Aguas turbulentas - Pilar Eyre

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Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 26 Nov, 2020 1:41 am



Están mejor que nunca. Felipe y Letizia. ¿Enamorados? ¿Como al principio, cuando Felipe estaba tan "encoñado", al decir de sus amigos, que no podía pensar en otra cosa? Esa palabra y esa frase salieron en la portada de un diario nacional y provocaron una llamada de protesta de la Casa: "El príncipe no se encoña".

Han pasado dieciséis años y aquella pasión del principio se ha transformado en cariño, complicidad, objetivos comunes, profunda amistad, respeto mutuo... pero el ardor sigue. "Continúa loco por ella... Letizia coquetea con él y a Felipe eso le fascina". En las parejas siempre hay uno que ama y otro que se deja amar. "Ella lo quiere, es indudable, pero es más fría en sus expresiones, a él se le nota mucho, no puede disimularlo", me cuenta una fuente cercana a la pareja.

Han dejado atrás sus crisis. La más grande, la de Mallorca, en la que Letizia regresó a Madrid dejando a la familia, sus suegros y cuñados, con un palmo de narices. Aunque en ningún momento quiso tirar la toalla como sí hizo doña Sofía, que, hasta en dos ocasiones, le planteó a su marido marcharse de España: ocurrió a los pocos meses de su boda y poco después de la muerte de Franco. Las dos veces fue para vengarse de las infidelidades de Juan Carlos, algo impensable en Felipe, que es incapaz de mirar a otra mujer que no sea la suya. No, Letizia siempre ha tenido muy claro cuál es su cometido y, como dice uno de sus amigos, "se cree el papel de la monarquía y se ha imbuido en su personaje, sabe que este es un compromiso de por vida".

■ ■ ■

También estuvieron en crisis en la época en que Letizia viajaba con cualquier excusa a Barcelona: un concierto de rock, una visita médica, ver a su hermana... Y aprovechaba para reunirse con sus amigas y huir del ambiente asfixiante de Zarzuela. Esos años terribles, en los que don Juan Carlos hacía su vida de una forma tan insensata que sus ayudantes pensaban dejar el servicio: mujeres, problemas de salud, discursos balbuceantes, viajes sin sentido y sin brillo...Temían que al final alguien lo expusiera públicamente, pero en la prensa solo salían comentarios sobre el último modelito o la delgadez de Letizia; era tan descarado el contraste entre lo que pasaba verdaderamente en el seno de la familia real y lo que reflejaban los periódicos, que llegó a sospechar que las noticias negativas sobre ella las filtraban desde la Casa para desviar la atención del comportamiento anómalo de don Juan Carlos. Aun así, tuvo que callarse, aunque por dentro le ardiera un bosque entero.

Juan Carlos, al contrario de lo que se piensa, no se opuso a la boda del príncipe. Es más, la vio como un mal menor, ya que la última relación de Felipe había sido una modelo de ropa interior. Tampoco la trataba con desprecio, sino con indiferencia, la ignoraba, como toda la familia.

■ ■ ■

Cuando Letizia se casó había dos bandos y la reina intentó atraerla al suyo, riendo ante todas sus frases e incluso pasándole el brazo sobre los hombros y abrazándola delante de los fotógrafos, lo que despertó el enfado de sus hijas: "Hace con Letizia lo que nunca ha hecho con nosotras, ¡ser cariñosa!, ¡nunca nos ha mostrado afecto en público!" comentaban amargamente Elena y Cristina. En medio de estas tensiones familiares, Letizia se bamboleaba como un pequeño bote en alta mar luchando contra la tormenta. La prensa la denostaba, pero solo ella sabía la verdad... y tenía que callarse. Algo muy difícil para cualquier periodista, porque, aunque abandonemos la profesión, el periodismo nunca nos abandona a nosotros. Pero, al final, después de Botsuana, la verdad se ha abierto camino y, como dicen en 'Sálvame' (que la reina ve a menudo), el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. Juan Carlos en el extranjero, sin fecha de vuelta, Sofía apartada, las hermanas ni se sabe... ¡En el universo Zarzuela ahora brilla un solo astro! Bueno, dos, Letizia y Felipe, y la reina encantada, porque le gusta gustar.

Se siente segura en su papel, ya nadie le pone palos en las ruedas y puede aplicar su estilo a los usos y maneras de la monarquía moderna: sobriedad, rigor y discreción, aunque ha copiado un pequeño defecto de su suegra: ¡es impuntual, se hace esperar y es su marido el que debe disculparla!

Por más que sus antiguos colegas le reclamemos más transparencia, más imágenes de sus hijas, más actitudes distendidas, más acercamiento a los españoles... no podemos dejar de advertir que la nueva Letizia, curtida en mil batallas, ha perdido candidez y espontaneidad, pero ha ganado empaque y eficacia.

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Me dicen que en cuanto la pareja real cruza la puerta de su casa se prodigan los gestos de cariño, sobre todo por parte de él, que la coge al vuelo y la besa tiernamente. La sombra negra que era el comportamiento de Juan Carlos, la nefasta influencia de la generación anterior, han desaparecido, el ambiente se ha aclarado, se han retirado las fotos del emérito de las estancias privadas y la expresión de la reina es al fin serena y natural. El camino ha sido duro y tal vez Letizia recuerde de vez en cuando el lema favorito del abuelo de su marido: "Nunca un mar en calma hizo buenos marineros"

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 19 Nov, 2020 1:48 am

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NO ES POR MALDAD / Pilar Eyre

El rey Juan Carlos dio dinero a Lady Di


Juan Carlos dio dinero a Lady Di! Sí, Juan Carlos I, rey de España durante casi 40 años, envió a la princesa de Gales, en 1993, exactamente 45.000 dólares, que fueron ingresados desde España en su cuenta corriente. O eso dice, al menos, la reputada escritora americana Kitty Kelley en su trabajo histórico ‘Los Windsor’, un libro que recoge cientos de testimonios sobre la desgraciada princesa y su familia, y cuya venta está prohibida en Inglaterra desde que salió en el año 1997.

Por supuesto, este episodio sobre el dinero de don Juan Carlos no aparece en la aclamada serie ‘The Crown’, que ha optado por presentar una versión muy edulcorada de Lady Di que debe haber disgustado profundamente a Camila, señalada una vez más como la bruja malvada de los cuentos infantiles.

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Diana ya había visitado Toledo con los reyes de España, se la había visto charlar muy confidencialmente con don Juan Carlos y había estado dos veranos en Mallorca. Con su marido y sus dos hijos pasó unos días en la isla y, mientras Carlos se perdía por calas remotas con su caja de pinturas y alguna compañía femenina, Lady Di se bañaba en la piscina de Marivent y lloraba, quizás en el hombro del rey de España, quien, como contaba uno de sus amigos, “sabe escuchar y aconsejar muy bien a las mujeres”.

Después de la última estancia en Mallorca, Diana le había contado a uno de sus guardaespaldas que don Juan Carloshabía intentado ligar con ella. “Es un mujeriego y sé que yo le gusto. Ha coqueteado, incluso delante de la reina”, manifestó ilusionadamente. También confesó que el rey le había hecho alguna propuesta más concreta. Después se volvieron a ver en el primer viaje oficial de los reyes españoles a Inglaterra, estuvieron juntos en Windsor y, de nuevo, las cámaras los captaron conversando en alegre camaradería. Lady Di volvió a manifestar: “El rey estuvo muy insinuante”. No consta su respuesta ante las proposiciones de Juan Carlos, si es que las hubo y no fueron una fantasía de su imaginación desbordante.

