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Mensajepor Invitado » Mié 29 Ene, 2020 10:48 pm

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Mario Vargas Llosa gana el Premio Francisco Umbral al mejor libro de 2019 por 'Tiempos recios'

El escritor hispanoperuano ha obtenido la novena edición del galardón, dotado con 12.000 euros

Se trata del Premio Francisco Umbral a la mejor novela del año, que en su novena edición ha recaído en Tiempos recios (Alfaguara), libro que rescata el tono y personajes de Conversación en La Catedral y La fiesta del Chivo para retratar la convulsa realidad de Guatemala a mediados de los años 50, cuando la CIA apoyó el golpe de estado militar contra Jacobo Árbenz. Las conspiraciones que anidan en el corazón de la historia se alternan con relatos ficticios para conformar una contundente denuncia de los excesos del imperialismo yanqui que se extendió por toda América Latina durante los peores años de la Guerra Fría.

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MARITO...

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Mensajepor MARITO... » Dom 23 Feb, 2020 2:08 pm

CON EL PREMIO DE UMBRAL.? Muy insignificante es ese premio. Sera por eso por lo que el ''PREMIO DE UMBRAL'' SE LO HAN DADO AL AMANTE DE LA FILIPINA Y NO A ISABEL ALLENDE...? No me gusta Isabel Allende como escritora. El unico libro que me gusto de Isabel Allende fue: '' PAULA'' donde relata la enfermedad de su hija y su muerte. No obstante, hoy, mi hijo me ha traido 1 libro de Isabel Allende que segun los criticos es el mejor libro que ha escrito Isabel Allende. Titulo del libro: '' A LONG PETAL OF THE SEA'' A ver si lo empizo a leer si no ahora, porque tengo sueno, manana lo empezare a leer.
former Assia

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Mensajepor Invitado » Mar 17 Mar, 2020 5:37 pm

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China censura los libros de Vargas Llosa por su crítica a su gestión del coronavirus

Desde la embajada china en Perú han lamentado las "declaraciones irresponsables" del Nobel, tildadas de meras "difamaciones y estigmatizaciones".

Las obras de Mario Vargas Llosa han desaparecido de las librerías y de las plataformas online en China. La razón: una tribuna del diario El País firmada por el Nobel peruano en la que hablaba de la crisis del coronavirus, sin obviar su país de origen, y en la que lamentaba el excesivo hermetismo del Gobierno comunista, la poca credibilidad de los datos que han ido ofreciendo al mundo y su cuestionable gestión de la epidemia durante las primeras semanas.


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Mensajepor Invitado » Jue 02 Abr, 2020 2:40 am

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Woody Allen y Mia Farrow junto a Misha, Dylan (en brazos de Mia), Fletcher y Soon-Yi, que luego sería la mujer de Allen, en 1986.

Woody Allen: "Sin creer en la vida futura, es igual que me recuerden como director o pedófilo"

'A propósito de nada', la autobiografía recién publicada del director, se convierte en un ajuste de cuentas contra Mia Farrow

LUIS MARTÍNEZ

Cuesta recuperar el aliento tras la lectura necesariamente atenta (y, por momentos, estupefacta) de A propósito de nada, la autobiografía siempre pospuesta (y hasta negada) de Woody Allen. El lunes, y tras la negativa de Hachette de editar el libro, Arcade Publishing sorprendió no tanto con noticia o promesa alguna como directamente con un hecho rotundo. De golpe, el libro estaba ahí como si se tratara de uno de los trucos de magia que tanto han cautivado siempre a su autor. Son 400 páginas que pesan como plomo fundido hasta en el Kindle, la manera instantánea de acceder a él. «Me desagrada», se lee casi al final, «haber dedicado tanto espacio a la acusación falsa de la que he sido víctima, pero digamos que el asunto ha traído agua al molino del escritor. Al fin y al cabo, ha añadido un elemento dramático a una vida por otro lado bastante banal».

Se antoja difícil cuantificar cuantas palabras ocupan en el total lo que se puede considerar, a tramos, como una aclaración o un resumen o un desquite o, directamente, un ajuste de cuentas. Mia Farrow empapa cada párrafo, aunque no aparezca. Por momentos, da la impresión de que la puntual descripción de toda su carrera, desde su trabajo como negro para shows televisivos a su filmografía película a película pasando por sus inicios como monologuista de éxito, está ahí para dar fe únicamente de que él hace cine y que, obviamente, ni tiene tiempo ni le interesa el abuso de niños. Pero un paso más allá, y de forma ya explícita, el no menos detallado relato de su vida amorosa mujer a mujer cumple el declarado propósito de reivindicar para sí el bien confuso de la normalidad. «Es mentira», dice en varias ocasiones, «que me hayan interesado nunca las menores de edad. Casi ninguna de mis amantes ha sido más joven que yo». Y luego está, ya sí, la durísima reconstrucción de su relación con la mujer con la que compartió 13 años de vida y cine. «Desequilibrada», «manipuladora» o «mentirosa» son adjetivos que se van alternando con acusaciones nada veladas de maltrato a sus hijos o de la utilización de su afán por adoptar con fines oscuros («Tú haces películas, mi trabajo consiste en ser madre», dice Allen que le llegó a decir).

