HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

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Assia
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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensajepor Assia » Mar 29 Ago, 2017 10:09 am

Si, algo de eso he leido de esta Carmencita que no sabe ya lo que inventarse para salir en la prensa basura. Pero la tonteria mas grande que ha comentado esta Carmencita es que '' ME GUSTARIA CASARME CON 1 IMPOTENTE MILLONARIO'' Ahi va mi consejo Carmencita: associate a los REUBLICOS del eminente pensador y llevalo a que os case Garzon y veras lo de millones que heredara con el pagne que hizo la mujer y cunada de Trevijano con el negocio que puso su mujer (murio sin testar) y su cunada Simone con el CACAO Y CAFE DE LA GUINEA. Aprovecha mi consejo Carmencitsa y seras la duena del palacete del eminente pensador y de sus millones que no los hizo por ser el ''mejor abogado del mundo'' Vamos, que segun el eminente pensador el no quiso ni 1 centimo del la herencia de sus padre y dejo toda la herencia de su padre para sus hermanos y todo lo gano el con su carrera de abogado que para eso es el ''mejor abogado del mundo'' segun 1 de sus chupaculo.
SUERTE EN ''CAZARLO'' A ESTE EMINENTE PENSADOR!!!
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Mensajepor Invitado » Dom 24 Sep, 2017 7:02 pm


Entrevista a Juan Carlos Onetti - Encuentros con las letras (TVE, 1977)
Entrevista en profundidad al escritor uruguayo Juan Carlos Onetti en el programa "Encuentros con las letras", emitido el 27 de mayo de 1977 en TVE. El autor nos confiesa que no se prodiga debido a su timidez y al aburrimiento que le provocan las preguntas de los periodistas. El escritor uruguayo nos habla además de sus referencias literarias, sus obsesiones, sus personajes, su álter ego literario, etc.

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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensajepor Assia » Mié 27 Sep, 2017 5:09 am

Onetti en el Hilo politica, Onetti en este Hilo, con tanto Onetti, se me han quitado las ganas de escribir lo que tengo anotado de Gelrald Brenan. Ahora Onetti, antes se le inchaba el pecho con: '' NOSOTROS LEEMOS A UMBRAL Y TU A QUIEN LEES.?''Pobre ignorante! que cuando le dije que el unico libro que lei de Umbral era: '' LORCA, POETA MALDITO'' y no me gusto. Se le notaba en la cara, la decepcion de que a mi no me gusto Umbral y para colmo, me di el gustazo de no decirle los autores que leo y me gustan. Espero que se pase esa calento ne Onetti, para seguir con otro autor en este Tema.
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Mensajepor Invitado » Sab 30 Sep, 2017 3:09 am

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Valença do Minho. Fotografía: Alice (CC).


Lusofobia desde una toalla portuguesa

David Araújo


«Vende toallas, Cristiano vende toallas, vende toallas, Cristiano vende toallas…», cantaban los aficionados del Celta en uno de los últimos partidos en Balaídos a los que pude acudir. Ronaldo, tan atento él a todo lo que puede estar relacionado con su autoinstitucionalizado yo, parecía desconcertado por aquel cántico.

No hay familia de Vigo que no tenga, como mínimo, una toalla comprada en Portugal. Son toallas de playa, enormes, de tejido perenne, que sobreviven a varias generaciones. Normalmente nos las traemos de Valença do Minho, pero a lo largo de los últimos años los censos toallísticos de la ciudad olívica han registrado un incremento de las adquiridas en Oporto, El Algarve, Lisboa y alrededores. Además de la más obvia de sus funciones, la toalla portuguesa nos reafirma como personas de mundo: es nuestro certificado de que hemos ido al extranjero. ¿Y qué pasa cuando una persona viaja más allá de nuestras fronteras, aunque sea yendo y volviendo en el mismo día? Que, inevitablemente, se convierte en una voz lo suficientemente autorizada para esgrimir juicios políticos, geográficos, fisonómicos y sociológicos sobre el país que ha visitado.

