, sin previo aviso, se nos informó de que el jefe de la Casa, Rafael Spottorno, había hecho una laboriosa investigación fruto de la cual había comprobado que el rey empleó esos 2,25 millones de euros en pagar «deudas y obligaciones» de su padre, y que en 1995 cerró la cuenta. Spottorno no aportó prueba documental alguna. Los bancos se habían fusionado, había pasado mucho tiempo y los papeles habían desaparecido. Tampoco hubo documentos de que el monarca hubiera pagado impuestos en España por la herencia recibida.

Lo que parecía que no podía empeorar, lo hizo: el 3 de abril, el juez Castro imputó a la infanta Cristina y la instó a acudir al juzgado a declarar el día 27 de ese mismo mes. «No se acaba de entender que el rey no comente con su hija las críticas que había hecho llegar a su marido», escribió el magistrado en su auto.

Doña Cristina, o la ciudadana Cristina de Borbón, como empezaron a llamarla los medios debido a su falta de ejemplaridad, no llegó a declarar porque fue desimputada por el fiscal. Esta figura jurídica no existe, pero fue acuñada espontáneamente para definir una situación que fue debatida con entusiasmo por los españoles de todas las clases sociales y en todos los puntos del país. Zarzuela adoptó un papel sorprendente: se inmiscuyó de lleno en el quehacer de la Justicia al emitir un comunicado en el que expresaba su «sorpresa» por la decisión del juez y defendía la del fiscal. El comunicado, incomprensible para la mayoría de los españoles, se explica en el contexto de la reunión que mantuvieron en palacio el rey, el príncipe, el presidente del Gobierno, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, y el fiscal general del Estado, Torres Dulce, en la que se estableció una línea roja de actuación: se dejaba caer a Urdangarin al foso pero no a la infanta para evitar la contaminación de toda la Corona.

Sin éxito alguno, don Juan Carlos se dirigió a su hija menor «como rey y no como padre» para que hiciera algo, como por ejemplo divorciarse de su marido. No sólo no lo hizo, sino que la pareja Urdangarin-Borbón salió reforzada después de lo que ambos consideraron una injusticia. Además, de nada sirvió la interferencia de Zarzuela en los quehaceres de la Justicia: un año más tarde, la infanta Cristina fue imputada sine die, y así sigue.

Por si la situación no estuviera aún lo suficientemente enrarecida con todos los acontecimientos, el todo Madrid supo en ese tiempo que el director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, se había reunido en Londres con CSW. ¿Por encargo de quién? ¿Para tramar el qué? Juntos, la enemigo número uno del momento con el enemigo número uno de siempre.

El viernes, 22 de febrero de 2013, la esquina de la redacción de EL MUNDO. Por la ubicación de su despacho, a Pedro J. le solíamos llamar «el de la esquina». Allí se concentraban los despachos del poder: el del director, el de su eterno número dos, Casimiro García-Abadillo, y el de su filósofo de cabecera, Pedro García Cuartango. Esa mañana, con la primera entrevista de CSW ya hecha, el director andaba dando zancadas por la redacción, síntoma inequívoco de que estaba excitado por alguna noticia.

Entre conversaciones cruzadas, y ante la incredulidad general, saqué a colación la columna que José Antonio Zarzalejos había publicado ese día en El Confidencial y que tituló «El rey baraja ya la abdicación». Me pareció relevante porque Zarzalejos es un periodista riguroso que tiene buenas fuentes, y porque intuía —recién llegada de mi encuentro con CSW en Londres— que el monarca no podría hacer juegos malabares durante mucho más tiempo.

«Sin movilidad y sin popularidad, tocado en su percepción pública por su relación con Corinna Sayn-Wittegenstein [sic] y ahora también por su aireada —aunque no probada— intervención para proporcionar la presidencia de la Fundación Laureus a su yerno, don Juan Carlos ya es permeable a asumir una próxima abdicación, siempre en una coyuntura más distendida que le permita lo que, sin duda, merece: dejar la jefatura del Estado con la vitola de haber sido el mejor rey de la historia de España. Porque ya su permanencia al frente de la institución de la Corona ha traspasado el umbral de la optimización de la monarquía de tal forma que la proclamación de don Felipe produciría una regeneración institucional completa con un efecto dominó en todo el sistema, ahora muy renqueante», escribió el antiguo director de Abc (...).

Lo que Zarzalejos escribió se lo habían confirmado directamente en Zarzuela, pero los hombres de gris no tuvieron empacho en desmentirlo ese mismo día a través de un comunicado. El rey «montó en cólera» al comprobar que su entorno no sólo aceptaba con los brazos abiertos lo que aún no era más que una idea sin elaborar, sino que empezaba a difundirla para que no hubiera marcha atrás. Esto hizo extremar las precauciones a Spottorno, que, en 2014, cuando la idea volvió a estar sobre la mesa, fue preguntando al rey cada día durante dos semanas si «esta vez iba en serio», o si «iba a cambiar otra vez de opinión».

La operación de relevo, como ya hemos visto, se empezó a estudiar en profundidad en 2010 poco antes de la operación de pulmón, pero el rey «no quería ni oír hablar del tema», apoyado por un entorno que le repetía: «El príncipe aún no está preparado». «Después de Botsuana, se lo empezó a ver venir, pero no quería ni atado», me corrobora un destacado político que habló con el monarca de la posible abdicación «al menos en 15 ocasiones» entre 2012 y 2014. «Ya he hecho todo lo que tenía que hacer», fue el argumento principal de don Juan Carlos para justificar un final que, en el verano de 2012, puso sobre la mesa al presidente Rajoy como órdago a su decisión de seguir viendo a CSW, y que el 5 de enero de 2013, con motivo de su 75 cumpleaños, «se le había vuelto a sugerir». Pero «ella se negó en redondo a que él lo hiciera».

Los diplomáticos extranjeros acreditados en Madrid, y sus extensiones en los servicios de inteligencia, ya no preguntaban si el rey pensaba abdicar, como en el pasado reciente. En la primavera de 2013, la pregunta era: «¿Por qué no lo ha hecho ya? ¿A qué espera? Debería hacerlo».

A su alrededor, en un perfecto cuadro shakespeariano, las clases informadas destacaban tres problemas, los tres con nombre de mujer y las tres a la defensiva. El primero, el de la princesa de Asturias, quien después de «unos años muy buenos, tras tener a las niñas, se torció. Considera que tiene que protegerse frente a una familia disfuncional». El segundo, el de la infanta Cristina, «cuya soberbia le impide dar el paso —la renuncia a los derechos dinásticos— que aligeraría la carga que lleva el rey». Y el tercero, el de CSW, que «tiene mucha influencia sobre el monarca incluso en la lejanía. Aunque ya no tiene dependencia física hacia ella, sí la tiene psicológica». No hay un cuarto nombre femenino, el de doña Sofía, «porque ella lo único que quiere es que su hijo reine. Nada más, y nada menos».(...)


LA MALDICIÓN DEL GEN BORBÓN

El debate en España comenzaba a deslizarse por una peligrosa pendiente: si el juancarlismo estaba herido de muerte, y los españoles nunca habían sido monárquicos, ¿por qué aceptar la Corona después de Juan Carlos I? La decepción personal provocada por el rey confirmó a muchos españoles la maldición del gen Borbón, que acaba siempre mal para España. Este era el camino que Zarzuela y Moncloa querían evitar a toda costa: que los últimos años de don Juan Carlos pusieran en peligro la arquitectura política de la España salida de la Transición. Ese fue el temor que empezó a imponerse entre la clase dirigente: si el rey permanecía en el trono habiendo perdido el respeto de los españoles, existía el grave peligro de que los ciudadanos le dieran la espalda no sólo a él, sino a la Corona en general.