«¿Cómo se entiende que dos de sus hijos adoptados se suicidaran?»

En realidad, Woody Allen no ofrece, ni lo pretende, datos nuevos. Su versión, por así decirlo, es clara y varias veces hecha explícita. Pero nunca hasta ahora de manera tan meticulosa y hasta agresiva. La única culpa que se atribuye el autor es la de no haber sido capaz de ver las señales de peligro. Cuenta que apenas entablar conocimiento con Mia, ella le propuso sin apenas mediar ni cortejo ni casi conversación tener un hijo juntos. Entonces, ella era madre de siete (cuatro adoptados y tres biológicos con el músico André Previn). Toda su familia, sigue con saña, presentaba un historial de «alcoholismo, drogodependencia y problemas con la ley. De entre sus tres hermanos y sus tres hermanas, uno se suicidó, otro acabó en el manicomio y un tercero fue a prisión por molestar a los niños». Esa fue la primera «bandera roja», dice, que no fue capaz de ver. Otra, sigue, es el «apego antinatural» que mantenía con su hijo Fletcher. Y para que no quede duda trae a colación la descripción de Moses, uno de los siete hijos ya alejado de la madre. Salvo él, Fletcher, todos sufrían, siempre según el relato de Moses, maltratos: «Incluso mi hermano Thaddeus, un parapléjico por culpa de la poliomielitis, estuvo encerrado toda la noche en un cobertizo de jardín, como castigo por alguna tontería».

Allen insiste en que la distancia (cada uno vivía en un apartamento a un lado y otro del Central Park neoyorquino) y el trabajo (al ritmo de una película por año desde Zelig a Maridos y mujeres, un total de 11 películas, obra maestra tras obra maestra con la excepción quizá de September y Sombras y niebla) le impidió darse cuenta de nada. Y así hasta que se enamoró de Soon-Yi, su mujer actual desde hace 20 años e hija adoptada de Mia. El director insiste en que sólo reparó en ella cuando estaba en la universidad con 22 años cumplidos; y que nunca (y por culpa de los comentarios de Mia que la trataba de «idiota») había pensado en ella más que como una niña con un pasado cruel y desestructurado a la que había que ayudar. Y así hasta llegar al episodio de las fotos que desencadenó todo. Tras una noche de pasión, él y ella se hicieron una fotos «muy sexys» («para aumentar la presión del momento», escribe) y esas polaroids fueron a parar de manera descuidada a una repisa al alcance de cualquiera, incluida la propia Mia, madre de una y ex amante del otro.

Es quizá éste el único punto en el que Allen pierde el aplomo demostrado en cada línea de la autobiografía. «¿Dejé las fotos a propósito a la vista para cortar una relación ya agotada? ¿Inconscientemente quería romper? No. Fue solo el error de un tonto», se lee entre la rabia, el arrepentimiento y sólo el desconcierto. Lo que vino después es conocido: la ruptura después de que Mia acusara a Allen de haber abusado de la otra hija de siete años de edad adoptada por los dos, Dylan. Eso y un largo caminar por tribunales, psicólogos y fiscales donde quedó sin demostrar nada. Allen lo vuelve a contar todo y desciende a una aburrida prolijidad sólo compensada por la ira. «¿Cómo se entiende que dos de sus hijos adoptados se suicidaran, un tercero casi los imitara, mientras que otra hija, VIH positiva, murió de SIDA a los treinta años sola en un hospital en la mañana del día de Navidad?», se pregunta el autor en un momento dado antes de acusarla de recorrer orfanatos en busca de niños desvalidos «como el que hojea libros de segunda mano», o de denunciar como la madre amantísima dormía desnuda con Satchel; es decir, con el que luego cambiaría el nombre a Ronan y que teóricamente era hijo biológico de los dos (y lo de teórico corre a cuenta de que posteriormente ella confesaría que el padre era Frank Sinatra, pareja anterior). La rabia, en efecto, es esto.