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Las familias reales europeas ya estaban al cabo de la calle de las disensiones matrimoniales de Juan Carlos y Sofía, comentaban el fogoso temperamento del monarca español y ponían nombre a la mujer que ocupaba en esos momentos su corazón. En esa época, sus amores con Marta estaban en su apogeo y el rey se movía y se comportaba con ella con naturalidad, sabiendo que ningún periodista se atrevería a realizar insinuación alguna sobre estas relaciones, que sí aparecieron, sin embargo, en las revistas Oggi y Point de Vue.

La princesa de Gales revelaba ese mismo año a su terapeuta que, si bien la vida sexual con su marido nunca había sido muy rica, ya que desde que se habían casado hacían el amor cada tres semanas aproximadamente y siempre por iniciativa de ella, esa chispita se había ido apagando y hacía siete años que no tenían relaciones, “aunque sé que Camila es una bomba en la cama, pero mi marido besa muy mal”. Fue entonces también cuando conoció a James Hewitt, con el que estuvo cinco años y del que dijo a la misma terapeuta: “El sexo con él es como fuegos artificiales”.

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No fue su única relación extramatrimonial, también en esos años se dice que mantuvo un apasionado encuentro de una sola noche con John John Kennedy, además de con guardaespaldas, chóferes y deportistas. Sumergida en una vorágine de infelicidad, inestable, con problemas de bulimia e intentos de suicidio, la pobre princesa era una marioneta en manos de desaprensivos.

Así le ocurrió en su gimnasio londinense L.A. Fitness, en el barrio de Chelsea, donde acudía para mantenerse en forma. Sus agentes de seguridad se quedaban fuera del recinto. Bryce Taylor, el propietario, instaló una cámara escondida en el techo, encima de uno de los aparatos donde solía ejercitarse la princesa. Se le tomaron fotos y se le hizo chantaje para no publicarlas. Se le pidieron 45.000 dólares. Y fue entonces cuando intervino don Juan Carlos, convertido en un campeón de la galantería y un caballero sin espada, según la versión de Kitty Kelley.

Transfirió esta cantidad desde España a la cuenta personal de Diana, aunque no sirvió de nada: las fotos se vendieron al Sunday Mirror, que publicó en portada una imagen de Lady Di con apretadas mallas y en una postura algo grotesca. Buckingham puso el grito en el cielo, pero el propietario del gimnasio declaró que “si se expone a la mirada de la gente cuando viene a mi club, ya sabe a lo que se arriesga”. No se sabe qué ocurrió con el dinero, si fue devuelto a don Juan Carlos o se usó para otros fines. No es una cantidad tan importante como la que, según parece, regaló a otras mujeres, pero el gesto es muy significativo. Si fuera cierto que el rey de España envió este regalo a Lady Di, implicaría una confianza y una intimidad muy reveladoras por ambas partes. Quizá la relación fue más lejos de lo que hemos imaginado. ¿Por qué no?

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 12 Nov, 2020 1:44 am



Creo que fui una de las primeras en enterarme de que Isabel Pantoja y Paquirri estaban juntos. Fue en agosto del año 1981. El interior de la finca rondeña del torero Antonio Ordoñez, donde le hacía una larga entrevista que después apareció en varios capítulos en forma de memorias, era fresco y acogedor.

El fotógrafo Abizanda y yo pasábamos las tardes en el Recreo San Cayetano tomando vino blanco y charlando con Antonio y su mujer, Carmen Dominguín, que hablaba con la misma elegancia y naturalidad tanto de su cáncer de pecho como de las infidelidades de su marido: “Siempre le he perdonado porque se ha atenido a su máxima: ‘Una vez con cualquiera, algunas con alguna y muchas solo con su mujer”. Sus dos nietos, los hijos de Paquirri y Carmen, que ya vivía en Marbella con Antonio Arribas, estaban pasando unos días con ellos y jugaban al fútbol en el patio.

■ ■ ■

De pronto, se oyó un claxon, los niños gritaron “papá, papá” y Carmen madre salió a saludar a su yerno. Cuando volvió a entrar, dijo: “Venía con Isabel Pantoja… Han empezado a salir y deben ir en serio porque a ‘las otras’ nunca las había traído”. Pregunté cómo era: “Tímida, no se ha bajado del coche”.

Al año siguiente, estuve en la caseta de Isabel en la Feria de Sevilla, pero no quiso confirmarme la relación. Meses después, me pidió disculpas y me contó que, hasta que Paco no tuvo la anulación eclesiástica, no había querido decírselo a nadie, “ni siquiera le dejaba cogerme de la mano”. Fue entonces cuando me confesó con ingenuidad: “Quiero ir virgen al matrimonio”.

Aunque me preguntaba con ansiedad: “¿Tú crees que ella [Carmina] es tan guapa como dicen?” (la madre, siempre delante, afirmaba: “Qué va”), me habló también con mucha ternura de los hijos de su novio. Unos niños que “son ya unos hombrecitos y me piden consejo”, me contó Paquirri poco antes de morir. “Por ellos, y también por Maribel, a la que cada día quiero más, y por nuestro niño, he decidido retirarme el año que viene, ¡ya he ganado suficiente dinero!”. ¿Cuánto?, le preguntaba. Y él reía: “Mucho, ¡soy el torero que más cobro! ¡Y sin apoderado!”.

■ ■ ■

A la semana de morir en Pozoblanco, hablé con Carmen en su casa sevillana de Carrero Blanco 22. “Isabel siempre ha tratado a mis hijos con mucho cariño y, a través tuyo, le quiero dar las gracias públicamente… ¡Hablaba con ella más que con Paco, si los niños tenían que tomar un jarabe, si tenían que estudiar en vacaciones, se lo comentaba a Isabel! El domingo pasado reunimos a los tres hermanitos. ¡Lloramos mucho!”.

Le advertí que esta relación podría romperse por temas hereditarios y se enfadó: “Claro que no, yo no quiero nada. Su viuda es Isabel. ¡A mí, el dinero de Paquirri no me importa!”. Toqueteaba con angustia la imagen de la virgen de la Esperanza de Triana que llevaba en el cuello y que le había regalado Paco cuando estaban casados. “Él llevaba una igual, no sé si lo habrán enterrado con ella”, musitó con la voz rota. Le pregunté si eran ciertas las cifras que se barajaban, dos mil millones de pesetas repartidos entre España, Venezuela, Estados Unidos, en fincas, negocios, dinero efectivo… Me dijo que sí, que Paco había ganado mucho dinero, que antes de casarse con ella ya era rico y tenía la finca Cantora. “Para lo de mis hijos he nombrado un abogado, pero no hay ningún problema, solo siento pena por los niños y por la pobre Isabel, destrozada con 28 años”.

¿Por qué todo era tan distinto a como se cuenta ahora? Creo ser de las pocas periodistas, vivas, que conoció a los componentes de ese triángulo, pero quizá me engañaban… A Paquirrín lo vi varias veces, iba en un cochecito o, más mayor, jugaba en las atracciones frente a su casa con la prima Silvia Pantoja, tan inseparable de la familia como lo es ahora Anabel.

■ ■ ■

A Carmen Ordóñez la encontré a menudo en los platós de televisión, pero solo hablábamos para recordar a su madre, se ponía a llorar porque, a pesar de su apariencia rotunda y de su belleza apabullante, era insegura y vulnerable: “Pilar, a nadie he querido como a ella”.

A la Pantoja no volví a verla y me es imposible identificar a aquella muchacha inocente con la mujer codiciosa y dura en la que, al parecer, se ha convertido. Pregunto a una persona que estuvo muy próxima a ella, y me dice que Isabel, desde que se quedó viuda, es incapaz de demostrar afecto físico o de palabra por nadie, “como si se hubiera resecado por dentro”. Lo cual no tiene nada que ver con el amor que siente por su hijo, que, débil, necesitado de apoyos, sin un duro, “se ha dejado llevar por cantos de sirena que lo van a abandonar en cuanto se aburran de su nuevo juguete”.

