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Mensajepor Invitado » Jue 27 Ago, 2015 12:53 am

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¿Pueden los hijos heredar genéticamente los traumas de sus padres?

Los cambios genéticos asociados al trauma sufrido por los sobrevivientes del Holocausto pueden transmitirse a sus hijos y, posiblemente, a las subsecuentes generaciones.

Ésta es la conclusión a la que llegó un equipo de investigadores del Hospital Monte Sinaí, en Nueva York, Estados Unidos, que comparó la composición genética de un grupo de 32 hombres y mujeres judíos con la de sus hijos. El grupo en estudio había vivido en un campo de concentración o sufrido bajo el régimen nazi,

Esta información se comparó a su vez con la de otras familias judías que no habían vivido en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

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Mensajepor Invitado » Jue 24 Sep, 2015 5:21 pm

Celtas en el Museo Británico: solo sé que no sé nada


A mediados de los años 50, el conde e ingeniero José Moreno Torres, un madrileño hijo de gallegos que llegó a ser alcalde de Madrid, creó como homenaje a sus ancestros lo que se daría en llamar «el Chester de los obreros»: los cigarrillos negros «Celtas», cortos y sin filtro. Comenzaron a despacharse en 1957, mayormente desde la Fábrica de Tabacos de La Coruña, que en 1969 llegó a fabricar 300 millones de paquetes. Para adornar las cajetillas, un ilustrador dibujó al celta tabaquero que todos conocemos: una suerte de vikingo barbado, con un casco con alas y espada en ristre.

Hoy podemos sonreírnos ante la recreación un tanto élfica de los celtas de aquel anónimo dibujante. Pero lo cierto es que hizo lo mismo que han hecho todos los que han recuperado el mito desde el siglo XVII, cuando se volvió a escribir el término por vez primera en 2.000 años: directamente inventárselos.

El Museo Británico de Londres inaugura hoy la exposición «Celtas: arte e identidad», en cartel hasta el 13 de enero, con un precio de entrada de 22,5 euros. Tiene la clara vocación de convertirse en su taquillazo del otoño, porque hacía cuarenta años que el British no se ocupaba ampliamente de los viejos celtas, que siguen fascinando.

La muestra deja una sensación ambivalente: los celtas están, pero no están. Se ve su arte, enormemente atractivo, porque se aleja del naturalismo clásico griego y romano para cultivar una abstracción geométrica que resulta muy del gusto moderno, aunque date de la Edad del Hierro. Pero tras pasear por las salas –bajo una innecesaria musiquilla a lo Clannad– se concluye que al hablar de los celtas toca recuperar la vieja máxima socrática: «Solo sé que no sé nada».

Delicia estética
La muestra expone 250 objetos teóricamente celtas. El viaje comienza 500 años antes de Cristo, cuando los antiguos griegos emplean por primera vez el término para denominar a los bárbaros norteños que viven al Norte y al Oeste de los Alpes, ajenos a la cultura mediterránea. La exposición, elaborada mano a mano por el British Museum y el Museo Nacional de Escocia, es una delicia estética, aunque a veces abuse de las copias de originales no cedidos. Torques lujosos, espirales, triskels, arpas, espadas, cascos tan evocadores como el de cuernos hallado en el Támesis, objetos domésticos, la lectura celta de la llegada del cristianismo, con sus cruces de estética artúrica… Las últimas salas viajan ya a tiempos recientes para contar el revival céltico que arranca en el siglo XVII y que estalla con las exaltaciones victorianas del XIX. En la época romántica entran también en escena las mixtificaciones nacionalistas de galeses, escoceses e irlandeses, que buscan una leyenda que los distancie políticamente de los ingleses.

