El problema de la educación

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El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Vie 09 Feb, 2018 2:21 am

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 22 Ene, 2018 4:02 am

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El juez Emilio Calatayud, en el Cerro de San Miguel este miércoles.


Juez Calatayud: "Confundir un cachete a un hijo con maltrato es una barbaridad"





Es el juez decano de menores en España, ha juzgado a unos 20.000 niños y aquí habla del mal uso de los móviles, la falta de autoridad de los padres y hasta de su internamiento adolescente"Suspendí ocho, yo no era malo, pero iba con un grupo y entrábamos en casas, cogíamos cosas, dinero...", reconoce sobre su juventud"Es más difícil ser padre que ser juez. Yo al fin y al cabo tengo a la Guardia Civil y le puedo dar un par de hostias al chico jurídicamente hablando. ¿Pero el padre?"


PEDRO SIMÓN


Si estuviésemos en un western, Emilio Calatayud sería el sheriff que se toma los güisquis de un trago, planta cara al forajido en medio del saloon y se enciende la cerilla en la barba de dos días con sólo rascar el fósforo. Un tipo honesto y duro, con ojos y arrugas del que lo ha visto todo.

Lo piensas cuando le escuchas hablar con ese vozarrón y te señala con ese dedo que parece un Winchester mientras contesta: «A mí llámame Emilio, coño, y de tú».

Pero estamos en el Juzgado de Menores de Granada y al juez de adolescentes que más tiempo lleva ejerciendo en España nadie le llama así. Es «don Emilio» para los dos guardias de la puerta, para los funcionarios, para el educador que viene a verlo, «don Emilio» para la madre de la víctima y hasta para el asesino.

Calatayud no lleva placa de sheriff, pero sí un corazón de ley a la altura del pecho.

-Ahí está el expediente, don Emilio. Un chico de 14 años le ha atravesado la mano a su madre con un cuchillo.

-¿Y eso?

Encarni, funcionaria del juzgado, termina de explicar.

-Ha sido porque le quitó internet... don Emilio.

Si estuviésemos en un western, el sheriff ahora escupiría por el colmillo. Pero lleva puesta la toga y no es plan. Así que hace un gesto de rabia y contesta como cualquiera.

-Vamos, un hijo puta...

    Muchos jueces defienden recuperar el derecho de corrección de los padres a los hijos...
    Eso lo reclamamos los jueces al entrar Rajoy: el derecho de corregir razonable y moderadamente a los hijos. Es lo que decía el Código Civil hasta que lo cambió Zapatero. ¿Cómo se corrige moderadamente? Eso ya cada uno...

    ¿Consecuencia?
    Ahora los chavales no reconocen ninguna autoridad. Toda autoridad tiene un derecho sancionador, lo hemos visto con el 155... [En lo que queda de respuesta golpeará hasta cinco veces con el puño en la mesa] ¿Qué derecho sancionador tengo yo con mi hijo? ¿Entonces qué autoridad tengo si no dispongo de un derecho sancionador? Te dicen que hay que educarlos sin atentar contra su integridad física o psíquica. ¿Y eso cómo se hace? Si al niño le digo que no, se trauma [irónico]... Es lo mismo que en Cataluña: se ha permitido todo hasta que se ha desbordado la criatura.

    Pasamos de los correazos del franquismo a ponerles el desayuno acojonados por si no les gusta.
    Hemos pasado de ser esclavos de los padres a ser esclavos de los hijos. Ya hemos visto sentencias que condenan a una madre por pegarle un soplamocos a un niño y darse con el lavabo en la barbilla: 65 días de prisión... Yo no soy partidario del castigo, pero confundir un cachete con un maltrato me parece una auténtica barbaridad.

    Hay muchos pedagogos que dicen que castigar a un niño es una abominación.
    Eso es un disparate. Yo soy lo que soy gracias a mis padres. Y a mí me han castigado lo que no está escrito. Si mis padres no me hubiesen castigado seguro que no era juez... A ver, ¿cómo puedes evitar que un niño de tres años meta los dedos en un enchufe?

    Fácil.
    Hay dos posibilidades. Cuando vaya a meter los dedos le das en la mano: «Pupa, nene». La otra es que le digas: «No introduzcas los dedos en el enchufe porque puedes originar un cortocircuito con unas consecuencias para tu salud». Te pones a razonar con el niño y se te electrocuta el niño... Si hasta Rajoy le pegó una colleja a su hijo en la radio.

    Muchos niños quieren las cosas aquí y ahora. Y los padres van corriendo con la red debajo.
    El problema es que los niños no admiten la frustración. Y la frustración es muy buena. Estamos haciendo unos niños muy light. Y la vida es dura.

    ¿Qué hace más daño a un niño, la abundancia o la carestía?
    Las dos. Hay chavales que lo tienen todo y cometen un delito. Chicas a las que les he quitado el móvil de 800 euros un fin de semana e intentan un suicidio. Otro que le rompió la nariz a su madre ciega por desconectarle el ordenador: el chico llevaba meses enganchado a un juego en red sin dormir...

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A lo que está enganchado Emilio Calatayud (sin el don) es a su Albaicín, al Madrid, a sus amigos, a sus «chorizos» y al tabaco de liar. Para fumar menos, se los hace muy finos y les pone dos filtros. Otra vez la imagen del western: el pitillo se le consume mientras habla y habla y te recuerda un poco a Lucky Luke.

-Cuando les condeno me llaman hijo de puta, pero luego me lo agradecen. ¿Tú fumas?

-No.

-Yo fumo pero ando mucho. Un roble.

Dice el juez que cuando era joven nadaba bastante y hacía los 100 metros en menos de un minuto. Lo hemos estado mirando: en los Juegos de Río hubo un señor etíope que tardó cinco segundos más que el juez en recorrer esa distancia.

    ¿Algún menor te ha pedido por favor que le pongas límites?
    Eso te lo agradecen después. Mira todos esos regalos que hay ahí. Son de chicos a los que condené. Los que absuelvo no vuelven... Hace cinco meses estaba tomando una cerveza. «Usted me condenó a una redacción de 200 folios, todavía me acuerdo de lo que me dolía la mano, pero me he sacado las oposiciones de bombero». Esa es la mayor satisfacción para un juez.

    ¿Y el mejor regalo de los que tienes ahí?
    Esa talla que ves ahí me la regaló un menor que le pegó cinco tiros a su suegro y al que condené a ocho años de internamiento.

    ¿Por qué lo mató?
    Porque se enteró de que su suegro violaba a su mujer. Me dijo: «Don Emilio, yo voy a hacer lo que usted me diga, pero si me vuelve a pasar lo volvería a hacer». Hoy es un tipo estupendo con tres niños, su mujer y su trabajo.

    ¿Y la piedra la talló él?
    No, no, ¡la robó!... Es del siglo IV. Yo me asusté al verla... Llamé a la Guardia Civil, la tasaron los expertos y se decidió que se quedara aquí en los juzgados.

    ¿De qué sentencia estás más orgulloso?
    De la de un chico enganchado a la droga al que condené por tentativa de asesinato. Iba con otros, abordó a dos chicas, se las llevaron a un descampado y al tratar de huir les pegó varios tiros. No las mató. Se comió ocho años. No le autoricé a salir para casarse ni cuando tuvo el niño.

    ¿Y qué sabes de él?
    Ahora es amigo mío.

    ¿Los móviles están cambiando a los chicos?
    Muchísimo. Recuerdo el caso de una niña de 12 años que se peleó con su noviete de 14, entonces un coleguilla del chico le dice a la chica que si quiere ser su nuevo novio. Y le pide una prueba de amor. [Da un golpe en la mesa. En lo que queda de respuesta la grabadora registrará hasta cuatro veces un golpe del puño en la mesa]. La niña se hace una foto y se la manda por WhatsApp. El nuevo novio le pide una prueba de amor más fuerte. La niña le manda una foto en tetas. El nuevo novio le pide una tercera prueba de amor. La niña le manda un vídeo de seis minutos masturbándose. El nuevo novio se lo manda al antiguo. Y éste lo cuelga.

    Las palizas ahora no se dan en los recreos sino en las redes.
    Esto [coge su teléfono] nos está ocasionando tres problemas. 1) es una droga; 2) es un instrumento muy peligroso para cometer hechos delictivos. Y 3) es un instrumento muy peligroso para ser víctima de un hecho delictivo. Yo soy fumador, pero a mí nunca se me ha ocurrido darle un cigarro a mi hijo con dos años. Pero estoy harto de ver a padres que le dan la tablet a bebés para que no den la murga en un restaurante. Yo lo primero que hago nada más levantarme es encenderme un cigarro. Cualquiera que haga lo mismo con el móvil tiene un problema.

    ¿Tendrías menos trabajo si no existiera internet?
    Sí. Y menos desagradable. Porque yo pongo a los padres a ver el vídeo del juicio. Hubo una vez en que cuatro chicos y una chica le dieron una paliza a un mendigo y lo grabaron. Les leí el escrito de alegaciones y los chavales decían que no. Dije: «Se ha terminado». Me cogí a un padre y a otro y a otro, cada uno con su hijo, a solas, y les fui poniendo el vídeo. No veas las caras.Porque el padre no se cree lo que hace su hijo...

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En el mirador del Cerro de San Miguel de Granada, justo al lado del centro de menores, varios jóvenes hacen botellón. El juez se acaba de quitar el casco y se baja de la moto. Uy si estuviésemos en un western.

Paseamos. Le hacemos unos retratos. El hombre toca la pared del edificio donde hay chicos en régimen cerrado como el que pone la mano sobre una barriga preñada. El juez que condena a hacer un cómic al que pinta una pared o a dar clases de informática al hacker no se olvida de sus otros condenados.

-Hay una persona en esa ventana del centro, Emilio. Arriba. A la derecha. Te está mirando.

-Es un niño. Cuando a las diez se apagan las luces en el centro de menores de Oria o en este de San Miguel, lo que se escuchan son llantos de niño.