Hasta entonces, la clase dirigente se había visto beneficiada por un rey que traía estabilidad y confianza al país. Pero en pocos meses se empezó a instalar el convencimiento de que el monarca se había transformado en un peligro para la estabilidad del sistema creado tras la muerte de Franco. Incluso entre algunos de sus más enérgicos defensores, benefactores o beneficiados. Don Juan Carlos se estaba quedando peligrosamente sin apoyos.


    DON JUAN CARLOS QUISO CONVERTIRLA EN ‘SU ALTEZA REAL CORINNA DE BORBÓN’

El temido efecto contagio empezó a producirse en 2013, y contaminó hasta los grandes valores de la Casa, como la reina. El 8 de enero, para gran sorpresa de sus acompañantes, doña Sofía fue abucheada en Madrid en un acto solidario en el cine Callao: la presentación de la película de televisión basada en la vida de Vicente Ferrer, que entregó su vida a los intocables de la India. Algunos de sus fieles entre los hombres de gris mostraron su sorpresa e indignación: «No es justo, si hay alguien que no se lo merezca es ella». Pero volvió a ocurrirle lo mismo, a finales de mes, en el Teatro Real. Y de nuevo, cinco meses más tarde, en el Auditorio Nacional de Madrid. (...)

[imageleft]Imagen[/imageleft]Si hasta allí habían acudido españoles de bien —no vi a ningún hooligan entre los abucheadores—, ¿hasta dónde estaba llegando el descontento hacia los Borbones del siglo XXI?

Lo supimos, en vivo y en directo, el 31 de mayo, cuando los príncipes de Asturias recibieron una sonora pitada en el Liceo de Barcelona, un lugar poco sospechoso de albergar a desarrapados. Incluso los españoles que no hablan catalán imaginaron que la expresión «foteu el camp!» no es precisamente un halago. Las caras de los príncipes, cada uno en su estilo, lo decían todo. En el caso de doña Letizia, era claro el enfado: desde su punto de vista, ellos sufrían las consecuencias de las actuaciones irresponsables de otros. Entre ellos, su suegro, el rey, que seguía enrocado en su decisión de no abandonar el barco hasta que la situación política se aclarara, el juicio de Urdangarin finalizara y los españoles se hubieran convencido de que, al fin y al cabo, él había sido el mejor Borbón de la historia de España.

En esa dirección lo apoyaba y lo aconsejaba CSW, que en abril había enviado a su primer exmarido, el americano Philip Adkins, a acompañar al rey. Adkins almorzó con don Juan Carlos en Zarzuela y, por fin, lo encontró más animado porque había mejorado algo. El primer día que pudo ponerse de pie después de la operación de hernia discal, al monarca se le llenaron los ojos de lágrimas. Le pareció un milagro, él que se daba ya por confinado de por vida a la silla de ruedas. CSW y Adkins, por un lado, y el doctor Villamor por otro, le empujaron a hacer la dura rehabilitación que le ayudaría a caminar de nuevo. No había muchos más a su alrededor que le inspiraran el deseo de sobreponerse a la invalidez, excepto su propia ambición y la fijación dinástica que le había sido inculcada desde niño.

A corto plazo, su gran ilusión era poder viajar de nuevo al extranjero para encontrarse con CSW. Incluso los que tanto empeño ponían para separarlos se dieron cuenta entonces de que «ella era la única que le daba vidilla». Una vidilla necesaria para mantener la estabilidad institucional en España hasta que el horizonte económico, político y judicial se estabilizara. CSW, con su habitual rapidez mental, pareció darse cuenta del cambio de rumbo en la capital de España. Más de una persona la oyó comentar con amargura: «Ahora sí querrán que me ocupe yo de él para que en España puedan seguir utilizándolo. Primero me echan con cajas destempladas y ahora me buscan. ¿Por qué no me dejan en paz?».

Pronto, el rey pudo viajar de nuevo a Londres para verla, una rutina que mantuvo cada tres semanas mientras su salud se lo permitió. Estaba claro que mientras CSW no viniera a España ni se inmiscuyera en los asuntos nacionales, casi era mejor que el rey siguiera viéndola para que tuviera «algún tipo de esperanza que le ayudara a recuperarse físicamente». Su entorno de Zarzuela, en un nuevo vaivén, empezó a convencerse una vez más, para bien o para mal, de que «su mejoría física lo pone en la casilla de salida para otros tantos años».

Esa también fue la época en la que el rey decidió que no podía abandonar el trono «con el rabo entre las piernas» como casi todos sus antecesores, cuando proclamó que volvía «para dar guerra». Fue un espacio temporal breve en el que llegó a creer que podría relanzar su imagen y erigirse en protagonista de una segunda Transición. En ese tiempo de energía positiva, hasta EL MUNDO le apoyaba. Pedro J., en su Carta del Director, escribió «El Rey Batallador», insistiéndole para que siguiera al frente del trono hasta la muerte. Y hubo una portada, la del domingo 5 de mayo, que al monarca le entusiasmó.

Esa portada, que llevaba mi firma, se tituló: «El rey decidido a reactivar los mejores valores de la Transición». Su contenido era una clara lanzadera para que don Juan Carlos retomara las riendas de la jefatura del Estado: «(...) Según el programa institucional Audiencia abierta, de TVE, don Juan Carlos va a relanzar el papel moderador de la Corona para propiciar «pactos, acuerdos y consensos» frente a la crisis. El monarca, de 75 años, quiere fomentar la «transparencia» y el «sometimiento a la ley» de todas las instituciones, empezando por la monarquía. (...) Desde hace dos semanas, el rey insiste, casi a diario, en que está de vuelta. Ayer lo hizo a través de la televisión pública, que ofreció, por primera vez en 10 años, imágenes del monarca despachando en La Zarzuela con Rafael Spottorno, el jefe de la Casa del Rey (...)».


LA NOTA MÁS BAJA EN LAS ENCUESTAS

Uno lee ahora ese artículo con una mezcla de condescendencia y de pena por el deseo de que ocurra lo que hay en él. No se reflejaba en mi crónica que se trataba del enésimo intento cocinado en Zarzuela por insuflar vida en una figura que se apagaba sin remisión: el barómetro del mes de abril del Centro de Investigaciones Sociológicas dio 3,68 puntos a la monarquía, un claro suspenso que se convirtió en la nota más baja desde que comenzaron las encuestas. La vez anterior, en octubre de 2011, la monarquía había logrado una media de 4,89 puntos. En dos años, entre octubre de 2011 y abril de 2013, el gubernamental CIS se olvidó de preguntar a los españoles por su opinión hacia la monarquía, siguiendo el viejo axioma de no news, good news.

Visto ahora, con la distancia de los hechos acaecidos, uno no puede sino esbozar una sonrisa: ¿en qué mundo vivía Zarzuela en aquella época si pensaba que don Juan Carlos, Rajoy y Pérez Rubalcaba podían ponerse al frente de una nueva España?

Como si Botsuana no hubiese existido, trataron de retrotraerse a marzo de 2012, cuando el rey se reunió con el lobby del Ibex 35 en ese encuentro-exclusiva filtrado posteriormente a El País y EL MUNDO.

Increíblemente, el rey y su entorno estaban aparentemente convencidos de que don Juan Carlos aún podía ponerse al frente de una renovación de la imagen de la monarquía. Además de «entusiasmado» con esa portada, también se encontraba «muy animado» ante la perspectiva de «retomar el control», aunque «sigue estando solo y confundido acerca de su relación con CSW».

