¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

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¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Sab 11 Abr, 2020 3:25 am

Ni edad, ni sexo, ni condición social: 14 parejas que dinamitaron todas las convenciones sociales

Los separaban décadas, millones en el banco, imposiciones morales o sus diferentes razas, pero el amor se impuso y estas uniones cambiaron nuestra forma de contar las historias de amor: al final, la protagonista se iba con alguien inesperado

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Soon Yi y Woody Allen

La relación prohibida. No hace falta haber visto ni una película de Woody Allen (Nueva York, 1935) ni siquiera saber quiénes son Soon Yi, Mia o Dylan Farrow para exclamar “Woody Allen se casó con su hija” ante cualquier conversación en la que salga a relucir el nombre del cineasta. Pero la realidad es que no, la mujer con la que Allen se casó el 23 de diciembre de 1997 en Venecia no es su hija, es la hija del músico André Previn y Mia Farrow. Y como tanto Allen como Soon Yi se han cansado de repetir ni siquiera habían convivido juntos porque Allen y Farrow vivían en distintos apartamentos.

Soon Yi Previn (Seul, 1970) era hija de la pareja de Allen y eso ya fue suficiente motivo para que la prensa amarilla hiciese su agosto, pero en su relación no hay ningún elemento delictivo ni siquiera ningún tabú religioso. Lo que perjudicó notablemente al inicio de su historia de amor es que tras descubrir la relación Mia Farrow declaró que Allen había abusado sexualmente de la pequeña Dylan que sí era hija de los dos. Una acusación que fue investigada y desestimada en los noventa.

Durante la relación de Farrow y Allen el cineasta no mostró ningún interés en Soon Yi, a la que encontraba aburrida. El sentimiento era mutuo: Soon Yi creía que cualquiera que encontrase interesante a su madre adoptiva, a la que aborrecía, tenía algún problema. Hasta que un día, instigados por la propia Farrow, empezaron a pasar más tiempo juntos y lo que desafiaba toda lógica sucedió: se enamoraron. Allen lo cuenta detalladamente en su autobiografía Apropos of nothing, Soon Yi era mayor de edad y la relación con Mia estaba acabada, pero seguían juntos. Una tarde Allen olvidó unas fotos sugerentes que le había realizado a su amante y Mia estalló al descubrirlas. Se hizo dueña de la historia y despellejó al cineasta ante quien quisiera escucharla, obviando intencionadamente que ella tenía la misma edad cuando se había casado con Frank Sinatra que también era ostensiblemente mayor que ella y que en su momento no había tenido remilgos a la hora de romper la relación de André Previn con su buena amiga Dory.

A pesar del escándalo, Hollywood no se posicionó y tanto Allen como Farrow mantuvieron sus carreras con normalidad, a finales de la pasada década el movimiento me too resucitó la historia de Dylan y los mismos actores que, conociendo las acusaciones, habían estado orgullosos de participar en sus películas le dieron la espalda.

¿Aguantaron la presión? Tras 25 años y dos hijas en común, la relación de Allen con Soon Yi ya es la más estable y duradera de la vida del actor.

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El duque de Windsor y Wallis Simpson

La relación prohibida. El reinado de Eduardo VIII (Reino Unido, 1894 - Francia, 1972) apenas llegó a un año, pero asestó tal zarpazo a los cimientos de la institución monárquica que estuvo a punto de destruirla. El heredero al trono británico tuvo claro desde que conoció a Wallis Simpson (Estados Unidos, 1896 - Francia, 1986) que amaba a su país, pero amaba más a aquella enjuta norteamericana divorciada doblemente, y ni la iglesia ni la sociedad ni la casa real pudieron quebrar su voluntad de estar con ella. El breve monarca ofreció la alternativa de un matrimonio morganático, según el cual ella jamás sería reina de Inglaterra y, al no ser aceptado, renunció al trono tras 325 días de reinado. “Me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo”, declaró, unas palabras que serían oro molido en un guion, pero en la realidad supuso el mayor dolor de cabeza en la historia de la monarquía británica. La línea de sucesión al trono sufría un viraje inesperado y la corona acabó en la cabeza de Jorge VI y posteriormente en su hija Isabel.

Cuando Wallis consiguió el divorcio se casaron en Francia sin la presencia de ningún miembro de la familia real. A partir de ahí el lujoso y decadente estilo de vida de la pareja les situó siempre bajo la lupa de los medios y sus coqueteos indisimulados con el nazismo no les convirtieron precisamente en la pareja favorita de los británicos.

¿Aguantaron la presión? Se mantuvieron juntos y perfectamente conjuntados hasta la muerte del duque en 1972. A pesar de que su romance ha pasado a la historia como símbolo de un amor capaz de superar cualquier obstáculo, en 2018, el azote de los famosos, Andrew Morton, escribió en Wallis in Love que la duquesa había mantenido varias relaciones extramatrimoniales. No supuso ninguna sorpresa: durante su relación se había especulado con la bisexualidad de ambos y su afición a las relaciones sadomasoquistas.

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Ingrid Bergman y Roberto Rossellini

La relación prohibida. "Querido Sr. Rossellini: he visto sus cintas Roma, ciudad abierta y Paisá y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir ti amo, estoy lista para viajar y hacer un filme con usted. Ingrid Bergman". Así empezaba la famosa carta que Ingrid Bergman (Suecia, 1915 - Reino Unido, 1982) escribió a Roberto Rossellini (Roma, 1906 - 1977) y que dio paso a una fructífera relación artística y también personal que transgredió la moral puritana de la época y acabó en el Senado de los Estados Unidos.

Bergman era una estrella oscarizada, pero lo que más importaba a la sociedad biempensante es que era una respetable madre de familia. Rossellini también estaba casado y tenía dos hijos, por eso la pía Italia se consternó cuando su romance durante del rodaje de Stromboli se convirtió en un secreto a voces. Y no sólo eso, Bergman se había quedado embarazada.

Por supuesto la película fue un fracaso, el público odió todo lo que la pareja hizo y convirtió a la sueca en blanco de los más enfurecidos ataques, como la propia Bergman recogió en sus memorias: “Me llamaban pvta y fulana. No podía creer que me odiara tanta gente. Al margen de lo que pensaran sobre mi vida, se trataba de mi vida privada, y yo no le había hecho nada.”

La iglesia se opuso firmemente al romance y en Estados Unidos un senador denunció a Bergman: "De las cenizas de Ingrid Bergman crecerá un Hollywood mejor", declaró. A pesar de todo, en 1950 se casaron en México y la actriz se quedó en Europa, consciente del odio que despertaba en Estados Unidos.

¿Aguantaron la presión? Los insultos de los antiguos fans y las reprimendas de la iglesia pesaron menos en el fin de la relación que el carácter autoritario de Rossellini, que prohibía a su mujer trabajar con otros directores, y sus constantes infidelidades. Tras siete años y tres hijos en común, Bergman solicitó el divorcio y volvió a Estados Unidos.