Y mi interlocutora pronostica: “Se ha metido en un callejón sin salida, pero la única que va a estar ahí para recoger los pedazos va a ser su madre”. Suspira, “la cárcel fue una experiencia cruelísima, por la que aún tiene pesadillas en las que cree que está encerrada, pero lo que la partió en dos, lo que la convirtió en otra persona, fue la muerte de Paco.” Tiempo, ¿no decían que todo lo curabas?

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 12 Nov, 2020 1:40 am

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Portada del nuevo libro de Pilar Eyre

Primicia: así comienza 'Yo, el Rey' la biografía de Don Juan Carlos que destapa sus secretos más íntimos

La Esfera de los Libros edita 'Yo, el rey' la nueva biografía de Don Juan Carlos escrita por Pilar Eyre y de la que adelantamos las primeras páginas. Saldrá a la venta el próximo día 12

Cuando se despertó, pensó por un momento, como cada mañana, que estaba curado. ¡No le dolía nada! Se sentía ingrávido, flotando en una nube de algodón. O en un colchón de agua, como el que le había hecho comprar aquella novia andaluza que tuvo. ¿Cómo se llamaba? Era guapa y bajita, pero el colchón era una mierda. Todas las mujeres que me han gustado son bajitas, se dijo, pero acto seguido sonrió porque no era verdad. En su abundante currículo amoroso figuraban altas y bajas, gordas y delgadas, nobles y cortesanas. ¡Había tantas! A veces, para que el sueño llegara más rápido, intentaba contarlas y darles un nombre antes de dormirse, «Merceditas, Carmen, Ana, Conchita, Antonia..., la chica de Melilla, ¿cómo se llamaba? ¿Y la mujer del embajador en...? ¿Dónde era, carajo, dónde era?». Sonreía, como siempre que pensaba en los viejos y buenos tiempos, y con la sonrisa llegaron los dolores, aullando como el perro que al final se deja entrar en casa. La cadera, ese pinchazo constante, la rodilla rígida como si fuera de madera, los hombros por tener que apoyarse en las malditas muletas...

En el contraluz se dibujó el objeto más odiado: la silla de ruedas.

Benito, su viejo ayuda de cámara, descorrió las cortinas con un ademán tan brusco que sus nervios se erizaron, un rayo de luz le hirió los ojos y se puso el brazo sobre la cara:

-Coño.

-Señor, las ocho.

Juan Carlos rezongó: «¿Y qué?». Con un suspiro, que era casi un quejido, se incorporó en la cama y tanteó la mesita de noche para coger los tres móviles que tenía a su disposición con tarjetas extranjeras, pues hacía años que sabía que el CNI espiaba sus conversaciones. Miró las llamadas, ¡nada! ¡Ni Marta, la fiel Marta, había llamado!

Se dejó caer de nuevo sobre las almohadas. Tenía que dormir casi sentado porque, si no, se ahogaba desde aquella operación en Barcelona... Sus ojos se achinaron maliciosamente, estuvieron a punto de encontrarse las dos en el pasillo, Sofi y Corinna. ¡Cómo se puso el bueno de Iribarren, luego comentó que aquel día había envejecido años! Siempre he vivido caminando por el alambre, reflexionó con orgullo de trapecista, haciendo equilibrios entre mi padre y Franco, entre Sofi y las otras, ¡hasta mis amigos estaban celosos los unos de los otros y competían por ver...!

No, no, de eso no había que hablar ahora. ¡Ya se ocupan bastante del asunto esos periodistas cabrones!

Creen que yo pedía y reclamaba... ¡Yo, el descendiente de diecisiete reyes exigiendo parné como un mercachifle cualquiera!

¡No tienen ni idea! El dinero entraba a raudales, ni siquiera había que mencionarlo. ¡Si ellos supieran!

Benito se acercó.

-¿Le preparo el baño?

Su cerebro tardaba en despertarse varios minutos más que su cuerpo, los medicamentos que tomaba contra el dolor y para combatir el insomnio corrían aún por sus venas, lo que le impedía pensar con claridad. Sabía que hoy le esperaba algo muy importante y, como ese recuerdo le entristeció, dedujo que se trataba de un asunto ingrato. Le preguntó a su ayuda de cámara:

-¿Te han dado alguna instrucción? ¿Hoy qué tenemos?

El hombre lo miró con asombro y respondió:

-¿Hoy? Nada... ¿No recuerda el señor que...?

Ya. Por la tarde.

Con un gesto de la mano ahuyentó aquel pensamiento horrible y, como los niños pequeños, se puso de lado para que lo dejaran en paz. Le costó mucho darse la vuelta y su cuerpo sonaba con ruido de goznes oxidados, llevaba tantas prótesis que bromeaba con sus nietos: «Soy un mecano».

Claro que ninguno sabía qué era un mecano.

¡Sus nietos! ¿Qué iban a pensar de él?

Respondió malhumorado:

-Ya sé, ya sé, ya me acuerdo, no estoy gagá todavía.

El hombre se afanaba por la habitación, recogiendo aquí y allá la ropa que él tiraba al suelo porque nunca había sabido cómo se usaban las perchas, un periódico arrugado..., lo habría arrojado la noche anterior en un ataque de ira. ¡Todos habían tomado partido!

Ya no estoy de moda, repetía con amargura la frase de su abuelo Alfonso cuando estaba exiliado en Roma y nadie le hacía caso.

-Benito.

Se detuvo en su tarea, respetuoso.

-¿Señor?

-Tu padre sirvió en Roma, ¿verdad?

El lacayo se acercó a la cama con la ropa en el brazo y respondió, oficioso:

-Sí, señor, era el ayudante de Pepe, el chófer de sus majestades.

-¿Sabes que yo me acuerdo de Roma y de mi abuelo?

El hombre, que no sabía muy bien lo que se esperaba de él, murmuró:

-¿Sí? Pero si vuestra majestad debía ser muy pequeño... con todo mi respeto.

El rey miró al techo, como si hablara con las deidades celestiales más que con el ayuda de cámara:

-Cuando murió Alfonso XIII...

Benito se persignó:

-... Dios lo tenga en su gloria...

-... yo tenía tres años... Recuerdo que me llevaban al hotel donde vivía y me tocaba la cabeza. Mi niñera se llamaba Ucsa.

-Buena memoria, señor.

-A mi madre le gustaba mucho el cine... ¿Sabes que en los cines de Italia se podía fumar?

Se notaba al hombre algo impaciente para proseguir con sus tareas domésticas, pero aun así respondió:

-No lo sabía, señor.

-Yo casi nací en una sala de cine... Por eso mi vida ha sido como una película de buenos y malos. ¡No sé yo cómo me juzgará la historia! ¿Tú qué crees?

¡Antes, todos le querían, hasta Santiago Carrillo! ¡Se le ofrecían las mujeres más guapas del mundo! ¡Los millonarios le llenaban los bolsillos! Ah, sus hermanos árabes, cuánto les debía...

Ahora, sin embargo, se había convertido en un apestado.

El hombre, confuso, no supo qué contestar a preguntas tan enjundiosas, ¡no estaba acostumbrado a mantener con su señor una conversación de persona a persona! Carraspeó, tratando de ganar tiempo cuando el rey prosiguió:

-¿Qué diría mi abuelo si viviera?

¿Se sentiría orgulloso o se avergonzaría de su nieto aquel rey desgraciado que, cuando le decían los hijos papá no fumes, contestaba, bah, para lo que me importa vivir o morirme?

¡Roma! Si cerraba los ojos casi podía sentir el olor de las mimosas de Villa Borghese... ¿Y la luz? La ciudad era plateada por abajo y oscura por arriba.

-¿El señor querrá vestirse de sport o con traje?