¿Celtas en Córdoba?
El arte celta brilla en la exposición. Es su estrella y su razón de ser. Pero del British te marchas con una pregunta: ¿existieron realmente los celtas? La muestra informa de que no formaron una etnia, no tuvieron una lengua común y jamás se llamaron a sí mismos celtas. En cuanto a su ubicación geográfica, sus vestigios van de Turquía a Irlanda. Es divertido ver que las dos únicas piezas españolas, ambas de la colección del Museo Británico, son un torque gallego de oro, hallado en Orense, y otro magnífico de plata, del año 100 a.C., encontrado en ¡Córdoba!, también celta. En los mapas sobre la extensión de aquella civilización –¿fue tal?– a lo ancho de Europa se asegura que en la Península Ibérica se asentaron en el Sur de Portugal, en lo que hoy son las provincias de Pontevedra y Orense y en una amplísima franja que va de Guadalajara a Burgos. Para decepción del nacionalismo gallego, la exposición ningunea la querencia céltica de Galicia, inventada en el XIX con una pasión que rondó el racismo por Manuel Murguía, el marido de Rosalía de Castro, y que hoy sobrevive allí en todo tipo de manifestaciones, desde culturales (el Festival de Ortigueira o la artesanía) a deportivas (el Celta de Vigo).

Lo que uniría a los celtas sería ante todo un temprano y característico tratamiento artístico del metal. También que no vivían en ciudades, sino agrupados en pequeñas villas, muchas veces sobre colinas. Eran belicosos y valientes y, cuando Julio César invadió Britania en el 55 a.C., los elogió por su soberbio desempeño en la guerra con carros (en la exposición se expone uno, una recreación inventada). También se asegura que les gustaba el vino peleón, como ellos, que hacían ofrendas en lugares que consideraban sagrados y que contaban con líderes religioso-mágicos, a lo druida de Astérix y Obélix.

La exposición concluye precisamente con un tebeo de Astérix y una camiseta del Celtic de Glasgow, pruebas de la pujanza de la leyenda. Como dice el director del Museo Británico, Neil MacGregor: «En esta exposición no hemos tratado tanto de mostrar a una gente como de mostrar una marca». Como buen mito que es, la marca entretiene y vende.

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Mensajepor Invitado » Dom 25 Oct, 2015 2:15 am

Viajar en el tiempo

PEDRO G. CUARTANGO



SIEMPRE se ha creído como una verdad indiscutible la afirmación de que el tiempo es irreversible, como la flecha que sale disparada de un arco. Sólo en los vídeos se puede dar marcha atrás mediante la tecla 'replay' para que esa flecha vuelva al carcaj del arquero o para reconstruir un vaso que se ha hecho añicos en el suelo.

He leído un artículo de Stephen Hawking en un diario británico que contradice esa afirmación al sostener que sí es posible viajar en el tiempo. El físico británico señala que, aunque le tomen por loco, cree que es posible desplazarse hacia el pasado a través de las partículas elementales.

Hawking explica que no existe la planitud en la materia. Es una ilusión porque los 'quarks' son irregulares y tienen microagujeros de un tamaño inferior a miles de billonésimas de milímetro. Por esas fisuras de la materia, podemos viajar en el tiempo, que es una especie de río con tramos a diferente velocidad.

El científico británico recuerda que, si nos desplazáramos en una nave a casi 300.000 kilómetros por segundo, un día de tiempo en su interior equivaldría a un año en la Tierra, según la teoría de la relatividad.

Lo que sucede, dice Hawking, es que necesitaríamos una fuerza asombrosa, que hoy no existe, para construir un dispositivo que nos permitiera viajar a través de los 'quarks' y luego volver al presente.

A mi modo de ver, esto plantea una paradoja irresoluble. Imaginemos que usted viaja al año 1930 y mata a uno de sus abuelos. Ello impediría que su madre hubiera nacido en 1940 y, por tanto, que usted viera la luz 30 años después.Desde el pasado, teóricamente se podría cambiar el presente, como ya hemos visto en algunas películas de ciencia ficción. Pero eso no puede suceder porque los hechos son irreversibles en el entorno en el que vivimos. No podemos alterar que ayer nos rompimos una pierna.

La paradoja de viajar en el tiempo es tan absurda como la teoría del 'Big Bang', por la cual el universo nace de una leve oscilación cuántica de la nada que produce una gigantesca explosión por la que se forman las galaxias y las estrellas hace 13.800 millones de años. Y todo ello en un brevísimo intervalo de tiempo.

