¿ERES UN PSICÓPATA?

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Assia
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Re: ¿ERES UN PSICÓPATA?

Mensajepor Assia » Dom 03 Ene, 2016 1:15 pm

Entonces, yo soy 1 psicopata porque a mi me gusta el cafe sin leche, sin azucar y sin sacarina o como se llame esas patillitas para endulzar el cafe o Te. Seria interesante saber si el pobre imbecil de Breton que tantas veces lo llamaron psicopata, toma el cafe con azucar o sin azucar.

Y que habria que preguntarle a Truman Capote.? Como no le pregunte el Comandante Canosa,el unico que tiene poder para saber lo que pasa en el otro mundo, Capote lleva ya anos que esta muerto. Y creo que antes de morir Capote, ya dijo lo que tuvo que decir y por decir verdades,se vio abandonado de toda esa aristocracia que lo mimaba e invitaba a grandes fiestas sociales. Hace algun tiempo vi 1 reportaje de Capote en como Capote ya era 1 caso perdido y quizas,quizas, quizas, ya Capote no queria vivir mas al verse abandonado por esa aristocrcia que tanto lo mimo y lo adoro. Su addiccion a la droga y a la bebida fue ya 1 desesperecion de quererse ir de este mundo, ya hasta se orinaba en la alfombra de su elegante vivienda.
Assia

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zalazac
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¿ERES UN PSICÓPATA?

Mensajepor zalazac » Mié 27 Abr, 2016 5:35 am

Hoy, éste al que llamo Huracan emocional, que produce Odio y al mismo tiempo Compasion, que te lleva a la sensacion de augüjero negro existencial y confusion sobre el presente- pasado. Esta saliendo de mi vida un psicopata.

La victima reconoce una cadena de manipulaciones que solo fueron escenas armadas: por miedo, poder, Inseguridad, e infra autovaloracion.

La falta de empatia le da una ventaja que tu nunca tendras y los coloca en una actitud superior, amoral. De ahi nace su gran capacidad de manipulacion y complejo de superioridad ( punto debil)
Por eso para entenderlos quiza te sirva despenderte de tu moral aunque sea para comprender el accionar de su mente (que funciona diferente a la tuya en una forma retorcida digamos).

Recuerda, El piensa mejor y es aparentemente superior, pero reconoce su autoeliminacion. Estas personas en el fondo son bastante cobardes asi como peligrosas. No intentes una batalla psicologica mas bien utiliza a la policia y denuncialo frente la mayor cantidad de gente posible.
El o ella seguramnete querra o quizo aislarte; entonces desaislate. pierdete.

En éste momento me encuentro atravezado el lapso al que estoy llamando "El alejamiento del psicopata" , proceso en el que estoy hace bastante tiempo. Perdido hasta de mi mismo. Porque es la unica manera de liberarnos de él. Segun dicen: Contacto cero, trato de ponerme en un lugar inaccesible, moverme lento, por lugares que no he transitado, perderme, ganar tiempo, motivar su olvido. Quiere hacerme daño, lo hizo, hace y seguira haciendolo. Mi ser le da estado de Euforia, sabe de mi, busco informacion, reconoce los metodos de manipulacion, Investigò. Ahora sos tu. Entonces informate, no pierdas esperanzas y sé optimista.

Procesos por los que he pasado.
(Ha modo personal)

1. EL VENENO. Algo anda muy mal, se me estan complicando muchas areas de mi vida, cada vez es peor a medida que pasa el tiempo y tengo la Intuision de que estoy metido en un problema grave a causa de, Una persona, (en este momento el o la psicopata ya se encuentran incorporados a tu vida, tuvieron bastante tiempo en conocerte bien, te estudiaron bastante, para conocer tus debilidades, te aislaron y ejercen poder sobre ti).

2. EL LIBRO, En mi caso tuve suerte de poder llegar a saber que mi relacion era con un psicopta. Conocer e identificar el problema es Clave, y gracias al cielo y al internet llego esa palabra a Mi, que lo decia todo sobre lo que me estaba pasando "Psicopata", "Succionadores de energia" , "Vampiros", "Depredadores sociales".
Creo que este hecho salvo mi vida, al identificar el problema supe a que me estaba enfrentando y me puse a buscar información.

3. EL ESCAPE.

Conclusion. No hay otra forma de salir del problema que el contacto CERO. Primero consige la manera de sacar a esa persona de tu casa. Hazlo sin que se de cuenta o busca un pretexto para mantenerte alejado, olvida tu rabia, paciencia. Tu deseo de ayudar, amor, lo que Sea deben desaparecer reconoce que ésta persona QUIERE y VA a hacerte daño, intentes lo que intentes. Alejate!! Ya!!! Desaparece lo antes posible, busca la manera de alejarla.

Paciencia que el proceso es largo, pero encontrar la Paz merece y vale la pena. Y seguramente con traumas y cicatrizes el universo nos estara comunicando algo. A confiar.En eso estoy

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violadores de San Fermín

Mensajepor Invitado » Mar 18 Oct, 2016 4:43 pm

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Familiares de los presuntos violadores de San Fermín: "Da igual las barbaridades que escriban"

A pesar de las presuntas evidencias contra los jóvenes detenidos en las pasadas fiestas de San Fermín por una supuesta violación grupal a una chica en Pamplona (Navarra) y otra en Pozoblanco (Córdoba), los familiares de los presuntos agresores sexuales se mantienen firmes en defender su inocencia.

Ni los whatsapps, ni el vídeo de la agresión en poder del juez ni los demás detalles contenidos en el auto son motivo suficiente para estos familiares que, en el reportaje Bailando con lobos de Antena 3, explican sus argumentos en defensa de su inocencia.



"Me dan igual las barbaridades que escriban sobre mi hermano y sus amigos, sabemos a ciencia cierta que son inocentes", explica una de las hermanas. Otra de ella exige a un médico que le explique "si un hombre se puede convertir en violador de la noche a la mañana".

En este sentido, a los acusados se le achacan dos agresiones y no se descartan nuevos delitos en fechas pretéritas.





FIN DE LA INSTRUCCIÓN

Por otro lado, el titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Pamplona ha concluido la instrucción por la supuesta violación grupal de una joven en sanfermines y ha acordado remitir la documentación y pruebas a la Audiencia Provincial para que juzgue a los cinco sevillanos procesados y encarcelados desde entonces.

Son cinco delitos de agresión sexual y un delito de robo con violencia -por la sustracción de su teléfono móvil- los que finalmente atribuye el magistrado a los procesados, J.A.P.M, J.E.D., A.J.C.E., A.M.G.E y A.B.F.

En el auto, contra el que cabe recurso, el titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Pamplona considera que se han practicado todas las diligencias pertinentes.

El magistrado ha acordado remitir toda la documentación y las piezas de convicción (pruebas) al tribunal que juzgará el asunto, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra.

En el auto de conclusión notificado hoy, el juez explica que, a la espera de la tramitación de los recursos pendientes, se queda con una copia de todas las actuaciones.

De igual forma, expone que también tiene en su poder todas las diligencias practicadas, y que está pendiente de remitir a los juzgados de Pozoblanco (Córdoba), en relación con los abusos sexuales supuestamente perpetrados por cuatro de los cinco procesados el 1 de mayo en una localidad cordobesa.

Según el magistrado, los cuatro investigados grabaron los abusos realizados a una joven de 21 años con un móvil y compartieron uno de los dos vídeos en un chat.


Declaraciones de los implicados en la presunta violación de San Fermín

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El 'whatsapp' del asesino de Pioz

Mensajepor Invitado » Lun 31 Oct, 2016 2:21 pm


La macabra conversación entre el asesino de Pioz y su amigo

CRIMEN DE GUADALAJARA | Conexión brasileña
El 'whatsapp' del asesino de Pioz: "He matado primero a la mujer. Pensé que me daría asco, pero soy un enfermo"

Según la conversación mantenida entre Patrick Gouveia y Marvin Henriques, cuando el primero ya había matado a tres personas, el segundo escribía: "Llegando para matar, jajajaja"


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Marcos, Janina y sus dos hijos, la familia asesinada en Guadalajara
Cuando Patrick Gouveia ya había matado a su tía Janaína y a sus primos y esperaba a su tío para rematar el cuádruple crimen, empezó la conversación por Whatsapp. Fue una charla macabra de 2 horas y media en la que Patrick muestra su falta de empatía por las víctimas y nulo arrepentimiento.Marvin Henriques Correia aconseja a su amigo Patrick cómo salir de la escena del crimen. Éste, con las manos aún manchadas de sangre, se jacta de la indulgencia de las cárceles españolas.

Según informa el programa brasileño de reportajes Fantástico la conversación se inició a las 19 horas y 6 minutos del 17 de agosto. Patrick ya había cometido 3 asesinatos.

Patrick Sólo estoy esperando al cuarto integrante

Marvin Me imagino la escena.

llegando para matar

Jajajaja


El contenido de los Whatsapp confirma las investigaciones de la Guardia Civil acerca del modus operandi de Patrick y las de la Policía Federal de Brasil acerca de la participación de Marvin

Patrick: Llegué con 2 pizzas, charlamos un poco.

M: ¿A quién acuchillaste primero, a la mujer?

P: A la mujer

después a la mayor

de 3 años

después al niño de un año


Durante dos horas y media los amigos no pierden el contacto. Entre líneas de texto y checks de recepción se acumulan delitos de ocultación de pruebas, cooperación con el crimen, encubrimiento,... pero sobre todo una falta de humanidad que sorprende incluso al propio asesino.

Patrick: -Hasta dudé de mí.

pensé que me daría asco

pero ahora estoy convencido

soy un enfermo.


El padre de Marvin, Percival Henriques aún no se cree que su propio hijo haya podido colaborar en el brutal crimen. "Marvin es un niño dulce, muy amigo de sus amigos, todos saben que es educado, sensible, que le gustan los animales y los niños. Están intentando hacer un monstruo y sólo es un chaval que acaba de salir de la adolescencia". Sin embargo no es eso lo que refleja esta conversación cuando está llegando la hora de que Marcos Campos llegue a su casa a encontrar la muerte.