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Emmanuel Macron y Brigitte Macron

La relación prohibida. La sociedad francesa está curtida respecto a la vida privada de sus líderes políticos. Vivieron el romance de Carla Bruni y Sarkozy, el episodio de la hija secreta de Mitterrand, las amantes de Chirac o las escapadas en moto de Hollande, por lo que la poco convencional relación de su presidente Emmanuel Macron (Francia, 1977) no pasó de ser una anécdota durante la campaña electoral.

Pero el origen de su relación no pasó tan desapercibido. Cuando se conocieron, Brigitte Macron (Francia, 1953) era la profesora de teatro del joven Emmanuel y según cuenta la periodista Maelle Brun en Brigitte Macron, l'Affranchie, sus primeros años no fueron un camino de rosas. Algo fácil de entender teniendo en cuenta que cuando se enamoraron él tenía quince años y ella era su profesora, estaba casada y era madre de tres hijas, una de ellas compañera de clase de ese amante del que la separaban 24 años. Es fácil imaginar el estruendo que causó aquel romance entre los muros de un colegio jesuita de una localidad burguesa (Amiens). Esta historia habría hecho las delicias de Claude Chabrol y pudo tener consecuencias más graves. En Francia la edad de consentimiento sexual era de 15 años, pero en el caso de profesores y alumnos se elevaba a 18, Brigitte podría haber acabado en la cárcel como la profesora norteamericana Mary Kay LeTourneau.

El marido de Brigitte desapareció de su vida mientras los padres de Macron sacaban a su hijo del colegio y se trasladaban a París. Pero diez años después los amantes se reencontraron y ya nada pudo frenar su amor. Se casaron en 2007 y ella se convirtió en una de los principales apoyos en la fulgurante carrera política de su marido.

¿Aguantaron la presión? Y probablemente incluso reforzó su relación, llevan juntos trece años y su amor no da ningún síntoma de fatiga.

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Elton John y Renate Blauel

La relación prohibida. A pesar de la escandalosa vida del cantante, la relación de Elton John (Reino Unido, 1947) que más cejas arqueó fue la que le unió a una mujer, la alemana Renate Blauel (Alemania, 1953), con quien mantenía una fructífera relación profesional y de amistad y que en algún momento a principios de los ochenta confundió con el amor romántico.

John le pidió dos veces matrimonio y a la segunda ella dijo que sí. Tal vez ellos dos creían que era un primer paso hacia la heterosexualidad, pero el mundo, que no se había creído jamás su bisexualidad (ni la de nadie) torció la nariz y se sentó a esperar. Se casaron el día de San Valentín de 1984 por la iglesia y ese acto probablemente fue el único de toda su relación que implicó algo de romanticismo.

¿Aguantaron la presión? Está claro que Elton John no soportó la mayor de las presiones: ser gay. Se divorciaron cuatro años después y, como el cantante contó en sus memorias Yo (ed. Penguin Random House), “Renata no solo se casó con un drogadicto gay, sino con un drogadicto gay cuya vida estaba a punto de desmoronarse”. Lo que eximía a su amiga de toda culpabilidad en el fin de su matrimonio. Ella nunca ha hablado sobre el tema a lo que probablemente haya contribuido la indemnización de trece millones de euros que recibió tras el divorcio. A pesar de que no suele referirse a ella, en 2017 John escribió sobre Renata en su cuenta de Instagram. “Hace muchos años elegí Australia para casarme con una maravillosa mujer por la que tengo tanto amor y admiración. Quise más que nada en el mundo ser un buen marido, pero estaba negando quién era realmente yo, lo que le causó tristeza a ella y una enorme culpa y arrepentimiento a mí. Para ser merecedor del amor de alguien debes ser lo suficientemente valiente y tener la mente clara para ser honesto contigo mismo y con tu pareja”.

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Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles

La relación prohibida. Probablemente el tiempo la situará entre las más grandes historias de amor, pero sus coetáneos no lo sintieron así, probablemente porque no le gustaban demasiado sus protagonistas. Carlos de Inglaterra (Reino Unido, 1948) y Camilla Parker Bowles (Reino Unido, 1947) se conocieron en 1970 durante un partido de polo y el flechazo, al menos por parte de él, fue instantáneo. Les unía su amor por los caballos y la naturaleza y les separaba el origen plebeyo de ella, algo que para Carlos no era relevante, pero sí para las férreas tradiciones británicas. La reina Isabel ya tenía a la candidata perfecta para él: la dulce y tímida Diana Spencer, muy del gusto del pueblo británico y muy poco del que debía pasar con ella el resto de su vida.

El 29 de julio de 1981 contrajeron matrimonio en la Catedral de San Pablo en Londres para solaz de 750 millones de espectadores que siguieron la ceremonia en todo el mundo. Pero la verdadera historia de amor de Carlos transcurría detrás de los focos. Como la propia Diana reconoció años después "Éramos tres en ese matrimonio. Cuando caminaba al altar solo la buscaba a ella entre los invitados, y fue muy doloroso verla allí, sentada en la iglesia”. A pesar del escándalo y la tremenda erosión que el divorcio del heredero al trono podía causar a la corona, el divorcio fue inevitable. Un año antes Camila se había divorciado de Andrew Parker Bowles y la casa real empezó una labor de blanqueo de la imagen de la denostada amante sabiendo que el matrimonio entre ambos era inevitable. En 2005 y tras tres décadas la pareja se casó en el Ayuntamiento de Windsor el 9 de abril de ese mismo año, esta vez el gran amor de Carlos no estaba entre los invitados si no a su lado en el altar.

¿Aguantaron la presión? Si alguien pensaba que la ausencia de obstáculos provocaría desinterés en la pareja, se equivocó, quince años después de su matrimonio siguen siendo una pareja modélica.

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Sammy Davis Jr. y May Britt

La relación prohibida. Apenas cinco años antes de que el actor, cantante y miembro del mítico rat pack Sammy Davis Jr. (Estados Unidos, 1925 - 1990) contrajese matrimonio con May Britt (Suecia, 1933), un chico afroamericano de apenas catorce años había sido linchado en Mississippi por silbarle a una mujer blanca. Una imagen que se vale por sí sola para demostrar el nivel de desafío que implicó la boda de un Davis que ya sabía a lo que se enfrentaba: más de treinta estados consideraban el matrimonio interracial un delito grave. Y no era un problema del que su fama y su dinero pudiesen protegerlo, tres años antes el todopoderoso Harry Cohn había pagado a la mafia para que lo secuestrase tras descubrir su idilio con Kim Novack.

La audacia de Davis removió conciencias y supuso un paso abismal para los Derechos Civiles, pero también implicó amenazas de muerte y cancelaciones de conciertos y, por supuesto, el fin de la incipiente carrera de Britt en Hollywood. La hostilidad hacia la pareja tanto en Estados Unidos como en Inglaterra fue brutal; sin embargo en Suecia, país natal de la novia, no supuso ningún problema y su familia asistió encantada al revolucionario enlace.

¿Aguantaron la presión? May Britt y Sammy Davis Jr estuvieron casados durante ocho años tuvieron una hija y adoptaron dos niños más, pero en 1968 Wilkens descubrió la infidelidad de Davis con la actriz y cantante Lola Falana y a pesar de las súplicas del cantante, solicitó el divorcio.