También la clase política dirigente y los principales medios de comunicación hicieron todo lo posible por reinsertar a Juan Carlos I en los corazones de los españoles. A este esfuerzo se sumó Pedro J. Ramírez, quien en su carta «El Rey Batallador» dejó escrito: «Lo que ahora requerimos de él no es que nos vuelva representar en los Juegos Olímpicos sino que impulse un proyecto regenerador, similar al de la Transición, que nos saque del hoyo». Y llegó a decir de él que «sigue siendo el mayor activo de nuestra democracia». La extraña misiva semanal de Ramírez echó a temblar los consejeros del rey: si le pedía que se quedara con esa tanda de piropos, sólo podía ser para «echarlo él mismo, cuando él quisiera».

Aunque mis fuentes describieron al rey como «entusiasmado» con la mencionada portada y de volver a ser el protagonista de una segunda Transición, lo cierto es que nunca llamó a Ramírez para agradecerle la casi aduladora carta. Juan Carlos I había dejado de fiarse del director de EL MUNDO hacía más de 20 años: una simple columna no iba a convertirlo en su principal apoyo. En ese tiempo hubo otro desagradable motivo adicional que supuestamente jaleó la decisión real de «aguantar» contra viento y marea. El propio rey se encargaba de airear la sospecha: doña Letizia no estaba preparada para ser reina de España. No he podido confirmar si todo lo sucedido en torno a la princesa de Asturias durante aquellos meses fue una tormenta de verano auspiciada por los que no querían que accediera al trono, entre ellos su propio suegro, o si se trató de una serie de hechos consecuencia de su atribulada existencia.

Lo que sí puedo asegurar es que la tormenta tuvo lugar, aunque los medios de comunicación pasaron por encima de ella de puntillas. Personas influyentes la utilizaron para probar que doña Letizia no era apta para ser consorte del rey de España. La mano de Shakespeare se dejó sentir de nuevo en La Zarzuela en un extraño segundo acto de una tragedia cuyos capítulos estaban ya muy avanzados. Las personas que se decían más responsables e informadas se jactaban de poseer los datos necesarios para declararse contrarios a la posibilidad de que doña Letizia ocupara el lugar de la reina Sofía. El rey hacía poco por defenderla.

«Ella se casó enamorada, pero luego se desenamoró, se desengañó o no está bien», señalan fuentes solventes sobre lo que empezó a ocurrir en la primavera de 2013 tras la publicación del libro Adiós princesa, escrito por un primo de doña Letizia, David Rocasolano, y que no fue publicitado en ningún medio de comunicación tradicional.

El libro en cuestión, con bastante mal estilo, es un claro acto de venganza hacia un familiar con el que la relación se ha roto, y no deja bien parada a la actual reina de España. A partir de ahí, no sabemos si influida por la traición familiar, doña Letizia empezó a dar muestras públicas de un claro malhumor. Su cara estática y su tensión latente se convirtieron en marca personal hasta septiembre de 2013, en que lo peor había pasado y «le vio las orejas al lobo». En Buenos Aires, durante la malhadada presentación de la candidatura a los Juegos Olímpicos, los príncipes de Asturias demostraron públicamente que sus supuestas dificultades matrimoniales habían quedado atrás. La excelente intervención de don Felipe, sobre todo comparada con la lamentable de los políticos, le dio un halo real al heredero ante todo el país, que lo siguió por televisión.

Desde abril y hasta septiembre de 2013, los problemas de doña Letizia se superpusieron a los de don Juan Carlos: comenzaron a ser discutidos por el todo Madrid su extrema delgadez, su mala relación con don Felipe, sus inadecuadas salidas con amigas y, lo peor, unos mensajes de móvil de una persona que actuaba contra ella. Al parecer, el Gobierno tuvo que pedir al CNI que interviniera ante un «intento de chantaje». Un asunto turbio que debió de complicar la relación familiar hasta el punto de que, en agosto, doña Letizia abandonó Mallorca y dejó al príncipe allí con las infantas Leonor y Sofía. En ese momento, el rey pidió al príncipe que se divorciara de ella, pero el resultado fue el mismo que el de la petición que formuló a la infanta Cristina: la pareja se volvió a unir y luchó aliada contra la adversidad.

Fue ese el extraño verano en el que la prensa monárquica publicó un artículo llamando al orden a doña Letizia para luego rectificar y afirmar que supuestos problemas en la pareja no eran más que «una errónea percepción pública». El talante cambiante de la princesa, que mejoró en septiembre de 2013 —y definitivamente en junio de 2014 cuando se convirtió en reina—, vadeó el temporal, de modo que su supuesta incapacidad para reinar quedó enterrada en el olvido. Ya había un motivo menos para que don Juan Carlos se resistiera a abdicar. Sobre todo, debía dejar paso al príncipe de Asturias «mejor preparado de la Historia», como él mismo dijo en TVE en enero de 2013.

Como el año anterior, el rey eligió el Día de las Fuerzas Armadas para hacer una rentrée pública tras una operación. Esta vez, tuvo lugar en la plaza de la Lealtad de Madrid, no en Valladolid, y resultó bastante deslucida y pobre. Duró apenas 20 minutos, y el paso lento del monarca, seguido de las caras de circunstancias de los príncipes de Asturias, no sirvió exactamente como el espejo de los ejércitos de España. (...)


EN LA MISA DEL CENTENARIO DE DON JUAN

El 20 de junio, la misa conmemorativa del centenario del nacimiento de don Juan se convirtió en el mejor ejemplo del estado de descomposición en el que se encontraba la familia real española: nada de esto quedó fotografiado o contado, pero los que acudimos ese día al Palacio Real pudimos observarlo y casi tocarlo con las manos. Los reyes, como de costumbre, no se miraron ni se hablaron. Los príncipes de Asturias se presentaron sin sus hijas, aparentemente porque doña Letizia se negó en redondo a que las niñas asistieran. La princesa de Asturias estuvo tan seria y malencarada que claramente había tenido un altercado reciente: no comulgó, no besó el anillo del obispo como el resto de la familia real y tampoco hizo la reverencia ante el Santísimo. Todos estos gestos, salvo la comunión, forman parte del protocolo. Saltárselos era su manera de mostrar un monumental enfado. Por su parte, la infanta Cristina, que reapareció sola tras año y medio de ausencia, se sentía claramente a disgusto: tan pronto sonreía demasiado como mostraba unos ojos llorosos. Los más normales, la infanta Elena y su hijo mayor, Felipe Juan Froilán. Los que conocen los intríngulis de palacio afirman: «El abuelo tiene tan poca relación con los nietos que no sabe dónde estudian o si el mayor es un gamberro».

De la ceremonia salimos confundidos y con la clara sensación de que la familia real, así, no podía seguir cumpliendo su función institucional. Las principales autoridades del país, allí presentes, tuvieron que tener por fuerza la misma impresión. Era evidente.

