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Las últimas noticias de la Realeza. Monarquía vs. República
¿Cuánto reinarán Felipe VI y Letizia?


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Mensajepor Portuguesa » Dom 06 Ago, 2017 9:19 pm

Juguetes de peluche, fotos de familia y un retrato de una princesa: Imágenes finales de la casa de Diana días después de su muerte.

Las fotos fueron tomadas por el mayordomo Paul Burrell de Diana dentro de los apartamentos privados 8 y 9 de Diana en el palacio de Kensington.

http://i4.mirror.co.uk/incoming/article ... 175116.jpg

Las fotos de la familia de sus amados hijos alinean las paredes.

Su propio retrato está cerca, una colección de peluches cubre un sofá.


Estas fotografías en movimiento dentro de los apartamentos privados de Diana 8 y 9 en el Palacio de Kensington - tomada unos días después de su muerte en 1997 - ofrecen una visión única de su mundo.

En el salón grabó su entrevista Panorama con Martin Bashir, diciendo: "Me gustaría ser una reina de los corazones de la gente".

En la sala de estar vio televisión con los príncipes William y Harry. Sus paredes del vestuario están cubiertas con sus cuadros.

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Su colección de juguetes - incluyendo una rana que ella hizo como un niño - se sientan en el sofá de su dormitorio.

Otro chasquido muestra el pasillo donde estaba su ataúd la noche antes de su funeral.

Las fotos fueron tomadas por el mayordomo Paul Burrell de Diana.

http://i3.mirror.co.uk/incoming/article ... 175114.jpg


http://i3.mirror.co.uk/incoming/article ... 175128.jpg


Anoche dijo: "Cuando la Princesa murió, sentí que era apropiado registrar dónde había vivido, pasó gran parte de su vida matrimonial y crió a los Príncipes.

"Estos interiores fueron elegidos por la Princesa.

"Este era el lugar que ella llamaba casa.

Poco después de su muerte, su memoria fue borrada del Palacio de Kensington.


http://i3.mirror.co.uk/incoming/article ... 175125.jpg

http://i2.mirror.co.uk/incoming/article ... 175131.jpg


http://i3.mirror.co.uk/incoming/article ... 055JPG.jpg

"Los apartamentos 8 y 9 fueron desnudados en las paredes y pisos desnudos y cada rastro de ella fue removido".

Los apartamentos - una vez que Charles y el hogar de Diana marital - son ahora muy diferentes después de una renovación de dos años y ahora son la sede de la oficina de caritativa y las operaciones de negocios encabezada por William, Harry y la Duquesa de Cambridge.

Paul Burrell añadió: "Este es mi recuerdo y recuerdo personal de un lugar donde viví y trabajé con este ser humano único e inspirador, mi amiga Diana".

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Re: MONARQUIA INGLESA - Noticias sobre los Winsor

Mensajepor Assia » Lun 07 Ago, 2017 10:26 am

El homenaje que querian hacerle a Lady DI por sus 20 anos de fallecida, se esta convitiendo en 1 pitorrero. No solo el canal 4 britanico esta pasando 1 documental con declaraciones grabadas de Lady Di que es incompresible que grabara cintas de su intimidad, es que ahora en todo ese escandalo ha salido 1 Sr. anciano que dice ser padre del chofer que conducia el Mercedes y murio en el accidente con Lady Di y su amante, diciendo estupideces a cambio de pagne...? Lo mas probable. El padre de Henri Paul, ha comentado a la prensa basura britanica que sabia que Scotland Yard querian asesinar a Lady DI. Scotland Yard se dedica a asesinar gente.? Crei que el trabajo de Scotland Yard era dedicarse a resolver crimenes. En fin, Sr. papa de Paul Henri, le recomiendo leer: ''THE TRINITY SIX'' por el autor Charles Cumming, pese a que es 1 libro ficcion esta basado en el trabajo de los de MI5 y MI6 britanicos. Y lo mas importante de este libro es la introduccion que no es ficcion, nombra con nombre y apellidos a intelectuales brillantes britanicos como Sir Anthony Blunt que estas brillantes mentes fueron espias para pasar informacion a los servicios secretos rusos. Ninguno lo hicieron ni por pagne, ni por acostarses con mujeres espias guapas, Todos traicionaron a su pais por pura ideoligia marxista.
Dejad en paz descansar a Lady Di que lo mejor que se puede decir de Di, es que tenia 1 leve problema mental.
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Mensajepor Portuguesa » Lun 07 Ago, 2017 4:28 pm

Eu penso que a princesa Diana era muito jovem quando se casou com um homem que não queria nada com ela. Deve ser muito difícil estar com um homem que amamos e sabermos que esse homem ama outra mulher. Ela deve ter sofrido muito.

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Re: MONARQUIA INGLESA - Noticias sobre los Winsor

Mensajepor Assia » Lun 14 Ago, 2017 3:12 am

Segun la pagina del canal 9 australiano,la reina de Inglaterra tiene ya decidido abdicar y pasar la corona a su lerintimo heredero el Principe Carlos de Gales. Aunque no nos dice exactamente la fecha si que nos habla de que mas o menos sera en breve.1 Vez mas te equivocaste Penafiel con tu frase de '' UN REY MUERE EN LA CAMA'' disculpad si no recuerdo textualmente la frase de Penafiel.
Assia

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Mensajepor Invitado » Mié 16 Ago, 2017 1:16 am


El príncipe Carlos y Lady Di, en 1991 en Gibraltar, época en la que todavía tenían relaciones cada tres semanas.


Lady Di y el sexo

Veinte años después de su muerte, se emiten vídeos de la princesa en los que se muestra su traumática vida íntima con Carlos de Inglaterra

EDUARDO ÁLVAREZ


En marzo de 2004, el semanario Sunday People se asomaba a los quioscos con el titular "Diana, bomba sexual". Eran los tiempos en los que la prensa sensacionalista británica atribuía a la princesa, fallecida ocho años antes, una interminable ristra de amantes. Ya era vox populi que la mujer a la que el príncipe Carlos había llevado al altar -"el matadero", como ella lo definió- disfrutó de los placeres de la carne con muchos más hombres de los que pudo imaginar en su acomplejada niñez. Militares, deportistas, empresarios... habían estrechado sus brazos a una princesa del pueblo que, desde que se dio cuenta, nada más casarse, en julio de 1981, de que su boda era un error, y hasta su fatídico accidente mortal, el 31 de agosto de 1997, se dedicó a buscar desesperadamente el amor, con obsesión enfermiza.

El desamor del heredero británico hizo muy infeliz a Diana. Y el sexo, la traumatizó. Es una de las conclusiones que cabe extraer de la emisión en el Reino Unido del polémico documental Diana, en sus propias palabras, que ha batido récords de audiencia en Channel 4. En vísperas del 20º aniversario del fallecimiento de Lady Di, el canal se ha atrevido a proyectar vídeos y grabaciones de audio que capturó entre 1992 y 1993 su entonces profesor de dicción, Peter Settelen, a modo de ejercicios prácticos. En estos registros inéditos, la princesa -que, mientras hablaba a corazón abierto, todavía estaba casada con Carlos de Inglaterra, no lo olvidemos- confiesa algunos de sus traumas sexuales.

- "¿Cómo está tu vida sexual con tu marido?", pregunta el instructor.