Marvin: Concéntrate.

no falles.

Buena suerte


Y así fue, después de dos horas y media, Patrick interrumpe la conversación durante 9 minutos, el tiempo de ejecución del cabeza de familia. Después manda las fotos del crimen.

Patrick: Si voy a la cárcel de aquí, bueno

ni me importa

voy a estar en una celda sólo para mí


"No existe ninguna posibilidad de que Marvin no vomitara si hubiera visto la escena del crimen" , dice su padre. Sin embargo, el amigo de Patrick mantuvo la conversación y la sangre fría aconsejándole la mejor manera de salir de Pioz.

Marvin: Sal como si nada

sal por delante

por la mañana como si fueses a dar un paseo o algo así.

Patrick: Por lo menos lo hice todo con guantes, no hay huellas


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A la izquierda, Marvin Henriquez Correia; a la derecha, Patrick Nogueira.
El interrogatorio a Marvin Henriques continúa en Brasil y de él se desprenden datos y pruebas. Marvin declaró que a Patrick "no le gustaba el día 17, como si fuese un día malo". Patrick tenía el número 17 tatuado en el pecho con números romanos y fue precisamente el 17 de agosto el día en el que se dirigió a la localidad de Guadalajara de Pioz a matar a sus tíos Marcos Campos y Janaína Santos y a sus primos de tres y un año.

Descuartizó a los adultos, metió en bolsas de plástico a todos los cadáveres y siguió su vida normal hasta que el mal olor despertó las suspicacias de los vecinos un mes después. Viajó a Brasil unos días antes de que la Guardia Civil le apuntara como único autor del crimen. Un mes más tarde volvió a España para entregarse evitando así que se le detuviera en Brasil de dónde no podría ser extraditado. Quien sí fue detenido en Brasil fue su amigo Marvin Henriques que mantuvo una larga conversación en tiempo real durante el crimen y aconsejó a Patrick durante todo el asesinato. Precisamente han aparecido recientemente unas fotos del asesino confeso con el número 17 tatuado en el pecho en números romanos.

El padre de Marvin, Percival Henriques es el presidente de una ONG que trabaja para la expansión de internet en los lugares más remotos de Brasil, que aboga por la creación de un dispositivo legal para castigar a las personas que divulguen imágenes de crímenes y tragedias. "No se puede hacer de la desgracia ajena, una opción de entretenimiento".

Sin embargo pide clemencia con su hijo que permanece en una cárcel en Brasil mucho peor que la de Patrick si atendemos a la ligereza del miedo que le tenía. "La prisión preventiva es exagerada. Marvin no ofrece riesgo para la sociedad, no obstruyó ni puede interferir en las investigaciones y no hay la más mínima posibilidad de que huya, lo que además no tendría ningún sentido".

Las imágenes emitidas en Brasil muestran Marvin confesando que no se acuerda pero sí cree "que le daba sugerencias". Cabizbajo, de pocas palabras, acobardado ante la situación de una toma de declaración televisada, donde reconoce su implicación en el crimen y con arrepentimiento forzado dice que si pudiera volver atrás en el tiempo, "haría las cosas de forma diferente". Pero el delito está cometido y los dos amigos presos, muy lejos uno del otro, como el día en el que uno mataba y el otro reía la gracia.


François Patrick Gouveia Matou os Parentes Fez Selfie e Enviou Mensagens Para Amigo Se Gabando

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en la mente de un asesino en serie

Mensajepor Invitado » Dom 04 Dic, 2016 9:11 pm

El famoso Asesino BTK, Dennis Rader, el día de la boda de su hija, Kerri Rawson. La foto fue cedida por Rawson a la publicación estadounidense 'The wichita eagle'.

Así me metí en la mente de un asesino en serie

Una doctora forense dedica cinco años a psicoanalizar al famoso Asesino BTK, el criminal en serie que más costó atrapar, actualmente en prisión


Katherine Ramsland tiene una presencia que transmite paz. Sus maneras educadas, su forma clara de hablar y sobre todo sus ojos azules expresan sosiego. Sin embargo, esta psicóloga forense ha pasado por muchas turbulencias emocionales. Se ha metido en la mente de un tipo que ha cometido crímenes execrables, con el saldo de diez personas degolladas. Es uno de los asesinos en serie que más tiempo permaneció en activo sin ser atrapado: 31 años. Ramsland se ha pasado cinco años intercambiando correspondencia con este asesino, que está actualmente en prisión, hablando con él e intentando desentrañar que lleva a una persona a cometer esas atrocidades. Y lo ha conseguido.

Este padre de familia con dos hijos y presidente de la iglesia luterana, degolló a diez personas y envió burlonas pistas a la policía durante 31 años"
Es el caso de Dennis Rader, un respetable padre de familia, presidente de una congregación de la Iglesia Luterana y líder de los boy scouts. Tras esa impecable fachada se escondía el que ha pasado a la historia como el Asesino BTK, siglas que corresponden a las palabras “bind, torture, kill” (“atar, torturar, matar”). Entre 1974 y 1991, este “intachable ciudadano” degolló a sangre fría a diez personas y a lo largo de esos años nadie logró desvelar su identidad, aunque Dennis enviaba burlonas pistas a la policía.

¿Cuál era el modus operandi de este asesino? ¿Cómo pudo llevar esa doble vida a lo largo de tanto tiempo? ¿Qué había dentro de su mente degenerada? ¿Cómo lograron atraparlo? Las respuestas a estas preguntas las tiene Katherine Ramsland (Michigan, EE. UU., 1953), autora del reciente libro Confession of a Serial Killer: The Untold Story of Dennis Rader, the BTK Killer. "Lo que he escrito es una autobiografía guiada de un asesino en serie", nos dice sobre el protagonista de su libro, un psicópata empedernido. Ramsland es doctora en filosofía, y graduada en psicología clínica, psicología forense y justicia criminal. Ha escrito 59 libros y más de 1.000 artículos, la mayoría sobre asuntos criminales. Colabora en diarios como The New York Times e incluso con el FBI.

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Dennis Rader junto a su abogado durante el juicio en Wichita, Kansas, en 2005.
En qué punto descubrió la doctora que Dennis Rader se podía haber convertido en un asesino. Ramsland sostiene que a lo largo de su niñez y su primera adolescencia: “Dennis fue desarrollando fantasías relacionadas con el bondage, la dominación y la tortura. Las revistas de detectives de los años 50 y 60 y los libros sobre asesinos en serie que tenía su padre alimentaron estas fantasías con escenas de hombres que dominan, maltratan y asesinan mujeres”.

La historia empieza en 1945, año en el que nace Dennis, en un remoto y tranquilo rincón de Pittsburg, un pueblecito ubicado en el condado estadounidense de Crawford, Kansas. Pronto su familia se traslada a la cercana ciudad de Wichita. Su padre era marine y bautizó a todos sus hijos (cuatro, Dennis es el mayor) en la Iglesia Luterana de Sión.

Dennis era un estudiante del montón, aunque aprobaba todo religiosamente. En su tiempo libre, participaba en las actividades de la iglesia y hacía excursiones con los boy scouts. Un niño activo y tranquilo. Pero en sus macabras ensoñaciones, el joven imaginaba que abusaba de famosas, como la actriz adolescente Annette Funicello, que aparecía en el programa televisivo The Mickey Mouse Club. Poco a poco, fue afilando sus instintos sádicos, que, a falta de otras víctimas, materializó torturando y matando perros, gatos y otros animales.

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Annette Funicello, presentadora del programa de televisión 'The Mickey Mouse Club', con quien Dennis reconoció que tuvo sus primeras fantasías macabras.
De cara a la galería, Dennis ocultaba sus vicios más inconfesables. Algunos de sus amigos de la infancia han declarado que era un joven más bien reservado, no le interesaba la música moderna y carecía por completo de sentido del humor. "Su oscuro mundo interior estaba en plena ebullición", señala la autora del libro. Años después, en una carta que le escribió a la doctora Ramsland desde la cárcel, describió “su precoz afición a masturbarse con fotos de chicas que veía en los anuncios de las revistas, sobre las que le pintaba cuerdas y mordazas”.

En su adolescencia, trabajó en un supermercado, y continuó sus estudios con calificaciones mediocres. "Fue en esta época cuando comenzó a seguir a mujeres por la calle. Aunque no llegó a matar a ninguna. Ya se sentía como un depredador en busca de presas”, apunta la doctora Ramsland. Por lo pronto, consiguió colarse en casas ajenas para robar pequeños objetos, una actividad que consideraba “muy excitante”. Era un gran fetichista: adoraba la lencería y los objetos personales de las mujeres. Cuando empezó a matar, siempre se llevaba cosas personales de sus víctimas: ropa interior, joyas o carnés que ocultaba en lo que él llamaba “escondrijos”, bajo tierra, en su casa o en la iglesia.

En el verano de 1966, Dennis se alistó en la Fuerza Aérea Norteamericana. Tenía 22 años. Durante tres años estuvo destinado a lugares como Texas, Grecia, Corea, Turquía o Alabama, aunque finalmente lo enviaron a Japón, a una base militar cerca de Tokio, donde pasaría el resto de su servicio con el rango de sargento.

Fue condecorado por su buen servicio militar, pero sus actividades extralaborales no eran tan correctas como su hoja de servicio. A su ya arraigada costumbre de seguir a chicas por la calle, se sumó una afición a los burdeles, donde intentaba atar a las prostitutas; como ellas no se solían dejar, no eran encuentros muy satisfactorios, y optó por divertirse en solitario. La doctora Ramsland describe así sus sesiones de onanismo: “Se encerraba en un motel, se ataba a sí mismo con cuerdas, se ponía una bolsa de plástico en la cabeza y se masturbaba hasta alcanzar el orgasmo”.