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Ellen Degeneres y Anne Heche

La relación prohibida. En los noventa las lesbianas en Hollywood seguían siendo tan escasas como su representación cinematográfica, que no pasaba de papeles de sádicas asesinas o de disimuladas notas a pie de página de la historia principal (como sucedía en Ellas dan el golpe o Sólo ellas...los chicos a un lado). Al menos, hasta que Ellen Degeneres (Estados Unidos, 1958) dio el campanazo y convirtió a la protagonista de su exitosa serie Ellen en lesbiana al mismo tiempo que ella revelaba su orientación sexual. Ambas, personaje y actriz, salían del armario ante una audiencia millonaria. Poco después presentó al mundo a su novia, Anne Heche (Estados Unidos, 1969), una actriz semidesconocida que empezaba a ser ubicua y en aquel momento estaba a punto de estrenar la película de catástrofes Vulcano y se preparaba para rodar uno de los proyectos con más expectativas de la temporada, Seis Días y Siete Noches, con Harrison Ford.

Heche habló del inicio de su relación en el podcast Irish Goodbye: “Ellen y yo nos conocimos un domingo por la noche en una fiesta de Vanity Fair. El martes fue su salida del armario en su serie Ellen. El miércoles era el pase de prensa de Volcano y el jueves la premiere”. “Llevé a Ellen al preestreno y nos dijeron que Fox rescindiría mi contrato y que yo sería despedida y que también me despedirían de la película que iba a hacer con Harrison Ford. Nos dijeron que no podíamos permitir que la prensa nos hiciera fotos juntas. Esa misma semana fuimos despedidas las dos”.

Seis días y siete noches sí se grabó y Ford fue uno de sus principales apoyos, pero su carrera se hundió. Hollywood no le perdonaba que se hubiese salido del carril, ni siquiera que hubiese dejado a Steve Martin, su pareja por entonces. Ambas actrices vivieron un vía crucis laboral y se convirtieron en el blanco favorito de los conservadores americanos y el tele-evangelista Jerry Falwell acuñó el término Ellen DeGenerate (Ellen "Degenerada").

¿Aguantaron la presión? En 2000 rompieron y el público optó por echar las culpas a Heche: no les gustó demasiado que, tras Ellen, volviese a casarse con un hombre. La homosexualidad ya era demasiado para sus cabezas como para tener que lidiar también con la bisexualidad.

Ellen declaró a Los Ángeles Times que no sabía qué había pasado y que se sentía engañada. Muchos quisieron pensar que Heche la había utilizado como un trampolín a la fama, aunque declararse lesbiana a mediados de los noventa era más bien como desfilar por el tablón de un barco pirata. La guinda de la historia llegó cuando a la mañana siguiente de la ruptura una Heche notablemente confusa entró en una casa ajena y mantuvo una conducta errática que provocó la intervención de la policía. Si hay un tabú que resiste agazapado todavía es el de la salud mental, aquellas imágenes de Heche fueron el beso de la muerte para su carrera.

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Marta Luisa de Noruega y Durek Verrett

La relación prohibida. Probablemente la familia real noruega creyó que había digerido su píldora más amarga cuando el heredero Haakon contrajo matrimonio con la plebeya Mette-Marit o incluso cuando la rebelde Marta Luisa (Noruega, 1971) inició romance con el díscolo y recientemente fallecido Ari Behn, un enfant terrible culto, divertido y estudiadamente escandaloso. Ni en sus mayores pesadillas podrían imaginar un escenario peor, pero llegó en forma de chamán bisexual entre cuyos logros figura haber... ¡resucitado! Durek Verrett (Estados Unidos, 1974) es gurú de celebridades como Gwyneth Paltrow y autor de un libro, Spirit Hacking, en el que realiza afirmaciones tan controvertidas como que la infelicidad provoca cáncer.

Ni la familia real ni los noruegos ven con buenos ojos la relación de Marta Luisa con Verret. Incluso se ha sugerido que debería abandonar su título de princesa con el fin de evitar la tentación de lucrarse gracias a él, algo que ya ha sucedido durante la gira de conferencias en las que bajo el título La princesa y el chamán ambos comparten sus experiencias sobrenaturales para pasmo de una familia real que ya creía haberlo visto todo. Marta Luisa, que ya sabía lo que le esperaba, se anticipó a las críticas desde su cuenta de Instagram: "No elijo a mi pareja para satisfacerles a ustedes ni las normas o compartimentos estancos que han elegido en su mente para mí".

¿Aguantaron la presión? Cada posado por separado alimenta los rumores de separación, pero parece más bien las ganas tanto de la sociedad noruega como de la familia real. Recientemente la princesa se saltó las recomendaciones de su país sobre el coronavirus para viajar a Estados Unidos con su pareja.

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Bo y John Derek

La relación prohibida. A mediados de los setenta, la adolescente Mary Cathleen Collins (Estados Unidos, 1956) –el nombre de Bo llegaría después– viajó a las islas griegas a grabar su primera película acompañada por su madre. A la progenitora le preocupaba que los adolescentes griegos fuesen un peligro para su guapísima hija. Lo que ninguna de las dos podía imaginar entonces era que el verdadero peligro era el hombre que les había llevado allí. Ese hombre era el director John Derek (Estados Unidos, 1926-1998), ex galán cinematográfico treinta años mayor que ella, casado con la actriz Linda Evans y con dos divorcios a sus espaldas. Las fuertes diferencias entre ambos convirtieron el inicio del rodaje en un infierno, pero cuando volvieron a Estados Unidos ya eran una pareja, para consternación de Evans, que esperaba que su marido recapacitase. No fue así: a pesar de la diferencia de edad, la pareja paseó su amor por medio mundo, incluida España, principalmente porque las leyes de Estados Unidos lo consideraban violación, y no pudieron residir en su país hasta que Bo alcanzó la mayoría de edad.

¿Aguantaron la presión? Ni la diferencia de edad, ni el escrutinio de los medios hicieron mella en su relación: John y Bo estuvieron juntos hasta la muerte del director en 1998.

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Meg Ryan y Russell Crowe

La relación prohibida. A mediados de los noventa un puñado de éxitos habían convertido a Meg Ryan (Estados Unidos, 1961) en la reina de la comedia romántica. Su aire de chica de la puerta de al lado, dulce, soñadora y ligeramente patosa, la había convertido en un seguro de taquilla, ya fuese en compañía de Tom Hanks, Billy Cristal o Kevin Kline. Para redondear ese romance con el público, la vida privada de Meg también parecía de ensueño: estaba casada con el guapo Dennis Quaid, epítome de las virtudes del sanote muchacho americano, al que había conocido en el rodaje de El chip prodigioso y con quien –para redondear el paquete aspiracional– se había casado un día de San Valentín. De puertas adentro la situación era distinta: el éxito de Meg había coincidido con una época menos afortunada de Quaid, que lidiaba con su adicción a la cocaína mientras Meg hacía mohines frente a la cámara. Sabiendo que su papel de joven atribulada por el amor tenía fecha de caducidad, Meg intentó dar un giro a su carrera y se embarcó en el rodaje de Prueba de vida, un thriller sobre una mujer que, tras el secuestro de su marido en un país extranjero, contrata a un negociador para liberarlo. Las noticias sobre su exceso de química con su coprotagonista, Russell Crowe (Nueva Zelanda, 1964), enervaron al público y a una prensa que encontró una mina zarandeando a Ryan. La enésima novia de América había tirado a la basura casi una década de matrimonio por un rudo neozelandés malencarado. No iban a ponérselo fácil.

