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Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


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Mensajepor Invitado » Dom 20 Dic, 2020 9:59 pm

Hay que remolacharse, ahora va a resultar que el Emérito es forero, brujis-croquetis, que anda que no hueles a distancia.

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Mensajepor Invitado » Dom 20 Dic, 2020 10:18 pm

Invitado escribió:Hay que remolacharse, ahora va a resultar que el Emérito es forero, brujis-croquetis, que anda que no hueles a distancia.



Opina lo que te dé la gana de cada tema, pero deja en paz a los foreros, so pesada

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Mensajepor Invitado » Dom 20 Dic, 2020 11:26 pm

Que estás muy vista, Evarista, por mucho que escondas la escoba se te detecta a distancia, tía lista.

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Maria Concepcion

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Mensajepor Maria Concepcion » Mar 12 Ene, 2021 1:14 pm

UNOS SUBEN, OTROS CAEN: FELIPE DE BÉLGICA VENCE Y CONVENCE EN EL "ANNUS HORRIBILIS" DE MÁXIMA Y GUILLERMO

Mientras el rey de Países Bajos se desploma en las encuestas, el monarca belga atraviesa el mejor momento de popularidad de su reinado.

La reina Isabel II y Felipe VI no son los únicos monarcas europeos que han vivido un año complicado. En el año del "Sussexit" y la marcha de don Juan Carlos a Emiratos Árabes Unidos, la popularidad de Guillermo Alejandro I, rey de Países Bajos, se ha desplomado más de veinte puntos hasta caer por debajo del aprobado. Mientras que el pasado abril un 76% de la población neerlandesa decía confiar en él en una encuesta encargada por el programa Nieuwsuur de la televisión pública de Países Bajos, en el último sondeo, publicado por ese mismo programa esta semana, esa cifra es del 47%. Al mismo tiempo, el número de neerlandeses “muy descontentos” con la actuación del rey ha subido del 3 al 14%.

El baile de cifras se debe al comportamiento de la familia real holandesa durante la pandemia. El pasado mes de octubre, tanto Guillermo Alejandro I como la reina Máxima se vieron obligados a pedir disculpas por un reciente viaje a Grecia que habían realizado con sus hijas la misma semana que el Gobierno acababa de urgir a los ciudadanos que se desplazaran lo menos posible. Tras la polémica generada, la familia Orange decidió abortar sus vacaciones y regresar a Países Bajos, pero ya era tarde. Y más teniendo en cuenta que en agosto los reyes ya habían cometido un error similar durante otras vacaciones en Grecia, país en el que poseen una residencia de recreo. Guillermo Alejandro I y Máxima se fotografiaron con el dueño de un restaurante sin mascarilla y sin guardar la distancia social, una torpeza por la que ya tuvieron que pedir disculpas a través de un comunicado.

“Me dirijo a vosotros arrepentido de corazón”, dijo el rey tras el viaje de octubre. En su insólito video, el monarca reconoció que ni él ni la reina son infalibles, pero también recordó que durante la pandemia habían hecho todo lo posible para ayudar a las personas afectadas. Así lo cree el 40% de los encuestados, que dicen creer que la familia real se ha mostrado solidaria durante la pandemia frente al 20% que considera lo contrario. Sin embargo, hasta casi dos tercios de los neerlandeses creen que el viaje a Grecia fue poco sensato, y de ahí el desplome de la popularidad del rey.

La suerte de Guillermo Alejandro I de Países Bajos contrasta con la de Felipe I de Bélgica, coronado rey en 2013 al igual que aquel. Nombrado por primera vez una de las personalidades del año por el periódico flamenco Het Niewsblad, el segundo más leído de Bélgica, Felipe I ha dejado atrás la imagen de “torpe” o “inepto” que tuvo como príncipe heredero para “reanimar” la monarquía y hacerla “viable”, asegura recientemente dicho diario. “De Felipe el Bobo, a un rey ejemplar”, titulaba también este verano De Morgen.

Felipe I, que hace unos días dedicó la integridad de su discurso a hablar de la crisis del coronavirus, ha tenido una presencia muy destacada durante la pandemia y ha involucrado a sus hijos en varias campañas de reparto de alimentos o de llamadas telefónicas a las residencias de ancianos del país, pero su tirón de popularidad se explica porque además ha logrado capear un año que tampoco ha sido fácil para su familia.

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Uno de sus aciertos fue su condena a los crímenes cometidos en el Congo durante la colonización belga. En una carta dirigida el pasado mes de junio al presidente congoleño Félix Tshisekedi, Felipe I expresó su “más profundo pesar” por “los actos de violencia” y “el sufrimiento” infligidos a este país africano durante el reinado de su antepasado, el rey Leopoldo II, cuyas estatuas habían comenzado a atacar los manifestantes antirracistas belgas en el contexto de las protestas por la muerte de George Floyd en Estados Unidos. Felipe I se convirtió así en el primer monarca de Bélgica en condenar la violencia en el Congo, algo que ni su padre, Alberto II, ni su tío Balduino I hicieron durante sus respectivos reinados.

Otro de los aciertos del rey fue recibir en palacio a su hermana Delphine Böel, quien tras una larga batalla judicial fue reconocida legalmente como hija biológica de Alberto II. Tiempo después, también éste se reunió con ella, pero fue Felipe I quien rompió el hielo y dio la bienvenida a la familia a Delphine, hoy princesa de Bélgica al igual que sus otros hermanos. Eso detuvo el torrente de noticias negativas sobre la familia real y consiguió ese equilibrio entre cálido padre de familia y rey ejemplar que, como bien sabe Isabel II por su hijo Andrés y el príncipe Harry, o Felipe VI por don Juan Carlos, tan complicado es de mantener a veces.

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“Delphine y el Congo son dos capítulos dolorosos en la historia de la familia real. Dos capítulos que el rey Felipe no escribió, pero que se ha encargado de rectificar con efectos secundarios positivos”, escribía hace unos días el corresponsal en realeza Wim Dehandschutter en Het Niewsblad. Felipe I ha trabajado este año en su “autoridad moral, el arma más importante con el que cuenta un rey”, añade este experto, y precisamente eso es lo que los neerlandeses le afean al suyo: yéndose de vacaciones cuando se pedía a los ciudadanos que limitaran sus viajes a lo estrictamente necesario, Guillermo Alejandro I ha fallado como autoridad moral.

"Y pensar que toda su vida fue visto como un torpe, un inepto, una amenaza para la monarquía más que una fortaleza. El rey Felipe está creciendo en su papel”, concluye Wim Dehandschutter.




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