Viajé a Valença por primera vez con nueve años, con mis padres. Como buenos españoles, honramos nuestra carpetovetónica idiosincrasia pasando de estraperlo por la aduana un reloj de salón que aún hoy funciona y se muestra ufano en el recibidor de la casa de mis padres. Considero a mi familia bastante más decente que la media española, pero volver de Portugal declarando honestamente todo lo que habíamos comprado suponía manchar, además en un escenario tan representativo como es el puente sobre el río Miño que separa Tui de Valença, la imagen que nuestros coterráneos habían forjado durante tantos años. A ver si iban a pensar que éramos japoneses.

Ese era mi debut en el país vecino, y yo, entonces, ya tenía enquistados los tres «todos» de los portugueses: todos están en verano a las 9 de la mañana en la playa de Samil para quitarnos el sitio (y, además, todos están también, a la vez que en Samil, petando El Corte Inglés); todos conducen como locos; y todas las mujeres son feas y tienen bigote. No había giro copernicano que desplazase estos asertos.

En lo de superpoblar la playa de Samil sería injusto no reconocer que permitimos que los lusos compartan culpa con los orensanos: el arenal es grande, y, además, existe un espacio con césped equivalente, ahora que todo se mide en campos de fútbol, a los estadios del Benfica y del Oporto juntos. Ahí los orensanos («paragüeros de los cojones») tienen que dar un paso al frente y reconocer su parte de responsabilidad. Lo paradójico del tema es que la mayoría de los vigueses (y si me apuras, de los seres humanos) tirando un poco del hilo genealógico encontrarían un padre, una abuela, o una mascota de Ourense que en un momento dado emigró a Vigo para ganarse las habichuelas y que a partir de ese momento empezó a colaborar en el proceso de procrear potenciales personitas que se creen dueñas de Samil y de El Corte Inglés. Por mucho que en julio y agosto Orense sea una de las ciudades que figura varias veces como la que más alta temperatura ha alcanzado en todo el territorio nacional (sí, España, en la fría y lluviosa Galicia existen lugares en los que hace calor en verano), el hecho de que sus habitantes huyan hacia la costa se ha considerado siempre como un acto de pillaje. Y no caigamos en el buenismo, que hay que reconocer que los orensanos tienen sus defectos: a mí, por ejemplo, me mata su uso de los tiempos compuestos; aprovecho que este artículo nos ha traído hasta aquí para hacer un llamamiento no solo a la provincia de Ourense (aunque creo, sin ninguna pretensión de verdad científica, que aquí está el foco de infección), sino a toda la comunidad autónoma: gallegos, somos de verbos simples, sobre todo en el lenguaje hablado, quizás porque siempre hemos sido también gente simple, en el mejor sentido de la palabra; entre nosotros meter un «he ido», por muy bien traído que esté, es una pedantería, pero es que además solemos confundirnos y atentamos con armas lingüísticas como «ayer he ido al cine». No se puede consentir que delincamos de ese modo por no ser nosotros mismos. Cuando en la conversación esté presente alguien de más allá del Padornelo se puede intentar, pero con cuidado. Solo las madres gallegas, cuando quieren aumentar el grado de seriedad de la represalia, tienen plena libertad para tirar de verbos compuestos: un «¿Yo qué te dije?» no impone lo mismo que un «¿Yo qué te he dicho?», aunque no debemos olvidar que tenemos la variante autóctona del «¿Yo qué te tengo dicho?».