Dennis era una persona completamente normal la mayor parte del tiempo. Pero a veces caía en lo que él llama ‘la zona oscura’ y se convertía en un asesino”, señala la psicóloga forense Katherine Ramsland"
En el verano de 1970, Dennis, que ya había cumplido los 26, regresó a Wichita, aunque quedó en la reserva del ejército. Un año después consiguió la máscara definitiva para una supuesta vida decente: se casó con Paula Dietz, una chica de 23 años que conocía desde el instituto y era, como él, luterana. Se fueron a vivir a Park City, no lejos de Wichita, donde ella se puso a trabajar de bibliotecaria y él, de carnicero.

Después, trabajó en una fábrica de artículos de camping y en otra de aeronaves. Pero la crisis del petróleo que estalló en 1973 lo dejó en paro. Deprimido y con un montón de tiempo libre, su instinto criminal, que había permanecido latente durante los últimos años, volvió a la superficie: Dennis empezó a preguntarse seriamente qué se sentiría estrangulando a una mujer. "Entonces se encontraba ya a un paso de empezar a matar, una decisión premeditada y racional que fue impulsada por su propia predisposición homicida. Y también por el ejemplo de asesinos célebres como Ted Bundy o Jack el Destripador, ya que él quería ser famoso”, dice la doctora Ramsland.

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Kathryn Bright, víctima de Dennis Rader, fue asesinada en Wichita en 1974.
Hubo un momento en el que Dennis tenía mucho tiempo libre. Su única responsabilidad era acercar en coche a su esposa al trabajo. Luego se dedicaba a merodear por barrios apartados y campus universitarios, mirando a las mujeres y fantaseando con atarlas, torturarlas y matarlas.

Una tarde de enero de 1974, observó a una familia hispana que se acababa de mudar a una casa cercana a la suya. Vio a la madre y a la hija, de 34 y 11 años, y se quedó prendado de ellas: siempre le habían gustado las latinas, con su exótica belleza y sus melenas azabache. Empezó entonces a trazar un plan, mientras vigilaba obsesivamente las rutinas de la familia y reunía el material necesario para llevar a cabo su crimen: revólver, cuerdas, cuchillos y herramientas.

Pero cuando se decidió a entrar en la casa, no solo encontró a la madre y a la hija, como esperaba, sino también al padre y a uno de los hijos varones. Pistola en mano, los ató a todos y los fue estrangulando uno por uno. Muy excitado, se masturbó. “No es raro que los asesinos prefieran masturbarse que mantener relaciones sexuales con sus víctimas, puesto que su parafilia es mucho más que un impulso erótico”, asegura Ramsland.

Tres meses más tarde, Dennis atacó de nuevo. Apuñaló hasta matar a una joven de 20 años y libró una encarnizada batalla con su hermano de 21 años. Tras muchos forcejeos, Dennis disparó al joven, hiriéndole, pero milagrosamente sobrevivió. Quizá por lo accidentado de este episodio el asesino tardaría bastante tiempo en dar su siguiente golpe.

Cómo un hombre tan religioso podía compaginar su vida familiar con su carrera sangrienta sin que le temblara la mano. La doctora Ramsland lo explica: “Dennis tenía muy separadas las dos partes de su vida. Se creó una álter ego asesino, como si fuera un superhéroe o un espía, bautizado como El Minotauro, que operaba en paralelo a su vida cotidiana. En realidad, Dennis era una persona completamente normal la mayor parte del tiempo. Pero a veces caía en lo que él llama ‘la zona oscura’ y se convertía en un asesino”.

Entre 1974 y 1988 Dennis tuvo uno de los trabajos más sólidos y duraderos de su vida, como agente de seguridad para una compañía de alarmas. Pero siguió matando. En marzo de 1977 se coló en otra casa para atar y estrangular a una madre de 26 años mientras sus tres hijos permanecían encerrados en el baño; los pequeños solo se salvaron porque sonó el teléfono y el asesino tuvo que escapar. En diciembre de ese mismo año amarró y estranguló con unas medias a una chica de 25 años.

El ya célebre Asesino BTK no actuó hasta abril de 1985, cuando secuestró a una mujer de 53 años y, tras llevarla a un lugar apartado, la desnudó y la estranguló. Algo más de un año después, volvió a utilizar el estrangulamiento, esta vez con una madre de 28 años. Y en enero de 1991 perpetró su último asesinato: una mujer de 62 años, cuyo cuerpo fue encontrado debajo de un puente.

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Portada de 'Confession of a serial killer: the untold story of Dennis Rader The BTK killer' (2016), el libro de Katherine Ramsland.
La doctora Ramsland aclara que Dennis mataba con suma frialdad, como si estuviera desarrollando una actividad profesional. Llamaba “proyectos” a las víctimas, “éxitos” a los crímenes y su forma de operar era siempre la misma: “Seguía a la mujer hasta su domicilio y vigilaba sus rutinas. Elegía un día para entrar en acción, cortaba el cable del teléfono, entraba en la casa, esperaba pacientemente a que volviera, y la mataba”.

Durante los años 90, Dennis vivió con aparente tranquilidad, trabajando para el ayuntamiento de su ciudad, sonriendo a todo aquel que se cruzaba con él y planeando nuevos crímenes. La única queja vino de una vecina, que afirmó que Dennis había sacrificado a su perro sin motivo alguno. Pero nadie le dio importancia.

La policía no tenía pistas de quién podía ser el Asesino BTK. Dennis Rader ni siquiera estaba en la lista de sospechosos, formada por miles de hombres cuyo ADN era analizado sin éxito. Con notable recochineo, Dennis se permitía el lujo de facilitar pistas a la policía, para ver si lograban descifrarlas. La doctora piensa que este comportamiento exhibicionista obedece a “su narcisismo y su egomanía, puesto que la sensación de poder que le daban los crímenes hacían que se creyera invencible”. En 2004, la policía dio el caso por imposible y decidió archivarlo.

Pero la soberbia de Dennis pudo más que su prudencia. Cometió un error crucial: envió una carta (no ha sido desvelado el contenido) a la policía en un CD-Rom. Los agentes, pertrechados de tecnología digital para sus investigaciones, comprobaron los metadatos del documento de word, y descubrieron que el autor de la carta se llamaba Dennis y pertenecía a la Iglesia Luterana. Les bastó con buscar en Internet: “Lutheran Church Wichita Dennis” para saber quién era el sospechoso. El resto vino rodado: lograron una prueba de ADN, comprobaron que tenía un Jeep Cherokee, un coche que habían visto algunos testigos en las escenas del crimen. Todas las piezas encajaron.

En febrero de 2005 Dennis fue detenido. A sus 60 años, ya era un tipo legendario: uno de los asesinos en serie que más tiempo permaneció en activo sin ser atrapado. En junio de 2005 se celebró el juicio, en el que se declaró culpable de los diez crímenes. La pena de muerte fue instaurada en el estado de Kansas en 1994, así que se salvó por los pelos, ya que su último asesinato databa de 1991. Así las cosas, fue condenado a diez cadenas perpetuas, una por cada homicidio.

Desde la cárcel, el asesino en serie confesó que había estado a punto de matar a una undécima víctima. “Iba a ser mi obra maestra”, dijo. Planeaba mutilar a una mujer, ahorcarla y quemar su casa. De hecho, en octubre de 2004 estuvo en su patio trasero y llegó a llamar a la puerta, pero cuando vio aparecer a un grupo de gente decidió posponer el crimen hasta la primavera siguiente. Afortunadamente, fue capturado antes.

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Un investigador muestra (en agosto de 2005) la máscara que Dennis usó para crubrirse el rostro durante uno de sus asesinatos.
En la cárcel, Dennis decidió trabajar con la doctora Ramsland en una “autobiografía guiada”. La clave estaba en descubrir lo que ella llama "el factor X"; es decir, el oscuro impulso que lo lleva a matar. La psicóloga le ayudó a bucear en el pantano de su mente, explorando sus miedos infantiles y sus perversiones adultas. “El factor X de sus crímenes es una mezcla de un impulso sexual desviado, afán de notoriedad y personalidad dividida. Este factor X es algo compulsivo e irreprimible, y de haber tenido más oportunidades sin duda habría matado a más gente”.

La familia de Dennis se niega a visitarlo en la cárcel y él no lo entiende. Así se lo dijo a su pastor Mike Clark, que sí fue a verlo a prisión: "No soy más que un buen hombre que ha hecho cosas malas". Dennis tiene dos hijos, Brian, de 41 años, y Kerri, de 38. Su hija Kerri le contestó por carta: "Danos tiempo. Estamos tratando de sobrevivir. Tú nos has mentido, nos has engañado". En una entrevista con el diario The Wichita Eagle, Kerri declaró: "Me he sentido fatal por los treinta años de mierda que mi padre le dio a este pueblo y las cosas terribles que les hizo a sus víctimas. Las mujeres andaban con miedo. Mi propia madre andaba con miedo. Pero ya le he perdonado. Y no lo he hecho por él, lo he hecho por mí".

Cuando cumpla 175 años de condena, allá por el año 2180, Dennis Rader podría optar a la libertad condicional. Obviamente, este criminal va a morir en la cárcel.

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¿ERES UN PSICÓPATA?

Mensajepor Invitado » Dom 09 Jul, 2017 2:01 pm

¿Duermes con un psicópata?

Se alimentan de nuestra autoestima, quieren destruir a todo el que se ponga a tiro. Son psicópatas emocionales, y lo recomendable es cortar la relación con ellos.

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NO QUIERE comer tu hígado: se alimenta de tu autoestima, tu vitalidad y tu seguridad hasta que te destruye psicológicamente. Actúa sabiendo lo que hace, sin remordimientos: no los tiene porque es incapaz de sentir. Es un psicópata integrado y tú eres la presa. Hasta un 4% de la población tiene este perfil predador en distinto grado; la mayoría son hombres, según datos del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad.