«... la mujer siempre tiene razón»

Allen no deja pasar la ocasión para, precisamente, pasar lista y acordarse de todo y de todos: los que se apuntaron, y ahí siguen, al «linchamiento» (en palabras del Javier Bardem) y los que le defendieron. Primero se dirige al juez que instruyó el caso (Wilk) y le acusa de utilizar su puesto para incluso acosar a algunas de las mujeres por él juzgadas. Y, luego, a todos los demás que tras la nueva declaración de Dylan ya en pleno MeToo con 30 años cumplidos le abandonaron. «Me sorprende que alguien como yo, que ha prestado tanta atención a los personajes femeninos en todo mi trabajo, haya sido atacado con tanta furia por los talibanes del MeToo», dice sin bajar el tono. Se lamenta de que actrices como Greta Gerwig, con la que trabajó en A Roma con amor hayan hecho público su arrepentimiento. Intenta comprender que, por aquello de su candidatura al Oscar, Timothée Chalamet haya incluso declarado su intención de devolver el dinero recibido por su trabajo en Día de lluvia en Nueva York. Pero sus palabras más amargas son para el periódico The New York Times del que se confiesa lector de toda la vida y que, dice, no le ha dado jamás ningún opción ni a él ni a nadie de su entorno ni de explicarse ni de intentar explicar lo que consideran la verdad. Hillary Clinton, además, rechazó su donación de 50.000 dólares.

También hay agradecimientos (a Bardem, Scarlett Johansson, Alec Bladwin o Blake Lively) y entre ellos destacan los dedicados a cada una de sus mujeres: «Harlene, Keaton, Louise Lasser y Stacey. Después de conocerme íntimamente y, en algunos casos, de haber vivido años conmigo, habrían tenido que darse cuenta si podía acosar a una niña». Y un grito, éste de rabia: «Con la llegada del MeToo, el hecho de que una falsa acusación se volviera contra mujeres acosadas reales parecía ser secundario». Y una más: «Por Dios, los que me acusan estan en contra de la pedofilia y no tienen miedo de decirlo en voz alta, especialmente a la luz del nuevo descubrimiento científico de que la mujer siempre tiene la razón».

«Que mis cenizas se esparzan cerca de una farmacia»

Allen, en cualquier caso, y pese al evidente enfado, no pierde la voz. Por una vida entera dispuesta casi en línea recta, el autor no renuncia a ser él mismo. E insiste en sus clásicos. Que si él jamás ha conseguido una obra maestra; que si lo único que tiene de intelectual son sus gafas negras; que si lo daría todo por escribir como Tennessee Williams y rodar como Elia Kazan; que si lo daría todo, por tanto, por haber firmado la obra a la que siempre vuelve: Un tranvía llamado deseo. En cuanto descansa de su ira, el texto se enreda sobre sí mismo para perderse y volverse a reencontrar en divagaciones, pensamientos y hallazgos deslumbrantes. Siempre sincero: «Nunca he leído Ulises, Don Quijote,Lolita, Trampa 22, 1984. Nunca he leído una línea de Virginia Woolf, E.M. Forster, D.H. Lawrence; Lo mismo ocurre con Dickens y las hermanas Brontë». Y sin renunciar nunca a ese catastrofismo inteligente, a ese pesimismo iluminado «Sin creer en una vida futura, no veo qué cambiará si me recuerdan como director o pedófilo. Solo pido que mis cenizas se esparzan cerca de una farmacia», escribe como sólo él es capaz.

"'Maridos y mujeres', mi obra más libre"

La autobiografía añade poco sustancial a la literatura 'alleniana' existente y publicada. Poco nuevo sobre su cine en sentido estricto. En muchos aspectos, el nivel de detalle de la larga entrevista de Eric Lax al cineasta de Brooklyn resulta mucho más revelador. Sin embargo, la lucidez con la que él mismo reivindica trabajos olvidados y fulmina algunas de sus grandes obras se antoja impagable. Tiene claro que 'Maridos y mujeres' es sin duda su obra más libre, más arriesgada; discute con voluntad casi suicida la parte en la que él es es el personaje principal de 'Delitos y faltas'; adora 'Balas sobre Broadway' por lo que tiene de comedia sin complejos; está convencido de que 'La rosa púrpura del Cairo' es la película que mejor le define como cinéfilo profundamente alérgico a la realidad (sólo dio con la clave cuando, de repente, imaginó el encuentro entre el personaje que sale de la pantalla y el actor que visita la ciudad), y tanto el intento de imitar a Bergman ('Interiores') como de jugar a ser Chejov ('September') le pueden y le abruman. ¿Y su obra preferida? Nadie los sospecharía: 'Wonder Wheel'. Lugar de excepción tienen en 'A propósito de nada', dos de los directores de fotografía con los que ha trabajado: Gondon Willis y Carlo de Palma. El primero, por meticuloso y genial; el otro, por caótico y exactamente igual de brillante. Por lo demás: "Hacer películas me gusta, pero carezco de la decisión y el empeño de Spielberg o Scorsese. No consigo permanecer el el set hasta el agotamiento y renunciar a ver el principio de un partido de baloncesto o a acostarme con mi mujer a su hora".