Pero volvamos al portugués colonizador de playas y de centros comerciales. Mientras que en cualquier ciudad del mundo cuando el tráfico está menos fluido de lo habitual la gente se pregunta «¿Habrá habido algún accidente?», en Vigo decimos «¿Será festivo en Portugal?». Y, como con los orensanos, tampoco quiero hacer yo de abogado del diablo con nuestros compañeros de península: porque, por ejemplo, los bañadores masculinos que me llevan no hay por dónde cogerlos, metafórica y literalmente. Si queremos que Vigo cuente con la playa con las mejores vistas del planeta hay que hacer dos cosas: la primera, tirar el edificio de la isla de Toralla, y la segunda, que Samil sea nudista. Por mucho que votemos al PP, no puede haber miembro viril que escandalice más a la sociedad gallega que esos trozos de tela en los que se embuchan de manera sórdida accidentes anatómicos. El problema es que en España los hombres tampoco estamos muy afortunados últimamente escogiendo la ropa de playa, o quizá es que no estamos finos juzgando nuestro físico (estoy muy a favor de la autoestima, pero también de la gestión del entusiasmo), así que si queremos tener un argumento de peso para justificar nuestra lusofobia, apliquémonos más en este aspecto y tendamos a la contención holgada de la mayoría de los cuerpos.

Que los portugueses tengan a Cristiano Ronaldo y a Mourinho como estandartes futbolísticos tampoco nos vale para verter sobre ellos nuestro odio: en primer lugar, cuando mi familia sacaba el reloj de estraperlo de Valença, yo ya sabía que los portugueses nos molestaban, y Cristiano Ronaldo igual entonces ni había nacido, o autogestado, porque a lo mejor lo de que este chico se haya hecho a sí mismo es literal, e igual que no necesita de otros para ganar partidos no necesitó tampoco de seres que lo gestasen. Y, en segundo lugar, porque si en algún país tiene prestigio social la grosería y la soberbia es en el nuestro, y no creo que allí los hayan encumbrado más de lo que lo ha hecho media España. Así que, descartados Cristiano Ronaldo, Mourinho y los bañadores como justificantes de la lusofobia, sigamos buscando pruebas para ver por qué amigos de otras partes de Galicia no quieren venir a Samil, porque «en Samil solo hay portugueses». Y no, no lo dicen por el sentido pretendidamente peyorativo (¿?) que aplican al gentilicio para referirse a los vigueses, que sabemos contraatacar llamando «turcos» (putos turcos) a nuestros vecinos del norte o «paragüeros» a los orensanos o «madrileños» a todos los de fuera de Galicia que son de interior. Como cuando les pregunto «¿Y cuál es el problema con los portugueses?» no saben darme una razón, y simplemente se quedan en bucle recitando «No me gusta que haya portugueses —y en Samil hay portugueses—. No me gusta que haya portugueses —y en Samil…—», me dedico últimamente a analizar qué actitud provocó que ese rechazo se instaurase en el subconsciente de mis amigos.

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Playa de Samil, Vigo. Fotografía: arfoo (CC).

Así que desde mi toalla, comprada en Faro en la Semana Santa del año 1990 y que tengo previsto que dure como mínimo hasta que toda Galicia tenga AVE —esto es, que pase por dos generaciones más—, me harté a observar portugueses en la playa este verano, intentando como buenamente pude desviar la mirada de sus bañadores. En principio ningún problema, oye. Falan baixiño (y el susurro en la playa es un patrimonio en peligro de extinción que deberíamos empezar a cuidar de verdad); recogen la basura; cuando caminan entre las toallas portuguesas de gente que no tiene por qué ser portuguesa lo hacen sin levantar arena; les encanta jugar al fútbol y lo hacen como mandan los cánones de la buena educación en la playa: en la orilla, mientras la marea está baja; da gusto comprobar además cómo los niños, desde muy pequeños, tienen un exquisito toque de balón. Acabando mis vacaciones, desalentado por no hallar indicios de criminalidad en su modo de actuar, y a punto de rendirme y declarar abiertamente que el estropicio de los bañadores no era motivo suficiente para justificar la lusofobia, apareció en escena un elemento harto perturbador: el paravientos.