    "Las magnitudes macrogalácticas me abruman y me hacen pensar que nada tiene la menor relevancia en esa historia universal de la que no soy ni una letra"
Ningún físico solvente cuestiona hoy el 'Big Bang', que ha sido corroborado por pruebas que van desde 'el efecto Doppler' hasta el ruido de fondo que se puede escuchar en el espacio, que sería el eco de ese gran estallido. Tampoco nadie discute que existen dimensiones en la materia que no pueden captar nuestros sentidos o que hay agujeros negros que concentran millones de sistemas solares en una partícula inferior al grosor del papel. El más cercano está a 28.000 años luz de la Tierra, en el centro de la Vía Lactea.

Por las noches miro las estrellas e intento comprender los muchos enigmas que encierra el universo, que, según los científicos, no es infinito. ¿Qué hay detrás de la última galaxia? ¿La nada, tal vez?

No hallo ningún sentido ni ningún consuelo en estas reflexiones que me hacen sentir más pequeño que un gusano. Las magnitudes macrogalácticas me abruman y me inducen a pensar que nada de lo que me pasa tiene la menor relevancia en esa historia universal de la que no soy ni una letra de un inmenso libro.

Mi dolor es intenso, mi desorientación es agobiante, mi angustia es cada vez más insoportable. Pero mis sentimientos no son apreciables en la cuasi infinitud del universo ni en la flecha del tiempo. Soy -somos- un empeño inútil en ese caos de creación y destrucción que llamamos leyes de la física.

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Mensajepor Invitado » Jue 25 Feb, 2016 2:51 pm



Google presenta la última versión de su ‘Terminator’

El humanoide alcanza la agilidad suficiente para levantarse del suelo y retomar la tarea

Boston Dynamics, la compañía de robótica controlada por Alphabet -que agrupa todos los negocios de Google-, acaba de presentar la última versión de su humanoide Atlas. Es más pequeño (1,75 metros de altura) y ligero (85 kilogramos) que su hermano mayor. Pero lo más relevante es la agilidad que muestra el ingenio a la hora de realizar las tareas para las que está programado, hasta el punto de que es capaz de responder a las distracciones y de reincorporarse cuando lo tiran al suelo.

El vídeo publicado por la firma tecnológica empieza con un paseo entre árboles por un parque nevado. El nuevo robot mantiene perfectamente el equilibrio mientras avanza por el terreno irregular, adaptándose sobre la marcha a los distintos obstáculos. El Atlas aparece después entre dos estanterías, colocando una caja de unos 4,5 kilogramos de peso. La máquina procede con la tarea sin mayores problemas. La cosa se complica justo después.

En la toma aparece un humano que le tira la caja al suelo con un palo de hockey. El robot reacciona y la recoger para cumplir la tarea. El técnico de Boston Dynamics sigue interrumpiendo la faena, intentando desequilibrarlo. El aparato con celebro de silicio no cesa en su empeño por coger la caja. Hacia el final del vídeo, el empleado le da un empujón por la espalda hasta tirarlo hacia el frente. Tras unos segundos, empuja los brazos y se impulsa para volver a levantarse.

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Mensajepor Invitado » Dom 05 Feb, 2017 1:47 pm

El canibalismo nos permitió sobrevivir en la Edad del Hielo

La imposibilidad de obtener este nutriente esencial para el desarrollo del cerebro a través de los animales cazados empujó a nuestros ancestros europeos a comerse entre ellos durante la última glaciación

El cerebro humano es la máquina más compleja de la Naturaleza y gracias a él iniciamos hace millones de años la conquista de la pirámide evolutiva. Nuestra capacidad para fabricar herramientas y transmitir información de generación en generación nos convirtió en los cazadores más eficientes de la Tierra. Pero mantener el desarrollo de nuestra creciente materia gris requería unas cantidades considerables de ácidos grasos omega-3 que no siempre estaban disponibles, especialmente en los durísimos inviernos del Paleolítico. Para conseguir el aporte de tales nutrientes esenciales tuvimos que pagar un macabro precio, una suerte de pecado original sin el que nuestra supervivencia en la última glaciación hubiese sido imposible.