    ¿Es más difícil ser padre o ser hijo?
    Es más difícil ser padre que hijo. Y es más difícil ser padre que ser juez. Yo al fin y al cabo tengo a la Guardia Civil... [se ríe] y puedo dar un par de hostias jurídicamente hablando. Pero el padre...

    ¿Fuiste peor padre o hijo?
    He sido peor hijo. Lo que sí he sido es buen marido... Perdí a mi mujer hace seis años. De cáncer de pulmón. Treinta años juntos. Falleció el 25 de agosto de 2011. Azucena tenía 50 años y yo 56. Me acuerdo de una imagen de Gran Torino, una peli de Clint Eastwood en la que sale escupiendo sangre en el pañuelo. Así veía yo a mi mujer. Fueron años duros y felices... Lo que más siento es no haberle dicho todos los días lo mucho que la quería. Luego entré en un túnel, claro. Comía en los bares, no me cuidaba... Me costaba entrar en casa, no iba más que a dormir, todo el día trabajando o zascandileando. Me salvó la familia, el trabajo, el barrio.

    ¿Qué habría hecho el juez Calatayud con el adolescente Calatayud?
    Le hubiese internado. Yo era el cuarto de siete hermanos y mi padre me internó con 13 años.

    ¿Y qué hiciste?
    Suspender ocho. Es que era tímido para los estudios [sonríe]. Y mi padre me ayudó a vencer la timidez... Y al verano siguiente me metió en un garaje de coches a trabajar. A 500 metros del colegio. Cambiar aceite, lavar coches, de todo...

    ¿Sólo por eso te mandaron a un internado?
    Hombre, yo no era malo, pero iba con un grupo y entrábamos en casas... Cogíamos cosas, dinero, travesuras...

    ¿Has conocido a algún chico del que hayas dicho: «Coño, así era yo a su edad»?
    Claro. Cuatro chicos cometieron el mismo delito que yo: entraron a una casa de verano en una urbanización. Los padres, gente bien, estaban deseando que yo los machacara. Yo les pregunté a los chicos: «¿Os han castigado vuestros padres?». Y ellos: «Sí». «¿A qué?». A esto, a esto y a esto, me dijeron. «Pues entonces marchad, no os preocupéis, que lo único que os puede pasar es que lleguéis a ser jueces de menores».


Emilio Calatayud: "Hay que violar la intimidad de nuestros hijos"

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 27 Nov, 2017 2:20 am

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¿Y si Clint Eastwood tuviera razón? Hacia una sociedad adolescente

El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene.


En la genial novela de de Philip Roth, La mancha humana, la vida del decano universitario Coleman Silk se desmorona tras interesarse por dos estudiantes que han faltado a todas sus clases, “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?” pregunta en el aula. Desgraciadamente para Coleman, uno de los aludidos resulta ser afroamericano y, cuando llega a sus oídos la pregunta, la interpreta como un ataque racista. Aunque no había ánimo ofensivo en sus palabras, puesto que jamás había visto al estudiante, Silk es acusado de racista, cesado como decano y despedido. Sin otra universidad dispuesta a contratarlo, su economía familiar se deteriora rápidamente. Padece el rechazo de la comunidad, el repudio de amigos y conocidos y, en el colmo de la desdicha, su esposa sufre una apoplejía a causa del estrés y fallece.

Numerosos profesores norteamericanos son censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado


Aunque el decano Silk sea un personaje de ficción, Philip Roth refleja las vivencias de infinidad de profesores norteamericanos censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turbaban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado. Porque no se ajustaban a lo políticamente correcto.


¿Universidades o jardines de infancia?

Hace poco más de dos años, según realtó Judith Shulevitz, estudiantes de la Universidad de Brown organizaron un debate abierto sobre agresiones sexuales. Inmediatamente, otro grupo de alumnos, temeroso de que los intervinientes pudieran exponer ciertas ideas “negativas”, protestó ante la dirección argumentando que la universidad debía ser un “espacio seguro” donde nada avivara los traumas de las víctimas. Las autoridades académicas no cancelaron el acto, pero pusieron a disposición de los asistentes su propio "espacio seguro": una sala contigua donde cualquiera pudiera acudir para recuperarse de algún punto de vista turbador, y, si se sentía con fuerzas, regresar al debate. La estancia estaba equipada con cuadernos para colorear, juegos de plastilina, cojines, música relajante, mantas, galletas, chuches, incluso un video en el que aparecían perritos jugando. También contaba con personal cualificado para atender posibles traumas. Cuando el evento finalizó, dos docenas de personas habían pasado por esta sala, una de las cuales explicó: "me sentía bombardeada por unos puntos de vista que van en contra de mis creencias más íntimas".

En otra ocasión, un profesor del Columbia College recomendó la visita a una interesante exposición de arte samurai japonés. Inmediatamente, uno de sus estudiantes protestó airadamente, tachando su sugerencia de políticamente incorrecta porque podía herir la sensibilidad de los alumnos chinos. Obviamente, la objeción era absurda; la invasión de China por el ejército imperial japonés había finalizado setenta años atrás. Sin embargo, para el estudiante el tiempo transcurrido era irrelevante. Siguiendo su lógica, el arte alemán ofendería en Francia, el francés en España por la invasión napoleónica, o el español en Flandes.

Larry Summers tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde se mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres


Otro caso llamativo es el del ex presidente de la Universidad de Harvard, el economista Larry Summers, que tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres, planteando como hipótesis que este hecho podía influir en la asignación de puestos de trabajo en las escalas más altas y más bajas. Automáticamente fue acusado de machista y, tras una durísima campaña en su contra, Summers se vio obligado a dimitir en 2006.


Del oscurantismo a la ignorancia

El calvario de todos estos profesores ilustra la plaga de la corrección política, una moda que invade los campus universitarios del mundo desarrollado, constituyendo una asfixiante censura que, en no pocas ocasiones, provoca dramas absurdos perfectamente evitables. Lo peor, con todo, es que condena a la sociedad al oscurantismo, a la ignorancia. Al fin y al cabo, Summers sólo podría haberse ahorrado el calvario falseando las teorías, adaptándolas a la “realidad” de lo políticamente correcto o, sencillamente, renunciando a su exposición. Por su parte, el profesor de Columbia debería pensárselo dos veces antes de recomendar exposiciones de arte a sus alumnos puesto que todas, de alguna manera, herirán la sensibilidad de alguien. En cuanto a los estudiantes de la Universidad de Brown, para evitar sobresaltos tendrían que renunciar a organizar debates abiertos.

"La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa y abrace a su osito de peluche"

Richard Dawkins


El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene. Tanto despropósito llevó a Richard Dawkins, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Cardiff a advertir a sus estudiantes, con indisimulada indignación: "La universidad no puede ser un 'espacio seguro'. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contraria a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la universidad".

La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos. En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, remplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren.


La trampa del “espacio seguro”

Cuando se designa unos espacios universitarios como seguros, implícitamente se está marcando otros como inseguros y, por lo tanto, tarde o temprano habrá que “asegurarlos”, hasta que cualquier opinión desconcertante quede prohibida en todo el campus. Y, si esto es válido para la universidad, ¿por qué no trasladarlo a la sociedad en su conjunto? Así, la represión se extiende como mancha de aceite, prohibiendo palabras, términos, actitudes, estableciendo una siniestra policía del pensamiento.

En la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del 'establishment' y de los grupos de presión mejor organizados


Desde el punto de vista conceptual, la corrección política es incongruente, cae por su propio peso. Dado que no todo el mundo opina igual ni posee la misma sensibilidad, no es posible separar con rigor lo que es ofensivo de lo que no lo es, establecer una frontera objetiva entre lo políticamente correcto y lo incorrecto. Hay personas que no se ofenden nunca; otras, sin embargo, tienen la sensibilidad a flor de piel. La ofensa no está en el emisor sino en el receptor, Así, en la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del establishment y de los grupos de presión mejor organizados.

La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema. Y es además ineficaz para afrontar las cuestiones que pretende resolver: la injusticia, la discriminación, la maldad. No es más que un recurso típico de mentes superficiales que, ante la dificultad de abordar los problemas, la fatiga que implica transformar el mundo, optan por cambiar simplemente las palabras, por sustituir el cambio real por el lingüístico.

"Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan"

W. E. B. Du Bois


Lo expresó de forma certera el defensor de los derechos civiles W. E. B. Du Bois en 1928. Tras ser recriminado por un joven exaltado por usar la palabra "negro", Du Bois respondió: "Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos desprecian por ser negros; pero no van a despreciarnos menos por hacernos llamar 'hombres de color' o 'afroamericanos'. No es el nombre... es el hecho". En efecto, ni la discriminación, ni el racismo, ni cualquier otro problema, se resuelven por cambiar los nombres. Como mucho, se logra tranquilizar la mala conciencia de algunos.


Y el resultado es... Donald Trump

Hay mucha gente en el mundo, demasiada en España, que, al parecer, carece de la madurez emocional o de la capacidad intelectual para escuchar una opinión política que se aparte de sus convicciones sin considerarla un insulto personal. Al poner los sentimientos por encima de los hechos, de las razones, cualquier opinión válida puede ser desactivada tachándola de racista, sexista, discriminatoria. Puede que a estas personas la corrección política les haga sentirse más cómodos, pero a costa de instaurar la cultura del miedo en los demás. Clint Eastwood declaró: "Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la cogen con papel de fumar". Aun así no era plenamente consciente del peligro que se avecinaba: tarde o temprano el virulento efecto péndulo invierte las magnitudes, la gente acaba hastiada de tanta censura, y como reacción... vota a Donald Trump.

Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso porque pone en cuestión los principios de la democracia. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil e intolerante. Lo advirtió George Orwell en su novela 1984: "La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír".