Porque un paravientos portugués fue el que casi nos lleva a rememorar las guerras fernandinas: por este artilugio demoniaco, un grupo de cinco o seis señoras mayores llevaron su lusofobia a las puertas de la violencia una bonita mañana de agosto, de un día entre semana, a una hora en que todavía Samil estaba semipoblada, de tal manera que una familia con un paravientos no molestaba a nadie que no tuviera predisposición natural a la indignación. Las pocas toallas extendidas en ese momento en el arenal estaban a suficiente distancia como para que nadie pudiera —ni tuviera que— oír conversaciones ajenas. Claro que este grupo de señoras mayores no falaba baixiño como los portugueses, y sus comentarios xenófobos no podían pasar desapercibidos para los que estuviéramos a menos de trescientos metros de distancia: que si joder con los portugueses, que si no se pueden quedar allá, que deberían estar ayudando a apagar incendios (Portugal sufría esos días una trágica ola de incendios), que si ahora aquí y por la tarde al Corte, que no hay quien aparque en el centro de Vigo con tanto portugués, que, eso sí, hay que reconocer que la canción con la que ganaron Eurovisión era preciosa, que si estás segura de que son portugueses, que como falan tan baixiño yo no estoy segura porque no sé qué idioma están hablando, y además ellas no parece que tengan mucho bigote, que incluso una es guapa, que cómo no voy a estar segura con esos bañadores que me llevan (bien jugado ahí, reconozcámoslo)… Y entonces fue cuando repararon en el paravientos, que impactó especialmente a una señora con una pamela todavía más grande que el mismo paravientos. Esta mujer se transformó de repente en una mezcla de Fresita la de Gran Hermano gritando «Salou es mío» y de una Le Pen enxebre, garante de la defensa de Vigo ante la amenaza foránea. Desatada, la señora se levantó con una agilidad impropia de su edad, porque no era ella la que se desplazaba, era la furia contra el luso lo que la movía. Atraídas por su liderazgo, otras dos del grupo se irguieron para flanquearla; la acompañaban hipnotizadas por su carisma, iban hacia el paravientos, pero podían haberse dirigido a Tui a levantar un muro para impedir la llegada de indeseables, exigiendo encima que los portugueses lo costeasen, si la de la pamela las hubiera dirigido inmediatamente allí. Lanzando vítores como «es que además de no dejarnos sitio para aparcar ponen ese chisme y no nos dejan ver la playa», puño en alto, se plantaron ante la familia portuguesa y sin apenas darles tiempo para reaccionar la señora de la pamela arrancó el paravientos.

Eché de menos un «¡Santiago y cierra España!», pero pensé que como gesto simbólico para cualquier batalla de reconquista aquello no estaba nada mal. Con lo que no contaba «pamela Anderson» es con que hasta sus adláteres se percataron de que aquella era una guerra desproporcionada, que un paravientos igual no era el arma de destrucción masiva que habían pensado, y que a lo mejor habían metido la pata consintiendo en posar para aquella especie de foto de las Azores de andar por casa. Avergonzadas, empezaron a recular. Quizás influyó que muchos vigueses no somos lusófobos (y, de los supuestos lusófobos, la mayoría lo son solo de boquilla, por hablar por hablar, lo que no deja de ser feísimo) aunque apenas se note porque falamos máis baixiño que aquellos que sí lo son, y que varios tomamos partido para poner a la señora en su sitio (no literalmente, porque su sitio es un manicomio) y consolar a aquella familia, que aunque abochornada y todavía en estado de shock, no perdió en ningún momento ni la compostura ni la educación. En un momento, desde todas direcciones empezó a llegar gente de todas las edades con el objetivo de manifestar su posicionamiento, de manera rápida y contundente, y de contrarrestar una situación descabellada. Aunque pueda parecer insignificante, lo vi como una maravillosa y reconfortante reacción de solidaridad, que refleja que a veces somos mejores personas actuando de manera espontánea, reaccionando casi de manera refleja, que cuando nos dejamos llevar por la inercia del hablar por hablar, por la charla insustancial, por la corriente del prejuicio que nos sirve de calzador para encajar nuestro parecer en el bulto de la conversación.