«Un 'schlemiel' (idiota) de bronce en Oviedo»

España tiene también su espacio en A propósito de nada. Y lo tiene tanto para la calma como para el ruido. «Oviedo es un pequeño paraíso, con la única mancha de la presencia de un schlemiel (idiota en hebreo) de bronce», dice. Y lo hace justo después de comentar divertido esa obsesión por robarle las gafas a la estatua que pasea por el centro de la ciudad asturiana. Recuerda cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias, uno de lo pocos que ha aceptado en su vida, y tiene presente de manera muy especial su encuentro con Arthur Miller gracias a Oviedo, a España y a sus príncipes. De paso, reconstruye la cena que ofreció a los ahora reyes en su casa de Nueva York. Pero es la ciudad de San Sebastián la que recibe el honor de aparecer justo al final. No en balde es ahí donde por fin ha podido hacer la que es su última película. El festival de Rifkin, pese a todo.

«¿Cómo resumir mi vida? Tantos errores estúpidos compensados por la suerte. ¿Mi mayor arrepentimiento? Que tenía millones para hacer películas en total libertad y nunca filmé una obra maestra. Si pudiera cambiar mi talento por el de cualquier otra persona, viva o muerta, ¿a quién elegiría? Bud Powell. Aunque Fred Astaire viene poco después. ¿Mi heroe favorito? Shane [Raíces profundas]»



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La crítica se ensaña con la autobiografía de Woody Allen, "un pervertido peligrosamente desequilibrado"

"Si usted se ha quedado sin papel higiénico, las memorias de Woody Allen también son de papel", titula su crítica el 'Washington Post'

PABLO PARDO

Leer las memorias de Woody Allen, A propósito de nada puede provocar coronavirus mental. O peor. Es la peste bubónica intelectual del siglo XXI. Cuando el crítico literario del New York Times Dwight Garner anunció a su esposa e hija que iba a hacerla, "me miraron estupefactas, como si les hubiera dicho que iba a ir al último bufé que todavía siga abierto y a lamer las "barras de estornudar", es decir, las mamparas de plástico transparente que protegen la comida para que la gente no les eche encima gérmenes, o saliva, o mocos.

Así lo explicaba Garner el miércoles pasado en el tercer párrafo de su reseña del libro. En el cuarto, anunciaba que el artículo "no es un veredicto acerca de la moralidad de Allen". Pero en el sexto el pobre hombre tenía que dejar constar, antes de entrar en materia, que "creo que la relación sexual de Allen con Soon-Yi Previn, la hija adoptiva de su pareja durante muchos años, Mia Farrow, que empezó cuando Previn tenía 21 años, fue, evidentemente, un acto de un pervertido cuyas neuronas están peligrosamente desequilibradas".

En el séptimo párrafo entraba en las acusaciones - rechazadas tras dos investigaciones por la policía de EEUU - de que Allen había abusado sexualmente de otra hija adoptada de Farrow cuando ésta tenía 7 años. En el octavo, advertía una vez más al lector que el libro había sido escrito por Woody Allen, así que "máteme o siga conmigo: tenemos un libro del que hablar". Iban luego seis párrafos sobre, increíblemente, A propósito de nada, culminados con otros 15 acerca de los comentarios sexistas que el director y actor dedica a una serie de mujeres. Entre medias, 71 palabras para recordar que Allen se casó dos veces, tuvo una larga relación con Diane Keaton, fue amigo de Mel Brooks y Norman Mailer, y toca en un grupo de jazz.

La actitud de Garner, aunque condescendiente como solo puede serlo el New York Times, es de las más educadas hacia A propósito de nada. El Washington Post ha sido mucho más directo. La escritora Monica Hesse ha titulado su reseña del volumen pensando, de nuevo, en el coronavirus: "Si usted se ha quedado sin papel higiénico, las memorias de Woody Allen también son de papel". Y la columnista del Guardian Catherine Bennett lo ha calificado de "autoinculpatorio".