Cuando uno se imagina a un perturbado así piensa en Hannibal Lecter, el cruel asesino de El silencio de los corderos. Pero no hace falta ver películas para encontrarse con un tipo de estas características: estamos rodeados de ellos. Los psicópatas no criminales tienen la misma sangre fría y el mismo objetivo que los que sí lo son: destruir a quien se ponga a tiro. Su modus operandi es buscar una presa, escrutarla, detectar sus debilidades y seducirla con un cebo difícil de esquivar. Te mimará como un padre si perdiste al tuyo de pequeña, te dirá lo sexy que eres si te acompleja su cuerpo, se mostrará divertido si crees que eres una persona aburrida… No hay mejor seductor, es irresistible, te colma de atenciones, tu WhatsApp es un hervidero de corazones, es tu mejor confidente, te entiende a la perfección, coincidís en todo… Sois almas gemelas.

Pero hay algo en tu cuerpo que te alerta, vagas sensaciones de inquietud; no puede ser tan ideal, sus palabras de amor a medida suenan falsas. De hecho, lo son: no las sienten, las aprenden. Intuyes que algo no encaja, pero no sabes qué. ¡Si es perfecto! Te entregas enseguida: en la cama es el no va más, tú eres lo que importa, te hace saltarte hasta tus propias normas. Otro cebo más, el sexo rompedor y sin tabúes. La relación va viento en popa, las dos mitades de la naranja encajan perfectamente… hasta que empieza a hacer un zumo contigo. De un día para otro desaparece sin más. Repasas tus últimas conversaciones y eran de telenovela. No entiendes nada. Le buscas, le llamas, mensajes sin respuesta, el vacío y el silencio como castigo. Pides explicaciones y recibes, en el mejor de los casos, respuestas frías y cortas; insistes. Te hace sentir que le acosas, que estás loca, que eres ridícula, te humilla, niega que haya un conflicto, huye del enfrentamiento. Ahora tú te sientes culpable: te preguntas si quizá has sido muy pesada (o pesado), si no debiste ir tan rápido. Entonces comienzan los trastornos para la víctima: pensamientos obsesivos, apego patológico, insomnio, problemas alimentarios, de concentración. El psicópata, además, suele actuar aislando a su presa de las relaciones familiares y de sus amistades de manera que, cuando la tiene dominada mentalmente, la víctima no sabe dónde agarrarse.


Un 4% de la población tiene un perfil predador en diferente grado; la inmensa mayoría de ellos son hombres"


No busques más explicaciones: ya no le diviertes, ya te tiene atrapada sin resistencia y anda distraído seduciendo a otra presa. Probablemente la rondaba antes, pues son muy promiscuos e infieles. Y te lo hará saber: irá con ella a los sitios que frecuentaba contigo, será abiertamente cariñoso con ella en las redes sociales o te hará llegar noticias de su nueva conquista. Lo asumes, aceptas la derrota. Con la autoestima por los suelos entras cada día en sus redes sociales para saber de él, pero aún te queda dignidad para dar carpetazo. Es frecuente que este tipo de persona se dedique a destruir tu reputación, a mentir sobre ti, a contar a todos que estás loca… Pero después de unos días sin contacto tu móvil parpadea: “Te echo de menos” o “estoy escuchando nuestra canción…, sin ti no soy nada”. No te dejará escapar hasta que él quiera. ¿Qué hacer? Aquí los especialistas coinciden con el consejo tajante de una de las mayores expertas en predadores emocionales, la psicoanalista Marie-France Hirigoyen: “Huir, cortar completamente la relación, contacto cero”. Bloquea su número en el teléfono y no permitas ningún acercamiento. Te tienta pensar que él puede cambiar, sientes pena por él y crees que volverá a quererte: olvídalo, le resultas completamente indiferente, nunca te quiso, son incapaces de sentir. Para él eres un mero objeto. El retrato de los expertos es definitivo: este predador carece de empatía, de remordimientos, de sentimientos, le complace el resultado de su crueldad.

Clínicamente, los psicópatas no son enfermos, no se pueden curar: padecen un trastorno de la personalidad para el que no hay tratamiento. Tampoco ellos lo buscan: mientras tienen una víctima, no sufren. Cuando acaba el juego, el vacío que experimentan les devuelve a la cacería. Se creen seres superiores en inteligencia y consideran que los sentimientos son una debilidad. Nunca han sentido, pero estudian las pautas humanas y se las apropian: saben mostrarse tristes o enamorados, pero todo es puro teatro.

Aunque ahora lo pienses, no eres una persona débil: al contrario, estos individuos disfrutan seduciendo a gente inteligente y con fuerte personalidad que supongan un reto, que tengan las cualidades de las que ellos carecen para nutrirse de ellas. Necesitas un terapeuta que te ayude a descubrir por qué grieta emocional se ha ­colado. Te ha destruido, pero, a diferencia de él, tú sí tienes salida.

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¿ERES UN PSICÓPATA?

Mensajepor Invitado » Dom 21 Ene, 2018 3:17 am




LA CASA DEL HORROR DE LOS TURPIN UNA COMIDA AL DÍA, DOS DUCHAS AL AÑO

Vida y tortura de 13 niños ‘pálidos’ en la casa de ‘la familia feliz’ que iba a Disney y ala que‘Elvis’casódosvecesenLasVegas. Dice la Policía que no están locos, aunque encadenaban a sus hijos y los hacían caminar en fila por la casa de madrugada

PABLO SCARPELLINI


La Policía dice que los Turpin no estaban locos. Cuesta creerlo. Allí dentro, en la casa de los horrores de Perris (California), como ya la ha bautizado la prensa, David y Louise Turpin convirtieron un hogar aparentemente feliz en un infierno para sus 13 hijos de entre 2 y 29 años. Los menores vivían encadenados a los muebles durante semanas e incluso meses, sin poder lavarse más que dos veces al año y con la comida racionada, a razón de un almuerzo al día. Eran víctimas de un secuestro, en uno de los peores casos de abusos de menores que se han dado en Estados Unidos.

El fiscal del distrito del condado de Riverside, Michael Hestrin, lo tildó de «depravación humana», una suerte de perversión y venganza de los padres hacia sus hijos que nadie alcanza a explicar y que ha hecho que se baraje la enajenación mental o su pertenencia a algún tipo de secta para justificarlo. De momento, todo son conjeturas.

Lo cierto y confirmado es que la tortura de los Turpin a sus hijos era permanente y que duró años. Las autoridades californianas creen que al menos desde 2010, un periodo de tiempo que bien podría explicar la situación de desnutrición y poco peso de la mayoría de los niños. Todos aparentan tener menos edad de la que tienen. La mayor de los hermanos, una mujer de 29 años, apenas superaba los 41 kilos. Su hermana, la que el pasado domingo se fugó para alertar a las autoridades de lo que estaba ocurriendo, no presentaba mejor aspecto. A simple vista, los agentes le calcularon unos 10 años pese a los 17 que tiene en realidad.

Durante dos años estuvieron planeando la fuga, tratando de salir de ese infierno que crearon sus progenitores en el 160 de Muir Woods Road, en una urbanización de clase trabajadora en medio de la nada, rodeada de parcelas baldías, a 120 kilómetros de Los Ángeles, quizá el lugar perfecto para dar rienda suelta a su extraño estilo de vida.

A los niños los tenían despiertos de noche y dormidos de día, para que nunca vieran la luz del sol y que los vecinos no se percataran de lo que pasaba allí dentro. Toda la familia se acostaba entre las cuatro y las cinco de la madrugada, con permiso para escribir un diario como única actividad didáctica. Se han recuperado cientos que se usarán como pruebas durante el juicio contra los padres.

La casa apestaba. Había restos de orines en las cuatro habitaciones. A los niños no les dejaban ir al baño cuando estaban castigados, que era a menudo, y tampoco mojarse más allá de las muñecas cuando les permitían lavarse las manos. Entendían los padres que era una forma de jugar y de desperdiciar agua. Cualquiera de las dos cosas acarreaba un castigo. Estos iban desde la paliza hasta el estrangulamiento. Tan sólo el más pequeño, el niño de dos años, se libraba de los abusos en esa casa. Es el único que aparenta estar en buenas condiciones. Por eso los cargos son 12 por secuestro y otros 12 por tortura para cada uno de los padres, más siete por abuso de adultos dependientes y seis cargos más por abuso de menores.


SERIOS Y ESPOSADOS

A David Turpin se le acusa además de haber abusado sexualmente de una de sus hijas, una menor de 14 años. En total, 75 cargos por los que el fiscal pide un mínimo de 94 años de cárcel. Con 57 que tiene David y 49 Louise, parece poco probable que ninguno de ellos salga de prisión en lo que les queda de existencia.

Hasta los tribunales de justicia del condado de Riverside llegaron por un túnel desde el centro de detención Robert Presley, donde se encuentran desde hace siete días. Ambos comparecieron vestidos con chaquetas negras y camisas claras, serios y esposados, durante los 20 minutos que duró el proceso.

Se limitaron a responder que «sí» al juez Michael Donner al preguntarles si entendían los procedimientos, y a través de sus abogados de oficio se declararon no culpables de todos los cargos que se les imputan, con la fianza fijada en 13 millones de dólares, a razón de un millón por hijo. Su siguiente aparición ante los tribunales será el 23 de febrero.

Para entonces se espera que se conozcan más detalles del caso, del porqué de su constante maltrato y sus macabras torturas. El fiscal Hestrin explicó que en la casa hallaron juguetes sin abrir a los que no tenían acceso los niños, y que pese a estar muertos de hambre, los padres llevaban a casa pasteles que ponían sobre la mesa de la cocina y que no les dejaban tocar a los pequeños.

El único con un régimen ligeramente distinto era uno de los mayores, al que le permitían salir de casa para asistir a clases universitarias, aunque siempre acompañado por su madre. Ésta lo esperaba hasta que terminase y lo acompañaba de vuelta a casa.

La esclavitud se terminó el domingo 14 de madrugada. Después de años de planear la huida, la joven de 17 años se escapó por una ventana. «Se llevó a uno de sus hermanos con ella», explicó Hestrin durante su comparecencia ante la prensa. «Ese hermano se asustó y se dio la vuelta». El fiscal del distrito de Riverside añadió que algo debió de propiciar la fuga en ese momento, pero las causas no han sido reveladas.