Por mi parte, mi papel en este guirigay playero consistió, también en un arrebato, en salir escopeteado hacia el epicentro de la batalla. Interrumpiendo a la señora, me dirigí —en un portugués construido a base de hablar gallego y meter un –ao en las palabras que acaban en –ón— a aquella familia que estaba siendo avasallada y les espeté un «Nao marchedes de aí, que non molestades a ninguén; a que molesta é ela e a súa pamela» lleno de sentimiento. Los cuatro o cinco portugueses que formaban aquella familia, alucinando aún con todo lo que estaba pasando, se limitaron a aplaudirme, y uno me hizo el gesto del pulgar hacia arriba.

Volví hacia mi toalla portuguesa, preguntándome si quizá había perdido una buena oportunidad para, en pos de la alianza de civilizaciones, comentarle al del pulgar hacia arriba que hiciese el favor de cambiar de bañador.

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Playa de Samil, Vigo. Fotografía: Jota Barros (CC).

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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensajepor Assia » Mié 04 Oct, 2017 10:21 am

No se si veremos publicada las memorias de Lady Lucan. Se rumoreo que Lady Lucan tenia ya escrito sus memorias para ser publicadas despues de su muerte. Tenia 1 contrato con 1 editorial pequena que la publicaria. Dias antes de su muerte, hablo con el editor de esa pequena editorial inglesa y parece ser que le dijo que ya estaba acabado, pero que habia pensado rectificar 2 capitulos porque podia hacer danos a sus hijos y familiares y no queria hacer dano a nadie de su familia despues de muerta. Segun la policia que forzo la puerta de su mansion y la encontro muerta, la explicacion a la prensa de sos policias fue: '' una extrana muerte pero no sospechosa'' No se si algun lector de este foro, ha tenido mas suerte que yo porque no he encontrado nada sobre el funeral de Lady Lucan ni si le practicaron o no la auptosia.
Triste vida la de esta Dama que pronostico su muerte en la ultima entrevista que concedio a la prensa. "' No me importa morir sola, deseo morirme antes que tener que depender de otra persona para llevarme al bano por mi vejez.No quiero depender de nadie'' Lady Lucan, fue 1 activista para el suicidio voluntario con asistencia medica. Pese a que esta historia siempre me fascino y he leido varios libros, no os recomiendo ninguno porque la verdad no sabemos mas que lo que conto Lady Lucan, la policia y el ultimo matrimonio que visito Lord Lucan esa misma noche de su desaparacion para nunca mas ser encontrado ni vivo ni muerto. Era el dia libre de la ninera, pero Lady Lucan, no se encontraba bien y le pidio a la ninera que se quedara ese dia en casa. Lady Lucan le pidio a la ninera que le subiera 1 taza de Te. Como la ninera tardaba mucho en subirle la taza de Te, Lady Lucan bajo a ver lo que pasaba y encontro a su marido (del que estaba divorciada) tratando de meter en 1 saco el cuerpo sin vida de la ninera. Lord Lucan, al ver a su mujer, trato de estrangularla y Lady Lucan escapo corriendo y se fue a 1 taberna gritando que su marido habia tratado de estrangularla que llamaran a la policia. La policia encontro el coche de Lord Lucan con sangre, pero ese coche no era de Lord Lucan, lo pidio prestado a 1 amigo. Segun el matrimonio que vio a Lord Lucan, declaro a la policia que les habia dicho que al pasar por casa de Veronica (Lady Lucan) vio como 1 extrano quiso atacar a Veronica y el la salvo.Pero segun ese matrimonio, no informo a la policia de este suceso porque Lord Lucan no menciono que la ninera habia sido asesinada.
Tantas veces fue cuestionada por la policia Lady Lucan que decia mil veces que era su ex-marido al que vio. Tantas preguntas le hicieron conque posiblemente con poca luz que habia a lo mejor era 1 extrano y no su marido. Lady Lucan con tantas preguntas y cansada de tan largos interrogatorios acabo diciendo que podia haber 1 posibilidad. La ''profesion'' de Lord Lucan era la de jugar en los casinos, cuando desaparecio dicen que habia dejado 1 deuda de mas de 49 mil libra esterlinas. 1 gran suma de dinero en aquellos anos. 1 fuerte depresion y en tratamiento psiquiatrico, los hijos de Lady Lucan no quisieron vivir con su madre y se fueron a vivir con su tia materna. Custodia que tiempo despues fue autorizada por 1 juez. Cuando se casaron los hijos, no invitaron a la madre y no han tenido contacto con su madre. En su ultima entrevista, lady Lucan dijo a la entrevistadora (Ceo que era del periodico MIRROR) '' FUI A COMPRARME 1 CARDIGAN Y 1 PERIODISTA ME DIJO: LADY LUCAN, HOY SE ESTA CASANDO SU HIJA PEQUENA... NO CONTESTE ME ALEJE DEL PERIODISTA LO MAS RAPIDO QUE PUDE'' Por mucho que he buscado en GOOGLE, no he encontrado el funeral ni si sus hijos asistieron al funeral de su madre
Esperemos que ese manuscrito sea publicado, pero.... la muerte inesperada ''extrana pero no sospechosa'' de Lady Lucan, me hace pensar en algo misterioso esa muerte, muy conveniente y muy a tiempo. Eso es lo que yo pienso.
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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensajepor Assia » Jue 05 Oct, 2017 9:22 am