Abrió los ojos por un momento, desconcertado. ¿Dónde estaba? Ah, sí... claro... Cantaba un mirlo y se oía el ruido lejano de un coche caro, un Mercedes seguramente. El presente se abría paso con la suavidad del cuchillo clavándose en la mantequilla. No quería pensar, aún no.

Qué silenciosa estaba la casa. Qué diferencia del hogar de su infancia...

En Lausana, por las noches, hacían formar a los cuatro hermanos y ponían la «Marcha real» a todo volumen. Tenían que mantenerse de pie hasta que se acabara, cuadrándose frente a sus padres, que fumaban y tomaban cócteles. Papá, dry martini, y mami, un old fashioned. Margot, como era ciega, se orientaba por pasos, siempre contaba en voz baja «dos, tres, cuatro...». Alfonsito era tan pequeño que terminaba cayéndose y papá le reñía... Menuda tropa de lisiados. ¿No inspiraban compasión en el fondo?

En sus recuerdos, Alfonsito seguía vivo. Nunca habían subido a esa sala de juegos, nunca habían cogido la pistola, nunca...

Por duro que sea el pasado, uno siempre podía huir del presente y refugiarse en el país de los recuerdos. Allí querría estar ahora, con los muertos. ¡Recordar, sí, los secretos y las mentiras, la alegría y la tristeza!

Dicen que la vida es corta, pero en esos momentos le parecía que no se acababa nunca.

Hundirse en el ayer como cuando se lanzaba desde la punta de la playa del Guincho.

-Benito, déjame, que no me moleste nadie -ordenó, finalmente-. Ya pediré luego el desayuno.

El hombre se inclinó y salió silenciosamente, dirigiéndole una última mirada compasiva. Y solo entonces, cuando cerró la puerta a sus espaldas y se quedó solo, Juan Carlos se dio cuenta de que Benito llevaba el rostro cubierto con una mascarilla.
Yo, el Rey

    Título: Yo, el rey

    Autora: Pilar Eyre

    Colección: Biografías y Memorias

    Páginas: 504 + 40 ilustraciones

    Formato: cartoné 16x24

    Precio: 23,90

    Fecha de publicación: 12 de noviembre de 2020

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 05 Nov, 2020 1:38 am



¡Sofía! ¡Siempre detrás de su hermana Leonor, princesa de Asturias! ¡El ingrato papel de los segundones en las monarquías hereditarias! La infanta Pilar, la hermana de don Juan Carlos, confesaba con amargura: “Los hermanos y los primos no contábamos, todas las atenciones eran para Juanito”. Cuando murió su abuelo, Alfonso XIII, en una modesta habitación del Grand Hotel de Roma, su hijo Juan se convirtió en rey y su nieto en príncipe de Asturias. Entonces, tenía tres años. La niñera, una checa llamada Ucsa, estaba con los niños en otro cuarto mientras por los pasillos corrían los camareros… “Il re di Spagna è morto!”. A la hora de repartir la merienda, se apiñaron frente a ella Alfonso y su hermano Gonzalo, Sandra y Marco Torlonia, Pilar y Juanito… Ucsa les comunicó fríamente: “A partir de ahora, se le va a dar primero de merendar al príncipe de Asturias. Alteza real, adelantaos”. Y don Juanito, sin entender nada, tendió sus manitas sucias y recibió su pan y chocolate. Tenía un hermano pequeño, Alfonso, tan listo que lo llamaban Senequita. Cuando se le preguntaba qué iba a ser de mayor, respondía señalando con el pulgar a su hermano: “Rey, si se muere ese”.

■ ■ ■

¡Sin el brillo y las adulaciones del que va a ser rey, pero con todas sus responsabilidades! En Inglaterra, la princesa Margarita, hermana de la reina Isabel, llenó su vida vacía de frivolidad, alcohol y hombres. Andrés, el hermano de Carlos, frecuentaba prostitutas, y Harry, el hermano menor de Guillermo, ha optado por la rebeldía, se ha casado con una actriz americana y ha huido de Inglaterra para irse a vivir a Estados Unidos y llevar la vida de una celebrity. Irene, la hermana de Sofía, sola y sin dinero, vio frustrados sus noviazgos por su cuñado y ha tenido que apoyarse en nuestra reina para sobrevivir. Ha optado por la discreción más absoluta, ni siquiera lleva escolta.

Las hermanas de Felipe, Elena y Cristina, a pesar de que estaban segunda y tercera en la línea de sucesión, han sido educadas como señoritas particulares y se han casado con quien les ha dado la gana. Dicen que Elena, muy religiosa, por las noches añadía un padrenuestro suplementario por la salud de su hermano, para que no le pasara nada y no le tocara a ella ser reina. ¿Cómo se toma Sofía los privilegios y atenciones de las que goza su hermana Leonor? ¿Cómo es Sofía, en realidad?

■ ■ ■

Al parecer, habla tres idiomas según unos; seis, según otros. Baila, es muy deportista, juega al fútbol, participa en un grupo de teatro, le gusta mucho la ropa, que compra por internet, recibe una paga semanal de 30 euros, que se gasta en regalos y, mientras Leonor es como su padre, ella se parece a su madre, es curiosa, impulsiva y respondona. No se habla de que vaya a tener una educación especial, aunque su papel no es insignificante, ya que es la segunda en la línea de sucesión. Ni su padre, ni su abuelo, ni su bisabuelo español, ni su bisabuelo griego, fueron los primogénitos y, sin embargo, por diversos motivos, fueron reyes o casi reyes.Si le pasara algo a Leonor, Dios no lo quiera, ¡Sofía sería reina! ¿No merece esta posibilidad, por muy remota que sea, que se nos informe de su preparación?

■ ■ ■

Claro que también desconocemos cómo se forma Leonor, y solo podemos especular y fiarnos de datos no contrastados. Se habla de un año en el ejército, otro año en el extranjero… Es norma que las princesas reales no trabajen en empresas privadas, ¿pero y si una de las dos quieres ser abogada, arquitecta o, por qué no, periodista? Su bisabuelo Pablo de Grecia, fue mecánico y trabajó algunos años en una fábrica de automóviles en Inglaterra. Su abuela, la reina Sofía, es enfermera y ejerció como puericultora, como sus tías abuelas Margot y Pilar, que trabajó en el hospital de los Capuchos de Lisboa. Su tía Cristina cursó Ciencias Políticas; Elena, Magisterio; y a Felipe le hicieron unos estudios a medida en diversas facultades y academias militares. Letizia y el abuelo Jesús son periodistas; y la abuela Paloma, también enfermera. ¿Tendría algo de extraño que Sofía se decantara por esta profesión, que aparece con tanta frecuencia en su tronco familiar?