ImagenEl rey hizo caso omiso a esta clara descomposición familiar, declaró que lo suyo era «cuestión de tornillos», no de estar «enfermísimo» y se lanzó a visitar Marruecos. Ese viaje había tenido que ser pospuesto a primeros de año por su operación de hernia discal, y en ese momento se sintió con ánimos de hacerlo: era un trayecto corto que le traería muchos réditos, dada la importancia política de la relación entre los jefes de Estado vecinos. Zarzuela repitió sin cesar que, nueve meses después del complicado viaje a India, el rey estaba en plena forma para recuperar su «agenda exterior». Según pudimos observar en Marruecos, esa aseveración era claramente exagerada. De la misma forma que la visita a la India quedará en mi memoria por la longitud de la primera alfombra roja, el último viaje oficial a Marruecos de Juan Carlos I está para mí conformado por varias escenas aisladas: la llegada en el Falcon, del que salió con enorme dificultad, y la ternura con la que un alto funcionario le prestó su brazo a la vuelta para que pudiera subir con dignidad. Los periodistas estábamos lo suficientemente cerca como para comprobar el enorme esfuerzo que este hombre llevó a cabo para facilitar la entrada de don Juan Carlos en el avión. «Me hizo pensar en mi padre», me diría más tarde el funcionario cuando le hice ver lo difícil que debió de ser extender su brazo sin mover un músculo y sostener al monarca hasta que entró en el avión.

Ese viaje también tuvo su traspiés con una alfombra en el palacio real de Rabat, donde una mano amiga también lo sujetó con fuerza. Y finalmente, una recepción en el jardín del embajador de España, Alberto Navarro, en la que un invitado marroquí suspiró: «Qué pena verlo así. Esta será su última visita a Marruecos».

En esa recepción, el rey se arrastró a duras penas entre los invitados apoyándose en sus muletas y contestando irritado a las preguntas de los periodistas. «Ahora voy a pensar en mí», nos dijo.

Puede que así se explique que unas semanas más tarde, en agosto, cuando pasó unos días en la casa de Philip Adkins en Sussex, discutiera con CSW la posibilidad de contraer matrimonio y de que ella obtuviera el título de su alteza real Corinna de Borbón. El complicado plan implicaba aguantar un año más, llegar hasta los fastos de celebración del 40 aniversario de su proclamación en noviembre de 2015 y luego retirarse con ella en un país extranjero, apenas con un apartamento en el Palacio Real al que acudir cuando los ánimos de los españoles se hubieran atemperado respecto a ella. Era un deseo recurrente en el ánimo del monarca pero de muy difícil encaje en la realidad política y constitucional de España.

Su ilusión era que el 22 de noviembre de 2015 pudiera celebrar sus cuatro décadas en el trono [terminó firmando su abdicación el 18 de junio de 2014] antes de pasar la batuta a su hijo después de que la Justicia ajustara cuentas con su yerno y los españoles se hubiesen pronunciado de nuevo por una estabilizadora victoria del Partido Popular.

Pero todo parece indicar que el rey no se daba cuenta de que el tren había pasado de largo delante de él. A finales de agosto, a la vuelta de Sussex, unos terribles dolores le volvieron a atacar. El doctor Villamor descubrió que se trataba de la peor de las opciones: una infección en la prótesis que él mismo le había colocado en la cadera izquierda en noviembre de 2012.

La teoría, que el mismo rey ha interiorizado, de que podía haber muerto de septicemia «es ridícula», según fuentes médicas. La prueba: que durante un mes La Zarzuela debatió y organizó la mejor manera de volver a empezar. Qué opción médica tomar, y cuándo y cómo informar a los españoles de que el rey —aquel que iba a ponerse al frente de la nueva Transición española— volvía a quirófano por trigésima vez en tres años. En secreto, los planes se fueron desarrollando a lo largo del mes de septiembre, y ayudan a entender el buen humor de los príncipes de Asturias a su regreso veraniego. A finales de mes, El Confidencial desveló que médicos americanos habían estado visitando al rey, y el plan de Zarzuela de esperar hasta el último minuto para informar a los ciudadanos se tuvo que adelantar.

El viernes 20 de septiembre —¡por primera vez en la historia!—, tuvo lugar una rueda de prensa en La Zarzuela presidida por Rafael Spottorno con la compañía de tres médicos: a su derecha, dos venidos de Estados Unidos, y a su izquierda, el doctor Villamor, cuyo rostro serio dejaba intuir que algo más estaba pasando en medio de todo el tumulto.

Según me han contado, al mediodía, Villamor almorzó en buena sintonía con los médicos venidos de la clínica Mayo —Miguel Cabanela y Robert Trousdale—, Spottorno y dos miembros del gabinete de prensa. Pero a algunos periodistas no les pasó desapercibida la manera en la que Spottorno cogió a Villamor por el brazo y lo apartó del equipo médico a la hora de sentarse en la rueda de prensa. Con gran firmeza, agarró al médico del rey y le dijo: «Tú, aquí».

Una nueva partida estaba a punto de empezar.

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Jue 23 Abr, 2015 8:01 pm

Imagen

Doña Pilar sobre 'Final de Partida': "¿Creen en los cuentos de hadas?"


La periodista Ana Romero está dispuesta a dar mucho de qué hablar sobre su libro basado en la figura de nuestro Rey emérito, don Juan Carlos I. Final de Partida así es como se llama este libro que seguro dará mucho de qué hablar.

El diario El Mundo ya adelantó un poco de lo que nos podemos encontrar en esta publicación. Un Rey cansado de reinar y con unas expectativas en el amor con Corinna zu Sayn-Wittgenstein que llegaban incluso hasta los pensamientos de boda. Un libro que no sabemos si leerá las propias hermanas del monarca, aunque doña Pilar de Borbón ya ha asegurado que no.

"No leo sobre mi familia", aseguraba la propia Infanta Pilar a CHANCE. También la otra hermana de don Juan Carlos I, doña Margarita ha hablado de este libro. Sin duda, el tema de los romances del monarca emérito vuelven a la palestra.





DOÑA PILAR: "¿CREEN EN LOS CUENTOS DE HADAS?"



Doña Pilar sobre 'Final de Partida': "¿Creen en los cuentos de hadas?"

CHANCE (CH): Hola Doña Pilar, ¿cómo se encuentra?

DOÑA PILAR DE BORBÓN (DPB): (...)


CH: Sabe que le tenemos que preguntar por la publicación que ha hecho la periodista Ana Romero en el libro sobre su hermano. ¿Qué le parece todo?

DPB: ¿Qué dice?


CH: Ana Romero ha escrito un libro sobre su hermano...

DPB: No leo sobre mi familia.


CH: Es que comenta que se casaba con Corina zu Sayn-Wittgenstein...

DPB: ¡Anda ya!


CH: Que su familia no lo quería, que le obligaron a abdicar ...

DPB: Señorita, ¿cree usted en los cuentos de hadas todavía? Pues hala...


CH: Que supuestamente le obligó a Don felipe a divorciarse de doña Letizia... Gracias

DPB: (...)






DOÑA MARGARITA NIEGA QUE SU HERMANO, EL REY JUAN CARLOS, ABANDONARA EL TRONO POR QUE SE SENTÍA SOLO: "NO CREO"



Como decimos, por su parte doña Margarita de Borbón también nos ha querido ofrecer su visión sobre lo que se ha escrito en este libro, donde desvela varios frentes que el propio Rey Juan Carlos quisto tratar, como el haber pedido a su hijo que se separase de doña Letizia y también otros asuntos relacionado con sus hijas, concretamente con una en especia, la Infanta Cristina.


CHANCE (CH): Disculpe Doña Pilar, le queremos preguntar sobre lo que ha escrito Ana Romero en un libro sobre su hermano.

DOÑA MARGARITA DE BORBÓN (DMB): No tengo la menor idea, no sabia ni que existía ese libro.


CH: Explica que desde el 2010 ya se quería apartar a su hermano de la corona...

DMB: No, no tenemos ni idea.


CH: ¿Uno de los motivos era por Corinna?

DMB: Perdóneme pero no tengo ni la menor idea...


CH: Cuando dijo que se alejaba por motivos de salud, ¿no tiene nada que ver con que estuviera aislado?