En todos esos casos, la crítica es la misma: en sus memorias, Allen aparece como un tipo con mala leche, egocéntrico y neurótico, y, sobre todo, incapaz de mirar a una mujer joven y guapa sin desnudarla mentalmente. ¿Quién podría imaginar semejante cosa del director de títulos como La comedia sexual de una noche de verano, o Todo lo que usted quería saber sobre el sexo pero no se atrevía a preguntar, o de frases del estilo de "nunca te he visto como una hembra de tipo humano" (Balas sobre Broadway)?

El libro deja claro, según Garner, que Allen "es un hombre del siglo XX en el siglo XXI". Lo que, de nuevo, considerando que el cineasta tiene 84 años, revela, más que otra cosa, que el crítico del Times sabe contar. Evidentemente, el tratamiento que da el cineasta a las mujeres es impropio de la era actual. Allen, quién lo iba a pensar, es un viejo verde que hace de las mujeres objetos a los que se refiere como "rubia cañón", "aperitivo delicioso", "frutita exquisita", "grácil modelo de lencería" o "chica de póster central de revista". Una de sus ex esposas "nunca encontró un colchón que no le gustara". Scarlett Johanson es "sexualmente radioactiva". Christina Ricci, "completamente deseable". Penélope Cruz es "una actriz buena y complicada" pero, sobre todo, "uno de los seres más sexies sobre la faz de la Tierra y, emparejarla con Scarlett eleva la valencia erótica de cada una al cubo".

Para describir la relación que él tuvo a los 42 años con Stacey Nelkin, que entonces apenas tenía 17, explica que "entramos en faena".

No está claro si son reseñas o ataques, pero esas críticas soslayan el hecho de que el libro de Allen es sorprendentemente lineal alguien de su talento narrativo. Es como si se hubiera quedado sin ideas. Los mejores momentos son los de su infancia, cuando relata cómo fue su vida en Nueva York bajo su nombre verdadero, Allan Stuart Konigsberg. Una vida de un niño bien adaptado socialmente, nada del empollón frustrado que cabría esperar de su obra posterior y al que se refiere a menudo en sus películas. Allen aparece, en realidad, como un tipo bastante normal, casi hasta aburrido, con una mentalidad muy de los sesenta a la hora de ligar, y que, pese a la pretenciosidad de sus películas, insiste en que no tiene una cultura especialmente grande. El resto es una crónica relativamente formulaica de su vida, siempre con ingenio - "Oviedo, una pequeña ciudad con un clima como el de Londres y encantadora" - pero sin demasiado atractivo.

Eso es una lástima, porque cabría esperar mucho más de alguien que, al margen de todo su arte y sus controversias, ha logrado hacer más que nadie para integrar la identidad judía en Estados Unidos y, de paso, en Occidente. Solo con eso, Allen habría tenido material para escribir una - otra - obra maestra. Los críticos que se centran en la relación del cineasta con las mujeres son con W., la su pareja en el cuento "Selecciones de los cuadernos de Allen", publicado en noviembre de 1973 en el semanario The New Yorker, con la que el autor decide romper porque "no comprende lo que escribo. La otra noche declaró que mi Crítica de la realidad metafísica le recordaba a Aeropuerto".

En realidad, el libro y las reacciones son el reflejo de una sociedad tribalizada. Allen, un tipo de izquierdas cuyo nihilismo existencial escandalizaba a los conservadores, ha visto cómo A propósito de nada ha sido elogiado por el National Review, el semanario fundado en los años sesenta por el ideólogo de la revolución de Ronald Reagan, Christopher Buckley y por el estandarte de los tories británicos de más rancio abolengo, el Daily Telegraph. Acaso sea señal de cómo las guerras de la cultura - un término que le gustaba mucho a Buckley - han acabado devorando el legado de uno de sus mayores guerreros, Woody Allen, alguien que hizo del humor más corrosivo e iconoclasta una seña de identidad.

Paradójicamente, ha sido la izquierda - el bando en el que Allen militó - quien se ha acabado volviendo contra él. Leyendo las reacciones de los críticos en relación a A propósito de nada, es imposible recordar el artículo que Woody Allen publicó el viernes 10 de agosto de 1979 en el New York Times: "Más que nunca en ninguna época de la Historia, la humanidad se halla ante una encrucijada. De los dos caminos a tomar, uno conduce al desaliento y a la desesperanza más absoluta y otro a la total extinción. Roguemos al cielo sabiduría para elegir el que más nos convenga".

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Mensajepor Invitado » Mar 07 Abr, 2020 3:26 am


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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensajepor Assia » Lun 20 Abr, 2020 7:37 am

No se si este sera el Tema adecuado para comentar 1 opinion de Almudena Grandes sobre 1 de mis escritores favoritos: Perez Galdos. He comentado muchas veces que no me gustan los libros de Almudena Grandes, pero tambien he comentado que muchisimas veces estoy de acuerdo con sus opiniones en EL PAIS.