La película fue un fracaso. Si en otras ocasiones el salseo había servido como promoción, en este caso fue un frasco de veneno: los espectadores se sentían traicionados por Ryan. No solo había engañado a Quaid, les había engañado a ellos. Las comedias románticas de Ryan eran un refugio en la tormenta, y nadie quería refugiarse en la vida de una adúltera

¿Aguantaron la presión? La relación apenas duró unos meses, pero asestó un golpe brutal para la carrera de Ryan. No así para la de Crowe, al que nadie culpó de destrozahogares e inició un coqueteo con la Academia y la taquilla que aún perdura. La prensa que había machacado a Ryan durante la relación se regodeó en el presunto abandono del neozelandés, aunque la realidad parece haber sido distinta. “Russell no rompió el matrimonio”, declaró a InStyle en 2008. "Definitivamente estaba allí al final, pero no fue su culpa. Yo era un desastre. También lo lastimé al final. No podría estar en otra relación larga, no era el momento para eso. Así que salí". También reveló que durante su “idílica relación”, Quaid le había sido infiel repetidas veces y ese sí había sido el verdadero detonante de la ruptura.

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Olivier Sarkozy y Mary-Kate Olsen
La relación prohibida. Su romance sacudió las páginas de sociedad neoyorquinas y parisina y las de chismes de Hollywood. Era difícil imaginar una pareja más opuesta, por origen, intereses, estilo de vida, edad e incluso, y casi es lo más perturbador, altura.

En 2010, Olivier Sarkozy (Francia, 1969), hermano del presidente Nicolás Sarkozy, estaba casado con una adinerada escritora de libros infantiles con la que tenía dos hijos y vivía en la zona más elegante de Manhattan, dos años después compartía piso en el barrio más bohemio de la ciudad con Mary-Kate Olsen (Estados Unidos, 1986) una de las gemelas protagonistas de Padres forzosos y diseñadora de moda, dieciséis años más joven que el banquero.

Su matrimonio con Charlotte Bernard, oficiado en París por su hermano, había durado casi tres lustros y su ruptura supuso un trauma para toda la familia, que asociaba su huida a la zona alternativa de la ciudad a la típica crisis de mediana edad. Los amigos de él miraban con desconfianza a la diminuta estrella de Hollywood a la que presuponían disoluta y vacua y los de ella miraban con recelo al enorme banquero cincuentón y burgués.

¿Aguantaron la presión? El 27 de noviembre de 2015, tres años después del inicio de su relación, se casaron en una ceremonia discretísima en Nueva York a la que sólo asistieron cincuenta personas, según desveló Page Six. Desde entonces han mantenido su relación alejada de los focos, pero sin evitar las muestras de afecto. "Tengo un marido, dos hijastros y una vida. Después de trabajar, debo regresar a casa y hacer la cena", así de convencionalmente definía Olsen su relación a la web Net a Porter en 2017.

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Estefanía de Mónaco y Daniel Ducruet

La relación prohibida. El pequeño principado de Mónaco se creía curado de espantos tras los romances de juventud de Carolina de Mónaco, pero nada les había preparado para todas las portadas que protagonizaría la pequeña de la familia. Estefanía de Mónaco (Mónaco, 1965), la “princesa rebelde”, combinaba su gusto por las celebridades como el actor Rob Lowe o los hijos de Belmondo y Delon, con anónimos con ínfulas de vividores como Mario Oliver –con quien compartió flequillo oxigenado– o Jean-Yves Le Fur y, sobre todo, los guardaespaldas. El primero de ellos, que no el último, fue Daniel Ducruet (Francia, 1964). Ducruet había formado parte de la seguridad del príncipe Alberto y fue este quien se lo recomendó a su hermana cuando empezaba su carrera como cantante. La sintonía entre ambos fue obvia desde el primer día y se afianzó cuando la acompañó en su gira por Sudamérica. Mientras Europa bailaba Ouragan, la princesa y el ex policía imitaban a Whitney Houston y Kevin Costner en la intimidad, hasta que Paris Match publicó unas fotos de ambos retozando en Portugal y estalló el escándalo.

La familia real se opuso al romance e incluso anuló la asignación de la princesa, que acabó vendiendo la exclusiva del nacimiento de su primer hijo a la prensa. Tras la llegada del segundo bebé, Rainiero aceptó lo inevitable y el verano de 1995 se celebró un matrimonio discreto en el principado.

¿Aguantaron la presión? Apenas un año después de la boda, el 28 de agosto de 1996 unas fotos –sesenta en concreto– de la revista española Interviú hicieron que todo saltase por los aires. En ellas el consorte real aparecía manteniendo relaciones sexuales al borde de una piscina con la striper Fili Houteman. El guardaespaldas aseguró que todo había sido un montaje e inició una batalla legal contra la publicación. Estefania pidió el divorcio y meses después el matrimonio llegó oficialmente a su fin, pero a pesar de lo traumático y humillante de la situación, han sabido reconducir su relación y es frecuente verles juntos en las actividades de sus hijos.

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Edward Furlong y Jackie Domac

La relación prohibida. Edward Furlong (Estados Unidos, 1977) era el James Dean de la generación Calvin Klein. Frágil y desvalido, pero con una mirada desafiante, fue el gran descubrimiento de Terminator 2, una de las películas más taquilleras de los noventa. Tras conquistar el cine más comercial, Furlong se unió a la pandilla disfuncional de John Waters en Pecker, compartió plano con Meryl Streep en Antes y después y salió airoso de su duelo con Edward Norton en American History X. Con apenas quince años solo su debacle personal iba tan rápido como su carrera. Mientras su madre y sus tíos se peleaban por su custodia (y por la de su dinero), Furlong iniciaba una relación con Jackie Domac, su tutora en el set de rodaje de Terminator 2 y trece años mayor que él. Tras muchos rumores sobre lo inapropiado de su relación, Furlong confirmó el romance y se fueron a vivir juntos. Él acababa de cumplir los quince y ella tenía veintiocho, pero eso no era óbice para que se paseasen abrazados por las alfombras rojas. Sus tíos intentaron que Domac fuese juzgada por violación e incluso que perdiese su licencia como profesora, pero fue infructuoso. Además de amante, Domac ejerció también el papel de manager de Furlong, que se distanció de su familia para siempre.

¿Aguantaron la presión? Cinco años, esa fue la duración de su relación. Mucho más de lo que la inestabilidad de un Furlong, cada vez más dependiente de las drogas, prometía. Se separaron en 1998 y Domac le denunció por abusos y reclamó el 15 por ciento de las ganancias del actor durante los tres años que ella había sido su manager.

¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 14 Oct, 2018 5:32 pm

Estudio de mercado de la oferta masculina

¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Jue 07 Jun, 2018 6:28 pm

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Sophia Hadjipanteli, la modelo con entrecejo que ha revolucionado la moda

La maniquí, de origen griego, defiende su particular estilo luciendo cejas anchas y unidas. Sophia Hadjipanteli ha llegado a ser tachada de 'repugnante' en su propia cuenta de Instagram.

Sophia Hadjipanteli (21 años), modelo, griega y creadora del movimiento uniceja #UnibrowMovement. Lejos de lo que pudiera parecer, la joven es una de las caras más cotizadas del sector moda y además cuenta con un importante respaldo mediático. No es ningún secreto si afirmamos que su inspiración proviene del universo Frida Kahlo. Más allá de admirar y seguir la doctrina estética de la artista mexicana, la modelo pretende romper con los cánones de belleza establecidos en el universo de la posverdad, las redes sociales y el mundo it-boy, it-girl.

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"Creo que la belleza en sí misma es grandiosa porque es muy subjetiva en todas las culturas, pero también creo que hay una gran comunidad que avergüenza a la gente por ciertos tipos de belleza y creo que eso está mal", declaró en una entrevista exclusiva para la revista VICE. Desde que decidiese llevar sus características cejas, Sophia ha tenido que soportar no solo los ataques de quienes la señalan como una usurpadora cultural por su evidente inspiración en Frida sino también insultos como "antihigiénica" y "repugnante".

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Nacida del matrimonio entre un griego y una británica, Sophia creció y vivió su adolescencia en Maryland, donde ella misma ha confesado haber sufridio bullying. En estos días, Hadjipanteli se encuentra en el top de la moda, ha colaborado con firmas como Gucci y ha posado para el objetivo de los fotógrafos de Vogue Italia. Su mejor plataforma es su cuenta de Instagram, donde ya supera los 183.000 seguidores entre los que encuentra admiradores y detractores, a partes iguales.

"Como hija de un fotógrafo, definitivamente aprendí mucho sobre cámaras. Puede sorprender, considerando cuántas fotos mías publico aquí, pero prefiero estar detrás del objetivo que frente a él", confesó en una de sus publicaciones de Instagram. Sea como fuere, no parece sentirse incómoda frente a los focos. Posa, se luce y vive de su controvertida imagen, que la desmarca del grupo y la postula como una de las modelos más reclamadas en el presente y el futuro del sector de la moda.

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¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 30 Jul, 2017 4:33 pm

Dennis Prager tranquiliza a la mujeres sobre los peligros del verano

¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 11 Dic, 2016 4:45 pm

ay po favó, que jartá a reir :juas: :juas: :juas: la gente está fatal :lol: :lol: :lol: :lol: :lol:

¡Qué Seduce a los Hombres de las Mujeres!

Mensaje por Invitado » Dom 11 Dic, 2016 3:23 pm

La mala educación hecha mujer :shock:

Mensaje por Invitado » Vie 07 Ago, 2015 4:46 pm



¿Ayudan los coches caros a ligar?

Mensaje por Pochola y Borja » Dom 31 May, 2015 2:25 am

Mensaje por Invitado » Dom 31 May, 2015 2:22 am



Love and Basketball proposal 2015 - Superman Johnson vs Breyschoice

Mensaje por hacer el ridi » Dom 26 Abr, 2015 3:39 am



¿Qué harías si volvieras a encontrarte con el amor de tu vida?

Mensaje por Invitado » Mar 10 Feb, 2015 12:29 am



8 cosas que NO hacer con la chica que te gusta

Mensaje por De senectute » Mar 06 Ene, 2015 3:29 pm

Buenoooooo, el marías se nos ha hecho mayor...


Patente de corso


Mujeres como las de antes

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal - 22/7/2007


Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes. Ni en el cine, ni fuera de él. Y me refiero a mujeres de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Mujeres de bandera. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel Palace, donde en el vestíbulo vemos a una torda espectacular. «Aunque ordinaria», opina Javier. «Creo que no lo sabe», apunto yo. Seguimos conversando carrera de San Jerónimo arriba, en dirección a la puerta del Sol. Es una noche madrileña animada, cálida y agradable, que nos suministra abundante material para observación y glosa. Yo me muevo, fiel a mis mitos, en un registro que va de Ava Gardner y Debra Paget a Kim Novak, pasando por la Silvana Mangano de Arroz amargo; y Javier añade los nombres de Donna Reed, Rhonda Fleming, Jane Rusell y Angie Dickinson, que apruebo con entusiasmo. Coincidimos además en dos señoras de belleza abrumadora, aunque opuesta: Sophia Loren y Grace Kelly. Al referirnos a la primera, Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo -no de nuestro género, imbéciles- que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada; creyendo, las infelices, que nuestro «por allí resopla» va con ellas. Respecto a Grace Kelly, dicho sea de paso, me anoto un punto con el rey de Redonda -me encanta madrugarle en materia cinéfila, pues no ocurre casi nunca-, porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido dar la vida por ser el señor Grant.

Pero no sólo era el cine, concluimos, sino la vida real. Los dos somos veteranos del año 51 y tenemos, cine aparte, recuerdos personales que aplicar al asunto: madres, tías, primas mayores, vecinas. Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, comenta Javier con sonrisa nostálgica. Esas siluetas, añado yo, gloriosas e inconfundibles: cintura ceñida, curva de caderas y falda de tubo ajustada hasta las rodillas. Etcétera. No era casual, concluimos, que en las fotos familiares nuestras madres parezcan estrellas de cine; o que tal vez fuesen las estrellas de cine las que se parecían muchísimo a ellas. Hasta las niñas, en el recreo, se recogían con una mano la falda del babi y procuraban caminar como las mujeres mayores, con suave contoneo condicionado por la sabia combinación de tacones, falda que obligaba a moverse de un modo determinado, caderas en las que nunca se ponía el sol y garbo propio de hembras de gloriosa casta. En aquel tiempo, las mujeres se movían como en el cine y como señoras porque iban al cine y porque, además, eran señoras.

Con esa charla hemos llegado a la calle Mayor, donde se divisa por la proa un ejemplo rotundo de cuanto hemos dicho. Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip, yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente -¿acaso no se mata a los caballos?-, abatirla de un escopetazo. Nos paramos a mirarla mientras se aleja, moviendo desolados la cabeza. Quod erat demostrandum, le digo al de Redonda para probarle que yo también tengo mis clásicos. Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. Y es que han perdido la costumbre, colega. Vestirse como una señora, con tacón alto y el garbo adecuado, no se improvisa, ni se consigue entrando en una zapatería buena y en una tienda de ropa cara. No se pasa así como así de sentarse despatarrada, el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo a unos zapatos de Manolo Blahnik y un vestido de Chanel o de Versace. Puede ocurrir como con ese chiste del caballero que ve a una señora bellísima y muy bien puesta, sentada en una cafetería. «Es usted -le dice- la mujer más hermosa y elegante que he visto en mi vida. Me fascinan esos ojos, esa boca, esa forma de vestir. La amo, se lo juro. Pero respóndame, por favor. Dígame algo.» Y la otra contesta: «¿Pa qué?... ¿Pa cagarla?».

