LA Infanta Elena

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LA Infanta Elena

Mensajepor Invitado » Sab 12 Sep, 2020 2:01 am

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ELENA, LA GRAN VÍCTIMA DE LA MARCHA DEL REY PADRE Que Don Juan Carlos se vaya de España afecta mucho a su hija mayor. La Infanta no tiene asignación y no forma parte de la Familia Real, pero está muy unida a su padre, que le ayuda con sus hijos y comparte con ella bastantes aficiones


LA MARCHA DE DON JUAN CARLOS DEJA A LA INFANTA ELENA DESPROTEGIDA

La primogénita del Rey Juan Carlos siempre ha mantenido un vínculo especial con su padre, quien en multitud de ocasiones ha comentado que el futuro de las Infantas y sus hijos era su gran desvelo. Tras su marcha, quedan en una situación difícil.

CONSUELO FONT


ESTE 2 DE SEPTIEMBRE se ha cumplido un mes de la marcha del Rey Juan Carlos a Abu Dabi, donde decidió instalarse bajo la protección de su amigo, el jeque Mohamed Bin Zayed. Su blindaje es total, nada ha trascendido sobre su vida allí aunque, según revela a LOC una fuente de su entorno, “quien piense que está viviendo un cuento de las mil y una noches al abrigo de sus amigos se equivoca. Es un anciano de 82 años que apenas puede andar y su salud está muy tocada, sobre todo por su grave operación de corazón el verano pasado. No se ha ido por capricho, sino obligado, para evitar la brutal campaña que había contra la corona, pese a no estar siquiera encausado por la justicia. Claro que echa de menos España, sus amigos, sus regatas en Sanxenxo, y sobre todo le inquieta la suerte que pueda correr su familia, especialmente sus hijas, las infantas Elena y Cristina, y sus nietos, a los que ve desprotegidos. De hecho, este miércoles Victoria Federica, a la que adora, cumplió 20 años y no pudo estar con ella”.

Nada que ver con su también señalada mayoría de edad hace dos años, cuando su abuelo le organizó una gran celebración en Zarzuela, a la que se desplazó la infanta Cristina desde Ginebra con sus hijos. Hoy, en el palacio se respira una gran tristeza tras un verano amargo que Doña Sofía ha pasado prácticamente enclaustrada en Marivent con su hermana Irene y su prima Tatiana Radziwill. El hecho de que no se haya dejado ver por Palma con su hijo Don Felipe, ni con sus nietas Leonor y Sofía, es indicativo de la tensión familiar. Porque en la recta final de sus vidas, Don Juan Carlos y Doña Sofía habían limado asperezas y logrado una relación cordial –ella aún se refiere a él en la intimidad como “mi marido”–, donde prevalecían las vivencias compartidas y el futuro de sus hijos y nietos, la mayor preocupación del matrimonio.

Son las infantas Elena y Cristina las que más han sufrido por la marcha de su padre. De hecho, en vísperas de su partida, estuvieron con él en Zarzuela. Un trance muy duro, sobre todo para Elena, su ojito derecho, que no se ha separado de él estos últimos meses en los que la situación se le ha ido complicando. Don Juan Carlos se refugió en su casa en marzo la víspera de que Don Felipe, tras publicarse que aparecía como segundo beneficiario sin su consentimiento de una fundación que albergaba la donación de cien millones de dólares hecha por la monarquía saudí a su padre, emitiera un durísimo comunicado en que le repudiaba, renunciando a su herencia y a todo dinero de origen sospechoso. Le despojó también de su asignación.

Tras el confinamiento, que la infanta pasó sola en su casa del barrio del Niño Jesús, Elena iba a diario a Zarzuela y mantenía con su padre largas charlas en el jardín. Ha sido su gran bastión desde que se divorció de Jaime de Marichalar, con quien su relación es nula: sólo se hablan para cuestiones de sus hijos.