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Javier Benegas y Juan M. Blanco

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 18 Sep, 2017 6:22 pm


MAJESTAD: A LA UNIVERSIDAD SE ACUDE PARA APRENDER, NO PARA ENCONTRAR EMPLEO
El director de www.hispanidad.com, Eulogio López, recuerda al Rey que el sistema educativo es una cosa y el INEM otra.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Dom 10 Sep, 2017 8:19 pm

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El vino de la infancia

FERNANDO ARAMBURU

Aunque desde la perspectiva actual podría parecer un crimen pedagógico de muy graves consecuencias hepáticas, hace no mucho los niños bebían vino en la infancia. Una circunstancia que a alguno le familiarizó pronto con una cultura de afirmación de la vida. Como los libros o el amor físico.


No es que fuéramos Oliver Twist ni Lázaro de Tormes. Vamos a decir, para entendernos lo más rápidamente posible, que nuestros progenitores, mientras atendían a sus obligaciones familiares y laborales, acostumbraban confiar una parte de nuestra educación infantil al campo o a la calle. Yo no recuerdo huertos claros donde maduraba el limonero; pero tampoco, años 60, miseria.

Mi infancia son principalmente brazos ortigados y piernas arañadas. Por más que paso páginas, no encuentro en la memoria niños gordos. Miento. Había uno, el gordo por antonomasia, que, a la hora de repartir la tropa futbolera en dos equipos, quedaba como última opción tanto en el barrio como en el colegio. Conceptos como bulimia, anorexia, acoso escolar, aún no existían.

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Algo sano, no sé con exactitud qué, había en la ausencia de tutela demasiado protectora. Distábamos mucho de ser la generación mejor preparada de la Historia; pero, en líneas generales, abundaban en nuestras filas los espabilados. Quizá, simplemente, porque al pasar largos tramos del día sin vigilancia el niño estaba obligado a tomar decisiones por su cuenta. Bueno, y porque nos adiestraban a bofetada limpia, la verdad sea dicha, lo que quieras que no ayuda bastante a forjar el carácter.

El caso es que a la edad de siete u ocho años ya me dejaban beber vino en casa. Desde la perspectiva actual, tamaña permisión podría parecer un crimen pedagógico de muy graves consecuencias hepáticas. He de decir que a mí, sin embargo, la ingesta prematura, durante las cenas familiares, de vino cristianizado con gaseosa, más tarde sin bautizar, me vacunó de por vida contra el alcoholismo. Al mismo tiempo me familiarizó pronto con una cultura de afirmación de la vida que asocio desde entonces al vino. También incluyo en la categoría de potenciadores vitales a los libros y al amor físico, que en mi caso particular llegaron más tarde.

Mi madre, ama de casa a mucha honra, era la encargada de comprar aquel vino tinto y proletario en garrafones de cinco litros. Era un vino de mesa barato que ella nunca probaba. Tenía una embocadura más bien poco sedosa. Deleitaría, supongo, a los amigos de lo agrio. Mi padre, obrero fabril, era el encargado de beberlo. En la bodega, como llamábamos al sótano, lo trasegaba a la botella desnuda de etiqueta con ayuda de un embudo, sin derramar gota; después, en la cocina de casa, de la botella al porrón, donde lo mezclaba con gaseosa La Casera hasta darle, a la luz hogareña de los tubos fluorescentes, un hermoso y burbujeante color de aloque.

A mi padre, que en paz descanse, le disgustaba que yo chupase el pitón. Me amonestaba a su manera blandamente rigurosa de hombre bueno. Con instinto didáctico, aprovechaba para mostrarme cómo el bebedor ha de empuñar la vasija y sostenerla con la vista dirigida al techo, y cómo al final del trago ha de arrearle una pequeña y rápida sacudida al mango con el fin de que el pitón no le escupa un chorrillo de vino a la camisa o directamente en el ojo. A continuación, me invitaba a demostrarle que había comprendido. Yo (siete, ocho años) agarraba el porrón como es norma que se agarre, para lo cual no hace falta experiencia ni lección; embocaba el orificio minúsculo entre los labios separados y, olvidándome de las recientes instrucciones, mamaba de él con una delectación succionadora que hacía poner a mi padre los ojos en blanco.

Por aquel entonces pasábamos temporadas vacacionales en el pueblico navarro donde nació mi madre, Oteiza de la Solana, en la Merindad de Estella. Decíamos bajar a Oteiza influidos por la disposición geográfica del mapa, aun cuando desde San Sebastián hasta allí era todo subida, con dos puertos por medio. El pueblo está en lo alto de un cerro. Es sitio seco, rodeado de tierras de pan llevar y viñas. En una de estas, llegada la época, vendimiaba mi tío Víctor. Yo lo acompañé alguna vez con el tractor y los cestos. Toda la actividad consistía en cortar racimos. Cuando nadie me veía, picaba algún que otro grano gordo. Después la lengua morada me delataba, lo cual no importaba mucho porque todos, incluyendo mi tío, la tenían igual.

La uva vendimiada se llevaba al lagar de una cooperativa. En el recinto amplio y sombrío trascendía un aire de mosto dulzón que mareaba agradablemente. Detrás, a poca distancia, estaba el cementerio de Oteiza. En el galpón de la cooperativa, me asaltaron en cierta ocasión unos asomos traumáticos que a punto estuvieron de malquistarme para siempre con el porrón paterno. Y fue que vi a unos hombres de piernas pilosas, con los pantalones remangados hasta las rodillas, pisar uva descalzos. La imagen de los pies violáceos sobre la montonera de racimos me colmó de repulsión.

Estas y otras averiguaciones las hacíamos los niños por nuestra cuenta y a veces daban que pensar. Los adultos les quitaban importancia o las despachaban con algún refrán; en el caso de los manjares y las bebidas con aquel tan conocido que dice: Lo que no mata, engorda, útil también en nuestra casa cuando la coliflor cocida llegaba al plato infestada de pulgones o cuando te salía la fruta habitada de gusanos. Se practicaba poco la sutileza educativa en los años de mi niñez. Quizá no esté de más añadir que esto era antes del influjo de las películas de Walt Disney, en tiempos cada vez más lejanos en que los niños no estaban avezados a asignar cualidad humana a los animales.

Así que, durante un tiempo, no pude evitar el recuerdo desagradable del pisado de la uva a la vista del porrón de vino y gaseosa. El desagrado se acrecentaba si el garrafón era de los traídos del pueblo de mi madre, lleno de vino obtenido de uva estrujada en parte con los pies; en parte, supongo, en el trujal. Aunque el reparo se me pasó pronto, lo tengo tan presente como la sensación del vino rebajado con gaseosa, que es uno de los sabores emblemáticos de mi niñez.

Pongo en duda que la jerigonza del buen catador acierte con las palabras precisas para describir lo que sentíamos mi paladar, mi olfato y yo en las lejanas cenas de la infancia: aquel golpe inicial de dulzor, con frecuencia engañoso, por cuanto no era extraño que mi padre hubiese favorecido al vino en detrimento de la gaseosa dentro del porrón, con los efectos paulatinos que se dejan imaginar; aquella repentina y fresca explosión de las burbujas sobre la lengua que hacía tolerable, incluso delicioso, el punto amargo del vino peleón. Y no es que el niño se embriagase, pero cuántas noches el angelito se acostaba con una viva sensación eufórica, de sopor placentero, o como decía mi madre sin rebozo, con el morro caliente. No es por nada, pero luego yo dormía la noche de un tirón.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Jue 31 Ago, 2017 3:07 am

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Mié 16 Ago, 2017 2:20 am

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España es el único gran país rico sin universidades entre las 200 mejores del mundo

Es el único gran país desarrollado sin un centro en el top, en el que están otras 27 naciones como Francia, Alemania, Portugal o Brasil


Si hay una clasificación por excelencia de universidades, es el ranking de Shanghái. En la última edición, España no tiene ninguna institución entre las 200 en cabeza. Es el único gran país desarrollado sin universidades en ese grupo, en el que sí están otras 27 naciones. Desde Estados Unidos y Reino Unido, las mejor clasificadas, a Francia, Alemania, Portugal o Brasil. Las 11 mejores españolas, todas públicas, se sitúan entre los puestos 200 y 500.

La imbatible Harvard en cabeza

La Universidad de Harvard, en Boston (EE UU), vuelve a aparecer como la mejor del mundo en la clasificación ARWU que mide el impacto de las investigaciones, los premios de renombre y el prestigio de las universidades.

Harvard no se ha movido de ese puesto desde hace 15 años, según informan desde la organización de este ranking internacional. Le siguen la Universidad de Stanford, que repite respecto a 2016 y la británica Cambridge, que pasa del puesto cuatro al tercero. Reino Unido y Estados Unidos copan los 20 primeros puestos. La excepción, en el número 19, es la Escuela Politécnica Federal de Zúrich.

Estados Unidos y Reino Unido son los países que encabezan la clasificación, el ranking de Shanghái o ARWU (Clasificación Académica de Universidades del Mundo, en sus siglas en inglés). Entre las 100 primeras hay 52 universidades americanas, 35 europeas y 13 de Asia y Oceanía. África no tiene ninguna. España ha tenido entre nueve y 13 representantes entre las 500 citadas pero ninguna se ha situado entre las primeras 100 y, en algunas ediciones, como la actual, tampoco entre las 200. Hay 12 naciones en el top 50, entre las que están Dinamarca, Canadá, Francia o Alemania. Otras seis más entre las 100 mejor clasificadas, donde se añaden Finlandia, Noruega, Bélgica o Israel. Y hasta un total de 27 entre las 200 en cabeza, donde están países como Italia, Irlanda, Portugal o Brasil.

Solo las 100 iniciales están ordenadas en función de la puntuación. A partir de la 101, se clasifican por orden alfabético de 100 en 100.

La Universidad de Barcelona, que el año pasado sí estaba entre las 200 mejores, baja hasta el bloque de las 300, junto con la también catalana Pompeu Fabra, que mejora con la Universidad de Granada, que se mantiene.