Parece ser (segun GOOGLE) que Almudena escribio sobre Galdos (5 ENE 2020) se me pasaria a mi esta opinion o.., es que ultimamente EL PAIS como otros periodicos NO nos permiten ultimamente leer todas las opiniones completas si no nos subscribimos.

El Titulo de la opinion de Almudena Grandes es: '' GALDOS PARA ENTENDER LA ESPANA DE HOY'' A mi me ha irritado Almudena que hayas escrito que '' GALDOS NO ERA NEUTRAL...?'' Claro, en 1 democracia todos tenemos derecho a dar nuestras opiniones y para mi. Almudena, la que NO eres ''neutral'' eres tu con defender a este gobierno del PSOE que con tal de estar en el poder, es capaz de pactar con el diablo.

Mucho dano le hicieron a ese gran escritor espanol. Por si hay algun lector que no lo sabe, Perez Galdos estuvo en la lista para ganar el Premio Nobel de Literatura, pero unos envidiosos, dicen que escribieron a los academicos suecos para que a Perez Galdos, NO LE CONCEDIERAN EL NOBEL.

Hara 1 par de dias, CREO que fue en EL MUNDO, Varguitas Llosas escribio 1 articulo sobre es gran escritor, Perez Galdos. Lamentablemente NO lo pude leer porque como escribi mas arriba, ahora no te dejan leer los articulos por completos o seria mejor decir, opiniones de famosos si no te subscribe al periodico.

Recapacita para tus adentros Almudena Grandes que la que NO es neutral eres TU, con tanto defender a tu PSOE que con tal de estar en el poder, pacto con el partido politico que dijo que NUNCA PACTARIA. A ver si recapacitando tu, Almudena, encuentras que la que NO ES ''NEUTRAL'' ERES TU Y NO GALDOS.

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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensajepor Assia » Mar 21 Abr, 2020 3:00 am

Ayer lei en el HILO politica la entrevista a Varguistas el de ''los punos de hierro.'' Ya sabia y CREO que hace tiempo lo puse en este foro que Varguitas durante su estancia en Paris era admirador de Sartre, para despues, pasarse a ser gran admirador de Albert Camus. Es que ya sabemos que Varguitas lo mismo cambia de gustarle 1 filosofia para despues cambiar de gusto; lo mismo que Varguitas cambia de mujeres.

Lo que en esa entrevista se le olvido decir a Varguitas, que antes de la famosa pelea entre Sartre y Camus, cada libro que escribia Camus le gustaba que lo leyera Sartre. Pobre Camus que muy pocos lo recuerdan hoy.!

En cambio, hoy en EL PAIS viene este titular refiriendose a Sartre: '' 15 DE ABRIL DE 1980,SARTRE PERMANECE EN UN PURGATORIO FILOSOFICO MIENTRAS SU OBRA LITERARIA TODAVIA GENERA FASCINACION Y DEBATE...''

Pese a que ser que habra lectores de este foro que NO esten de acuerdo conmigo, para mi Sartre FUE, 1 DE MIS FILOSOFOS PREFERIDOS Y DE SU COMPANERA SENTIMENTAL, APRENDI, LO QUE ES SER FEMINISTA.

Camus era soberbio e insoportable con los de mas abajo. Mas de 1 vez los trabajadores de la empresa que printaban el periodico de Sartre, creo que se llamaba: '' TIEMPOS MODERNOS...?'' No estoy segura, pero mas de 1 vez, esos que imprimian ese periodico se quejaban a Sartre por como los trataban Albert Camus.

Camus, escribia todo lo contrario de lo que hacia. Los libros de Camus, pueden parecer moralistas, pero Camus llevaba 1 vida de juergas que vaya usted a saber todo lo que lei de Camus... Hasta hubo rumores que solon fueron rumores, donde se rumoreaba que Camus YA al no gustarle a las mujeres, hizo que su companero que era el que conducia el automovil, le diera tanto al pedal, que los 2 se mataron en ese accidente. Naruralmente, esto solo son rumores. Como naturalmente, quizas si Camus hubiera tenido ''toito'' el pagne que tiene Varguitas. seguro que Camus hubiera seguido gustandoles a las mujeres.

Aun siento verguenza ajena cada vez que leo el dicursito de Camus dando las gracias despues de recibir EL NOBEL. 1 poco parecido al de Varguitas que agradecia a su mujer Patricia cuando a pocos dias despues la abandono por la filipina, Seguro que Varguitas tomo algo de ese discurso de Camus que tambien agradecia la libertad en Francia mientras la policia francesa cerraban la oficina de los maoistas franceses y detenian en las calles a manifestantes. Cierto, Varguitas, no me sorprende que cambiaras de Sartre a Camus.