Segun GOOGLE, las memorias de Lady Lucan titulada ''A MOMENT IN TIME,'' sera publicada al final de este ano por Mango Books.
No estoy de acuerdo con lo que he encontrado de Lady Lucan en ABC.es.'' LADY LUCAN, EL OSCURO FINAL DE LA VIUDA MAS ENIGMATICA...''De misteriosa,'' tenia poco Lady Lucan. Lo incredible fue al duro y larguisimo interrogatoro a lo que la somtio la policia inglesa, hasta hacerla dudar de que dijera: '' cabe la posibilidad de que no fuera mi marido'' Cuando Lady Lucan habia reconocido a su marido y este trato de estrangularla. Ella escapo porque pudo con 1 pie pegarle en los testiculos a su marido. No es cierto lo que dice ABC.es de que Lady Lucan, fue la ultima persona que vio a su marido con vida. Hay muchas ??? sin repuestas. Por que Lord Lucan pidio 1 coche prestado a 1 amigo.? Por que no fue en su mismo coche.? La policia encontro el coche del amigo de Lord Lucan con sangre dentro, pero jamas se ha encontrado a Lord Lucan ni vivo ni muerto. Si es cierto lo que dice el hijo mayor de que su padre se tiro al rio y se suicido, raro que nunca se emncontrara el cadaver a flote. Deseando de poder leer esas memorias de Lady Lucan.
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HABLEMOS DE LA COÑOESCRITURA

Mensajepor Invitado » Dom 15 Oct, 2017 3:36 pm

ImagenErika Irusta, creadora de la primera escuela menstrual del mundo.

Erika, la catedrática en "coñoescritura": así afecta la regla a la hora de crear

La 'madre' de este arte literario escribe para "descubrir heridas", pero la semana del mes importa: en premenstrual es más libre, después de tener la regla es más intelectual. Cientos de mujeres quieren ser sus alumnas.


Paloma es periodista y "coñoescritora". Aprendió el oficio en la Universidad Complutense y a coñoescribir en una comunidad de menstruantes. Como periodista apenas ejerce —ya saben, la crisis—; como mujer documenta su día a día al dictado de su coño. Escribe, a diario, dando rienda suelta a su voz variable, como su propio ciclo. Así ha aprendido que es una y cuatro.

Es tarde y Paloma coloca sus manos sobre el teclado de su portátil. Ahí escribe su novela, por profesión; también lo que siente su cuerpo, por convicción. Paloma, la periodista, es recta, normativa, reflexiva; la coñoescritora es visceral, espontánea y dúctil. Por eso escribe su novela en un serio escritorio y su diario, algo muy personal, en el jardín.