- "Bueno... La hubo, la hubo. Siempre fue muy rara, muy rara".

- "¿Por qué hablas en pasado?, ¿qué quieres decir con muy rara?".

- "Yo me daba cuenta de que lo nuestro era raro. En los primeros años, hacíamos el amor una vez cada tres semanas. Aunque la iniciativa nunca venía de él. Con el tiempo esa chispita se fue apagando, y yo diría que hace siete años que no tenemos nada".

Los silencios, los titubeos y las respuestas de la princesa desvelan que nunca se sintió a gusto en el terreno carnal con su marido. Y admite, entre triste y avergonzada, que no habían vuelto a tener contactos íntimos desde hacía siete años, coincidiendo con el embarazo de su segundo hijo, el príncipe Enrique. Se resuelve así también el interrogante de por qué Carlos y Diana no tuvieron más descendencia y nunca llegó la deseada niña.

Ya hace algunos años se conoció la confesión que la princesa del pueblo habría hecho a una de sus amigas, Simone Simmons, definiendo los actos sexuales con el príncipe como «un bombardeo», por la sensación de devastación y tristeza con la que se quedaba después. En las cintas que ahora ven la luz Diana no puede disimular la amargura que a esas alturas del matrimonio -roto hacía mucho- le seguía produciendo la relación de Carlos con su gran amor, Camilla.

- "Yo quería desesperadamente que funcionara el matrimonio, porque amaba a mi marido", se justifica Diana ante su profesor de oratoria, mortificada porque el suyo siempre hubiera sido un "matrimonio de tres". "Recuerdo haber dicho a mi esposo: '¿por qué esta señora' [Camilla]? Y me dijo:'Bueno, me niego a ser el único príncipe de Gales que nunca tuvo una amante'".

Diana no sólo se sintió siempre profundamente celosa de Camilla, culpándola de la destrucción de su hogar -algo sin fundamento, puesto que Carlos nunca estuvo enamorado de Lady Di, y presumiblemente ésta tampoco se casó enamorada del príncipe-. Es que también la odiaba porque sentía que no podía competir con ella en el arte de amar. A la princesa le atormentaba que su rival era "una máquina sexual", según escribió su confidente y biógrafo Andrew Morton. No debemos olvidar que, cuando se casó, Diana Spencer estaba muy lejos de ser el cisne que hoy recordamos;era una joven muy insegura, llena de complejos -en su casa le habían hecho sentir siempre "gorda"-. Cumplía el requisito de ser virgen para casarse con el primogénito de Isabel II. Pero a éste, que siempre había tenido fijación por mujeres mayores que él y muy experimentadas, no debía despertarle mucho deseo su insípida mujer. Diana se volvió fuera de sí el día que escuchó una conversación telefónica de alto voltaje entre el príncipe -en el baño- y Camilla, quizá aquella en la que Carlos le confesaba a su amante que le gustaría ser su "tampax". Una fogosidad que a una pacata Diana le achicharraba.

La princesa sofocó su despecho con un guardaespaldas, Barry Mannakee, del que se enamoró perdidamente, aunque en los vídeos dice que no tuvo sexo con él. En realidad, Diana aprendería a amar en brazos del militar James Hewitt, con quien mantuvo una relación entre 1986 y 1991. Con él disfrutó de unos placeres carnales desconocidos hasta entonces para ella. "El sexo con Hewitt era como fuegos artificiales", reconoció a su amiga Simmons.

Diana comenzaba el espectacular proceso de transformación de patito feo a cisne, también sexual. Tras su divorcio, se convirtió en otra; una mujer liberada y segura de sí misma, que se permitía escandalizar a sus guardaespaldas llevando siempre consigo un consolador -regalo de su hermana- a modo de amuleto, y al que bautizó como Le Gadget.

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Mensajepor Invitado » Mié 16 Ago, 2017 1:43 am

Los jóvenes rechazan el príncipe Carlos como rey - con la mayoría deseando que William tome posesión según una nueva encuesta.

Las estadísticas son otro golpe para Charles después de encuestas recientes también ha demostrado que el público sigue siendo poco dispuesto a aceptar a su esposa Camilla como reina.
http://i1.mirror.co.uk/incoming/article ... ervice.jpg

Los jóvenes no quieren que el Príncipe Carlos se convierta en rey - con el 63% que quiere que el trono salte directamente a William, la investigación ha encontrado.

Una encuesta de Prospect Magazine, presentada exclusivamente en el espejo, también muestra que una quinta parte de la gente apoyaría menos a la monarquía si Carlos era el rey.

Las estadísticas son otro golpe para Charles después de encuestas recientes también ha demostrado que el público sigue siendo poco dispuesto a aceptar a su esposa Camilla como reina.

La pareja se enfrenta a la creciente negatividad del público como Diana se recuerda antes del 20 aniversario de su muerte a finales de este mes.

La encuesta ICM Unlimited de 2012 personas encontró que el 46% quiere que Guillermo sea rey cuando la reina muere, aumentando a 63% entre 18 a 24 años y 55% entre mujeres.

En contraste, sólo el 38% quiere que Charles sea el rey, cayendo al 18% entre los 18-24 años de edad.

Y el 21% de la gente dijo que Charles convirtiéndose en rey les haría menos apoyo a la monarquía.

Tom Clark, Editor de Prospect, dijo: "A medida que el reinado de Carlos III se aproxima lentamente, hay poca señal de que el Reino se haya calentado con la idea.

"En todo caso, la evidencia apunta hacia otro lado.

"Lo más inquietante de todo para el Príncipe de Gales es la forma en que su apoyo realmente colapsa entre los jóvenes".

http://i4.mirror.co.uk/incoming/article ... -Day-1.jpg

La revista dedica su edición de septiembre al futuro de la monarquía con una portada preguntando: "¿El último rey?" Cómo Charles III podría derribar la monarquía.

La encuesta se llevó a cabo del 28 al 30 de julio, antes de Canal 4 difundir su controvertido documental el 6 de agosto con la princesa Diana hablando sinceramente acerca de su vida como una real.

Durante las grabaciones grabadas en 1992 y 1993, cuando su matrimonio con Charles se desmoronaba, describió cómo estaba "traumatizada" cuando infamamente dijo "lo que sea" enamorado "cuando se le preguntó si estaban enamorados durante su entrevista de 1981.

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Mensajepor Invitado » Jue 17 Ago, 2017 2:29 am

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Eduardo VIII y Wallis Simpson en Chateau le Cande, Francia, 1936. Fotografía: Cecil Beaton / Cordon Press.


Eduardo VIII y Wallis Simpson: el trono y el taburete


En junio de 1936, cinco meses después de que Eduardo VIII (1894-1972) accediese al trono británico, el semanario argentino Caras y caretas revelaba algunos detalles sobre su real asiento. «El trono inglés se compone de dos piezas: el sitial del monarca, vetusto sillón cubierto por rico y artístico dosel, y otro asiento, mitad sillón, mitad taburete, para uso de la cónyuge del soberano, o para el rey consorte si el reinado corresponde a una dama». Cuando su abuelo heredó la Corona en 1901, pidió que el taburete fuese sustituido por un sillón idéntico al suyo. Para cumplir su deseo sin romper la tradición —«la suprema jerarquía del monarca exigía que ningún asiento igualase al suyo en elevación»—, los artesanos fabricaron un trono una pulgada y media más pequeño que el original.