Entre las 400 primeras, se añaden la Autónoma de Barcelona, la Autónoma de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y la de Santiago de Compostela. Y antes del puesto 500, la Politécnica de Valencia, la Universidad Jaume I de Castellón, que ingresa por primera vez, la Universidad del País Vasco y la de Valencia. Del escalafón se caen este año la Politécnica de Cataluña y la Rovira i Virgili (Tarragona).

El rector de la Universidad de Barcelona, Joan Elias, ha valorado en una nota que los resultados de las universidades españolas son “positivos” considerando la coyuntura en la que desarrollan su actividad. Elias alude a una “infrafinanciación notoria, la imposibilidad de ejecutar políticas de profesorado que estabilicen y renueven las plantillas y una insuficiente apuesta por el sistema de educación superior”. “Sin inversión y sin confianza en nuestras universidades, no podremos mejorar estos resultados. Los efectos de la crisis económica y de los recortes en educación han sido evidentes”, indicó este martes.

El ranking de Shanghái prima además algunos criterios en los que España no ha mejorado desde que comenzó su andadura esta clasificación impulsada desde China.

Hasta el 30% de la nota final, por ejemplo, depende del número de alumnos o de miembros del cuerpo de profesores de la institución que hayan obtenido un premio Nobel o la medalla Fields en Matemáticas. La Complutense es la única de las españolas que ha obtenido puntos en este apartado. Entre sus docentes premiados, Severo Ochoa o Santiago Ramón y Cajal. Entre sus alumnos, Mario Vargas Llosa o Camilo José Cela.

Para puntuar la calidad de la investigación, se consideran los artículos producidos con relación a la plantilla del centro, además de investigadores citados por otros científicos. También las publicaciones en las revistas científicas Nature y Science y en otras de alto impacto, hasta el 40% de la nota, en la que todas las universidades españolas obtienen puntos.

El problema de la educación

Mensaje por Leviathan » Mar 06 Jun, 2017 2:52 pm

La educación en toda Europa, siguiendo a Estados Unidos, ha ido bajando el nivel de contenidos. Hay razones objetivas para medir el contenido y otras perversas que podrían indicar posibles causas. No hay trabajo, se vive con una tasa de paro, en Estados Unidos bien escondida con el encarcelamiento masivo, y los trabajos no son estables ni de calidad. Para aceptar estas premisas que mejor modo de tener una población joven entretenida por la obligatoriedad de acudir a la escuela y engañar las estadísticas de paro. El contenido tiene que ser inoperante y estúpido para así integrar a los infantes que luego con suerte encuentren trabajo unos meses de camareros o limpiadores. Si los padres se empeñan en que sigan cursos superiores, creyendo que la titulación universitaria continuará como antaño siendo una forma de igualación social, el batacazo es enorme. En los centros universitarios imparten enseñanza los sumisos que dicen que sí al titular que los proahija, además para contentar y colocar amigos cada autonomía exige una universidad no, cuantas más mejor. El valor lógicamente del título es inexistente, solo una minoría de enchufados se colocará y esa minoría tendrá nulo valor académico. No pienso que las cosas sean tan maravillosas en otros lugares pese a ser en España una mierda, ni los informes PISA, con el recorte de asignaturas, validación de deportes, picoteos y viajes a otros lugares, la gente es más estúpida en diversas lenguas y lugares, parece el sino de los tiempos con la salvedad de Asia.
Hay filólogos que explican el milagro educativo de Singapur, Japón, o Corea por tener estos pueblos una escritura pictográfica, esto es válido para una capacidad mayor en las matematicas pero no es tan simple. Son sociedades donde la familia pese a la industrialización capitalista ha mantenido su papel preponderante, en China en mayor medida que en los paises citados. Quitando estos paises que justamente son el motor económico del resto del mundo, la educación occidental ha ido degenerando al tiempo que lo han hecho sus sociedades y economías. En Occidente se ha importado mano de obra de paises con otros idiomas y costumbres que casaban mal con los valores racionalistas y laicistas de la enseñanza pública, ante ese problema se ha reaccionado devaluando el nivel, si se bajaba todos podrían continuar en el aula sin problema. Tanto la intrasigencia supuesta del laicismo francés, a todas luces falsa en su aplicación en los institutos, como el infantilismo aplicado en España y otros paises, han demostrado su inoperancia. La escuela-instituto no ha ejercido una labor que no debería nunca habérsele exigido y a todas luces imposible: suplir el papel de la familia para unir a comunidades de diferentes culturas.
A esto el neoliberalismo opone entusiasta el ejemplo de USA, un error no cínico, porque realmente lo creen, tiene fé en su ideología, no deja de ser una ideología tan falsa como el comunismo o el nazismo. Estas personas no saben que contestar a la burbuja universitaria del país, donde sigueindo la máxima de Adam Smith en su riqueza de las naciones, "los profesores según el libre comercio, eran tanto más buenos cuando la gente por ellos pagara" máxima que como tantos dogmatismos se ha visto sobrepasada. Así vemos como los que pagan, y se endeudan en las mejores universidades americanas, eligen a los más divertidos, más faciles, pero evidentemente no a los mejores o exigentes, también valoran los alumnos el nivel de las fiestas de las asociaciones estudiantes y las diversiones que ofertan sin pudor las universidades para venderse. Obviamente ha sido un desastre irremediable que continúa.
Podría aducirse que el imperio americano al ir perdiendo poder ha ido degradando su educación, pero sería erróneo en su totalidad. Hay paises en América Latina por ejemplo donde el nivel comparado sería demoledor en su favor. Aquellos que no se han visto con la imposición externa de demoler lo existente a favor de una colonización cultural externa han salido ganando. La globalización ha destrozado a aquellos que no han podido integrar su cultura y modus vivendi y no ha perjudicado tanto a aquellos que sí han sabido combinarla. De cualquier forma es imposible históricamente una vez destrozado algo pensar que puede arreglarse.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Jue 25 May, 2017 4:03 pm

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El Supremo avala que la educación diferenciada por sexos sea sufragada con fondos públicos

Rechaza, por cuatro votos a dos, la posición de la Junta de Andalucía, contraria a subvencionar por concierto a un colegio privado religioso que separa a niños y niñas.

El Tribunal Supremo ha confirmado la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de revocar una orden de la Consejería de Educación por la que denegó el régimen de concierto educativo al colegio privado religioso de Sevilla Altair a partir del curso 2014/2015 y por un período de tres años. La denegación de la subvención se basó en que ese centro educa a los niños y a las niñas en clases separadas.

La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo ha desestimado el recurso interpuesto por la Junta de Andalucía contra el fallo del Tribunal andaluz sobre la base de que la actual normativa sobre educación no considera discriminatorio el sistema de educación diferenciada por sexos.

La Consejería de Educación del Gobierno andaluz denegó el concierto por estimar que el citado colegio incumplía el artículo 14 de la Constitución en cuando a la discriminación por razón de sexo, la Ley de Ordenación de la Educación de 2006, la Convención de la UNESCO y la Ley de la Igualdad de Género en Andalucía al impartir enseñanzas en los niveles obligatorios conforme al sistema de educación diferenciada. El Supremo explica, sin embargo, que los colegios privados que quieran acogerse al sistema de concierto tienen que cumplir los requisitos recogidos en la Ley de Ordenación de la Educación en la redacción dada por la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE).

Esta última norma está vigente desde diciembre de 2013, por lo que es anterior a la orden de la Junta de Andalucía que denegó el régimen de concierto al colegio sevillano. Según la LOMCE, "no constituye discriminación la admisión de alumnos y alumnas o la organización de la enseñanza diferenciadas por sexos", destacando además que esta elección en ningún caso podrá implicar “un trato menos favorable, ni una desventaja, a la hora de suscribir conciertos con las Administraciones educativas".

Para el Tribunal Supremo, con la reforma efectuada por la LOMCE el legislador "ha seguido y reafirmado un criterio de compatibilidad" de los sistemas de educación diferenciada por sexo con el principio de igualdad, "cuya constitucionalidad no suscitó dudas durante la aplicación del marco normativo previo a la LOE, ni las suscita ahora". Los magistrados destacan que la normativa impone a los centros que impartan enseñanzas bajo ese sistema la exigencia de que garanticen el pleno respeto a los requerimientos derivados de la normativa internacional, a cuyo fin deben exponer en su proyecto educativo las razones de la elección de dicho sistema, además de las medidas académicas que desarrollan para favorecer la igualdad.

La sentencia, con ponencia del magistrado José Luis Requero, indica que el artículo 84.3 de la LOE que introdujo la prohibición de la discriminación por razón de sexo ha quedado superado tras la reforma de ese precepto por la LOMCE, que establece que la educación diferenciada por sexos no es un supuesto de exclusión del régimen de conciertos educativos, ni implica una discriminación por razón del sexo.


Voto discrepante

La magistrada Pilar Teso Gamellaha redactado un voto discrepante, al que se ha sumado el magistrado Pablo Lucas, en el que sostiene que había que suspender la votación y fallo de este recurso de casación hasta que el Tribunal Constitucional resuelva el recurso de la Junta de Andalucía contra diversos preceptos de la LOMCE, entre ellos el artículo 84.3, que es el que se refiere a la educación separada por sexo.

El presidente de la sección, Jorge Rodríguez-Zapata Pérez, ha emitido un voto concurrente ya que está de acuerdo con los argumentos y el fallo pero considera que habría que haber añadido que si la Sala hubiera suspendido el procedimiento el efecto sería equivalente a la estimación del recurso de la Junta de Andalucía.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Dom 19 Mar, 2017 6:28 pm

A mis hijos

Domingo 05 de Marzo de 2017 JAVIER GOMA


QUERIDOS CHICOS: Cuando leáis esta carta ya no estaré con vosotros en este mundo. He sido vuestro padre mientras vivía y no tengo intención de dejar de serlo ahora solo porque haya muerto. La paternidad no declina, ni siquiera por la circunstancia de la muerte. Aunque naturalmente muta y estas líneas son para explicar ese cambio.