Explica Paloma que la coñoescritura le ha enseñado a cuestionarse paradigmas, incluso a replantearse la naturaleza de los signos ortográficos. A zafarse de un lenguaje regulado y masculino, a encontrar puntos de encuentro con el resto de mujeres en textos escritos con tinta roja, sangre de mujer.

Paloma es una de las ochenta participantes que ha conseguido terminar el curso de coñoescritura que propone la pedagoga, investigadora y divulgadora del ciclo menstrual, Erika Irusta, creadora de la primera escuela menstrual del mundo. Lo empezaron 282 mujeres, más de la mitad de las integrantes de la comunidad Soy una, soy cuatro, un espacio privado en el que comparten experiencias privadas a salvo del escrutinio de mirones. Un lugar seguro, vetado para los hombres, donde expresarse.


¿Qué es coñoescritura?

Pero, ¿qué es la coñoescritura? La voz española de cuntwriting hace referencia a una forma de escritura orgánica, corporal, que nace del cuerpo cíclico y cambiante. Se trata, según su autora, de “un proceso creativo en el que la coñoescritora exorciza la grandilocuente Gramática Universal aprendida para escribir, por fin, desde su cuerpo; no a pesar de este, ni por encima de este”.

Tal definición aparece en el libro Diario de un cuerpo (Casa Catedral, 2016), el primer ejemplo práctico de coñoescritura, la referencia para quienes se inician en este proceso creativo. Un encuentro fortuito, según explica Erika, que surgió como la deformación de un encargo de la editorial.


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Erika Irusta, creadora de la primera escuela menstrual del mundo.


“Querían que hablara sobre la menstruación y pensé en escribir un libro sobre el ciclo, algo muy canalla sobre la cultura y el sistema, pero no podía; no me salía. Hablé de nuevo con mi editora y les ofrecí mi cuerpo, tratar en primera persona los cambios que ocurrían en mí de manera química, y que me afectan anímica, física y mentalmente”, recuerda Irusta, miembro de la Society for Menstrual Cycle Research de Estados Unidos. “Quería que la lectora se topase con todas las personas que hay en mí —revela a EL ESPAÑOL— y lo quería hacer en forma de diario, para que mi cuerpo me contase qué pasaba”.

Así se percató de que escribía diferente en función del momento del ciclo en el que se encontraba. “No era igual escribir en premenstrual que en preovulatoria, me sentía más libre. Después de tener la regla era más rígida, más intelectual. El proceso creativo depende del estado químico del cuerpo. Porque escribes desde el cuerpo, por mucho que quieras silenciarlo”, argumenta Irusta.

Escuchando a su cuerpo, Erika se topó con una serie de acontecimientos latentes, algunos muy traumáticos, que han ido forjando su carácter. Poniendo en negro sobre blanco su diálogo con su cuerpo admitió lo que tanto le había costado verbalizar: era una mujer maltratada, por su padre, y víctima de los abusos sexuales de su tío.

Más +++

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Neruda asesinado

Mensajepor Invitado » Lun 23 Oct, 2017 4:22 pm

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La viuda de Neruda siempre negó que el poeta muriera de cáncer

Matilde Urrutia defendió la tesis que ahora avala una investigación sobre la muerte del Nobel en 1973

Manuel Araya, víctima de la dictadura de Pinochet, denunció en 2011 el asesinato del Nobel. “Me pusieron una inyección y me estoy quemando dentro”, le dijo el poeta.



“A Pablo no lo mató el cáncer”. Así, de una manera tan rotunda, lo expresó su viuda, Matilde Urrutia, a un periodista de la agencia Efe en las primeras semanas de 1974 en la casa de Isla Negra, junto a las imponentes rocas de la playa y el atronador rugido del océano. Así lo remarcaría de nuevo en numerosas entrevistas de prensa hasta el invierno de su existencia. Y a esta misma conclusión han llegado los científicos que desde 2013 han examinado de manera concienzuda una parte de los restos del poeta en laboratorios de varios países con la tecnología más avanzada.