Mensaje por Invitado » Mar 06 Ene, 2015 2:44 am

Las mujeres son más jóvenes

Por casualidad las oí disfrutar con las amigas, compartir diversión y charla, con una especie de juvenilismo natural, no forzado ni impostado, irreductible

Javier Marías


Es tanta la gente que hoy va por la calle con los oídos tapados por ­auriculares o por la voz que les chilla desde su móvil, que se pierden una de las cosas que a mí siempre me han gustado: frases sueltas o retazos mínimos de conversaciones que uno escucha involuntariamente a su paso. Si uno no pega el oído a propósito ni acompasa su andar al de los transeúntes locuaces –y eso no me parece bien hacerlo: es cotilleo–, le llega en verdad muy poco: en un diálogo escrito daría tan sólo para dos o tres líneas. Para alguien dado a imaginar tonterías, resulta sin embargo suficiente para hacerse una composición de lugar de la relación entre los hablantes, o figurarse un esbozo de cuento o historia. Hace unos días, al subir por Postigo de San Martín, oí una de esas ráfagas voladoras que me hizo sonreír y se me quedó en la cabeza. Pasé junto a tres mujeres que quizá estaban ya despidiéndose, paradas junto a una chocolatería, si mal no recuerdo. Eran de mediana edad, sin duda habían dejado atrás los cincuenta, aunque no me dio tiempo a reparar en su aspecto. Reían con ganas, se las notaba de excelente humor y contentas. Una de ellas dijo: “Qué bien estamos las mujeres”. Otra contestó rápida: “Ay, y que lo digas”. Y la tercera apostilló: “Y nos lo pasamos genial”. Yo continué mi marcha, eso fue todo. Pero capté bien el tono, y no era voluntarioso, sino ufano; no era que trataran de convencerse de lo que decían, sino que estaban plenamente convencidas y lo celebraban, como si pusieran una rúbrica verbal a lo bien que se lo habían pasado el rato que habían permanecido juntas. No sé muy bien por qué, me animaron y me hicieron gracia.

Sería difícil escuchar estos tres mismos comentarios en boca de hombres, y aún más en varones de edad parecida. Sería raro que se ensalzaran en tanto que sexo (“Qué bien estamos los hombres”), incluso que se rieran tan abiertamente y tan de buena gana como aquellas tres señoras simpáticas y tan conscientes de su enorme suerte. La suerte de disfrutar con las amigas, de compartir diversión y charla, con una especie de juvenilismo natural, no forzado ni impostado, irreductible. Llevo toda la vida observando que no hay demasiadas mujeres amargadas ni excesivamente melancólicas. Claro que las hay odiosas, y en la política abundan. Las hay que se esfuerzan por perder todo vestigio de humor y mostrarse duras; las hay de colmillo retorcido, venenosas y malvadas (legión las televisivas); tiránicas o brutas, zafias o de una antipatía que hiela la sangre; también las hay insoportablemente lánguidas, que han optado por andar por la vida como sufrientes heroínas románticas. Lejos de mi intención hacer una loa indiscriminada y aduladora, las hay de una crueldad extrema y las hay tan idiotas como el varón más imbécil. Pero, con todo, y pese a que hoy tiende a proliferar el tipo serio y severo, la mayoría posee un buen carácter, cuando no uno risueño. Cada vez que veo a matrimonios de cierta edad, pienso que más valdrá que muera antes el marido, porque conozco a bastantes viudos desolados y que no levantan cabeza nunca, que se apean del mundo y se descuidan y abotargan, que pierden la curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo, que se convierten sólo en eso, en “pobres viudos” desganados y desconcertados. Y en cambio casi nunca he visto a sus equivalentes en mujeres. Apenas si hay “pobres viudas”, es decir, señoras o incluso ancianas que decidan recluirse, que no superen la pena, que pasen a un estado cuasi vegetativo, de pasividad e indiferencia. Por mucho que les duela la pérdida, suelen disponer de mayores recursos vitales, mayor resistencia, mayor capacidad para sobreponerse y encontrarle alicientes nuevos a la existencia.

De todos es sabido que las mujeres leen más, desde hace muchos años; pero también van más al cine, al teatro, a los conciertos y exposiciones, y las conferencias están llenas de ellas. Salen a pasear, a curiosear, quedan con sus amigas y viajan con ellas. He conocido a varias mujeres que ya habían cumplido los noventa (recuerdo sobre todo a María Rosa Alonso, estudiosa canaria amiga de mis padres, que aún me escribía con letra firme y mente clara e inquieta a los cien años) y se quejaban de que les faltaba tiempo para todo lo que querían hacer, o estudiar, o averiguar. Hablaban con la misma impaciencia por aumentar sus conocimientos que se percibe en los jóvenes despiertos, mantenían intactos su entusiasmo, su sentido del humor, su capacidad de indignación ante lo que encontraban injusto, su calidez, su risa pronta, su afectuosidad sin cursilería. Las mujeres han sido siempre en gran medida el elemento civilizatorio, las que han hecho la vida más alegre y más amable, y también más cariñosa, y también más compasiva. No hace falta recordar que son las que educan a todo el mundo en primera instancia y las que atienden y ayudan más a las personas cuando su final está cerca. En esas mujeres generosas (las hay que no lo son en absoluto), la generosidad no tiene límites. Pero, por encima de todo, mantienen en gran medida la juventud a la que muchos varones renunciamos en cuanto la edad nos lo reclama. Somos pocos los que no tenemos plena conciencia de los años que vamos cumpliendo, para atenernos a ellos. A numerosas mujeres les trae eso sin cuidado, para su suerte: están tan poseídas por sus energías de antaño que no hay manera de que las abandonen. “Y nos lo pasamos genial”. Cuán duradera es ya la sonrisa que me provocó esa frase celebratoria que cacé al vuelo.

q difisi ser mujer

Mensaje por Invitado » Vie 07 Nov, 2014 11:05 pm

Mensaje por Invitado » Vie 07 Nov, 2014 6:55 pm

Desde el consultorio de Elena Francis, consejos para la mujer sumisa hasta hoy no hemos cambiado tanto. Bueno, un poquito, resulta que ahora tenemos que saber escupir por el coño


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De Franco a Superpop, enseñando a ser mujer por los siglos de los siglos

‘Complace al hombre, vive por y para sus necesidades, porque sólo así lograrás cazar uno y conservarlo. Ese es tu objetivo vital. Lo necesitas’. Desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días éste ha sido el mensaje de las revistas femeninas españolas. Basta echar un simple vistazo a las viejas páginas de Sección Femenina (revista para mujeres de la dictadura de Franco) y otro a las de Cosmopolitan o Superpop para ver con claridad cómo las ideas siguen siendo las mismas: consejos que alimentan estereotipos de género desiguales y que, de manera intencionada o sin intención, contribuyen a invisibilizar la violencia de género.