Como padre, una de mis ambiciones ha sido la de no estorbar demasiado. Si un padre no estorba el desarrollo natural de su hijo, ya contribuye positivamente a su educación. Tantos padres castrantes, autoritarios, frustrados y frustrantes, preferí no tener influencia sobre vosotros a tenerla excesiva o mala. No estoy de acuerdo con Platón cuando afirma que la descendencia es una forma de eternidad para los mortales. A la descendencia hay que dejarla en paz y no usarla como coartada, ni siquiera de eternidad. Nunca me formé un plan previo para vosotros que debierais satisfacer, así que tampoco hubo riesgo de que lo defraudarais. La naturaleza tiende a su propia perfección y así lo ha hecho durante millones de años antes de la aparición del homínido. Con esta confianza elemental en el impulso de la naturaleza, me senté a contemplar cómo esta hacía su trabajo en vosotros y fui feliz testigo de vuestro maravilloso crecimiento.

Como padre, una de mis ambiciones ha sido la de no estorbar demasiado. Si un padre no estorba el desarrollo natural de su hijo, ya contribuye positivamente a su educación

Con todo, los hijos están al cuidado de los padres. De estos depende que los primeros no solo crezcan, sino que crezcan sanos. Somos proveedores de vuestra salud. La del cuerpo, claro está, pero también la mental, sentimental y anímica. Emulando el magisterio de vuestra madre, cuidé paternalmente de vosotros para proporcionaros las condiciones de una vida saludable y salvaros –salud significa salvación– de lo insano, mórbido y vicioso al acecho. Nada hay seguro para los mortales, todo se halla expuesto a los antojos de la caprichosa Fortuna. Pero ciertamente, aun sin garantía ninguna de éxito, el trabajo en la propia salud, si luego se combina con una sabia administración de las expectativas en la vida, jugando entre la experiencia y la esperanza, aumenta las probabilidades del gozo inteligente, lo único que al final de verdad quise para vosotros.

Por decirlo todo, quise algo más. Un padre te cae en suerte sin elegirlo: me gustaría, por supuesto, que pensarais que vuestra suerte en el sorteo ha sido buena. Pero mucho más me gustaría que sintierais la evidencia de que el afortunado he sido yo, porque vuestra mera existencia ha bendecido definitivamente la mía.

Ahora que me he ido, la paternidad se prolonga a través de la imagen de mi vida que vosotros custodiáis. Os seguirá tutelando en el recuerdo la imagen de un padre que procuró no estorbar, cuidó de vuestra importante salud y se sintió inmensamente afortunado.

¿Que cómo pretendo que esta carta no sea leída hasta después de mi muerte si ya ha salido publicada en un periódico global? Porque, entre las lecciones de vida que he transmitido a mis hijos, está la de leer solo por placer. Y he observado que tienen la sana costumbre de no leerme.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Vie 20 Ene, 2017 3:26 pm

El secreto de una escuela de pueblo

Mensaje por Invitado » Mié 28 Dic, 2016 4:19 pm



El secreto de una escuela de pueblo

Castilla y León, con los mejores resultados en PISA, tiene a la mitad del alumnado de infantil y primaria en colegios rurales. La fórmula: pocos niños, edades mezcladas y maestros cercanos


Samuel tiene cinco años y es un lince. Lee, escribe, sabe contar… Dice que le gustan mucho más las minúsculas que las mayúsculas, dónde va a parar. Y explica, muy serio con su babi azul, que la Constitución está llena de derechos y deberes, que se lo han dicho hace unos días. A su lado, Marcos, de tres años, pide en pie cantar el toro enamorado de la luna. Dicho y hecho. Son las 9.30 de la mañana y Samuel y Marcos están en asamblea junto a 13 niños más en la única clase de la escuela infantil de Villaverde de Íscar, un pueblo segoviano de 623 habitantes.

El colegio de primaria está en la calle de al lado. Tiene dos clases: una con 10 niños de seis, siete y ocho años y otra con 12 de nueve, diez y 11. Hay pocos chavales en el pueblo y hay que mezclarlos. La escuela pertenece al Centro Rural Agrupado Retama. Son seis colegios pequeños de localidades cercanas que comparten equipo directivo y varios profesores itinerantes.

La mayoría son auténticos activistas de la escuela rural; maestros vocacionales en permanente formación y convencidos de que esta forma de enseñar ofrece muchas ventajas. “Es complicado, pero apasionante”, dice Rosa García, especialista en audición y lenguaje y secretaria de Retama. “Hace falta mucha imaginación para ir adaptándose a las necesidades cambiantes de estas escuelas”. Ella, exalumna de un colegio rural, da apoyo a los niños que lo necesitan y, como el resto de los itinerantes, lleva el maletero del coche a reventar con material que traslada de un centro a otro.

Castilla y León ha obtenido unos fabulosos resultados en el último informe PISA, similares a los de Singapur, Finlandia, Japón o Canadá, y los mejores de España. El examen internacional evalúa a chavales de 15 años, ya en el instituto, pero en esta comunidad la mitad de esos alumnos han llegado a la ESO procedentes de una escuela rural. El 68% de los centros públicos de infantil y primaria están ubicados en localidades con menos de 10.000 habitantes. Son 453 centros que atienden al 48% del alumnado. De ellos, 194 son centros rurales agrupados, como Retama, que incluyen a 631 colegios pequeños como el de Villaverde de Íscar. Así se favorece la escolarización de los niños en su pueblo, aunque sean pocos, y se evita que recorran cada día largas distancias. De los 2.248 municipios de la región, 1.975 tienen menos de 1.000 habitantes.

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Clase de infantil de Villaverde de Íscar (Segovia)

Clases casi particulares

Estos coles permiten una forma de funcionar diferente. La profesora de Samuel y Marcos se llama Alicia Polo. Lleva 26 años trabajando como maestra, y cuatro meses en esta escuela rural. “Aquí, al ser tan pocos, la atención que podemos darles los profesores es muy individualizada", dice. "Si a uno le cuestan las matemáticas, puedo trabajarlas con él y atajar el problema desde el principio, algo que en una clase grande es mucho más difícil. Es una forma de enseñar muy enriquecedora para todos".

"Mezclar niños de distintas edades, además, hace que se comporten como una gran familia”, añade. “Son grupos compactos. Los niños mayores ayudan a los pequeños y aprenden los unos de los otros a través del trabajo cooperativo. Hay niños de cuatro años que se ponen a leer porque han visto hacerlo a los de cinco. Cuando hace falta, se separan. Después de la asamblea, Samuel y el resto de niños de cinco y cuatro años van a clase de lectoescritura con Nuria, la maestra de apoyo, mientras los pequeños de tres se quedan con Alicia dibujando.

Allá donde preguntes, todos los niños dicen que les gusta la mezcla de edades. Los mayores dicen que cuidan a los pequeños y estos, que les encanta estar con los grandes. La clase de primero, segundo y tercero de primaria de Villaverde de Íscar tiene la pizarra dividida en tres partes para que cada curso sepa las tareas que le corresponden. Durante las lecciones, las profesoras se van acercando por grupos explicando la lección a cada curso mientras los otros hacen algún trabajo. Dicen que para los docentes la fórmula tiene su complicación cuando se enfrentan por primera vez a ella, pero que una vez se organizan, las clases funcionan.

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Los alumnos de primaria juegan al fútbol durante el recreo.

Aprender de la experiencia directa

En algunos aspectos, lo que se hace en estos coles por pura necesidad recuerda a la metodología que proponen caros centros privados de educación Montessori o Waldorf de las grandes ciudades: mezclar niños de distintas edades, pocos chavales en cada clase (de 5 a 15 en Retama, muy lejos de los 25 o 28 que puede haber en una clase del centro de Madrid), una gran implicación de las familias, muchas actividades al aire libre, aprender a través de la experiencia directa...

Porque, aunque las nuevas tecnologías han llegado en forma de pizarras digitales, grupos de Whastapp o aulas virtuales para los maestros, estas escuelas no han perdido la relación con la naturaleza, tan importante en los primeros años de la vida. Samuel y sus compañeros salen cada recreo con sus carretillas, cubos y palas, sin miedo a ensuciarse, a un arenero enorme muy distinto de los patios carcelarios de algunos colegios de ciudad. Eduardo Álvarez, jefe de estudios de Retama y tutor en Vallelado, a 16 kilómetros de Villaverde, aprovechó que muchos padres se dedican a la ganadería para explicar la reproducción a través del parto en directo de una oveja. Las clases de lectura las hacen muchas veces en el monte. Y, en otro de los centros de Retama, en Mata de Cuéllar –con solo dos clases y 15 niños en total-, el profesor de educación física se lleva a los chavales de excursión en bicicleta a explorar los alrededores.


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Alumnos de primaria de Mata de Cuéllar (Segovia) se dirigen a la clase de Educación Física.


Pieza clave del sistema

El consejero regional de Educación, Fernando Rey, asegura que las escuelas rurales son una apuesta y una pieza clave del éxito del sistema, que ha situado a la comunidad, la más extensa y con mayor dispersión geográfica de España, como la primera en ciencias y en comprensión lectora y la segunda en matemáticas en el informe PISA. La región lleva desde 2003 por encima de los resultados de la OCDE, pero en la última evaluación ha mejorado 23 puntos en comprensión lectora y 17 en ciencias.

Curiosamente, no es la más rica ni la que más invierte en educación, y tiene un porcentaje mayor de padres con un nivel educativo bajo o medio-bajo (el 22%) que otras regiones peor situadas en este informe como País Vasco, Navarra, Madrid, Cantabria, Cataluña o Aragón. A diferencia de lo que ocurrió en otros lugares, la comunidad decidió durante los años de crisis no cerrar escuelas rurales (se mantienen cuando hay un mínimo de cuatro niños) y mantener la red.