Aunque, para ser sinceros, desconocemos el carácter de Sofía –también el de Leonor– porque solo le hemos oído decir eso de “ojalá que todo pase pronto” en la declaración de las dos hermanas sobre la pandemia. Tiene una belleza moderna, boca grande, diastema entre los incisivos, ojos rasgados, nariz respingona muy poco borbónica, por suerte, y no es aventurado suponer que cristalizará en mujer imponente. Posa con más aplomo que su hermana y es más desenvuelta –supongo que se siente menos presionada– aunque su madre no hace distinción entre las dos y las trata con el mismo cuidado y cariño. Tiene el carisma, la fotogenia y la altura de una modelo, lleva las prendas con mucho estilo, también podría ser actriz, dicen que le apasiona actuar en obras de teatro en la escuela. Cuando está ante los periodistas, baja la vista de forma recatada para ocultar su expresividad, pero a veces podemos sorprenderle una mirada maliciosa y traviesa, y yo auguro que esta Sofía va a ser el verso suelto que da colorido y humaniza a las familias reales.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 29 Oct, 2020 10:14 am

Pilar creo que estaba en una lista de "amigas" del Emérito :mrgreen:

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 29 Oct, 2020 12:20 am



¿Leonor? ¡Nada! ¡No sabemos nada sobre ella! Cumple 15 años el sábado y andamos los periodistas escrudiñando datos sobre la princesa de Asturias, pero nuestro botín es escaso. Un par de fotos al año en la puerta de la escuela, los premios y alguna frase suelta en verano. ¡Qué diferencia de su padre! Asistíamos a sus fiestas de aniversario y de fin de curso, a sus excursiones... Sabíamos que pasaba la edad del pavo, tenía malas notas y debían ponerle profesores particulares. Quería ser un niño como los demás, y se empeñó en ir a merendar al bar del pueblo donde estaba el colegio, hasta que se le hizo ver a la reina que el capricho de su hijo nos costaba muy caro a todos los españoles en servicios de seguridad. Conocíamos el nombre de sus mejores amigos y averiguamos incluso que estaba ‘enamoradillo’ de Viki Carvajal, aunque ese romance adolescente no gustaba a Sofía. Así lo reconoció con tristeza la madre de Viki. “No la han querido porque se enteraron de que iba a estudiar periodismo”.

Cuando Felipe cumplió 15 años, concedió su primera entrevista formal a Pedro J. Ramírez. “¿Novias? Primero tendré que mirar las casas reinantes europeas y relacionarme con las princesas, ¿no?”. A Leonor ya han empezado a adjudicarle príncipes europeos; Christian de Dinamarca, por ejemplo, que también acaba de cumplir 15 años. ¡Hasta la prensa danesa se ha hecho eco! Pero quédese tranquila la princesa de Asturias. Aquí también se soñaba con que Felipe se casara con Tatiana de Liechtenstein, el paraíso de las dentaduras postizas y la comida preparada, ¡la tercera familia real más rica del mundo, según la revista Forbes!, y ya ven que nada salió como estaba previsto, aunque Tatiana vivió una temporada en Madrid para echarle el lazo al príncipe. Aquel mismo día de su cumpleaños, la periodista Pilar Urbano consiguió entrar en la habitación de Felipe, en la que se amontonaban, en confuso revoltijo: “Banderines, colecciones de soldaditos de plomo, mecheros, aviones, una moto enana, un telescopio gigante porque su mayor afición es mirar las estrellas… Un sable de samurái auténtico… Un póster de la llegada del hombre a la luna y una foto dedicada de su padre”. En la puerta del cuarto de baño, un nombre, Balú. El príncipe aclaró con ingenuidad: “Es que ahí duerme mi perro”.

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Pero, de Leonor, ¿qué sabemos? ¿Qué deportes practica? ¿Tiene perro, gato? ¿Va a fiestas de sus amigos? ¿Qué amigos? Me niego a pensar que sus únicas relaciones sean sus padres y su hermana, o que también va vestida así, con esa ropa sin edad, en sus actividades privadas. El príncipe Felipe, a los 15 años, había sufrido la muerte de su abuela en primera persona –pues era el único que estaba con ella en palacio mientras su familia esquiaba en Baqueira–, y asistió en directo al 23-F, ya que su padre quiso que estuviera de pie “para que viva la historia y no tenga que leerla en los libros”. Y debía hacer frente también a una prensa deslenguada: se critica que los que le rodean sean una “endogamia de amigos pijos” (Alfonso Ussía), si hace un solo kilómetro del Camino de Santiago, Rafael Torres escribe un artículo que titula ‘Lo ridículo’, y también se exige que “se informe al día de sus tareas y sus preceptores, no puede estar bajo el cuidado únicamente de su madre, pues no deja de ser el heredero” (José Luis de Vilallonga). ¡Se curte en la crítica desde que era niño, y eso le ha servido para endurecerse! También despierta hilaridad en las tertulias radiofónicas cuando se graba un documental por su cumpleaños en los jardines de Zarzuela y a la pregunta: “¿En qué consiste ser príncipe de Asturias?”, Felipe responde con candidez: “No sé”. De mayor admitirá que “era muy tímido… temía decir algo equivocado”.

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Nadie osa hacer este tipo de comentarios acerca de Leonor. Sus tías Elena y Cristina, a su edad, despertaban nuestras críticas porque se vestían con trajes de su madre retocados por las hermanas Molinero y las peinaba el peluquero de Sofía, hasta que el mismo don Juan Carlos protestó: “Sofi, estas chicas van muy anticuadas… no las vamos a casar nunca”. ¿Y Letizia a los 15 años? También a esa edad se produjo un acontecimiento capital en su vida: a causa del trabajo del padre, la familia abandonó la tranquila ciudad de Oviedo, se fue a vivir a Madrid y Letizia inició sus estudios en el instituto Ramiro de Maeztu. ¿Conoció ya ese año al profesor Alonso Guerrero, que años después sería su marido?

Juan Carlos, el abuelo de Leonor, simultaneaba a los 15 años varias relaciones amorosas en Portugal y en España: María Gabriela, Chantal, Charo, y decía a sus amigos: “No puedo casarme con quien quiera porque un día voy a ser rey, pero, mientras, voy a divertirme cuanto pueda”. Su abuela, Sofía, a esa edad, intercambiaba cartitas de amor con un condiscípulo del duro internado alemán donde cursaba estudios. En el caso de que sobreviva la monarquía, es de prever que Leonor reinará dentro de 30 años, cuando tenga 45, ¿va a ser todo ese tiempo una crisálida envuelta en su capullo, llevando una vida de monja alférez encerrada en palacio, esperando su momento? Al parecer, cuando era más niña y le preguntaban qué iba a ser de mayor, contestaba resignadamente: reina. Sí, ya, está muy bien, pero ¿mientras?

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 22 Oct, 2020 2:47 am



“¡La reina!”, “¿Letizia?”, “¡No, la otra, Sofía!”. La reportera ve bajar del coche a la reina Sofía que se dirige rápidamente al hotel Reconquista. Le tiende su micro y, antes de que un hombre que acompaña a la emérita intente apartarla con un feo gesto, pregunta: “¿Ha tenido contacto con don Juan Carlos?”. Se descompone la mirada de Sofía y se va hacia dentro, pero se le oye exclamar con la arrogancia de cuarenta años en el trono y 17 antepasados reyes: “¡Ay, qué prrreguntas!”.

Y de esos apenas diez segundos es de lo que más se está hablando de la ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias. Y ahora quienes decidieron que Sofía asistiera deben estar mesándose los cabellos y diciendo “por qué, por qué”. La presencia de la reina Sofía estuvo en el aire durante varias semanas.

Sofía y Juan Carlos siguen formando parte de la familia real, mientras los otros parientes son únicamente familia del rey, algo muy distinto. Pero Juan Carlos ya fue apartado del seno familiar, de la institución y hasta del país con el comunicado del 15 de marzo. ¿Qué se fue voluntariamente porque le dio la real gana? Pues si tantos deseos tiene de volver, como dicen algunos, ¿por qué no lo hace? ¡Pues pura y simplemente porque no puede!

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El rey quizás haya cometido irregularidades financieras y su comportamiento no ha sido ejemplar, pero me imagino su desconsuelo, su indignación y su rabia cuando ve que su mujer sigue disfrutando de todo cuanto a él se le ha arrebatado. Su casa, su país, su estatus, la atención de la prensa y, lo que más le duele, el veleidoso corazón de los españoles.