Miriam Lucas Arranz y Cristina E. Lozano



Desde que nacemos, las mujeres recibimos pautas sobre cómo comportarnos, qué juguetes elegir, cómo ser dulces y educadas, cómo no ser marimachos o bastas, etc. Nos enseñan a ser NIÑAS. Esos mensajes son más o menos implícitos hasta llegar a la adolescencia, momento en que se tornan absolutamente explícitos. En las revistas femeninas españolas de más tirada se observa este fenómeno con alarmante claridad.

Al llegar la pubertad, la mujer empieza a ser abiertamente entrenada para gustar y ser amada de acuerdo a la heteronormativa. Pero sobre todo, recibe instrucciones y trucos para saber cómo cazar a un hombre y conservarlo porque, como se decía en Sección Femenina, “la vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular– no es más que un interno deseo de encontrar a quién someterse. La dependencia voluntaria, la ofrenda de todos los minutos, de todos los deseos y las ilusiones, es el estado más hermoso”. Esto se publicó en 1944, hace 70 años. Desde entonces los tiempos han cambiado y los mensajes de las revistas también, ¿o no?


    Superpop: “A los chicos no les gustan las chicas que montan escenitas. Les molan las chicas más bien tímidas, que sepan defender sus objetivos pero no aquellas que siempre se están quejando por todo y que les van las discusiones”.

Aunque las revistas más actuales han perdido ese cariz de obligatoriedad que se percibe en las viejas publicaciones, bajo la apariencia de consejos se sigue instruyendo a la mujer sobre cómo debe comportarse para conseguir un hombre, y se la anima a hacer méritos constantes para que él la quiera y desee estar a su lado por siempre jamás. Si bien no es malo querer gustar, hay varias razones por las que este bombardeo de mensajes resulta perjudicial para la mujer.

En primer lugar, las necesidades e intereses de ella siempre quedan relegados a un segundo plano. Nunca se pone el foco en el bienestar de ella, tan sólo en el bienestar de ÉL. Parece que no importa cómo te sientas haciendo esto o aquello si es lo que tienes que hacer para gustarle. Esta tendencia contribuye a perpetuar los estereotipos de género más dañinos y a invisibilizar la violencia de género.

Se les dice a las adolescentes que es normal que su chico se enfade si no le priorizan ante cualquier otra cosa (“no le dejes de lado en el móvil. Si te ha llamado o escrito será porque quiere hablar contigo. No des más prioridad al resto de mensajes que al suyo”, recomienda Cosmopolitan), que es algo natural que ellos sean celosos (“ellos pueden ser celosos pero tú no. Es injusto pero el amor está lleno de pequeñas injusticias”, en Superpop nº 465), y que procures no mostrar nunca enfado (“¿Cuentas mentalmente eso de ’1, 2, 3, 4, 5…, yo me calmaré y todos los veréis’ antes de montar un pollo? Pues genial, porque a los chicos no les gustan las chicas que montan escenitas. Les molan las chicas más bien tímidas, que sepan defender sus objetivos pero no aquellas que siempre se están quejando por todo y que les van las discusiones”, en Superpop). Si una joven normaliza estos consejos, es más que esperable que al sufrir violencia de género haga recaer en ella la culpa y responsabilidad de esa violencia.

Hasta aquí mal, pero desgraciadamente hay textos mucho más graves que éstos. “Tus líos y contradicciones mentales” es el título del epígrafe “si quieres hacerlo tuyo, ¡ataca!”, un contenido que incluye el libro Love de Superpop. “Ellos no soportan que nos lancemos a sus brazos y minutos más tarde les digamos como monjas arrepentidas que no podemos seguir adelante, que va contra nuestros principios morrearnos cuando en realidad lo que pasa es que estamos muertas de miedo. Si no estás segura, espera, no te lances, pero cuando te decidas, no te eches atrás”, sentencia esta publicación. Este mensaje culpabiliza a niñas adolescentes de tener líos y contradicciones mentales cuando es lo natural a su edad y, lo que es peor, les dice que una vez que empiecen algo no tienen derecho a parar. Este párrafo lo deja claro: complacerle a él está por encima de cualquier duda o contradicción mental que pueda tener ella. ¿No suena demasiado a la violó pero es que ella le seguía el juego?

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FEMENINA EN TODO MOMENTO

Podrían decirlo más alto pero no más claro. Entre las reglas de oro de Superpop para seducirle se encuentran entre otras “ser positiva, saber sonreír, ser sincera y espontánea, ser femenina al máximo en todo momento, lugar y circunstancia, hacerle reír, ser atrevida y apostar fuerte cuando se debe hacer y mostrar independencia”. Eso sí, después de dar más de 20 pautas de conducta se lanza un “ante todo sé tú misma”. ¿Cómo va a ser una adolescente ella misma después de recibir 80.000 instrucciones para convertirla en otra persona?

Peor aún. “Ser femenina al máximo en todo momento, lugar y circunstancia” entra en conflicto directo con cualquier posibilidad de defensa de los derechos de la mujer. Con demasiada frecuencia en caso de agresión sexual se acusa a la víctima de no haber respondido contundentemente, de no haberse negado con más fuerza, de no haber demostrado suficiente lucha u oposición. Pero si a la mujer se la educa para “ser femenina al máximo en todo momento, lugar y circunstancia”, ¿cómo puede mostrarse contundentemente agresiva y luchar?


    Superpop: “Sé comprensiva con todo el mundo y, sobre todo con ÉL. No juzgues, no critiques, no rechaces a cuantos no actúan como tú. Serás más bella”.

La amabilidad y la dulzura deben ser cualidades inherentes a la mujer. “Una sonrisa a tiempo es un corazón tocado. Sé supersimpática con todo el mundo, no sólo con él, gánate a sus amigos, a su gente, a los camareros y camareras de los locales que frecuentáis. Derrocha simpatía, pues es muy sexy y puede con todo. Sé comprensiva con todo el mundo y, sobre todo con ÉL -’él’ viene escrito en mayúsculas-. No juzgues, no critiques, no rechaces a cuantos no actúan como tú. Serás más bella”, explica la misma revista.

¿No juzgues? ¿Sé comprensiva con todo el mundo? ¿Qué tiene que ver la comprensión y los juicios con la belleza? Una mujer tendrá que juzgar y valorar si las personas a su alrededor la hacen feliz, si la tratan con respeto y si merece la pena tenerlas en su vida. No obstante, desde mediados del siglo XX las revistas femeninas animan a comprender al hombre. Entre el discurso falangista (“Ponte en sus zapatos. No te quejes si llega tarde, si va a divertirse sin ti o si no llega en toda la noche. Trata de entender su mundo de compromisos, de presión, y su verdadera necesidad de estar relajado en casa”) y el de Superpop (“No rompas ese momento de misterio con la típica preguntita ¿en qué piensas? Si tu chico se queda colgado en las musarañas déjalo disfrutar del cuelgue. Lo más probable es que esté pensando en el final de la liga, en las caderas de Pamela Anderson o en el maldito examen de química, así que no vale la pena agobiarlo ni ponerte pesada”) han pasado muchos lustros pero en esencia refuerzan la misma idea: mujer, no molestes a tu hombre con tus tonterías.