DMB: No creo


CH: ¿Usted nunca ha sentido que su hermano estuviera aislado de la familia?

DMB: No por dios


CH: Decían que se sentia solo...

DMB: No, no.


CH: Que le querian quitar la ilusion con Corinna...

DMB: No.


CH: ¿Cómo se encuentra usted?

DMB: Hecha una vieja de mierda.


CH: Muchas gracias.

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Mar 12 May, 2015 12:12 am

Doña Sofía asiste a la final del torneo de tenis "Mutua Madrid Open 2015"


Imagen


Imagen


Imagen


Imagen


Imagen


Imagen

Imagen


Imagen


Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Jue 14 May, 2015 8:29 pm

Imagen


Don Juan Carlos
Aniversario de boda en el Caribe (sin Doña Sofía)

Está desde el martes en la R. Dominicana, en la lujosa urbanización Casa de Campo. Está invitado por su amigo, el magnate Pepe Fanjul, el 'rey del azúcar'. Que en un día así haya puesto tierra por medio es significativo de la situación conyugal

CONSUELO FONT



Este jueves, 14 de mayo, se cumplen 53 años de la boda de Don Juan Carlos (77 años) y Doña Sofía (76) en Atenas, cuando minutos después de las diez de la mañana los contrayentes pronunciaban el "né theló" griego y el "sí quiero" español ante el arzobispo Printesi, que las 500 iglesias de la capital celebraron repicando sus campanas. Sin embargo, un año mas, no habrá celebración, ya que el monarca emérito se encuentra desde el martes, 12 de mayo, en la República Dominicana, en la lujosa urbanización Casa de Campo.

Invitado por su amigo, el magnate Pepe Fanjul, apodado el 'rey del azúcar', que es dueño de una impresionante mansión en la zona, Don Juan Carlos asiste a una cumbre empresarial denominada 'Padres e Hijos', que se inició este miércoles y durará hasta este viernes, cuyo lema es la transición generacional en los negocios.

Allí se han dado cita las mayores fortunas de Sudamérica, ya que sus patrocinadores son el propio Fanjul, el mejicano Carlos Slim y Gustavo Cisneros, y también asisten personalidades políticas y económicas como el ex presidente español Felipe González, cuya relación con el monarca emérito es cada día mas estrecha.

A Don Juan Carlos, que a lo largo de su reinado nunca se rodeó de una corte de nobles al uso, siempre le divirtió la compañía de los miembros de la élite económica, con numerosos ceros en su cuenta corriente. Quizá por eso se encuentra a gusto en este exclusivo enclave de Casa de Campo, donde además de las mayores fortunas del continente americano, se puede coincidir con el ex presidente estadounidense Bush jugando al golf o cruzarse con el matrimonio Clinton.


La anterior escapada

Allí se escapó también a finales de febrero, invitado asimismo por la familia Fanjul, que incluso ofreció una fiesta en su honor a la que asistieron varios de los personajes mas influyentes de Estados Unidos, como la cuñada de Donald Trump o el magnate Dixon Boardman entre otros. Estaba asimismo invitada la atractiva periodista Deborah Norville, cuyo parecido con la princesa Corinna indujo al equívoco de pensar que le había acompañado en ese viaje.

Que en un día tan señalado Don Juan Carlos haya preferido poner tierra por medio es muy significativo de la situación que atraviesa su matrimonio, donde cada día se hace mas patente el abismo que le separa de Doña Sofía, de la que hace vida totalmente separado.

Ni siquiera asistió el 2 de mayo pasado a la comunión de su nieta Irene, hija de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, que se celebró en la localidad suiza de Hermance y de la que Doña Sofía fue, en ausencia de su esposo, protagonista de la foto familiar.

Aunque más llamativa fue la ausencia de celebraciones en sus bodas de oro, que tuvieron lugar en 2012 en medio del escándalo por la crisis del elefante de Botsuana, donde la fractura de cadera del monarca hizo saltar a la palestra su "amistad" con la princesa Corinna, que le acompañaba en ese viaje.

Zarzuela salió al paso informando que con motivo de ese emblemático 50 aniversario, se había celebrado un almuerzo familiar en la intimidad, aunque, dado lo tenso de la situación, muchos dudan que tuviera lugar.

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 16930
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Mensajepor Assia » Vie 15 May, 2015 6:48 am

La verdad es que ya ni Juan Carlos I es rey,ni Sofia es reina consorte. No veo ningun problema de que tengan que aparecer juntos como cuando Juan Carlo I era Jefe de Estado. Siempre se ha comentado que ese matrimonio hacian vida separadas y solo fingian estar unidos en funciones oficiales. Otra cosa es si a esas ''invitaciones'' de grandes Magnetes en el extrajero, los espanoles tienen que pagar esos viajes del ex-jefe de estado y de las escoltas que lo acompanen. Lo unico que no creo es que se divorcie Sofia y Juan Carlos. Cada cual seguira sus vidas por separados viajando con escoltas y continuando 1 vida por todo lo alto mientras los espanoles no protesten y digan, BASTA YA DE TANTAS DIVERSIONES A COSTA DE LOS CIUDADANOS.

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Dom 31 May, 2015 1:04 am




Don Juan Carlos y Doña Sofía
Un año separados "de hecho"

El 2 de junio se cumple un año del anuncio de la abdicación de Don Juan Carlos. Ahora, tanto él como Doña Sofía van por libre y no se preocupan en ocultar que ya no funcionan como matrimonio

CONSUELO FONT



Este martes 2 de junio se cumple el primer aniversario de uno de los acontecimientos más importantes de la década, el anuncio de la abdicación del Rey Juan Carlos, a sus 76 años, ante las cámaras de televisión. Un año después del emotivo momento, la imagen de nuestra Familia Real ha sufrido un vuelco. En especial, la del matrimonio de Don Juan Carlos y Sofía, cuya separación "de hecho" es una realidad palpable, que ya no se preocupan en ocultar.

Basta comprobar que desde la proclamación de su hijo Felipe VI el 19 de junio de 2014 no habían vuelto a coincidir públicamente en familia hasta este 20 de mayo en la comunión de su nieta Leonor. En estos once meses, sin embargo, ha sido frecuente pillar a cada uno por su lado: el Monarca emérito en sus rutas gastronómicas al más puro estilo Michelin, en los toros o en sus viajes en solitario por el globo (el último a República Dominicana, donde el 14 de mayo pasó su aniversario de boda lejos de esposa). Por su parte, Doña Sofía se ha dejado ver en actividades benéficas, y también durante las vacaciones en Mallorca, sin su marido, o acompañada de la familia, sobre todo de Don Felipe, Doña Letizia y sus hijas, Leonor y Sofía, con las que, por ejemplo el pasado fin de semana, acudió a ver el Circo del Sol.

Si nos remitimos a su agenda institucional, las estadísticas son igualmente demoledoras, ya que de los 44 actos oficiales que han protagonizado desde la proclamación de Felipe VI, 40 lo han hecho por separado: 17 Don Juan Carlos y 23 Doña Sofía; sólo cuatro juntos. Se limitan al día de la Cruz Roja, en octubre, en el que el Monarca emérito acudió a dar un donativo a la mesa petitoria de su esposa, y tres ocasiones más en diciembre: la presentación del cuadro de la familia real pintado por Antonio López, las honras fúnebres de Fabiola de Bélgica y el funeral por la duquesa de Alba el 15 de diciembre, su último acto juntos.