El asiento fue retirado cuando su nieto se puso al frente del último gran imperio colonial. El soberano tenía cuarenta y un años y estaba soltero, algo que no ocurría desde hacía dos siglos. «Habrá que esperar a que se case para volver a colocar el asiento correspondiente a la futura consorte», escribía el cronista Francisco Grandmontagne sobre la butaca que habían ocupado Alejandra de Dinamarca y María de Teck, la abuela y la madre del rey. «Aunque rebajado en pulgada y media, el sillón ofrece gran atractivo a las numerosas princesas en estado de merecer existentes en las cortes europeas». La coronación se celebraría en mayo de 1937: un aplazamiento que daría tiempo al monarca para elegir esposa «entre las muchas dispuestas a compartir el tálamo real (su cama)».

Pero Eduardo VIII ya tenía una esposa, la de otro hombre. Y si el periodista hubiese estado en Londres y no en San Sebastián, desde donde firmaba la crónica, habría sabido que se trataba de Wallis Simpson (1896-1986), una americana divorciada, casada por segunda vez y «en el otoño de su belleza». La aristocracia sabía de su existencia desde hacía años, pero los medios británicos callaron hasta que la situación fue insostenible. El rey abdicó en diciembre de 1936. No había ley divina ni humana que aceptase como reina a una arribista americana, de origen humilde y con dos caballeros a sus espaldas. Jorge VI inventó un título honorífico para su hermano, el ducado de Windsor, pero le prohibió volver a Gran Bretaña a menos que fuese invitado. Eduardo y Wallis se casaron en el exilio. No volvieron juntos a Buckingham Palace hasta 1967.

La lectura sentimental de los acontecimientos es que el monarca abdicó por amor: «¡La novela romántica del rey!», titulaban los periódicos tras su renuncia. Pero la evidencia histórica demuestra que ni sabía ni quería reinar, y que su indisimulada simpatía por la Alemania nazi (1) era una amenaza para la política internacional británica y, con el paso del tiempo, para la supervivencia de la democracia en Europa. Los biógrafos discuten sobre si Wallis fue la causa fatal o la excusa perfecta para apartar a Eduardo del trono. Una revista resumía el enredo después de su abdicación: «Si la edad de la señora Warfield [su apellido de soltera] hace que, pasados algunos años, el idilio se trunque, siempre tendrá el exrey que agradecer a su actual amiga el haberle liberado de una responsabilidad demasiado grave para él».

***

Eduardo era el niño golfo de la Corona. Su familia y amigos lo llamaban David, el último de sus siete nombres. Estudió en academias navales y pasó por Oxford sin pena ni gloria. Aprendió a respetar a la muerte en la Primera Guerra Mundial, pero no le dejaron luchar. Durante los años veinte y treinta recorrió los Dominios británicos: Australia, Sudáfrica, la India… «¡El mejor agente comercial del imperio!», le decían. Tenía fama de seductor y de esnob: llevaba trajes estrechos, pañuelos de seda y calcetines de rayas. Con treinta años seguía comportándose como un adolescente, era mujeriego y débil de carácter, un candidato más que dudoso al trono de Inglaterra. «En su búsqueda desenfrenada de vino y mujeres, y de cualquier capricho egoísta que tenga a cada momento, se está lanzando en brazos del diablo», se quejaba su secretario, Alan Lascelles, en una carta dirigida al primer ministro Stanley Baldwin después de un viaje a Canadá en 1927. Nada que ver con su hermano Alberto, un crío discreto y tartamudo que terminaría sustituyéndolo en el trono. Su dificultad para hablar inspiró la película El discurso del rey (Tom Hooper, 2010).

Wallis Simpson conoció al príncipe de Gales en enero de 1931, en una fiesta organizada por la vizcondesa Thelma Furness, amante de Eduardo (2). La enjuta norteamericana estaba casada con el empresario Ernest Aldrich Simpson y ambos tenían un divorcio en su haber. En el caso de ella se trataba de un piloto estadounidense alcohólico, ausente e infiel. Su segundo marido le garantizó un buen trampolín en la vida social londinense. Durante los tres años siguientes, el príncipe estrechó su relación con los Simpson y les abrió las puertas de Fort Belvedere, su casa de campo y picadero al este de Londres. En enero de 1934, la vizcondesa se fue a Nueva York durante tres meses. Días antes de partir, las dos mujeres se encontraron en el Ritz y hablaron sobre el príncipe. Según la señora Furness, Wallis le comentó que «el pequeño hombrecito» iba a estar muy solo. «Bueno, querida, cuida de él mientras estoy fuera», respondió ella. La señora Simpson prometió que lo haría, «pero dudaba de que él estuviese necesitado de consuelo», bromeaba en sus memorias.

Eduardo visitaba cada vez más la casa de los Simpson en Bryanston Court, cerca de Hyde Park. Muchas noches, Ernest se retiraba pronto y Wallis se quedaba con el príncipe hasta la madrugada. En agosto de 1934, la mujer se fue de crucero con Eduardo y algunos de sus amigos. El señor Simpson no fue con ellos. Durante el viaje, la tía de Wallis presenció las insinuaciones del príncipe. ¿Qué opinaba su marido de aquello? «Se siente halagado por la atención del príncipe», respondió ella. El príncipe «era agotador» y Ernest había llorado alguna vez porque estaba celoso, pero tenía la situación «bajo control». Un informe policial desclasificado en 2003 aclara el origen de su paciencia: la situación económica del matrimonio había empeorado tras el Crack del 29 y el señor Simpson esperaba obtener «algún beneficio» de su amistad con el príncipe. «Ha mencionado que espera que le nombren barón. Es muy hablador cuando bebe». Wallis estuvo bajo vigilancia desde que empezó su amistad con el futuro rey. El documento revelaba otro detalle valioso: en 1935, Wallis «se mostraba celosa» de una mujer que Eduardo había conocido durante una visita en Austria. «Mrs. Simpson teme perder el afecto del POW [prince of Gales], algo que quiere evitar por motivos financieros. Es extremadamente cuidadosa y está pasando todo el tiempo posible con POW y manteniendo a su amante secreto en segundo plano». Bingo. Su conquista era un vendedor de coches llamado Guy Marcus Trundle. Según los agentes era un tipo «aventurero, atractivo, bien educado y buen bailarín».

Los corrillos hablaban de otro documento improbable, el dossier China. El informe recogía los pormenores de un viaje de la joven Wallis a Hong Kong, donde habría aprendido las exóticas técnicas sexuales con las que había embaucado al príncipe. Todo el mundo lo había leído pero nadie lo había visto. Para Michael Bloch, editor de The Letters Of Edward And Wallis (1992), la rendición del monarca respondía a otros motivos: «Sus cartas eran infantiles, imploraban afecto y protección. Las de ella eran sensibles, cariñosas, reprobatorias, posesivas…». Habían establecido una relación madre-hijo. La propia Wallis se referiría a Eduardo como «Peter Pan» cuando hablaba con su marido. El historiador británico Michael Alpert se suma a la teoría del trauma infantil: «Un psicólogo diría que su obsesión con Wallis Simpson, fuente de su masiva carga de resentimiento contra su familia, tuvo su origen en los comportamientos de sus padres, Jorge V y la reina María, quienes habían sido incapaces de mantener relaciones naturales e íntimas con sus hijos. La reacción del futuro Jorge VI fue el tartamudeo; la del príncipe de Gales, contrariar a su padre». En noviembre de 1934, Eduardo invitó a Wallis a una fiesta en Buckingham Palace. Su padre se negó a conocerla y prohibió su entrada en la Corte. Su hermano Alberto y su esposa la evitaron a toda costa.

