¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

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¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 14 Oct, 2018 5:32 pm

Estudio de mercado de la oferta masculina

¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Jue 07 Jun, 2018 6:28 pm

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Sophia Hadjipanteli, la modelo con entrecejo que ha revolucionado la moda

La maniquí, de origen griego, defiende su particular estilo luciendo cejas anchas y unidas. Sophia Hadjipanteli ha llegado a ser tachada de 'repugnante' en su propia cuenta de Instagram.

Sophia Hadjipanteli (21 años), modelo, griega y creadora del movimiento uniceja #UnibrowMovement. Lejos de lo que pudiera parecer, la joven es una de las caras más cotizadas del sector moda y además cuenta con un importante respaldo mediático. No es ningún secreto si afirmamos que su inspiración proviene del universo Frida Kahlo. Más allá de admirar y seguir la doctrina estética de la artista mexicana, la modelo pretende romper con los cánones de belleza establecidos en el universo de la posverdad, las redes sociales y el mundo it-boy, it-girl.

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"Creo que la belleza en sí misma es grandiosa porque es muy subjetiva en todas las culturas, pero también creo que hay una gran comunidad que avergüenza a la gente por ciertos tipos de belleza y creo que eso está mal", declaró en una entrevista exclusiva para la revista VICE. Desde que decidiese llevar sus características cejas, Sophia ha tenido que soportar no solo los ataques de quienes la señalan como una usurpadora cultural por su evidente inspiración en Frida sino también insultos como "antihigiénica" y "repugnante".

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Nacida del matrimonio entre un griego y una británica, Sophia creció y vivió su adolescencia en Maryland, donde ella misma ha confesado haber sufridio bullying. En estos días, Hadjipanteli se encuentra en el top de la moda, ha colaborado con firmas como Gucci y ha posado para el objetivo de los fotógrafos de Vogue Italia. Su mejor plataforma es su cuenta de Instagram, donde ya supera los 183.000 seguidores entre los que encuentra admiradores y detractores, a partes iguales.

"Como hija de un fotógrafo, definitivamente aprendí mucho sobre cámaras. Puede sorprender, considerando cuántas fotos mías publico aquí, pero prefiero estar detrás del objetivo que frente a él", confesó en una de sus publicaciones de Instagram. Sea como fuere, no parece sentirse incómoda frente a los focos. Posa, se luce y vive de su controvertida imagen, que la desmarca del grupo y la postula como una de las modelos más reclamadas en el presente y el futuro del sector de la moda.

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¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 30 Jul, 2017 4:33 pm

Dennis Prager tranquiliza a la mujeres sobre los peligros del verano

¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 11 Dic, 2016 4:45 pm

ay po favó, que jartá a reir :juas: :juas: :juas: la gente está fatal :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:

¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 11 Dic, 2016 3:23 pm

La mala educación hecha mujer :shock:

Mensaje por Invitado » Vie 07 Ago, 2015 4:46 pm



¿Ayudan los coches caros a ligar?

Mensaje por Pochola y Borja » Dom 31 May, 2015 2:25 am

Mensaje por Invitado » Dom 31 May, 2015 2:22 am



Love and Basketball proposal 2015 - Superman Johnson vs Breyschoice

Mensaje por hacer el ridi » Dom 26 Abr, 2015 3:39 am



¿Qué harías si volvieras a encontrarte con el amor de tu vida?

Mensaje por Invitado » Mar 10 Feb, 2015 12:29 am



8 cosas que NO hacer con la chica que te gusta

Mensaje por De senectute » Mar 06 Ene, 2015 3:29 pm

Buenoooooo, el marías se nos ha hecho mayor...