Algo llamativo si se compara con su etapa en activo, ya que la semana antes de anunciar la abdicación, en sólo cuatro días, del 24 al 28 de mayo, protagonizaron tres actos conjuntos, casi uno por día, pues acudieron en Lisboa a la final de la Champions entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, recibieron al mandatario de Panamá y presidieron los premios que llevan el nombre del Rey. Todo lo cual indica que esa escueta mención que dedicó Don Juan Carlos a su esposa al anunciar su abdicación "su colaboración y generoso apoyo no me han faltado nunca", fue también su "agradecimiento a los servicios prestados" en la vida institucional, prácticamente el único lazo que les unía.


SEPARACIÓN EVIDENTE

Su separación cada día se hace más evidente.En septiembre, el diario italiano 'La Repubblica' ya publicó que los padres de Don Felipe emitirían "en un futuro cercano" un comunicado "para informar de su separación definitiva", previa al divorcio. Según dicho periódico, Don Juan Carlos, que por primera vez no pisó Marivent ese verano, "no veía a Doña Sofía desde mediados de julio". La explicación era que la abdicación había acabado con la necesidad de "ocultar la realidad", esto es, que residían en distintas alas de Zarzuela, que su único vínculo eran los actos oficiales, y que al Rey se le había relacionado con otras mujeres, sobre todo la princesa Corinna, mientras la Reina aguantaba en silencio sus infidelidades.

Un "secreto a voces" que encaja con las vicisitudes vividas por este matrimonio, que se fraguó en 1961 en la boda de los duques de Kent. En ese momento, Don Juan Carlos era consciente de que su enlace con una princesa de sangre real era condición indispensable para que Franco le designara sucesor "a título de Rey." Según un personaje allegado a su círculo, "no fue una imposición, pero su elección era muy limitada, y de entre las candidatas posibles, eligió la que mas le gustó, que fue Sofía".

En un principio, la unión funcionó, pese a estar cimentada en un breve noviazgo por carta de dos desconocidos. Pero, aparte de los tres hijos que vinieron al mundo, las infantas Elena (1963), Cristina (1965) y el ansiado varón, Felipe (1968), la pareja luchaba por un objetivo común: recuperar el trono. Algo en lo que Doña Sofía apoyó como una jabata a su marido, ayudándole a tragar los sapos que le servía el régimen del Caudillo, y que tuvo lugar tras morir Franco el 22 de noviembre de 1975.

En ese momento, con 13 años de matrimonio a sus espaldas, los desencuentros ya habían hecho mella en estos dos seres que ni siquiera hablaban el mismo idioma, de hecho Doña Sofía aún pronuncia el castellano con fuerte acento. Educada en la rigidez germánica, culta, esotérica, muy familiar y chapada a la antigua, vivía en un paraíso personal un tanto naíf. Allí no tenían cabida los 'borboneos' de faldas de su latino esposo, un hombre listo y de corazón noble, pero muy apasionado, que aplicaba sus dotes de encantador de serpientes tanto para ganar adeptos y consolidar la Corona, como para conquistar a las damas.

La Reina no se enteraba, o no quería enterarse, como atestigua uno de sus colaboradores. "Doña Sofía no quería ver la realidad hasta que se abrió la veda en los medios de comunicación y empezaron a salir a la luz nombres femeninos que ella creía flor de un día. Aunque quizá no le interesaba darse por enterada, pues bajo su apariencia inocente, se esconde una mujer con gran dosis de ambición, a la que le encanta el poder, el estatus económico y el tipo de vida que proporciona ser esposa de rey".


MUY ENAMORADA

Pese a todo, parece que seguía enamorada hasta las trancas, según reveló en la década de los noventa a esta redactora alguien tan cercano como el fallecido Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa Real. "Su ilusión sería que un día el Monarca le dijera: venga, Sofi, arréglate, y la llevase a cenar los dos solos como una pareja de novios".

En realidad, tenían ya poco de pareja, pero Doña Sofía seguía siendo la esposa, y sobre todo, la Reina a ojos de todos, por lo que se volcó en su tarea de consorte. Una "gran profesional", como la calificaba su marido, que quizá ambicionaba en secreto que los años y los achaques reconducirían su matrimonio hacia una jubilación tranquila. Claro que eso ocurrió antes de irrumpir en escena la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, cuya "amistad entrañable" con Don Juan Carlos se inició a principios del año 2000. 27 años más joven, representaba quizá ese ultimo tren al que los hombres se aferran antes de iniciar la cuesta abajo.

El huracán Corinna, una mujer de armas tomar, dio el golpe de gracia a una unión más institucional que real, cimentada en la agenda de actos de la Corona. De hecho, cuando Don Juan Carlos fue operado de pulmón en Barcelona en 2008, testigos presenciales aseguran que la alemana "destronó" a Doña Sofía de la habitación del Clínico, lo que motivó que el Rey abandonara el hospital solo, ante la extrañeza de la prensa allí congregada.

Hasta ahí se mantenían mal que bien las apariencias, pero cuando en abril de 2012 Don Juan Carlos se rompió la cadera en Botsuana y saltó a la palestra el nombre de Corinna, que le acompañaba, se hizo añicos el montaje que, de puertas afuera, sostenía el matrimonio. Doña Sofía, humillada ahora también públicamente, desenterró su hacha de guerra, desatándose un Kramer contra Kramer, que se trasladó al plano familiar, aderezado con el escándalo Nóos y la imputación de Urdangarin y la Infanta Cristina.

Según la fuente antes citada, "fue extraño que saliera a la luz tanto detalle del viaje a Botsuana, otras veces se habían tapado esas escapadas del Rey, por eso me pregunto si pudo haber una mano negra en Zarzuela". Don Juan Carlos tampoco se cortaba en arremeter contra su esposa, como atestigua este personaje. "En esos días, la Reina fue fotografiada en Londres con bolsas de marcas lujosas, lo que le molestó mucho, pues cuida bastante su imagen de sobriedad. No imaginaba que el soplo había partido del entorno de su propio esposo".

Lo que indica que seguían compartiendo trono, pero ya no estaban en el mismo barco. Mientras el Rey contemplaba estupefacto como su excelente imagen se desangraba en las encuestas, Doña Sofía se convirtió en el miembro de la Familia Real más valorado, junto con su hijo Felipe. Fue entonces cuando en el entorno de Casa Real surgieron voces a favor de la abdicación para salvar la Corona, algo traumático para un hombre que pensaba morir con las botas puestas. "No hay que descartar que se esté preparando a la opinión pública para ello".

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Vie 05 Jun, 2015 5:28 pm

Imagen

Juan Carlos quiere evitar que Sofía herede su cuantiosa fortuna reservada para Corinna

Crece la preocupación en La Zarzuela ante el insistente deseo del Rey emérito de impedir que su esposa Sofía, con la que no mantiene relación alguna, disfrutase de la parte de la herencia que por ley le corresponde si Juan Carlos falleciese antes.

Un mil millonario legado que ya está estudiando un conocido despacho de abogados para que su actual amante, la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, pueda heredar una parte sustancial de la inmensa fortuna que Juan Carlos ha ido amasando durante cuarenta años fruto, en su mayor parte, de las comisiones por el petróleo que España importa de los países árabes.

Que el matrimonio Juan Carlos y Sofía estaba roto desde sus primeros años era conocido por buena parte de los españoles, que durante años sabían de los escarceos del Rey mientras la prensa era cómplice con su silencio. En las revistas extranjeras, Juan Carlos se dejaba fotografiar con diferentes mujeres sin ningún recato. En Mallorca durante los veranos era de dominio público que el Rey frecuentaba a una conocida dama de nombre Marta, y era normal ver a la pareja en restaurantes.