Hace 40.000 años, en una Europa cubierta por los hielos, la subsistencia dependía casi exclusivamente de la caza, pero muchos de los animales consumidos entonces carecían en sus órganos de ácidos omega-3 en la cantidad necesaria. «Sin DHA [el omega-3 del cerebro] no hay desarrollo posible de las habilidades cognitivas y gracias al canibalismo se obtenían suplementos apreciables», afirma el investigador de la Universidad de Almería, José Luis Guil-Guerrero. Este experto en nutrición del Paleolítico acaba de publicar un artículo en «Quaternary Science Reviews» en el que asegura que el déficit de Omega-3 que sufrieron nuestros antepasados en la transición del Paleolítico Medio al Superior pudo haber acabado con nuestra especie. Sobrevivimos porque consumimos los cuerpos de otros seres humanos cuando fue necesario.

No había otra opción
No había otra opción, asegura Guerrero-Guil. «Los homínidos previos, como el Australopithecus y el Homo erectus tenían un cerebro pequeño. Pero el de los neandertales -y el del hombre actual- era grande, aproximadamente 1,5 kg, y muy ávido de DHA, un ácido graso que se encuentra sobre todo en microalgas, peces y huevos. En pleno apogeo de la última glaciación, estos alimentos solo estaban disponibles en el corto verano ártico y la ingesta de omega-3 obtenido a partir de la caza era cinco veces inferior a la actual», subraya el investigador. Los neandertales y los hombres anatómicamente modernos llegados desde África afrontaban situaciones muy duras en los crudos inviernos de diez meses en los que dependían casi de cinco grandes animales: el uro, el ciervo, el reno, el bisonte y el caballo.

La carne del reno, del que dependían los 10 meses de invierno, apenas tenía DHA
El problema es que el más abundante era el reno, que es uno de los que menos omega-3 tiene. Y sin este ácido graso, especialmente el DHA, sobrevienen el deterioro cerebral, la demencia y otras enfermedades neurodegenerativas que en aquel tiempo afectaban sobre todo a los ancianos, individuos imprescindibles en las culturas de la Edad del Hielo por ser los depositarios del conocimiento ancestral del grupo. Nadie sabía mejor que ellos la ubicación de los territorios de caza y las tecnologías para confeccionar herramientas de piedra. Eran un tesoro para el clan y, probablemente, se les reservaban las mejores porciones de alimentos porque su saber era vital para la supervivencia del grupo», deduce Guil-Guerrero.

A expensas de los renos
La dependencia del magro reno debió de suponer para aquellos cazadores un gran estrés adaptativo y un fuerte declive de sus poblaciones. «El canibalismo en los seres humanos es preadaptativo; ya existe en los chimpancés. Tal conducta se fijó durante la última glaciación simplemente por selección natural. Cuando las condiciones son extremas, desaparecen aquellos que no tienen los comportamientos adecuados. Se trata de una combinación de azar y necesidad. Por otra parte, el canibalismo debió de tener un fuerte componente estacional y es muy probable que se realizase siguiendo rituales para asegurarse de que, al ser vital para la supervivencia del grupo, se repitiese generación tras generación», indica Guil-Guerrero.

El esfuerzo extremo de nuestros ancestros requería dietas de 4.500 kcal diarias
Vestigios como las marcas de herramientas de piedra halladas en los huesos de las víctimas hablan por sí solas. «El deseo de obtener nutrientes críticos es innato, y las cantidades de DHA en el cerebro humano son muy superiores a las del de otro animal. Lo mismo ocurre con el hígado y la grasa humana. Suena espantoso, pero ya era terrible de por sí la existencia de nuestros antepasados, que requerían dietas de unas 4.500 kcal diarias para afrontar el esfuerzo al que estaban sometidos», apunta Guil-Guerrero.