¿Conviene a unos reyes modernos, que quieren optar por un perfil austero y discreto y una forma nueva de entender la monarquía, la presencia de la emérita a su lado? ¿No es un recordatorio de otros modos de reinar, de un pasado que se intenta superar? Muchos dicen que apartar a Sofía resultaría injusto, porque sería hacerle pagar por los presuntos pecados del marido. Pero gracias al marido es reina, si no sería una princesa griega, pobre y exiliada, como su hermana, y no disfrutaría de palacios ni riquezas. Aunque al final se optó porque asistiera a Oviedo de la forma más inocua posible, posando tan solo junto a los reyes y sus hijas en la entrada de los premios, la incomodidad de los cinco era palpable.

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Sofía le dirigió alguna frase a su nieta mayor, que respondió educadamente, aunque en el momento de la foto intentó no rozarla y no hubo interactuación entre los cinco. Y es que la forzada presencia de Sofía enfriaba el ambiente, muy distinto cuando padres e hijas estaban solos, reían, hablaban y ofrecían una imagen de familia unida y compenetrada.

¡Los reyes se esforzaron mucho para que todo saliera bien! Letizia repitió modelo –encima se vistió de un azul del mismo tono de las cortinas, quizá para camuflarse y que Leonor tuviera todo el protagonismo–, el discurso de Felipe fue ajustado al tiempo que vivimos, y las niñas iban adecuadas. Por cierto, se empieza a vislumbrar en el bello rostro adolescente de la princesa de Asturias el perfil borbónico de sus antepasados.

Si hay que poner algún ‘pero’, sería la edad de la persona que redacta los discursos de Leonor, que debe ser el mismo anciano que redactaba los de Felipe cuando era príncipe porque eso de “los jóvenes de mi generación” suena tan apolillado ahora como sonaba entonces. En un plano positivo diré que me ha agradado que cada vez que Leonor ha aludido a “mis padres” no haya añadido esa apostilla tan antigua “los reyes”, como se hacía hasta ahora.

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Pero lo triste es que todos los esfuerzos han servido de poco, porque lo que destaca la prensa –también la internacional– es esa frase de la emérita pronunciada con su fuerte acento prusiano. La reina se expresa muy mal en español. Me contó una ministra que en una ocasión había asistido con ella a un evento y que, cuando había terminado, a pesar de haber aplaudido y reído cuando tocaba, percibió que no se había enterado de nada. Y recordemos a la dependienta que este verano, en Mallorca, sin malicia ninguna contó a los reporteros: “Le hablamos en inglés porque nos dimos cuenta de que le costaba hablar español, no entendía muy bien las explicaciones que le dábamos”.

A la vista de los resultados, es fácil predecir que el año que viene la reina Sofía habrá desaparecido de la foto, como le ha pasado a Paloma Rocasolano, a pesar de que es asturiana y tan abuela como Sofía. Mejor dicho, es una abuela mucho más próxima, pues es una presencia frecuente cerca de sus nietas, mientras Sofía pasa meses enteros sin verlas.

Me figuro a Felipe y Letizia discutiendo en el salón, con los recortes en los que se detalla el incidente de la reportera de La Sexta y la emérita encima de la mesa. Letizia enfadada: “Ya te dije que era mejor que no fuera”. “Pero, cariño, es mi madre, como voy a decirle que no… Siempre ha ido”. Y Letizia, exasperada, poniendo los ojos en blanco y levantando los brazos al cielo, gritando “¿Y QUÉ?”. Ay, qué prrregunta.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por ''MUY GRANDE'' » Jue 15 Oct, 2020 3:22 am

ES LO QUE TIENE TU AMIGA TERESA: UNA GRAN DEUDA DE MILLONES DE EUROS CON HACIENDA, SEGUN LA PAGINA HENTE DE ABC.es.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 15 Oct, 2020 2:45 am



Corría el mes de noviembre pasado cuando me invitaron a Telemadrid para hablar de mi último libro. Me tenía que entrevistar Toñi Moreno, pero, a última hora, se descompuso debido a su embarazo y la tuvo que sustituir Terelu Campos. Por los pasillos de la cadena, estaba Bigote Arrocet, lo saludé desenfadadamente, no me contestó y pensé que no me había visto. Me pareció que Terelu estaba seria, pero lo atribuí a los nervios del estreno. Me senté, Terelu me miró fijamente y, cuando yo iba a arrancar hablando de lo mío, me soltó: “Pilar, estoy muy enfadada”. Si el mundo se hubiera dado la vuelta, no me hubiera sentido más asombrada.

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Me puse a balbucear y ella, a pesar de advertir mi malestar, prosiguió impertérrita: “Siempre nos hemos portado bien contigo... Siempre te hemos cogido el teléfono cuando has llamado... Y mi madre no merece que hayas dicho esa cosa fea de Bigote en tu blog de Lecturas”. Tierra trágame, me quedé de color blanco, ¿a qué cosa fea se refería? ¡Yo solo tenía conciencia de haber alabado sin fin a Teresa, elogios, por cierto, que nunca habían merecido ni un simple gracias! Tartamudeé sin saber qué decir, mi editora hacía gestos de indignación, pero Terelu proseguía en tono gélido, no dirigiéndose a mí, sino mirando a cámara, el foco sobre ella: “Tienes que llamarlos y pedirles perdón”. No sé cómo prosiguió esta conversación, de la que no guardo otro recuerdo que lo mal que lo pasé, lo injusto que me pareció y la promesa que me hice a mí misma de no volver a hablar de la familia hasta el final de los tiempos (hoy es el final de los tiempos). Por cierto, la cosa horrible era que había llamado a Bigote “frescales” y “seductor de barrio”.

“Recuerdo perfectamente ese día, Pilar, fue muy dura contigo”, me dice un amigo de Teresa, cuyo nombre me pide omitir. “Sufrí mucho por ti.... Pero peor lo pasé, y perdóname, en el ‘Sábado Deluxe’ con la entrevista de Jorge Javier Vázquez a María Teresa Campos”. La voz del amigo está impregnada de profunda tristeza. “Esa noche, mientras los veía, me iba encogiendo en el asiento, me iba haciendo cada vez más pequeño y solo retumbaba en mi cabeza una palabra: No, así no”. Sigue: “No sé lo que llegué a pensar, que era una venganza de ella, no sé, nunca había perdido los papeles así, no la reconocía... menos mal que Jorge estuvo muy comedido, si no se hubiera podido liar. ¡Quería morirme!”.

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Le pregunto en quién pensaba: “En sus hijas, en lo mal que lo debían estar pasando... Terelu ha sufrido mucho en la vida, no se lo merece”. Hay quien dice que Carmen es la culpable del deterioro de la imagen de su madre. Mi interlocutor se asombra: “¡No es verdad! Carmen no es ninguna bruja, al contrario, es la más maja, la más cachonda de toda la familia, es una tía normal, sin ningún divismo... No tiene nada que ver con la imagen que da en televisión.... creo que es su programa el que le dice que se ponga borde”. Suspira.

“Las tres se han convertido en un bloque, lo que afecta a una afecta a las tres, lo que hunde a una hunde a las tres ¡Antes no era así, cada una tenía su vida independiente!”. Le pregunto a una de las personas que más la conoce cómo era Teresa en sus días de gloria: “No era malvada ni dañina, tiene buen corazón, aunque es verdad que era muy cambiante, con un punto soberbio... pero también era muy humana. No la he visto nunca despedir a nadie de su equipo. Si tenía que hacerlo por causa mayor, le buscaba un trabajo en otro sitio porque pensaba en su familia...”. Y ahora, ¿la ves cambiada?

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“Vive en su realidad, en un mundo que no es el de verdad porque para no herirla le esconden cosas. Y prefiere no conocer su realidad porque su realidad es que su mundo se ha derrumbado y ha gestionado mal su patrimonio. Su mejor época fue cuando estaba con Félix, reía, estaba alegre...”. ¿Y Bigote? “No me caía mal, pero le ha provocado un profundo sufrimiento y eso ya... Ha perdido seguridad en sí misma, sentido de la realidad. ¡Sus penas de amor la han hecho sufrir a fondo! Y precisamente porque está frágil y vulnerable la sigo queriendo mucho”.