El duque siempre dijo que nunca durmió con ella hasta después de su matrimonio, pero el personal de Fort Belvedere los había visto juntos en la cama. En septiembre de 1934, sir John Aird apuntó en su diario que lo había visto recién levantado y «¡¡con su labio superior todo rojo!! Es lo que es y no hay duda». El príncipe estaba cegado por la señora Simpson. La inundaba de joyas y la llevaba de vacaciones sin el señor Simpson (varias veces en 1935). «La seguía como un perro», «era su esclavo», observaban con disgusto sus consejeros y secretarios. Al menos estaba feliz y bebía menos que antes. «Necesitaba una mujer que le dirigiese, incluso le dominase», explica Michael Alpert. Alguien que se sentase una pulgada y media por encima de él. Los biógrafos coinciden en que Eduardo estaba obcecado y Wallis no estaba enamorada. «Al principio estaba deslumbrada por el glamour real, después se sintió genuinamente atraída por su encanto. Era agradable y sensible, pero no le quería. Sentía devoción por él, era protectora, era leal, pero nada más», resume Philip Ziegler (Edward VIII. The Official Biography, 1990).

***

Jorge V falleció en enero de 1936. Si el rey hubiese vivido seis meses más, el príncipe habría renunciado a la Corona antes de que cayese en sus manos. El reinado comenzó fuerte: el nuevo soberano faltó a uno de los actos de su proclamación para verlo desde una ventana junto a su «ramera yanqui».

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Eduardo VIII y Wallis Simpson en París, 1937. Fotografía: Cordon Press.

Eduardo nunca se había interesado por el papeleo, pero cuando accedió al trono pidió revisar los documentos cotidianos del Gabinete de ministros. Muchas cajas no las abría y otras desaparecían durante semanas. El Gobierno empezó a preocuparse: no sabían «quién en su “exótico círculo” había tenido acceso a los documentos», pero estaban alarmados por «las inclinaciones de su camarilla». Corría el rumor de que Wallis había tenido un romance con el embajador nazi en Londres, Joachim von Ribbentrop, pero «nunca se encontró nada en los archivos alemanes de la guerra que indicase que la señora Simpson, o cualquier otra persona, pasase al Gobierno alemán información obtenida de los papeles que guardaba el rey» (Philip Ziegler, 1990). Dos cosas sí eran ciertas: que varios agentes extranjeros estaban al tanto de su relación —«el rey discute con ella todos los asuntos»— y que el monarca ignoraba sus compromisos para estar con Wallis.

En febrero, Ernest, que se había mantenido en silencio mientras Eduardo «patrocinaba» sus negocios, le preguntó directamente si pensaba casarse con su mujer.

    ¿Crees que sería coronado sin Wallis a mi lado?.

En mayo, el matrimonio Simpson apareció en público por última vez; Ernest se fue de casa en julio; los amantes se pasearon por el Mediterráneo en verano; el rey alquiló una casa para su futura esposa en octubre… Un momento. En septiembre, Wallis pasó unos días lejos del rey y le envió una carta: «Estoy segura de que juntos provocaremos un desastre […]. Quiero que seas feliz. Estoy segura de que yo no puedo hacerlo y, honestamente, tampoco creo que tú puedas hacerme feliz». Quería volver con Ernest. El rey la llamó por teléfono y amenazó con cortarse la garganta. «Su romance se convirtió en una espiral que fue más allá de su control. No porque ella estuviese apasionadamente enamorada de él, sino porque sus súplicas desesperadas por ser liberada se encontraron con su chantaje emocional», opina Anne Sebba, autora de That Woman (2011). El libro contiene varias cartas inéditas que Wallis envió a Ernest entre 1936 y 1937. «No hay un día que no piense en ti […] Estoy pensando en escapar, quizá para siempre», le escribía. No quería casarse con el rey.

Los Simpson se divorciaron en octubre. El proceso fue una farsa. Ernest se había apartado silenciosamente y había empezado a salir con Mary Kirk, amiga de la infancia de su mujer y dama de honor en su boda. Para proteger el honor de Wallis y sortear la estricta ley inglesa, la pareja se dejó pillar in fraganti en una habitación de hotel. La ofensa del marido era incuestionable y Wallis obtuvo el divorcio provisional. La sentencia debía ser ratificada seis meses después, justo a tiempo para la coronación. Ernest y Mary terminaron casándose (y divorciándose).

El 16 de noviembre, Eduardo citó al primer ministro para hacerle una pregunta que el político no quería escuchar: ¿cómo podía casarse con Wallis? Como líder supremo de la Iglesia de Inglaterra no podía hacerlo con una divorciada; como rey, si lo hacía en contra de la opinión de sus ministros obligaría al Gobierno a dimitir y provocaría una crisis constitucional. Eduardo propuso un matrimonio morganático: Wallis sería su esposa pero no sería reina. La posibilidad fue rechazada por los ministros, los líderes de la oposición, los gobernadores de los Dominios, la reina madre y hasta Dios (a través del arzobispo de Canterbury). Uno de sus secretarios le recomendó casarse después de ser coronado. El rey rechazó la idea. «Asistir a la ceremonia de coronación albergando en mi corazón la secreta intención de casarme en contra del dogma de la Iglesia habría sido como ser coronado con una mentira en los labios», reconoció años después. El rey tomó una decisión: «No marriage, no coronation».

La prensa británica estaba impaciente: había hecho un pacto de silencio sobre la vida privada del rey, pero los periódicos americanos llevaban meses aireando la relación entre su compatriota y el soberano de Inglaterra. El 2 de diciembre se rompió el alambre. El obispo de Bradford, Alfred Blunt, dio un sermón en el que manifestaba su deseo de que el rey fuese «más religioso». Los editores vieron una clara referencia a su relación con Wallis y engrasaron las imprentas. La noticia dividió a los británicos, pero ganaban por mucho los enemigos del escándalo. Mientras todo esto ocurría, Theodore Goddard, abogado de Wallis durante su divorcio, viajaba a París para convencerla de que se apartase del rey. La americana había huido de Londres porque la «machacaban» en la Corte. Goddard volvió a Londres con una mala noticia: Wallis estaba dispuesta a desaparecer, pero él la seguiría a cualquier parte.

Eduardo VIII renunció al trono el 10 de diciembre. La abdicación se hizo efectiva al día siguiente. Esa misma noche la BBC emitió un discurso que, al parecer, había sido grabado horas antes: Baldwin no quería que Eduardo hablase en directo por miedo a que «cometiese una imprudencia».

    Me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como rey sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo […]».

Wallis escuchó el mensaje debajo de una manta; Eduardo embarcó en plena noche hacia el continente; Jorge VI concedió a su hermano el título de duque de Windsor, pero «ni su esposa ni sus descendientes» recibirían el tratamiento de Su Alteza Real.