Lo que sí se sabe es que cuando los agentes se presentaron en la casa de Perris tras recibir la llamada de la niña —logró usar un móvil para alertar del horror familiar— se encontraron a una madre petrificada ante su presencia. Tres de sus hijos estaban encadenados. A dos, de 11 y 14 años, alcanzaron a soltarlos antes de que los agentes entraron en la casa. Una de las jóvenes, de 22 años, seguía encadenada.

Los propios niños han explicado a las autoridades que, antes de las cadenas, sus padres usaban cuerdas con ellos. Variaron el método cuando uno de ellos intentó escaparse. De ahí las cadenas y los candados.


¿QUÉ ES UN MEDICAMENTO?

Ahora los 13 hijos de los Turpin están siendo atendidos en hospitales del sur de California. Ninguno de ellos había visto a un médico en cuatro años y jamás habían estado en un dentista. Los informes aseguran que algunos están «mentalmente impedidos» por el «maltrato prolongado» y que carecen de las nociones más básicas en muchos aspectos. Ninguno sabía, por ejemplo, lo que era un policía o un medicamento. Su exposición al mundo exterior ha sido prácticamente nula. Nada de televisión ni videojuegos, ninguna bicicleta para montar como cualquier otro niño de su vecindario. En su caso, tortura permanente.

Aunque la investigación continúa, se cree que las costumbres de los Turpin venían de tiempo atrás, cuando todavía vivían en Texas. En la casa que perdieron por ejecución hipotecaria en Forth Worth, había moquetas en un estado impresentable y marcas en las paredes; en un principio el nuevo dueño pensó que podían ser de animales. También se encontraron unos agujeros cubiertos en los armarios del dormitorio de la pareja, como si hubieran estado escondiendo a los niños ahí dentro. Otras fuentes indican que los dejaron solos durante un tiempo y que únicamente pasaban por la casa para dejar algo de comida.

Tras Texas se mudaron a Murrieta, un pueblo de California cercano a Perris. Allí, un vecino que trabajaba de noche, Mike, explicó al New York Post que veía a los niños de madrugada desfilando como en una especie de ritual: «Pensé que pertenecían a un culto. Marchaban una y otra vez en la segunda planta de la casa. La luz estaba prendida todo el tiempo». Nada, sin embargo, que justificara llamar a la Policía. «Mi mujer los llamaba clones. Hablaban de forma robótica, monótona y al mismo tiempo», sin que mirasen nunca a los ojos y le dijeran su nombre a nadie. Además, iban todos vestidos de la misma forma, las niñas con un vestido y los chicos con un traje, con el mismo corte de pelo del padre, tipo tazón. Todo muy extraño.

Y eso que de puertas hacia fuera aparentaban ser una familia feliz y normal. Eran fanáticos de Disney World, como muestran las fotos publicadas en Facebook y las matrículas personalizadas de varios de sus cuatro coches, y los padres se casaron dos veces en Las Vegas con un imitador de Elvis Presley como maestro de ceremonias.

También se han barajado motivos económicos para explicar el caso. El cabeza de familia, David, era ingeniero y ganaba 140.000 dólares al año como empleado de Northrop Grumman, una compañía de aeronaútica y tecnología de Defensa. En 2011 registró su casa como un colegio privado para que sus hijos pudieran estudiar en ella, una opción corriente y legal en Estados Unidos. Según los archivos del condado de Riverside, en el centro privado había seis alumnos. Pero ese mismo año Turpin se declaró en bancarrota y dejó de buscar trabajo.

Louise, por su parte, era ama de casa. «Rara vez interactuaba con nadie. Una vez me crucé con ella y me miró de forma extraña, como si estuviera loca», recuerda una vecina. «Nunca más la volví a ver».

Queda pendiente saber quién se encargará de los 13 hermanos. «Ahora están aliviados, en buenas manos», dicen desde el hospital de Corona.


EL MUNDO. CRÓNICA. DOMINGO 21 DE ENERO DE 2018

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Marcelo Mouhapè

¿ERES UN PSICÓPATA?

Mensajepor Marcelo Mouhapè » Mié 07 Feb, 2018 11:24 pm

“Algún día, los hombres mirarán hacia atrás y sabrán que el siglo XX comenzó conmigo”…(Jack El Destripador)

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¿ERES UN PSICÓPATA?

Mensajepor Invitado » Mar 02 Abr, 2019 2:34 am

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Cerebro de un homicida
Corteza prefrontal menos activa
Iamben cortesía de Adriane Raine, Universidad de Pennsylvania
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Cerebro normal
Corteza prefrontal activa
Imagen cortesía de Adrian Raine, Universidad de Pennsylvania

La ciencia del bien y del mal

¿Qué hace que una persona sea especialmente altruista o psicópata? ¿Existen diferencias cerebrales entre un tipo de personas y otras?

Yudhijit Bhattacharjee



Desde la ventana de la cocina de su casa prefabricada de Auburn, Illinois, Ashley Aldridge veía perfectamente el paso a nivel situado a cien metros.

La joven de 19 años acababa de dar la comida a sus dos hijos cuando vio al hombre en la silla de ruedas. Al fijarse, se percató de que la silla no se movía. Se había atascado entre las vías. El hombre pedía auxilio a gritos. Una moto y dos coches pasaron de largo. Entonces oyó un silbato lejano y el golpe metálico de la barrera al descender, señal de que un tren se aproximaba.

Echó a correr, descalza, por el camino de grava paralelo a la vía. Cuando llegó, el tren estaba a menos de un kilómetro de distancia y avanzaba a 125 kilómetros por hora. Al no conseguir desatascar la silla, agarró al hombre por el pecho desde atrás para levantarlo, pero no pudo. Con el tren acercándose como una exhalación, Aldridge tiró con todas sus fuerzas. Cayó de espaldas, y con ella el hombre. Unos segundos más tarde el tren arrollaba la silla.

La persona a la que Aldridge salvó la vida esa tarde de septiembre de 2015 era un completo desconocido para ella. Su rescate heroico es un ejemplo de lo que los científicos denominan altruismo extremo: actos de generosidad destinados a ayudar a desconocidos aun a riesgo de sufrir graves daños personales.
Héroes anónimos

No es de extrañar que muchos de estos héroes –como Roi Klein, comandante del Ejército israelí que se arrojó sobre una granada para salvar a sus hombres– tengan profesiones en las que poner en riesgo la vida propia para proteger la ajena sea un gaje del oficio. Pero otros son hombres y mujeres normales, como Rick Best, Ta­­liesin Namkai-Meche y Micah Fletcher, que intervinieron para defender a dos mujeres, una de ellas con hiyab, de un hombre que les lanzaba insultos islamófobos en un tren de Portland, Oregón. Los tres fueron apuñalados; solo sobrevivió Fletcher.

Contrastemos estas nobles acciones con las barbaridades que cometemos los humanos: asesinatos, violaciones, secuestros, torturas. Pensemos en la carnicería perpetrada por el hombre que acribilló a balazos al público de un concierto de música country desde el piso 32 del hotel Mandalay Bay en Las Vegas el pasado mes de octubre.

Tres semanas después la cifra oficial de víctimas era de 58 muertos y 546 heridos. O recordemos la crueldad de un asesino en serie como Todd Kohlhepp, agente inmobiliario de Carolina del Sur, que por lo visto dejaba pistas de su afición criminal en las estrambóticas opiniones sobre productos que colgaba en internet; de una pala plegable, decía: «Llévela siempre en el coche para cuando tenga que esconder los cadáveres». Por aberrantes que sean estos horrores, se producen con la frecuencia suficiente como para que nos recuerden una oscura verdad: los humanos somos capaces de maldades indescriptibles.

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1 de octubre de 2017; Las Vegas, Nevada; 58 muertos y 546 heridos
Apostado en el piso 32 de un hotel, un hombre armado con rifles semiautomáticos modificados disparó más de mil balas a los asistentes a un concierto. Los tiroteos indiscriminados son mucho más frecuentes desde 2011.
Foto: Lynn Johnson
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12 de junio de 2016: discoteca Pulse, Orlando, Florida; 49 muertos y 53 heridos
En uno de los ataques terroristas más mortíferos de Estados Unidos desde el 11-S, un hombre leal al Estado Islámico cometió una masacre en un local gay. En el primer aniversario, los allegados regresaron al lugar.
Foto: Lynn Johnson
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14 de diciembre de 2012: colegio de primaria de Sandy Hook, 27 muertos y 2 heridos
Seis adultos y 20 niños murieron en la matanza de Newtown, Connecticut. El asesino también mató a su madre. El colegio fue demolido y reconstruido. No se conservó nada del edificio original, ni siquiera el asta de la bandera.
Foto: Lynn Johnson
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7 de junio de 1998; carretera de Huff Greek, Jasper, Texas: 1 muerto
Unos supremacistas blancos mataron a un afroamericano, James Byrd, Jr., encadenándolo a una pick-up y arrastrándolo por esta carretera. Los círculos marcan los puntos donde aparecieron fragmentos de su cuerpo.
Foto: Lynn Johsnon

Psicópatas y altruistas

Los superaltruistas y los psicópatas ejemplifican nuestros mejores y nuestros peores instintos. En un extremo del espectro moral, el sacrificio, la generosidad y otras virtudes que nos ennoblecen y que reconocemos como buenas; en el otro, el egoísmo, la violencia y los impulsos destructivos que consideramos malvados. Y en la raíz de ambas conductas, dicen los investigadores, está nuestro pasado evolutivo.

Su hipótesis es que los humanos (y otras muchas especies, aunque en menor grado) adquirieron por vía evolutiva el deseo de ayudarse mutuamente porque en el seno de los grandes grupos sociales la cooperación era esencial para la supervivencia. Pero como aquellos grupos debían disputarse los recursos, el deseo de lastimar y hasta matar a los rivales también era crucial. «Somos la especie más social de la Tierra. Y también la más violenta –dice Jean Decety, neurosociólogo de la Universidad de Chicago–. Tenemos dos caras porque las dos eran importantes para sobrevivir».

Durante siglos el origen y las manifestaciones del bien y del mal en el ser humano constituyeron un debate de tenor filosófico o religioso, pero en las últimas décadas los investigadores han dado pasos importantes en la comprensión científica de sus causas.