Ay, Teresa, Teresa. He trabajado con ella, muy a gusto y, sobre todo, he escrito mucho sobre ella. Siempre con gran cariño. Voy a enviarle un wasap para avisarle de que la voy a llamar y leo los últimos mensajes guardados: son del 9 de mayo de 2019. Esa semana había comentado aquí: “Creo que Teresa va a tener al fin un programa tan grande como ella se merece”. Y daba como el mes de octubre la fecha más probable para que la ‘querida amiga’ volviera a televisión. Ella, como respuesta, me envió un mensaje muy hiriente. He ‘rebobinado’ los wasaps que hemos ido intercambiando y me he dado cuenta de que casi todos sus mensajes eran riñéndome, como si fuera una párvula, por algún matiz sin importancia de mis artículos, siempre laudatorios hacia ella y sus hijas. Y llevo ese “siempre te hemos cogido el teléfono” clavado en alma. Y no llamé.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 08 Oct, 2020 2:55 am



Es la nueva Letizia! Atrás han quedado las poses deslumbrantes, las actitudes altivas y desafiantes, el glamur de Hollywood, los trajes tan apretados que apenas dejaban caminar, el busto prominente, los tacones vertiginosos, las vacaciones de lujo, las amistades elitistas, el desdén por la prensa… La nueva Letizia ha sido tajante: para el trabajo diario, vestidos de bajo coste y marcas españolas. Para recepciones, reciclar trajes o, simplemente, repetir. Echa mano del zapato plano y las americanas y se aleja de la imagen sorprendente de aquella reina curvilínea y sexy que horrorizaba a unos y encandilaba a otros con un golpe de pestañas (ha prescindido de las pestañas postizas también).

No es la única decisión de Letizia en estos tiempos duros de pandemia: no la vamos a ver en salidas con amigas, ni en viajes secretos a Barcelona, ni hará visitas al cirujano plástico para hacerse refrescadhinas, como decía el añorado Carlos García Calvo, ni siquiera habrá fotos con su hermana, que vive en Madrid y tiene una hija de la edad de las princesas. La bodega real, que, según el primo David Rocasolano, estaba recubierta por arena del océano Índico, hace tiempo que no se enriquece con nuevos vinos. Se va a desmantelar el pabellón de caza del emérito, con más de 500 animales muertos, se va a prescindir de la mitad de los 40 coches de lujo que hay en los garajes de Zarzuela y el servicio, incluidos los 60 chóferes, se ha aligerado considerablemente. “Es el apoyo más firme del rey, y es la que sugiere o apoya estos cambios, porque Felipe ha vivido siempre rodeado de comodidades y no advierte lo anacrónicas que algunas resultan”, me comenta una fuente próxima.

Letizia escoge cuidadosamente las causas en las que implicarse y las estudia a fondo. En su última reunión con la Cruz Roja, un área de trabajo en la que ha sustituido a Sofía, asombró a todos por su buena disposición y lo a fondo que conocía el tema. Además, estuvo muy amable, incluso con los periodistas.

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Su influencia se deja sentir también en las relaciones con su familia política. Después de muchos años de sentirse ninguneada, Letizia ha decidido establecer un efectivo cortafuegos. Con don Juan Carlos no se habla desde el funeral de la infanta Pilar, en el que tuvieron unas palabras algo tirantes y el emérito ni siquiera se despidió de ella cuando se fue a Abu Dabi. Con su cuñada Cristina ha cortado toda relación; en el citado funeral se interpuso entre ella y su marido para que no se saludaran. Tampoco ve a Elena, pero, sin embargo, sí tiene buena relación con Jaime de Marichalar. Se sabe que, en los tiempos duros, el ex duque de Lugo la defendió, y Letizia nunca olvida un agravio ni un favor.

Y la reina… ¡La reina Sofía! Letizia nunca ha entendido el carácter de su suegra, capaz de aguantar humillaciones públicas y privadas sin apear su imperturbable sonrisa. Dicen que, cuando se fue a vivir con el príncipe antes de la boda, se asombró al ver que sus padres hacían vidas separadas y solo se dirigían la palabra en las ceremonias oficiales. Cuando preguntaba, Felipe contestaba, entre triste y molesto: “Yo no sé nada, de eso no hablamos”. Es lógico, pues, que ambas mujeres no tuvieran nada en común desde el principio y apenas se tratasen. Cuando Leonor y Sofía eran pequeñas, la reina se presentó en su casa para verlas, pero la nanny no la dejó pasar porque Letizia había salido y no había dado permiso para que nadie fuera a visitarlas. “Soy su abuela”, protestó Sofía, pero la salus se mantuvo firme: “La señora me ha dicho que nadie”. Cuando se quejó a Letizia, esta fue inflexible. “Perdona, pero será mejor que avises antes de venir”. El resultado fue que la abuela se pasaba meses enteros sin poder besar a sus nietas, como confesó amargamente a un primo alemán: “A mí no me dejan verlas y, sin embargo, la abuela Paloma está siempre metida en su casa”.

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Cada vez más apartada y con menos presencia pública, la reina Sofia va a tener que renunciar a la que, para ella, durante cuarenta años, ha sido la ceremonia más entrañable, la más emblemática, ¡la entrega de los premios Princesa de Asturias! Ahí su hijo adorado pronunció su primer discurso, ahí ella y su marido eran aclamados hasta la extenuación y se convertían, cada año, en la pareja más icónica y querida de la realeza europea. Pero esa época se ha acabado, el tiempo de Sofía ha caducado, ¡y no va a ir a Oviedo! ¡Por primera vez en 40 años! Casa Real lo justifica por la covid-19, ya que va a ser una celebración íntima, ¿pero no estará tampoco la otra abuela, la asturiana Paloma Rocasolano? La ceremonia, el 16 de octubre, se celebrará a las seis y media en el hotel Reconquista y no en el habitual teatro Campoamor. Leonor, como el año pasado, leerá un discurso, que lleva meses preparándose. ¿Se habilitará otro salón del mismo hotel dotado con pantallas gigantes para seguir la ceremonia? ¿O las abuelas la verán por televisión, como todos nosotros? Ay, tristes días para Sofía. Juan Carlos exiliado en el Golfo Pérsico, y ella exiliada poco a poco del corazón de todos los españoles

Re: Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Maritxu » Jue 01 Oct, 2020 12:08 pm

¿Pero esta señora no estaba en un lista de posibles amigas del Emérito?
Cuántas tonterías dice...

Re: Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Assia » Jue 01 Oct, 2020 5:46 am

'' NO ES POR MALDAD,'' NO HE LEIDO TU ARTICULO PARA SABER QUE MIENTES. LA EMERITA NUNCA FUE NOVIA DEL REY DE NORUEGA. TODO FUE 1 AREGLO ENTRE LA REINA FEDERICA, MADRE DE LA EMERITA Y EL PADRE DEL ACTUAL REY DE NORUEGA. LA BODA NO SE CELEBRO PORQUE EL PARLAMENTO NORUEGO PIDIO 1 GRAN DOTE AL PARLAMENTO GRIEGO Y EL PARLAMENTO GRIEGO SE NEGO A PAGAR ESA DOTE. LA UNICA QUE SE TOMO EN SERIO ESE PRESUNTO NOVIAZJO FUE SONIA QUE COMO TU DICES TRATO DE SUICIDARSE NO 1 VEZ, MAS DE 1 VEZ, PERO CON PREVIO AVISO PARA QUE LE SALVARAN LA VIDA.

Aguas turbulentas - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 01 Oct, 2020 2:45 am



Pilar Eyre, al hablar de "la segunda esposa" del rey emérito en TVE: "¿Nos cerrarán el programa?"