***

Los amantes estuvieron separados hasta que el divorcio de Wallis fue definitivo. «Solo unas líneas para decirte que te amo más y más, vida mía… tiene que haber un gran almacén de felicidad para nosotros después de estos meses infernales», escribía el duque en abril de 1937. Unos días después envió un telegrama a Hitler para felicitarle por su cumpleaños. Wallis recibió la confirmación de su divorcio en mayo. La pareja se casó el 3 de junio en el castillo de Candé (Francia), prestado por el millonario Charles Bedaux. Un clérigo inglés ofició el enlace en contra del criterio de la Iglesia anglicana. Ningún miembro de la Familia Real acudió al enlace.

Los duques visitaron al Führer en octubre y el Gobierno británico se preguntó si, después de todo, abdicar no era lo mejor que Eduardo había hecho por el imperio. Durante su viaje al retiro de Hitler en Obersalzberg (Baviera), el líder alemán se lamentó de que su renuncia había supuesto «una grave pérdida» para Alemania. Besó la mano de Wallis y el duque se fotografió con la cúpula del Tercer Reich y la mano en alto. En Londres, el saco de las afrentas estaba a punto de estallar. Cuando los alemanes invadieron el norte de Francia en 1940, el matrimonio se trasladó de París a Biarritz y después a España. Alemania pidió al régimen español que retuviese al duque y tratase de atraerlo a la causa nazi. Eduardo llegó a decir que «si se bombardeaba con eficacia Inglaterra» la paz llegaría pronto. La rocambolesca Operación Willi estaba en marcha: Hitler pensó en devolverle la corona y convertirlo en su «rey títere» si Alemania ganaba la guerra. Pero el duque se trasladó a Portugal en junio y Winston Churchill, primer ministro desde hacía un mes, aprovechó para nombrarle gobernador de las Bahamas y enviarlo lejos de Europa.

Después de la guerra el matrimonio regresó a París. El duque no volvió a ocupar ningún puesto oficial y la pareja se dedicó a la vida ociosa (con cargo a las arcas británicas). Cenaban con artistas y diplomáticos. Mimaban a sus perros pug. Eduardo asistió al entierro de su hermano (1952) y de su madre (1953). La esposa de Jorge VI culpó a Wallis de la muerte de su marido a los cincuenta y seis años: un cáncer de pulmón acabó con él, sin duda debido al estrés causado por el peso de la corona y a su adicción al tabaco para aplacarlo. Durante esa década, los duques hicieron caja con sus autobiografías: A King’s Story (1951) y The Heart has its Reasons (1956). En 1967, Wallis fue invitada a un acto con la familia real, el centenario del nacimiento de la madre de Eduardo. Isabel II, sobrina del duque, decidió concederle un lugar que se le había negado durante treinta años. También lo hizo en 1986, cuando Wallis falleció e Isabel permitió que fuese enterrada junto a su esposo en el cementerio de los reyes en Berkshire. Wallis lo había acompañado hasta su muerte en 1972. Enamorada o no, le fue leal.

Francisco Grandmontagne no se enteró de nada. Murió después de enviar la historia del taburete a Buenos Aires.

    ____________________________________________________________________________
    (1) The Sun publicó en 2015 una película casera filmada en 1933 en la que Eduardo hacía el saludo nazi junto a su cuñada y sus sobrinas, la princesa Margarita y la futura Isabel II.
    (2) El duque asegura que la fiesta fue en noviembre de 1930 (A King’s Story, 1951), pero los biógrafos coinciden en que se celebró el 10 de enero de 1931. Según sus memorias, la primera conversación que tuvieron fue sobre los sistemas de calefacción en Estados Unidos.

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Mensajepor Portuguesa » Lun 21 Ago, 2017 4:03 pm

http://www.mirror.co.uk/news/uk-news/la ... h-11022110



Abogado que vio el accidente de muerte de Diana rompe el silencio de 20 años para reclamar que "otras fuerzas" estuvieron detrás del accidente.


Stanlee Culbreath habla por primera vez en dos décadas para preguntarse si la Princesa de Gales podría haber vivido si los servicios de emergencia franceses hubieran actuado más rápido.

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Un testigo del accidente de muerte de la princesa Diana dice que sus posibilidades de supervivencia fueron reducidas en gran medida por los retrasos en los servicios de emergencia - y cree que "otras fuerzas" estaban detrás del trágico accidente.

El abogado jubilado Stanlee Culbreath fue uno de los primeros testigos del trágico accidente, pero mantuvo un silencio digno por respeto a los entonces príncipes William y Harry.

Pero ahora, casi 20 años desde la muerte de Diana, de 69 años de edad, arroja nueva luz sobre el accidente, y cuestionar si ella podría haber vivido si los servicios de emergencia franceses habían actuado más rápido.

El Sr. Culbreath dijo: "Siempre pensé que era sospechoso, que otras fuerzas jugaron una mano, pero ahora, 20 años después, me pregunto más que nunca si fue un auténtico accidente. Sólo creo que es dudoso.

"Si esa es la princesa, ¿por qué tardaron 20 minutos en llegar hasta ella y, cuando finalmente la liberaron [del coche], ¿por qué pasaron un hospital y la llevaron a otro?"

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El Sr. Culbreath contó cómo, en la escena, aunque en ese momento inconsciente Diana era una víctima, comentó a un amigo, "Maldición, un drogadicto en la calle principal se esperaba más rápido que esto".

Y agregó: "Hay tantas preguntas que me hago una y otra vez sobre cómo se manejó el accidente y si ella podría haber sido salvada.

"Le pedí a la policía que me ayudara, pero fueron muy despreocupados por todo esto".

El Sr. Culbreath, de Columbus, Ohio, había estado en París el 31 de agosto de 1997, como parte de una gira europea con sus amigos Clarence Williams y Michael Walker.

Llegaron a la ciudad horas antes del accidente y tomaron un tour nocturno de la Torre Eiffel.

Cuando regresaban al hotel en un taxi a las 12.20, entraron en el túnel del Pont de l'Alma y se encontraron con los restos del coche de la princesa.

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"Nuestro taxista se detuvo a pocos metros de su limusina", recordó el señor Culbreath. Explicó que Francia tiene una ley del Buen Samaritano y que era nuestro deber detenernos y ayudar. Salimos a pocos metros de su Mercedes. El coche estaba en la pared y la puerta del pasajero delantero ya estaba abierta. "

En ese momento, el Sr. Culbreath no sabía que los pasajeros del coche eran la Princesa Diana, de 36 años, su amante Dodi Fayed, de 42 años, el conductor Henri Paul, de 41 años, y el guardaespaldas Trevor Rees-Jones, ahora de 49 años, único sobreviviente y único pasajero usa el cinturón de seguridad.

Él recordó: "No habíamos oído la explosión, como el accidente sucedió justo cuando entramos en el túnel. Su coche estaba fumando, el silenciador (del escape) estaba en el suelo.

"Me acerqué y Trevor Rees-Jones tenía sus piernas fuera del coche y estaba sosteniendo una toalla o algo en su nariz, ya que estaba sangrando fuertemente.

"Había sólo cuatro o cinco de nosotros allí, así que fui al coche y miré en él para ver si podríamos ayudar."

Desconocido para el Sr. Culbreath y sus amigos, Diana estaba en la parte trasera lesionado y Dodi ya estaba muerto. "No sabía quién estaba en la espalda hasta más tarde, pero en un momento estaba ... a pocos centímetros de la princesa tratando de mirar a través de su ventana", explicó.