Estos colegios, a priori, parten de algunas desventajas. Por sus propias características, suelen tener más carencias de instalaciones y materiales que los de ciudad. En Retama, por ejemplo, necesitan el mismo material que los demás colegios... pero multiplicado por sus seis centros. Poco a poco se va resolviendo y ahora ya tienen pizarras digitales en todos. Además, por el reducido número de niños, es más difícil que haya variedad de actividades extraescolares. Cuando llega la hora de ir al instituto, a los chavales a veces les cuesta salir del núcleo casi familiar que es la primaria. Y, por otro lado, hay también mucho profesor interino que dificulta la continuidad del proyecto educativo. Es algo que ocurre también en las ciudades, pero aquí es aún más importante la coordinación.

Frente a las dificultades, los maestros agudizan el ingenio. “Tratamos de rentabilizar los recursos al máximo, materiales y personales, y coordinarnos de forma presencial y a distancia aprovechando las nuevas tecnologías: aulas virtuales, grupos de Whatsapp, foros...”, explica Verónica Cubero, directora de Retama y profesora de Inglés. “Y estamos en constante formación con cursos on line y presenciales”. La comunidad tiene siete centros rurales de innovación educativa dedicados a apoyar la enseñanza en este ámbito.


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Alumnos de primaria ensayando el baile de Navidad.

Relación con las familias

“La relación con las familias es cercana y fluida”, asegura Eduardo Álvarez, el jefe de estudios. “Aquí conoces al niño, a los padres, a los abuelos, sabes lo que el niño hace fuera del cole". "Familias y profesores vamos todos a una y los chavales lo ven", añade la directora. "Hay un respeto por el maestro. El colegio es una institución fundamental para el desarrollo del pueblo, y la mayoría de la gente quiere colaborar. Si la familia apoya al cole y el cole a la familia, todo va bien”. Ella tuvo la oportunidad de cambiar a un colegio más grande situado además en la localidad en la que vive, Cuéllar, pero decidió quedarse. “Esta forma de enseñar engancha”, asegura.

Mónica Porteros lleva a su hija de siete años al centro de Mata de Cuéllar, y su hijo de 14, que ahora está en el instituto, estudió toda la primaria en el colegio. “Todo es muy cercano”, asegura mientras su hija atiende a la profesora de música. “Luego a los niños les cuesta ir al instituto porque aquí han sido muy felices y han estado arropados. El pueblo, además, cobra vida con el colegio”. Las dos mellizas de 10 años de Estíbaliz Calle estudian en Villaverde de Íscar desde los tres años. Su madre valora especialmente el trato personalizado y el tiempo que les dedican los profesores. “Y los niños, al estar mezclados, se acostumbran a esperar, a que no les van a poder dedicar toda la clase a ellos. Aprenden a aprovechar cada explicación”.

Hablando con familias y profesores, una cosa queda clara: lo importante que es tener maestros motivados y ratios reducidas. Los profesores tienen que innovar a la fuerza a la hora de enseñar para adaptarse a las necesidades de escuelas que cambian mucho de año en año dependiendo de los niños que vayan naciendo en el pueblo. A los políticos les piden sobre todo una cosa: un pacto por la Educación que acabe con tanta reforma educativa que empantana en burocracia a los colegios y les aleja de lo realmente importante.

Sergio Sanz estudia 4º de la ESO en Íscar. Es un alumno brillante, hijo de un ama de casa y un albañil, que estudió infantil y primaria en las aulas de Villaverde. De esos años recuerda sobre todo el compañerismo, que por las tardes seguían jugando juntos en el parque, lo atentos que estaban siempre los profesores, lo divertidas que eran algunas clases… En el instituto no ha tenido ningún problema y el director de su centro asegura que llegó con un nivel muy bueno del centro rural agrupado ¿Lo que menos le gustaba del cole? “No sé. He sido bastante feliz. Estábamos todos bien”.

Samuel, el niño de cinco años al que le gustan las minúsculas, desde luego parece feliz. Está leyendo la palabra "pala" en el ordenador mientras su profesora intenta que sean otros quienes respondan. "Tú espera un poco, Samuel, que ya te lo sabes todo", le dice. Él intenta morderse la lengua, pero no puede resistirse ante las palabras nuevas que van apareciendo.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Lun 22 Ago, 2016 11:25 am




Emilio Calatayud: "Hay que violar la intimidad de nuestros hijos"

PEDRO SIMÓN


Nadie en España ha juzgado a tantos menores como él, un Salomón de Granada que es justo lo que piensa: a los 17.000 chavales que ha sentado en el banquillo, Calatayud los condena a estudiar, a dibujar un cómic, a limpiar la calle y hasta a vivir sin móvil.


    Señor juez, vengo a entregarme. Le di una colleja a mi hijo.

    Confundir una colleja con un maltrato en este país es una auténtica barbaridad. En cualquier caso, con lo que yo trabajo es con lo otro: cuando el niño le pega la colleja al padre. Y de eso hay mucho, cada vez más. Se empieza desobedeciendo a los padres y golpeando al maestro y se termina yendo a por el presidente del Gobierno.


    ¿Es más difícil ser padre hoy?

    Y también ser hijo. Es mucho más difícil ser padre porque no tenemos la autoridad. Nos la quitó Zapatero: el derecho de corregir de forma razonada a nuestros hijos se suprimió en 2007. Y el Mariano no lo ha puesto. Aunque luego le pegue una colleja en la tele al niño... Hay un documento que yo pondría en la nevera: el artículo 155 del Código Civil, que dice que los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre y contribuir según sus posibilidades al mantenimiento de la familia.


    Si el niño no quiere acelgas, le ponemos hamburguesas.

    Claro. Y así nos va. Cuando yo tenía cuatro años y eran las dos de la tarde, mis padres: "Niño, cómete la sopa". Y el niño, que soy yo: "No me la como". Pescozón al canto y te comías la sopa. Si no te comías la sopa, te merendabas la sopa. Y si no te merendabas, la sopa te la cenabas. Así que a las diez de la noche la sopa estaba tomada... Ahora llega el padre posconstitucional, que soy yo (porque yo, como persona, soy preconstitucional y como padre soy posconstitucional), con mi hijo de cuatro años que dice que no se quiere tomar la sopa. Y yo le digo: "Yo creo que te debes comer la sopa, porque si no entramos en un periodo de anorexia perjudicial para tu salud. No obstante tú decides". Total, que ni se come, ni se merienda, ni se cena la sopa. Al final tiramos la sopa y le hacemos al niño un par de filetes con patatas fritas.


    Usted ha dicho que somos el país más tonto y bruto de Europa.

    Y si no el más bruto, el segundo más bruto. A mí no me hacen falta los informes Pisa... La sentencia que más me duele dictar (y la suelo dictar 25 veces al año) es condenar a chicos de 15 años que no saben ni hablar, que te contestan uh, oh, ung, pues a esos los condeno a aprender a leer... Yo, a esos padres que fomentan que sus hijos no vayan a estudiar, les quitaba el PER, la ayuda familiar y el vivir del cuento. Si tú no cumples con tu obligación, que es llevar a tu hijo al colegio, por qué va cumplir la sociedad contigo...


    ¿Deberes sí o deberes no?

    Deberes sí, pero los justos. Los niños tienen que jugar. Y menos actividades extraescolares, coño, que tienen una agenda más complicada que un ministro... Y en cuanto les dan las vacaciones me los meten en colonias de verano, que a muchos no les gustan...


    ¿Pone penas en almíbar?

    El 80% de los que cometieron un delito no son delincuentes. Les condeno a leer, a estudiar, a hacer un cómic, a limpiar... Ahora, que duermo igual de bien si condeno a un chaval 10 años. He juzgado unos 35 asesinatos, 115 violaciones...


    ¿El caso más terrible?

    El primer caso que tuve fue el de dos chavales que mataron al padre junto con la madre y lo emparedaron. No eran profesionales, llegó el verano y aquello empezó a oler... Quizás el más desagradable fue un crío de 14 años que, por celos, cogió a la hija de la novia del padre, de cinco añitos, y la dejó caer a una acequia. A la Guardia Civil le dijo que había perdido a su hermanita y se llevo a los guardias a la otra punta del pueblo. Cuando descubrieron a la niña, se supo que estuvo hora y media luchando por agarrarse y murió de agotamiento, ahogada.


    Cuénteme una resurrección.

    Un chico que le pegó cinco tiros a su suegro y le rajó el cuello. Con 16 años. Pero no era un delincuente. Hizo una errónea interpretación de la justicia. Reconoció los hechos. Me decía: "Don Emilio, yo voy a hacer lo que usted me diga, pero, si me vuelve a pasar lo que me pasó, yo lo vuelvo a hacer". Salió, es padre de familia, tiene tres niños estupendos y es un trabajador impresionante.


    ¿Y el juez que es usted a qué habría condenado al adolescente que fue?

    A internamiento [risas]. A eso me condenó mi padre: a internamiento y a trabajos en beneficio de la comunidad. Suspendí ocho en cuarto y reválida. Me internó en Campillo, un reformatorio para pijos. Con 14 años me escapaba de clase, iba al futbolín, salía... Un día entré en una casa vacía y en fin...


    ¿Qué he de hacer para tener un hijo delincuente?

    Darle todo lo que pida, no darle ninguna educación espiritual, no regañarle nunca, hacerle todo, ponerse de su parte cuando tenga un conflicto con los profesores...


    El 75% de la gente lo primero que hace al levantarse y lo último antes de acostarse es mirar el móvil.

    Te voy a contar algo: tengo internadas a niñas porque un día fueron castigadas sin móvil y ellas maltrataron a sus madres con lesiones graves. Madres con la nariz rota. Y dos con intentos de suicidio por estar sin móvil... Creo que hay que violar la intimidad de nuestros hijos. Antes, nuestros padres nos registraban los cajones, ahora hay que mirar lo que hacen con el móvil... El caso es que no nos pillen.


    ¿Qué daño le hace un padre creyéndose amigo de su hijo?