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MEDIADORA

El Rey Padre, a raíz del escándalo de la cacería de Botsuana y de saltar su relación con Corinna Larsen, hechos que provocaron su abdicación en 2014, se apartó bastante de su familia, salvo de Elena y sus hijos, su gran refugio. Además, con su primogénita, las más Borbón, comparte aficiones como los toros, la caza, la buena mesa y hasta las regatas en Sanxenxo, en las que últimamente compite Elena. Dados sus problemas de movilidad, le ha acompañado a viajes y fue su sombra en actos públicos hasta que en 2019 se jubiló de la vida oficial. Además, ejerció de mediadora cuando Don Felipe y su hermana Cristina rompieron tras el caso Noós, que también distanció a Don Juan Carlos de su hija menor, aunque Elena contribuyó a su acercamiento, y asimismo a limar tensiones entre sus padres tras el affaire Corinna.

Don Juan Carlos se ha volcado con su primogénita, a la que ve muy sola en la crianza de sus hijos, dos jóvenes, de 20 y 22 años, nada fáciles. Ha ejercido de paraguas económico, ayudándole a costear su actual hogar y pagando la universidad de Froilán y Vic, el International College of Studies, a razón de 20.000 euros el curso.

Una de sus preocupaciones es que, cuando falte, Elena mantenga el puesto como directora de proyectos sociales de la Fundación Mapfre que ocupa desde 2008 con un sueldo de unos 200.000 euros anuales. No en vano, tras la proclamación de Don Felipe, fue apartada de la Familia Real y de la agenda oficial, perdiendo su asignación, de unos 70.000 euros por año. Don Juan Carlos, que siempre veló económicamente por sus hermanas Pilar y Margarita, descarta que el Rey Felipe asuma ese rol con Elena y Cristina. De hecho, una parte de esos 100 millones de dólares saudíes depositados en la fundación Lucum eran para garantizar el mantenimiento de Doña Sofía, las infantas y sus nietos, atendiendo además cualquier petición razonable que le hicieran.

Su obsesión por proteger a su hija mayor viene de su infancia, pues no fue una niña fácil, tenía un carácter indómito y problemas de rendimiento académico, por lo que requirió ayuda especializada. Sus travesuras tenían en vilo a sus padres, como cuando se escapó a toda velocidad en un kart por los jardines de Zarzuela, y casi se asfixia al engancharse su melena en una rueda. Según reveló Gabriel Cisneros, uno de los padres de la Constitución, Don Juan Carlos hizo sólo una petición a los constituyentes y fue mantener al Príncipe Felipe como sucesor, pese a ser Elena primogénita.

Providencial fue la aparición de Carlos García Revenga, tutor de Elena en su colegio, Santa María del Camino, y actualmente íntimo suyo. Se volcó en sacarla adelante en los estudios, propiciando que cursara Magisterio y lograra diplomarse en Ciencias de la Educación en la Universidad de Comillas, de la que era profesor. Mérito que decidió a Don Juan Carlos a nombrarle jefe de la secretaría de las infantas en Zarzuela, convirtiéndose en una especie de niñera que velaba hasta de sus asuntos personales. De hecho, alertó cuando Elena montó una empresa, Ginoscéfalos, que fue disuelta. Entonces la infanta ejercía como profesora de inglés en la guardería Mikos, etapa de la que data una significativa anécdota que relató el primo de Doña Letizia en su libro Adiós, Princesa.

Al preguntarle cómo se apañaba para enseñar inglés a niños tan pequeños, su reacción fue: “Pues voy a la pizarra, escribo blue y entonces les digo que el cielo es bluuuuu”, escenificó, prolongando el sonido las ues en un leve aullido y levantando ambas manos al cielo, que dejó sin palabras a su interlocutor.

Desolación es la palabra que mejor define el estado actual de Elena, con su padre a 7.500 kilómetros, ya que sus hijos Froilán y Victoria Federica hacen de su capa un sayo. Durante el confinamiento la dejaron sola. Vic se marchó con su novio, el dj Jorge Barcenas, a una finca de Jaén, El Aserradero; y Froilán, con amigos a un hotel en Benahavís, cerca de Marbella. La hermana de Don Felipe permaneció en su domicilio del barrio del Niño Jesús con la unica compañía de Tula, su perrita fox terrier.