Patente de corso


Mujeres como las de antes

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal - 22/7/2007


Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes. Ni en el cine, ni fuera de él. Y me refiero a mujeres de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Mujeres de bandera. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel Palace, donde en el vestíbulo vemos a una torda espectacular. «Aunque ordinaria», opina Javier. «Creo que no lo sabe», apunto yo. Seguimos conversando carrera de San Jerónimo arriba, en dirección a la puerta del Sol. Es una noche madrileña animada, cálida y agradable, que nos suministra abundante material para observación y glosa. Yo me muevo, fiel a mis mitos, en un registro que va de Ava Gardner y Debra Paget a Kim Novak, pasando por la Silvana Mangano de Arroz amargo; y Javier añade los nombres de Donna Reed, Rhonda Fleming, Jane Rusell y Angie Dickinson, que apruebo con entusiasmo. Coincidimos además en dos señoras de belleza abrumadora, aunque opuesta: Sophia Loren y Grace Kelly. Al referirnos a la primera, Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo -no de nuestro género, imbéciles- que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada; creyendo, las infelices, que nuestro «por allí resopla» va con ellas. Respecto a Grace Kelly, dicho sea de paso, me anoto un punto con el rey de Redonda -me encanta madrugarle en materia cinéfila, pues no ocurre casi nunca-, porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido dar la vida por ser el señor Grant.

Pero no sólo era el cine, concluimos, sino la vida real. Los dos somos veteranos del año 51 y tenemos, cine aparte, recuerdos personales que aplicar al asunto: madres, tías, primas mayores, vecinas. Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, comenta Javier con sonrisa nostálgica. Esas siluetas, añado yo, gloriosas e inconfundibles: cintura ceñida, curva de caderas y falda de tubo ajustada hasta las rodillas. Etcétera. No era casual, concluimos, que en las fotos familiares nuestras madres parezcan estrellas de cine; o que tal vez fuesen las estrellas de cine las que se parecían muchísimo a ellas. Hasta las niñas, en el recreo, se recogían con una mano la falda del babi y procuraban caminar como las mujeres mayores, con suave contoneo condicionado por la sabia combinación de tacones, falda que obligaba a moverse de un modo determinado, caderas en las que nunca se ponía el sol y garbo propio de hembras de gloriosa casta. En aquel tiempo, las mujeres se movían como en el cine y como señoras porque iban al cine y porque, además, eran señoras.

Con esa charla hemos llegado a la calle Mayor, donde se divisa por la proa un ejemplo rotundo de cuanto hemos dicho. Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip, yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente -¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo. Nos paramos a mirarla mientras se aleja, moviendo desolados la cabeza. Quod erat demostrandum, le digo al de Redonda para probarle que yo también tengo mis clásicos. Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. Y es que han perdido la costumbre, colega. Vestirse como una señora, con tacón alto y el garbo adecuado, no se improvisa, ni se consigue entrando en una zapatería buena y en una tienda de ropa cara. No se pasa así como así de sentarse despatarrada, el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo a unos zapatos de Manolo Blahnik y un vestido de Chanel o de Versace. Puede ocurrir como con ese chiste del caballero que ve a una señora bellísima y muy bien puesta, sentada en una cafetería. «Es usted -le dice- la mujer más hermosa y elegante que he visto en mi vida. Me fascinan esos ojos, esa boca, esa forma de vestir. La amo, se lo juro. Pero respóndame, por favor. Dígame algo.» Y la otra contesta: «¿Pa qué?... ¿Pa cagarla?».

Mensaje por Invitado » Mar 06 Ene, 2015 2:44 am

Las mujeres son más jóvenes

Por casualidad las oí disfrutar con las amigas, compartir diversión y charla, con una especie de juvenilismo natural, no forzado ni impostado, irreductible

Javier Marías


Es tanta la gente que hoy va por la calle con los oídos tapados por ­auriculares o por la voz que les chilla desde su móvil, que se pierden una de las cosas que a mí siempre me han gustado: frases sueltas o retazos mínimos de conversaciones que uno escucha involuntariamente a su paso. Si uno no pega el oído a propósito ni acompasa su andar al de los transeúntes locuaces –y eso no me parece bien hacerlo: es cotilleo–, le llega en verdad muy poco: en un diálogo escrito daría tan sólo para dos o tres líneas. Para alguien dado a imaginar tonterías, resulta sin embargo suficiente para hacerse una composición de lugar de la relación entre los hablantes, o figurarse un esbozo de cuento o historia. Hace unos días, al subir por Postigo de San Martín, oí una de esas ráfagas voladoras que me hizo sonreír y se me quedó en la cabeza. Pasé junto a tres mujeres que quizá estaban ya despidiéndose, paradas junto a una chocolatería, si mal no recuerdo. Eran de mediana edad, sin duda habían dejado atrás los cincuenta, aunque no me dio tiempo a reparar en su aspecto. Reían con ganas, se las notaba de excelente humor y contentas. Una de ellas dijo: “Qué bien estamos las mujeres”. Otra contestó rápida: “Ay, y que lo digas”. Y la tercera apostilló: “Y nos lo pasamos genial”. Yo continué mi marcha, eso fue todo. Pero capté bien el tono, y no era voluntarioso, sino ufano; no era que trataran de convencerse de lo que decían, sino que estaban plenamente convencidas y lo celebraban, como si pusieran una rúbrica verbal a lo bien que se lo habían pasado el rato que habían permanecido juntas. No sé muy bien por qué, me animaron y me hicieron gracia.