Tanto el bien como el mal parecen estar vinculados a un rasgo emocional clave: la empatía, esto es, la capacidad intrínseca del cerebro de experimentar lo que está sintiendo otra persona. La ciencia ha descubierto que la em­­patía es la chispa que enciende la compasión en nuestro corazón y nos induce a ayudar al prójimo cuando está sufriendo.

Distintos estudios también han asociado las conductas violentas, psicopáticas y antisociales con la ausencia de empatía, que a su vez parece ser consecuencia de defectos en los circuitos neuronales. Estos nuevos hallazgos están sentando las bases de regímenes de entrenamiento y programas de tratamiento destinados a elevar la respuesta empática del cerebro.

Hubo un tiempo en que los investigadores estaban convencidos de que a los niños pequeños les daba exactamente igual el bienestar de los de­más, una conclusión lógica si uno ha presenciado la rabieta de un crío de dos años. Pero recientes hallazgos demuestran que los bebés sienten empatía mucho antes de cumplir un año de vida.

Maayan Davidov, psicóloga de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y sus colegas son los autores de algunos de esos estudios, en los que se analiza la conducta de los niños cuando ven a una persona sufriendo: bien sea un niño que llora o bien uno de los investigadores o la propia madre simulando que se ha hecho daño.
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Ashley Aldridge: encarar el miedo para ayudar
Joven madre de dos niños pequeños, Aldridge corrió descalza hasta un paso a nivel para rescatar a un hombre cuya silla de ruedas se había quedado atascada en las vías. Logró sacarlo justo cuando el tren estaba a punto de arrollarlo. «La verdad es que yo no me veo como una heroína, pero mis hijos me dicen constantemente que sí lo soy –explica–. Simplemente ayudé a alguien, supongo que lo entiendo así, porque si hubiese sido mi abuelo, me habría gustado que alguien lo hubiese ayudado a él».
Foto: Lynn Johnson
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Muddu Ewing: hacer un regalo de una generosidad inconcebible
Al igual que su marido, Missy Ewing donó uno de sus riñones a un desconocido. La única recompensa que recibió a cambio fue la sensación de haber obrado bien con su donación. Dice que su regalo fue una respuesta a la sobredosis de amor que ha recibido en la vida. Los investigadores han descubierto que los donantes de riñón altruistas tales como Ewing poseen una amígdala cerebral derecha más grande y más reactiva, lo que los hace más sensibles a las emociones ajenas.
Foto: Lynn Johnson
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William Ramirez: ponerse delante del peligro
De camino a su trabajo como limpiador de barcos, Ramirez (izquierda) salvó a un agente de policía de Miami de la lluvia de balas que le disparaba un hombre armado con un rifle de asalto. Interpuso su camioneta entre el policía y el agresor, abrió la puerta para que el agente pudiese subir y aceleró para ponerlo a salvo. «¿Cómo iba a pasar de largo sin más, cómo podía marcharme a trabajar sin hacer nada? La policía arriesga su vida por los demás todos los días», declaró al diario Sun Sentinel.
Foto: Lynn Johnson
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Micah Fetcher: intervenir en defensa de unas desconocidas
Fletcher y otros dos hombres defendieron a dos mujeres –una de ellas con hiyab– de un tipo que les lanzaba insultos islamófobos en un tren de cercanías de Portland. El agresor los apuñaló a los tres. Dos fallecieron y Fletcher recibió un profundo corte en el cuello. Dice que intervino de forma instintiva para ayudar a las mujeres. Diagnosticado de trastorno del espectro autista cuando era niño, sufrió acoso escolar y agresiones. «Si de verdad somos una comunidad, entonces se supone que todos debemos defendernos unos a otros», declara.
Foto: Lynn Johnson

Incluso antes de los seis meses, muchos bebés responden a tales estímulos con expresiones faciales que reflejan preocupación e interés; algunos también exhiben gestos de consuelo, como inclinarse hacia delante e intentar comunicarse con la persona que está en apuros. En su primer año de vida, los pequeños también dan muestras de querer comprender el sufrimiento que están presenciando. Al año y medio suelen traducir su empatía en conductas sociales positivas, como dar un abrazo u ofrecer un juguete al niño que se ha hecho daño.

Pero eso no ocurre con todos los niños. En una pequeña minoría, y a partir del segundo año de vida, los investigadores identifican lo que ellos denominan una «indiferencia activa» respecto a los demás. «Cuando alguien comunicaba al grupo de niños que estaban siendo estudiados que otra persona le había hecho daño –explica Carolyn Zahn-Waxler, investigadora de la Universidad de Wisconsin-Madison–, estos se reían de él o incluso lo criticaban duramente diciéndole “No te pasa nada” o “Es por tu culpa”».

Al seguirles la pista hasta que entraban en la adolescencia, Zahn-Waxler y su colega Soo Hyun Rhee, psicóloga de la Universidad de Colorado, descubrieron que tenían mu­chas probabilidades de desarrollar tendencias antisociales y meterse en líos.

Otros estudios han medido la insensibilidad y la carencia de expresión emocional en adolescentes valiéndose de preguntas tales como si el sujeto siente remordimientos tras haber cometido una mala acción. Los que obtienen puntuaciones altas en los rasgos de «dureza e insensibilidad afectiva» tienden a presentar problemas conductuales frecuentes y graves, como mostrar una agresividad extrema en las peleas o realizar actos van­dálicos.

También se ha descubierto que parte de estos adolescentes acaban cometiendo delitos graves (homicidios, violaciones o robos violentos). Algunos son proclives a convertirse de adultos en auténticos psicópatas, individuos de corazón frío y calculador que cometen sin inmutarse iniquidades inimaginables. (La mayoría de los psicópatas son varones).

Si el déficit de empatía en el que estriban las conductas psicopáticas puede identificarse en los dos o tres primeros años de vida, ¿reside entonces la maldad en los genes, enroscada cual serpiente dentro del ADN, esperando el momento para atacar? La respuesta no es categórica. Tanto la naturaleza como el entorno tienen su papel.

Estudios llevados a cabo con gemelos han dirimido que los rasgos de dureza e insensibilidad afectiva que muestran algunos niños y adolescentes son consecuencia en gran medida de su herencia gené­tica. Sin embargo, en un estudio de 561 niños nacidos de madres con antecedentes de conducta antisocial, los investigadores descubrieron que los que eran adoptados por familias que les proporcionaban afecto y cuidados tenían muchas menos probabilidades de exhibir esos rasgos que los adoptados por familias menos afectuosas.

Los niños que nacen con una genética que eleva sus probabilidades de tener dificultades para empatizar suelen tenerlo doblemente difícil. «Un niño que no demuestra afecto como sus pares de desarrollo típico, que no da muestras de empatía, provocará en las personas de su entorno (padres, maestros, compañeros) reacciones muy distintas a las que provocaría un niño más dócil y empático –dice Essi Viding, investigadora en psicología en el University College de Londres–.

Y muchos de estos pequeños, huelga decirlo, viven con su familia biológica, así que a menudo se topan además con la mala suerte de tener unos padres que quizás estén peor preparados para muchas de las tareas de la crianza, a los que se les da peor empatizar y regular sus propias emociones».

Los bomberos trataron desesperadamente de salvar a los seis hijos de los Philpott cuando se incendió su casa de Derby, Inglaterra, en la ma­drugada del 11 de mayo de 2012, pero cuando por fin llegaron al piso de arriba, donde los pequeños dormían, solo uno seguía vivo. Falleció dos días después en el hospital. La policía sospechaba que el incendio había sido provocado; tenía pruebas de que se había vertido gasolina por la ranura del buzón de la puerta principal.

Los vecinos de Derby recaudaron dinero para ayudar a los padres –Mick y Mairead Philpott– con los gastos funerarios. En una rueda de prensa para agradecer el gesto, él se presentó sollozando y llevándose a los ojos un pañuelo de papel que no llegó a mojarse. Al salir del local se desmayó, pero al tercero en la jerarquía de la policía de Derbyshire le llamó la atención lo artificial de su actitud. Al cabo de 18 días la policía detuvo al ma­trimonio. Los investigadores demostraron que habían prendido fuego a la casa junto con un cómplice para incriminar a la examante de Mick. Un tribunal declaró a los tres culpables de homicidio.

La pena simulada de Philpott y su falta de remordimientos son dos de las características que definen a los psicópatas. Los psicópatas sienten una indiferencia total por los sentimientos de los demás, aunque parece que aprenden a imitar emociones. «Realmente tienen una incapacidad absoluta de entender sentimientos como la empatía, la culpa o el remordimiento», dice Kent Kiehl, neurocientífico de la Mind Research Net­work y de la Universidad de Nuevo México. Son personas que «simplemente no tienen nada que ver con el resto de nosotros».

Kiehl lleva 20 años explorando esta diferencia a base de realizar escáneres cerebrales a reclusos. (Casi uno de cada cinco hombres adultos que están en prisión en Estados Unidos y Canadá obtiene una puntuación elevada en los tests de psicopatía –que evalúan una lista de 20 criterios tales como la impulsividad y la ausencia de remordimientos–, frente a uno de cada 150 individuos de la población masculina general). Desde 2007 Kiehl y sus colegas han escaneado a más de 4.000 presidiarios para medir su actividad cerebral y el tamaño de distintas regiones cerebrales.

Cuando recuerdan una batería de palabras de gran carga emotiva (como «pena» y «enfado») que se les han mostrado momentos antes, los delincuentes psicopáticos presentan una disminución de la actividad en la amígdala cerebral, uno de los centros primarios de procesamiento emocional, en comparación con los reclusos no psicopáticos. En una tarea diseñada para poner a prueba la toma de decisiones morales, los investigadores piden al preso que evalúe cuán ofensivas son las imágenes que ve en la pantalla: miembros del Ku Klux Klan quemando cruces, por ejemplo, o un rostro ensangrentado a causa de una paliza.