CRISTINA, SU APOYO

Tras la marcha de Don Juan Carlos, su refugio fue la infanta Cristina, a la que cada día está más unida y con la que se recluyó unos días en la finca de su íntima, Rita Allendesalazar, en la localidad segoviana de Muñopedro. Posteriormente se marchó con su hermana a Bidart, localidad vasco-francesa donde el clan Urdangarin tiene su cuartel veraniego y Cristina pasa sus vacaciones desde que el caso Noós la convirtió en non grata en Marivent.

Elena finalmente no acudió a Mallorca con Doña Sofía, como se especuló, quizá porque le resultaba demasiado duro estar allí sin su padre, que el verano pasado acudió a Marivent por vez primera desde su abdicación. Es un lugar lleno de nostalgia para ella porque le hace añorar su niñez y esos veranos en que los tres hermanos estaban unidos. La última vez que se la vio en público fue el 4 de septiembre en Madrid, cuando acudió al tanatorio de La Paz para dar el pésame a Xandra Falcó, viuda de Jaime Carvajal Hoyos, fallecido de infarto con 56 años y cuyo padre es íntimo de Don Juan Carlos. Pero evitó coincidir con los Reyes, que también se acercaron al tanatorio.

DOÑA CRISTINA
YA CORTÓ CON LA FAMILIA POR LEALTAD A IÑAKI


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La Infanta Cristina (55) no ha tenido una relación tan simbiótica con su padre como Elena, aunque era uña y carne con Don Felipe, con quien rompió a raiz del ‘caso Nóos’, pues ambos tienen un carácter más Grecia que Borbón . Además, Cristina es la más independiente de los hermanos, ha vivido gran parte de su vida fuera de Zarzuela y dicen que siempre fue “a lo suyo” postergando a su familia. Lo demostró en 1992, cuando, pese a la oposición paterna, se afincó en Barcelona , pues salía con el fallecido aventurero Álvaro Bultó. Y también en 1996, cuando conoció a Urdangarin en los Juegos Olímpicos de Atlanta y, pese a que Don Juan Carlos hizo lo imposible porque desistiera – pues no concebía un yerno regio balonmanista – , amenazó con irse a vivir con él si no anunciaba el compromiso.

Gran tensión hubo también entre ambos cuando, con Urdangarin imputado, la Infanta se negó a hacer un gesto desmarcándose de su marido o renunciando a sus derechos al trono, que hubiera supuesto un balón de oxígeno para la Corona. Se atrincheró en el ‘no sin Iñaki’ y el ‘caso Nóos’, unido a la crisis del elefante de Botsuana y la irrupción pública de Corinna Larsen, acabaron hundiendo la Monarquía de Don Juan Carlos.

Tras la abdicación, existía una sima entre padre e hija; de hecho, Don Juan Carlos no fue siquiera a la comunión de su nieta Irene, la pequeña de Cristina, celebrada en mayo de 2015 en Ginebra. Sí asistieron Doña Sofía y la Infanta Elena, que han ejercido de enlace para recomponer la relación. Algo que dio fruto cuando Don Juan Carlos asistió al 50 cumpleaños de Urdangarin en Suiza en enero de 2018 y se consolidó tras su ingreso en prisión ese mes de junio, pues Cristina se fue acercando a su familia. Incluso en abril de 2019 Don Juan Carlos asistió en Alemania a un partido de balonmano de su nieto, Pablo Urdangarin, imagen insólita que coincidió con la decisión entonces secreta de Don Felipe de renunciar ante notario a la herencia y a los dineros no trasparentes de su padre. Suponía la formación de un nuevo frente familiar encabezado por los Reyes Padres, que se habían reencontrado, acercamiento que en buena parte se atribuye a la preocupación que comparten por el porvenir sus hijas las Infantas y sus nietos. De hecho, se publicó que en diciembre pasado la fundación La Caixa acordó el cese de Cristina como directora del área internacional en este 2020. Un revés que no le va a suponer una debacle económica tota l pues gracias a su padre le queda su otro trabajo espléndidamente remunerado en la fundación de Karim Aga Khan, íntimo de Don Juan Carlos. Ahora, a la tristeza por su marcha a Abu Dabi se le une la preocupación por la situación penitenciaria de Urdangarin, a quien la Fiscalía le ha vuelto a denegar el tercer grado.



LA OTRA CRÓNICA EL MUNDO SÁBADO 12 DE SEPTIEMBRE DE 2020




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