Afortunadamente, hace unos 12.000 años, los hielos comenzaron a retirarse, la pesca se hizo más regular y apareció la agricultura. Comerse al enemigo ya no era cuestión de vida o muerte y el canibalismo dejó de practicarse. De aquella época han quedado mitos, «como el del ogro», aventura el investigador, y una gran pregunta sin respuesta. ¿Qué fue de aquellos lejanos parientes que compitieron con el hombre anatómicamente moderno sobre los hielos de Europa? ¿Se hibridaron con nosotros, se devoraron entre ellos al no poder competir con el «recién llegado» de África o... nos los comimos? De momento, solo sabemos que un 4% de su ADN forma parte del nuestro, del de los europeos que sí sobrevivimos a la última gran glaciación.

PD: a buenas horas mangas verdes

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Mensajepor Invitado » Lun 13 Feb, 2017 2:01 am


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Mensajepor examen » Mié 15 Feb, 2017 6:35 pm

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El retroavance pánfilo

Mensajepor Invitado » Jue 16 Feb, 2017 1:12 am

El retroavance pánfilo

Perroantonio


Todos los días a esta hora hay un individuo que inventa la rueda. «¡Oye, mira lo que se me ha ocurrido!». «¡Oh! ¿Para qué sirve?».

Viene siendo así desde el inicio de los tiempos. Un mono descubre la rueda, juega con ella y enseña a otros monos a usarla. Unos monos aprenden y otros no, y a medida que van desapareciendo los monos que aprendieron, si no se molestaron en transmitir sus conocimientos, todos olvidan para qué servía la rueda. «¿Y eso qué es». «Un sol».

Dice Harari en Sapiens que los grupos pequeños de humonos, digo de humanos, rara vez progresan, pero que si alcanzan el tamaño suficiente —creo recordar que habla de un mínimo de unos 150 individuos— la transmisión cultural está garantizada y se puede enseñar a la siguiente generación no sólo que la rueda ya está inventada sino para qué sirve y por qué es inconveniente construir ruedas cuadradas.

El problema viene residiendo en que la rueda la inventa todos los días un cenutrio con influencia sobre un grupo de cenutrios, bien porque es más espabilado o más bestia o porque maneja los mecanismos del poder, y así resulta que todos los días a esta hora nos enteramos de que se ha descubierto la rueda, ¡oh!, y que es cuadrada.

Para evitar estos inconvenientes, y sin que sea necesario juntar a más de 150 individuos para descubrir si hay alguno que sabe lo que es una rueda, se inventó hace tiempo un artilugio para transmitir conocimientos. Es cierto que tiene el grandísimo inconveniente de que obliga a leerlo y no todos los humonos son capaces porque puede provocar daños cerebrales, así que la gran mayoría prefiere la transmisión vía oral de lo que cree que sabe, que como me lo dijeron te lo cuento. Vamos, que podría darse el caso de que juntaras a veinte mil humonos, les dieras a elegir entre una rueda redonda, una cuadrada y una romboidal, y eligieran por mayoría la cuadrada porque la romboidal es extravagante y la redonda demasiado perfecta, que vete tú a saber quién habrá podido fabricar algo tan así y con qué interés oculto, como si no nos diéramos cuenta.

Aunque todo esto da absolutamente igual porque mañana lo habremos olvidado y a esta misma hora un individuo inventará la rueda. Y dará exactamente lo mismo si antes sirvió o no, si trajo amor o produjo muerte, porque un número importante de cenutrios abrirán su boca como un buzón y comulgarán con la rueda. «Oh, ¿qué es?». «Una rueda cuadrada. Sirve para aplastar cabezas».

La Historia no es circular. El que da vueltas en círculo eres tú.

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Mensajepor Invitado » Mié 01 Mar, 2017 1:13 am



El gran misterio de las Matemáticas
Documental que ofrece un viaje de misterio matemático, una exploración del poder de las matemáticas a través de los siglos para descubrir su firma en la naturaleza, en el torbellino de una galaxia...

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Mensajepor Invitado » Dom 03 Dic, 2017 11:57 pm



NASA reinventa la rueda.




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