Sería difícil escuchar estos tres mismos comentarios en boca de hombres, y aún más en varones de edad parecida. Sería raro que se ensalzaran en tanto que sexo (“Qué bien estamos los hombres”), incluso que se rieran tan abiertamente y tan de buena gana como aquellas tres señoras simpáticas y tan conscientes de su enorme suerte. La suerte de disfrutar con las amigas, de compartir diversión y charla, con una especie de juvenilismo natural, no forzado ni impostado, irreductible. Llevo toda la vida observando que no hay demasiadas mujeres amargadas ni excesivamente melancólicas. Claro que las hay odiosas, y en la política abundan. Las hay que se esfuerzan por perder todo vestigio de humor y mostrarse duras; las hay de colmillo retorcido, venenosas y malvadas (legión las televisivas); tiránicas o brutas, zafias o de una antipatía que hiela la sangre; también las hay insoportablemente lánguidas, que han optado por andar por la vida como sufrientes heroínas románticas. Lejos de mi intención hacer una loa indiscriminada y aduladora, las hay de una crueldad extrema y las hay tan idiotas como el varón más imbécil. Pero, con todo, y pese a que hoy tiende a proliferar el tipo serio y severo, la mayoría posee un buen carácter, cuando no uno risueño. Cada vez que veo a matrimonios de cierta edad, pienso que más valdrá que muera antes el marido, porque conozco a bastantes viudos desolados y que no levantan cabeza nunca, que se apean del mundo y se descuidan y abotargan, que pierden la curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo, que se convierten sólo en eso, en “pobres viudos” desganados y desconcertados. Y en cambio casi nunca he visto a sus equivalentes en mujeres. Apenas si hay “pobres viudas”, es decir, señoras o incluso ancianas que decidan recluirse, que no superen la pena, que pasen a un estado cuasi vegetativo, de pasividad e indiferencia. Por mucho que les duela la pérdida, suelen disponer de mayores recursos vitales, mayor resistencia, mayor capacidad para sobreponerse y encontrarle alicientes nuevos a la existencia.

De todos es sabido que las mujeres leen más, desde hace muchos años; pero también van más al cine, al teatro, a los conciertos y exposiciones, y las conferencias están llenas de ellas. Salen a pasear, a curiosear, quedan con sus amigas y viajan con ellas. He conocido a varias mujeres que ya habían cumplido los noventa (recuerdo sobre todo a María Rosa Alonso, estudiosa canaria amiga de mis padres, que aún me escribía con letra firme y mente clara e inquieta a los cien años) y se quejaban de que les faltaba tiempo para todo lo que querían hacer, o estudiar, o averiguar. Hablaban con la misma impaciencia por aumentar sus conocimientos que se percibe en los jóvenes despiertos, mantenían intactos su entusiasmo, su sentido del humor, su capacidad de indignación ante lo que encontraban injusto, su calidez, su risa pronta, su afectuosidad sin cursilería. Las mujeres han sido siempre en gran medida el elemento civilizatorio, las que han hecho la vida más alegre y más amable, y también más cariñosa, y también más compasiva. No hace falta recordar que son las que educan a todo el mundo en primera instancia y las que atienden y ayudan más a las personas cuando su final está cerca. En esas mujeres generosas (las hay que no lo son en absoluto), la generosidad no tiene límites. Pero, por encima de todo, mantienen en gran medida la juventud a la que muchos varones renunciamos en cuanto la edad nos lo reclama. Somos pocos los que no tenemos plena conciencia de los años que vamos cumpliendo, para atenernos a ellos. A numerosas mujeres les trae eso sin cuidado, para su suerte: están tan poseídas por sus energías de antaño que no hay manera de que las abandonen. “Y nos lo pasamos genial”. Cuán duradera es ya la sonrisa que me provocó esa frase celebratoria que cacé al vuelo.