Es curioso, a la vez que desgraciadamente previsible, comprobar que no existe un equivalente masculino a este tipo de publicaciones. Las revistas masculinas están mucho más enfocadas a su ocio y disfrute en cualquiera de sus formas. Así, mientras a ellas se las insta a detectar y cubrir cualquier mínima necesidad de él sin dejar de estar siempre divinas de la muerte, a ellos se les dice que somos sumisas, estamos disponibles y necesitamos desesperadamente un macho que nos arregle la vida. “Dile algo ingenioso (…), lo más normal es que sonría. Lo más normal es que si está soltera y ha sonreído quiera ligar contigo”, explica un artículo jocoso de Revista GQ, mientras Superpop insiste en que “la sonrisa es algo que valoran mucho los chicos. Enséñale que eres una persona alegre, activa y con muy buen rollo. ¡Serás irresistible para él!”.

En este ejemplo, como en muchos otros, los roles de género son claros y se complementan a la perfección para cumplir su objetivo: mantener en funcionamiento el complejo engranaje del heteropatriarcado sin importar que por el camino se genere discriminación, diferencia de oportunidades o violencia de género.


EL SEXO POR Y PARA ÉL

“Si tu marido sugiere la unión accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es siempre más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes”, decía Sección Femenina en 1958. En 2014 estas palabras son muy políticamente incorrectas pero se sigue transmitiendo el mismo mensaje: la mujer tiene que complacer al hombre por encima de todas las cosas hasta el punto de sugerir que si él se marcha será culpa tuya por no haberlo cuidado bien (popularmente ha tenido que buscar fuera porque no lo tenía en casa).

“Tú necesitas aprender cómo hacerle el amor de forma salvaje y apasionadamente a tu hombre para así mantenerlo siempre interesado en ti. El sexo es una parte muy importante en una relación. Esto es lo que te separa de ser tan sólo una amiga más de tu pareja”, apremia Cosmopolitan TV.


    Cosmopolitan TV: “La postura del perrito es algo que anhela todo hombre. Haz esto y le darás una imagen que no se le olvidará tan rápido”.

En el artículo Consejos sexuales que toda mujer debe dominar en la cama (para complacerle a él, no para obtener una vida sexual plena como mujer) enfatiza la importancia del sexo oral para él antes del coito, utilizar un lenguaje “caliente” y el deber de que la mujer llegue a la cima porque él desea llegar y que todo funcione muy bien.

Asimismo, ofrece consejos de posturas sexuales siempre dirigidas a él, sin ni siquiera mencionar el placer femenino. “La mayoría de mujeres no utiliza la posición del perrito con la frecuencia que deberían y es una lástima. Esta posición es muy excitante y es algo que anhela todo hombre. Haz esto y le darás una imagen que no se le olvidará tan rápido, debido a los efectos visuales excitantes que esta posición ofrece” dice el texto. En estas relaciones no se tienen en cuenta los intereses de la mujer, no se la concibe como una igual en la relación sexual, sino que esta constituye un complemento para que el hombre obtenga un máximo disfrute.


LA MUJER, UN COMPLEMENTO ÚTIL

“La misión de la mujer es servir. Cuando Dios hizo al primer hombre pensó: no es bueno que el hombre esté solo. Y formó a la mujer, para su ayuda y compañía, y para que sirviera de madre. Pensó en la mujer como un complemento necesario, esto es, como algo útil”, explicaba Sección Femenina en la década de los sesenta.

De esta misma fuente se extrae la idea que las mujeres carecen de “talento creador”. “Las mujeres nunca descubren nada, les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho”, dijo Pilar Primo de Rivera en 1942. Parece increíble que esta opinión fuera expresada tan abiertamente, ¿verdad? Pues el mensaje se ha mantenido hasta nuestros días aunque dicho de forma más sutil.

“Haz que siempre sea él el que tenga las ideas geniales (aunque te repita algo que tú le hayas sugerido dos días antes). Las frases tipo ¡pero eso ya lo había dicho yo! O ¡tú cállate y déjame hacer a mí! le darán ganas de estrangularte. En cambio, decirle algo así como no sé qué haría sin ti o nunca se me habría ocurrido lo harán totalmente feliz”, publicó Superpop nº 465 casi 60 años después en Enamóralo para siempre.

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Pero que no cunda el pánico, porque nuestra supuesta falta de “talento creador” es algo que resulta sexy. “Lees un mapa y no te enteras de nada. Suena a tópico, pero les encanta porque, además de resultarles gracioso, les da la oportunidad de lucirse ellos” o “te resbalas en la calle, te caes de bruces en el suelo y sales de la situación con unas risas, el sentido del humor les resulta realmente sexy”, son actitudes que se anima a poner en práctica desde Centro Mujer, una página web que va dirigida exclusivamente a ellas.


SER INÚTIL COMO TÉCNICA DE CONQUISTA

Desde algunas tribunas se sugiere que hacerse la inútil es una eficaz técnica de conquista. “En lugar de tratarlo como a tu mayordomo particular utiliza la táctica ‘patosilla’: ¡Ay Javi, soy una inútil, me he dejado el monedero en casa! (…) Javi eres un genio, si pudiera estudiar con tus apuntes de mates seguro que aprobaría”, dice la Superpop nº 465.

Mensajes como “muchas veces infravaloramos la importancia de preguntarle qué tal le ha ido en el trabajo. Aunque sea algo rutinario, él sentirá que te preocupas por cada minuto de su día” (Cosmopolitan) recuerdan demasiado a “escúchalo, puede que tengas una docena de cosas importantes que decirle, pero a su llegada no es el mejor momento para hablar. Dejarlo hablar antes, recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos” (revista Sección Femenina) .

“Ellos te quieren ver fantástica, magnífica, estupenda, brillante, seductora, encantadora, simpática, y genial. ¿Imposible? ¡Qué va! Te contamos todos los trucos para que los chicos se te coman con los ojos”, promete la Superpop nº 468 en otro artículo titulado Chica Top que después de un sin fin de consejos para cumplir con el estereotipo de belleza inalcanzable concluye: “Memoriza: a los chicos les van las chicas naturales, las que les piden prestado el jersey y se lo ponen sin mirarse al espejo, las que llevan zapato plano y las que usan ropa interior blanca de algodón. No soportan la bisutería, los perfumes asfixiantes, los zapatos de plataforma o las medias de color carne”.

En pleno siglo XXI las adolescentes españolas continúan siendo educadas en el viejo sistema patriarcal de siempre. Un sistema patriarcal que les inculca pautas de conducta incoherentes entre sí (sé natural pero perfecta, arréglate siempre pero no demasiado, sé dulce en todo momento pero defiende tus intereses y derechos, etc.); que se caracteriza por perpetuar lo peor de los estereotipos de género hombre–mujer (él sigue siendo el premio a conseguir, ella debe servirle para ser digna de su atención); y que tiene por objetivo supremo priorizar la satisfacción de las necesidades del hombre por encima de las de la mujer. Así, a las jóvenes españolas se les sigue enseñando lo mismo que se les enseñó a sus madres y abuelas. Ha cambiado la forma, pero el injusto fondo sigue siendo el mismo.

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