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Re: HABLEMOS DE LECTURAS CUALES SON VUESTROS AUTORES/AS...

Mensajepor Assia » Mar 21 Abr, 2020 1:26 pm

Esta manana escribi mas o menos el titular en la pagina CULTURA EL PAIS sobre Sartre y su filosofia. He buscado en GOOGLE y NO es cierto lo que dicen LAS ADELAS del la pelea entre Sartre y Camus. La verdadera pelea por la que dejaron de hablarses para siempre Sartre y Camus se debio a la Guerra de Argelia. Sartre desde 1 princippio se opuso a esa Guerra y Camus, quizas por ser argelino, estuvo a favor de que esa Guerra continuara y la ganaran los franceses.
Es cierto, que ya antes de esa pelea, hubo sus dimes y diretes entre Sartre y Camus y lo que mas le molesto a Camus es que cuando le envio el manuscrito a Sartre de su libro (de Camus) '' THE FALL'' Sartre le contesto que tenia que volverlo a leer porque no lo habia entendido bien…? Honestamente, solo recuerdo que Sartre le dijo a Camus que tenia que volver a leer otra vez, ''THE FALL''
Como Camus insistia en la opinion de Sartre sobre su libro, Sartre le contesto: ''QUE NO LE GUSTABA ESE LIBRO.'' Para gusto colores, yo compre ese libro, ''THE FALL'' y a mi tampoco me gusto. No obstante, insisto, que fue LA GUERRA DE ARGELIA, LA CULPABLE DE QUE NUNCA MAS SE HABLARAN LOS 2 FILOSOFOS. Los libros de Camus, 2 o 3 que he leidos si son libros de filosofia PERO A MI ENTENDER, CAMUS NUNCA ESTUDIO FILOSOFIA. Si la memoria me es fiel, el primer libro que escribio Camus esta dedicado a su madre y en la dedicatoria dice mas o menos: '' AUNQUE SE QUE NUNCA LO LEERAS'' La madre de Camus era analfabeta y muchos aseguran que la madre de Albert Camus era espanola casada con... unos dicen frances y otros dicen argelino. Lo que si se es que a Camus NO le gustaba decir que era argelino.

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MELBA

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Mensajepor MELBA » Dom 28 Jun, 2020 6:16 am

CON ESTO DE LA PANDEMIA, NO QUIERO SACAR NINGUN LIBRO DE LA BIBLIOTECA
BUSCANDO EN MI BIBLIOTECA, ENCONTRE 1 LIBRO MUY ANTIGUO QUE ME LO REGALO 1 SUIZO. TITULO DEL LIBRO: '' E L I A '' ESCRITO CON SEUDONIMO MASCULINO: FERNAN CABALLERO,
CUANDO LA AUTORA DE ESTE LIBRO ES 1 MUJER LLAMADA:CECILIA BOHL DE FABER. LA EXPLICACION ESTA DE
QUE ESTA AUTORA QUE MURIO EN 1796 BUSCO 1 SEUDONIMO MASCULINO PARA QUE TOMARAN EN SERIO SUS OBRAS LITERARIAS.

LO MISMO O ALGO PARECIDO LE PASO A LA AMANTE DE CHOPIN, QUE SIENDO 1 GRAN AUTORA, SE PUSO TAMBIEN SEUDONIMO
MASCULINO: GEORGE SAND, CUANDO SU NOMBRE ERA AMANTINE LUCILE AURORE. MURIO EN 1876. SI HE SACADO ESTE TEMA, ES POR LOS SERMONES DE CESAR VIDAL EN EL QUE NOS DIJO QUE EL HOMBRE ES SUPERIOR A LA MUJER Y NOS PUSO VARIOS EJEMPLOS DE LOS INVENTORES MASCULINOS. PERO EL VICAR NO DIJO QUE A LA MUJER NADIE LA TOMABA EN SERIO POR MUY BUENA
QUE FUERA Y AHI OS DEJO EL EJEMPLO, COMO 2 GRANDES AUTORAS TUVIERON QUE PONERSE SEUDONIMOS MASCULINOS PARA QUE TOMARAN EN SERIO SUS GRANDES OBRAS LITERARIAS.