El programa La Pr1mera Pregunta de TVE, presentado por Lluís Guilera, debutó este sábado con una entrevista a Plácido Domingo en la que se defendió de las acusaciones de acoso, otra a Mónica Naranjo en la que defendió a Miguel Bosé, y la colaboración de la escritora y periodista Pilar Eyre, especializada en Casa Real, que sorprendió hablando del Rey emérito Juan Carlos I.

Pilar Eyre dejaba boquiabierto al conductor del nuevo espacio de la Corporación de RTVE con las anécdotas sobre la Familia Real.

Guilera preguntó de forma inocente a Eyre por la pulsera que llevaba puesta, lejos de saber que estaba ligada a una anécdota incómoda sobre el Rey y Corinna Zu Sayn Wittgenstein.

"Es la primera vez que cuento esto, eh. En un viaje que hice a Abu Dabi en el año 2012, fui al joyero con mi hermana y con mi hijo. Y el joyero me dijo: '¿Sabes que el Rey cuando está aquí compra joyas, le enviamos obsequios, cosas para sus hijos, para su mujer, para sus amigos?'. Y yo digo, 'ah, bueno sí'. Y me dice: 'Una pulsera como ésta, por ejemplo, hace poco la ha comprado'. Y le digo, 'ah, para su mujer'. Y me dice: 'Sí, para su segunda esposa", reveló Eyre.

"Tachán", intentó zanjar la historia Eyre mientras Guilera se sorprendía aún más.

Corinna, ¿Segunda esposa de Juan Carlos I?

"¿Segunda esposa?", prosiguió la historia la periodista. "Y me dijo: 'Sí, estuvieron aquí en el Gran Premio de Fórmula Uno y es una señora alemana'. Claro, en aquellos países donde existe la poligamia, aquello de la segunda esposa no es nada. Y claro, se trataba de la princesa Corinna".

"¿Nos cerrarán el programa?"

Tras un incómodo silencio, Eyre preguntó al presentador: "¿Qué te parece?, ¿Nos cerrarán el programa o qué?"

Guilera tosió mientras la periodista le hacía esta pregunta pero rápidamente contestaba que no y seguía con la escaleta. Eyre también aseguró que a su juicio, Juan Carlos I no regresará nunca más a España, y contó otros encuentros del emérito con Corinna, incluyendo uno en un hospital de catalán en el que casi se encuentra con la emérita Sofía.

NO ES POR MALDAD - Pilar Eyre

Mensaje por Invitado » Jue 01 Oct, 2020 2:44 am



Los únicos dos amores que Sofía ha tenido en su vida están enfermos. Muy enfermos. Juan Carlos de Borbón y Harald de Noruega. Aunque Juan Carlos sigue lúcido de mente como un chaval de 20 años, está mal de salud y ha tenido que pasar por el quirófano, una intervención leve para arreglar una operación anterior. Y Harald, el rey de Noruega, según dicen, se encamina serenamente hacia su final aquejado de diversas dolencias. ¿Cómo se lo estará tomando la reina española? ¿Sufrirá, rezará por ellos? ¿Por el que sigue siendo su marido y por el que fue su novio?

Porque Harald y Sofía llegaron a ser novios y estuvieron a punto de casarse, por mucho que la propia reina lo niegue a Pilar Urbano: “Casi no lo conocía, fue un invento de la prensa”. Pues no, fue un noviazgo en toda regla que, sin embargo, le dejó un regusto tan amargo que ha optado incluso por mentir sobre ese episodio de su vida. En 1960, Harald, el heredero de la corona noruega, era llamado ‘el jeque blanco’ por su inmensa fortuna, ya que poseía los yacimientos de petróleo más grandes de Europa. Era guapo como el dios Tor, aunque, según el historiador Juan Balansó, que lo trató mucho, “era bobo, insípido, poco ingenioso y aburría a las ovejas”.

La ambiciosa reina Federica de Grecia, la madre de la ‘basilissa’ (‘la que reina’, en griego) Sofía, puso sus ojos en él y envió a su hija a las regatas de Hankoe, en Noruega, acompañada de su prima Tatiana, sabiendo que Harald era uno de los participantes. Con el resultado de que tanto Sofía como Tatiana se enamoraron del príncipe noruego ¡y estuvieron años sin hablarse! ¡La única vez que ambas primas estuvieron enfadadas! Harald y Sofía fueron fotografiados juntos a bordo de un velero, comiendo en el Yatching Club... La prensa griega, adiestrada por Federica, publicó en grandes titulares “¡Nuestra ‘basilissa’ será la reina de Noruega!”.

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Pero los periódicos noruegos guardaban silencio y Federica desenfundó su gran arma de seducción: invitó al príncipe con su padre, el rey Olav, a pasar un mes en la idílica isla de Corfú, el lugar ideal para enamorarse. Cielos estrellados, criados vestidos a la griega, románticos conciertos de guitarras, el licor de quinotos... La pareja se perdía en los bosques donde jugaban las ninfas y todo era verano. Federica iba ya a anunciar el noviazgo cuando el palacio real de Oslo le recomendó prudencia. La reina se enfadó, preguntó qué obstáculos había y el rey Olav le respondió con brutalidad que la monarquía griega era demasiado pobre, porque el parlamento solo dotaría con cuatro millones de dracmas a su ‘basilissa’. Sin embargo, el auténtico obstáculo para esta boda no era el dinero, sino que Harald estaba enamorado de una modistilla llamada Sonia Haraldsen, que cada vez que el príncipe aparecía en una foto con una princesa europea ¡intentaba suicidarse!

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Hasta siete veces tuvo que llevarla Harald al hospital: cuando el príncipe estuvo en Corfú, Sonia se tomó un tubo entero de pastillas y tuvieron que hacerle un lavado de estómago in extremis. Harald, que era considerado un atleta sexual, tenía relaciones a la vez con una azafata en un piso de las afueras de Oslo, ¡pues allí se presentó Sonia y le dio con el bolso en la cabeza a la azafata, que tuvo que ser hospitalizada con una conmoción cerebral! Todas estas aventuras, que parecen de película, eran puntualmente reseñadas con gran jolgorio en la prensa noruega, la más libre de su época.

Pero Federica no cejaba en su empeño y obligaba a Sofía a acudir a las ceremonias en las que sabía que estaba Harald: la puesta de largo de los nietos de los reyes de Suecia, la boda del duque de Kent... En el banquete en Londres, sentaron juntos a Harald y Sofía, a los que todos consideraban novios, y Federica filtró que en el hotel Savoy reunirían a la prensa para comunicar la fecha de sus futuros esponsales. Pero esa misma noche se presentó Sonia en Inglaterra, se echó a los pies de Harald y le dijo que si no se casaba con ella lo mataría y se mataría después. El impresionable príncipe, conmovido, llamó a su padre, le dijo que no pensaba abandonar a esa mujer que tanto lo amaba y que se lo comunicara a la reina de Grecia. A regañadientes, Federica no tuvo más remedio que darse por vencida.

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En la abadía de York Minster, donde se celebró la boda de los Kent, Harald ya no se atrevió a sentarse en su lugar asignado al lado de Sofía, que se sintió humillada a ojos de todos los invitados... Avergonzada, bajaba los párpados, se abanicaba con el libro de cantos... Hasta que un chico larguirucho medio rubio, le dijo: “Sofi, ¿puedo?”, y sin esperar respuesta se sentó a su lado. En el silencio de la inmensa catedral pudo oírse la voz bronca de Federica dirigirse a Juan de Borbón, el padre del chico alto y rubio: “Este verano podríais venir toda la familia a pasar unos días a Corfú...”. Pobre Sofía, solo dos amores, y ambos desdichados.

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