Diferentes fuentes entienden que dado que dicha fortuna se encuentra depositada en entidades bancarias fuera de España, Juan Carlos puede transferir fondos sin traba legal alguna a empresas domiciliadas en paraísos fiscales y cuya titular última fuese Corinna para que ésta pueda disponer libremente de la fortuna sin tener que soportar el trámite de la herencia.

Corinna, por su parte, se vería obligada a aceptar una serie de condiciones para el uso y disfrute de la lluvia de millones. Esas condiciones son las que está redactando un conocido despacho de abogados madrileño.

Sería una fórmula con la que evitar la oposición legal de Sofía de Grecia y los tres hijos legítimos que, lógicamente, podrían indagar el origen del dinero y demostrar que la titularidad inicial era de Juan Carlos de Borbón. Dado que Juan Carlos gozó de inmunidad judicial mientras fue Rey y la fortuna se formó en esa época, no habría juzgado que tramitara la denuncia, pero el escándalo estaría servido.

Esa es la segunda patata caliente que Zarzuela debe controlar. Ya se produjo un pequeño escándalo en marzo del pasado año cuando se supo que Juan Carlos había heredado varios millones de euros de su padre, don Juan De Borbón, y que se encontraban depositados en un banco suizo. Además Zarzuela no pudo probar que se habían pagado a la Hacienda Española los correspondientes impuestos, lo que fue silenciado por la prensa a petición de Moncloa y de la propia Zarzuela.

También está dando quebraderos de cabeza en Zarzuela el empeño de Juan Carlos en que se le encarguen misiones diplomáticas y de representación en actos internacionales, tomas de posesión de nuevos presidentes. Y sobre todo, que sea designado para ir en nombre de España a misiones económicas en países árabes, donde su figura es muy respetada y considerada por la mayoría de los jeques, de los que sigue recibiendo valiosísimos regalos, como el automóvil serie limitada Maserati Quattroporte valorado en más de 150.000 euros, que luego le vendió en el 2009 al entonces presidente de CEIM, Arturo Fernández.

En Zarzuela tienen claro que no es correcto que ejerzan dos reyes de España simultáneamente, ya que no se entendería la figura de Felipe VI si quien viaja al extranjero en misiones diplomáticas o de representación es otro Rey, al que conocen de toda la vida y que se supone que hace un año abdicó. Se quiere convencer a Juan Carlos que debe de dejar de representar a España, y cuando este argumenta que también hay dos Papas, uno ejerciendo y otro emérito, como es su caso, se le responde que Benedicto XVI está recluido en un convento y nada se sabe de sus actividades, porque no las ejerce.

Un nuevo escándalo con una fortuna mil millonaria y Corinna de por medio no sería fácilmente silenciado por las presiones gubernamentales, teniendo en cuenta que a partir de noviembre, y según apuntan los sondeos, gobernarán partidos más radicales y de izquierda.

En plena batalla contra la corrupción y con la totalidad de las formaciones políticas enarbolando la bandera de la regeneración y la transparencia, la herencia del Rey emérito es un torpedo a la línea de flotación del nuevo modelo de Monarquía instaurado por Felipe VI.

El nuevo Rey, en su brillante discurso de proclamación ante las Cortes ahora hace un año, señaló que “sólo con una conducta íntegra, honesta y transparente la Corona se hará acreedora de la autoridad moral necesaria, porque hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren nuestra vida pública”.

Cada vez cobra más fuerza entre fuentes cercanas a La Zarzuela que cuando Juan Carlos termine de dar la vuelta al mundo, como un jubilado de súper lujo, pasará temporadas en Madrid, pero no en Zarzuela. Vivirá con Corinna en el chalé que se han construido en una parcela de Somosaguas, en una exclusiva y privada urbanización y con vecinos de postín, como los Botín, los González, los Aznar, Bosé...

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Vie 31 Jul, 2015 3:13 am



Las Amantes Secretas del Rey. Extracto de la entrevista a Manuel Galiana sobre la publicación de su libro " ! Hasta Nunca Juan Carlos ! ".

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Jue 13 Ago, 2015 2:22 am

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 16930
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Mensajepor Assia » Jue 13 Ago, 2015 7:48 am

jA,jaaa haaa, honestamente,nunca me han gustado las declaraciones de Barbara Rey. Las he encontrado controvertidas,polemicas y a veces ha cambiado lo que dijera en 1 revista y lo que despues dijera en otra revista.

La verdad.? Creo sinceramente que Barbarta Rey miente cada vez que es entrevistada.Pero creo sinceramente que en esa entrevista ha dicho la verdad cuando ha comentado algo asi de que la filipina tendra que llevar donde vaya arrastrando a ese viejo de Varguitas. No obstante, por el presente, pese a que la filipina tenga que seguir arrastrando a Varguitas de 1 sitio para otro,cuando el pobre Varguitas necesita descanso y tranquilidad,
Varguitas se dejara arrastrar por los huesos anejos de la filipina porque eso es lo que dara GRANDES CHEQUES A LA FILIPINA EL ARRASTRAR A VARGUITAS DE 1 SITIO PARA OTRO. EL PROBLEMA ESTARA CUANDO LOS DE LA PRENSA BASURA LES GRITE A CORO A VARGUITAS EL MISMO ESTRIBILLO:"DE TU BODA QUE...?'' EL POBRE VARGUITAS CONTESTARA CON EL OTRO GASTADO ESTRIBILLO: '' DE MI BODA ''NAAA,'' SOLO ESTOY SEPARADO Y ESO ES LO UNICO QUE DEBO DE DECIR DE MI VIDA PRIVADA.

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Dom 20 Sep, 2015 2:38 am

Imagen

La Reina pasea por Palma el pasado 8 de septiembre


REINA SOFÍA
TRES MESES DE VERANO EN SOLEDAD EN MARIVENT

Llegó a Palma el pasado 26 de junio con su hermana Irene. Ha permanecido tres meses allí, donde le gustaría retirarse algún día. Por las calles de la ciudad la han visto pasear sola como cualquier lugareño. Su gran alegría fue juntar a sus ocho nietos en la isla. El próximo lunes vuelve a la vida pública con un acto en Málaga. Su soledad contrasta con la vida de Don Juan Carlos, que no ha parado de viajar en todo el verano. Los Reyes eméritos sólo han coincidido dos veces en un año, escenificando así la ruptura de un matrimonio que sigue casado sobre los papeles. Don Felipe se preocupa de que la agenda de su madre tenga actos, ella lo necesita. “Le encanta el protagonismo y recibir el cariño de la gente”, cuentan desde su entorno a La Otra Crónica.

CONSUELO FONT


El pasado 8 de septiembre, se pudo ver a la Reina Sofía (76). Salió dando un paseo por el céntrico paseo del Borne, en Palma de Mallorca. Iba sola, seguida a prudente distancia por sus escoltas. Pero lo curioso era la imagen tan insólita que ofrecía: ataviada con alpargatas, portaba un enorme paraguas para protegerse del sirimiri que caía. Quien no conociese a la Soberana, la habría tomado por una jubilada solitaria.

Sorprendente imagen y también sorprendente su presencia por las calles de Palma, ya que Doña Sofía lleva una larga temporada desaparecida. Será la mañana del próximo lunes, 21 de septiembre, cuando está previsto que reaparezca en Málaga. Un acto que significará su rentrée oficial tras los casi tres meses de estancia en Mallorca.

El último acto oficial de los 38 que ha presidido la Soberana desde la abdicación fue el 19 de agosto en Palma. El resto de la temporada estival ha permanecido en Marivent. Incluso al margen de la vida oficial, la Soberana se ha prodigado públicamente menos que otros veranos.