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Mensajepor Invitado » Lun 10 Ago, 2020 2:32 am

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Un Negroni en la biblioteca

KARINA SAINZ BORGO

Todos los días nueve de cada mes pienso en esto. Incluso en los días previos paso revista a la misma pregunta desde hace ya seis meses. ¿Cómo ha podido ocurrir? No es la primera vez que hablo de la muerte de David Gistau, acaso porque a mí misma me cuesta creerla y a veces me sorprendo buscando su contra en El Mundo. Sé que usted, lector, también lo echa de menos y se preguntará también cómo habría contado él lo que hoy nos pasa, que no es poco. A mí, como a usted, lector, sólo me unían a Gistau sus palabras: esos zafiros engarzados con un punzón o un puñal en las mañanas de los domingos. Hay una película de irrealidad que envuelve todo lo que tiene que ver con su desaparición: ha sido un enganchón del destino o la obra de un Dios despótico.

El sábado pasado volví a leer Gente que se fue (Círculo de Tiza), quería volver a su prosa contundente. No leí la primera edición, que conservo subrayada, sino la segunda. Quise liberarme de lo ya vivido y comenzar desde cero, como una página en blanco. Eva Serrano decidió reeditar el libro con un prólogo de Manuel Jabois que se añade al de Javier Aznar y con una actualización de la biografía de Gistau. Cuesta leer su trayectoria en pasado: hizo, escribió, trabajó, falleció… Ya saben, esa primera muerte que ocurre en el lenguaje y que destierra a los hombres y las mujeres a vivir en el pasado.

Leí Gente que se fue con otros ojos. Ya no con la sorpresa y entrega de la primera vez, sino con la certeza de que debía demorarme y paladearlo, estirar con buen criterio el tiempo que dedicara a cada página. En la lentitud de esta nueva lectura encontré aún más belleza en uno de los relatos, «Negroni», la historia rocambolesca de un hombre que no sabe conducir y termina acunando al bebé de una stripper en el asiento de un Jaguar. Hallé aún más humor, ternura y genialidad. Entonces volví a cabrearme con Dios, que a veces sale a pasear con la gente equivocada y le pilla lo importante en otro lado.

Lo dije en su momento: Gente que se fue es un bestiario de lo masculino y un zoológico de la hombría, pero, sobre todo, es un paisaje de la ausencia, una multitud de gente rota. Me emocionaron el Daniel guionista con su plaza Santa Ana y sus croissants o esos hombretones entristecidos como el Arturo, un personaje descrito con elegancia y empatía. Alguien que después de recibir un guantazo de un rumano y pasar la noche entera varado en un puticlub encerrado en un coche de alta gama con una cría en brazos, busca la primera mesa libre del bar y se bebe un Negroni mientras lee el ABC.

Nunca había tomado un Negroni hasta que leí este libro. Desde el velatorio de Gistau el cóctel ya no es inofensivo, como si en un vaso se mezclaran sabores y sentimientos contrarios. Sus amigos se las apañaron para ofrecerlo a las personas que acudieron a despedirlo al tanatorio, un episodio que a mí me pareció inverosímil como las canciones de La Fania, esa música con la que puedes echarte a llorar bailando. Había pesar en ese brindis, pero también vida. Pienso mucho en eso, en el miedo que siento hacia la muerte y lo mucho que me empeño en escribir sobre ella. Pero ese es otro tema.

Peleo conmigo misma cada vez que entro en la nebulosa de la muerte de Gistau. Es estéril resistirse a su verdad tiránica e irrevocable, casi como enfadarse porque existe la ley de gravedad. Por más que me reprendo, la sensación es la misma e incluso se amplifica. Pero este sábado, a diferencia de otras veces, la lectura de sus páginas luminosas cauterizó el vacío que recorre mi estado de ánimo cuando se acerca el aniversario de su partida.

Hay quienes tienen razones de verdad, de las que sí importan, para que brote la ira al pensar en su marcha. Pero no puedo decirle a mi yo lector que se quede en casa y no salga a patear contenedores. El boxeador novato que aprendió a pegar leyendo sus columnas encuentra dolor e ironía en su ausencia, un enfado acre y bilioso, una sensación de revancha. Aún más cuando la víspera de su muerte coincide con la víspera de mi cumpleaños. Nueve de febrero. Nueve de todos los meses del año que no existió, el 2020. Una fecha sin piedad.

El premio de columnismo que lleva su nombre, y que El Mundo y ABC anunciaron hace apenas unos días, me pareció una manera de ganarle terreno a la muerte, de hacerle perder pasos ante el recuerdo de un escritor clásico y elegante como un vaso de Campari, ginebra y vermú rojo posado en la balda de la biblioteca: un mar al que irán a ahogarse los fantasmas, los de Gistau y los nuestros, lector.

Nueve de agosto. Nueve, pues.

Eso, nueve.




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