q difisi ser mujer

Mensaje por Invitado » Vie 07 Nov, 2014 11:05 pm

Mensaje por Invitado » Vie 07 Nov, 2014 6:55 pm

Desde el consultorio de Elena Francis, consejos para la mujer sumisa hasta hoy no hemos cambiado tanto. Bueno, un poquito, resulta que ahora tenemos que saber escupir por el coño


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De Franco a Superpop, enseñando a ser mujer por los siglos de los siglos

‘Complace al hombre, vive por y para sus necesidades, porque sólo así lograrás cazar uno y conservarlo. Ese es tu objetivo vital. Lo necesitas’. Desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días éste ha sido el mensaje de las revistas femeninas españolas. Basta echar un simple vistazo a las viejas páginas de Sección Femenina (revista para mujeres de la dictadura de Franco) y otro a las de Cosmopolitan o Superpop para ver con claridad cómo las ideas siguen siendo las mismas: consejos que alimentan estereotipos de género desiguales y que, de manera intencionada o sin intención, contribuyen a invisibilizar la violencia de género.

Miriam Lucas Arranz y Cristina E. Lozano



Desde que nacemos, las mujeres recibimos pautas sobre cómo comportarnos, qué juguetes elegir, cómo ser dulces y educadas, cómo no ser marimachos o bastas, etc. Nos enseñan a ser NIÑAS. Esos mensajes son más o menos implícitos hasta llegar a la adolescencia, momento en que se tornan absolutamente explícitos. En las revistas femeninas españolas de más tirada se observa este fenómeno con alarmante claridad.

Al llegar la pubertad, la mujer empieza a ser abiertamente entrenada para gustar y ser amada de acuerdo a la heteronormativa. Pero sobre todo, recibe instrucciones y trucos para saber cómo cazar a un hombre y conservarlo porque, como se decía en Sección Femenina, “la vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular– no es más que un interno deseo de encontrar a quién someterse. La dependencia voluntaria, la ofrenda de todos los minutos, de todos los deseos y las ilusiones, es el estado más hermoso”. Esto se publicó en 1944, hace 70 años. Desde entonces los tiempos han cambiado y los mensajes de las revistas también, ¿o no?


    Superpop: “A los chicos no les gustan las chicas que montan escenitas. Les molan las chicas más bien tímidas, que sepan defender sus objetivos pero no aquellas que siempre se están quejando por todo y que les van las discusiones”.

Aunque las revistas más actuales han perdido ese cariz de obligatoriedad que se percibe en las viejas publicaciones, bajo la apariencia de consejos se sigue instruyendo a la mujer sobre cómo debe comportarse para conseguir un hombre, y se la anima a hacer méritos constantes para que él la quiera y desee estar a su lado por siempre jamás. Si bien no es malo querer gustar, hay varias razones por las que este bombardeo de mensajes resulta perjudicial para la mujer.

En primer lugar, las necesidades e intereses de ella siempre quedan relegados a un segundo plano. Nunca se pone el foco en el bienestar de ella, tan sólo en el bienestar de ÉL. Parece que no importa cómo te sientas haciendo esto o aquello si es lo que tienes que hacer para gustarle. Esta tendencia contribuye a perpetuar los estereotipos de género más dañinos y a invisibilizar la violencia de género.

Se les dice a las adolescentes que es normal que su chico se enfade si no le priorizan ante cualquier otra cosa (“no le dejes de lado en el móvil. Si te ha llamado o escrito será porque quiere hablar contigo. No des más prioridad al resto de mensajes que al suyo”, recomienda Cosmopolitan), que es algo natural que ellos sean celosos (“ellos pueden ser celosos pero tú no. Es injusto pero el amor está lleno de pequeñas injusticias”, en Superpop nº 465), y que procures no mostrar nunca enfado (“¿Cuentas mentalmente eso de ’1, 2, 3, 4, 5…, yo me calmaré y todos los veréis’ antes de montar un pollo? Pues genial, porque a los chicos no les gustan las chicas que montan escenitas. Les molan las chicas más bien tímidas, que sepan defender sus objetivos pero no aquellas que siempre se están quejando por todo y que les van las discusiones”, en Superpop). Si una joven normaliza estos consejos, es más que esperable que al sufrir violencia de género haga recaer en ella la culpa y responsabilidad de esa violencia.