    Pues dejarlo huérfano.


    ¿Cuántos de sus chavales se habrían salvado si sus padres hubiesen tenido dinero?

    Muchos. Más de la mitad.


    ¿Cuántos de sus chavales se habrían salvado si sus padres no hubiesen tenido dinero?

    Menos, pero también. Yo tuve el caso de un niño pijo cuyos padres se estaban separando y se fue a atracar un banco. Sólo para llamar su atención.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Mié 03 Ago, 2016 5:52 pm

“Ahora sales con un libro y no te comes una rosca”

Rafael Reig presenta 'Señales de humo. Manual de literatura para caníbales 1', una trepidante historia de amor por la palabra escrita

Juan Cruz Madrid 19 JUL 2016



Rafael Reig viene a la entrevista en pantalón fresco, como si se fuera a zambullir en el mar. Y así pasa con su libro Señales de humo. Manual de literatura para caníbales 1, publicado por Tusquets. Es una trepidante historia de amor por los libros que cuenta desde el Mio Cid hasta las miserias grandes de Lope y Cervantes. Llamado a ser un manual de literatura, es también la experiencia de un alumno que aprendió a leer con los padres y de un profesor que se cansó de la burocracia de enseñar. Ahora tiene una librería. Es de Cangas de Onís, donde nació en 1963.

Pregunta. ¿Cómo nos enseñaron literatura?

Respuesta. Con la falsa idea de creer que la literatura o cualquier ciencia va progresando, empieza con el Poema del Cid y cualquier novela publicada ayer estaría muy por encima del Cid. Es mentira, claro. La literatura es simultánea, no tiene esa noción de progreso científico.

P. Así que los que escriben ahora...

R. ...no sabemos más que los que escribían antes, hemos leído más pero no sabemos más. Empezar por el principio y acabar por el final no tiene sentido; a los chicos les interesaría mucho más saber de dónde viene lo que están leyendo.


P. ¿Cómo le enseñaron?

R. Relativamente bien porque eran otros tiempos; en el colegio se consideraba muy importante leer y aprender de memoria. Tuve el privilegio de que mis padres fueran dos grandes lectores. Mi padre leía libros de historia y novela española y mi madre novela policiaca e histórica. Mi padre bebía whisky y mi madre ginebra; mi padre fumaba negro y mi madre rubio. Lo mejor de lo mejor.

P. ¿Qué le enseñaron a leer?

R. Nunca me dijeron que leyera esto o lo otro. Iba por la casa, ojeaba libros, cogía El embajador de Morris West, por ejemplo, y me lo tragaba.


P. ¿Y en la escuela?

R. Fui uno de los primeros de EGB. En la escuela se leía muy poco. El árbol de la ciencia y cuatro cositas más. Las clases eran listas de nombres y de obras. Luego estudié Filología y lo compensé. Lo que recuerdo sobre todo es la pandilla de amigos. Parecíamos traficantes: llegábamos con un libro escondido en la trenka. Cortázar, César Vallejo. “Tienes que leer esto, no te lo puedes perder”.

P. ¿Y cómo ha ido evolucionando la lectura?

R. Yo di clases de interino, en institutos, luego en Estados Unidos... Recuerdo que cuando empecé a dar clases aquí llegué con ideas nuevas y era muy difícil. Ni los programas lo admitían ni los profesores ni el departamento. Recuerdo mi primera clase en el Aluche, con 21 años. Explicaba La Celestina. Les pedí que leyeran un episodio y que explicaran por qué ahí se advertía que Calisto era un eyaculador precoz. “Tan pronto empieza el placer ya termina...”. Claro, se lo leyeron entero. Mi teoría es que todo se aprende. Y que un profesor es una especie de actor que debe seducir. Que cuenta muchas historias, que tiene un montón de anécdotas. Yo acababa las clases cansado y sudado.

P. ¿La falta de lectura viene de la falta de ganas de leer que transmiten o la sociedad conspira contra la lectura?

R. Las dos cosas. Los chavales leen. Lo que pasa es que no leen lo que les decimos nosotros y no leen lo que queremos que lean. Pero les gusta mucho leer. En Cercedilla los alumnos y un profesor del Instituto han montado un club de lectura en un bar, y si no va el profesor van solos. Empezaron con El Principito de Saint Exupèry y ahora están con El amante de Duras...

P. ¿Y entonces?

R. Conspira la sociedad contra la lectura. Para leer hay quye quedarse solo; leer es trabajoso, tiene una recompensa enorme pero es muy trabajoso. Estamos demasiado mal criados en que todo sea muy sencillo, en que todo tenga una satisfacción inmediata. Claro, Internet, las series, todo esto hace muy difícil leer. En mis tiempos leer molaba. Si querías ligar en los ambientes en los que yo me movía tenías que llevar un libro visible. Ahora sales con un libro y no te comes una rosca.

P. ¿Qué da Oliver Twist que no dé Juego de tronos?

R. No he visto Juego de tronos..., pero sé que los libros sirven para vivir, para ser más feliz y para comprender mejor la realidad. Permiten ponerte en los ojos de los otros. La gente idiota cree que todo el mundo piensa como él, y no todos somos iguales. Si logras ponerte en los zapatos de David Copperfield o de Oliver Twist o de Ulises y luego te miras a tí mismo aprendes quién eres.

P. Ha escrito una novela de aventuras biográficas y literarias al mismo tiempo que cuenta las vidas y lo que les pasaba por dentro a los personajes, desde La celestina a Cervantes y a Lope, una especie de introspección. ¿Es un modelo que propone para enseñar literatura?

R. Sí, más que leer hay que intentar vivir los libros. Siempre que he dado clase y leíamos una novela, lo primero que hacíamos era un casting. Les decía: si fuera una película, quién haría de Celestina, quién de Melibea, quién de Calisto y por qué Charo López sería una buena o mala celestina. ¿Cómo sería la Celestina o Melibea interpretada por Victoria abril? , ¿sería bueno o malo?, ¿sería una Melibea demasiado zorrón o cómo era Melibea?

Creo que esto es una forma de meterse dentro de los personajes y de acercarse a los libros. Sinceramente creo que hay que leer con más pasión y menos respeto. La única forma de leer los libros es vivirlos. Vargas Llosa dijo: "La muerte de un personaje literario me ha dolido más que la de muchos miembros de mi familia". Creo que si no se lee así, con entusiasmo, no vale la pena.

P. Lo que cuenta lo pone en práctica en el libro, de hecho el Cid Campeador tiene un correlato en El hombre que mató a Liberty Valance, además describe al Cid como hombre enamorado de otro hombre.

R. No se descarta (risas)

P. Con ese no descartar quedan abiertas todas las posibilidades en los personajes.

R. Sí, yo quería contar el Cid como una historia de amor, creo que se puede armar, que funciona como historia de amor entre el rey Alfonso y el Cid. El Cid siempre me ha fascinado, es un libro misterioso. Cuando cuentas que al Cid le violan y le humillan a sus hijas, a un gran guerrero que con un mandoble de su espada mataba a 10, preguntas qué haría, y dicen: pues poner una denuncia, recurrir a los tribunales. Esto es inconcebible, no existe en ningún libro de esa época. Eso también hay que explicarlo, el Cid para mí tiene un poquito de misterio y lo relaciono con Liberty Valance porque en los dos hay un acto de violencia pero para establecer el imperio de la justicia, el periodo de la razón y no de la fuerza. Es la lucha entre la razón y la fuerza. A cualquiera, en Estados Unidos o aquí en España, le violan a las hijas, coge una pistola y dispara.

P. Hay otro hecho patético que se describe en el libro, cuando la muerte de Cervantes deja solo a Lope de Vega. Cómo a ese hombre no lo consume sólo la muerte de su hija sino la muerte de Cervantes. ¿El odio entre los escritores llega a ser amor?

R. El odio entre los escritores llegar a ser amor muchas veces. Todo odio tiene una ración, una parte de amor porque para odiar con inquina a lo largo del tiempo hay que tener mucho interés en la otra persona. Odiar a alguien que te es indiferente es muy difícil. Todo odio tiene amor pero entre los escritores más.

El caso de Lope es muy clásico porque creo que se leyó el Quijote como lo leía un rústico de pueblo, pensando que era un libro de chistes sin más. Sólo una vez muerto Cervantes empezó a germinar en él la semilla de la lectura, a darse cuenta de que aquello era la novela moderna y de que él tenía que hacer un Quijote en verso, la poesía moderna, abrir otras puertas diferentes en la poesía diferente porque estaba un poco arrinconada y encajonada con el manierismo petrarquista y demás.

Y creo que sí, que el debió de lamentar enormemente la muerte de Cervantes. Lope decía cosas como "mármol en la muerte y hambre en la vida, ese es el destino de los escritores". Probablemente se dio cuenta de que Cervantes había muerto pobre, miserable, dado de lado, sin conseguir ningún reconocimiento por el prestigio porque en aquel momento había escrito un libro de chistes. Claro, se miró a sí mismo y se decidió a escribir "de verdad", cómo él decía, algo que no tratara de literatura sino de la vida.

P. Es interesante esa relación en la que se odian, se desprecian mutuamente y en la que sin embargo comparten las gafas.

R. Comparten las gafas, que son como huevos estrellados porque están hechas una porra. Sí, claro, porque aparte de ser vecinos iban a las mismas academias, a esas tertulias que había entonces y sí es verdad que en una de ellas le pidió las gafas. Se leían, a pesar de que Lope hablando de Cervantes dijo en una carta "El Quijote, esa memez". Debió leer El Quijote antes de que se hubiera publicado, quizá fue a la imprenta de Juan de la Cuesta, que estaba al lado, y leyó unos trozos, quizá Cervantes le había contado cosas pero estaban muy pendientes el uno del otro, como creo que están todos los escritores.

P. ¿Ve paralelismos en la vida de los escritores que conoce ahora, en este tipo de odios y egos que mueven la literatura?