Aunque las evaluaciones indicadas por los delincuentes psicopáticos no difieren demasiado de las indicadas por los no psicópatas –todos ellos reconocen la transgresión moral que entrañan las imágenes–, los psicópatas tienden a mostrar una activación más débil en las regiones cerebrales clave para el razonamiento moral.

Basándose en estos hallazgos y otros parecidos, Kiehl está convencido de que los psicópatas sufren deficiencias en un sistema de estructuras cerebrales interconectadas –entre ellas la amígdala y la corteza orbitofrontal– que participan en el procesamiento de las emociones, en la toma de decisiones, en el control de los impulsos y en el establecimiento de objetivos. Se aprecia «básicamente entre un 5 y un 7% menos sustancia gris en esas estructuras en los individuos con rasgos psicopáticos muy marcados en comparación con otros reclusos», explica Kiehl.

Da la impresión de que el psicópata compensa esa deficiencia usando otras partes del cerebro para simular cognitivamente lo que en buena ley pertenece al ámbito de las emociones. «En otras palabras, el psicópata tiene que pensar sobre lo que está bien y lo que está mal cuando los demás simplemente lo sentimos», escribía Kiehl en un artículo que publicó junto con otros expertos en 2011.

Abigail marsh, actualmente psicóloga de la Universidad de Georgetown, tenía 19 años cuando conducía su coche por un puente y dio un volantazo para no atropellar a un perro. El vehículo derrapó, hizo varios trompos y quedó parado en el carril rápido, en sentido contrario a la marcha. Marsh no conseguía encender el motor y tenía miedo de salir, porque a su lado pasaban como relámpagos coches y camiones. Un hombre aparcó en el arcén, atravesó la autopista a pie y la ayudó a arrancar. «Corrió un riesgo enorme al cruzar los carriles. La única explicación posible es que simplemente quería ayudar –dice Marsh–. ¿Cómo puede alguien sentir el impulso de hacer algo así?».

Al poco tiempo de empezar a trabajar en Georgetown, se preguntó si el altruismo mostrado por aquel conductor no sería de algún modo el polo opuesto de la psicopatía. Se propuso reunir un grupo de individuos excepcionalmente amables para estudiarlos y pensó que encontraría sujetos ideales para su propósito entre los donantes de riñón, personas altruistas que deciden donar ese órgano a un desconocido, a veces incluso pagando de su propio bolsillo, sin recibir nada a cambio.

Marsh y sus colegas reunieron a 19 donantes procedentes de todo el país. Los investigadores mostraban a cada uno de ellos una serie de fotografías en blanco y negro de expresiones faciales, unas de miedo, otras de ira y otras neutras, y al mismo tiempo los sometían a una resonancia magnética para estudiar tanto la actividad como la estructura de su cerebro.

Al observar rostros asustados, los donantes presentaban una respuesta más intensa en la amígdala cerebral derecha que los individuos del grupo de control. Además, los investigadores des­cubrieron que la amígdala derecha de los donantes era, de promedio, un 8 % más grande que la de los otros.

Estudios similares realizados anteriormente sobre sujetos psicopáticos habían revelado justo lo contrario: la amígdala cerebral de un psicópata es más pequeña y registra menor actividad que la de los sujetos de control cuando reacciona a la imagen de un rostro asustado.

«Las expresiones de miedo provocan interés y preocupación. Si no reaccionas a esa expresión, es poco probable que te preocupe lo que les ocurra a los demás –explica Marsh–. Y los donantes de riñón altruistas parecen ser muy sensibles al malestar del prójimo, siendo el temor el tipo de malestar más agudo, quizás en parte por tener una amígdala de mayor tamaño que la media».

La mayoría de las personas no son ni altruistas extremos ni psicópatas, y en una sociedad no es habitual que los individuos cometan actos de violencia contra sus semejantes. Sin em­bargo, el genocidio existe: masacres organizadas que exigen la complicidad y pasividad de un gran número de personas.
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Kent Kiehl, escanear para entender a los psicópatas
Neurocientífico de la Universidad de Nuevo México, Kiehl ha identificado anormalidades llamativas en el cerebro de los psicópatas. Después de someter a escáneres a más de 4.000 reclusos para medir tanto su actividad neurológica como el tamaño de diversas regiones del cerebro, afirma que los psicópatas presentan defectos en las estructuras cerebrales interconectadas que ayudan a procesar las emociones, a tomar decisiones, a controlar los impulsos y a marcarse objetivos.
Foto: Lynn Johnson
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Centro de Tratamiento Juvenil de Mendota: intentar moldear la mente para hacer el bien
En esta institución de Wisconsin para delincuentes juveniles violentos se lleva a cabo un programa que impide que muchos de ellos acaben convirtiéndose en criminales empedernidos. En función de cómo se comporten cada jornada, los jóvenes ganan o pierden privilegios (como permitirles utilizar videojuegos) para el día siguiente. Este enfoque les da la oportunidad de redimirse cada 24 horas. En la imagen, un chico muestra una gráfica anual de su promedio semanal de puntos.
Foto: Lynn Johnson
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Sue Klebold y Coni Sanders: compartir la pena
Klebold (a la izquierda) es la madre de Dylan Klebold, uno de los dos adolescentes que en 1999 perpetraron la masacre del instituto Columbine, en Colorado. Relató su experiencia en el libro A Mother’s Reckoning, cuyos beneficios de venta dona a diversas ONG dedicadas a la salud mental. Ha llegado a convertirse en una madre para Sanders (a la derecha), cuyo padre fue asesinado en la matanza; durante años estuvo furiosa con Klebold por haber criado un hijo que se convirtió en asesino, pero la crianza de sus propios hijos adolescentes la ayudaron a entenderla. «Si alguien sufre más que yo, es ella», dice. Hoy ambas mujeres, fotografiadas en una ceremonia de recuerdo de las víctimas, están muy unidas.
Foto: Lynn Johnson
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Samer Attar: curar a las víctimas de la guerra
Attar, cirujano traumatólogo nacido en Chicago, ha ejercido como voluntario en Iraq, Jordania y Siria tratando pacientes de zonas de conflicto. Como otras personas superaltruistas, no tiene demasiado en cuenta los riesgos que corre su propia vida cuando intenta salvar la de los demás. En 2016, durante el sitio de Alepo, Attar fue el último médico estadounidense en salir de allí, y lo hizo angustiado, porque al marcharse dejaba atrás a unos cuantos médicos valientes. «No soy ningún héroe –escribió–, pero viví rodeado de héroes».
Foto: Lynn Johsnon

En la historia se repiten una y otra vez los casos de grupos sociales organizados según criterios étnicos, nacionales, raciales y religiosos que han masacrado a otros grupos. La Alemania nazi acabó con millones de judíos; los Jemeres Rojos exterminaron a sus compatriotas camboyanos; los hutus de Ruanda asesinaron a cientos de miles de tutsis; los terroristas del Estado Islámico aniquilaron a los yazidíes de Irak. Prácticamente no hay región del mundo que no haya vivido un genocidio. Acontecimientos así son la prueba aciaga de que el mal es capaz de vampirizar colectivos enteros.

Que la voz de la conciencia pierda toda importancia para los peones que ejecutan un genocidio se explica en parte en el marco de los experimentos llevados a cabo en los años sesenta por el psicólogo Stanley Milgram en la Universidad Yale. En ellos se pedía a los sujetos que administrasen descargas eléctricas a una persona que se hallaba en otra sala como castigo por haber respondido mal a una serie de preguntas, elevando el voltaje cada vez que se equivocaba.

A instancias de la persona de bata blanca que interpretaba el papel de científico investigador, muchos sujetos aumentaban el nivel de las descargas hasta voltajes peligrosos. Las descargas no eran reales y los gritos de dolor que oían eran una grabación, aunque los sujetos no lo sabían. Los estudios demostraron lo que Milgram describía como «la extrema disposición de los adultos a hacer prácticamente cualquier cosa si así se lo ordena una autoridad».

Gregory Stanton, fundador de Genocide Watch, una ONG dedicada a prevenir los asesinatos en masa, ha identificado las fases que pueden llevar a unas personas en principio decentes a cometer un crimen. Todo empieza cuando un líder demagógico señala a un grupo diana como «los otros» y afirma que son un peligro para los intereses de sus partidarios.

Después llega la discriminación, y pronto los líderes proceden a caracterizar a la población diana como subhumana, socavando la empatía del grupo para con «los otros». En la si­guiente fase la sociedad se polariza. «Quien planea un genocidio dice: “O estás con nosotros o contra nosotros”», dice Stanton.

Llega entonces la fase de preparación. Los arquitectos del genocidio elaboran listas de exterminables, acopian armas y planean cómo se han de llevar a cabo las matanzas. A veces se obliga a los integrantes del grupo señalado a trasladarse a guetos o a campos de concentración. Y entonces comienza la masacre.

Muchos de sus autores actúan sin el menor re­mordimiento, no porque sean incapaces de sentirlo –como ocurre con los asesinos psicópatas–, sino porque hallan modos de racionalizar las matanzas. James Waller, experto en genocidio, relata que vislumbró esa «increíble capacidad de la mente humana para explicar y justificar los actos más malvados» cuando entrevistó a decenas de hombres hutus condenados por o acusados de cometer atrocidades durante el genocidio ruandés. Algunos habían matado niños a hachazos.

Su explicación, según Waller, era: «Si no los mataba, aquellos niños habrían crecido y venido a matarme a mí. Matarlos era imprescindible para la supervivencia de los míos».

Nuestra capacidad de empatizar y de traducir esa empatía en compasión puede ser innata, pero no es inmutable. Como tampoco lo es la tendencia a desarrollar personalidades psicopáticas y antisociales fijadas en la infancia hasta el punto de ser incorregibles. En los últimos años los investigadores han demostrado que es posible tanto cortar el mal de raíz como reforzar nuestros instintos sociales positivos.