Hasta aquí mal, pero desgraciadamente hay textos mucho más graves que éstos. “Tus líos y contradicciones mentales” es el título del epígrafe “si quieres hacerlo tuyo, ¡ataca!”, un contenido que incluye el libro Love de Superpop. “Ellos no soportan que nos lancemos a sus brazos y minutos más tarde les digamos como monjas arrepentidas que no podemos seguir adelante, que va contra nuestros principios morrearnos cuando en realidad lo que pasa es que estamos muertas de miedo. Si no estás segura, espera, no te lances, pero cuando te decidas, no te eches atrás”, sentencia esta publicación. Este mensaje culpabiliza a niñas adolescentes de tener líos y contradicciones mentales cuando es lo natural a su edad y, lo que es peor, les dice que una vez que empiecen algo no tienen derecho a parar. Este párrafo lo deja claro: complacerle a él está por encima de cualquier duda o contradicción mental que pueda tener ella. ¿No suena demasiado a la violó pero es que ella le seguía el juego?

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FEMENINA EN TODO MOMENTO

Podrían decirlo más alto pero no más claro. Entre las reglas de oro de Superpop para seducirle se encuentran entre otras “ser positiva, saber sonreír, ser sincera y espontánea, ser femenina al máximo en todo momento, lugar y circunstancia, hacerle reír, ser atrevida y apostar fuerte cuando se debe hacer y mostrar independencia”. Eso sí, después de dar más de 20 pautas de conducta se lanza un “ante todo sé tú misma”. ¿Cómo va a ser una adolescente ella misma después de recibir 80.000 instrucciones para convertirla en otra persona?

Peor aún. “Ser femenina al máximo en todo momento, lugar y circunstancia” entra en conflicto directo con cualquier posibilidad de defensa de los derechos de la mujer. Con demasiada frecuencia en caso de agresión sexual se acusa a la víctima de no haber respondido contundentemente, de no haberse negado con más fuerza, de no haber demostrado suficiente lucha u oposición. Pero si a la mujer se la educa para “ser femenina al máximo en todo momento, lugar y circunstancia”, ¿cómo puede mostrarse contundentemente agresiva y luchar?


    Superpop: “Sé comprensiva con todo el mundo y, sobre todo con ÉL. No juzgues, no critiques, no rechaces a cuantos no actúan como tú. Serás más bella”.

La amabilidad y la dulzura deben ser cualidades inherentes a la mujer. “Una sonrisa a tiempo es un corazón tocado. Sé supersimpática con todo el mundo, no sólo con él, gánate a sus amigos, a su gente, a los camareros y camareras de los locales que frecuentáis. Derrocha simpatía, pues es muy sexy y puede con todo. Sé comprensiva con todo el mundo y, sobre todo con ÉL -’él’ viene escrito en mayúsculas-. No juzgues, no critiques, no rechaces a cuantos no actúan como tú. Serás más bella”, explica la misma revista.

¿No juzgues? ¿Sé comprensiva con todo el mundo? ¿Qué tiene que ver la comprensión y los juicios con la belleza? Una mujer tendrá que juzgar y valorar si las personas a su alrededor la hacen feliz, si la tratan con respeto y si merece la pena tenerlas en su vida. No obstante, desde mediados del siglo XX las revistas femeninas animan a comprender al hombre. Entre el discurso falangista (“Ponte en sus zapatos. No te quejes si llega tarde, si va a divertirse sin ti o si no llega en toda la noche. Trata de entender su mundo de compromisos, de presión, y su verdadera necesidad de estar relajado en casa”) y el de Superpop (“No rompas ese momento de misterio con la típica preguntita ¿en qué piensas? Si tu chico se queda colgado en las musarañas déjalo disfrutar del cuelgue. Lo más probable es que esté pensando en el final de la liga, en las caderas de Pamela Anderson o en el maldito examen de química, así que no vale la pena agobiarlo ni ponerte pesada”) han pasado muchos lustros pero en esencia refuerzan la misma idea: mujer, no molestes a tu hombre con tus tonterías.