R. Los hay, hay odios y egos pero creo que son menos intensos, aunque como se dice los escritores desayunan egos revueltos, de eso no cabe duda. Por ejemplo, yo me he criado literariamente y soy amigo de Antonio Orejudo. Mi mayor temor siempre es qué va a escribir Antonio, sé que no sirve de nada preguntarle, hablo con los amigos y les pregunto si saben algo, preocupadísimo por si está escribiendo algo parecido a lo que yo estoy haciendo. Si fuera así, me pondría malo y me metería en la cama. Y es una amistad muy profunda pero con una rivalidad enorme.

P. Algunos elementos del libro me recuerdan a Umberto Eco o a Juan Cueto cuando mezclaban lo clásico y lo modernísimo a la vez.

R. Claro, esa es la idea, fundirlo. Me alegro mucho de que menciones a Eco, para mi es un escritor imprescindible, una de las novelas que más me gusta de Eco y que aquí no ha gozado de mucha reputación es Baudolino, es casi una historia de la lengua, empieza en romance y va contando la transición, el ocaso de la Edad Media a través de un personaje que en su caso no se reencarna pero que es una historia rocambolesca, un tipo que está en todos los lados, al lado de todo el mundo, una especie de pícaro. Ésa seguridad, esa erudición que tenía Eco que le permitía tutear a los clásicos, tratarlos como amigos y por lo tanto presentártelos como compañeros, como si te tomaras unas cañas con Petrarca, es una frescura que le daba a cualquier cosa que contaba. Te lo hacía interesante y pensabas: cómo no habré entendido esto antes.

Me llena de orgullo que menciones a Eco pero ojalá, eso es lo que yo querría imitar.

P. Sí se toma unas cañas con Petrarca.

R. Sí, con Petrarca me tomo unas cañas y alguna bronquilla tenemos él y yo (risas). Sin embargo Petrarca es un personaje cuya importancia yo reconozco, su forma y pasión de leer. Cómo cuenta que encuentra las cartas de Cicerón y las contesta encabezando: "querido Tulio" (risas). Es la misma actitud que la de Eco y con la que yo creo que hay que tratar a los clásicos. A los clásicos hay que tratarlos en zapatillas.

P. Habla de qué es el arte, en otro momento habla de los clásicos y en otro se atreve a contar la historia de la literatura con una frase: "quiénes creemos que somos, cómo nos contamos a nosotros mismos quiénes somos y lo que nos sucede, qué imaginamos que nos está pasando, en otras palabras, la historia de la literatura". ¿Ésa era su ambición cuando lee, participar de la historia de la literatura?

R. ¡Sí, claro! Tú me conoces, yo no soy una persona modesta, uno se sienta para escribir El Quijote o no se sienta. Luego le sale un churro pero la intención…

P. Eso dice Manuel Longares, que uno se tiene que medir con Valle o con Cervantes.

R. Y si no, no te sientas a escribir, luego te sale lo que te sale pero ambición, desde luego. Yo quiero formar parte de esa aventura de imaginar quiénes somos, de explicármelo mí mismo y contárselo a los demás… Ya me gustaría a mí formar parte de eso. De todas formas, ya formo parte como lector, creo que cualquiera que lea con ganas y con pasión forma parte de la historia de la literatura y está teniendo un conocimiento especial comparable al que pueda tener cualquier persona que sepa mucho de ciencia o cualquier otra materia. La historia de la literatura es tan importante como saber de qué está compuesto el átomo y cuál es la estructura molecular del universo, pero saber qué pensamos de nosotros mismos, de nuestro sitio en la tierra, de nuestra vida y qué pensamos que nos ha pasado y qué nos va a pasar es una ciencia tan importante como cualquier tecnología avanzadísima.

P. Volvamos a la lectura y a la enseñanza de la lectura. ¿Cómo ha afectado los inventos recientes a la concentración para leer y también a la idea de que ya no se lee? Parece que por haber leído un resumen ya lo hubieras leído todo. ¿Qué significa leer de veras?

R. Ha afectado muy negativamente, incluso a mí mismo. En cuanto empiezo a leer el periódico por Internet, dejo de leerlo. Y cada vez que lo compro en papel, lo leo entero, de la cruz a la firma como se decía antes. Por Internet se lee en diagonal, mucha gente lee solo para poder retuitearlo y ya está, se lee sin atención ni concentración. Me parece gravísimo. Como también decía Eco, yo no creo mucho en la tecnología. El libro no es mejorable, es como la cuchara, no se puede hacer una cuchara cuadrada, el libro es lo que es. Me parece muy grave, yo no tengo muchas dificultades para concentrarme porque me crié con cinco hermanos y porque juego al ajedrez y el ajedrez te da capacidad de concentrarte en un problema de inmediato, quitar todo lo demás y dedicarte a resolver ese problema. Pero sí que he notado que cuando empiezo a hacer el tonto por Internet, ni me acuerdo de lo que he hecho. Me parece muy peligroso.

Hay que leer muy despacio, sin prisa, con un papel y un lápiz y anotar. Hay que parar para pensar en otra cosa, a recordar. Y hay que leer por el placer de leer, no para haber leído.

Mucha gente piensa que los libros son de uso tópico, de uso interno, que basta con tenerlos y eso es lo que te da Internet, te lees el resumen y ya está, ya lo tienes. Pues no. Si no lo lees no te hace efecto.

P. En los últimos tiempos se observa cómo ha cambiado la expresión de "lo estoy leyendo" a "ya lo he visto" o "ya lo tengo".

R. “No lo tengo, me lo he bajado”. Eso no te va a hacer efecto, no basta con untárselo en la piel, hay que masticarlo.

P. Decía que miraba a sus padres leer y que eso le hizo lector. En el libro dice que el obstáculo en la enseñanza de la literatura son los padres.

R. En la enseñanza en general, estoy francamente convencido. Siempre he pensado que el colegio, el instituto, la enseñanza, la gran virtud que tiene es que libra a los niños de sus padres. Tu padre es un nazi, no te preocupes, en el colegio estás a salvo; tu padre es testigo de Jehová, no te preocupes que en el colegio estás a salvo; tu padre es un ignorante que desprecia la cultura, bueno, aquí no, aquí estás a salvo.

Desde que los padres participan en la educación, dar clases se ha convertido en un suplicio, yo he estado en reuniones de padres y los padres te preguntan con qué criterio pones las notas, ¡bueno, con las que me da la gana, para eso yo soy profesor y usted no!

Creo que los padres deberían retirarse un poquito, la responsabilidad de la educación es de los estudiantes y de los profesores, de las autoridades académicas. Los padres tienen que estar enterados, pueden ayudar, pueden participar un poco pero es que últimamente están pesadísimos.

P. ¿Y los profesores cómo están?

R. Soy malo para las cifras pero quizá la mitad (una cifra escandalosa) de los profesores de la enseñanza pública son interinos, van rulando de colegio en colegio todos los años, hay una gran bolsa de gente que se tiene que presentar a las oposiciones todos los años. Demasiado bien se portan los profesores para cómo lo tienen.

Los libros en los institutos ya no los puedes comprar en julio porque el profesor de la asignatura va a venir en septiembre, no hay ninguno fijo y hay que esperar para ver qué libro pone.

Toda la idea que antes había de un proyecto docente en el centro, de una interacción en los distintos departamentos, de una dinámica que produjera sinergia, que los profesores se ayudarán entre ellos para que el resultado fuera mejor, todo está parado.

Creo que los profesores en general son una gente muy vocacional, he visto poca gente más entregada que los profesores de enseñanza media, son espectaculares.

El problema de la educación

Mensaje por Invitado » Mié 04 May, 2016 6:05 pm

Idiotas con hijos

Luis Martínez 24/04/2016 04:19

Lo diré una vez para pasar rápido al siguiente tema y que nadie me acuse de bastardo asocial. No me gustan los niños. Ya está dicho. En realidad, y si soy sincero con mi profundo descontento, debería precisar que lo que no soporto es a esa especie extraña de nuevas criaturas hipermotivadas que desde hace tiempo pueblan los espacios públicos y hasta privados. No, descuiden, no les voy a recetar la consabida homilía sobre lo bueno que era todo antes de la LOGSE y lo terrible que es ahora que las criaturas asisten a más talleres de motivación que un Ferrari en pruebas. Tampoco voy a sacar el tema de los vuelos en avión. Es mala suerte que te toque en el asiento de atrás una voz aguda (y tanto) con ganas de subir y bajar la bandeja una media de cinco veces por segundo. Y así durante las ocho horas que dura la travesía. Al fin y al cabo, en efecto, la culpa no es suya sino de la incompetente dejadez del progenitor. A lo mejor, por cierto, la compañía aérea tendría que decir algo.

No, lo peor es la cultura, llamémoslo así, que de un tiempo a esta parte se ha creado a su alrededor. Ser padre ha dejado de ser una opción (caso de que alguna vez lo fuera) más o menos libre, más o menos irracional, para convertirse en un modo de realizarse plenamente como persona. Lo he oído. Es más, lo oigo constantemente. Los padres hablan de lo mucho que aprenden de sus hijos; los padres escriben blogs sobre lo conveniente que es conciliar (qué poco se habla de la conciliación para leer, ir al cine o aprender a hacer torrijas); los padres estudian detalladamente cuál es el colegio mejor para su hijo; los padres se interesan por todo aquello que hace felices a sus hijos; los padres son amigos de sus hijos... Y, lo más duro, te lo cuentan. Y lo hacen perfectamente inconscientes de que el asunto pueda ser tan interesante como chupar un clavo, mirar fijamente la pared o analizarse la pelusa del ombligo. No, están convencidos de que ése es el tema. Imagino que la sociedad de consumo empeñada en medir todo por el mismo rasero así lo ha querido. Tratamos a los hijos como al nuevo iPhone, siempre pendientes de una nueva aplicación con la que sorprender y, más triste aún, sorprenderse. Por dios, la bandeja.

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