La posibilidad de impedir que un adolescente violento se convierta en un delincuente para toda su vida se ha sometido a ensayo en el Centro de Tratamiento Juvenil de Mendota, Wisconsin, una institución de internamiento para jóvenes que han cometido delitos graves, pero que se gestiona con más vocación de unidad psiquiátrica que de prisión. Los adolescentes remitidos al centro llegan con largas listas de antecedentes delictivos. «Hablamos de críos que, en resumen, se han desvinculado de la raza humana: no tienen conexión con nadie y ocupan una posición de verdadero antagonismo universal», dice Michael Caldwell, un psicólogo veterano de la plantilla.

El centro intenta construir esa conexión con los chicos pese a su conducta agresiva y antisocial. Los internos son evaluados a diario en una serie de escalas de conducta. Si obtienen buenas puntuaciones, se ganan ciertos privilegios que disfrutarán al día siguiente (como poder jugar a un videojuego). Si obtienen malas puntuaciones (si, por ejemplo, se meten en una pelea), pierden privilegios.

El foco no se pone en castigar el mal comportamiento, sino en recompensar la buena conducta, a diferencia de lo que se estila en la mayoría de los correccionales. Con el tiempo los chicos empiezan a comportarse mejor, dice Greg van Rybroek, director del centro. Sus rasgos de dureza e insensibilidad afectiva disminuyen.

La ciencia ha descubierto que la empatía es una chispa que enciende la compasión y nos induce a ayudar al prójimo


La plasticidad de nuestro cerebro social persiste en la edad adulta. Podemos entrenarnos para ser más amables y generosos


La mejora en la capacidad de gestionar sus emociones y controlar sus impulsos violentos parece mantenerse una vez abandonan Mendota. Los adolescentes tratados en el programa cometen muchos menos delitos –y si los cometen, son mucho menos violentos– entre los dos y los seis años posteriores a la salida del centro que los tratados en otras instituciones. «No es que tengamos una varita mágica –dice Van Rybroek–, pero sí hemos creado un sistema que interpreta el mundo desde el punto de vista del joven e intenta desmontarlo de manera cuidadosa y coherente».

En la última década se ha descubierto que la plasticidad de nuestro cerebro social persiste incluso en la edad adulta y que podemos entrenarnos para ser más amables y generosos. Tania Singer, neurocientífica social del Instituto Max Planck de Ciencias Cerebrales y Cognitivas de Leipzig, Alemania, ha aportado unos estudios pioneros que lo demuestran.

La empatía y la compasión utilizan diferentes redes cerebrales, descubrieron Singer y sus colegas. Ambas pueden conducir a conductas so­ciales positivas, pero la respuesta empática del cerebro que presencia el sufrimiento ajeno puede abocar en ocasiones a la llamada angustia empática, una reacción negativa que induce al testigo a alejarse de la persona que sufre para preservar su propia sensación de bienestar.

Para fomentar la compasión, que combina la percepción del sufrimiento ajeno con el deseo de aliviarlo, Singer y sus colegas han testado los efectos de varios ejercicios de entrenamiento.

Uno de los más señalados, derivado de la tradición budista, es hacer que el sujeto medite sobre una persona querida, dirigiendo afecto y buena voluntad hacia esa figura evocada y luego am­­pliando esos mismos sentimientos hacia conocidos, desconocidos e incluso enemigos.

El grupo de Singer ha mostrado que, al visionar breves grabaciones de personas que experimentaban sufrimiento emocional, los sujetos que se habían adiestrado en esta forma de meditación, aunque fuese durante apenas unos días, tenían una respuesta más compasiva –delatada por la activación de ciertos circuitos cerebrales– que los que no se habían ejercitado en ella.

En otro estudio, Singer y sus colegas probaron los efectos del entrenamiento compasivo sobre la amabilidad utilizando un juego de ordenador en el que los sujetos guían a un personaje virtual por un laberinto para que llegue al cofre del tesoro. El sujeto va abriéndole puertas; si lo desea, también puede abrirle puertas a otro personaje que vaga por el laberinto en busca del tesoro. Los investigadores descubrieron que los que habían recibido adiestramiento compasivo eran más atentos con el segundo personaje, el equivalente a un desconocido, que los del grupo de control.

Que exista la posibilidad de moldear el cerebro para ser más altruistas es una perspectiva halagüeña para la sociedad. Una forma de acercar ese futuro, cree Singer, sería llevar el entrenamiento compasivo a las escuelas. Quizá lograríamos un mundo más bondadoso, en el que la amabilidad innata deja de ser algo excepcional para convertirse en un rasgo definitorio de la humanidad.
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Anthony Chavez: poner a salvo a los demás
Cuando en un concierto en Las Vegas Chavez vio que la mujer que tenía al lado estaba cubierta de sangre, supo que él y su novia, Deianara Torres (extremo izquierda), estaban siendo tiroteados. Ayudó a su novia a ponerse a salvo saltando las vallas del escenario, y entonces vio a otra persona que habían conocido durante el concierto. «Nos miramos y percibí que estaba muerta de miedo –recuerda–. Supe que debía quedarme y ayudarla». La ayudó a ella y a otras personas paralizadas por el pánico, empujándolas a saltar la valla.
Foto: Lynn Johnson
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Jeremy Richman: buscar modos de prevenir la violencia
«Para impedir que otras personas pasen por un dolor tan horrible como este», Jeremy Richman creó una fundación que lleva el nombre de su hija Avielle, asesinada en la matanza de Sandy Hook cuando solo tenía seis años. La fundación apoya la investigación cerebral con miras a tratar la violencia como una enfermedad. Su sede está en el recinto del hospital de Fairfield Hills (arriba), hoy cerrado, que en su día albergó algunos pacientes psiquiátricos peligrosos.
Foto: Lynn Johnson
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Phineas Cage y el lóbulo frontal
Capataz de obras ferroviarias, Gage sobrevivió en 1848 a una explosión que le alojó una varilla de hierro en el lóbulo frontal izquierdo. Tras el accidente, ya no era amable y respetuoso como antes, sino desapegado e indiferente. En Canadá, un paciente experimentó un cambio similar al desarrollar un tumor benigno en el lóbulo frontal. Tras su extirpación en 2016, la esposa dijo al equipo médico: «Gracias por devolverme a mi marido». Sus resonancias magnéticas muestran el antes y el después de la cirugía. Casos como estos explican cómo las estructuras cerebrales guían la conducta social y moral.
Foto: Phineas Cage, carchivos de la familia Cage; imágenes de resonancia magnética por cortesía de David Fortin, Universidad de Sherbrooke

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Invitado

¿ERES UN PSICÓPATA?

Mensajepor Invitado » Jue 04 Abr, 2019 3:03 am

Maternidad

Rosa Belmonte





LOS ANIMALISTAS dicen que sacamos a hacer pipí a los perros cuando tenemos ganas nosotros, no cuando la tienen ellos. Usted perdone. La presidenta de Infancia Libre, elementa en tratos con Podemos, sacaba a su hijo todavía menos que a un perro. De esa mujer que tenía secuestrado a su hijo mayor, de 11 años, sin escolarizar y con dificultades para hablar (y tenía que memorizar la Biblia), es de lo que papá Estado nos tiene que proteger. A nosotros y, sobre todo, a sus hijos. La pequeña, de 6 años, olisqueaba a los policías. Pero todavía hay que agradecer que no hayan muerto igual que los niños de Godella. Como Juanito Valderrama, soy de las que piensan que como una madre no hay na (el padre es más prescindible). Por eso, que la madre sea un monstruo, en este caso a la manera de una de esas chifladas y fanáticas religiosas americanas, siempre me perturba.

Son antinaturales desde la madre de Tony Soprano a la de Bobby Fischer. La odiaba (el anticomunismo de Fischer era también reacción al comunismo activo de su madre, vigilada permanentemente por el FBI). Le molestaba con razón. La tía se presentó en la partida con Spaski en Reikiavik con una peluca rubia (su hijo le había prohibido acercarse a él). Uno no puede odiar a su madre y pretender no llamar la atención. En el imaginario del ser humano corriente sólo es peor acostarse con ella o matarla. Paul Johnson recuerda en Intelectuales lo que Hemingway odiaba a la suya. John Dos Passos decía de Hemingway que era el único hombre que había conocido que realmente odiaba a su madre. La escritora Claire Goll escribe en A la caza del viento que de la suya no aprendió más que el odio, el disimulo, el deseo de venganza y el vergonzoso placer de disfrutar bajo el látigo. «¿Por qué tendría que querer al ser perverso que fue mi madre? ¿Por el mero hecho de haber salido de su vientre?». Claudette Colbert estaba segura de que la explicación de que los nietos y los abuelos se lleven tan bien es que tienen el mismo enemigo: mamá.

A los niños les pasan cosas terribles en los cuentos. Y ahí no importa. Nos gusta que sufran. Que sufra todo el mundo. Los hermanos Grimm publicaron sus Cuentos para la infancia y el hogar en 1812. Estaban Hansel y Gretel, Caperucita roja, La bella durmiente, Pulgarcito y también Del enebro, un original con una historia tremenda de maltrato, infanticidio y canibalismo (la editorial Jekyll & Jill tiene una edición preciosa ilustrada por Alejandra Acosta). Una mujer no consigue quedarse embarazada, se pincha un dedo debajo de un enebro y muere al dar a luz a un niño blanco como la nieve y colorado como la sangre. Es enterrada bajo el enebro. El marido se casa con otra mujer y tiene una niña. La madrastra odia al niño. Un día lo decapita con la tapa de un arcón lleno de manzanas (y hace creer a su hija que ha sido ella). Lo cocina y se lo da de comer estofado al marido, que lo disfruta mucho. Del niño que se están zampando le explica que se ha ido con unos familiares. La hija recoge los huesos que el padre va dejando debajo de la mesa y los entierra en una bolsa bajo el enebro. Luego el niño se convierte en pájaro. Canta «Mi madre me mató, mi padre me comió, y mi buena hermanita mis huesecitos guardó y al pie del enebro los enterró. Kivit, kivit». Todo muy bonito. Literatura. Nuestras historias reales de niños secuestrados gracias a asesoras, niños que mueren a golpes o que tienen que aprenderse la Biblia son muy cutres. ¿Cursos para curar la homosexualidad? Tendría que haber cursos para curar la maternidad.




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