Es curioso, a la vez que desgraciadamente previsible, comprobar que no existe un equivalente masculino a este tipo de publicaciones. Las revistas masculinas están mucho más enfocadas a su ocio y disfrute en cualquiera de sus formas. Así, mientras a ellas se las insta a detectar y cubrir cualquier mínima necesidad de él sin dejar de estar siempre divinas de la muerte, a ellos se les dice que somos sumisas, estamos disponibles y necesitamos desesperadamente un macho que nos arregle la vida. “Dile algo ingenioso (…), lo más normal es que sonría. Lo más normal es que si está soltera y ha sonreído quiera ligar contigo”, explica un artículo jocoso de Revista GQ, mientras Superpop insiste en que “la sonrisa es algo que valoran mucho los chicos. Enséñale que eres una persona alegre, activa y con muy buen rollo. ¡Serás irresistible para él!”.

En este ejemplo, como en muchos otros, los roles de género son claros y se complementan a la perfección para cumplir su objetivo: mantener en funcionamiento el complejo engranaje del heteropatriarcado sin importar que por el camino se genere discriminación, diferencia de oportunidades o violencia de género.


EL SEXO POR Y PARA ÉL

“Si tu marido sugiere la unión accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es siempre más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes”, decía Sección Femenina en 1958. En 2014 estas palabras son muy políticamente incorrectas pero se sigue transmitiendo el mismo mensaje: la mujer tiene que complacer al hombre por encima de todas las cosas hasta el punto de sugerir que si él se marcha será culpa tuya por no haberlo cuidado bien (popularmente ha tenido que buscar fuera porque no lo tenía en casa).

“Tú necesitas aprender cómo hacerle el amor de forma salvaje y apasionadamente a tu hombre para así mantenerlo siempre interesado en ti. El sexo es una parte muy importante en una relación. Esto es lo que te separa de ser tan sólo una amiga más de tu pareja”, apremia Cosmopolitan TV.


    Cosmopolitan TV: “La postura del perrito es algo que anhela todo hombre. Haz esto y le darás una imagen que no se le olvidará tan rápido”.

En el artículo Consejos sexuales que toda mujer debe dominar en la cama (para complacerle a él, no para obtener una vida sexual plena como mujer) enfatiza la importancia del sexo oral para él antes del coito, utilizar un lenguaje “caliente” y el deber de que la mujer llegue a la cima porque él desea llegar y que todo funcione muy bien.

Asimismo, ofrece consejos de posturas sexuales siempre dirigidas a él, sin ni siquiera mencionar el placer femenino. “La mayoría de mujeres no utiliza la posición del perrito con la frecuencia que deberían y es una lástima. Esta posición es muy excitante y es algo que anhela todo hombre. Haz esto y le darás una imagen que no se le olvidará tan rápido, debido a los efectos visuales excitantes que esta posición ofrece” dice el texto. En estas relaciones no se tienen en cuenta los intereses de la mujer, no se la concibe como una igual en la relación sexual, sino que esta constituye un complemento para que el hombre obtenga un máximo disfrute.


LA MUJER, UN COMPLEMENTO ÚTIL

“La misión de la mujer es servir. Cuando Dios hizo al primer hombre pensó: no es bueno que el hombre esté solo. Y formó a la mujer, para su ayuda y compañía, y para que sirviera de madre. Pensó en la mujer como un complemento necesario, esto es, como algo útil”, explicaba Sección Femenina en la década de los sesenta.

De esta misma fuente se extrae la idea que las mujeres carecen de “talento creador”. “Las mujeres nunca descubren nada, les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho”, dijo Pilar Primo de Rivera en 1942. Parece increíble que esta opinión fuera expresada tan abiertamente, ¿verdad? Pues el mensaje se ha mantenido hasta nuestros días aunque dicho de forma más sutil.

“Haz que siempre sea él el que tenga las ideas geniales (aunque te repita algo que tú le hayas sugerido dos días antes). Las frases tipo ¡pero eso ya lo había dicho yo! O ¡tú cállate y déjame hacer a mí! le darán ganas de estrangularte. En cambio, decirle algo así como no sé qué haría sin ti o nunca se me habría ocurrido lo harán totalmente feliz”, publicó Superpop nº 465 casi 60 años después en Enamóralo para siempre.

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Pero que no cunda el pánico, porque nuestra supuesta falta de “talento creador” es algo que resulta sexy. “Lees un mapa y no te enteras de nada. Suena a tópico, pero les encanta porque, además de resultarles gracioso, les da la oportunidad de lucirse ellos” o “te resbalas en la calle, te caes de bruces en el suelo y sales de la situación con unas risas, el sentido del humor les resulta realmente sexy”, son actitudes que se anima a poner en práctica desde Centro Mujer, una página web que va dirigida exclusivamente a ellas.