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El 5 de mayo de 1974, La Patoja, con quien el poeta contrajo matrimonio el 28 de octubre de 1966, explicó al diario bonaerense La Opinión que el doctor Roberto Vargas Zalazar (el urólogo chileno más importante de aquella época) le había asegurado en agosto de 1973: “Pablo vivirá como mínimo seis años y hasta es posible que muera de cualquier otra cosa, pero no del cáncer que tiene, pues está perfectamente controlado”. Fue Vargas Zalazar quien anotó en el certificado de defunción, que completó la mañana del lunes 24 de septiembre de 1973 en su domicilio sin haber examinado el cuerpo inerte, la causa de muerte hoy ya invalidada: “Caquexia cancerosa. Cáncer próstata. Metástasis cancerosa”.

El 19 de septiembre de 1974, en una extensa entrevista concedida al diario Pueblo en España, Matilde Urrutia se reafirmó en su convicción: “La verdad única es que el duro impacto de la noticia [del golpe de Estado] le causó que días más tarde se le paralizase el corazón. El cáncer que padecía estaba muy dominado y no preveíamos este desenlace tan repentino. No alcanzó ni a dejar testamento pues la muerte la veía aún muy lejos”. Efectivamente, en el invierno austral de 1973, aunque casi siempre postrado en su dormitorio de Isla Negra, Neruda prosiguió la preparación de sus memorias junto con su secretario y gran amigo Homero Arce, culminó la escritura de los siete poemarios que se publicaron póstumamente en 1974 e incluso preparaba ya la tradicional despedida de fin de año en su bellísima casa del Cerro Florida de Valparaíso: La Sebastiana.

En septiembre de 1983, en una de las últimas entrevistas que concedió, en este caso a la revista chilena Análisis, Matilde Urrutia volvió a referirse al fallecimiento de su esposo: “Pablo tenía un cáncer. El médico que lo atendía y que lo visitaba a menudo me había dicho que viviría por lo menos cinco o seis años. La verdad es que el golpe lo afectó mucho, prácticamente lo derrumbó. A pesar de que yo trataba de que no se enterara de lo que estaba sucediendo, eso era imposible (…) No me cabe duda que Pablo murió a consecuencia del golpe de Estado”.

La investigación judicial de la muerte de Pablo Neruda enfrenta una nueva etapa. Si los científicos hubieran confirmado la causa de muerte anotada por Vargas Zalazar, posiblemente habría concluido en el plazo de los próximos meses. Ahora, en cambio, estos intentarán esclarecer el origen de la nueva toxina hallada en sus restos para discernir si pudo ser inoculada por terceras personas. En este caso, habrían sido agentes de la dictadura para impedir que viajara a México, desde donde tenía previsto emitir una declaración contra la Junta Militar. En el exilio, la voz poética y política del Premio Nobel de 1971, admirada universalmente, hubiera sido el gran enemigo de Pinochet, quien, por cierto, en aquellos días estaba al corriente del estado de salud del poeta.

Sigue en pie, pues, la posibilidad del magnicidio denunciado por Manuel Araya, el modesto militante comunista que fue su chofer desde diciembre de 1972 y que junto con Matilde Urrutia fue la única persona que lo acompañó, en todo momento, desde aquella mañana del 11 de septiembre que truncó la incipiente primavera de Isla Negra hasta sus horas finales del 23 de septiembre de 1973. Se trata de una compleja investigación judicial, científica e histórica dirigida con tenacidad y rigor por el magistrado Mario Carroza, que ocupa más de tres mil páginas, en nueve tomos de declaraciones e indagaciones, además de un “cuaderno reservado”.

Desde luego, descartado ya el cáncer como causa de la muerte, puede argumentarse con mayor solidez aún que su fallecimiento fue producto, cuando menos, del terrible sufrimiento, de la agonía en que se sumió la última noche de su vida tras conocer en la habitación 406 de la Clínica Santa María el cruel asesinato de Víctor Jara y, en definitiva, la magnitud de la represión contra su pueblo.




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