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"Recuerdo haber dicho a los chicos en ese momento: '¿Ha venido una ambulancia o algo?', Ya que no había señales de que alguien llegara.

"Después de 15 o 20 minutos, todavía no había paramédico en la escena y le dije a mis amigos, 'Maldición, un drogadicto en la calle principal se esperaba más rápido que esto'.

"Sólo había un policía allí que podía ver quién nos dijo que regresáramos. Él seguía diciendo: 'Fuera, escápate'.

"Como la ventana en la parte trasera estaban oscuras, no pude ver quién era el de atrás. Yo estaba suplicando con el oficial para abrir la puerta ... parecía que podría ser abierto. Él no estaba haciendo sh * t. No estaba haciendo nada.

Era como si los que habían decidido no pudieran hacer nada. Es sólo mi opinión, pero les tomó mucho tiempo sacarla.

"Podría haber sido hasta 30 minutos antes de que llegara la ayuda. Estuvimos allí por lo menos 15 minutos. ¿Por qué no había una ambulancia más rápida?

"Nunca escuché una ambulancia, todo el tiempo que estuve allí. Nunca escuché una sirena. Mi recuerdo fue que parecía haber una cantidad insalvable de tiempo para que un vehículo de emergencia respondiera. Le dije a los chicos: 'Odiaría entrar en un accidente en París, ya que nadie aparece'.

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Podría haber sido que sus posibilidades de supervivencia disminuyeron significativamente por la cantidad de tiempo que tomó para que los paramédicos llegaran.

"Es de sentido común que cuanto más tiempo se queda alguien, sus posibilidades de supervivencia son menores.

"Cuando nos fuimos, todavía no había una ambulancia. La velocidad a la que respondieron fue inadecuada. Hay que hacer preguntas.

Durante la investigación francesa de 18 meses sobre el accidente, se determinó que el accidente fue causado por el conductor Henri Paul, que estaba borracho al volante del Mercedes-Benz S280, viajando a 65 mph. Paul, de 41 años, era el jefe adjunto de seguridad del Ritz Hotel, en París. Durante la investigación, en 2007, surgió que tomó una hora y seis minutos desde el momento en que Diana fue sacada del coche destrozado hasta que llegó al hospital.

La investigación escuchó que la princesa pudo haber vivido si los médicos franceses no "despilfarraron" los minutos cruciales que la trataron en la escena.

El Sr. Culbreath dijo que también era escéptico sobre la demora en sacar a Diana de los restos y afirmó que la puerta de su lado podría haber sido abierta. Dijo: "Pensé que el coche estaba en condiciones de abrir la puerta.

"No sentí que hubiese suficiente daño en el auto que no se podía abrir la puerta de atrás - y la puerta de entrada ya estaba abierta.

“¿Por qué no se puede pasar por esa puerta?

"Cuando el coche finalmente salió del túnel en un camión era tan grande como un panqueque, pero cuando lo vi, un lado no lo era. Era el lado de la princesa. Más tarde supe que las "mandíbulas de la vida" eran usadas. ¿Por qué no sólo abrir la puerta.

-No estaba muerta, estaba hablando.

El Sr. Culbreath, que no fue llamado en la investigación, pero hizo una declaración, dijo que no dio una entrevista hasta ahora para proteger a los hijos de Diana.

Explicó: "Mis hijos tenían la misma edad que el Príncipe William y el Príncipe Harry en ese momento.

"Nunca hablé con nadie, ya que quería protegerlos a todos".

Reflexionando sobre la Princesa de Gales, el Sr. Culbreath agregó: "Pensé que Diana era una gran persona. Siempre estuvo allí para la gente y se dedicó al propósito común.

"Ella estaba siempre allí para la gente en su hora de necesidad, para el hombre común - pero cuando llegó su hora, parecía que la respuesta faltaba tristemente."

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Mensajepor Invitado » Sab 26 Ago, 2017 2:48 am

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John Travolta y Lady Di, en la Casa Blanca en 1985.


¿Dónde estaba usted?

Esa pregunta tiene su propio macabro movimiento, obligándote a echar atrás 20 años y recordarte, más joven, más sensible, que las cosas resultaran tan adversas para una mujer (Lady Di) que consiguió dejar su impronta como mujer

Boris Izaguirre


Una de mis imágenes favoritas de Lady Di es esa en la que aparece bailando junto a John Travolta en una cena en la Casa Blanca, ofrecida por el presidente Reagan y su esposa Nancy a los rutilantes príncipes de Gales. Fue un momento de auténtica felicidad en la vida de la princesa. Después, Travolta recordó que en ese año, 1985, su carrera no estaba precisamente en el mejor momento y que siempre le agradecería a Diana haberle sacado a bailar porque la repercusión global le devolvió a la primera línea. Fue quizás una de las primeras obras benéficas de Diana Spencer.

Me gusta la imagen porque ella sale en movimiento, que es una de las cosas que más disfruto de mis iconos. Dicen que la experta en producir ese tipo de imágenes fue Jacqueline Kennedy, precisamente una de las mujeres que Diana de Gales reconoció admirar. Jackie, en sus fotos, casi siempre esta en movimiento, caminando, saludando, hablando, mirando. Diana entendió eso y de hecho está en movimiento hasta el último momento de su vida, ese instante en que evita mirarse en el espejo del ascensor en el que desciende junto a Dodi Al Fayed hacia su trágico destino. Incluso esa pregunta, ¿dónde estabas cuando murió Diana de Gales?, tiene su propio macabro movimiento, obligándote a echar atrás veinte años y recordarte, más joven, más sensible, que las cosas resultaran tan adversas para una mujer que, pese a sus privilegios y su desarrollada capacidad para la manipulación, consiguió enfrentarse sola a tremendos obstáculos y dejar su impronta como mujer.

Siempre me resultó valiente esa entrevista concedida al programa Panorama donde Diana desnudó a su marido y también al vetusto machismo de la familia real británica. “En mi matrimonio éramos tres”, recuerdo oírla decir y repentinamente Carlos de Inglaterra se hizo la persona más denostada de su país, su amante Camila siguiéndole muy de cerca y Diana la más perseguida por ese mundo que con tan pocas palabras había expuesto. Les había llamado mentirosos, adúlteros, pero también dejaba claro que Carlos se permitía hacer lo que le daba la gana por ser heredero, pero sobre todo, por haber nacido hombre.

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Lady Di, durante unas vacaciones en Portofino con Dodi Al Fayed.

Desde la muerte de Diana, se discute si realmente hizo algo por las mujeres. La idea de las princesas como heroínas de ficción vivió un importante subidón después de su muerte. Esas películas de Anne Hathaway y Julie Andrews no habrían tenido tanta acogida sin el fantasma de Diana. Las monarcas actuales, Letizia, Matilde, Máxima, Rania y hasta la exjequesa de Qatar, no tendrían la facilidad para moverse de palacio al despacho y de allí a las cumbres nevadas o al auditorio de las Naciones Unidas sin que Diana antes pavimentara ese ajetreado camino. Además, les ha ofrecido un vestuario, traje sastre, blazer y pantalón, zapato de tacón moderado (murió justo antes del triunfo de los estiletos de vértigo), joyería buena, pero discreta, siempre el mismo reloj, el mismo brazalete y la sortija de compromiso. Esa indumentaria la perfiló en estrecha colaboración con su diseñadora, Catherine Walker, que también creó para ella un atuendo tan perfectamente británico y atrevido como el conocido traje Elvis, con un cuello recubierto en perlas, similar a los que llevaba el cantante en sus shows de Las Vegas y que Diana estrenó en una gala del museo Victoria & Albert, vinculando su celebridad de princesa al pop. Un brillante golpe de efecto, como ese de sacar a bailar a un taciturno Travolta . Aristocracia y entretenimiento.