SER INÚTIL COMO TÉCNICA DE CONQUISTA

Desde algunas tribunas se sugiere que hacerse la inútil es una eficaz técnica de conquista. “En lugar de tratarlo como a tu mayordomo particular utiliza la táctica ‘patosilla’: ¡Ay Javi, soy una inútil, me he dejado el monedero en casa! (…) Javi eres un genio, si pudiera estudiar con tus apuntes de mates seguro que aprobaría”, dice la Superpop nº 465.

Mensajes como “muchas veces infravaloramos la importancia de preguntarle qué tal le ha ido en el trabajo. Aunque sea algo rutinario, él sentirá que te preocupas por cada minuto de su día” (Cosmopolitan) recuerdan demasiado a “escúchalo, puede que tengas una docena de cosas importantes que decirle, pero a su llegada no es el mejor momento para hablar. Dejarlo hablar antes, recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos” (revista Sección Femenina) .

“Ellos te quieren ver fantástica, magnífica, estupenda, brillante, seductora, encantadora, simpática, y genial. ¿Imposible? ¡Qué va! Te contamos todos los trucos para que los chicos se te coman con los ojos”, promete la Superpop nº 468 en otro artículo titulado Chica Top que después de un sin fin de consejos para cumplir con el estereotipo de belleza inalcanzable concluye: “Memoriza: a los chicos les van las chicas naturales, las que les piden prestado el jersey y se lo ponen sin mirarse al espejo, las que llevan zapato plano y las que usan ropa interior blanca de algodón. No soportan la bisutería, los perfumes asfixiantes, los zapatos de plataforma o las medias de color carne”.

En pleno siglo XXI las adolescentes españolas continúan siendo educadas en el viejo sistema patriarcal de siempre. Un sistema patriarcal que les inculca pautas de conducta incoherentes entre sí (sé natural pero perfecta, arréglate siempre pero no demasiado, sé dulce en todo momento pero defiende tus intereses y derechos, etc.); que se caracteriza por perpetuar lo peor de los estereotipos de género hombre–mujer (él sigue siendo el premio a conseguir, ella debe servirle para ser digna de su atención); y que tiene por objetivo supremo priorizar la satisfacción de las necesidades del hombre por encima de las de la mujer. Así, a las jóvenes españolas se les sigue enseñando lo mismo que se les enseñó a sus madres y abuelas. Ha cambiado la forma, pero el injusto fondo sigue siendo el mismo.

Mensaje por Invitado » Mié 05 Nov, 2014 3:36 pm



Consultorio de Elena Francis
El Consultorio de Elena Francis fue un programa de radio emitido en España entre los años 1947 y 1984. El espacio dirigido al público femenino, se estructuraba en torno a la correspondencia que dirigían las radioyentes a una supuesta experta, Dª Elena Francis, que contestaba a las dudas, consultas y confidencias planteadas. Las cuestiones planteadas iban desde los temas estrictamente domésticos, como cocina o jardinería hasta salud, belleza y problemas sentimentales o incluso psicológicos.

Se recuerda especialmente la sintonía del programa, Indian Summer, de Victor Herbert.

El espacio surgió en la década de los años cuarenta, un momento de renovación en los contenidos de los programas de radio en España. La idea del consultorio la inspiró Francisca Bes, perteneciente a una familia con intereses en el negocio cosmético. Comenzó sus emisiones en 1947 a través de Radio Barcelona, desde donde emitió hasta 1966. Posteriormente se radiaría por Radio Peninsular y por Radio Intercontinental.

Debido al descenso en los índices de audiencia, el programa dejó de emitirse a partir del 31 de enero de 1984.

Desde los inicios del programa las respuestas a las consultas (unas siete en cada emisión diaria) fueron redactadas por un equipo de guionistas, quedando esa labor asignada en exclusiva al periodista Juan Soto Viñolo desde 1966.

En cuanto a las locutoras que prestaron su voz a Elena Francis, la primera fue María Garriga, sustituida luego por Rosario Caballé. Sin embargo la más popular y longeva en el personaje fue Maruja Fernández.

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