TRES MESES DE VERANO

Según revelan en su entorno, ha permanecido la mayor parte del tiempo en Marivent, donde se instaló el 26 de junio pasado junto a su hermana Irene. Solo ha hecho alguna escapada esporádica, como el pasado 18 de julio, cuando asistió en Belgrado al 70 cumpleaños de su primo Alejandro de Yugoslavia.

En Marivent, durante este larguísimo verano, pudo disfrutar de sus ocho nietos, a los que logró reunir al completo el primer fin de semana de agosto, motivo por el cual organizó una animada merienda juvenil en el palacio. Tras esa fecha, fueron desfilando por turnos. Primero los cuatro hijos de Urdangarin y la Infanta Cristina, posteriormente Leonor y Sofía, que se fueron con Don Felipe y Doña Letizia de vacaciones privadas y los últimos Froilán y Victoria Federica, que se unieron a Don Juan Carlos en el País Vasco junto a la Infanta Elena y posteriormente se marcharon con su padre, Jaime de Marichalar, a Sotogrande.

Doña Sofía, que siempre lo pasa fatal con estas separaciones, permaneció en Mallorca con la única compañía de su hermana Irene, su prima Tatiana Radziwill y su marido, el doctor Froucheau, incondicionales suyos, que pasan con ella sus vacaciones. Cuando se van sus hijos y nietos, apenas sale y pasa la mayor parte del día en la enorme terraza ubicada en la planta superior de Marivent , donde desayuna, come y cena contemplando ese Mediterráneo que tanta paz le da.

Dicen que si por ella fuera, se retiraría allí. Ahora tiene tiempo para enfrascarse en las cuestiones que más le preocupan, como el día a día de su fundación, en especial el proyecto Alzheimer. Además se entretiene con su ordenador, escucha música clásica, o incluso lee algún libro en formato digital, que ha prendido a descargarse.


JUAN CARLOS, DE TOUR

En Mallorca, una isla que le entusiasma porque le recuerda a su Grecia natal, logra desconectar de todo y hasta sobrelleva mejor su caballo de batalla, que es la soledad. Un verano más, Don Juan Carlos no ha pisado la isla, aunque a diferencia de su esposa no para de salir en los papeles. Estas vacaciones se le ha visto en Saint Tropez, en Suecia, en la isla de La Palma, en San Sebastián y en Sanxenxo.

Por cierto, nunca acompañado por su esposa, y es que en lo que va de año 2015, a Don Juan Carlos y a Doña Sofía solo se les ha visto públicamente juntos en dos ocasiones: la comida que ofrecieron el 19 de junio junto a los Reyes en el primer aniversario de la proclamación de Don Felipe, y la primera comunión de su nieta Leonor el 25 de mayo. Lo que corrobora una separación cada día mas “real”, pese que Zarzuela no la rubrique con comunicado oficial.

Doña Sofía, en estos quince meses como emérita ha desarrollado mayor actividad que su marido, que ha protagonizado 37 actos institucionales frente a los 25 de Don Juan Carlos. Algo que tiene que ver, según su entorno, con la preocupación que siente su hijo, Felipe VI, ante el vacío de una mujer que no tiene amigos, salvo su hermana y su prima Tatiana, ve a sus nietos menos de lo que desearía, y ni siquiera le queda una pareja en la que apoyarse.

Tal como asegura un colaborador suyo: “En realidad, cuando habla de retirarse a Marivent lo dice con la boca pequeña, a Doña Sofía le encanta el protagonismo, y recibir cariño de la gente. Ahora anda ya enfrascada en preparar su viaje a Málaga de este lunes, que es en el fondo lo que le da la vida”

Avatar de Usuario
Assia
de Melbourne
de Melbourne
Mensajes: 16930
Registrado: Mar 29 Dic, 2015 2:19 am
Flag: Australia

Mensajepor Assia » Dom 20 Sep, 2015 5:09 am

Bueno, no se si estare equivocada porque a mi esto de las monarquias me interesan muy poco. Pero creo a la ex-reina Sofia no e le conoce que haya tenido amigas. Creo que en algunos cosas es como su prima la reina de Inglaterra que tan poco se le ha conocido nunca amigas. No se,esto es 1 opinion. Pero creo que se esta escribiendo mjucho sobre la soledad de la Sofi cuando ella nunca ha querido tener amigas y lo mismo le ha pasado a Isabel II de Inglaterra. Sera que tyo no me he enterado,pero jamas he oido decir que la Sofi como su prima inglesa hayan tenidos amigas.

Avatar de Usuario
Invitado

Mensajepor Invitado » Sab 03 Oct, 2015 11:27 pm

Imagen


REINA SOFÍA
POR PRIMERA VEZ SU VIDA SUBE A LOS ESCENARIOS

El Teatro Español prepara un monólogo sobre la Reina. Se estrenará en primavera y aún se busca actriz para encarnarla. Personas que la conocen bien han hablado con el autor

JOSÉ LUIS ROMO


En la presentación de temporada del Teatro Español de Madrid, celebrada el pasado miércoles, un nombre propio en el programa llamaba la atención: Sofía. Es el título de un monólogo que se podrá ver desde el próximo 31 de mayo en la sala Margarita Xirgú de la institución madrileña. Pese a que en el programa no se especifica su apellido (Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg), se trata de Sofía de Grecia, la Reina emérita de España. Sí, por primera vez, la madre de Felipe VI será la protagonista de una obra de teatro.

No se trata de un acercamiento en clave de parodia como el que perpetrase Toni Albà en La familia irreal, sino de un intento por mostrar a la mujer que ha llevado la Corona española durante casi tres décadas y que, para muchos, sigue siendo un misterio. El autor del libreto es Ignacio García May, quien también se encargará de dirigir el espectáculo. Ganador del premio Lope de Vega por Alesio, el dramaturgo está buceando a fondo en la figura de Doña Sofía. La idea es dar voz a la mujer, no a la reina, ante algunos de los grandes dilemas que han acontecido en su vida. “Se trata de hacer con ella lo que los británicos hicieron en The Queen con Isabel II”, comentaba a LOC hace unos días Juan Carlos Pérez de la Fuente, quien insiste en su idea de que el teatro debe estar pegado a la actualidad.

Según ha podido saber este suplemento, desde el teatro ya han llevado a cabo reuniones confidenciales con fuentes que conocen íntimamente a la Monarca de España para que les ilustren sobre el lado más íntimo de la reina. De hecho, en Zarzuela ya tienen conocimiento de este espectáculo, pero no quieren entrar en valoraciones.

Por la breve lectura de un pasaje que García May hizo en la presentación de temporada del Teatro Español, uno de los temas que estará presente en el montaje es la fascinación de Doña Sofía por fenómenos sobrenaturales como la transmigración de las almas. Los otros aspectos que se revelarán sobre ella son aún un misterio, al igual que la intérprete elegida para encarnarla. Aún no hay una actriz confirmada para el proyecto. Marisa Paredes ha sido la última en darle vida, ¿podría repetir? Quién sabe, hay varias opciones sobre la mesa.

Mientras todo esto ocurre, la Reina continúa con su vida de compromisos por separado de su marido. Ayer mismo, acompañaba a Doña Letizia en una de las mesas de la Cruz Roja en el Día de la Banderita, donde gozó del cariño de muchos ciudadanos que quisieron saludarla. Si estos días está nerviosa por cómo será retratada sobre las tablas, es una incógnita. Ella al teatro acudía, fundamentalmente, para escuchar música.




Volver a “La Casa Real”