Insisto en que fue una experta manipuladora. No solo con miembros de su familia real o periodistas del corazón, sino con las personas realmente poderosas que conoció, como Kissinger o Katherine Graham, la influyente directora del Washington Post, una mujer en las antípodas del glamour que no cesaba de profesarle admiración. “Más que única, es interesante”, declaró. Su romance con Dodi era en realidad una estudiada operación para despertar celos y mantener la tensión con los Windsor. Los que vivimos esa escalada de amor, calor y fotógrafos en lanchas inflables acercándose al yate donde ella se dejaba fotografiar, en un trampolín sobre el Mediterráneo, nos sentíamos parte de una burbuja antes de la burbuja, un frenesí que adquiría más y más velocidad. Es esa velocidad la que, veinte años después, aceptó que fue lo que la mató. El vértigo de sí misma, la carrera hacia una inmortalidad siempre sobre el precario equilibrio de un trampolín.

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Mensajepor Invitado » Sab 26 Ago, 2017 2:49 am

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ICONO DE ESTILO. Lady Di vistió de todos los modistas, ingleses y no ingleses, de su generación. Su estilo infantil a la par que sexy fue muy imitado, incluso hoy se inspira en ella su nuera.


DIANA DE GALES
¿VÍCTIMA O VERDUGO DE LOS WINDSOR?

La princesa vivió una auténtica pesadilla durante su matrimonio con Carlos de Inglaterra. Pero antes de su trágica muerte, de la que se cumplen ahora 20 años, logró vengarse de la familia real británica destapando todas sus miserias.

EDUARDO ÁLVAREZ


LA NOCHE DEL 28 de julio de 1981 fue una de las peores en la vida de Diana Spencer. En apenas unas horas iba a convertirse en la princesa de Gales. La joven, de 19 años, estaba verdaderamente nerviosa, a punto de protagonizar la boda del siglo. Su matrimonio con el príncipe Carlos de Inglaterra era el acontecimiento social más importante en todo el mundo. Diana se pasó buena parte de la noche sola, en un apartamento de Clarence House, llorando. Porque ya había descubierto que el cuento de la Cenicienta era una milonga y que la vida real se parece más a una fábula gótica de Tim Burton. Como reconocería posteriormente a una amiga, se sentía como si estuviera a punto “de ir al matadero”. En ese momento, ni lady Di quería casarse con Carlos, ni el príncipe quería compartir su vida con ella. Demasiado tarde. No había nada que hacer. La boda era una farsa, sí, pero de ella estaban pendientes más de 800 millones de espectadores, y ya no cabía echarse atrás. Diana aún tardaría en descubrir que el cuento que sí sería capaz de protagonizar era el del patito feo que se transforma en cisne.

Con motivo del 20º aniversario de la trágica muerte de la princesa del pueblo, se ha desatado otra vez la misma Dianamania que la convirtió en vida en uno de los mayores iconos del siglo XX. Hoy, con la distancia necesaria, cabe analizar al personaje desde un prisma muy distinto. Muchos de los que lloraron desconsolados su muerte y sintieron de pronto un odio visceral hacia la monarquía por tanto daño como habían causado a su princesita, asumen que ésta fue tan víctima como verdugo de los Windsor.


EL ‘CUENTO DE HADAS’

Carlos y Diana se cruzaron en el verano de 1980. En realidad, ya se conocían, porque el príncipe había coqueteado antes con una hermana mayor de ella. Pero aquel verano fue cuando Carlos vio por primera vez en Diana a una mujer. Aunque aún era una tímida muchacha recién llegada a la mayoría de edad, ya había pegado el estirón y su cuerpo empezaba a desprenderse de las redondeces que tanto la habían acomplejado de niña. Tras ese primer contacto, se vieron en varias ocasiones y pasaron un fin de semana con toda la familia real. Pero el príncipe no se decidía. Porque, en realidad, no tenía el más mínimo interés por Diana. Estaba perdidamente enamorado de Camilla.

Fue Felipe de Edimburgo quien obligó a su hijo a casarse con Diana. Carlos ya superaba la treintena. Desde hacía más de 300 años, ningún príncipe de Gales había llegado a tal edad en estado de soltería. Sus padres estaban tan hartos de Camilla como de que la interminable lista de romances del heredero fuera el pasto que a diario alimentaba a los tabloides. Diana cumplía dos requisitos básicos: no tenía pasado y era virgen. Por lo demás, no tenía nada que ver con el príncipe ni compartían afición alguna.

Pero no responde a la realidad afirmar que la hija del conde Spencer ingresara engañada en la secta de los Windsor. Presumiblemente, ella tampoco se casó enamorada de Carlos, quien apenas la había cortejado. Durante los seis meses de noviazgo oficial, apenas se vieron media docena de veces y ella se olió el pastel enseguida. Sin embargo, deseaba protagonizar su cuento de hadas. Sus compañeras de piso declararían años después que Diana se sentía fascinada por la idea de ingresar en la familia real y de convertirse algún día en reina. Antepuso sus propios delirios de grandeza a una felicidad que jamás logró.

El carácter de Diana era sumamente complicado. Inexperta en todos los sentidos, estaba llena de inseguridades y ansiaba cariño. El divorcio de sus padres la había traumatizado y sus complejos marcaron una adolescencia difícil. Antes incluso de casarse, cuando comprendió la extraordinaria responsabilidad que contraía y la presión insoportable a la que iba a tener que hacer frente el resto de su vida, se agudizaron los problemas de anorexia y de bulimia que arrastraba desde niña. El príncipe sólo sabría de este mal cuando el matrimonio ya se había consumado. Cuando ya nada tenía remedio. Los celos, las infidelidades de Carlos, la rigidez del protocolo en Palacio, la falta de afecto de los Windsor... multiplicaron el problema de bulimia que la princesa arrastró hasta después del divorcio. ¿Cómo pretendía que le dieran cariño a ella personas incapaces de demostrarse entre ellos la más mínima debilidad sentimental, que habían sido educados de ese modo y que lo consideraban como la única forma de obrar respetable?

Diana no comprendió nada. Y su flaqueza exasperaba a la realeza. Cuanto más crecía su estrella mediática y la fascinación que conseguía despertar en el pueblo, más se abatía internamente al sentir que se le escapaba toda posibilidad de ser feliz entre los dedos. En Buckingham nadie podía entenderla. Porque para los Windsor –“la Empresa”, en expresión del duque de Edimburgo– no cabía aspirar a algo tan mundano como la felicidad; se debían a una misión cuasisagrada, siguiendo el compromiso adquirido por Isabel II cuando fue ungida para llevar las riendas de su pueblo hasta su último aliento.


LA MAYOR TRAICIÓN

Diana, madre de un futuro rey de Inglaterra, arrastrada por el visceral odio que incubó hacia su marido, protagonizó la mayor traición de la historia a la dinastía. Ella, que había revitalizado la monarquía y que la había dotado de un encanto y fascinación inexistentes hasta su llegada, estuvo a punto de derribarla divulgando las confesiones más escabrosas de la familia. Acabó para siempre con la virginidad entre el pueblo británico y su monarquía.

Diana, arrebatada por la locura como un personaje lorquiano, se propuso que su esposo no llegara a reinar. Y a la altura de 1992, cuando Carlos y la princesa ya vivían separados, se entregó a su confesor, el periodista Andrew Morton, revelándole todos los escándalos y miserias de su familia política, que no tardaron en ver la luz en forma de libros y de interminables seriales sensacionalistas en los tabloides. Aún más. En 1995, coincidiendo con el divorcio, Diana dio la puntilla de gracia a los Windsor accediendo a protagonizar una entrevista en la BBC que paralizó a todo el país, en la que la princesa describía su cuento de hadas como uno de terror.

Todos amaban a Diana, la compadecían y se identificaban con ella. A la vez, la popularidad de la monarquía cayó en picado. Por primera vez, las encuestas mostraron un inquietante desapego hacia la institución. Varios políticos, incluidos destacados conservadores, avivaron el espantajo de la República.

Diana llegó a saborear en vida su venganza, la de ver cómo se apagaba la magia que había rodeado durante siglos a la Corona con más pedigrí del planeta, mientras su estrella resplandecía cada vez más. Cenicienta no existía; pero ella, el patito feo, se había convertido al fin en un magnífico cisne al que la gente adoraba y con el que tanto los mandatarios internacionales como los desarrapados del mundo querían fotografiarse. Habrían de pasar muchos años para que las cosas volvieran a su sitio y la monarquía británica demostrara una solidez por encima de populismos.


LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 26 DE AGOSTO DE 2017

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Re: MONARQUIA INGLESA - Noticias sobre los Winsor

Mensajepor Assia » Dom 27 Ago, 2017 5:45 am

Estoy hasta las narices de no poder conectar o desconectar mi ordenador sin que me salga la foto de Lady DI siempre con el mismo titulo: ''NO FUE 1 ACCIDENTE'' Bueno y que... ? Ella se lo busco por querer humillar a la Casa Real, con tantos amantas que a la prensa no ocultaba y nunca penso esta pobre infeliz que tenia que respetar por tradicion la Casa Real por ser la madre de 1 hijo que en su dia pudiera ser rey de Inglaterra. Solo queria escandalo y mas escandalos para venvarse de la suegra. Cierto,nadie tiene derecho a quitarle la vida a 1 ser humano y pese a tener 1 casco dislocado y cegada por la venganza, Diana tuvo parte de culpa lo que le paso. CON LOS DE LA MI6 NO SE JUEGA. Mas caro lo pago el Dr. Kelly que se ''suicido'' por evitar 1 guerra que tantos muertos causo y hasta hoy no paran de matar en Iraq y nadie ya lo nombra al Dr. Kelly y lo que es peor, su ''suicidio'' esta bajo sumario y no se hara publico hasta dentro de 70 anos. Con remover el ''accidente'' de Diana solo buscan hacer pagne y la gente que le gusta esas leyedans de seres guapas desgraciadas, compran todo tipo de folletines. DIANA NUNCA FUE DESGRACIADA TUVO TODOS LOS AMANTES QUE LE GUSTARON LLEVARSE A LA CAMA.
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Mensajepor Invitado » Dom 27 Ago, 2017 6:15 pm


El amigo argentino de Lady Diana cuenta cómo conoció a Carlos y el deseo de cancelar la boda



La vida secreta de Lady Diana



"Los problemas alimenticios de Diana se lo debe a Carlos", la declaración del mejor amigo de Diana

Roberto Devorik, íntimo de Lady Diana, habló del verdadero amor de la princesa de Gales



La muerte de Lady Diana contada por su mejor amigo argentino



Las anécdotas sobre la vida amorosa extramatrimonial de Lady Di

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Mensajepor Invitado » Mar 29 Ago, 2017 4:18 pm


Lady Di frente a La Reina Isabel II
Inglaterra, 29 de julio, 1981. El Príncipe Charles se casa con la joven Lady Diana Spencer. Rápidamente, el cuento de hadas moderno se convierte en un amargo duelo entre dos mujeres, la Reina de Inglaterra y la Princesa de Gales.

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Re: MONARQUIA INGLESA - Noticias sobre los Winsor

Mensajepor Assia » Mié 30 Ago, 2017 4:52 am

Gracias Invitado pofr ese video con algunas cosas olvidadiza. Interpretar esto como si es cierto que las grabaciones de Diana son ciertas y no falseada con su voz de 1 falsa Diana.
A Diana le pusieron de escolta 1 gran mozo muy guapo. Diana NO se acosto con el, pero si confeso a su psicologo/a que se habia enamorado de ese escolta. Nadie sabe como lo supo la reina que inmediatamente fue despedido el escolta de Diana y lo malo fue, que al poco tiempo, el escolta de Diana murio tambien en 1 accidente de trafico en Londres. Siento no recordar el nombre del escolta. Diana nunca creyo en ese accidente y desde entonces temia de que al final, a ella tambien la eliminaria. Pero como la pobre de Diana era 1 maniatica, se echo de amante a ese tal James...H...? No recuerdo su nombre. Lei hace poco que estaba arruinado y muy enfermo con 1 ictus...? No recuerdo. Si Diana temia tanto por su vida, Diana no hubiera tenido tantos amantes con los que se iba para que la prensa los fotografiaras juntos. Solo el medico de Paquistan, nunca quiso ser visto con Diana pese a que la visitaba en su apartamento en palacio. Esto lo ha contado el que fuera mayordomo de Diana que ha escrito 1 libro en el que dice que el era el panuelo de lagrimas de Diana.
Diana esta muerta y merece respeto pero yo estoy segura que si el orejon Principe de Gales hubiera sido mayordomo del padre de Diana y no futuro rey ingles, Diana no se hubiera casado con el. Para fastidiar no solo a la Casa Real, tambien el gobierno y opositores partidos politicos britanicos, Diana se fue de vacaciones con el hijo de 1 hombre fichado por la MI6 como que hizo toda su fortuna traficando armas y vendiendolas a los del IRA. El papa de Dodi aun no ha conseguido ni conseguira la nacionalidad britanica y lleva anos que la lleva solicitando. Diana quiso fastidiar a la reina saliendo y siendo amante de 1 musulman y lamentablemente, ocurrio ese ''accidente'' en el que perdio la vida.
Cada cual o cada quien puede opinar diferente. En este foro cada forero/a puede dar su propia opinion. A mi no me gusto nunca Diana, siempre la imagine que parecia 1 mosquita muerta pero fastidiaba a los demas con todos sus caprichos de salirse con la suya. No tuvo respeto ni penso por 1 segundo que la madre de 1 futuro rey ingles no deberia de comportarse como se comportoba ella: unas veces dejandose fotografiar con su amante en el yate y otras veces escondiendose de la prensa. La verdad la dijo 1 Sr. en esa entrevista: '' DIANA ERA 1 GRAN MANIPULADORA'' Pero al mismo tiempo, creo que Diana tenia muy pocas luces y con tal de danar a los demas, se dano ella misma.
Assia

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Mensajepor Invitado » Jue 31 Ago, 2017 7:03 pm


Lady Di, el Especial - Primera parte (26-08-2017) - Marley Presenta



La princesa Diana




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